Sala de Prensa

123
Enero 2010
Año XI, Vol. 5

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S Twitéalo
   
   


El periodismo participado en el paradigma de la transición

Roberto Igarza *

¿Qué análisis puede realizar sobre la historia del periodismo digital? ¿Cuáles fueron los principales cambios que se produjeron dentro de la profesión?

Partamos del periodismo de prensa gráfica. El periódico ha sido el emblema de una sociedad que hace más de un siglo asume que la divulgación del conocimiento es el principal factor de cohesión social, que la información es vital para la toma de decisiones de todo ciudadano y que la calidad de las instituciones de gobierno está recíprocamente determinada por la calidad de los medios de información a los que accede la mayoría de la sociedad. El diario es el único texto al que la amplia mayoría de las personas en los países latinoamericanos podía acceder todos los días. No es necesario argumentar a favor del efecto democratizador de esta lectura. Personas que jamás han leído libros fuera de la escuela, pueden acceder a los textos de los diarios cotidianamente. Aunque el fenómeno de los diarios gratuitos todavía no se ha desarrollado en nuestros países, cumple un rol central en la dinámica del sistema de la prensa gráfica en la actualidad a nivel global. La prensa a nivel mundial sería ampliamente deficitaria sin los periódicos gratuitos, sobre todo de Europa, y sin las nuevas audiencias de los países emergentes de gran potencial sociodemográfico, como India y China, pero sobre todo India dado que es la mayor “democracia” del mundo, dónde la clase media ve en la lectura del periódico impreso un emblema de su nuevo status social. Tanto la prensa gratuita como la llegada de nuevos territorios son desafíos y oportunidades para el desarrollo de la profesión.

El siglo que instaló la democracia como la forma de convivencia pacífica de mayor cohesión social fue el siglo de las mayores atrocidades cometidas por el Hombre en la Historia de la Humanidad, y también el siglo que nos dejó la lectura del periódico como una práctica social relevante, como la forma más difundida de compartir información. Qué paradoja, ¿verdad? En la actualidad, una pregunta que deberíamos hacernos es ¿estamos viviendo la última fase de desarrollo de la ilusión democratizadora del siglo XX?

Adentrados en el nuevo siglo, decididos a integrarnos críticamente en la era digital, lo que menos debe importarnos es el soporte. Insisto siempre en que, en lugar de preguntarnos si tiene futuro el periódico, deberíamos preguntarnos qué periódico tiene futuro. Entre las Industrias de Contenidos, categoría que los medios tradicionales evitan, el complejo industrial-periodístico ha sido lento para reconocer el impacto de las nuevas formas de consumo cultural y de los cambios ambientales en la concepción misma de lo que significa leer. El complejo editorial, en su conjunto, libros, revistas y periódicos, se aferró al soporte papel en lugar de activar sus saberes para actualizar los modos de producir nuevo conocimiento y de distribuir sus contenidos. Sabemos que los prejuicios le han costado caro. Prejuicios hacia lo digital, hacia los nuevos lenguajes, los nuevos soportes, los nuevos usuarios. Si el cambio no se produce rápidamente, el crecimiento de la publicidad y el factor de influencia social (construcción de agenda pública, desarrollo de estrategias de lobbying mediatizado) no van a poder compensar los efectos devastadores de los agentes globales como Google, ni la avasalladora tendencia a la lectura promiscua.

El diario impreso, tal vez más que los otros medios de comunicación tradicionales, pero menos que las revistas, responderá cada vez más a otros criterios de uso. Tal vez, incluso, se transformará en un bien meritorio, un producto de prestigio social, que es bueno tener, regalar y recibir, al igual que un libro. Imaginemos algunos pocos lectores pertenecientes a un segmento socioeconómico y de consumo cultural elevado leyendo el periódico impreso en confortables sillones como antes leían libros. Es probable o, al menos posible, que el periódico impreso de los sábados y domingos que puede pesar más de un kilogramo, termine teniendo un precio prohibitivo o inhibitorio para la amplia mayoría de la población. ¿La unidad-producto actual puede mantenerse en el tiempo? Para responder, aun con la prudencia que requiere comparar lo incomparable, sería de interés leer con detenimiento la experiencia de la industria discográfica. Sabemos que las unidades-producto tal cual las hemos conocido hasta ahora, se modifican en el pasaje al on line. Se compra un periódico entero porque el quiosquero no vende unidades menores a la unidad-periódico. Lo mismo sucede con las revistas y los libros. La distribución minorista se limita en este caso a intermediar por la localización, la proximidad a los usuarios. Ningún eslabón de la cadena de distribución off line se encarga de desagregar lo que en la red se distribuye, sin cuestionamientos, en unidades-producto más pequeñas. Se consumen títulos (GoogleNews), páginas de Último momento y artículos sueltos a la unidad.

Para casi todos los usos cotidianos, la forma de distribuir los contenidos es obsoleta. El sistema mediático en general se ha vuelto poco práctico frente a la movilidad de los usuarios, los ritmos de las actividades comunes y las expectativas de creatividad. Ya nada sorprende a los lectores. Las notas periodísticas han dejado de ser historias atractivas, historias que logran involucrar al lector emocionalmente.

Por otra parte, se están produciendo constantemente nuevas tensiones entre la producción por soporte y la capacidad de difusión y recepción ubicua. La información tiende a estar disponible para todos los soportes, inmediata y simultáneamente, lo que impone la introducción de saberes y tecnologías que permitan hacerlo lo más automáticamente posible para ajustar los costos a los precios que el usuario está dispuesto a soportar. Esto concierne tanto el terreno de la producción como de la distribución de contenidos. Al mismo tiempo, impulsa una revisión en profundidad del marco normativo. Pero la ubicuidad es el único foco de tensión. Entre la autoría centralizada y, lo que denomino, autoría participada, se exacerba debido a la incorporación creciente de contenidos producidos por los propios usuarios del sistema.

