Sala de Prensa


15
Enero 2000
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La personificación del Estado

Benjamín Fernández Bogado *

Casi de manera imperceptible pero machacona, de forma poco convencional pero constante, las dictaduras moldean el carácter de un pueblo y lo someten a simplificaciones gravosas y a repetir sin saberlo los códigos que impiden entender el Estado como pertenencia de todos y no de los ocasionales funcionarios públicos que lo administran.

Una prueba de ello es como la información en dictaduras –y luego en democracia- inicia cualquier historia con el "quién" y no con el "qué" o el "para qué". Las obras públicas que son construidas con el aporte de todos pasan a ser la obra de gobierno de tal o cual presidente, gobernador o intendente. Los hechos públicos se suscitan entre funcionarios y no entre lo que los administran y los intereses de la ciudadanía. La prensa de forma imperceptible en muchos lugares de América Latina repite el formato sin detenerse a pensar en sus efectos en el subconsciente del lector u oyente.

Una forma de dominación

Simplemente como ejemplo, en cualquier diario de un país latinoamericano que haya vivido periodos largos de dictadura o en naciones donde se vive una democracia de baja intensidad verá que los "lead" de las historias están siempre en el protagonista publico del servicio que debe darse o prestarse. Así cuando se trata de una obra publica que costara una cifra determinada y cuyos beneficiados serán más de 10 mil personas, la historia siempre se inicia con que el ministro tal que dispuso la construcción de tal obra y que el mismo ministro entiende que la obra es necesaria y que dicho ministro sabe de las ventajas que ello supone a la población. Esa simplificación de las cosas publicas en la persona de quien administra los bienes de todos no es una cuestión casual. Si uno observa en los manuales de la propaganda nazi o de los gobiernos corporativos de corte fascista como los de Franco y Mussolini en Europa, se puede traslucir con claridad que era esa una forma de catecismo oficial que debería repetirse y buscar que los medios lo cumplieran a través de sus mecanismos de censura. Lo más gravoso sin embargo es que luego del advenimiento democrático en mucho de nuestros piases el "quién" sigue siendo más importante que el "qué", el "para qué", y el "con qué". Nuestros medios repiten quizás sin saberlo o sin evaluar los costos que ello supone en la conciencia de los lectores un formato y un estilo más cercano a las dictaduras que a las democracias.

Esta forma de redacción que es muy fácil determinarla también reduce el debate publico a dos o más actores enfrentados por un tema determinado y así la historia en los medios no pasa de ser una lucha entre sujetos políticos que dominan sobre la razón de los cargos y las responsabilidades que ocupan. La prensa exacerba esos conflictos de exprofeso a veces o los reproduce porque simplemente dicen que ello "vende". Pero si analizáramos en verdad cuanto de esa malentendida mercancía sirve para que el ciudadano decida de manera más informada sobre un hecho verá que lo único que consigue es desencantar a muchos de la democracia que es un sistema político basado fundamentalmente en la participación consciente e informada del ciudadano en los asuntos públicos de los que los funcionarios son participantes ocasionales.

Tenemos así muchas veces una democracia basada en el escándalo en la polémica, en los sujetos que impiden profundizar los hechos y cribarlos cuando sea necesario. La discusión sobre el quién le saca sustancia a la democracia y mucho más cuando sólo repite los insultos y los agravios de un sector sobre el otro.

Volver por lo tanto a reescribir el articulo de la democracia debe ser una tarea consciente y constante de todos los medios de prensa. Desactivar la sobre simplificación del quién que hace que el Estado se personalice en algunos y no en la ciudadanía y en su prensa debe ser una tarea de los periodistas en democracia. Si se profundizara más el "qué" sobre el "quién" y si se pudiera dar los elementos que hacen que eso que es noticia sea importante para el ciudadano el propio funcionario buscaría adaptar su conducta y su función al tema central que importa a todos y sobre el que se le demandara su cumplimiento a futuro. Por el contrario la repetición del debate sobre el "quién" hace que nuestras democracias dependan casi siempre de los lideres predestinados que sólo encuentran razones y argumentos para mantener a la democracia sin ciudadanos informados.

