Sala de Prensa

105
Julio 2008
Año X, Vol. 4

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   


La recuperación del lenguaje,
clave para el desarrollo de la economía de la información

Benjamín Fernández Bogado *

La historia parecería un buen chiste si no fuera verdad. Una madre me lo contó con cierto tono de lamento e incomprensión. Una noche estando con su hija le dijo porqué no conversaba con su hermana quien se encontraba en el cuarto contiguo, a lo que la hija le respondió rápidamente: “Porque no tengo saldo en el celular, mamá”. Esta afirmación que proviene del Paraguay, el país con mayor cantidad de teléfonos móviles per cápita de América Latina, nos dice muchas cosas en torno a los retos que como comunicadores nos devela un futuro que es hoy presente. Cómo hacer que la tecnología no se convierta en un fetiche y cómo potenciar la pérdida evidente de verbalización que pone en riesgo el propio conocimiento. Y en eso los medios tienen mucho aportar.

Enriquecer el debate a partir de códigos comunes no implica por lo tanto sólo saber el tema sobre el cual debatir sino estar seguro que las palabras utilizadas responden a un código compartido. La precarización del lenguaje puede significar a muy corto plazo la pérdida de oportunidades en un universo cultural donde es más importante el lanzamiento del nuevo modelo de telefonía de la Apple que el contenido que ese teléfono pueda transmitir. No hay foros donde no se comente verdades apocalípticas que llevan a los auditorios a temblar de miedo ante un modelo social y económico de difícil adaptación y por sobre todo y más que todo: de sobrevivencia.

Sin embargo hay cuestiones básicas que hemos perdido como el lenguaje, que nos permite entendernos y entender que no despiertan iguales intereses o temores, que en la nueva economía de la información considero serán fundamentales. Hoy un joven argentino, de Buenos Aires, según lo comenta Jaim Etcheverry en su libro “La angustia educativa”, no usa más de 300 palabras para comunicarse y su cuestionamiento es qué forma de comprensión de un mundo en cuyo lenguaje lo básico serían 800 palabras pudiera tener alguien con esa limitación. La pregunta en la democracia es qué tipo de liderazgos podríamos tener ante una sociedad carente de capacidades para entender, conversar y participar del debate democrático. ¿No será esta la causa encubierta de la aparición de populistas, demagogos y charlatanes con singular éxito en sociedades angustiadas por el peso de los cambios, la pobreza social y la incapacidad de verbalización de ellas? Es evidente que esta nueva economía implicará una capacidad de convencer de habilidades que la anterior economía no las tomaba como ciertas o válidas. Hoy quien quiera conseguir trabajo en cualquier campo debe ser capaz de convencer a través del lenguaje de sus habilidades y conocimientos si quiere el puesto. En algunas universidades han comprendido esto y no dan título a quien no sea capaz de hablar de lo que aprendió por un lapso de una hora.

Vivimos una sociedad de la información, pero desverbalizada. Si en un principio era el verbo, como lo dice la Biblia, hoy pareciera que hemos sido desbordados por la fantasía maravillosa de aparatos que son capaces de transmitir imágenes, voces y textos escritos, todo en la mano, todo al alcance de unos dedos tan ágiles que parecen haber adquirido habilidades más cercanas a los ancestros del género humano. Es importante echarle una mirada más crítica a la pérdida del lenguaje. No es casualidad que el director mexicano Alejandro González Iñárritu haya conseguido tanto prestigio y difusión por su film “Babel”, que en el fondo es en realidad una crítica sobre el lenguaje pero enfocado en tono de historias conectadas por circunstancias trágicas.

Los medios pueden estimular un debate más a fondo sobre estas cuestiones y lo pueden hacer abandonando la posición cómoda de la polémica fácil o de la participación plebiscitaria que se hace a través de los teléfonos celulares que con ello ganan tráfico y dinero pero que no permite verbalizar lo que siente. Son como autómatas que votan por el si o por el no enviando a un número sus respuestas pero que carecen del grado de capacidad de argumentar lo que piensan o lo que sienten. Es sorprendente observar en los blogs de los medios escritos que tienen portales en internet los grandes errores y horrores ortográficos y de ideas que aparecen publicadas, lo que prueba por un lado el interés en participar y, por el otro, las notables carencias formativas de quienes desean ser parte de ese debate. Uno de los grandes enemigos de la prensa escrita en el mundo -que pierde lectores diariamente- es que están escribiendo para poblaciones que desconocen sencillamente las palabras con las que los medios expresan ideas y conceptos. No leen o no compran algo que sencillamente está escrito en un idioma diferente a pesar de que viven en el mismo país.

