Sala de Prensa

118
Agosto 2009
Año XI, Vol. 5

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   


Aportes al pluralismo informativo

Daniel G. Gutman *

La noción de pluralismo es vital para considerar la actividad de los medios de comunicación, de allí que la cuestión obliga a los estados nacionales a pararse frente al tema ya sea adoptando un protagonismo esencial como el caso inglés, un lugar complementario como el estadunidense –lo que no hace el mercado lo hace el Estado- o la ausencia absoluta del sector público. 

Pluralismo, diversidad, pluralidad, son algunos de los términos clave para abordar la cuestión. No puede pasarse por alto antes de avanzar en este capítulo el debate público de una nueva ley de radiodifusión en el país.

El proyecto del Ejecutivo sin duda tiene una intencionalidad pluralista que aparece entre sus objetivos generales, uno de sus párrafos reza: “Buscamos echar las bases de una legislación moderna, dirigida a garantizar el ejercicio universal para todos los ciudadanos del derecho a recibir, difundir e investigar informaciones y opiniones y que constituya también un verdadero pilar de la democracia, garantizando la pluralidad, la diversidad y una efectiva libertad de expresión”. Más adelante, en otro párrafo de la introducción continúa esbozando los propósitos del proyecto: “Proponemos además modificar las estructuras, principios y objetivos de los medios del estado, para que abran instancias participativas que, con una conducción democrática y representativa aseguren pluralismo y diversidad en sus contenidos.”

No cabe duda cuál es el espíritu de la ley pero habrá que esperar su sanción e implementación definitiva para saber si en la práctica pueden alcanzarse niveles razonables de pluralidad. Hay marcos de referencia importantes como la reserva del 33% del espacio radioeléctrico a personas jurídicas sin fines de lucro, lo que abre la posibilidad de participación de un número mayor de jugadores. Nuevamente: esta es la condición necesaria, habrá que ver si una vez implementado se puede asegurar también un grado aceptable de diversidad que es la condición suficiente.

Otro tanto puede decirse del control de monopolios u oligopolios para que el resto del espacio no reservado también cumpla con las prácticas pluralistas y que dentro del futuro sistema estatal de medios exista una participación y control efectivo por parte de la sociedad. El financiamiento, la distribución reglamentada de la pauta oficial y otros mecanismos irán mostrando la factibilidad de un proyecto curiosamente postergado. De todos modos, a partir del resultado de las elecciones del 28 de junio de 2009 las perspectivas para discutir y sancionar una nueva ley de radiodifusión no parecen las mejores teniendo en cuenta que amplios sectores de la oposición con representación parlamentaria manifestaron su negativa a tratar el tema. 

La columna invisible

No es casualidad pero es llamativo: el desconocimiento del informe MacBride. En 1980 la Unesco reunió a varios notables de la comunicación bajo la presidencia del irlandés Sean MacBride y luego de dos años redactó un documento que bien pudo cambiar la historia de la comunicación: Un solo mundo, voces múltiples. Claro, se siguió el camino inverso y los resultados están a la vista. En algunos especialistas incluso despierta la ironía o la burla, se dice que el informe fracasó por completo. Es curiosa la evaluación: un sistema que no se puso en práctica se lo da por derrotado. La realidad lo pasó por encima, el mundo giró para otro lado y el informe quedó en el cajón de los recuerdos.

El documento es una enciclopedia de pluralismo, describe la circunstancia comunicacional y advierte en algunos casos con preclara visión los escenarios que aguardan según se sigan o no determinados lineamientos pluralistas. Es anticipatorio y lúcido, es una auténtica columna vertebral de la teoría pluralista y por eso cabe destacarlo en cualquier abordaje sobre el tema.

Varios segmentos del informe pueden resaltarse a trazo muy grueso.

1. Concentración. Desde el mismo prefacio alerta sobre la tendencia a concentrar la información en grandes medios de comunicación “destruyendo la multiplicidad de vías, tradicionales o modernas, por las cuales cada individuo puede ejercer su derecho a la libertad de expresión” (MacBride, 1980, p.8). Pero hay un capítulo completo dedicado a la concentración que, puestos a comparar con los modelos concentrados de hoy, son casi insignificantes pero indicaban una tendencia y la necesidad del poder político de fijar pautas y acotar ese poder creciente, tanto a nivel nacional como transnacional. Reconoce el informe que la industrialización de la empresa comunicacional permite una mayor velocidad de transmisión y abundancia informativa pero los desequilibrios del flujo informativo replican los del desarrollo económico. Así los grandes capitales de los países centrales incorporan las nuevas tecnologías rápidamente y van dominando la producción y distribución informativa con el consiguiente impacto en los países menos favorecidos (MacBride, p. 172). Esto impacta en la cultura y en la economía de los países receptores o no productores. Por un lado la necesidad de capital financiero de las producciones locales los fuerza a celebrar alianzas con los grandes conglomerados internacionales lo cual también condiciona el reparto publicitario ya que estos grupos integran empresas de distintos rubros, no solo de la comunicación. Así se van conformando importantes monopolios que controlan el corazón del negocio, la publicidad, y además son causa de una homogeneización de los contenidos en desmedro de las identidades culturales nacionales. La creciente dependencia de la publicidad genera una mentalidad comercial que acentúa la uniformidad de los mensajes.

