Sala de Prensa

114
Abril 2009
Año XI, Vol. 5

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   


Elector salvadoreño:
entre desencantos, castigos y reconocimientos

Mario Alfredo Cantarero *

El comportamiento político de los salvadoreños no es fácil de entender desde perspectivas simplistas y dogmáticas. Me distancio de aquellos creyentes de que los salvadoreños son ingenuos en su pensamiento y acción políticos, al dejarse manipular por las estrategias de marketing utilizadas por los partidos políticos y por la algarabía de los medios informativos.

Creo en la complejidad de las ideas, actitudes y acciones políticas de los salvadoreños, y reconozco que están en pleno proceso de maduración, al que, sin duda, favorecen los medios de comunicación social a través de espacios serios de debate político y por medio de información noticiosa honesta y bien fundamentada sobre los acontecimientos.

Pero esencialmente el comportamiento del elector se explica por la imagen desfavorable que tiene del quehacer político y las experiencias negativas que vivencia día con día.

Los hechos se filtran a través de la diversidad de medios de comunicación (mediáticos, interpersonales y experienciales), a pesar de que muchas veces se hacen intentos por ocultar todos sus rostros en la información noticiosa en los medios masivos, por presiones de grupos de poder interesados en vetar datos significativos de los acontecimientos. Por un proceso complejo del paso de la información en la memoria de los ciudadanos, en donde cada una de las personas se expone, analiza, interpreta, acepta o rechaza la información sobre los hechos y los guarda en sus memoria de largo plazo, y en el momento oportuno la utiliza para premiar, castigar o abrigar esperanzas por algún candidato, partido o una oferta política.

Asimismo, la información utilizada por el elector proviene de diferentes fuentes: medios de comunicación masivos y las relaciones interpersonales con sus amigos, compañeros de trabajo, vecinos, líderes de opinión, los padres, etc.

Esta información la contrasta con la información que obtiene de su propia experiencia. Probablemente ésta es la fuente de información más decisiva en la formación de la imagen que los electores tienen de un candidato o partido político.

Esta fuente proporciona una información de primera mano, aunque es cierto que su influencia y su uso pueden estar mediatizados por los medios de comunicación masivos o por las relaciones interpersonales.

Con base en esa información procesada y registrada en su memoria, los salvadoreños configuran una actitud política de confianza o desconfianza hacia los partidos políticos y la forma de hacer política en nuestro país.

Pero esta actitud política no se construye de la noche a la mañana, en una campaña electoral de tres meses, sino a lo largo de períodos bastante largos, como en uno o varios períodos de gobierno.

En períodos electorales, los ciudadanos, haciendo uso de la sabiduría dada por toda la información registrada en todo un período de gobierno, saben de sus opciones: entienden perfectamente por quién hay que votar y cómo distribuir el poder entre los organismos políticos.

Este comportamiento político se puede ilustrar en la siguiente ecuación:

Promesas políticas + Acciones de políticos en uno o varios períodos de gobierno
Vivencias y afectaciones en ese período.

La opción política del ciudadano es el resultado de un proceso cognitivo y pragmático, el cual se sintetiza la información preveniente de los discursos dados durante la campaña electoral, de todas las acciones políticas significativas del gobierno y de la forma como le han venido impactando esas acciones en su vida diaria.

De acuerdo a cómo lo haya beneficiado o afectado, así tomará decisiones a favor o en contra de un partido. Cuando las decisiones lo han afectado negativamente, obviamente optará por un partido de la oposición, en el que abriga sus esperanzas de este tomará medidas futuras que lo beneficiarán.

Esta ecuación pone en entredicho el poder omnipotente de la comunicación publicitaria desplegada a través de los medios de comunicación masiva. Es decir parece que los millonarios despliegues de publicidad política de los partidos contrincantes tiene una limitada capacidad de definir las opciones de voto en las campañas electorales oficiales.

De acuerdo con este planteamiento, el despliegue publicitario en períodos electorales a través de todos los medios propagandísticos solamente sirve para avivar o florecer aquellas opciones políticas que se conformaron a lo largo de un período de gobierno.

Sin embargo, en el caso periodístico, se reconoce que estos medios con políticas informativas atinadas sobre el tratamiento de los procesos electorales pueden favorecer el crecimiento de la democracia salvadoreña.

En esta perspectiva, con el uso de estrategias periodísticas que vayan encaminadas a proveer mayor y mejor información a los electores, los medios informativos apoyarán cognitivamente a los electores para que puedan optar por el partido y los candidatos más pertinente para el país.

Desencanto ciudadano: crisis de representación

En los últimos 50 años de vida política en El Salvador se ha generalizado un desencanto de la sociedad respecto de los partidos y el estilo de hacer política. Se vivencia, se respira en la cotidianidad. Se trata de una crisis de representación entre la sociedad política y la llamada sociedad civil.

