Sala de Prensa


12
Octubre 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Etica y cobertura de elecciones

Charles Green *

En 1960, cuando John F. Kennedy luchaba por alcanzar la presidencia de los Estados Unidos yo era apenas un joven reportero que estaba aprendiendo a cubrir campañas electorales. Durante los últimos 38 años han pasado por mis libretas de notas muchas campañas en muchos países. Espero haber aprendido –casi siempre a fuerza de equivocarme– algunas cosas que  ayudarán a los periodistas de hoy a hacer el tipo de trabajo periodístico que los ciudadanos merecen y esperan de una prensa libre en una democracia moderna.

Para mí hay tres ideas básicas en la cobertura de campañas electorales. Estas ideas son simples, pero ponerlas en práctica de una manera seria y profesional, en medio del calor de una campaña presidencial, no es tan fácil. Las tres ideas son:

  • Mantener la ética
  • Asumir responsabilidad
  • Involucrar a los ciudadanos

En este primer artículo quiero abordar el tema de la ética periodística en la cobertura de campañas electorales. Para los periodistas no hay nada más importante que la ética. Un periodista tiene una sola cosa verdaderamente valiosa: su credibilidad. Un periodista que pone en peligro esa credibilidad, a la larga no le es útil ni a la sociedad ni a su profesión.

La credibilidad se construye sobre muchas cosas. De ellas, una de las más importantes es la percepción. Si las personas perciben que hemos perdido la credibilidad, de hecho la hemos perdido. Por lo tanto, los periodistas, igual que la esposa del César, debemos evitar incluso que los demás tengan la percepción de que algo se está haciendo mal.

Siempre nos excusamos cuando violamos aquellos parámetros establecidos por periodistas que a través de décadas han aprendido a golpes cuál debe ser nuestro papel en la sociedad. Es preciso que nos demos cuenta de que lo mismo ponemos nuestra credibilidad en peligro cuando cometemos cualquier tipo de violación ética, ya sea pequeña o grande. Un reportero que recibe dinero de un candidato o de un partido es inservible para la sociedad, y, por lo tanto, para sí mismo y para su medio de prensa.

El reportero que acepta participar gratuitamente en un viaje de campaña de un candidato, también está arriesgando innecesariamente su credibilidad. Y lo mismo ocurre con el reportero que acepta una comida gratis de un candidato, de un partido, o de un funcionario del gobierno.

Podremos decir que no hay político que pueda comprarnos por el precio de una comida, de una botella de vino o de un paseo en avión a la costa. Eso probablemente sea cierto, pero ante los ojos del público, del hombre de negocios que sentado a la mesa contigua ve que nuestro entrevistado es quien paga la cuenta, hemos sido comprados.

Es fácil caer en trampas éticas, trampas que a veces no son intencionales. En la época en que trabajaba como ejecutivo de noticias de Associated Press a menudo alertaba a mi personal, al igual que hoy en día alerto a mis estudiantes, para evitar que su ego prevalezca sobre los valores éticos. A todos nos gusta que nos halaguen y es muy halagador que el presidente nos invite a la casa de gobierno para tomar unas copas en privado o para compartir una cena privada. Esas son invitaciones a las que probablemente uno no se negaría, pero es preciso que usted se pregunte por qué lo están invitando. Seguramente no es porque lo considere un gran cuentista o un gran escritor, o porque necesite de su consejo para dirigir el país. Simplemente es por la posición que usted tiene como ejecutivo de noticias, reportero de temas políticos o como un columnista que moldea la opinión pública. Si en lugar de periodista usted fuera maestra de una escuela, ¿cree que el presidente lo invitaría?

Pienso que cada periódico, revista o noticiero que se considere a sí mismo como profesional; cada organización que verdaderamente esté interesada en el bienestar del país en cualquier campaña, debe preparar un código de ética para todos sus reporteros y editores. Este código debe ser de cumplimiento obligatorio, especialmente para aquellos responsabilizados en realizar la cobertura de las elecciones. Un reportero que viole esos patrones de conducta debe enfrentar castigos severos, incluso, la pérdida de su empleo.