Si se enfoca al periodismo, esta tendencia que marcaba el informe hace más de 25 años, se verifican hoy sus admoniciones en la problemática laboral de los periodistas, en la desaparición de pequeñas empresas periodísticas y finalmente en la uniformidad o escasa diversidad de opiniones presentes en los medios. Según el informe “la concentración constituye una amenaza grave para la existencia de una prensa libre y pluralista así como para las perspectivas de empleo en la profesión (...) es nociva y peligrosa a la vez para los lectores (...) limita los debates y fomenta el conformismo y la adopción de los valores de una minoría dominante; constituye pues una gran amenaza para el pluralismo intelectual, que es un elemento vital para la democracia (MacBride, 1980, p188)”.    

2. Pluralismo y diversidad. Destaca el documento el valor de la información en la vida democrática, la pluralidad de fuentes es condición indispensable para que la ciudadanía pueda tomar decisiones. La situación contraria sería una prueba palmaria de una democracia pobre. Aunque surgen dos advertencias: la diversidad de fuentes no asegura información confiable y tampoco significa a priori la existencia de condiciones de pluralismo (MacBride, 1980). Es importante que haya independencia de los medios entre sí ya que pueden existir varios medios pero ligados a un único dueño, allí la diversidad es sólo aparente y otra vez aparece la concentración como el gran enemigo del pluralismo.

Sin expresiones divergentes no hay democracia real. Un hecho grave lo constituía la exclusión lisa y llana de amplios sectores de la población mundial. La lista de excluidos bien podría formar parte de un listado del antipluralismo, se trata de “los pobres, de los deficientes mentales o físicos, de las personas geográficamente aisladas, de quienes son objeto de discriminación de orden social, cultural o económico, de las minorías étnicas, lingüísticas y religiosas, de las mujeres, de los niños, de los jóvenes.” (MacBride, 1980, p.293).   

De allí que el informe insista en la necesidad de una presencia popular en los sistemas de comunicación y al establecimiento de las “comunicaciones de sustitución”, lo que hoy podría llamarse comunicación alternativa o para extender aún más el panorama actual debería hablarse de comunicación periodística autónoma o independiente. Es decir mucha más gente que participa en la emisión lo cual permite una recepción más activa, identificada con problemáticas, intereses o gustos afines a la población, con un avance en la democracia por vía de la democracia en las comunicaciones (MacBride, 1980).

Un elemento destacable en orden a democratizar la comunicación masiva es la descentralización que abre las puertas “a la expresión de intereses y realidades locales, regionales y comunitarias”, tendencia que según apreciaba el documento podía notarse en la creación de emisoras locales de radio y en la por entonces recién introducida televisión por cable.    

Todavía internet era una entelequia y aún hoy es una esperanza pero más allá de la tecnología el informe ofrece algunos conceptos que mantienen vigencia. Lamentablemente las alertas rojas que emitió el informe MacBride fueron superadas y la concentración es un monstruo demasiado grande que pasa por encima de los estados nacionales.

Muchos años antes, en 1947, también con la mirada puesta en la democracia y el servicio esencial que los medios de comunicación deben prestar, el parlamento británico estableció una comisión especial para entender en la materia. Dos años más tarde la Royal Commision on the Press emitió una declaración de principios en la que vislumbra un equilibrio entre la empresa comercial de comunicación y la responsabilidad pública que le compete. Entre otras expresiones el documento se refería a “la forma democrática (...) requiere que la sociedad esté informada (...) para tomar decisiones en una elección y para mantener, entre elecciones, la vigilancia necesaria por parte de aquellos de quienes los gobernantes son los servidores y no los amos (...) La sociedad democrática necesita un relato claro y veraz de los hechos, de su contexto y sus causas y un instrumento por el cual los individuos y los grupos puedan expresar un punto de vista o abogar por una causa” (McQuail, 1998, p.77).

La cadena de valor público

Desde luego el concepto de servicio público es constitutivo de la BBC (British Broadcasting Corporation), creada en 1920, y estas son vueltas de tuerca alrededor del asunto como respuesta a la dinámica del sector.   

En 1985 se reafirma la condición de servicio público de los medios cuando se conformó el Comité Peacock que debía indagar sobre los nuevos mecanismos de financiamiento de la BBC. Este comité utiliza el concepto de servicio público de la unidad investigativa de la BBC que contiene lineamientos fundamentales en materia de pluralismo como son la inclusión de todos los intereses y gustos, universalidad geográfica, distanciamiento de los intereses creados y el gobierno, competencia por calidad más que por número de televidentes, entre otros (McQuail, 1998).

Este espíritu pluralista tiene su contrapartida en los contenidos, que fueron sancionados por ley en 1954, donde se estipulaba, por ejemplo que la programación no debía ofender el buen gusto, alentar la delincuencia, injuriar a una persona viva; proporcionalidad adecuada al material de origen británico e interpretado por británicos, que no se incorporen temas que sirvan a los intereses de un partido político...(McQuail, 1998). 