Si nos detenemos sobre las etapas mas recientes, podríamos distinguir grosso modo dos períodos. El primero, que en gran medida acompañó la web 1.0, en el que los medios digitalizaron parte de su producción y de su distribución, evitando sacrificar audiencias y replicar contenidos. Prejuiciosamente, se mantuvieron distantes de todo aquello que la Convergencia proponía. Tan distantes como estuvieron distantes cultural e incluso físicamente las dos redacciones. La segunda, más reciente, en la que la relación entre las dos culturas se encaminó al diálogo en el que estamos actualmente, multimediatización, polivalencia y flexibilidad mediante. Sumidos en la perplejidad de una Convergencia que no los esperó, los medios se suman de a pie a un tren en movimiento. Sin duda, el problema es cultural y no tecnológico.

Tal vez lo más importante sea las carencias para entender el contexto cambiante en el que nos movemos. La década que está por terminar, se ha caracterizado por la aparición de una economía de grupos, emergente de lo que es una verdadera reorganización de la sociabilidad, por el alivianamiento de las infraestructuras que ha llevado a repensar los flujos de intercambio físico y simbólico, por una creciente carencia de significatividad en la comunicación y, como consecuencia de ello, una resignificación de los medios, por una desterritorialización virtual creciente como una de las múltiples transformaciones que produce la globalización, y por una brecha alarmante en la forma de informarse y de apropiarse de los medios de comunicación entre, por un lado, las nuevas generaciones, la generación del pulgar, del undo, los nativos digitales, y por otro, las generaciones X y los babyboomers. Todo esto vulnera los principios sobre los cuales se fundó el desarrollo y crecimiento de los grandes medios del siglo XX.

¿Qué características emitiría en una descripción de la actualidad del periodismo digital y sobre su futuro?

Como dice William Mitchell, las prácticas creativas de la era digital se enfrentan a las instituciones de la época industrial por las diferencias principales en la naturaleza del producto creativo. La desmaterialización propia de la cultura digital hace que los productos de la creatividad interactúen de manera diferente con el contexto social (cultura, valores y creencias), con el contexto material (formas materiales espacio-temporales y medioambientales) y el contexto institucional (instituciones políticas, marco normativo).

Los productos de la cultura industrial se caracterizan por ser inanimados, lineales, bidimensionales, anclados territorial y cronológicamente, por provenir de fuentes “autorizadas”, legitimadas socialmente. En la era industrial los productos eran finitos, acabados. En la era de la desmaterialización, los productos son, ex profeso, inacabados, abiertos, comentados, remixados, son no lineales, hipervinculados, de acceso inmediato, antecronológicos, mestizos. En la era de la desmaterialización, los productos son votados y ordenados por los usuarios. Los blogs, los wikis y los RSS son propios de la nueva era.

Si las redacciones se fusionan no es porque el tiempo de la reflexión se terminó, concluyó, hubo definiciones claras de hacia dónde ir. Es sólo porque estamos frente a la situación límite de la que ninguna industria que gestione creatividad está exenta. Es indispensable pasar a la acción con un plan, lo que llamo, el “paradigma de transición”, que a diferencia de otros paradigmas no es socialmente reconocido, probado, instalado, conclusivo. Es solo eso, un paradigma de transición. Se trata de integrarse decididamente a la era de la desmaterialización teniendo en cuenta la mejora (capacidad, polivalencia, ergonomía) de las tecnologías y las nuevas competencias profesionales de quienes pueden no ser centrales, pero son indispensables: los periodistas.

Para que esta integración  crítica se produzca satisfactoriamente, falta resolver muchos aspectos estructurales y culturales. Aun falta, por ejemplo, aceptar que el “producto” no es lo que resulta (texto) del trabajo periodístico. El texto que producen está lejos de ser el producto que consume la audiencia. Los públicos consumen una imagen de marca, una línea editorial, un envase con un formato exterior e interior, un contenido que es el resultado del ensamble equilibrado o, al menos, se supone apropiado para sus públicos, de un conjunto de textos de origen periodístico con información explícitamente publicitaria, más un conjunto de servicios, a un precio determinado. Y que todo eso, además, está cambiando porque el paradigma de acceso al contenido (contenido para todos por igual, empaquetado en unidades grandes y fijas, precio fijo, soporte único) y de lectura (contexto dado, horario predominante de lectura, dedicación suficiente para el consumo), están siendo reemplazados por nuevos paradigmas.

El rendimiento del medio no se relaciona del mismo modo con el trabajo periodístico como lo hacía hace veinte años. Tampoco la relación del periodista con el medio es de la misma naturaleza, mientras que la lógica empresarial que anima al medio ha derivado hacia una posición difícil de entender desde la perspectiva de los lectores tradicionales que lo adoptan como el medio para informarse. En ese contexto, es muy difícil hoy realizar la práctica periodística sin que ésta se funde en el consumo y la integración de tecnologías digitales y contenidos distribuidos, almacenados e integrados digitalmente. Desde ese punto de vista, solo podemos hablar de un periodismo.

¿Cuáles son las competencias que tendría que tener un periodista digital?

Ya es una realidad aceptada por la amplia mayoría que los periodistas deben expandir las capacidades tradicionales hacia nuevos dominios. Polivalencia, flexibilidad, transmediatización (capacidad para desplazarse multisectorialmente, es decir, con comodidad de un medio impreso a un medio audiovisual y viceversa), innovación-creatividad, emprendedorismo (capacidad para desarrollarse de manera independiente y de gestionar una factoría de contenidos).