Algunos, sin embargo, no temen tanto esta coyuntura diciendo que vamos al nacimiento de un nuevo lenguaje con una nueva generación y el argumento es que hoy se escribe más que antes. Se envían más correos electrónicos que cartas por el abaratamiento y las ventajas que supone navegar en internet, pero no es menos cierto tampoco que la realidad nos muestra que la “nueva verbalización” no genera la irrupción aún de estos grupos sociales en las esferas del poder y deberíamos preguntarnos cuántos conflictos jurídicos representaría la irrupción de ellos a la toma decisiones. La relativización de las normas, la libre interpretación de los artículos constitucionales haciendo decir una cosa que no se quiso decir, no es más que una muestra de los crecientes conflictos que iremos enfrentando en esta sociedad de la información tan promovida pero tan poco entendida en sus posibilidades y dificultades.

Posibilidades y oportunidades

Esta nueva economía tiene una nueva autopista y genera múltiples oportunidades para los operadores de la misma o de aquellos que saben usarla para generar riqueza. Varios países en el mundo lo prueban. América Latina, con unos niveles alarmantes de pobreza y de inequidad social, tiene varios retos primarios que enfrentar y derrotar antes de ingresar a estas autopistas cargadas de desafíos a las estructuras y modelos de educación y de participación como nunca habíamos tenido. Uno de los aspectos positivos que ha traído es ciertamente una democratización en la generación y difusión de la información. Si eso era antes el monopolio de empresas dedicadas a publicar diarios y revistas o a transmitir programas de radio o televisión, hoy vemos una oferta mayor, ciertamente desordenada aún pero con unas posibilidades nunca antes conocidas. Los bloggers por ejemplo muestran una dinámica sorprendente y generan adhesiones y conectividades nuevas que sorprenden a los medios tradicionales que han decidido incorporarles a sus portales en la web. La transmisión de programas de radio y la difusión de videos en Youtube constituyen otras formas nuevas de aumentar el tamaño de esta aldea que ciertamente McLuhan visualizó hace mucho, pero que se quedó corto ante el desarrollo que ha tenido en los últimos 15 años.

Internet, con todo, sigue teniendo una difusión constante pero no uniforme en varios de nuestros países. Algunos de ellos, como Argentina, se han desarrollado mucho más que Paraguay o Ecuador, por ejemplo, y en ese sentido las políticas públicas deben ser dirigidas a acabar con los monopolios de telefonía pública que obstaculizan con los costos altos la difusión de este nuevo medio de comunicación. El desarrollo de transmitir señales de internet a través de la líneas eléctricas constituye otra ventaja para que el abaratamiento de los costos de las computadoras o el desarrollo de los teléfonos celulares pueda incluir a mayores sectores a esta “conversación nueva” que se genera dentro de la llamada economía de la información.

Todo esto nunca sustituirá, sin embargo, a la capacidad del ser humano de usar estas tecnologías en provecho de su desarrollo en sociedad. Y ellas nunca tampoco estarán desprovistas de saberes e ideas que comunicar, de ahí la insistencia en recuperar la fuerza de la palabra para aumentar las capacidades de participación de sectores antes marginados de la conversación mundial. Algunos ven la irrupción del ingles como lengua franca en la nueva economía, otros sin embargo observan la posibilidad de potenciar lenguas autóctonas que anteriormente carecían de formas de transmisión de las mismas. En todos los casos, es evidente que con internet el mundo se ensanchó o se achicó, dependiendo de quién tenga la capacidad de usarla para generar o privarse de esas posibilidades.

Los medios de comunicación tienen ante sí el reto de transformarse y de transformar. Abandonar la posición pasiva de recibir los cambios tecnológicos como un mensaje en sí mismos y pasar a la posición creativa de observar en ellos nuevas formas de interrelación sus audiencias. El debate debe ser en torno a cómo recuperamos el lenguaje que construye comunidad y que a través de ella fortalece nuestras poco entusiastas democracias, como lo prueban los informes del PNUD y del Latinobarómetro. Nos hemos quedado sin ideas y sin utopías, se repite con cierta frecuencia cuando en realidad estamos ante muchas ideas o utopías que no consiguen insertarse en el debate local, nacional o mundial, o porque están dispersos en páginas de internet de difícil acceso para millones, para los que la vida es sólo sobrevivir, o tal vez porque los medios que pierden audiencias todos los días no consiguen estimularlas para que se conviertan en sí mismos en factores que den movilidad a los liderazgos políticos y hagan de los partidos referencias entusiasmantes para participar y transformar.