No es una cuestión sencilla ni menos simple el desprogramar una forma de ver la información en democracia cuando se ha padecido por muchos anos periodos autoritarios. La prensa paraguaya es un buen ejemplo aun de eso, a pesar de los 10 años de democracia vemos aún que los hechos públicos son protagonizados y reducidos al debate de un político que agravia al otro un día para que el siguiente el agraviado responda con los mismos argumentos dejando a un lado la razón que los llevo a la polémica. La prensa encuentra así personajes fáciles de explotar que mantienen una comunicación pobre en calidad y simplista en su concepción. Los personajes públicos sólo se justifican en función de los hechos que administran. No en relación a los hechos que suscitan sus comentarios o afirmaciones. Los políticos han entendido muy bien este juego y no paran de reproducir en la prensa sus miserias e inquinas para reducir en su camino a la democracia a un juego donde sólo el político gana y la ciudadanía pierde. 

Construir ciudadanía en nuestros países pasa por saber cuales son los hechos que importan al ciudadano y muy especialmente hacerle entender que él es el principal beneficiario de una prensa responsable que ausculta más allá de la polémica estéril o del agravio de ocasión. Muchas veces la prensa ha sido cómplice de estas democracias de baja intensidad algunas veces por pereza y otras por desconocimiento. Ella no ha hecho otra cosa que seguirle el juego de los políticos en las galerías y no bajar los temas que fuercen a los mismos a debatir en favor del ciudadano que los voto. La prensa es en cierta forma culpable por acción u omisión de un debate carente de ideas y en donde la democracia pierde fuerza argumentativa para reducirse al enfrentamiento estéril entre los políticos.

Una ciudadanía más activa

Volver el "qué" de las cosas publicas sobre el "quién" lo administra temporalmente hará que el ciudadano se haga parte de la democracia, se involucre de forma consciente y promueva desde esa posición una mayor riqueza en el análisis y en la corrección de los hechos que se producen en democracia. Las cosas publicas son de la gente y cuando se hace una obra la hacen los ciudadanos pagando sus impuestos y los que los administran sólo responden a los mandatos que recibieron de sus votantes y de aquellos que no lo votaron incluso pero que pudieron colocar el "qué" democrático en la agenda de los políticos. Esa es la democracia que promueve la participación y enriquece al ciudadano. Lo otro, es apenas comadrerío estéril que sólo produce descontento y distancia de los temas democráticos.

Desprogramar a quienes hoy administran noticias en varias partes de nuestra América es una tarea de largo plazo donde deben intervenir de forma más radical las escuelas de comunicación en sus programas de redacción donde se debería insistir en los hechos por sobre los protagonistas. Estos son sólo cabeza de una historia cuando ellos por una acción determinada se convierten en tales pero en la generalidad de los hechos son estos lo que determinan el curso del debate en democracia. Debe ser también el compromiso de las redacciones donde un énfasis en los hechos producirá una mayor riqueza participativa de los ciudadanos con gran beneficio incluso para la propia prensa. Incluso en el estilo podrían combinarse ambas cosas como ha sido la historia de "El País" de Madrid que en los comienzos de su publicación establecía los hechos informativos y en recuadro bien apartado daba una descripción de los protagonistas de la historia. Fue un proceso gradual pero claramente didáctico porque permitió separar el "qué" del "quién".

Tampoco es recomendable el otro extremo en el que caen varios medios de prensa de los Estados Unidos cuando se trata de coberturas en el exterior de hechos complejos y las historias se reducen a la conversación que mantuvo el enviado especial con una persona cuya vida explica todo el "qué" de la cuestión. Esa tendencia recurrente a la simplificación es tan gravosa como la reducción que hacemos en la prensa latinoamericana de los hechos que discutimos a diario. Puede ser un elemento graficador pero no pueden reducirse hechos tan complejos a uno u otro personaje de ocasión encontrado en el taxi de ida al hotel o con el conserje a la salida del mismo. Estos extremos del "quién" le sacan profundidad al análisis de los hechos y vuelven el trabajo periodístico notablemente "light" ante los lectores u oyentes.