La normativa incluyó  a la televisión comercial que a partir de entonces también tuvo un lugar en la radiodifusión pública (Pilkington, 1962). Se criticaba con énfasis la trivialización de los contenidos por efecto de la mercantilización pero lo más interesante era la introducción de un nuevo concepto en este punto: desvincular la trivialidad de los temas y focalizar la noción de trivialidad en el modo de abordar y presentar los temas como “no respetar las potencialidades del tema (...) excesiva predisposición a recurrir a motivos trillados, en el hábito de conformarse a los modelos establecidos o en el rechazo de la audacia imaginativa (...)” (McQuail, 1998).

Las consideraciones previas reflejan la función de la BBC como organismo orientador de la producción mediática con programas de educación, entretenimiento e información de calidad y la prudente distancia de los partidos políticos y los intereses privados. 

Más recientemente la BBC adoptó una serie de cambios impuestos por la era digital. El broadcasting, en la inteligencia de sus mentores, debe llegar a todos en cualquier tiempo porque es “un arte cívico, intrínsecamente público, nunca puramente privado (...) hay un espacio social de intercambio, un capital social, eso es valor público, recurso público. El voto, el vecindario, la emergencia, la recreación, los valores, todo es información pública.” (BBC, 2004). 

Sigue siendo claro dentro de las políticas de prensa británicas que aún desde el punto de vista económico la radiodifusión es un bien público y por lo tanto los mercados no pueden abarcarlo en su totalidad y mucho menos conducirlo correctamente; la distribución eficiente de un bien de estas características, como el agua, la electricidad, la salud, etc, requiere la intervención de la autoridad administrativa.

Desde esta visión los pasos a seguir son previsibles, cualquiera sea el escenario tecnológico. Habrá una presencia pública que garantizará producción y difusión pluralista y sus efectos económicos, entre ellos la creación de empleo y el reparto de beneficios entre varios emisores estará asegurado pero siempre dentro del marco normativo pluralista, que impone calidad y por lo tanto diversidad, universalidad y equidad, es decir la creación de valor público.

La BBC define el valor público en cinco sentidos:

  1. Valor democrático. Difundir información veraz e imparcial que estimule el compromiso de los ciudadanos, favorezca el debate de los temas nacionales y la comprensión de los problemas mundiales.
  2. Valor cultural y creativo. Enriquecer la vida cultural ofreciendo un punto de encuentro entre la audiencia y los nuevos talentos con el fin de ampliar la conversacion nacional y celebrar la herencia cultural.
  3. Valor educativo. Ofrecer a las audiencias de toda edad oportunidades de educación formal e informal.
  4. Valor social y comunitario. Mostrar las coincidencias y las diferencias culturales entre las comunidades británicas en pro de la cohesión social y la tolerancia.
  5. Valor global. Proveer información internacional a las audiencias del mundo y mostrar lo mejor de las Islas Británicas a esas audiencias (BBC, 2004, p.8).

El reino de la diversidad

Para McQuail pluralismo es un concepto que la comunicación toma prestado de la política. El autor alterna indistintamente pluralismo y diversidad aunque se inclina por la diversidad como concepto más preciso, como elemento que caracteriza a “los medios pluralistas de comunicación.”

Juzga esencial la organización pluralista ya que en la actualidad son los medios quienes ejercen el control social y permiten la vinculación entre los individuos. Entonces sólo un sistema pluralista de medios es capaz de contener cualquier intento centralizador. (McQuail, 1998)

Además destaca el valor del pluralismo mediático como vehículo para la solución de conflictos ya que la diversidad de opiniones abre el debate sobre asuntos controversiales, permite consensos y en última instancia contribuye a la paz social.

McQuail, siempre interesado en aplicar las teorías pluralistas a los medios, toma las cuatro principales dimensiones de la diversidad de Hoffman-Riem (1987): a) de formatos y temas, que trata en particular sobre las funciones de los medios como información, entretenimiento, educación, etc.; b) contenidos: opinión y cuestiones de información y noticias; c) personas y grupos, en especial su acceso y representación en los medios y d) geográfica, la cobertura y relevancia de los temas (McQuail, 1998, p.217).

Después resume el consenso que a su entender existe en orden a encaminar la diversidad en los medios y para ello traza tres criterios de acción:

  1. La diversidad como reflejo. Los medios pluralistas deberían reflejar las diferencias culturales, de opinión y las condiciones sociales de la población.  La situación ideal es la diversidad representativa que es la correspondencia entre la diversidad en las comunicaciones y la diversidad en la sociedad. También las diferencias sociales.
  2. La diversidad como acceso. Los medios deberían abrir sus puertas a las diversas voces que integran la sociedad, sobre todo las voces críticas que favorecen  el cambio. Para un acceso real las condiciones mínimas serían libertad de expresión, número aceptable de canales independientes y diferentes, acceso a los medios por parte de grupos autónomos.
  3. Diversidad en base a más canales y opciones para la audiencia. La posibilidad de elección aumenta la calidad de los servicios de comunicación (mayor gama de productos en función del consumidor). En función de la recepción la audiencia puede encontrar más opiniones, información, modelos culturales y formas de vida (McQuail, 1998, pp.217-218).

