Sala de Prensa


12
Octubre 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Los medios de comunicación
y la educación ciudadana

Miguel Acosta *

Los medios de comunicación constituyen uno de los factores fundamentales que pueden contribuir a la educación cívica debido a su capacidad de inculcar a una enorme audiencia los valores y prácticas ciudadanas que requiere todo régimen democrático.

La falta de impulso a la educación ciudadana en México se explica por el tipo de régimen político que vive el país: un régimen formalmente democrático en el cual aún no rigen completamente las normas propias de tal sistema de gobierno. Los medios de comunicación, en general, no han contribuido a establecer una relación democrática entre la ciudadanía y el gobierno que aliente a los ciudadanos a participar de manera cotidiana en los asuntos públicos, y que permita a los funcionarios ser responsables ante quienes los eligieron con su voto.

La mayoría de los medios ha contribuido más bien a reproducir una relación, definida por algunos investigadores del sistema político mexicano, como la que existe entre un súbdito y un monarca, en la cual los individuos no hacen más que obedecer las órdenes reales. En la actualidad, los medios no proporcionan a los espectadores los elementos necesarios para formarse un criterio o una opinión respecto a los contenidos de los mensajes recibidos.

Este folleto considera a los medios de comunicación factores determinantes en la educación cívica en México. Su objetivo es presentar un panorama general del manejo informativo en los medios de comunicación y de las relaciones de éstos con el gobierno y con la sociedad para valorar el papel que pueden jugar en la promoción de una educación ciudadana. Para lograrlo hablaremos de la educación ciudadana; se revisará el estado que guardan la libertad de expresión y el derecho a la información, dos aspectos que aportan elementos para evaluar el nivel de la educación cívica. Asimismo, se expondrá una experiencia de educación cívica relacionada con los medios de comunicación en el marco de las elecciones federales de 1994; finalmente, se proponen algunas líneas de acción para impulsar la educación cívica surgida desde la propia sociedad.

Bases para la educación ciudadana

En México no se ha observado interés por estudiar y promover la participación ciudadana como un elemento de la práctica democrática. Hasta la fecha, el Estado y los medios sólo han fomentado una educación cívica entendida como la costumbre de honrar los símbolos de la patria (la bandera, el himno nacional y la independencia, entre otros). Según un autor que aborda el tema de una nueva cultura ciudadana, en nuestro país "... no hemos alcanzado la mayoría de edad como ciudadanos... "1

Esto significa que existe un vacío en materia de cultura ciudadana entendida como:

...los valores, motivaciones y conductas que expresamos día tras día en la relación que tenemos con las otras personas con las que vivimos y con los que nos rodean en el pueblo, ciudad o país en donde habitamos. La cultura ciudadana es la forma en que entendemos y ejercitamos los derechos y obligaciones que tenemos como miembros de una comunidad.2

Para efectos de este análisis, entendemos por educación ciudadana el conjunto de acciones llevadas a cabo por diferentes instituciones y organizaciones sociales que tienen como objetivo el desarrollo de actitudes, valores, principios y normas de convivencia democrática, que alienten en los individuos la pluralidad y la tolerancia hacia quienes pueden formar diversas alternativas políticas y de gobierno, sin que se impongan los valores mayoritarios a las minorías. De alguna manera, significa un proceso de organización y de participación consciente de los ciudadanos en los asuntos del país.

Los medios de comunicación y el régimen político en México

El sistema político vigente es una democracia formal en la que existe un presidencialismo con características propias que permean las acciones gubernamentales. Este régimen político es herencia de la Revolución mexicana y de la forma en que se organizó el Estado con el triunfo de las fuerzas constitucionalistas. Cada uno de los sucesivos gobiernos emanados de ese movimiento se interesó más en mantener un sistema político que asegurase la transmisión pacífica del poder político que en la posibilidad de crear las condiciones que permitieran el desarrollo de la democracia en el país. De hecho, el país vivió un largo periodo en el que el partido del gobierno no tuvo una oposición electoral verdadera; no existían las condiciones para que los partidos de oposición se fortalecieran lo suficiente para vencer en las elecciones.

