Sala de Prensa


14
Diciembre 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Diseñando el periodista digital (II)

Etica y deontología periodística
en la Sociedad de la Información

Quim Gil *

En la Sociedad Industrial los Medios de Comunicación ocupaban una posición intermedia entre los poderes públicos y las sociedades democráticas. El "cuarto poder" se definía como una herramienta de control al servicio de la ciudadanía, que obtenía una información transparente e imparcial a través de los medios y se integraba a través de la opinión pública. Los medios de comunicación eran, pues, el elemento imprescindible para poder fundamentar el corolario de la libertad y el control sobre los abusos de poder en las democracias liberales.

No entraremos a analizar la aplicación concreta de estas formulaciones. Baste decir que bajo esta inspiración los medios de comunicación fueron siempre reacios a la creación de códigos jurídicos que pudieran menoscabar su libertad e independencia frente al Estado, fomentando conceptos alternativos como los códigos deontológicos -o códigos éticos- y la autorregulación. Estos códigos recaen en la conciencia del periodista profesional y esta autorregulación recae sobre la conciencia y la ética de las empresas dedicadas a la información.

En las sociedades democráticas actuales el periodista no es un profesional sin más. Su actividad informativa tiene una trascendencia social reconocida y explicitada en el reconocimiento de derechos como la cláusula de conciencia y el secreto profesional. El respeto a estos derechos de los periodistas, la independencia de los medios y la pluralidad informativa constituyen uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho.

Pero todo este marco entra en crisis con la progresiva implantación de la Sociedad de la Información. Los medios de comunicación tradicionales dejan de ser el  único medio de comunicación entre los organismos públicos, las organizaciones privadas y los ciudadanos. Los periodistas dejan de ser los únicos individuos con posibilidad de informar. Las comunicaciones se establecen entre ciudadanos de diferentes estados, sujetos a diferentes jurisdicciones legales, a diferentes valores éticos, a diferentes referentes culturales.

Todo esto complica la aplicación real de unas autorregulaciones y unos códigos deontológicos que siempre han estado envueltos de controversia, incluso en el seno de la profesión periodística. Dado que hemos considerado vital para el futuro de la profesión periodística la asunción explícita de un código ético y de una autorregulación, será necesario dar un repaso a los actuales códigos deontológicos para intuir sus posibles integraciones en el marco de la Sociedad de la Información.

Los códigos deontológicos de la profesión periodística inciden en los siguientes aspectos:

1 - Aceptación explícita del código deontológico
El periodista debe asumir el código, debe cumplirlo, no puede mantenerse impasible ante infracciones y puede aplicar la cláusula de conciencia cuando sea incitado u obligado a desviarse de él. Este punto requiere un compromiso ético muy alto. Por ello mismo es el principio más vulnerado por la propia profesión periodística. Pero posiblemente en un futuro este sea justo el punto que diferencie periodistas de otros profesionales de la comunicación. Podemos imaginar incluso un compromiso que vaya más allá de la ética y penetre en ámbitos jurídicos, ya sea frente a la justicia pública o frente a las normas de una asociación profesional de periodistas.

Para que la (auto)regulación de este apartado sea efectiva es imprescindible disponer de una identidad certificada, una garantía para el receptor de la información que quien firma estos contenidos es un sujeto real, identificado y avalado por una tercera parte. En el periodismo tradicional esta identidad y existencia real viene avalada por el medio que contrata el periodista y/o por una asociación profesional. En la Red son necesarias más garantías. De la misma forma que el comercio electrónico requiere "servidores seguros", posiblemente la comunicación digital requerirá "informadores seguros" y organizaciones de certificación periodística, que a la vez puedan regular y servir de amparo ante abusos al periodista "certificado".

2.  El periodista debe explicar la verdad.
La mayoría de códigos éticos asumen que la verdad, la objetividad y la imparcialidad no existen de forma absoluta. No obstante, sí que existen procedimientos que permiten aproximarnos a informaciones veraces, o cuando menos a alejarnos de informaciones deformadoras o falsas. Es recomendable trabajar recogiendo testimonios de diversas fuentes, contrastando informaciones, documentando la información, rectificando cuando se pone de manifiesto un error y otorgando derecho de réplica a los sujetos de la información. La especialización también ayuda, aunque no es garantía de por si.