Ya existen muchos códigos de ética, por lo que no es necesario inventar uno nuevo. Solo se necesita adaptarlo a sus circunstancias particulares. Y los reporteros deben tomar parte de la discusión.

Es preciso que preparen su cobertura con suficiente anticipación. Un código de ética es simplemente parte de los preparativos. Cuando el entrenador del equipo nacional de fútbol se ocupa de que los jugadores practiquen todos los días, los está preparando para las situaciones que enfrentarán cuando el juego verdadero comience. Cualquier periodista con más de una semana de experiencia profesional sabe que las decisiones difíciles son las que se tienen que tomar en momentos difíciles. Y esas decisiones llegan cuando uno está a punto de la hora de cierre, cuando uno tiene apenas unos pocos minutos para poner en una balanza las consecuencias de nuestras decisiones. La columna sobre ética que yo escribí para la revista Pulso del Periodismo se titula "La cuerda floja" justo porque creo que los periodistas siempre estamos caminando por una cuerda floja. Cuando el fallecido periodista costarricense Guido Fernández, terminó de escribir un libro sobre ética, lo tituló "Agonía a la hora del cierre", porque en ese preciso momento es cuando uno tiene que tomar las decisiones más difíciles.

He aquí un ejemplo de lo que eso significa. Durante la campaña presidencial de 1996, en los Estados Unidos, Bob Dole tropezó y se cayó de una plataforma durante una visita a California. La agencia de noticias Reuters transmitió una secuencia de cinco fotografías. Una mostraba a Dole en el piso. El mensaje que ofrecía la foto era de dolor, fragilidad, herida, debilidad, ira, angustia. Pero la quinta fotografía de la secuencia mostraba a Dole levantando el puño después de levantarse, en un mensaje de alivio, disgusto, pena, ira, humor y capacidad de recuperación. ¿Qué foto publicar? Esa es una pregunta ética que muchos editores enfrentan a la hora de cierre.

¿Es ético que un individuo o una familia que posea un medio de prensa participe activamente como candidato en una campaña presidencial? ¿Es ético que un periodista se postule para un cargo en el gobierno? Mi respuesta es usualmente la misma en ambos casos: No. Pero esa es solo mi opinión personal. Hay quienes argumentan que si esa persona o esa familia sabe apartar una cosa de otra, no incurre entonces en ningún tipo de violación ética.

Pero esto último casi nunca ocurre. Por lo general, a las organizaciones de prensa se les ordena o se les manipula para que favorezcan la candidatura de su propietario.

Por otra parte, no pienso que ningún periodista en funciones debe postularse para un cargo político. Si un periodista siente con tanta fuerza el deseo de entrar en la política, debe renunciar. El solo hecho de postularse va a afectar su credibilidad como periodista.

He visto a medios de prensa sufrir consecuencias lamentables debido a que las ambiciones políticas de sus dueños han sido mayores que el juicio económico y periodístico de estos. Un diario cuyo propietario es un candidato a la presidencia no puede pensar que no confrontará problemas. Los votantes que favorezcan a los otros candidatos no confiarán en la cobertura de campaña de dicho diario. Un periódico en Centroamérica perdió alrededor del 70 por ciento de su circulación cuando su dueño decidió postularse para presidente. Los anunciantes que favorecían a los candidatos contrarios dejaron de anunciarse en sus páginas. Cuando Violeta Chamorro dueña de La Prensa , ganó la presidencia de Nicaragua, el periódico tuvo que trabajar duro para redefinir su papel. ¿Debían ser un periódico abiertamente pro-gobierno, aun a sabiendas de que de esa manera unirían contra ellos a toda la oposición política y periodística, o debían tratar a su presidenta de una manera justa, pero crítica?

