Sala de Prensa


13
Noviembre 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


El periodismo literario
(o la novela de no ficción)

Anuar Saad Saad *

Esta corriente bautizada por unos como "nuevo periodismo", llamada por otros "para-periodismo" o, por los más, "periodismo literario", se ha venido gestando a lo largo del siglo, ahora cada vez más marcada la tendencia ante la necesidad de ofrecer mayor calidad y variantes frente a la diversidad cultural de medios.

Lo que sí es evidente es que la conjunción del lenguaje periodístico, literario y científico, cada vez se estrecha más, porque el buen periodista -por ende, el buen periódico- tiende a recurrir a tales recursos para ofrecer un trabajo de excelente factura. Pruebas de ello han sido desde Jack London y John Reed, hasta Gabriel García Márquez, Vicente Leñero, Cristina Pacheco, Alma Guillermoprieto y un creciente número de periodistas-escritores-investigadores que nos han ofrecido trabajos maravillosos. Ese es el futuro inmediato -el mejor- del periodismo, el que deberíamos exigir, el que deberíamos hacer y enseñar.

John McPhee, veterano periodista estadunidense, en un certero epígrafe en el prólogo a Periodistas literarios, del reconocido escritor Norman Simms, apunta que "las cosas que son vulgares y chillonas en la novela, funcionan maravillosamente en el periodismo, porque son ciertas. Por eso hay que tener cuidado de no compendiarlas, porque se trata del poder fundamental que uno tiene en sus manos. Hay que disponerlo y presentarlo. Hay en ello mucho de habilidad artística. Pero no se debe inventar".

En Colombia, los periódicos más influyentes -El Tiempo, El Espectador y El Colombiano, están trabajando este tipo de periodismo expresado en géneros como el reportaje y la crónica.

Periódicos de provincia como El Heraldo, El Universal y La Tarde, también lo hacen, aunque muy tímidamente, tal vez por aprovechar más espacio para mayor cantidad de información. Sería bueno entonces entrar a sopesar si el lector quiere en realidad más cantidad de noticias, o información de mejor calidad. ¿Será mejor más cantidad que una prosa bien escrita, un diálogo bien narrado, un personaje correctamente perfilado, en fin, una historia bien contada? De eso trata el "nuevo periodismo" y, con más profundidad y alcance, lo recoge el "periodismo literario". Revistas en Colombia como Semana y Cambio recurren frecuentemente a esta clase de géneros.

Tras el terremoto que sacudió al Eje Cafetero colombiano el 25 de enero de 1999, escritores como Germán Santamaría lograron conmover a los lectores con impecables narraciones (¿crónicas o reportajes?) que destacaron el adecuado uso del periodismo literario. Narran a través de los ojos de personajes que se convierten, como en una película cinematográfica, en el eje central del relato. Crean y recrean situaciones contadas detalle a detalle, con precisión y dinamismo.

No olvidemos la importancia histórica que el cine ha tenido en la prosa escrita. El género cinematográfico descubrió una nueva forma de narrar las historias y, en el periodismo, esto se puede hacer a la perfección a través del reportaje literario.

Periodistas como Truman Capote, Tom Wolf, John McPhee, Gabriel García Márquez, Germán Santamarìa, Germán Castro Caicedo, Alma Guillermoprieto, entre muchos, han hecho -siguen haciendo- literatura o novelas de no ficción, basándose en hechos reales y noticiosos.

Es indudable, pues, que los géneros periodísticos que aceptan de manera natural la simbiosis literatura-periodismo se dan también en la entrevista y el ensayo.

Precisamente, estos géneros dan como resultado una cierta ambigüedad estilística a simple vista, pero en el fondo cada expresión logra identificarse cuando lo periodístico recurre exclusivamente a lo noticioso como base primordial, abordado en cualquiera de sus géneros (de opinión o informativos). La literatura en cambio, tiene la ventaja de que puede fantasear sin menoscabo necesariamente de lo realístico.