Son escasas las certezas respecto de cómo la profesión saldrá del proceso de Convergencia de Medios. De lo que podemos estar seguros es que la profesión debe ajustarse a los parámetros fijados por un nuevo concepto-producto de Medio de Comunicación: un espacio de encuentro de audiencias, una plataforma de intercambio de saberes y bienes simbólicos, extensivos y compartidos (sinergias, alianzas) servicios de valor agregado y mucho marketing. No todos los lectores serán usuarios del nuevo sistema y seguirán consumiendo el producto como lo hacían antes en un nuevo soporte, si se ven obligados a hacerlo por cuestiones de costos o disponibilidad. No todos los lectores se convertirán en usuarios del nuevo ecosistema ni querrán consumir ese tipo de medios de comunicación que acabo de definir, pero es probable que pronto sean la mayoría.

En ese contexto, si debe destacarse una competencia profesional entre todas las necesarias, esta es la capacidad de gestionar contenidos. Entender la gestión en todas sus dimensiones: organizacional, cultural, tecnológica, normativa (derechos), financiera. Entender cómo gestionar el talento colectivo. Entender el modelo del negocio en el que se mueve. Entender los Medios de Comunicación como una metared de ciclo combinado (periodistas profesionales más periodismo-ciudadano) que pertenece al universo de las Industrias de Contenidos y que se desarrolla en un mercado hipercompetitivo donde todos los medios, independientemente de su naturaleza de origen, ofrecen información y entretenimiento.

¿Qué impacto produjeron los nuevos medios en las formas y en los lenguajes de producción de la información?

Los nuevos medios implican cambios en muchos paradigmas en los que la profesión se reconfortaba. El primero de ellos, tal vez el más importante y que debería desvelarnos cada noche, es la traslación de un modelo autoritativo de distribución del conocimiento a un modelo social. De un modelo vertical y asimétrico, dónde pocas personas sabían mucho a un modelo que reconoce que la suma de lo poco que saben muchas personas, saberes que muchas personas están dispuestas a compartir, representa en su conjunto un saber mucho más extenso y profundo que el conocimiento que posee el que más conoce. Lo más importante es que con los nuevos medios, ese saber distribuido, inteligencia de muchedumbre, conforma una metared de conocimiento que se derrama con facilidad en Internet. Una metared que no posee centro, aunque en ciertas actividades algunos nodos sean más determinantes que otros.

Hasta poco tiempo atrás, los profesionales y los medios tradicionales estaban legitimados socialmente para ejercer, de manera no exclusiva pero predominantemente, como críticos y prescriptores simultáneamente. En un mercado de la información tan competitivo y globalizado, sujeto a una crisis de credibidilidad de la que el aumento exponencial de la publicidad below-the-line no es ajena, el valor legitimado, la imagen de marca-editorial, la reputación por la calidad de sus contenidos, así como la marca-autor de algunos periodistas notables, no alcanza como puente para llevar al usuario de la nota papel a la versión online. En la traslación, se pierden muchos lectores. Habrá que ver cuántos usuarios encontramos en la otra orilla. Es probable que haya un puñado de usuarios por cada contenido-servicio. En la travesía, la audiencia masiva se fragmenta en n porciones. Sin dejar de ser populares, los medios dejan de ser masivos. Popular y masivo son categorías que deben revisadas a la luz de los nuevos paradigmas. Habrá que ver entonces si el número de los usuarios que provienen de otros territorios (nuevos usuarios), más los servicios de valor agregado para cada microsegmento, alcanzan a cubrir los costos del nuevo sistema mediático.

Cómo será el ecosistema mediático-cultural al que nos dirigimos, no lo sabemos. Pero sí  sabemos que nos trasladamos hacia un espacio mucho menos “autoritativo”. Un modelo que combina la difusión vertical y la comunicación horizontal. Un modelo que, al menos en la transición, podríamos llamar modelo social, construido con una mayor influencia de los más jóvenes. Un modelo sustentado en los contenidos compartidos cuyo valor es personalizado y dónde la lectura se realiza en comunidades. En él, el periodista tiende a funcionar como un curador, dispone de los componentes de la muestra de forma inteligente, sensible, apropiada para que el público entienda mejor el conjunto de la obra. La completa con explicaciones, fija el rumbo de la navegación. Por ejemplo, The Guardian, sustenta su estrategia de reputación en la web ejerciendo el rol de curador. Promueve la ampliación de la lectura hacia dónde existe contenido de calidad, no importándole si éste se encuentra más allá de sus fronteras virtuales. Lo importante es que se posiciona como el curador de la red para sus usuarios que reconocen la calidad de su trabajo en la selección, en la manera de organizar y presentar las posibilidades de ampliación y contraste. Las formas de fidelizar el consumidor y construir reputación en la red son de otra naturaleza. Las maneras de hacerse notable son muy diferentes. El modelo social es mucho más “adolescente”, en todos los sentidos del término. Es transicional, difícil de fijar, muy orientado a los pares. De ahí que las herramientas con las que se construyen las estrategias participativas faciliten la comunicación interpersonal, procuren el compromiso del lector, hagan de la transparencia el valor principal de su política de securitización (trust). Herramientas que vienen a complementar las actividades tradicionales de comunicación periodística. Géneros, formatos y lenguajes que reconocen las características sociales de una efectiva comunicación. El nuevo ecosistema mediático-cultural se basa en el compromiso y la participación, que lo distancian del modelo anterior manifiestamente orientado a “transmitir” y “recepcionar”. Se pierde la noción de centro, de control o gobierno en el intercambio comunicativo. La autoridad ya no se funda en un mandato social histórico que legitima la tarea del crítico profesional. Ahora, se gana con argumentación, influencia y persuasión, en conversaciones múltiples y simultáneas, dónde el saber se comparte más informalmente que institucionalmente. La capacidad de la red para convertir anónimos en estrellas en un lapso de tiempo tan breve demuestra su impacto social, al menos, en algunos segmentos etáreos. Lo formal, instructivo y asimétrico empieza a ceder a favor de la construcción de comunidades, redes de relaciones y conocimiento compartido.