El periodismo convencional se encuentra con limitaciones de tiempo y espacio que limitan las recomendaciones anteriores. El periodismo electrónico no asegura de por sí más tiempo al periodista para elaborar su información, pero sí le permite disponer de todo el espacio que desee a la hora de documentar una información, así como de un factor temporal más flexible a la hora de añadir contenidos tales como ampliaciones de información, nuevos testimonios, comentarios de lectores, réplicas de fuentes, etc.

Otra rutina periodística propia del medio digital que incrementa las posibilidades de contraste de información es el establecimiento de enlaces con otras versiones de dicha información presentes en la Red. Explicitar el proceso de creación y gestión de la información también acrecentaría la credibilidad.

3. El periodista debe respetar a las fuentes y a los sujetos de la información.
En la mayoría de legislaciones el derecho de información queda limitado por otros derechos fundamentales de los ciudadanos: derecho del honor, de la intimidad, de la propia imagen, de la presunción de inocencia, así como derechos especiales hacia la infancia y la juventud.

Los periodistas no están exentos de estas limitaciones, aunque su libertad de información se ve ampliada respecto el resto de la ciudadanía en determinados casos, cuando una información es de "interés público" y/o cuando su protagonista es una "persona pública". Ni que decir tiene que este matiz, difícilmente cuantificable, ha generado múltiples conflictos entre supuestas personas públicas, periodistas y juristas.

Otras consecuencias del trato especial a la relación entre periodistas y fuentes son el derecho al secreto profesional, el respeto al "off the record" y al silencio de las fuentes.

La esencia de estos derechos no varía por el hecho de estar trabajando en un medio digital. Lo que sucede es que la difusión transnacional de los contenidos informativos, pone en juego múltiples apreciaciones éticas y legislaciones sobre el honor, la intimidad y el carácter público de las personas.

Un ejemplo:

Digamos que Fulano de Tal puede ser un absoluto desconocido a nivel social en Alemania, país donde reside. Investigar detalles de su vida privada y publicarlos en Der Spiegel sin su consentimiento sería claramente sancionable. Pero la situación cambia si Fulano de Tal es el líder carismático de una comunidad digital ecologista de 500 miembros y un periodista publica en una web sobre temas medioambietales que Fulano tiene acciones en empresas deforestadoras del Amazonas y que el último regalo a su mujer fue un abrigo de piel de foca. La información está contrastada y es veraz. Pero le ha comportado la ruina social a Fulano, quien además ha sido despedido de su trabajo, una agencia de relaciones públicas. Para acabarlo de complicar, el periodista es un freelance de nacionalidad argelina y residente en Suiza, publicación digital que ha comprado la información al freelance  es australiana y tiene la web hospedada en un servidor de Estados Unidos. ¿Quién y cómo debe regular esto?

Hace unas décadas era improbable encontrarse con una situación así. Hoy parece plausible y cada día será más factible encontrar casos como éste.

4. El periodista no debe mezclar información y opinión.
La legislación deja claro que la libertad de expresión y la libertad de información no deben confundirse. Los libros de estilo de todo medio también marcan una clara distinción entre información y opinión. En la práctica, esta división no está tan clara, lo que ha generado y genera un gran debate en facultades de periodismo y redacciones.

Este principio adquiere una gran relevancia desde el punto de vista clásico de los medios de comunicación. Los periodistas representan "el cauce de información" hacia la ciudadanía. Si mezclan información objetiva con información subjetiva están condicionando la veracidad de la información y, por tanto, están limitando la libertad de los ciudadanos.

Pero en un marco de abundancia de información la función del periodista digital casi se desplaza a al extremo opuesto. Los ciudadanos nadan en información, y algunos casi se ahogan. Uno de los papeles del periodista digital es precisamente el de seleccionar información, priorizarla y descartar fuentes. Y lo hará bajo un criterio subjetivo, por supuesto. Por tanto, la opinión del periodista pasa de ser un elemento secundario, cuando no sobrero, a constituir el factor principal, el motivo por el cual un periodista tiene los lectores (o interactores) que tiene. Esto ya sucedía con determinado tipo de prensa e información, pero en el medio digital la opinión explícita de los periodistas puede ser una de las formas de mantenerse a flote.

5. El periodista no debe mezclar información y publicidad.
Las Ciencias de la Comunicación consideran información y publicidad como elementos diferentes, los profesionales de los medios de comunicación tradicionales los perciben casi como antagónicos, las caras opuestas de una misma moneda. Concretamente, de la moneda que hace rentable el negocio de la comunicación de masas. La frontera entre información y publicidad también se viene discutiendo enardecidamente desde hace décadas, mucho antes de que nada parecido a Internet existiera.