García Márquez pudo realizar una excelente investigación para su novela-reportaje Noticia de un secuestro, pero bien se pudo tomar libertades en su apreciación de los hechos y hasta imaginarse aquellos aspectos de la vida de los protagonistas que no pudo registrar verídicamente.

El periodismo intenta ser lo más fiel a los hechos, mientras que la literatura puede desprenderse de esta exigencia en nombre de la estética. Como sea, las dos expresiones, literatura-periodismo, son admirablemente aprovechadas para causar el mayor impacto en los lectores.

Dentro de este mismo orden de ideas, es necesario aclarar que con insistencia se dice entre el círculo de escritores y periodistas latinoamericanos que la frontera entre el periodismo y la literatura se hace cada vez más difusa. Se está llegando al punto en el que la literatura se toma al periodismo y viceversa. El punto de partida de esta simbiosis es la magistral novela A Sangre Fría, de Truman Capote, quien sólo atinó a
calificar su obra como "una novela de no ficción", sin imaginarse que acuñaba un concepto utilizado hoy por escritores-periodistas. Ejemplo de ello es la novela de Germán Castro Caicedo, La muerte de Giaccomo Turra, basada en el supuesto asesinato de un joven turista italiano a manos de las autoridades colombianas. Ese libro es un compendio cronológico de datos, hechos, testimonios, citas, peritazgo judicial, confrontaciones, etcétera, en torno al hecho. Particularmente, considero a este libro como un amplio reportaje. No lo catalogo, sin embargo, como periodismo literario, a pesar del juego con el tiempo y el transcurrir de los hechos, porque el lenguaje es frío, escueto y sin color. Sin embargo, aquí no hay ficción. Caso distinto el célebre reportaje de Gabito, "Caracas sin agua", en el que sin duda se difuminan las fronteras entre lo real y lo imaginario.

Sin embargo, el relato periodístico tradicional y el aplicado al periodismo literario tienen el mismo objetivo: informar. Cualquier género que persiga esa meta, así sea escrito con gran estilo y afectación literaria, es periodismo antes que nada.

Sobre el punto de la ambigüedad al recrear atmósferas, situaciones y artilugios estilísticos en el trabajo informativo, ya esto forma parte del estilo, pero también de los objetivos planteados por el autor. No podemos criticar ni negar la posibilidad al literato de sustentar su ficción en hechos reales, como tampoco negarle al periodista el uso de las mejores herramientas literarias para hacer más efectivo su trabajo. Mientras que éste no falte a su responsabilidad de informar con la verdad, puede escribir lo más ricamente que pueda. De hecho, un periodismo así, debe agradecerse.

Ahora bien, no lo olvidemos, el periodismo se divide en dos grandes ramas: informativa y de opinión; de la primera hay géneros que no admiten tantas licencias: la columna y el editorial, por ejemplo.

¿Y la literatura? Esta es la más grande forma acabada de expresión, y simplemente echará mano de todo aquello que le sirva para sus propósitos. Incluso, recreando la realidad.

Norman Simms apunta en uno de los párrafos del prólogo de su libro Periodistas Literarios que "...al contrario de los novelistas, los periodistas literarios deben ser exactos. A los personajes del periodismo literario se les debe dar vida en el papel, exactamente como en la novela, pero sus sensaciones y momentos dramáticos tienen un poder especial porque sabemos que sus historias son verdaderas. La calidad literaria de estas obras proviene del choque de dos mundos, de una confrontación con los símbolos con otra cultura real. Las fuerzas esenciales del periodismo literario residen en la inmersión, la voz, la exactitud y el simbolismo."

En el proceso de inmersión, el periodista tiene que ser capaz de conocer un cúmulo de cosas, vivirlas, sentirlas, detallarlas, para escribir de ellas, así sólo sea un pequeño párrafo. Cada línea tiene que dar la sensación inequívoca de conocimiento del tema y cada palabra, signo de puntuación, diálogo y párrafo, debe estar matizado con gran estilo y pulcritud.