Seguirá siendo muy importante el conocimiento tal cual lo hemos entendido y transmitido durante siglos. Pero el conectivismo (Siemens, 2004), como práctica psicosocial, aumenta su influencia. Siempre ha sido importante la capacidad de la persona para ampliar sus conocimientos. Si eso es ahora relevante se debe a que las herramientas disponibles facilitan la posibilidad de establecer relaciones, analogías, intercambios y construir nuevo y mayor conocimiento de forma casi exponencial, en un lapso de tiempo muy breve. Del conexionismo de Fodor y Pylyshyn (1988), Churchland y Sejnowsky (1990), Rumelhart (1992) y de los estudios de Francisco Varela, próximo a Humberto Maturana, podemos extraer que es necesario nutrir y mantener las conexiones para facilitar el aprendizaje continuo. Es imposible hoy ser conclusivo respecto de la eficacia del aprendizaje de nuevo conocimiento mediante las estrategias cognoscitivas de las nuevas generaciones. Por el momento constatamos que las formas de conocer difieren como nunca antes entre las generaciones recientes y la generación X y más aun respecto de los babyboomers.

Lo más relevante hoy es la habilidad para ver y hacer conexiones pertinentes y contextualizadas entre las ideas y conceptos. Lo que el usuario busca es información actualizada, pertinente y precisa. El problema es que necesita colaboración en el proceso de toma de decisiones que, más que antes, requiere capacidades para saber elegir qué leer, en qué participar, con quienes relacionarse. Allí, la función “curaduría” es significativa. Aun cuando la web se transforme y se semantice, apropiarse dinámicamente (significado apropiado y contextualizado) de la información entrante de una realidad cambiante exige capacidades que el usuario solo no puede realizar. En una Sociedad Red, donde el conectivismo se ha vuelto una práctica social tan difundida, continuamente los nodos se revalorizan como resultados de las operaciones en las que participan. Para una situación problemática nueva, el valor de los nodos de la red se modifica. Esto se debe a que, en un entorno cambiante, la respuesta actual a un problema actual puede estar errada mañana a la luz de nueva información o estímulo. De ahí la significancia actual del axioma planteado por Stephenson (1998) “Yo almaceno mi conocimiento en mis amigos”, aunque debería decirse “en mis amistades”, entendiendo amistad como el conjunto de “amigo” más “las relaciones dinámicas que tengo con el amigo”.

En este contexto, los ciudadanos tienden a seguir con más facilidad la opinión de los pares que la opinión de los antiguos “hacedores de opinión pública”. Los comentarios de lectores-usuarios a las notas periodísticas pueden, incluso, ser más saborosas que las notas mismas. Otras (muchas) veces carecen de originalidad, son superficiales, desestructuradas al máximo, inoportunas, inconsistentes. Algunas veces, el lector puede entretenerse leyéndola, pero no informarse o enriquecer el parecer del periodista. En otras, lo que realmente es novedoso reside en los comentarios. A la hora de escoger entre los miles de libros nuevos que se publican por año, las recomendaciones de los usuarios resultan más prácticas, aunque no siempre creíbles. La tendencia es que el crossing up del marketing cultural actual se funda más en el click-through, las estadísticas de compras y las recomendaciones de usuario-a-usuario que en lo que dictamina el especialista o crítico. 

En el contexto actual, ¿cuál en su análisis sobre la convergencia de medios?

La Convergencia de Medios ha tenido un impacto diferente hasta el momento para cada complejo industrial. Los medios de comunicación tienen mucho que aprender de los cambios de comportamiento de los usuarios y de las transformaciones en profundidad que se han producido en otros complejos industriales. Por ejemplo, debemos aprender las lecciones y antilecciones que deja la (pésima)experiencia de las discográficas, la industria creativa más adelantada en el proceso de cambio. Debemos aprender que respecto del contenido, la cadena de valor debe digitalizarse totalmente, que debe estar fragmentado en unidades-productos más pequeños que guarden sentido y sean significativos para el usuario. Debemos aun asimilar que la audiovisualización es un hecho y que la era presenta rasgos de una videomanía colectiva. Nunca en la historia de la Humanidad se ha registrado tanto la vida en sociedad como ahora. En la amplia mayoría de los casos, este registro es audiovisual. Todo lo que pueda ser audiovisual lo será. Todo registro de la vida social que pueda estar en una plataforma de videosharing (YouTube u otra), lo estará. Ese fenómeno que la industria discográfica debió haber entendido mejor y antes que cualquier otra y que comenzó con la multiplicación de los canales de cable de videoclips musicales, se profundizará. La experiencia de las discográficas nos muestra que todo contenido puede ser más multisoporte de lo que pensamos hoy. Aunque para el caso de la música podría haber sido más fácil de entender que para los medios de comunicación masiva, no fue así. En la era de la ubicuidad, el multisoporte y los derivados son factores claves en cualquier estrategia de difusión. La experiencia de la Industria de la Música también nos puede ayudar a entender el producto de nuestro trabajo en su pluralidad contextual. El consumo de contenidos nunca fue tan dependiente del contexto de uso como ahora, y de él depende, entre otros, el dispositivo que el usuario elegirá para acceder al contenido. Los nuevos soportes en los que están disponibles los contenidos musicales son reproductores polivalentes, móviles y en línea. Se usan para audio y video, para registrar la voz y escuchar radio. Del viejo sistema de reproducción (¿quien se recuerda ahora del “tocadiscos”?), no ha quedado nada. Mientras tanto, otros sistemas de recepción, el soporte papel para el diario es uno entre muchos, no ha cambiado nada, salvo en el formato y diseño exterior, en algunos casos. Con la versión 2.0 de los periódicos, la situación empieza a cambiar. Además, debemos ser capaces de imaginarnos con más facilidad el universo periodístico compartiendo el espacio con los contenidos de entretenimiento. Los telenoticieros tienen cierto expertise. Desde hace años que se incluyeron las noticias “ficcionadas” en la TV y los periodistas de espectáculos sobreabundan (habrá que seguir con atención a donde llevan la profesión). Les precede y son seguidos de ficción en la grilla de programación. Compiten en horario con una “espectacularización” creciente de la pantalla. Lo que verdaderamente cambia es que las versiones on line de los medios tradicionales ofrecen sus contenidos en una red multitudinaria, en la que los nodos mantienen relaciones dinámicas sin muchas lealtades y los cruces de géneros y formatos son disruptivos, histriónicos y disparatados.

