Sala de Prensa


12
Octubre 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Noticias de orden

Silvio Waisbord *

Todavia no hay consenso sobre la definición de violencia mediática. Persisten disputas sobre qué imágenes son violentas o sobre si podemos asimilar distintas situaciones de violencia en los medios. ¿Imágenes que muestran a la policía esgrimiendo armas y persiguiendo a sospechosos y los film de Tarantino son igualmente agresivas? ¿Una violación sexual simulada es tan violenta como flashes informativos sobre humanos hambrientos?

Tampoco hay unanimidad sobre los presuntos efectos de la violencia en los medios. El sentido común, propagado por los mismos medios que dan rienda suelta al sensacionalismo sangriento, es que los medios son todopoderosos en exaltar la violencia y azuzar tendencias violentas. El imitacionismo es explicación rectora para dar cuenta de las causas que llevan a cometer crímenes. Si unos adolescentes toman a mano armada su escuela es porque los videojuegos los incitaron. Si un nene castiga con una doble nelson a su pequeña hermana es porque encontro inspiración en la lucha libre televisada. Si jóvenes se desafían al "juego de la gallina" en autos, como en las famosas escenas de "Rebelde sin Causa", es porque anhelan copiar a sus ídolos del celuloide. Bibliotecas enteras han concluido que quienes están más expuestos a los medios (particularmente la televisión) son más proclives a conductas violentas. Pero no todos son igualmente afectados por el carnaval de la violencia mediática. Aquellos atraídos por la violencia en los medios son individuos con altos niveles de agresión y gran necesidad de excitación física, hombres jóvenes en grupos más que cualquier otro sector de la población.

La mayor parte de los estudios analizan violencia ficticia presentada en los medios, ya sea violencia simulada (Clint Eastwood pasando a mejor vida a cuanto criminal feo y sucio se le acerque) o violencia de "dibujo animado" (Wile E. Coyote siendo víctima de su inoperancia asesina y los defectos de sus bombas "Acme" o Moe sopapeando a sus inútiles hermanos). Sin embargo, no hay conclusiones sólidas sobre los efectos que tienen las noticias sobre hechos violentos reales. Algunos trabajos sugieren que cuanto más noticias se consume, es mayor la tendencia a concebir al mundo como un lugar violento. Esto se debe simplemente al carácter de la noticia: la violencia es noticia y las conductas pacíficas rara vez lo son. La muerte es noticia, la vida no lo es. Los medios muestran una desproporcionada visión del mundo. Como decía Chesterton, "la vida es un mundo y la vida vista en los diarios es otra". El mundo es violento pero no tanto como sugieren los medios. La realidad que los medios diariamente recortan es la realidad que se ajusta a los cánones de lo noticioso. Y la violencia, especialmente si viene en envase amarillo salpicado con rojo criminal, desplaza a las conductas no violentas de las primeras planas. Preocupados por el caudal de violencia gratuita y paga en las pantallas, observadores urgen a los medios a limpiar su programación y a tomar una actitud de responsabilidad social.

Tales análisis, aunque positivos al enfatizar el desbalance entre la realidad y la realidad mediatizada, son estrechos para entender por qué las noticias sobre la violencia son importantes. Yerran el tiro qiuenes centralizan el debate sobre medios y violencia sobre cuestiones conductistas, ignorando que las consecuencias son mucho más profundas que "crímenes copiados" o estimulados por medios saturados por crímenes. Implícitamente llevan agua al molino de las autoridades que lavan sus manos en la fuente de los medios de tener responsabilidad alguna en la violencia social.

Lo más problemático es que ignoran que las noticias, especialmente cuando se suceden unas tras otras sin ofrecer más que simples relatos sobre crímenes, determinan ciertos temas en la agenda política. La violencia se vuelve "pánico moral" cuando afecta a cierta parte de la población, no cuando es moneda corriente en sectores alejados de la pecera de los medios. En la espiral de la violencia mediática subyace la policía como fuente principal de información y productora de una realidad que la consagra como el sheriff a caballo blanco listo a desenfundar. Titulares como "Detuvieron a tres chinos por asaltos a camiones en las rutas" o "Peruanos invaden casa abandonada" estigmatizan y estereotipan a ciertos grupos étnicos como violentos. Los medios cubren las erupciones violentas más que las invisibles estructuras que contextualizan conductas criminales o el funcionamiento de las autoridades que no pueden resolver la violencia.

Lo más preocupante aun es que la ininterrumpida y superficial cobertura de la violencia refuerza cierta moral, cierta concepción del orden y cierta jerarquía política. Lo que está en juego es el rol de los medios como agentes de policía cultural que llaman la atención sobre ciertos hechos. Las noticias sobre crímenes suelen preparar el terreno para una política que legitima algunos actores y poderes (y en la Argentina tenemos vasta experiencia en estos asuntos). Los medios proveen el marco desde el cual se entiende la violencia. Las noticias pueden servir como vehículo para apuntar a formas democráticas de afrontar problemas sociales más que para abrazar métodos autoritarios, para entender la violencia más que dar pie a soluciones que suelen tener secuelas violentas aquí y en otros lugares del mundo. ¿Por qué no cubrir la violencia apuntando a formas de resolverla, invitando a distintos actores a aunar esfuerzos, más que someter a lectores a ráfagas de metralla mediática que contribuyen a solidificar una sensación de ciudad tomada?


* Silvio Waisbord enseña en el Departamento de Periodismo y Medios en Rutgers University, New Jersey. Su proximo libro, Watchdog journalism in South America: News and accountability será publicado por Columbia University Press en 2000. Doctorado en Sociologia por la Universidad de California, San Diego, fue becario residente en Kellogg Institute (University of Notre Dame), Annenberg School for Communication (University of Pennsylvania), y el Media Studies Center - Freedom Forum. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.