Después de decir esto, debo aceptar que muchos dueños de periódicos y muchos periodistas se han convertido en políticos y han tenido éxito. Warren G. Harding, el vigésimo noveno presidente de los Estados Unidos, fue un editor de periódico que se convirtió en político. Albert Gore, el actual vicepresidente, fue reportero de un diario de Nashville antes de entrar en la política.

William Randolph Hearst fue un agresivo dueño de periódicos que fundó una cadena que aún existe 47 años después de su muerte. Además de haber sido uno de los editores de periódicos más poderosos de la historia de los Estados Unidos, Hearst también fue político. Fue miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos durante dos períodos y se postuló, aunque sin éxito, para gobernador del estado de Nueva York, al mismo tiempo que escribía columnas regulares y dirigía los asuntos editoriales y de negocios de sus periódicos.

Hearst fue también quien desde sus periódicos lanzó arduas campañas a favor del inicio de la guerra Hispano-Americana, y quien envió al artista Fredrick Remington a Cuba para ilustrar las historias sobre la guerra que él mismo estaba fomentando.

Desde Cuba, Remington le envió este cable a Hearst: "No hay guerra. Solicito regresar." Hearst le respondió con otro cable: "Por favor, quédate. Encárgate de dibujar que yo me encargo de la guerra."

Joseph Pulitzer, quien estableció el premio periodístico que lleva su nombre y que es el más prestigioso de su tipo en los Estados Unidos, se postuló a un puesto en la legislatura estatal y ganó, al mismo tiempo que trabajaba como reportero de un periódico de St. Louis. Pulitzer consideró que podía tener más influencia en los temas políticos desde afuera y, como dueño de un periódico en la ciudad de Nueva York, organizó muchas cruzadas periodísticas. Una de las más famosas fue recaudar dinero de los lectores para construir el pedestal de la Estatua de la Libertad.

Pulitzer, y muchos otros editores de todo el mundo, han respaldado a candidatos durante distintas campañas por la presidencia. No hay nada incorrecto en eso. Es algo que forma parte de la historia y de la tradición de la prensa libre. Pero los periódicos buenos respaldan a los candidatos en sus editoriales, nunca en sus historias noticiosas. En estos tiempos, el respaldo que un medio de prensa le de a un candidato en sus editoriales tiene muy poco impacto en los votantes porque muchos lectores han perdido la confianza en las coberturas de campaña en general.

Una cobertura responsable

Cualquier discusión sobre ética periodística nos lleva a conversar sobre la responsabilidad de los medios de prensa ante la sociedad. Esa responsabilidad es algo que la prensa en cada país debe determinar por sí misma.

América Latina disfruta de la bendición de tener a algunos de los mejores periódicos del mundo. Las compañías periodísticas en Latinoamérica tienen una larga y a menudo triste historia de independencia y de coraje. Lo que los periodistas latinoamericanos están haciendo hoy puede establecer el tono de campañas futuras, pero es preciso que decidan desde ahora cuál será su papel.

Durante mis visitas a distintos países de la región he visto algunos problemas en periódicos, canales de televisión y estaciones de radio: todavía se hace demasiado énfasis en una sola fuente. Cada vez que me encuentro con una historia en la que se cita una sola fuente –sea el presidente, un embajador, un policía o un hombre de negocios–, me surgen preguntas.

Depender de una sola fuente para escribir una historia puede ser especialmente problemático durante una campaña. Siempre alguien, en alguna parte, tiene la información que podría ubicar esa historia en un mejor contexto. Parte de nuestro trabajo es encontrar a esa persona e incluir sus puntos de vista en nuestra historia. Esto no siempre es fácil. Pero si queremos tener un trabajo fácil, entonces es mejor que nos olvidemos del periodismo y busquemos otro empleo.

