Sala de Prensa

105
Julio 2008
Año X, Vol. 4

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   


Las nuevas tecnologías

Daniel H. Cabrera *

El espíritu humano se siente inclinado naturalmente a suponer en las cosas más orden y semejanza del que en ellas encuentra; y, mientras que la naturaleza está llena de excepciones y de diferencias, el espíritu ve por doquier armonía, acuerdo y similitud
F. Bacon

La historia del pensamiento, de los conocimientos, de la filosofía, de la literatura parece multiplicar las rupturas y buscar todos los erizamientos de la discontinuidad; mientras que la historia propiamente dicha, la historia a secas, parece borrar, en provecho de las estructuras más firmes, la irrupción de los acontecimientos
M. Foucault

1.- LAS “NUEVAS TECNOLOGÍAS” COMO SIGNIFICACIONES IMAGINARIAS SOCIALES

Con el nombre de “nuevas tecnologías” denomino a las actuales “tecnologías de la comunicación y de la información”, según el conjunto de significaciones que la sociedad instrumenta a su alrededor a través de sus discursos. Ellas son el nombre con que se destina un conjunto de aparatos, prácticas sociales y “nuevas realidades” (empresas y aparatos neotecnológicos, instituciones políticas, etc.) que ocupan un lugar central en las representaciones sociales del mundo, en las esperanzas, los sueños y deseos de la sociedad contemporánea. Son, como se verá, un nombre ambiguo que se invoca como constituyente central de la “sociedad de la información” y que, por ende, puede servir tanto para el sostenimiento del orden como para el cambio de sociedad.

Como nombre que destina, las “nuevas tecnologías” son un conjunto heterogéneo de aparatos, instituciones y discursos. Es “conjunto heterogéneo” en tanto me refiero a diversos constituyentes, de diferentes niveles y procedencias, permanentemente unidos de un modo particular (“heterogeneidad”) desde lo imaginario instituyente.

“Lo magmático es solidario de la heterogeneidad, sea en el ser, en la psique, en la sociedad, en el dominio mismo del pensamiento. Lo heterogéneo, al igual que la imaginación, corrompe nuestro modo habitual de analizar y pensar lo dado, porque su naturaleza magmática tienta, hace superponer planos que generalmente intentamos mantener separados, ligando lo racional con lo irracional” (Franco 2003:68).

Las “nuevas tecnologías” son significaciones instituidas o imaginarios segundos que remiten al magma de lo imaginario social, imaginario primero o radical. Como toda definición que se quiera hacer desde lo imaginario, envía lo supuestamente conocido hacia el plexo de significaciones sociales. Un envío que hunde “la realidad”, en este caso, las “nuevas tecnologías”, en el magma de lo imaginario para hacer resurgir desde allí una nueva caracterización bajo el signo de la arbitrariedad. La arbitrariedad no es convención, si no reunión de lo que es aparentemente heterogéneo a priori. Porque si las significaciones imaginarias sociales son emergencia -por condensación, solidificación y sedimentación- del magma de lo imaginario en un momento dado, su interpretación debe proceder sumergiendo nuevamente las significaciones vigentes en lo imaginario para hacer re-surgir nuevos sentidos.

La interpretación de y desde lo imaginario implica una concepción antropológica del sentido y de la significación como surgimiento y flujo incesante. De manera que sentido y significación constituyen sim-bolos, es decir, unión y sutura de lo distinto, separado y distante de lo originario.

En esta metafórica la interpretación implica, entonces,

  1. Caracterizar las significaciones de la sociedad como un todo indistinto, en el que se confunden (confundere) o mezclan elementos diversos.
  2. Tomar las significaciones solidificadas para sumergirlas en el magma imaginario, es decir, fundirlas (fundere), derretirlas y licuarlas.
  3. Buscar nuevas articulaciones de sentido, esto es, refundar (ya que en su “origen” las significaciones fueron fundadas -fundare-) nuevos sentidos.
  4. Reintroducir las nuevas significaciones en la sociedad, o sea, difundir (diffundere), no sólo en el sentido de esparcir o propagar sino, sobre todo, como reintroducir cuerpos “extraños” en la homogeneidad social. Esta última acción es la dimensión pedagógica y política de la interpretación.

De esta manera, si las significaciones son surgimiento de sentido e institución de la sociedad (de la confusión-caos a la fundación), la interpretación es resurgimiento que tiende a la refundación social. Así entendida, la interpretación supone la heterogeneidad[1] como nota constitutiva y constituyente de la existencia de las “nuevas tecnologías” en tanto significaciones imaginarias sociales. Lo que implica que, desde las distinciones y definiciones dadas explícitamente por los discursos sociales, se procede a volver o, mejor aún, devolver las significaciones establecidas a lo magmático. Para ello se establecen nuevas relaciones basadas sobre las discontinuidades[2] escondidas que representan, a la vez, lo que esta dado y lo impensable. Así, la discontinuidad aparece como resultado de la consideración de la significación como acontecimiento disperso, fruto de decisiones, elaboraciones, iniciativas, accidentes, pero a la que se le han reducido, borrado, destacado sus límites para que aparezca inserta coherentemente en la continuidad de las significaciones y en la homogeneidad de las instituciones. Continuidad, coherencia y homogeneidad constituyen las notas características de la clausura simbólica de las significaciones instituidas. De ellas parte la interpretación para reintroducirlas en la incoherencia, la discontinuidad y la heterogeneidad del flujo incesante de lo imaginario social.