Esta característica del sistema político mexicano generó una serie de prácticas electorales que tendieron a influir en la voluntad electoral de los mexicanos e hizo que los actores políticos buscaran espacios para la protección de sus fines e intereses. Los medios de comunicación, al igual que otros actores políticos como los empresarios, la Iglesia católica, etcétera, se adecuaron a la naturaleza del sistema político mexicano. Hablar de la relación que los medios de comunicación han establecido con el Estado en los últimos cincuenta años, significa reconocer que en la historia reciente no existió independencia de los medios respecto al Estado. En el centro de esta relación se encuentra la actitud que el Estado y los medios de comunicación han tenido ante la libertad de expresión y las repercusiones de esta relación en el derecho a la información.

Por principio, existen bases jurídicas que regulan ambos derechos. El fundamento legal de la libertad de expresión se encuentra en el artículo 6º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual afirma que "la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito o perturbe el orden público".3 Las limitaciones a la libertad de expresión derivadas de estos supuestos no están bien definidas en ningún ordenamiento secundario como la Ley de Imprenta, promulgada por Venustiano Carranza en 1919, o la Ley de Radio y Televisión de 1960; existe un alto margen de discrecionalidad en la aplicación de los ordenamientos que regulan esta libertad por parte de las autoridades.

En lo que respecta al derecho a la información, apenas hace 20 años se consideró necesario elevarlo a rango constitucional. Esta garantía incluye el derecho de los habitantes a recibir información por parte de los medios de comunicación y del Estado. En 1977 se agregó al artículo 6º Constitucional la idea de que "...el derecho a la información será garantizado por el Estado".4

Esta es la única referencia legal explícita al respecto, debido a que diversos sectores no han considerado conveniente reglamentar este derecho; por ello, no existen lineamientos que precisen el alcance de los derechos y obligaciones del Estado, los medios de comunicación y de los ciudadanos en el terreno del derecho a la información.

La historia de la relación de los medios de comunicación con el Estado adquiere sentido en el contexto del sistema político y jurídico mexicano, en cuyo seno se estableció una relación mutuamente benéfica, basada en el acercamiento y la colaboración para alcanzar sus respectivos fines. Esto permitió al Estado contar con medios de comunicación cercanos y receptivos a eventuales sugerencias sobre el tratamiento que deberían de dispensar a algún tema de interés gubernamental; en el caso de los medios de comunicación, se les permitió obtener un espacio político-económico y  un régimen legal propicio para su expansión y crecimiento económico, siempre y cuando no fueran críticos de las acciones gubernamentales. Para el profesor Trejo Delarbre, la relación medios-Estado ha sido una relación versátil y contradictoria que se alimenta de conveniencias y presiones mutuas en la cual los medios son vistos como negocio más que como instrumentos de servicio público, actitud fomentada por el Estado.5

Breve recuento de la relación de los medios de comunicación con el Estado

El acercamiento entre los medios de comunicación y el Estado se produjo a partir de la década de los cincuenta; había quedado atrás la experiencia nacionalista del presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940) y el país fue conducido a un esfuerzo de crecimiento capitalista a partir del sexenio de Miguel Alemán (1946-1952). De esta época data el acercamiento de los dueños de los periódicos con el Presidente en turno, sintetizado en la celebración del Día de la Libertad de Prensa; este día fue instituido a principios de los años cincuenta por los dueños de los periódicos para agradecer al primer mandatario la "vigencia" de este derecho en nuestro país. El tipo de relación establecida desde entonces entre los empresarios de los medios de comunicación y el gobierno ha sido de colaboración y de elogios mutuos; basta leer alguno de los discursos pronunciados en esas celebraciones para apreciar el tono cordial predominante en ellas.

Este tipo de relación se reflejó en la línea informativa adoptada por la mayoría de los medios informativos: enfatizar y presentar, casi exclusivamente, las opiniones generadas por el gobierno en temas económicos, políticos y sociales; dejar de lado o ignorar aquellas opiniones contrarias a la versión gubernamental. Esta manera de informar sin observar criterios periodísticos de objetividad y veracidad, implicó coartar la libertad de expresión y el derecho a la información.