Carl Bernstein, parte del equipo de reporteros del Washington Post que dio a conocer tantos detalles sobre el escándalo Watergate, define un buen trabajo periodístico como "la mejor versión que se puede obtener de la verdad." En mi país existe una tendencia, que también se ha reflejado en otros países, de que la verdad es una ilusión, desfigurada por la adoración a los famosos, el chisme, el sensacionalismo, por controversias manufacturadas y por la negación de la verdadera condición de nuestra sociedad. Nos hemos convertido en reporteros haraganes, desinteresados en hacer el trabajo duro de un buen reportero, el trabajo duro de buscar la verdad.

Ningún periodista profesional desea darles a los ciudadanos una cobertura de segunda categoría. Pero lo cierto es que en alguna ocasión, todos nosotros lo hemos hecho y probablemente lo volveremos a hacer. Sin embargo, quiero compartir algunas ideas acerca de qué podemos hacer para no ofrecerle al público una cobertura de segunda clase.

Primero, evitemos todo lo posible esa "carrera de caballos" a la que nos hemos acostumbrado. En tiempos de campañas electorales las redacciones son bombardeadas con encuestas de opinión que muestran a un candidato en primer lugar por un tanto por ciento. Reportar sobre estos asuntos está bien, aunque no debe ser nunca el foco principal de la cobertura.

Segundo, lancemos por la ventana la idea de una cobertura "balanceada". Este concepto de cobertura balanceada es a lo que Jonathan Alter, de la revista Newsweek cataloga como algo "importante solo en el sentido más rudimentario". En un manual para periodistas preparado por el Proyecto Vote Inteligentemente, de los Estados Unidos, Alter escribió que el "balance" a menudo es perjudicial.

Nuestro objetivo debe ser reportar sin prejuicios ideológicos. Si citamos a uno de los candidatos acusando a otro, esta persona debe tener la oportunidad de responder. Si una historia sobre un tema económico cita a un candidato, también debe citar a sus oponentes.

Alter asegura, y coincido con él, que la búsqueda del balance es a menudo un patrón dañino porque muchas veces se interpone en lo que debe ser nuestro objetivo número uno: la verdad.

Si un candidato está lanzándole mucho lodo a los otros candidatos, mientras que estos últimos apenas lo están haciendo, es balanceado escribir que todas las campañas se caracterizan por los ataques entre los contrincantes, aunque también es una representación incorrecta de lo que realmente está ocurriendo.

Es preciso que hagamos una distinción entre los "temas de campaña" y los "temas reales". Un tema de campaña es algo que un candidato utiliza para promover su propia imagen o para desacreditar a un oponente. Un tema real es algo de lo que el candidato verdaderamente se ocupará si es sale electo.

En muchas de las campañas que he visto en mi país y en América Latina los reporteros que se ocupan de temas políticos cubren solo los temas de campaña. Tal vez no lo admiten, pero creen que los temas de campaña son los únicos temas. Piensan que si un candidato no presenta un tema, es porque ese tema no tiene importancia. Alter asegura, y otra vez coincido con él, que esta es una manera estrecha y alienadora de cubrir los temas políticos. Es un error, es malo para la credibilidad de la prensa y es menos interesante.

Ofrezcan toda la cobertura que puedan a los candidatos de los partidos menos fuertes. Todos los candidatos deben tener al menos una oportunidad para hablarles a los ciudadanos a través de cada uno de los medios de prensa que ustedes representan. Una revisión semanal de las actividades de los partidos menos importantes ayuda a los votantes a mantenerse al tanto de lo que esos candidatos están haciendo. Pero mantengan los oídos alertas para enterarse también de lo que los votantes están diciendo sobre esos candidatos.