Ganarán aquellos que anticipen (detección temprana) los efectos de las crisis sucesivas, crisis que continuarán mientras dure el cruce de un lado a otro del turbulento río de la Convergencia. Es más probable que la corriente impulse el navío hacia un desembarco en tierras desconocidas, aun para aquellos que hayan hecho un uso intensivo del catalejo y de la prospectiva, que a una tierra en la que podamos hacer pie con confianza y concluir que se trata del paradigma de destino. Adoptar un “paradigma de transición” en la Convergencia es algo que compete a todos y cada uno, en todos los niveles. Cada organización deberá plantear su paradigma, analizar cómo hacer evolucionar la relación del negocio-producto-servicio con cada uno de los principales actores del sistema, comenzando por la relación clave producto-prospecto-lector y siguiendo por la relación servicio-usuario, 24 horas, 7 días a la semana, 365 días al año.

Las preguntas que subsisten son más profundas que las respuestas que podemos ofrecer. ¿Es factible obtener un rendimiento económico positivo mientras aplicamos y nos movemos bajo el paradigma de transición? La crisis mundial ¿es una oportunidad? ¿Cuánto acelerará la crisis la traslación del off al on line? En otra dirección, ¿qué sucederá con el consumo cultural de la Generación Y y Z? Ante tantas preguntas, todas las respuestas son parciales y provisionales. En todos los casos, no existe un único paradigma de transición. Las formas que adopta una organización deben ser acordes con sus posibilidades, su punto de partida, sus fuentes de financiamiento. Es difícil aceptar que al trasladarse los usuarios a la red, los medios de comunicación masivos tradicionales se transforman en medios nichos. Deberíamos tener en cuenta que más de la mitad de las ventas de Amazon corresponden a libros que no están entre los 130.000 más vendidos. Si la teoría de la Cola Larga es correcta, la estrategia de las editoriales de publicar más novedades que nunca tiene sentido si están pensando en un mercado dominado por las ventas a través de Internet.

Si nos remitimos a la primitiva definición de medio como el encuentro de un contenido con una tecnología (dispositivo de recepción) que facilita su acceso a otros lectores además de su autor, debemos resaltar la existencia de una corriente hacia una exponencial polivalencia de los dispositivos. Los teléfonos móviles sirven también para mantener una conversación oral, además de muchas otras disposiciones que la ergonomía acompaña de manera limitada. La PC se ha alivianado y hecho móvil. Hace tiempo que abandonó la función utilitaria y se incorporó vigorosamente al terreno de la fruición y su centralidad en los tiempos de ocio no cesa de crecer. Mas aun si se tiene en cuenta que, como soporte de los sistemas productivos, el usuario la tiene a mano durante todo su día laboral, navega en las pausas y se entrevera en diálogos intermitentes y simultáneos con pares, colaboradores jerárquicos, clientes y amigos. Los dispositivos de base computacional (el televisor y la radio tradicional podrían serlo, lo serán, pero no lo son en su amplísima mayoría) se hacen cada vez más polivalentes, han agregado más valor a la experiencia del usuario y permiten compartirla con cierta facilidad entre pares, y son más ecológicos (consumen menos energía) por el mismo precio.

Detengámonos en la situación de la prensa gráfica. ¿Por qué pensar que el diario debe seguir siendo sólo un diario? ¿Por qué no aceptar que la práctica de consumo social nos induce a la polifuncionalidad, a lo ecosistémicamente más eficiente, a lo más sensorialmente inmersivo? Por qué pretender que, en un mundo donde casi todo ha cambiado, la forma de informarse, entretenerse y educarse siga siendo la misma. Estamos aprendiendo que se trata de reencauzar la relación con el cliente (no está mal que el periodista se acostumbre al enfoque cliente) desde un lugar diferente, principalmente como proveedor de contenidos, entre muchos otras funciones sociales posibles. ¿Serán los contenidos 2.0 y las estrategias de participación las herramientas para restaurar la relación tan deteriorada entre los medios de comunicación tradicionales y sus usuarios? Tal vez, los contenidos 2.0 no sean la solución para restablecer plenamente la confianza y pautar una nueva relación con el lector-usuario. Pero no intentarlo podría ser mas perjudicial aun. Es verdad que el usuario usa poco las herramientas participativas que se le ofrecen, y muchos no usan ninguna. Pero ¿cuándo y cuánto se modificará este comportamiento colectivo con la llegada de nuevas generaciones, capaces de aceptar muchas herencias pero no la herencia del pacto de lectura? De abuelos a padres funcionó, con defecciones, pero subsistió. Con las nuevas generaciones, acostumbradas a la diversidad de la red, esto ya no funcionará de la misma manera. Sin embargo, sería imprudente concluir en un sentido o en otro, por o contra. Sería también imprudente no ensayar alguna combinación de estrategias, aceptando por cierto que, más allá del origen, la audiovisualización de los contenidos es una tendencia que parece consolidarse. Las nuevas generaciones entrarán en Youtube como nosotros entramos a Google. Las redes sociales se han audiovisualizado completamente. Los videos circulan por los medios sociales produciendo un gigantesco efecto viral. Es en las redes sociales como Facebook donde una amplia mayoría de las personas descubren los videos del momento.