Pero en la Red esta distinción se complica aún más, a causa de tres motivos esenciales:

- Vivir sólo de la publicidad.
Si la economía clásica de los medios repartía los ingresos entre la venta de información, la venta de publicidad y la financiación pública (directa o indirecta), en las mayoría de publicaciones electrónicas los lectores no pagan por obtener la información, mientras que los organismos públicos sólo sustentan sus propias publicaciones. Lo que deja todas las inversiones en manos de la publicidad. La mayoría de publicaciones digitales tienen una base financiera tan mínima como su capacidad de negociación con los anunciantes, por lo que aplicar estrictamente esta norma puede comportar la muerte de la publicación.

Hay otro factor remarcable, y es que un buen porcentaje de los directivos de estas publicaciones no se sienten implicados o afectados por ningún Código Deontológico de la Profesión Periodística. Ni pertenecen a un colectivo periodístico que les pueda sugerir autorregulación alguna. Esto no sólo afecta a los profesionales de dichas publicaciones, sino a los periodistas de la competencia, que por más ética periodística que tengan deben obtener sus ingresos de los mismos anunciantes que impondrán las mismas presiones.

Este proceso ya se ha detectado en los últimos años en la prensa, radio y televisión. Si medios potentes y cabeceras de prestigio los periodistas están cediendo, no se puede esperar un expediente éticamente impecable por parte de los miles de microempresas que configuran el grueso de publicaciones digitales.

- Se puede informar sobre productos comerciales.
En los orígenes del periodismo estaba claro: la visita de una autoridad era información, los detalles de un restaurante eran publicidad. Pero la implantación de la Sociedad de Consumo i la mediatización de la política han puesto en cuestión esta clara distinción. Se puede informar sobre restaurantes a lectores que piden esta información y se puede encuadrar una visita de una autoridad en una operación de imagen y marketing. A partir de los años 70 la información sobre productos comerciales se ha ido incrementando, en parte respondiendo a una demanda, en parte fruto de la presión de los fabricantes y anunciantes ya mencionados. Las posibilidades de Internet permiten convertir cualquier producto -comercial o no- en fuente de comunicación.

¿Cómo diferenciar información de publicidad? No siempre es sencillo, posiblemente la garantía de información no publicitaria se encuentre en los criterios de veracidad comentados en el apartado 2.

- Los productos comerciales también son información
Recordemos que técnicamente todo lo que penetra en la Red se convierte en información. Hemos visto que en el ciberespacio incluso nosotros mismos somos información. Lo que nos lleva a comprobar que la confusión no sólo estriba ya entre información y publicidad, sino entre información y los propios productos publicitados, que también están presentes en un formato de información. No se trata ya de que el Periodismo y la Publicidad se estudie en facultades comunes, es que los comerciantes están adquiriendo capacidades informativas, mientras que periodistas y publicistas se ven empujados a "vender". En muchos casos, literalmente.

Uno de los principales retos actuales del periodismo en el medio digital es el de mantener una personalidad propia frente a la información publicitaria y la información destinada a vender.

6. Los periodistas deben respetar los derechos de autor.
La profesión periodística censura el plagio y el hecho de que la comunicación digital lo simplifique no provoca que sea menos censurable. Lo que sucede es que si en los medios analógicos la tendencia se encaminaba hacia no copiar (o plagiar y atenerse a las posibles consecuencias), en los medios digitales la reproducción es extremadamente sencilla, por lo que la tendencia se dirige hacia el enlace o hacia la copia textual citando la autoría original.

La problemática relativa a los derechos de autoría y reproducción se tratarán más adelante. Pero el compromiso del periodista a actuar lícitamente se mantiene invariable en el medio digital. Al fin y al cabo, como autor es el primer interesado.

7. Los periodistas no deben obtener provecho económico de sus informaciones
Al margen de su sueldo, se entiende. No está permitido recibir regalos, favores, compensaciones económicas, etc, que puedan influir en el trabajo del periodista. Tampoco puede hacer un uso empresarial de las informaciones que obtiene en su condición de periodista.

Dejamos aquí de lado los frecuentes regalos navideños, las comidas y viajes pagados. El hecho de publicar en un medio digital no varía la condición ética de estas prácticas. Tampoco es propio del medio digital otro asunto que ha levantado una gran polémica en Estados Unidos. Tradicionalmente los periodistas no pueden tener inversiones colocadas en las empresas de la cuales informan. Esto era absolutamente lógico hace unas décadas, cuando el típico inversor tenía un perfil muy diferente al actual y los periodistas no invertían en bolsa.