La situación jurídica descrita anteriormente ha servido para que la libertad de expresión no se cumpla en los hechos a pesar que de manera sistemática los regímenes posteriores a la Revolución mexicana han profesado su apego a la vigencia de este precepto constitucional. En innumerables ocasiones, la libertad de expresión ha estado subordinada a intereses estatales, empresariales o particulares; los gobiernos han aplicado diversos tipos de presiones a los medios de comunicación y a los trabajadores de éstos para impedir que se difunda información considerada adversa al gobierno o a determinados funcionarios; inclusive, muchos informadores han sido amenazados, sufrido algún daño físico o han llegado a perder la vida por tratar de ejercer su libertad de expresión.

A lo largo de los años, algunas publicaciones que buscaron ejercer una línea editorial independiente tuvieron que cerrar debido a presiones gubernamentales. En otros casos, ciertos periodistas renunciaron al medio en el cual laboraban para evitar faltar a la verdad o a la objetividad. No se desarrolló en los medios de comunicación nacionales un sentido de independencia debido a la existencia de prácticas que aún hoy afectan la integridad periodística; nos referimos al "chayote" y la "gacetilla". El "chayote" es una práctica a través de la cual los reporteros reciben compensaciones en dinero o en especie de la fuente que cubren, hecho que compromete su capacidad de informar objetivamente. La "gacetilla" es una inserción pagada publicada por un medio informativo como si fuese una nota informativa generada por el propio medio, sin advertir al lector que es una forma encubierta de propaganda política ni que su inclusión responde a criterios mercantiles. Estas prácticas se complementan con la existencia de mecanismos susceptibles de ser utilizados por el Estado en contra de medios independientes, tales como el retiro de la publicidad gubernamental, la amenaza de rescindir las concesiones de los medios electrónicos o impedir la circulación de publicaciones impresas.6

Un ejemplo de las presiones ejercidas sobre los medios independientes lo constituye el fragmento del artículo en el cual Manuel Marcué Pardiñas, director del semanario Política y puntual crítico gubernamental en la década de los sesenta, anunciaba su cierre en diciembre de 1967:

Sobornos, coacciones, amenazas, bloqueos económicos, negativas para obtener papel mediante su pago, inquisiciones policiacas, amedrentamiento pertinaz de colaboradores, escritores, editorialistas y de los trabajadores de los talleres... y, en fin, todo el peso de la maquinaria gubernamental y su falaz concepción de la libertad de prensa se echaron encima de Política .7

Dicho tipo de presiones gubernamentales llevó a los medios a dejar de cubrir con objetividad y veracidad importantes acontecimientos posteriores a la década de los cincuenta, tales como los movimientos ferrocarrilero y de médicos, la muerte de Rubén Jaramillo en Morelos, etc.

En lo que respecta a la televisión, de manera permanente se mantuvieron las formas tradicionales de presentar la información sin la suficiente objetividad y veracidad. La televisión fue un medio que empezó a desarrollarse y expandirse a partir de la década de los años cincuenta. En México se observó un proceso de conformación de Televisa (inicialmente Telesistema Mexicano) como la empresa televisiva más importante del país. Esta empresa creció y se desarrolló alentada por políticas gubernamentales. En sus noticiarios, sobre todo en el caso de 24 Horas conducido desde principios de los setentas por Jacobo Zabludovsky, se difundió la versión gubernamental, excluyendo las voces discordantes. Este carácter progubernamental también fue característico de otras empresas televisivas.

En los procesos electorales no se ha cumplido con los cánones periodísticos: los medios de comunicación han tendido a dar preferencia en su cobertura informativa a los candidatos del partido en el gobierno a diferentes cargos de representación. Este tipo de cobertura no se dispensó a los candidatos de los partidos políticos de oposición; por el contrario, se minimizó o se ignoró a los candidatos y partidos que pudieran convertirse en una opción real frente al partido gubernamental; y se otorgó una cobertura diferente a aquellos partidos que permitieran restar votos al más fuerte partido de oposición. Con este tipo de cobertura, los medios de comunicación no han cumplido los criterios de objetividad, oportunidad y veracidad que en teoría deberían de velar por su cumplimiento, con lo que dejaron de lado su responsabilidad social y su función de educación ciudadana.