Diferencias entre pluralismo y diversidad

El catalán Carlos Llorens desbroza en su tesis doctoral las ambigüedades léxicas, recoge los antecedentes europeos en materia de pluralismo y plantea soluciones prácticas.

En principio Llorens distingue dos realidades convergentes. Una económica donde la concentración mediática incide negativamente en los mensajes emitidos y la otra, la realidad sociopolítica, que es el territorio del pluralismo o pluralismo propiamente dicho. Luego señala la indistinción que se hace habitualmente de los términos diversidad y pluralidad.

Pluralismo, diversidad y pluralidad son tres conceptos que Llorens intenta diferenciar y lo hace apelando al diccionario de la Real Academia.

  • Pluralismo: sistema por el cual se acepta o reconoce la pluralidad de doctrinas o métodos en materia política, económica, etc.
  • Pluralidad: multitud, copia y número grande de algunas cosas; calidad de ser más de uno.
  • Diversidad: variedad, desemejanza, diferencia, abundancia, concurso de varias cosas distintas.

Si se establece una síntesis, puede concluirse que la pluralidad estaría determinada por la cantidad o número, la diversidad se basaría en la variedad y el pluralismo tendría un tono más bien político, referido a la tolerancia entre distintas ideas, sustento de la vida democrática.

Si nos internamos en el mundo de los medios, podría decirse que la pluralidad implica la presencia de por lo menos dos medios en el mercado mientras que  pluralismo remite a principios. De estos principios resultaría la diversidad en el ámbito de los medios y de las ideas (Llorens, 2001).

Llorens cita la definción del Consejo de Europa (CdE). Según el organismo, la diversidad aplicada a los medios de comunicación comprende un abanico de posibilidades que va desde la elección de “diferentes géneros periodísticos, temas y acontecimientos, fuentes de información, formatos, presentaciones y estilos, intereres, opiniones y valores, autores, perspectivas, etc. En resumen, la diversidad reenvía a reconstrucciones culturales diferentes por parte de los medios.” (CdE, 1992a). Surge con claridad para el autor que el efecto más directo del pluralismo en los medios de comunicación sería la diversidad y esta diversidad se expresa de modo concreto en la serie de categorías incluidas en la definición anterior.

Habría un pluralismo estructural, que no informa sobre el fondo de la cuestión, sobre el pluralismo real o interno, solo muestra que a mayor número de medios habría menor concentración o pluralismo externo en términos de la Comisión Europea.

Otro tanto ocurre con la amplitud de las fuentes consultadas. Si por ejemplo las mismas fuentes son compartidas por emisoras competidoras habrá menor pluralismo, y esto no se puede corregir sólo con políticas limitantes de la concentración.

Más adelante Llorens centra su análisis en la influencia de la concentración en el pluralismo y observa, en contra de lo que normalmente se supone, que no hay una relación directa entre ambos. De todos modos la existencia de varios oferentes contribuye al pluralismo, porque aun cuando haya homogeneidad de contenidos al menos hay más de un oferente de esos contenidos y el riesgo de manipulación política también disminuye. Si bien este análisis estuvo presente en otros autores (McQuail, Doyle), Llorens abunda un poco más.

En general se considera que a mayor concentración de medios la oferta es menor y hay menos pluralismo. Pero la relación entre pluralismo y concentración puede ser influenciada por otras variables.

“Explica Doyle (1997) que las otras variables que impactan decisivamente en el pluralismo son el tamaño de mercado, los recursos disponibles en dicho mercado, la estructura del sistema mediático y los objetivos y competitividad de las empresas de medios,” (Llorens, 2001, p.126). La concentración de medios, o sea el número de proveedores es una variable más, no la única que determina el grado de pluralismo del sistema.

El modelo de Doyle muestra factores sucesivos que determinan el grado de pluralismo del sistema. En primer lugar el pluralismo depende del tamaño de mercado, que condicionará la segunda fase o de oferta, es decir el número de propietarios de medios.

La tercera pata del esquema, la consolidación de las funciones editoriales, es central para sostener el pluralismo ya que se trata del mecanismo de transmisión del sistema, el que relaciona el tamaño de mercado, su grado de concentración, con la diversidad de contenidos o fase final.

Para Doyle fomentar la diversidad de contenidos es fundamental para el pluralismo. Propone un modelo semejante al inglés, que establece que una proporción fija del contenido de cada producto sea independiente. Aclara que sólo es aplicable a la radio y televisión ya que los operadores ocupan un espacio radioeléctrico que pertenece al conjunto de la sociedad (Llorens, 2001).

