Cambio:
la incompatibilidad de negocio y periodismo
Javier
Darío Restrepo *
¿Qué
le habría pasado a Colombia si se hubieran
mantenido ocultas las operaciones del
narcotraficante Cartel de Cali y de ejecutivos de
la campaña electoral del ex presidente Ernesto
Samper (1994-1998)? ¿Cómo sería Colombia si el
escándalo de los políticos que se aliaron con
las milicias paramilitares de ultraderecha se
hubiera escondido debajo de las alfombras del
Congreso legislativo? ¿Y si nunca se hubiera
conocido la existencia de los secuestrados en
poder de la guerrilla y el país se hubiera
mantenido indiferente frente a ellos, nada
hubiera cambiado?
Estas y otras preguntas comienzan
a hacerse esta semana los colombianos ante el
episodio del cierre de la revista Cambio,
una publicación semanal que en cada edición
había denunciado hechos de tal gravedad que se
había convertido en parte importante de las
preocupaciones de la ciudadanía de este país
sudamericano que vive desde 1964 un conflicto
armado interno.
En enero de 1995, la periodista de
Cambio, María Cristina Caballero,
alertó al país sobre un cargamento de camisetas
que los narcotraficantes del Cartel de Cali
habían aportado a la campaña presidencial del
candidato del Partido Liberal, Ernesto Samper.
Ese fue el hilo que condujo al
ovillo de la multimillonaria contribución de los
hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela,
jefes del Cartel de Cali, al triunfo de Samper.
Sin proponérselo así, la
periodista de Cambio aportó la primera
prueba del que se llamaría luego proceso 8.000.
A lo largo de la historia de los
últimos años, la edición de Cambio
impidió que muchos ojos se cerraran y que los
escándalos se escondieran.
En las últimas semanas, esa
actividad de periodismo investigativo y de
denuncia había inquietado hasta la indignación
a los discretos funcionarios de la cancillería,
al revelar los detalles del acuerdo sobre la
presencia estadounidense en siete bases
militares, alcanzado entre Bogotá y Washington
el año pasado.
También reveló los abusos del ex
ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias,
muy cercano al presidente Álvaro Uribe, con el
programa Agro Ingreso Seguro, un plan para
asistir a los agricultores que le permitió
distribuir grandes sumas de dinero a un grupo de
grandes empresarios que habían contribuido a las
campañas electorales del mandatario.
La revista, fundada en 1994, pasó
hace tres años a ser propiedad de la Casa
Editorial El Tiempo, dueña del diario más
importante de Colombia y cuya mayoría accionaria
está en manos del español Grupo Planeta.
"Había miembros de la junta
(directiva de Cambio) a quienes les
parecía que no era conveniente tanto periodismo
de denuncia", recordó la editora de la
revista, María Elvira Samper. "Pienso que
coexistían la molestia con la línea editorial y
las inquietudes sobre rentabilidad",
sostuvo.
Al dar a conocer el cierre de la
revista, los comunicados de la Casa Editorial El
Tiempo alegaron el agotamiento del "modelo
de negocio". La revista no daba el
rendimiento que se había esperado de ella, se
sostuvo.
Sin embargo, el director de Cambio,
Rodrigo Pardo, y la editora general Samper
informaron lo contrario con datos de primera
mano. "En 2009 hubo ganancias, y para 2010
se habían vendido más de 1.500 millones de
pesos", equivalentes a más de 700.000
dólares en publicidad, reveló Pardo. "No
es creíble que una organización como El Tiempo
tenga que cerrar una revista que dio
utilidades", añadió.
En El Tiempo mantiene influencia
la familia Santos, estrechamente ligada al
gobierno, pues el vicepresidente es Francisco
Santos, y Juan Manuel Santos fue ministro de
Defensa entre 2006 y 2009.
"Lo que cobran y lo que
cierran son las investigaciones de Cambio
sobre personajes cercanos al gobierno",
escribió el columnista Héctor Abad.
La explicación está avalada por
expresiones como la del ex ministro Santos, para
quien la revista era "una idiota útil de
las FARC", en referencia a la guerrilla de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
Otro personaje cercano a Uribe, el
ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria,
llamó al director de Cambio "jefe
de la bigornia", un rebuscado vocablo que
equivale a facineroso.
Con todas estas razones se puso en
marcha una "operación silencio", que
tuvo dos etapas. La primera, el miércoles 3 de
febrero a mediodía, cuando dos de los ejecutivos
bajo órdenes del Grupo Planeta, Luis Fernando
Santos y Guillermo Villaveces, citaron en sus
oficinas a Pardo y a Samper para notificarles la
decisión de convertir la revista semanal de
información periodística en una revista mensual
de entretenimiento.
El fin de Cambio, y de
sus cargos, se produciría cuando, publicados los
tres últimos números, renovarían el personal y
la orientación y aparecería la nueva revista
mensual.
Pardo y Samper comenzaron a
trabajar en el nuevo número, en el que se daría
cuenta a los lectores de las razones de la
suspensión de la revista semanal y del impacto
de ese hecho sobre el periodismo nacional.
Pero esas tareas se frenaron
abruptamente el lunes 8, cuando una nueva
decisión de la junta cesó en sus funciones a
los dos directivos.
Esta decisión reafirmó a quienes
ven en el cierre el cobro de cuentas por las
denuncias de los "falsos positivos",
asesinatos de jóvenes civiles perpetrados por
militares para hacerlos pasar como bajas de la
guerrilla en combate, los espionajes ilegales del
Departamento Administrativo de Seguridad (DAS)
contra opositores, activistas y periodistas, y el
escándalo del Agro Ingreso Seguro, según la
enumeración del columnista Alfredo Molano (Ver
recuadros).
"El periodismo que investiga,
que hace preguntas y no se somete, es una amenaza
para el estado de opinión que nos quieren
imponer", anotó la columnista María Jimena
Duzán.
También despertó rechazo el
criterio editorial expuesto por el dueño del
Grupo Planeta, José Manuel Lara: "Hoy, el
editor es aquel que va a preguntarle a la gente
qué quiere leer, y después busca al
especialista serio que lo haga", sentenció.
No coincide ese criterio con el de
Pardo, que habla de "la responsabilidad
social que implica el periodismo para la
democracia y el fortalecimiento del debate
público".
Además, se comprobó la
imposibilidad de coexistencia entre el periodismo
y los negocios. "Había demasiados negocios
de por medio", concluyó Abad al recoger la
versión repetida sobre las aspiraciones de
Planeta de obtener la adjudicación de un tercer
canal de televisión, que está por decidir el
Estado.
La desaparición de Cambio
es lamentable "cuando el país necesita más
y no menos foros de discusión y cuando precisa
de medios de comunicación libres", opinó
el columnista Santiago Montenegro.
Desde el punto de vista de los
periodistas, es un signo premonitorio del
creciente poder empresario en los medios de
comunicación, y de una información que se hará
bajo sus reglas de juego.
* A Este texto fue escrito para la agencia
Interpress Service.
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