En suma, podemos afirmar que la limitación de la libertad de expresión se relaciona con un tipo de régimen político:

Así como toda limitación, por mínima que sea a la libertad de expresión significa una forma de antidemocracia, también todo esfuerzo por ampliar, diversificar o innovar las posibilidades de comunicación por parte de grupos sociales, constituye un avance hacia la pluralidad de ideas.8

La libertad de expresión en México

La transformación de este tipo de relación subordinada entre los medios de comunicación y el Estado se produjo de manera difícil y no exenta de retrocesos a partir de los finales de la década de los sesenta. Existe consenso en afirmar que los avances en la libertad de expresión que actualmente se observan en el país se iniciaron con la experiencia del periódico Excélsior, en la época en que fue dirigido por Julio Scherer García (1968-1976); en esa etapa dicho diario fue el más leído de México y ejerció un periodismo basado en los cánones de la profesión, al presentar de manera objetiva y veraz la información de importantes acontecimientos, como el movimiento estudiantil de 1968.
Esta experiencia terminó a finales del sexenio de Luis Echeverría (1970-1976). Scherer y un grupo de periodistas abandonaron Excélsior debido a que una asamblea de cooperativistas destituyó al primero de la Dirección General de manera irregular. Dicho acontecimiento (uno más de los tantos sucesos en los cuales se atentó contra la libertad de expresión) motivó la creación de nuevas publicaciones que retomaron como bandera su independencia frente al gobierno y apelaron a grupos sociales para que apoyaran la existencia de órganos periodísticos plurales, objetivos y veraces; de esta manera, aparecieron en poco tiempo publicaciones como las revistas Proceso y Vuelta, así como el diario unomásuno, todas dirigidas y conformadas por periodistas del Excélsior de Scherer, y que se mantuvieron gracias al apoyo de sectores de la sociedad mexicana.

A fines de los años setenta, la prensa escrita experimentaba una situación nueva en la cual existían medios de comunicación que criticaban la gestión gubernamental, en general, y la política económica del boom petrolero, en particular. Es conveniente aclarar que si bien después de los años cuarenta existieron publicaciones impresas que practicaron un periodismo independiente como Siempre! y Política, no fue sino hasta la década de los sesenta cuando las condiciones políticas y sociales condujeron a un agotamiento de los rasgos autoritarios del sistema político y empezó a ser necesaria la existencia de medios informativos independientes. ¿Qué es lo que explica esta situación?

El hecho de que circularan y se desarrollaran medios de comunicación plurales e independientes fue posible gracias a que aparecieron nuevos actores políticos y sociales críticos del quehacer gubernamental. La misma sociedad mexicana se transformó y empezó a participar de manera más activa en procesos políticos y sociales. Diversos acontecimientos explican esta actitud de la sociedad mexicana: la intensiva participación de la sociedad civil después del terremoto de 1985; el movimiento del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), a finales de 1986 y principios de 1987; la ruptura de Cuauhtémoc Cárdenas y la Corriente Democrática con el PRI a finales de 1987, así como la campaña electoral del primero a la Presidencia de la República en 1988; la disputa en torno a la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) ocurrida entre 1990 y 1993; el alzamiento indígena en Chiapas en enero de 1994, y, finalmente, las elecciones presidenciales de ese mismo año. Tales sucesos fueron importantes en la historia reciente del proeso de transformación política y de democratización del país; reflejaron una sociedad cada vez más participativa, la cual ya no cabía en el modelo político autoritario de los años precedentes.

Estos cambios en el sistema político modificaron el ambiente en el cual los medios de comunicación habían operado hasta entonces; el viejo modelo de hacer periodismo caracterizado por presentar principalmente la cara oficial de la información empezó a agotarse, más no a desaparecer. De hecho, el periodismo progubernamental empezó a agotarse a raíz del movimiento de 1968 cuando amplios sectores sociales movilizados afirmaron que la prensa estaba vendida al gobierno al no presentar con objetividad y veracidad los eventos relativos al movimiento estudiantil.