La cuestión es ver de qué manera una empresa de medios concentrada encuentre los incentivos para diversificar contenidos. Puede hacerlo. De hecho en la Argentina el grupo Clarín lo demuestra para impedir la entrada de competidores y una de las maneras es cubrir todos los nichos de mercado. Pero, en general, la posición dominante de la que goza este tipo de empresa hace que desestime el peligro de la competencia a favor de un ahorro de costos mediante la supresión de algunos contenidos. Es decir irá en sentido contrario a la diversidad, achicará gastos por la menor variedad y el resultado será una homogeneidad de contenidos, con menor oferta para la audiencia, menor pluralismo. 

Resulta de suma utilidad el esquema para internarse en el ámbito mediático argentino y considerar el tamaño de mercado como un factor de importancia a la hora de interpretar las condiciones de pluralismo. En palabras de Llorens “el escaso mercado no permite financiar un gran número de medios de comunicación, lo que implica habitualmente un alto nivel de concentración. Por tanto, en mercados de comunicación pequeños los niveles de pluralismo exigibles podrían ser inferiores a los mercados más amplios. En definitiva, distintos tamaños de mercado implican distintos niveles de pluralismo” (Llorens, 2001, p.128 ).

En todo caso, habría que introducir, como bien dice Doyle, otros mecanismos que aseguren la diversidad y el pluralismo, de lo contrario en mercados no tan extendidos deberíamos resignarnos a grados de concentración y homogeneidad inadmisibles.

Por eso el Estado, en mercados de pequeña escala, debe regular con inteligencia la diversidad de contenidos, porque tiene capacidad de maniobra y en definitiva se trata de una cuestión de voluntad política y no económica. Es decir, la producción independiente puede tener espacios de difusión garantizados por ley y el Estado no se ve impelido a sostener estructuras burocráticas pesadas, de dudosa eficacia en materia de pluralismo. Por lo menos de esta manera una parte de la producción queda en manos independientes, sin necesidad de incrementar la  participación directa del sector público de medios y el Estado tiene mayor capacidad de maniobra para contrarrestar la ineficacia pluralista del mercado.

Llorens observa en primer lugar que el pluralismo interno podría asegurarse con sistemas de acceso a productores independientes y la conformación de organismos que posibiliten la participación de grupos sociales en la definición de la programación. En segundo lugar la televisión comercial y también la de pago –aunque en menor medida- debería ser incluida en las políticas públicas de protección al pluralismo porque se les está cediendo un espacio público radioeléctrico. Un ejemplo es la televisión privada británica con porcentajes de producción independiente dentro de la grilla. O sea, la televisión privada también participa en la construcción del pluralismo y queda bajo la estrategia de las políticas públicas en materia de radiodifusión.

Legislar cuotas obligatorias de emisión

Precisamente para medir y controlar el pluralismo en los medios, Llorens, entre otros recursos, introduce la fórmula que la Comisión Europea expuso en el Libro Verde (CE, 1992h). La Comisión examina tres sistemas: 1) el contenido editorial; el más complejo por la cantidad de datos requeridos y la subjetividad que implica; 2) número de canales o títulos, de fácil medición pero poco confiable en términos de observación de la diversidad de contenido; 3) número de propietarios, si bien no garantiza diversidad de contenidos al menos asegura diversidad de elección para el público.

Según Llorens hay un consenso entre investigadores y autores sobre la necesidad de controlar la diversidad de contenidos como medio privilegiado de asegurar niveles razonables de pluralismo.

Vale en este punto una aclaración. Hay autores como Prosser, Goldberg y Verhulst (1996), citados por Llorens, que prefieren distinguir dos tipos de contenidos, sobre todo en un entorno digital como el que está enmarcando las relaciones comunicacionales.

Según estos autores el contenido informativo y de opinión sería materia de regulación por su impacto en el pluralismo y su repercusión política mientras que los contenidos relacionados con entretenimiento deberían ser más libres en términos de oferta y demanda, bastaría una ley de competencia como en cualquier otro mercado para asegurar su funcionamiento.

En 1999 un comité  de expertos reunido por el Consejo de Europa preparó la Recomendación N º R (99) para promover el pluralismo en los medios.

Entre otras líneas de acción respecto del contenido de los medios Llorens destaca las de imponer cuotas de emisión para producciones independientes que obligan a un operador de televisión dominante a compartir sus frecuencias con otros operadores y también acciones concretas para fomentar el pluralismo como “la posible subvención para la prensa y los medios audiovisuales locales y regionales, o pertenecientes a una región con lengua minoritaria. “Se insta a diseñar estrategias tanto de apoyo a la producción y la distribución de obras audiovisuales como a la creación de empresas pero con criterios no partidistas, a través de procedimientos transparentes y sujetos a un control independiente.”   (Llorens, 2001, p.171)

A propósito de las medidas para fomentar el pluralismo en los medios de comunicación el propio Llorens (2001) postula 10 medidas concretas con el espíritu de “abarcar el máximo posible”.