Los salvadoreños no apoyan significativamente a la institucionalidad del sistema político, ni creen en la honestidad y en la vocación por el interés público de los principales actores del sistema, sino que explican los discursos y acciones de los partidos políticos como un pleito de carácter estrictamente personal y vinculado a los intereses económicos personales y a los intereses de los grupos a los que pertenecen.

En los buses y en los espacios públicos, popularmente se cree que la angustia de los políticos por los curules o las alcaldías no es por servir a la población, sino para servirse de ella. Más que buscar el bien común de los salvadoreños, tienden a garantizarse un puesto en un “changarro”, en donde podrán hacerse de dinero o para comprar su casita y vivir bien por el resto de sus vidas.

Por otra parte, en este mismo contexto de incredulidad, las mismas organizaciones de la sociedad civil, tal como el movimiento sindical, enfrentan cuestionamientos profundos respecto de la representación de sus agremiados o potenciales representados.

Además, la población, al contrastar el discurso político con la vivencia diaria, percibe su entorno inmediato (problemas cotidianos y expectativas) como distante del manejo de la cosa pública o el debate político.

Esto, precisamente, porque sus problemas concretos de sobrevivencia y de seguridad no son abordados con propiedad y seriedad, ni siquiera hay señales de que los políticos los hagan suyos y trabajen por ellos.

Debates políticos, una comunicación potable

En épocas pasadas, en nuestro país se imponía un sistema de intolerancia e imposición como único mecanismo político, en el que no cabían otras posibilidades políticas ni comunicativas.

Se han impuesto gobiernos, partidos y contenidos en los medios de comunicación, que ha generado a lo largo de décadas una actitud de desconfianza y displicencia de los ciudadanos trabajadores y honestos de este país.

Al término del año 2008, los medios de comunicación masivos, comandados por la televisión, han abordado el hecho político electoral no sólo a través de la noticia generalista de actualidad, sino por medio de debates públicos.

En este ambiente de desconfianza generalizado, la población salvadoreña ve al mecanismo del debate público como: a) un nuevo esquema de participación de los políticos en la política nacional, y b) un intento de articular la política del partido con la sociedad civil.

Los candidatos de los diferentes partidos políticos a las alcaldías de los municipios y cabeceras departamentales más importantes han debatido a través de canales de televisión más fuertes de la televisión salvadoreña, como son canal 33, canal 21 y los canales de la Telecorporación Salvadoreña TCS).

La realización de estos debates públicos generalmente se ha hecho con una organización bastante bien cuidada y con el aporte de algunos de los intelectuales salvadoreños más conocidos, que representan diferentes tendencias políticas.

Además, los canales de televisión y las radioemisoras han abundado en entrevistas informativas, en donde los candidatos y los secretarios generales de los partidos han tenido la oportunidad de ser interpelados por los entrevistadores acerca de las propuestas electorales.

La idea de los debates públicos no es nueva, porque Organizaciones No Gubernamentales ya en las elecciones presidenciales del año 1999 tomaron la iniciativa, al exigir públicamente la realización de un debate entre los entonces candidatos Francisco Flores y Facundo Guardado.

Esta actitud de “hagamos mejor las cosas” responde a todo un clima entre los medios de comunicación social y la conveniente apertura de los políticos de aprovechar los espacios mediáticos, todos motivados por las exigencias de la opinión pública salvadoreña, que cada vez está demandando más y mejor información.

Sin duda, asistimos a un fenómenos de reconocimiento y toma de conciencia de los políticos de que hay que actuar de una forma más verosímil y novedosa ante los diversos sectores de la población, que ya no se les puede dar atole con el dedo, como lo expresa ese más del 30% de “indecisos”, desconfiados e incrédulos interrogados por las encuestas realizadas en los últimos meses.

Con la incorporación de formatos periodísticos como el debate, presenciamos un elemento de instauración democrática en nuestro país. Esto es loable porque representa un paso significativo en la transformación democrática.

Se dice instauración, porque nunca en nuestro país ha sido tradición el debate abierto y permanente entre los candidatos de los diferentes partidos en la contienda a través de la televisión. Ahora se ha palpado mayor seriedad e interés –tanto de los medios de comunicación masivos como de los políticos participantes- por debatir públicamente, por lo menos entre los que aspiran a gobernar las alcaldías o los que desean ser diputados. Porque el debate entre candidatos a la presidencia, será posible tal vez en 2014.


* Mario Alfredo Cantarero es profesor e investigador de la Universidad Francisco Gavidia, Facultad de Ciencias Económicas, en El Salvador. Es colaborador de SdP.


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