Muy a menudo nosotros en la prensa nos sentamos con los candidatos para documentarnos y definir los temas. O peor, dejamos que los políticos nos digan cuáles son esos temas. En 1960, durante la campaña presidencial de Kennedy la prensa convirtió el tema de la creencia religiosa de Kennedy como el foco principal de la campaña. Un católico nunca había sido electo a la presidencia de los Estados Unidos. Kennedy atacó a la prensa y a sus oponentes organizando una reunión que yo cubrí en Houston, en la que se enfrentó a una sala llena de representantes de la iglesia protestante. Kennedy los convenció de que el Vaticano no podía apoderarse del gobierno de los Estados Unidos. Pero las encuestas hechas en esos días demostraron que lo que más les preocupaba a los ciudadanos no era qué religión practicaba Kennedy. Solo los políticos y la prensa, lo hacían ver como el tema número uno.

Todo esto me hace recordar un viejo dicho: "Tan solo con mirar la línea de ferrocarril no se puede saber qué rumbo tomó el tren".

Estrategias para tiempos de campaña

En los últimos años se han hecho una serie de interesantes experimentos para encontrar modos de cambiar el molde de la cobertura de campañas electorales, para hacerla más sustanciosa, más relevante más interesante para los ciudadanos. En su mayoría, estos experimentos han funcionado. Todos ellos tienen en común algunos puntos:

  1. Formaron sociedad con otras organizaciones de prensa.
  2. Las organizaciones de prensa ponen todas sus energías en descubrir lo que la gente piensa que son los temas reales de campaña.
  3. Preparan articulos sobre esos temas.
  4. Le hacen a los candidatos las preguntas de los ciudadanos.
  5. Algunos han tratado a los candidatos como si fuera una persona que está buscando empleo.
  6. Examinan cuidadosamente la veracidad de la publicidad de campaña y escriben al respecto.

Las agrupaciones de medios de prensa se forman debido a que este tipo de cobertura puede ser costosa, demandar demasiado tiempo y simplemente porque estos medios creen que de esa manera tienen más oportunidad de éxito si un diario comparte el experimento con un canal de televisión o una estación de radio.

Los medios hacen incontables esfuerzos para determinar lo que los ciudadanos piensan que son los temas de campaña. El Observer, de Charlotte, y el Eagle, de Wichita, fueron los pioneros en este tipo de cobertura en los Estados Unidos, en 1992, luego de que estudios demostraron una creciente pérdida de credibilidad en la cobertura de campaña. En la última campaña electoral el año pasado, el Orange County Register en California dedicó el 40 por ciento del espacio destinado a noticias políticas a este tipo de cobertura.

Lo que la gente piensa se puede averiguar realizando su propia encuesta y organizando grupos focales para que discutan los temas. El Observer, de Charlotte, creó incluso un banco telefónico para que los ciudadanos pudieran llamar para exponer sus puntos de vista. Uno puede organizar también lo que los sociólogos llaman "encuestas de deliberación", en las que los encuestados tienen tiempo para pensar sobre el tema y discutir sus respuestas sobre qué es lo que es importante para ellos.

Los periódicos toman estos temas, citados por los ciudadanos, para preparar historias bien documentadas sobre ellos. ¿Por qué es este un tema importante? ¿Cuáles son las posibles soluciones? Luego les presentan estos temas a los candidatos, de manera que esos se convierten en los temas de los que hablan los candidatos.

Comience su cobertura de campaña con una descripción de las obligaciones que deben cumplir quienes se postulan para cada cargo. ¿Qué es lo que se supone que haga un presidente? ¿Qué se supone que hagan los miembros del congreso? Cualquier corporación importante tiene descripciones de lo que deben hacer sus principales ejecutivos. ¿Por qué no va a tenerla un país?

Pienso que cada candidato a la presidencia debe ser motivo de un artículo en el que se tomen en cuenta tantos puntos a considerar como se haría con alguien que está solicitando un empleo. ¿Cómo gobernaría este hombre? ¿Qué hay en su historia pasada que demuestra que este individuo está capacitado o no para realizar las funciones inherentes a su cargo?