  1. Desarrollo y respeto de los derechos fundamentales relacionados con la libertad de expresión.
  2. Legislación que asegure la transparencia de los grupos mediáticos - Obligación para conocer los propietarios o accionistas de las empresas (acciones nominativas) - Obligación de publicar las cuentas de las empresas - Obligación de desvelar los orígenes de los ingresos de cada medio - Obligación de notificar a las autoridades reguladores cualquier cambio en el accionario o capital.
  3. Legislación relativa a la concentración de medios - Leyes generales de propiedad y gestión. Por ejemplo, obligaciones de la licencia, representación, representación de grupos sociales en el consejo de administración - Leyes que regulen la propiedad cruzada de los medios - Leyes sobre propiedad o inversión extranjeras - Establecer criterios de concentración de audiencia vinculados a la propiedad.
  4. Legislación que facilite el acceso (plataforma de distribución, interconexión, facilidades esenciales).
  5. Ley de competencia (y el modo en que es aplicado a los medios de comunicación) - Regulación antimonopolio, de fusiones y compras - Medios y metodología para determinar el dominio.
  6. Apoyo estatal y subsidios a las empresas de comunicación.
  7. Leyes de publicidad y su restricción.
  8. Leyes protectoras de la independencia editorial y periodística y control del ejercicio de la profesión.
  9. Reglamentación y disposiciones relacionadas con el contenido - Imparcialidad de la cobertura de noticias - Disposiciones de público interés: programas regionales, representación de grupos sociales, etc. - Derechso de programación y acontecimientos de interés general.
  10. Poderes de los organismos reguladores en el terreno de la propiedad de los medios y la concentración.

Diversidad de contenidos

En la Argentina los estudios sobre diversidad cultural y pluralismo informativo parten del análisis de la concentración de los grupos mediáticos. 

En línea con el pensamiento de los autores citados en párrafos anteriores, Becerra y Mastrini también destacan la necesidad de conformar un espacio mediático pluralista y abierto sin el cual se afecta el derecho básico a expresarse libremente. “Es por ello que este derecho no debe quedar confinado a la garantía de una estructura de propiedad no oligopólica, sino que también debe asegurarse la multiplicidad de contenidos en los medios. Esta diversidad de propietarios y contenidos debe quedar reflejado en el nivel político, cultural y lingüístico.” (Becerra y Mastrini, 2006, p.47).

De allí que los autores ubican al pluralismo político como el lugar donde confluyen el conjunto de opiniones políticas, no sólo las opiniones afines a los propietarios de los medios. De la misma manera, en el plano cultural los medios deben contener la diversidad expresiva de las diferencias culturales o regionales dentro del país en un equilibrio que considere la incidencia comercial, con los contenidos más consumidos por el público.

Es evidente la necesidad de contar en el mercado con un número aceptable de operadores para crear un clima propicio en dirección al pluralismo. Esta idea, en coincidencia con otros autores es retomada por Becerra y Mastrini, lo mismo que el tamaño de mercado: a mayor tamaño habría mejores condiciones para la diversidad informativa y cultural. Si bien es un punto a considerar, esto de ninguna manera debe entenderse como la resignación pluralista en mercados más pequeños. Si se piensa por ejemplo en la existencia de los medios en algunas provincias argentinas, allí el estado nacional y provincial deben intervenir para moderar los efectos concentradores. El tamaño de mercado es un dato más pero no debe ser la excusa para introducir formas de pluralismo aunque no de las características de un gran mercado, pero aceptables para la existencia de expresiones políticas y culturales de menor envergadura.

De nuevo, considerando la actividad periodística en algunas provincias argentinas, muchas veces la presencia de pequeños emprendimientos fue aplastada, incluso por vía del aniquilamiento físico de sus integrantes, a veces bastaría con una presencia judicial y policial apropiada para sostener a los operadores independientes y garantizar un mínimo de diversidad.  

Además los grandes mercados de la comunicación se fueron desregulando o regulando a favor de grandes propietarios privados lo que incorporó tecnología y capitales. Esto ofrece al observador desprevenido un paisaje de aparente diversidad por la multiplicidad de productos que se ofrecen pero esconden una concentración creciente, con muchos productos en pocas manos, lo que deviene en menor diversidad y pluralismo (Becerra y Mastrini, 2006).

El repliegue del estado en función del pluralismo es inadmisible, es definitivamente la eliminación progresiva de las diversidades ya que el modelo de mercado, de mayor competencia y por ende mayor concentración se sustenta sólo en el valor comercial de la comunicación. Se fabrica lo que se vende y lo que se vende es cada vez más limitado, menos diferenciado, se produce una espiral mercantilista que condiciona la demanda del público. El resultado está a la vista en lo que hace a televisión abierta, con una parte de la programación determinada en función del ráting, vende más pero carece de consideraciones culturales o aún artísticas, y en un círculo defectuoso se va replegando sin ofrecer alternativas.

En el terreno económico ocurre otro tanto: tal como lo expresa la paradoja de Demers se intensifica la competencia de tal manera que muchos competidores van desapareciendo, o sea en el largo plazo esa intensidad competitiva deviene en menor competencia de largo plazo, con menor diversidad y pluralismo, más uniformidad y homogeneidad informativa y cultural.