Desde entonces, los medios de comunicación impresos en México se han transformado lentamente, volviéndose más abiertos y plurales para reflejar la vitalidad de la sociedad mexicana y su interés en ejercer la  libertad de expresión; algunos medios empezaron a establecer un nuevo tipo de relación independiente con el gobierno. Además de los medios arriba indicados, surgieron otros que han enriquecido notablemente las opciones de los medios de comunicación en el país.

Avances en la libertad de expresión

En la medida en que el sistema político empezó a experimentar un proceso de democratización en los años ochenta, surgieron medios de comunicación impresos interesados en practicar un periodismo acorde con este nuevo ambiente.

La sociedad civil empezó a buscar aquellos medios que le brindaban información oportuna; los medios informativos que estuvieron atentos a las demandas y acciones de la sociedad ganaron presencia en la opinión pública, misma que empezó a tener expresión y peso en la arena política. A principios de los años ochenta (1981) se fundó El Financiero, periódico especializado en asuntos de economía y finanzas. En 1984, un grupo de periodistas de unomásuno tuvieron diferencias con el director Becerra Acosta y decidieron salir del diario para fundar La Jornada. El nuevo medio logró interesar a un grupo de personalidades de partidos políticos diversos, del propio gobierno, artistas e intelectuales deseosos de participar en un periódico que "diera voz a quienes carecían de ella" y que representara la nueva pluralidad de la sociedad. Asimismo, emergieron otros medios que propusieron ejercer un periodismo independiente, como El Economista y, recientemente, Reforma. Medios decanos del periodismo, como Excélsior, El Universal o El Nacional (diario gubernamental), entre otros, tuvieron que hacer cambios en su forma y contenido para enfrentar la competencia de los nuevos diarios.

En el interior del país se han desarrollado y consolidado medios independientes que practican un periodismo basado en los cánones informativos. Medios como El Norte de Monterrey (cuyos dueños crean el Reforma), Siglo XXI de Guadalajara, Diario de Yucatán de Mérida, entre otros, permiten pensar en la posibilidad de medios adecuados a un país democrático, alejados de las prácticas periodísticas viciadas.

En el caso de la televisión, la actitud de Televisa de privilegiar las voces gubernamentales le ocasionó en los ochenta problemas de credibilidad ante crecientes sectores que empezaron a criticar severamente a esta empresa. El desarrollo de partidos políticos de oposición, movilizaciones sociales de importancia y propuestas para reorientar los medios de comunicación en beneficio de la sociedad motivaron un cambio limitado de actitud de Televisa, insuficiente para eliminar el carácter oficialista de sus noticiarios. En acontecimientos políticos significativos, este consorcio tendió a ignorar o a no dar importancia a los actores no gubernamentales, a hacer propaganda de las posiciones gubernamentales, llegando en ocasiones extremas a distorsionar, omitir y hasta perjudicar la fama pública de partidos y dirigentes políticos.9

El hecho de que Televisa fuera la única voz en materia informativa cambió algo por el surgimiento de nuevas alternativas como Multivisión, empresa de televisión restringida o por suscripción. Otro elemento que conformó una televisión de carácter eminentemente privado fue la venta de Imevisión (entonces en manos gubernamentales) en 1993 y su transformación en Televisión Azteca. Han aparecido medios nuevos como CNI Canal 40 que permiten a los televidentes contar con otra opción informativa; el noticiario Enlace del Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional que presenta una alternativa informativa a visiones unilaterales.

En resumen, el nivel que guarda la libertad de expresión es aún insatisfactorio. La existencia de medios objetivos, veraces y plurales no se ha generalizado en el conjunto de los medios de comunicación. Si bien se respeta formalmente la libertad de expresión, se siguen presentado casos de presiones gubernamentales que limitan este derecho. Otro aspecto que incide es el hecho de que año con año se incrementa el número de periodistas asesinados por sus actividades en pro de la libertad de expresión, en diversas partes de la República. El caso más notable de un periodista muerto a consecuencia de su labor fue el de Manuel Buendía en 1984.

Nos encontramos en una etapa en la cual, las viejas prácticas que limitan la libertad de expresión no ceden su lugar a otras en las que se aliente y se consolide como un bien social. No existe una causalidad mecánica en el avance de un proceso de democratización y la transformación de los medios de comunicación hacia una mayor vigencia de la libertad de expresión. Aún falta terreno por avanzar en este sentido.