Estas nuevas formas de distribuir y consumir se caracterizan por la disponibilidad inmediata. Como plataformas de distribución de contenidos, los nuevos medios están todo el tiempo disponibles, actualizados, interactivos, sincrónicos. Ofrecen la oportunidad de participar con estrategias colaborativas (blogs, wikizonas, folsonomías) diversas para que el usuario se sienta más cómodo, se sienta parte. Su elasticidad les permite expandir las posibilidades de profundización y ampliación. En oposición a los medios tradicionales off line, son mucho más porosos. Son no lineales. La secuencialidad es moderada. Los contenidos están disponibles en todas las pantallas (ubicuidad), todos los universos de dispositivos, móviles y fijos. Desintermedian el proceso informativo, incluso el proceso de compra, y promueven el encuentro conversacional entre autor y lector, y entre lectores. El valor del nuevo medio, en términos de negocios, equivale al valor de las comunidades que aglutina. Dime con quienes (cantidad, calidad) estás conectado y te diré quien eres.  

El mayor desafío reside en cómo monetarizar esas comunidades. En eso, los medios tradicionales tienen una práctica anterior que debería ayudarles si consiguen descubrir cuáles son sus ventajas competitivas. Sabemos, por ejemplo, que los usuarios consultan cada vez más la red antes de comprar y compran aquellos productos que los propios usuarios recomiendan, los que han tenido votos positivos, muchos comentarios o reseñas. Nunca como ahora, el concepto Red sustentado en la equipotencialidad de sus nodos, fue tan importante. Demoró nueve años después de la explosión de la burbuja de Internet en marzo de 2000 en hacerse realidad para una parte significativa de la sociedad. Pero la Red hoy existe para amplios sectores sociales.

¿Cómo son afectadas las teorías de recepción y consumo cuando el ecosistema mediático más que expandirse se desplaza a territorios que conocemos tan poco? ¿Qué ajustes deben realizarse en la transposición editorial cuando la tecnología realiza muchas de las operaciones cognitivas que antes debían realizar los lectores? El ecosistema ya no es lo que era. Ya son mayoría las personas del segmento ABC1 residente en las principales ciudades del país que no ven TV abierta y el porcentaje de las que no ven TV paga aumenta sin cesar. No ven TV abierta ni paga en el televisor, pero ven contenidos audiovisuales en la red. Puede tratarse de capítulos de la serie favorita, videos en un portal de periodismo ciudadano o contenidos de usuario en una red social. Lost tiene más 5000 millones de fragmentos en YouTube que son vistos mensualmente por más de 90 millones de usuarios. Más de 120 millones de personas conectadas a Internet consumieron más de 9.000 millones de videos on line. El 75% de los usuarios que acceden a Internet vieron videos on line. El posicionamiento de la computadora en el tiempo de la fruición ociosa es el resultado de su conectividad a través de Internet. La reconversión de la computadora de lo funcional a lo ocioso es uno de los factores determinantes del cambio de comportamiento de los usuarios frente al sistema mediático.  

Lo que sucede es paradojal y reafirma que nuestra visión no es equivocada cuando decimos que la Convergencia no es solo un fenómeno tecnológico, sino que es, sobre todo, un fenómeno cultural y transmediático, es decir, que desborda ampliamente las fronteras de los medios, aun considerando sus versiones on line. Al mismo tiempo que los dispositivos computacionales (celulares, PCs, notebooks, netbooks) ganan centralidad en el dominio del ocio y el entretenimiento, la tecnología pierde el liderazgo que se le adjudicó en la convergencia 1.0. La web 2.0 pertenece al modelo social no al modelo autoritativo de la era industrial. Ahora se hace más evidente que nunca el hecho de que el liderazgo tecnológico se ha extinguido gracias a tecnologías más transparentes y la llegada de usuarios con más competencias de uso intensivo. El crecimiento de las nuevas prácticas sociales se funda en un crecimiento exponencial de la capacidad del usuario de experimentar con y apropiarse de la tecnología.

La cuarta pantalla ya es la segunda en términos de recepción de contenidos de ocio y entretenimiento. El ocio se ha vuelto intersticial. Se inserta con facilidad en las micropausas laborales y en los intercambios comunicativos. Pequeños espacios de ocio que, en su conjunto, vulneran tanto las formas conocidas de consumo cultural como las formas de producir y de relacionarse, dentro y fuera de los contextos productivos. Un desplazamiento entre algunas estaciones de subterráneo, una espera prolongada en el consultorio médico, una pausa entre muchas otras (las generaciones jóvenes multiplican las pausas en lugar de hacer pausas mas prolongadas como las generaciones anteriores), todas oportunidades para consumir una brevedad, un video corto, compartir un mensaje en alguna red social o en una plataforma de microblogging.