El periodista literario no escatima en tiempo. Gasta el que sea necesario para que el proceso de inmersión sea un éxito. Él sabe que de ese proceso depende en gran medida la aceptación de sus escritos. Así como un reportaje literario, derivado de una noticia o hecho sucedido, puede documentarse, preparase y redactarse en tres semanas, también existen aquellas historias de las que casi todo el mundo sabe que existen, pero de las que nadie habla, porque se conocen muy poco. Muchas de ellas son del diario vivir. De oficios, profesiones, luchas, heroísmo, hazañas, sufrimiento, triunfos, terruño, naturaleza, ecología, conflictos, en fin, hay tantos como temas puede tener una película de ficción... pero sabiendo que lo nuestro es la pura realidad.

Una historia verdadera bien contada superará con creces a un relato fantasioso de literatura pura. Es fácil contar cosas imaginarias. No lo es narrarlas en detalle, con vivacidad y colorido, pero sin perdernos jamás de la realidad.

Por ello, el segundo aspecto predominante en la técnica de periodismo literario es la exactitud.

Debemos tener en cuenta que vivimos en una sociedad en la que los estudiantes aprenden que hay dos clases de escritura: la de ficción y el periodismo, y este último está encasillado en que su prosa, por lo general fría, insensible, opaca y nada emotiva. De ahí que hacer periodismo literario no es un trabajo sencillo, porque, como bien dice Simms, asumimos que lo que leemos como ficción… necesariamente debe ser ficción.

Pero el periodismo literario nos impone el reto de que lo que escribimos al mejor estilo de novela de ficción sean hechos reales, ciertos y verificables. Tal como la noticia, pero mejor concebida, escrita, analizada e interpretada, teniendo como base fuentes reales, personas reales que han dado un testimonio real. Lo que marca la diferencia es el estilo en que el periodista literario cuenta esa historia y matiza ese diálogo.

El tercer gran aspecto dentro de la metodología que encierra el trabajo de los periodistas literarios se refiere a la voz.

Una vieja polémica, que parece que aun no tiene fin, gira en torno a si lo más conveniente en esta clase de relatos es usar la narración en primera persona. Lo más recomendable es que la misma temática del trabajo sea la que condicione en qué persona será narrada la misma.

Muchas veces el inmiscuirse dentro de una historia la hace más emotiva y refleja más conocimiento del tema por parte del autor. Lo hace ejemplificante porque forma parte de las vivencias que se narran en el trabajo periodístico. Sin embargo, hay otras ocasiones en que la tercera persona es la adecuada para llevar el ritmo del relato. No se deben fijar reglas rígidas sobre esto. Más bien, cada escritor debe recurrir al buen uso de su sentido común.

El periodista Mark Kramer, comentando sobre ese tema, afirmaba que "la introducción de la voz personal le permite al escritor oponer un mundo a otro, jugar con la ironía. El escritor puede asumir una postura, decir cosas que no se propone decir, implicar cosas no dichas. La voz que admite el ‘yo’ puede ser un gran don para los lectores. Permite la calidez, la preocupación, la compasión, la adulación, la imperfección compartida...".

Por último, pero no menos importante, el periodismo literario debe ser hecho con responsabilidad -al igual que cualquiera de los otros géneros-. No por querer que una historia sea como imaginamos, ésta deberá por obligación ser así. No olvidemos jamás el aleccionador ejemplo de la periodista del Washington Post, Janet Cook, quien alentada por pistas y rumores falsos creó en su mente una historia maravillosa que, al comprobarla, resultó ser totalmente falsa. Al sentir que se le escapaba la historia de su vida, decidió asumirla como real, lo que le dejó a ella y a su periódico nefastas consecuencias.

Nuestras historias, antes que bien contadas, deben ser ciertas. Debemos asumirlas con responsabilidad y jamás perder de vista que nuestro deber de periodistas para con la comunidad es el de informar en una forma clara y veraz, sin importar su estilo.


* Anuar Saad Saad es director del Centro de Publicaciones de la Universidad Autónoma del Caribe en Barranquilla, Colombia, y catedrático de Redacción Periodística II, III y IV de la Facultad de Comunicación Social. Se desempeñó durante siete años como jefe de redacción del diario El Heraldo. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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