Derecho a la información y educación ciudadana

El panorama esbozado se desprende que ni los medios de comunicación ni el Estado por sí mismos han contribuido a mejorar la educación cívica en México; esto se explica por el tipo de relación entre los medios de comunicación y el Estado ya descrita, así como por el hecho de que la sociedad mexicana, a pesar de su actitud activa en ciertos momentos,

se encuentra desarticulada, mayoritariamente inmovilizada, pasmada casi por la desinformación, por sus todavía escasas tradiciones cívicas, la desesperadamente insuficiente cultura política, el autoritarismo estatal y las imposiciones ideológicas de grupos privados.10

Recientemente se han observado avances en los medios de comunicación debido a que se han creado instancias cuyos esfuerzos han impulsado la educación cívica y la vigencia del derecho a la información. En este proceso jugaron un papel relevante los Organismos No Gubernamentales (ONG), surgidos en la década de los ochenta para abordar problemas particulares relacionados con los derechos humanos y aquellas áreas que el gobierno o los partidos políticos habían dejado de satisfacer o atender.

Por lo que se refiere a los derechos políticos, en el caso de la participación ciudadana, diversos organismos confluyeron para alentar y reforzar un proceso educativo encaminado al desarrollo y consolidación de la democracia; uno de esos grupos fue Alianza Cívica, conformada en 1994 con el objetivo de realizar una observación integral del proceso electoral. En este aspecto, la Academia Mexicana de Derechos Humanos (AMDH) desarrolló desde 1992 una metodología para realizar análisis de contenido electoral de medios de comunicación, puesta a prueba en las elecciones federales de 1994.11

Esta experiencia es un buen ejemplo de vinculación entre medios de comunicación y educación ciudadana para demostrar que una de las posibles alternativas de que dispone la ciudadanía para influir y participar en los medios de comunicación e información es la fiscalización y vigilancia de los mismos.

A principios de 1994 el proceso de democratización política todavía no se expresaba en una nueva manera de informar a los televidentes; así lo confirmaba la cobertura del conflicto en Chiapas a principios de año: Televisa y Televisión Azteca mantenían una línea informativa basada en proporcionar de manera predominante el punto de vista gubernamental en diversos temas, así como las actividades del presidente y sus funcionarios. El noticiario 24 Horas reflejaba una considerable falta de objetividad y veracidad en la cobertura de temas relevantes para la sociedad. Así se presentaba un desfase entre las grandes empresas de televisión y el proceso democrático del país.

La AMDH realizó desde principios de 1994 una serie de estudios de análisis de contenido electoral de los noticiarios 24 Horas de Televisa y Hechos de Televisión Azteca; a través de estos estudios se llegó a una serie de conclusiones que confirmaron la idea de que los medios de comunicación tendieron a dar mayor y mejor cobertura a las actividades electorales del partido en el gobierno en detrimento del resto de los partidos de oposición.

Si revisamos algunos resultados del análisis de cobertura electoral de 24 Horas y Hechos, encontramos que entre enero y agosto de 1994 los candidatos presidenciales del PRI, Luis Donaldo Colosio y Ernesto Zedillo Ponce de León, registraron en total 13 horas 54 minutos. Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas, candidatos de los partidos Acción  Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), respectivamente, obtuvieron, el primero, cinco horas 32 minutos y, el segundo, cinco horas 29 minutos. Esto significó una diferencia de casi dos a uno entre los candidatos del PRI y los aspirantes del PAN y del PRD. Al comparar el tiempo de los abanderados del PRI con los postulados por otros partidos encontramos que la desproporción se hace mayor.