La economía de la información, como toda economía, administra carencias y necesidades potenciales que pueden transformarse en riquezas si sabemos utilizarlas para provecho colectivo. Hasta ahora ha probado ser una fuente alternativa para varios sectores individuales que han visto reducir su tiempo de traslado a las empresas y enriquecido su tiempo laboral con la familia desplegando labores frente a una computadora conectada a internet. Esta economía de servicios que hoy ocupa dos tercios de la riqueza del mundo ha sustituido a la agricultura y a la industrias como elemento generador de riqueza, pero en sociedades rurales como las nuestras y con un incremento en el precio de los commodities a nivel internacional surge una curiosa emergencia del valor de la economía primaria frente a las nuevas tecnologías que, combinadas con la producción agrícola, han generado riquezas sorprendentes a corporaciones y grupos económicos en toda la región. Lo ideal sería entrenar en el uso de estas tecnologías a sectores que pudieron hacer uso del buen precio de los productos agrícolas para que encuentren maneras de comercialización y mejor producción que mejoren sustancialmente sus condiciones de vida.

Es posible también mejorar las condiciones de nuestros Estados, generalmente acusados de ser ineficaces o incompetentes a la hora de organizar una economía que sirva a la gente. Por un lado puede ordenar su funcionamiento interno, dotarle de memoria y transparentar su acción de cara a los ciudadanos interesados en saber qué hacen en su nombre y con su dinero. Esta nueva economía tiene hoy en los e-goverments formas nuevas, rápidas y eficientes de relación entre el Estado y sus mandantes, lo que genera una atmósfera de transparencia que facilita la relación comercial y las inversiones en un país determinado.

Tiempo de renovación para los medios

La radio puede jugar un rol más activo en esta nueva economía. Las emisoras de amplitud modulada vivirán una nueva era con la digitalización de sus emisiones ganando en calidad de sonido y territorio. El pretexto de la mala calidad de emisión será historia a corto plazo y habrá sido un énfasis en los contenidos donde indudablemente deberán establecerse programas que resulten atractivos para promover interactividades entre el emisor y el receptor, lo que lo puede dotar de notable riqueza con una conducción inteligente que permita ordenar la participación sin que llegue a ser una Babel moderna, donde cuando todos hablan no significa necesariamente que todos entiendan. Los formatos renovados constituirán oportunidades para los creativos, muchos de ellos por fuera de los espacios habituales de una redacción. Nos encontraremos con productores de contenidos en la web que ofrecerán programas completos de radio o, en su defecto, formatos atractivos que puedan ser replicados en cualquier emisora del mundo, como ya ocurre en varios casos de televisión. También deberá entenderse que toda persona con un teléfono celular se convierte en un testigo privilegiado de toda situación que pueda convertirse en noticia, lo que no implica inmediatamente calificarlo de periodista.

Veremos el ingreso de nuevos actores en este modelo signado por la información que implicará ver a los medios desde una perspectiva diferente. Hacerlos articuladores y ordenadores de la información es una de las opciones. Es curioso que hoy premian a Google por facilitar la búsqueda en la red de redes y que los costos de otras empresas similares como Yahoo muestran que las cifras astronómicas que se ofrecen por su compra superan en mucho la inversión en medios electrónicos o de prensa escrita que existe en cualquiera de nuestros países. Siempre será necesario quien ponga en forma, in formare, el origen latino de la voz información, y en eso hay mucho campo para los comunicadores y también nuevas posibilidades para fortalecer nuestras debilitadas y cuestionadas instituciones democráticas. Más transparencia, más participación, más interactividad, mejor calidad de los formatos, mayor creatividad... no son más que partes de la transformación que hoy nos impele la llamada economía de la información y su impacto sobre las democracias de América Latina.


* Benjamín Fernández Bogado es abogado, periodista,y director de Radio Libre (Paraguay) y colaborador de SdP.


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