Todo estos fenómenos se amplifican con la recepción en la movilidad. Desde que el walkman nació en 1979 (“Listen music of your choice, wherever and whenever you like”, decía Sony) ha corrido mucha agua debajo del puente, pero nada es igual al encuentro de la movilidad con Internet. Notebooks y netbooks, teléfonos móviles 3G, reproductores MP3 y MP4. El teléfono móvil es capaz ahora de transformarse en una MusicStation, dejando de ser un dispositivo-producto para convertirse en un servicio de descarga ilimitado por abono semanal (p.e., los móviles vendidos por Vodafone en Gran Bretaña con un servicio de descarga por £1.99 incluyendo gastos de transferencia de datos). La movilidad tiene un valor transitivo que impacta en todas las actividades humanas.

Nunca antes un periódico pudo ser mucho más que un periódico como lo puede ser en la etapa actual de la Convergencia. Puede ser un canal de video en YouTube, un grupo en Facebook, una plataforma de blogs de autor, una Wiki, un paseo virtual por la ciudad… Si ya fue también una plataforma lúdica, un concurso y un juego, nunca antes como ahora pudo ser también y, sobre todo, una experiencia de usuario. Y todo eso simultáneamente.

¿Qué cuestiones no se deberían obviar para desarrollar un modelo de comunicación de un nuevo medio?

El nuevo ecosistema se parece mucho más a un focus group gigante, dinámico y global, que al sistema cerrado, vertical y basado en mandatos sociales jerarquizados en dónde quien está habilitado se expresa y los demás consumen. Es un espacio de compromisos mutuos con millones de nanoaudiencias. Un suma de canales complementarios de relación con consumidores que navegan promiscuamente entre n fuentes de información y, raramente, pero de manera creciente, alternan entre el rol tradicional de consumidor y el de productor de conocimiento. El nuevo ecosistema es una red de conexiones para desarrollar influencias. Una forma asequible de empoderamiento de las audiencias, una forma genuina y novedosa de construir comunidades.

En ese nuevo contexto, deberíamos acostumbrarnos a que los contenidos de los nuevos medios sean elaborados por una combinación inteligente y apropiada al negocio mediático, de periodistas profesionales y no-profesionales. En definitiva, de ello depende el futuro de la profesión. Los profesionales, creciendo en el rol de “curadores”, los segundos cumpliendo un rol de “periodismo” de proximidad, de periodismo-ciudadano o, mejor dicho, de ciudadano en rol periodístico. Es lo que llamo un “periodismo participado”. En todos los sentidos de la práctica periodística, esta nueva etapa se caracteriza por la capacidad interactiva de los modelos de comunicación para promover la inclusión de los usuarios en el proceso de producción del discurso, un nivel superior de interactividad que facilita al lector la intervención sobre lo que se publica. Vota, establece rankings, hace socialbookmarking. Comparte mucho, a veces comenta, algunas veces remixea, la amplia mayoría de las veces navega fuera del microuniverso de las versiones on line de los medios tradicionales.

Por cada minuto que los usuarios pasan en Google y otros buscadores, pasan 5 o más en los medios sociales nativos como las redes. Es similar la distancia entre el consumo de redes sociales y consumo de versiones on line de medios tradicionales. Los tiempos de ocio siempre fueron horizontalmente compartidos. Familia, amigos, nuevos conocidos. Es natural entonces que en los entornos mediatizados se replique el fenómeno. En todos los casos, la hiperconectividad amplifica el fenómeno. Para algunas personas, esto implica más contacto (escrito, oral e incluso visual, p.e., via Skype) y, para otras, más retraimiento, al menos aparente, respecto de lo conocido, aunque no es seguro que sea así respecto de los mundos distantes, de los mundos por conocer. Al comando de sus máquinas comunicantes, las personas viven hiperconectados. El ocio y la fruición se hacen participativos. El contexto espacio-temporal del ocio y el entretenimiento ha cambiado. Todo se comparte virtualmente, todo el tiempo, desde cualquier lugar.

En especial entre los jóvenes, en los tiempos de ocio y entretenimiento se produce una alternancia incesante entre modos de comunicación interpersonal multisoporte, utilizando dispositivos (PCs, celulares) y plataformas diversas (redes sociales, chats), y el consumo de contenidos en nuevas formas y lenguajes provenientes de los nuevos medios, ya sean versiones on line de los medios tradicionales o medios sociales, como los blogs y otras fuentes de información que son nativas digitales y que nunca tuvieron una versión off line.

¿Cuál es la relación entre medios y usuarios en la actualidad?

Los productos informativos siempre produjeron una activación de las audiencias. Siempre las interpelaron, les sirvieron para construir una agenda pública, aquello de lo que la gente habla. Algunos lectores escribían cartas, otros llamaban a los programas de radio y, más recientemente, enviaban c.e. y mensajes de texto a los plateaux de televisión. Lo disruptivo reside en el salto cualitativo y cuantitativo de esta interacción. La interacción vertical (interacción usuario-medio) y horizontal (entre usuarios) alcanza un público mucho más extenso y el tipo de comunicación involucra los interlocutores en una forma más próxima a la comunicación interpersonal que a la comunicación de masas.