Si vemos los resultados observados en otros noticiarios de televisión monitoreados entre el 18 de julio y el 19 de agosto de 1994 encontramos que Al despertar de Televisa fue un noticiario equitativo en términos de tiempo, debido a que otorgó 56 minutos a Zedillo y 54 minutos a Cárdenas. En este mismo sentido se encuentra Para usted de Multivisión que dio al candidato del PRI una hora 27 minutos por una hora seis minutos del candidato del PRD. Por el contrario, Muchas Noticias también de Televisa, importante por su transmisión a nivel nacional a través de canales locales de las ciudades más importantes en el país, concedió a Zedillo 46 minutos frente a sólo 17 minutos destinados a Cárdenas y 15 minutos a Fernández de Cevallos. Finalmente, el noticiario Enlace del Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional dedicó mucho tiempo a Zedillo, si bien, en el tratamiento de su información fue más objetivo.12

El tiempo de cobertura es uno de los aspectos a ser considerados para evaluar un noticiario. Existen otros criterios que permiten complementar nuestro criterio como los siguientes: tiempo efectivo de voz e imagen que le dispensan a un candidato para que de viva voz exponga sus ideas; número de veces que un candidato aparece en la presentación del noticiario, equivalente por su importancia a las ocho columnas de un periódico; o bien, el tipo de juicios emitidos por el locutor o el reportero o el tipo de citas utilizadas por los reporteros en las notas informativas. A partir de los resultados obtenidos, se infiere que los candidatos del PRI a diferentes puestos recibieron el mejor tratamiento en cada uno de estos aspectos, afirmación válida también para noticiarios de radio y medios impresos en el país.13

No obstante que el tipo de cobertura que tuvo el PRI en 1994 significó una mejoría respecto a las elecciones presidenciales de 1988,14 persiste en los medios de comunicación del país un patrón sistemático de comportamiento de apoyo al PRI en detrimento de los partidos de oposición. Esto se ha documentado en sucesivos estudios de análisis de contenido realizados por Alianza Cívica en diversos estados.15

¿Qué puede hacer la ciudadanía?

La relación de los medios de comunicación con el Estado ha sido perjudicial para la sociedad mexicana porque ha distorsionado la manera en que los ciudadanos percibimos la realidad del país, y ha afectado la posibilidad de normar nuestro criterio y asumir una postura crítica ante los acontecimientos.

El Estado mexicano todavía no ha renunciado a vigilar que el comportamiento de los medios se ajuste a sus intereses, ni los medios han adoptado una posición plenamente independiente. Si bien existe un mayor número de medios de comunicación que gozan de relativa independencia del gobierno, en conjunto, los medios no han cumplido con su responsabilidad social al olvidar que existen aspectos éticos en la información transmitida que no deben de estar subordinados a sus intereses empresariales. Estas situaciones explican que los medios no hayan cumplido su función de educar cívicamente.

Como se apreció en el proceso electoral de 1994, los medios de comunicación, si bien ejercieron su libertad de expresión, no proporcionaron a los ciudadanos información objetiva sobre las campañas; los medios no respetaron el derecho a la información porque no presentaron de manera equilibrada y objetiva las diferentes opciones políticas que competían, aspecto que no contribuyó a crear condiciones de equidad en el proceso electoral democrático.

Las conclusiones anteriores nos remiten a la conveniencia de vigilar los medios de comunicación a fin de influir en su comportamiento; los ciudadanos debemos tomar conciencia del papel que juegan los medios de comunicación en el proceso de educación para una sociedad democrática, así como de la posibilidad de actuar para la conciliación de libertad de expresión y derecho a la información. El papel de los ciudadanos es vital para alentar el surgimiento de una cultura cívica. La sociedad puede contribuir a que los medios ejerzan un periodismo acorde con la democracia mediante la realización de un análisis crítico del contenido informativo de los medios de comunicación.

Para que los medios de comunicación desempeñen el papel que les corresponde en la educación ciudadana se requiere que ejerzan su propia libertad de expresión. Si los medios de comunicación ejercen realmente su libertad de expresión contribuirán a la educación ciudadana y la vigencia del derecho a la información. Otro aspecto a tener en cuenta es que los medios no crearon ni llevaron a la práctica códigos éticos que normaran la conducta de los profesionales dedicados a la tarea periodística ni a las relaciones del medio con el gobierno. Aunque en este terreno algo se ha avanzado, y hay medios que ya cuentan con este tipo de instrumentos, falta mucho por hacer. La práctica y la ampliación de una ética periodística permitirá mejores medios de comunicación.