No a una prensa paparazzi

Buscar más allá de los protagonistas de la historia, darle contexto a los hechos, buscar entender porque el mismo es gravitante para el ciudadano e involucrarlo cifras, hechos y elementos que demuestren esa importancia son razones fundamentales para el trabajo de una prensa responsable que huya de la tentación de entender los sucesos a través de las personas que circunstancialmente son sus protagonistas. Esa prensa paparazzi que sólo toma flashes de los protagonistas y luego huye del lugar de los sucesos no le hace mucho favor a la democracia en el sentido de profundizar la toma de conciencia de hechos y circunstancias que hicieron que algo fuera noticia y otra no. Los políticos por este medio han acaparado el debate democrático sustituyendo en algunos países a los personajes de la farándula donde su compartimento sobreactuado incluso forma parte del marketing al que les somete la profesión que abrazaron. Pero en algunas de nuestras democracias esta actitud ha vuelto más distante y desconfiado al ciudadano de la política. Ellos ven que eso es patrimonio de los políticos de los que el ciudadano por carencia de información o porque no se resalta su rol como activo partícipe de los sucesos han dejado que el debate democrático estuviera hoy monopolizado por el "quién" al que se le confía la solución de todos los problemas o se lo entroniza en el cargo con similares deseos. Esto hace que la democracia de baja intensidad como la que se vive en buena parte de nuestra América no gane en protagonismo ciudadano.

Hay que hacerlo retomar al votante su rol activo y eso en mucho pasa por una descripción más amplia de los sucesos. El debate ciudadano debe establecer la agenda informativa y no las polémicas de los políticos que sólo sirven para distraer y descreer en la democracia.

 Por eso tampoco ninguno hecho publico es siempre debido a tal o cual personaje sino que el mismo es subsirviente del hecho publico determinado como tal por el debate ciudadano. Enriquecer la democracia y elevarla de intensidad por lo tanto es una responsabilidad de la prensa en nuestro continente y para ello debemos de terminar de sacralizar el "quién" para profundizar el "qué". Las historias de los políticos y sus afirmaciones no deben tener más espacio que aquello que sirva para entender porque discuten y en que contexto y si hace falta separarlos en la redacción seria bueno hacerlo de forma a hacer pedagogía a través de la prensa de que es aquello que forma parte de lo curioso o anecdótico y que es la parte sustancial que interesa a todos y que por lo tanto hace más activo al ciudadano en democracia.

Comenzar por escribir historias donde el "quién" sea protagonista del "qué" y en donde podamos sentir que los hechos mandan por sobre sus ocasionales articuladores es un buen paso para establecer una agenda democrática más sólida en el continente. De paso se borrara una herencia autoritaria que sólo sirve para simplificar el Estado en unas cuantas personas que en realidad como mandatarios son los sirvientes de sus mandantes en este caso el ciudadano informado. No es una cuestión solamente de estilo por lo que se puede apreciar es algo todavía más amplio que de replantearse y corregirse se verá con el paso del tiempo una mayor riqueza en el análisis de los hechos, una ciudadanía más informada y activa y, unos políticos más conscientes de su rol en la sociedad.

Enriquecer el debate de los hechos por sobre los protagonistas en también despersonalizar el rumbo y el destino de nuestras democracias y hacerlas participe de la voluntad de los ciudadanos y de su capacidad de argumentarla a través de la prensa. Una justa reivindicación del "qué" es también como no: una apuesta democrática de los medios.


* Benjamín Fernández Bogado es un periodista y abogado paraguayo, fundador y presidente del "Instituto Prensa y libertad" de Asunción, organización dedicada a la reflexión del rol de los medios en democracia. Actualmente es becario Nieman en la Universidad de Harvard en Cambridge (USA). Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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