Un grupo concentrado es una barrera de entrada para nuevos competidores que difícilmente puedan sortear el obstáculo, más aún si se observa que estos grupos disponen de recursos financieros suficientes como para afrontar una competencia a pérdida o tienen capacidad para influir en distintos estamentos (Becerra y Mastrini, 2006).

Cabe reiterar la importancia del número de participantes en el mercado de la comunicación, no como cuestión excluyente pero sí de mucho peso específico. 

Escasa diversidad en los ámbitos privado y público comparten 

El modelo de Wolton es relevante por el análisis de la televisión como elemento democratizador de la sociedad y factor de vínculo social, se trata de una visión alejada de las críticas implacables, vehículo privilegiado de la industria cultural.

La fuerza de la televisión reside en su carácter multitarget que alcanza a públicos populares, de élite y sectores medios y también a que la televisión “forma parte de nuestra antropología…(…)…tiende al vínculo social, es un contrapeso a una sociedad amenazada por la organización en carteles, la fragmentación social, la indiferencia…” (Wolton, 1992, p.71 y 312)  

Wolton imagina un modelo superador de los vigentes hasta hoy, por encima del estatista europeo, de control e influencia política directa, y distante también del modelo liberal estadunidense donde la mano invisible del mercado fija el rumbo y se renuncia desde el Estado a dictar políticas de televisión.

Hoy que se discute en el mundo y particularmente en los Estados Unidos el alcance de las regulaciones -es probable que el cuestionamiento llegue al sistema de medios- para revertir una corriente que en los últimos años avanzó en sentido contrario.

Lo mismo puede decirse de la Unión Europea, hasta dónde seguir acotando a la televisión pública y abandonar espacios que pueden tener un destino incierto. En todo caso habrá que ver cómo termina la crisis financiera mundial y cuál será el impacto que en definitiva tendrá sobre la televisión y el resto de los medios informativos.

Si hubiese un replanteo, las posiciones de Wolton al respecto resultarían apropiadas a una discusión. El autor francés ubica a la TV dentro de dos dimensiones, ambas remiten a dos ideologías: a) dimensión técnica, donde prevalece la imagen, el entretenimiento, el espectáculo y una sobrevaloración tecnológica y b) dimensión social donde la comunicación y el vínculo social constituyen el factor principal y la sobrevaloración viene dada por la carga de políticas públicas sobre la televisión. La televisión reúne dos aspectos sociales clave, por un lado el fenómeno colectivo de vinculación y al mismo tiempo como el fenómeno individual que ocurre durante la recepción. Esta televisión como herramienta extraordinaria de vínculo social es para Wolton más importante que como medio de comunicación.

En su búsqueda de una utopía televisiva, Wolton no reniega de la necesidad comercial y la demanda como factor determinante de la televisión, el resultado económico no puede estar ausente (WOLTON, p.35. 1992) pero en razón de su carácter de industria cultural tampoco puede quedar librada exclusivamente a la ley del beneficio.

En este punto el sociólogo francés introduce la cuestión del pluralismo y observa que la liberación comercial de la televisión europea de la última década con la presencia de nuevas cadenas privadas no logró la diversidad de programas, un aspecto sensible dentro de la noción de pluralismo.

Al contrario, lo que se pudo comprobar es un fenómeno de  concentración de la publicidad en pocos productos, con desaparición de producciones independientes que al quedar al margen del interés de los anunciantes no alcanzan niveles de rentabilidad satisfactorios según los cánones del ráting, es decir el mercado como factor determinante, sube o baja el pulgar de los protagonistas sin atender otras cuestiones de interés o importancia para la sociedad (WOLTON, 1992. P.36).

Por eso Wolton advierte sobre la necesidad de separar con absoluta claridad entre la información y el resto de los programas e insiste en respetar los grandes géneros de la programación como son espectáculos, deportes, documentales, etc (WOLTON, 1992, p.72).

Esta insistencia en recostarse en los géneros tradicionales sería el presupuesto mínimo para que la polisemia de las imágenes esté contenida en un marco comprensivo para las grandes audiencias, una suerte de consenso básico que colabore con el contexto de recepción ya que según Wolton “todos miran la televisión pero todos ven cosas diferentes, hay un contexto de recepción que resignifica las imágenes.” (WOLTON, p.79).

El sentido flotante y ambiguo de las imágenes tiene un punto de anclaje en los géneros, un marco de referencia para las audiencias, a partir de allí el espectador carga libremente el significado de las imágenes que recibe.

Wolton recuerda algunas estudios de comunicación donde puede verse como la audiencia filtra la información recibida según su propia percepción política de la realidad, la posición ideológica del espectador le permite elegir optando por las opiniones afines y descartando las adversas a su pensamiento (Wolton, p.79).  Destaca el autor el efecto igualador, la dimensión democrática de la televisión que juega un papel vital para conocer la marcha de los asuntos públicos, la imagen se constituyó en un elemento insustituible de la política “la mayoría de los políticos lo considera una condición indispensable para sus carreras” (WOLTON, 1992, P.76)

Esta fascinación  –lamenta Wolton- convirtió a la televisión en un objeto político, llevando a la intervención directa de los políticos en su funcionamiento y creación tanto en el sector público como en el privado pero “nunca la comprendieron ni la respetaron…no pueden quitarse de la cabeza la errada idea de que se puede gobernar mejor un país poniendo a los amigos al frente de la televisión”  (Wolton, 1992, p.57,58).