Aún falta avanzar para lograr la vigencia de la libertad de expresión y del derecho a la información. Queda mucho por hacer en materia de medios de comunicación y educación ciudadana, a pesar de las acciones realizadas por la sociedad.

Ante las nuevas circunstancias del país, es necesario que se practique un nuevo periodismo que aliente la democracia y un nuevo ejercicio del poder político.

Se dice con frecuencia que comunicación es poder. Pero comunicación, entendida en un sentido más preciso, como un proceso de ida y vuelta, donde no hay emisión completa sin participación del receptor, donde no hay mensajes sin retroalimentación, destinatarios activos, significa participación. Es decir, poder socializado. Y en este sentido, comunicación es democracia.16

En esta misma línea, Trejo Delarbre afirma que la sociedad mexicana tiene por delante la necesidad de organizarse y de disponer de cauces permanentes para manifestarse y desarrollarse, los cuales permitan utilizar esa "capacidad potencial, pero hasta ahora esporádica para movilizarse".17 Sólo en esa medida, la ciudadanía podrá participar e influir en los medios de comunicación. En este punto, la sociedad organizada y consciente de su ciudadanía tiene mucho que aportar y que proponer.

______
Notas:

1 Arredondo Ramírez, Vicente, Hacia una nueva cultura ciudadana en México. Elementos para transformar a la sociedad mexicana. Universidad Iberoamericana, Fondo para la Asistencia, Promoción y Desarrollo y Foro de Apoyo Mutuo, México, 1996, p. 8.

2 Ibid., p. 46.

3 Rabasa, Emilio O. y Gloria Caballero, Mexicano: ésta es tu Constitución. Texto vigente 1995, con el comentario a cada artículo. LVI Legislatura, Cámara de Diputados-Miguel Angel Porrúa, México, 1995, pp. 52-53.

4 Ibid., p. 53.

5 Trejo Delarbre, Raúl, La sociedad ausente. Comunicación, democracia y modernidad. Cal y Arena, México, 1992, pp. 9 y 17.

6 Vanden Euden, Jon y Everette E. Dennise, Changing Patterns. Latin America's Vital Media. A Report of the Freedom Forum Media Studies Center at Columbia University in the City of New York. FFMSC, New York, 1995, p. 23.

7 Rodríguez Castañeda, Rafael, Prensa vendida. Los periodistas y los presidentes: 40 años de relaciones. Grijalbo, México, 1993, p. 115.

8 Trejo Delarbre, Raúl, op. cit, p. 61.

9 Ibid., pp. 41-42.

10 Ibid., p. 172.

11 Acosta Valverde, Miguel y Luz Paula Parra Rosales, Los procesos electorales en los medios de comunicación. Guía para el análisis de contenido electoral en México. AMDH-Universidad Iberoamericana, México, 1995.

12 Acosta Valverde, Miguel, Manuel Martínez Torres y Luz Paula Parra Rosales, La experiencia del análisis de contenido electoral de medios de comunicación mexicanos en las elecciones federales de 1994. AMDH, México, 1995.

13 Acosta Valverde, Miguel, Manuel Martínez Torres y Luz Paula Parra Rosales, Las elecciones de 1994 en México vistas por los medios de comunicación (18 de julio al 21 de agosto de 1994). AMDH, México, 1995.

14 Arredondo Ramírez, Pablo, G. Fregoso Peralta, y R. Trejo Delarbre, op. cit.

15 Hasta la fecha se han realizado estudios de análisis de contenido electoral en los estados de Michoacán y Tamaulipas (1992); San Luis Potosí, México y Yucatán (1993); 65 medios de 19 estados y Tabasco (1994); Yucatán, Baja California, Guanajuato, Michoacán, Puebla y Oaxaca (1995), así como Baja California Sur, Coahuila y Estado de México (1996).

16 Trejo Delarbre, Raúl, op. cit, p. 83.

17 Ibid., p. 172.


* Miguel Acosta es coordinador del área de Derecho a la Informacion y del Programa de Protección a Periodistas de la Academia Mexicana de Derechos Humanos, A.C. Este texto es parte de la Colección Derechos Políticos, publicado por la AMDH en 1994. Por la vigencia de sus planteamientos se reproduce en Sala de Prensa con la autorización expresa de su autor.


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