Al mismo tiempo, los productos mediáticos dejaron de consumirse en determinadas horas del día (p.e. el periódico por la mañana) para competir todo el tiempo con todos los productos informativos y de entretenimiento que, en la red, olvidan sus orígenes y gracias a una multimediatización creciente, se muestran homogéneos, similares. Todos se parecen en la red, radios, canales de tv y periódicos. Las curvas de consumo de periódicos se extendieron gracias a la red. El usuario-lector entra a su periódico varias veces en el día, aunque generalmente lo hace para actualizarse (página Último momento), con una navegación breve entre titulares de las principales páginas del diario. Son cada vez más numerosas las personas que consultan varias veces al día GoogleNews para informarse mediante los titulares. Ni siquiera hacen click-through para acceder al contenido completo de la nota en el medio que la produjo. Les basta con saber cuáles son los títulos principales de los principales medios que a ellos le interesan. Antes pensábamos en quienes nos podían quitar lectores, televidentes u oyentes, según correspondiese al medio en el que nos desempeñábamos. Para los diarios eran otros diarios, para los canales de tv eran otros canales de tv. Ahora, todos son multisector. Ahora, hay que pensar en quienes nos quitan usuarios. Si las curvas de consumo de cada uno de los medios se han estirado, es porque todos, en la red, compiten contra todos. Todos deben actualizarse las 24hs, 7días, 365 días al año. Deben comprometer al usuario a través de estrategias de participación diversas y permitir la ampliación fuera del propio medio.

En ese contexto, es natural que se produzcan tensiones, por ejemplo, a la hora de la desintermediación. Es esperable que la oferta acentúe la especulación del usuario que, inmerso en su pensamiento postformal, busque construir su propia opinión navegando promiscuamente entre tanta incerteza y ambigüedad, producto de la forma que en que los contenidos de la red están accesibles a través de los buscadores. Esto implica aceptar que la promiscuidad tiende a reemplazar los pactos de lectura. En casa seguimos comprando el periódico impreso, pero son escasos los momentos que pasamos leyendo la versión impresa mientras que, reiteradas veces al día, consultamos la versión on line. Sin las promociones y los servicios de afiliación ¿qué sería de los periódicos impresos? El mayor activo de La Nación (Argentina) son sus periodistas. En segundo lugar, el Club de servicios y los Gaturros (cheques de descuento), dos salvavidas mientras dure la travesía. El consumo se ha trasladado a la red. El usuario usufructúa de una diversidad de fuentes por un precio asequible. Aun cuando los mejores periódicos cobren por sus contenidos, siempre va a existir alguien en la red que ofrezca algo de conocimiento acerca del tema sin cobrar por ello. Por eso, la diferencia reside y residirá en cinco factores: lenguajes (géneros y formatos), calidad, curaduría, promociones y servicios.

El nuevo precio –habrá uno, tarde o temprano- deberá ser equilibrado teniendo en cuenta los componentes del verdadero capital del medio (periodistas, servicios, promociones). Deberá ser un costo ecológico. Es lo que espera el usuario. En definitiva, un periódico que todavía pesa un kilogramo cada sábado, tiene un costo ecológico de alto impacto que, para una economía medioambientalista como lo será la que vendrá después de la crisis global, será imposible aceptar. En las nuevas generaciones, el precio seguirá nuevas reglas propias de los nuevos soportes, ajustadas a las nuevas unidades de comercialización (unidades más pequeñas) y a los costos reales de su impacto ecológico. Aunque no está probado que el costo medioambiental del viejo sistema sea en su conjunto mucho más elevado que el costo del nuevo. En el viejo sistema, coexistían muchos medios audiovisuales con muchos medios impresos. Pero en el nuevo, basado en componentes plásticos de diferentes naturalezas y orígenes, no está asegurado que el balance medioambiental sea positivo respecto del anterior. Con el mismo dispositivo lector –tipo Kindle o Sony Reader- el usuario podrá leer millones de noticias y miles de libros, con un impacto ecológico muy reducido respecto del costo de los soportes anteriores. Pero el dispositivo lector habrá sido producido a partir de recursos naturales escasos y fungibles.

¿Qué marcará entonces la diferencia? Lo que ofrecen los medios ya no es un producto, es un servicio que se presta a n usuarios simultáneamente, todo el tiempo, accesible desde cualquier lugar y que tiene la intención de involucrar emocionalmente y participativamente a su audiencia. Sabe que compite todo el tiempo por un escaso tiempo de atención. La Economía de la Atención Escasa exige que los contenidos sean competitivos, es decir, capturen durante un lapso tiempo lo más prolongado posible la atención del usuario. Recordemos que uno de los principios básicos de la publicidad indica que es el cruce de cantidad de impactos con el tiempo de exposición al mensaje lo que se traduce en una mayor efectividad de la inversión. Para ello, el contenido debe seguir reglas incómodas para el periodismo tradicional. Hemos perdido la facilidad de contar historias que a los ciudadanos les interese. En lugar de preguntarnos cómo nos afecta el “periodismo ciudadano” debemos recordar que somos ciudadanos que prestamos un servicio a otros ciudadanos, que debemos atención a las necesidades de la Sociedad. Si por razones propias a la lógica empresarial resulta imposible el periodismo de proximidad, habrá que encontrar fórmulas combinadas para cubrir aquello que interesa a pocos junto a servicios que conciernen e interesan a muchos, como las promociones y los servicios de valor agregado.

En ese contexto, para el ejercicio del periodismo, es condición necesaria pero no suficiente centrarse en la calidad de los contenidos y seguir ocupándose de producir historias que comprometan sus lectores. Pero eso ya no alcanza. Las industrias de contenidos requieren de los periodistas algo más y, a la vez, algo diferente, como vocación por la innovación, espíritu emprendedor y capacidades para gestionar el talento compartido.


* Roberto Igarza es graduado de la Lausanne School of Engineering y doctor en Comunicación Social de la Universidad Austral. Es además egresado del Institut Federal d’Enseignement de l’Informatique de Gestion (1985) y Auditor Líder de Sistemas de Calidad (Istituto Italiano de Marchio di Qualitá, 1998). Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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