La incidencia negativa de los políticos sobre la televisión dio como resultado un achicamiento de la diversidad y la pluralidad en la información o al menos fueron cuestiones que quedaron relegados frente a intereses más urgentes en la conducción del Estado o en el éxito comercial de las empresas de televisión. 

Proteccionismo cultural

También la UNESCO hizo su aporte a la cuestión. El Informe Mundial sobre Cultura 2000-2001 titulado Diversidad cultural, conflicto y pluralismo que si bien no hace referencia directa a la concentración mediática pone el acento en la diversidad cultural sin la cual no hay diversidad mediática posible porque hoy la cultura y la comunicación no pueden correr por cuerdas separadas.

El informe de la UNESCO es coherente con el trabajo de compilación e investigación de Elie Cohen que asegura que frente al fenómeno de la globalización deben generarse mecanismos proteccionistas de las identidades, entre ellos la "excepción cultural". Esto significa reforzar el concepto de reivindicación de las identidades, proteger las industrias locales, promover los trabajos intelectuales, destacar el patrimonio cultural y lingüístico y esconder las intenciones "antidemocráticas".

Al respecto Ramón Zallo, catedrático de la Universidad del País Vasco de España, desde una perspectiva que enlaza la economía y la cultura adhiere a la excepción, “hay que ser partidario de la excepción cultural -hoy denominada diversidad- y eso significa medidas proteccionistas. Pero ese proteccionismo centrado en lo económico con efectos culturales no puede ser el disfraz para la censura política o informativa sino que debe ser tasado por razones comerciales y culturales y siempre en los ámbitos en los que la desigualdad de los flujos lo justifiquen –caso del cine u otros-.”

La fundamentación económica de la excepción cultural tiene argumentos que explica muy bien Zallo. En primer lugar, el modo de producción y distribución le da a los EE.UU. una clara ventaja respecto del resto de los países y crea una barrera de entrada para la competencia de países pequeños. En segundo lugar, el ahogo de las producciones locales puede provocar una demanda de diversidad insatisfecha y por último Elie Cohen propone medidas protectivas porque las culturas nacionales merecen el interés público dado el efecto sinérgico que generan en todo el sistema social y económico de un país (Zallo, 2003).

“La excepción cultural –continúa Zallo- no va contra el mercado sino que busca sortear los obstáculos que este mismo genera y no debe ser otra cosa que una vía defensiva revisable en el tiempo y válida mientras se ejecuta una política activa, industrial, de sustitución de importaciones y generación de un tejido industrial cultural y comunicativo propio.” (Zallo, 2003)

Más específico en términos semánticos que el Tratado de Diversidad de la UNESCO resultó  la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. En su primera fase con sede en Ginebra (diciembre 2003) dentro de la Declaración de Principios incluye un capítulo sobre medios de comunicación en los que expresa que “el pluralismo y la diversidad de los medios de comunicación debe garantizarse mediante la legislación adecuada, a fin de que no haya una centralización excesiva de los medios de comunicación.”   

Más preciso aún, la declaración contiene recomendaciones para el periodismo tanto en la protección de la independencia editorial de los periodistas como de los medios y actualiza estas recomendaciones al puntualizar que los “autores, periodistas y editores en línea deben gozar de los mismos derechos contractuales y protección social que los demás trabajadores de los medios de comunicación”.

En tanto al referirse al sistema público de medios los ubica como garantes de la participación de todos los sectores en la sociedad de la información y la comunicación. Este acceso debe ser “participativo, universal, inclusivo y democrático (...) Debe garantizarse el acceso universal a la información fundamental para el desarrollo humano. La infraestructura y las formas más apropiadas de tecnologías deben ser accesibles para todos independientemente de su contexto social.” (...)

El autor español Bastida Freijedo, catedrático de la Universidad de Oviedo de España, confronta pluralismo y concentración. Encuentra tres condiciones cuya deficiencia revelaría concentración mediática: 1. La información debe llegar a un número importante de ciudadanos 2. Que esa información provenga de fuentes diferentes y 3. Que el producto informativo refleje el pluralismo social, político y cultural de la sociedad, es decir que contenga el punto de vista de varios y no de uno o pocos participantes del circuito deliberativo (Carbonell, 2002). 

Puede notarse que Freijedo apunta a la difusión, la importancia de la audiencia dentro de los considerandos de pluralismo. De nada sirve establecer mecanismos plurales desde la emisión si no se asegura un alcance amplio entre el público. Estaríamos ante un pluralismo puramente teórico o bien intencionado pero sin eficacia en la realidad comunicacional.

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* Daniel G. Gutman es profesor en el Instituto de Comunicación Social de la Universidad Católica Argentina, editor responsable del sitio www.brutalargentina.com.ar y colaborador de SdP.


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