Lo que se ha venido a llamar cobertura a partir de la "vigilancia de los anuncios" ha tenido mucho éxito en los Estados Unidos. Un medio de prensa analiza la campaña publicitaria de un candidato, de la misma manera que un buen reportero analizaría cualquier afirmación.

  • ¿Es realmente cierta?
  • ¿Los hechos respaldan las palabras?
  • ¿El candidato siempre ha tenido esta posición o este es simplemente un cambio de dirección?

Una buena cobertura de "vigilancia de los anuncios" es justa. Si lo que se dice en la campaña publicitaria es cierto, nuestra historia periodística debe decir que es cierto.

La pregunta obvia ahora es: ¿todos estos gastos y esfuerzos hacen alguna diferencia? ¿Realmente a los lectores o espectadores les interesa todo esto? Algunos estudios realizados en los Estados Unidos demuestran que sí.

  • Los entrevistados consideraron que el diario los ayudó a sentirse parte del proceso político.
  • Sintieron que la cobertura periodística reflejaba más los temas que a ellos les interesaban.
  • La cantidad de lectores se incrementó durante la campaña.

Respuestas a otros estudios muestran resultados similares: una mayor comprensión de los lectores de los temas de campaña.

Los candidatos también prestaron atención. En la Florida, The Miami Herald y otros medios de prensa formaron una coalición antes de la campaña presidencial de 1996, llamada "Voces de la Florida".

Entre otras cosas, la coalición le pidió a cada candidato que les concediera una entrevista grabada de 90 minutos. Todos los candidatos aceptaron, con excepción de Bob Dole. Finalmente, The Miami Herald publicó una historia sobre los candidatos y los temas de campaña, en la que Bob Dole quedó fuera. Tan pronto salió a la calle la primera edición del periódico de ese día, Bob Dole llamó por teléfono a Tom Fiedler, editor de temas políticos, para ofrecerle una entrevista de inmediato. Fielder actualizó su historia para las siguientes ediciones de The Miami Herald y para otros periódicos de la coalición.

La coalición funcionó muy bien en la Florida. Le dio más fuerza política y recursos adicionales a los socios porque no significaba una competencia directa por lectores o audencia y porque una planificación cuidadosa de la cobertura permitió asegurarse de que cada socio comprendiera su papel.

Entonces, ¿cómo se hace esta cobertura basada en los ciudadanos?

El Instituto Poynter para Estudios sobre la Prensa realizó una encuesta entre varios editores de diarios y directores de noticias de canales de televisión, acerca de la cobertura basada en los criterios de los ciudadanos, y finalmente ofreció las siguientes sugerencias.