Hoy los periodistas, al igual que cualquier profesional pueden tener interés en colocar parte de sus ahorros en la bolsa. Pero los periodistas especializados en nuevas tecnologías se encuentran con la situación de que no pueden invertir en las empresas de la nueva economía digital, el segmento de mercado que está dando unos mayores rendimientos. Puede parecernos una cuestión secundaria, pero este punto ha sido el que ha iniciado el debate sobre la ética periodística en Estados Unidos.

8. Los periodistas deben combatir los monopolios informativos y las concentraciones.
Gran proclama a favor de la libertad, riqueza y variedad informativa. Pero si en los medios tradicionales queda poco claro cómo puede combatir el periodista estos procesos, en el medio digital, contemporáneo a una época de grandes concentraciones, la frase queda aún más en entredicho. No por su formulación sino por su aplicación real. Una acción en pro de la diversidad informativa que sí que está de la mano del periodista es la eliminación del propio monopolio informativo mantenido por la profesión periodística. Contribuyendo a la riqueza informativa de las fuentes, a la credibilidad de fuentes no periodísticas y al acceso a la Red de fuentes que por sí solas no pueden hacer llegar sus informaciones al medio digital. El código ético de la Sociedad de Periodistas Profesionales de Estados Unidos recoge este espíritu con la frase "Dale voz a los que no tienen voz" (Give voice to voiceless).

* * *

Cumplir a rajatabla estos principios no sólo tiene unos costes morales, sino también unos costes económicos evidentes. Crear contenidos bajo estos parámetros implica una mayor dedicación de tiempo y de dinero, por lo que asumir este código puede convertirse no sólo en una cuestión de ética periodística, sino también de profesionalidad. Asumir este código tendrá unos costes, y si se pone en marcha los asumirán periodistas y medios que vayan a obtener unos ingresos y unos beneficios adicionales por el hecho de ser un periodista explícitamente certificado y autorregulado.

Ello dependerá sobretodo de que haya una demanda por parte de los no-periodistas (lectores, usuarios, fuentes, interactores, etc) de disponer de una información creada bajo este código deontológico. Si esta necesidad no existe, o no se genera, el periodismo puede evolucionar hasta llegar a unas formas de comunicación que hoy no admitiríamos como periodísticas. Puede llegar a su disolución como profesión.

Y si la sociedad deja de necesitar a un grupo profesional periodístico con un código deontológico explícitamente asumido puede ser a causa del buen trabajo informativo que estén llevando a cabo los múltiples profesionales y aficionados a la comunicación. O puede ser porque la propia sociedad haya llegado a prescindir de una ética de la comunicación, dejando la regulación a las denominadas leyes del mercado.

Lecturas y sitios recomendados:

Ética periodística

Navarro, V. " La veracidad, como límite interno del derecho a la información". Texto de base académica y jurídica sobre la ética de la informacón. Interesante...
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a/56vic.htm

Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España
http://www.aprensa-cantabria.org/apc_1_41.htm

Código Deontológico de la profesión periodística en Catalunya
http://www.periodistes.org/es/html/body_codigo.html

Déclaration des devoirs et des droits des journalistes. Documento aprobado por las asociaciones de periodistas de la Comunidad Europea, Suiza y Austria en 1971
http://www.globenet.org/snj/deontologie/munich.html

Códigos éticos periodísticos en Europa
http://www.uta.fi/ethicnet/index.html

Código ético de la Sociedad de Periodistas Profesionales de Estados Unidos
http://spj.org/ethics/code.htm

Otros códigos éticos periodísticos en Estados Unidos
http://www.asne.org/ideas/codes/codes.htm

Asociaciones profesionales

Grup de Periodistes Digitals (Catalunya)
http://www.intercom.es/gpd/

Asociación de Periodistas Digitales (Chile)
http://www.periodistas.cl/

JListe (Francia)
http://www.multimania.com/jliste/

Danish Online News Association
http://www.eona.org/donadk/donadk.htm

Europe Online News Association (en proceso de formación)
http://www.eona.org/

Online News Asociation (Estados Unidos)
http://www.onlinenewsassociation.org/

Sports Editors (Estados Unidos, para periodistas especializados en deportes)
http://www.sportseditor.com/


* Quim Gil es un periodista español y consultor en el curso de posgrado de Periodismo Digital en la Universitat Oberta de Catalunya . Este texto es la segunda parte de su primera colaboración para Sala de Prensa.


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