Sala de Prensa

126
Abril 2010
Año XI, Vol. 6

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

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La indefensión de los periodistas frente al narco

Héctor Aguilar Camín *

Por casualidad, y por fortuna, pude estar la semana pasada en la Universidad de Texas, en la primera sesión de un seminario donde periodistas estadunidenses y mexicanos, que cubren el narco en ambos lados de la frontera, hablaron de su experiencia.

Recibe nuestras noticias diarias sobre periodismo y comunicación. ¡Únete a SdP en Facebook!Fue en la ciudad de Austin, en Texas. Yo había ido a dar una conferencia de historia sobre el bicentenario y fui invitado al día siguiente a la sesión de periodistas, a la que, por desgracia, no pude asistir sino la mañana del viernes.

Había periodistas de los grandes diarios mexicanos y estadunidenses, editores y reporteros de diarios y noticieros de la frontera, académicos, relatores y colados, como yo.

La sesión, de la que se publicará un informe a su debido tiempo, era por lo pronto convenida off the record para facilitar los intercambios. Esto explica que la nota que escribo a continuación, y la que escribiré mañana, no incurran en mayores detalles sobre quién dijo qué, y de parte de qué medio.

Los periodistas presentes resumieron su trayectoria y sus preocupaciones básicas en una ronda variopinta pero luminosa.

Aprendí de un golpe la diferencia brutal que hay, para efectos de cubrir el narco, entre ser corresponsal extranjero, ser “corresponsal nacional extranjero” (el que cruza la línea cada día y reporta para medios del lado estadunidense), ser enviado de la Ciudad de México a cubrir un asunto a la frontera y ser periodista local de la ciudad fronteriza bajo asalto del narco.

La diferencia fundamental entre este último espécimen y los otros es que el periodista local no tiene protección alguna contra las amenazas del narco, ni puede tenerla.

Cuando recibe una llamada amenazante o amigable del narco para que se calle ciertas cosas, no tiene más que dos opciones: callar lo que le piden o jugarse la vida, con la certidumbre de que, más temprano que tarde, perderá la vida o será sometido a una violencia intolerable, contra la cual no tiene protección. Ni puede tenerla.

Me conmovió particularmente el hecho de que hubiera un periódico fronterizo donde la junta editorial de cada día estuviera dedicada a decidir lo que no podían publicar, pues hacerlo era riesgo de muerte o violencia inaceptable contra el periodista o contra el medio.

Me conmovió también la indefensión absoluta frente a las amenazas de los narcos una vez que éstos llaman a la redacción, o al periodista, o al dueño, y le dicen: “Sabes qué, tenemos que hablar”.

Lo que sigue de ahí es simplemente el silencio o la vida. Y, sin embargo, el periodismo sigue.

* * * * *

Resumo ahora los comentarios provocadores con que abrió la sesión un periodista colombiano, en cuya opinión, pese a las piezas de gran periodismo que podían leerse sobre el tema, algunas de ellas de reporteros presentes, los periodistas no estábamos haciendo un “gran trabajo” en la cobertura del narco. Su lista de razones es la siguiente:

1. Las drogas son un fenómeno global, pero la cobertura que se hace habitualmente es local. La pregunta: ¿por qué explota ahora el tema de las drogas en México?, no tiene explicación en México. Es resultado de un desplazamiento global del mercado de la droga que no está claramente explicado en los medios locales y, por tanto, mal explicado al público.

2. El énfasis de la cobertura está puesto en el narcotráfico, no en las drogas. Y en una sola política de las varias posibles en el tratamiento del narcotráfico: la política de prohibición y persecución de las drogas, que es el consenso mundial de los gobiernos, pero no la única manera que se discute en el mundo sobre cómo enfrentar el problema no sólo del narcotráfico, sino también de las drogas. Los temas de la legalización, por ejemplo, apenas están en los reportes periodísticos del tema, aunque son materia de un cada vez más intenso y refinado debate en el mundo.

3. Los periodistas se concentran en el aspecto de la persecución policiaca del narco, no en sus aspectos sociales, económicos, culturales. Y dentro de la persecución, el énfasis es en la violencia y la sangre, no en la explicación del proceso. Cubrir sobre todo este aspecto, etiqueta a los países (Colombia=a cocaína, México=a “violencia degradada”, Estados Unidos=a la Gran Nariz), lo cual suprime los matices y empobrece enormemente la visión.

4. Los periodistas que cubren el narco apenas dedican esfuerzos a desafiar los lugares comunes. Por ejemplo, la ecuación: drogas=adictos=violencia. No está claro que el problema principal de las drogas es que generen adictos y los adictos generen violencia. Es la parte menor de la estadística.

5. Los periodistas que cubren el narco, finalmente, no saben cómo salir de las trampas que su mismo ejercicio ha construido, en particular la trampa de la violencia, que tiene al menos dos lados:

Primero, a fuerza de reportar muchos muertos, los muertos dejan de contar, la sociedad se vuelve indiferente a atrocidades que debieran sacudirla.

Segundo, a fuerza de reportar muchos muertos se acaba ayudando a que el crimen golpee dos veces: una vez en los hechos y otra en la representación de los hechos.


* Héctor Aguilar Camín es historiador y escritor mexicano. Este texto fue publicado en el diario Milenio.


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