  1. Planifique a tiempo, planifique bien y planifique que probablemente todos sus planes tengan que cambiar. Sus mejores planes probablemente se deshagan en las últimas semanas de la campaña y usted tendrá la opción de cubrir las "noticias" o apegarse a su plan. Esté consciente de que eso puede ocurrir y prepárese para ello.
  2. Incluya a todos en la preparación del plan. Reúna a editores, productores y reporteros que tendrán que ver con la cobertura, para decidir qué es lo que se quiere lograr.
  3. Amplíe su equipo. Piense en incluir a otras personas, además de los reporteros que normalmente cubren temas políticos o del gobierno. Una vez que usted identifique los problemas que les interesan más a los ciudadanos, piense quiénes conocen mejor estos temas. El reportero de temas de salud o el que cubre los casos criminales podrían sentirse encantados de tener la oportunidad de participar en la cobertura de una campaña, con lo que, además, usted estaría dejando libre a su reportero de temas políticos para preparar otras historias sobre la campaña.
  4. Conéctese a los sistemas online. Aproveche las ventajas que nos ofrece hoy el mundo interactivo para involucrar más a los ciudadanos. Asegúrese de que sus reporteros y editores tengan tiempo para revisar toda la información que llega de los ciudadanos y que respondan a ella.
  5. Sea abierto. Deje que sus lectores o espectadores conozcan cuál es su plan. Hágaselo saber también a los candidatos, de modo que no se sorprendan.
  6. Manténgase en contacto con los ciudadanos y consúltelos también. Las cosas pueden cambiar rápidamente en una campaña política. Por lo tanto, desarrolle una forma de mantenerse en contacto con los ciudadanos. Reúnase con docenas de lectores y pídales que le digan qué anda mal en su cobertura y qué piensan que sería útil.
  7. No pierda las voces de los ciudadanos cuando estas son más necesarias. El momento en que usted quiere exponer la opinión de los ciudadanos y presentarles sus preguntas a los candidatos es en las semanas finales de la campaña. Esto coincide con los momentos más difíciles para hacerlo. Asegúrese de tener suficiente tiempo para incluir sus puntos de vista.
  8. Desarrolle una cadena de votantes. Haga más que poner un cintillo que diga "Vote" o una caja de recordatorio. Durante toda la campaña anime a las personas a conversar con sus amigos y vecinos para animarlos a participar y a votar. Es probable que ellos le presten más atención a un amigo que a usted.
  9. Repita, repita, repita. Encuestas de lectoría y de audiencia realizadas en todo el mundo nos muestran un factor alarmante pero real. Las personas no recuerdan haber leído o haber visto las primeras historias sobre los temas de campaña que publicamos. Usted tiene que buscar maneras creativas de hacer las modificaciones necesarias y volver a presentar esas historias cuando ya la campaña esté más avanzada.
  10. Ahorre algunos de sus recursos para el final. Las personas que piensan ir a votar desean tener a su disposición sumarios en forma de reportes especiales, y guías para votantes, justo antes del día de las elecciones. Ofrézcanles lo que quieren cuando lo necesitan. Para muchos votantes, este podría ser el único reporte neutral que tengan a su alcance.
  11. Recuerde el asunto principal. Lo que los ciudadanos quieren saber –y lo que determinará cómo van a votar – es la manera en que las cosas que leen o escuchan afectarán sus vidas. Diseñe su cobertura con esta idea en mente. No deje nunca de preguntarse si sus reporteros se están recordando de esto cuando van a buscar datos y cuando escriben sus historias.

A lo largo de este tipo de cobertura debe hacerse un enfoque deliberado en cómo resolver los problemas de los que hablan los ciudadanos. Un reportero no debe preguntarle a un candidato cómo se siente con respecto a un determinado asunto, sino cómo puede resolverse un problema y cómo lo haría si fuese electo. Muchas veces los reporteros simplifican o fragmentan los aspectos que los ciudadanos ven como relacionados entre sí. Los reporteros necesitan ofrecerle coherencia a aquellas personas cuyas vidas son confusas y complicadas.

Por lo tanto, si en la campaña que está a las puertas ustedes quieren intentar lo que se ha dado en llamar periodismo basado en los intereses de los ciudadanos, ustedes deben:

  • Organizar uno o varias reuniones públicas para discutir los temas
  • Realizar encuestas para determinar cuáles son los asuntos en los que debe centrar su cobertura.
  • Conducir reuniones con grupos específicos de votantes para deteminar cuáles son sus preocupaciones.
  • Pedirles a los lectores o espectadores que les hagan llegar sus preguntas para presentárselas a los candidatos cuando ustedes los entrevisten.   Basar el trabajo de reporteo fundamentalmente en los temas que han surgido durante los contactos con los ciudadanos.
  • Ofrecer información que ayude a los ciudadanos a involucrarse en el proceso político no solo mediante el voto, sino también de otras maneras.

* Charles Green es director del Centro de Prensa Internacional de la Universidad Internacional de la Florida. Fue director del Programa Latinoamericano de Periodismo (PROCEPER). Este texto se publicó en la revista electrónica Pulso del Periodismo como una serie de tres artículos sobre la cobertura de elecciones, reunidos aquí, en una sola página, con autorización de su editor.


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