En la interpretación se procede, entonces, de la distinción instituida a la indistinción-fusión y a una nueva distinción, al modo de nueva articulación de sentido. Las discontinuidades de los acontecimientos, la incoherencia simbólica y la heterogeneidad radical son tanto claves del surgimiento del sentido como de su comprensión. Frente a la institución de la sociedad que procede de lo instituyente a lo instituido, la interpretación se orienta en la dirección contraria: de lo instituido a lo instituyente y vuelta a lo instituido con nuevas conexiones de sentido. La institución es instauración de una constelación de significaciones con coherencia y cierre por lo cual, toda interpretación es una reinterpretación, aunque para simplificar se siga utilizando el término “interpretación”.

En el camino de la interpretación se postulan los procesos que semiótica y psicoanálisis reivindican para la lectura de las significaciones: condensación, desplazamiento, deformaciones, negaciones, olvidos, repeticiones, separaciones, simbolizaciones, etc. Tienen particular importancia las dos primeras por constituir el modo de funcionamiento de las representaciones y los afectos. Se entiende por condensación la fusión de varias ideas latentes en una sola imagen manifiesta (cf. Roudinesco y Plon 1997:185). O dicho de otra manera, es la modalidad mediante la cual las representaciones se “superponen” y por la cual una representación acaba representando a varias. Por desplazamiento se concibe el deslizamiento asociativo que trasforma elementos importantes de un contenido latente en detalles secundarios de un contenido manifiesto (cf. ídem p.217). Es “la derivación de una representación a otra, y que tiene que ver con la carga que acompaña a cada representación, que va circulando entre representaciones, que se va derivando, desplazando” (Franco 2003:117). La metáfora y la metonimia son las figuras lingüística que las representan.

El análisis social busca a través de estos procesos “atender el destino de la espontaneidad humana” (Joas 1992:102). Destinos que según el psicoanálisis son: la sublimación, la represión, la trasformación en lo contrario o la vuelta sobre la propia sociedad (cf. Roudinesco y Plon 1997: 886).

El imaginario interpretado aparece como surgimiento no sólo heterogéneo, sino también conflictivo entre diferentes visiones, imágenes y significaciones. El imaginario interpretado descubre el imaginario materializado como un espacio agonístico en dos sentidos. En un sentido radical, combate del hombre con el “destino”, el “sin sentido” y lo ilimitado e infinito (apeiron, lo indeterminado). El imaginario aparece como testimonio de una historia que arrastra al hombre en su trágico camino por el universo. En un sentido derivado o segundo, no secundario, la lucha es pugna de los diferentes individuos, grupos, estratos, clases, sociedades y pueblos por el dominio y el poder. Donde el poder, entendido en un sentido amplio, se entiende como “la estructura más desconcertante de la existencia” (Ricoeur 1986:325), alrededor de la cual se organiza gran parte de la vida de la sociedad. La lucha por el poder estructura las significaciones imaginarias sociales en sus dimensiones ideológica y utópica. Concretamente significa que en la sociedad, entendida desde su dimensión temporal-histórica (entre la memoria y la esperanza), hay sueños cumplidos y sin cumplir, esperanzas realizadas y sin realizar, imágenes conocidas y escondidas, etc. que la interpretación debe tener en cuenta.

Lo imaginario implica heterogeneidad radical -discontinuidad de los acontecimientos e incoherencia de las significaciones- y lucha y conflicto -fruto de lo imponderable del destino, el sin sentido y del combate por el dominio-. En este sentido, es necesario, en primer lugar, proponer las “nuevas tecnologías” como significación imaginaria materializada -confundida- a fin de, en segundo lugar, volver -fundir- sobre lo imaginario social. Para ello, las consideraré desde una doble heterogeneidad: externa o derivada y radical.

Las “nuevas tecnologías” como heterogeneidad externa

En un primer nivel, la heterogeneidad de las “nuevas tecnologías” es “externa” o derivada, en tanto, son, como ya se ha dicho, conjunto heterogéneo de aparatos, instituciones y discursos.

Son “conjunto heterogéneo” porque implican reunión de lo diverso y distinto, es decir, son conglomerado: una “realidad” formada por fragmentos de múltiples materialidades unidas por la sociedad instituyente. Desde lo imaginario, las “nuevas tecnologías” aparecen aunadas y armonizadas como materialidad coherente, pensable, visible y enunciable. Lo que se piense, vea o diga, de y desde ellas, es esperable y “normal”, es decir, natural, obvio y evidente.

Se dice “fragmentos” porque los elementos que componen el conglomerado son partes rotas de otros conjuntos quebrados o partidos y reunidos por el cemento instituido. Las “nuevas tecnologías” constituyen fragmentos confundidos de aparatos, instituciones y discursos, más aún, de distintos aparatos, diversas instituciones y diferentes discursos.

Referido a los aparatos, “nuevas tecnologías” indica tres conjuntos de nuevas técnicas que resultan de la “integración” o “convergencia”[3] de técnicas anteriores y respecto de las cuales significan un avance muy importante en su efectividad. Aunque en esta investigación me refiero exclusivamente a las “tecnologías de la información y de la comunicación”, la expresión “nuevas tecnologías” incluye además, a las “tecnologías de los nuevos materiales”, y a la “biotecnología” y la genética[4]. Me interesa nombrarlas para destacar su presencia en la vida cotidiana y no su dimensión científica y técnica.

La investigación que originó las “nuevas tecnologías de los materiales” es visible en los materiales sintéticos (por ejemplo, en las telas de la ropa), en múltiples objetos de diversos plásticos, cerámicas y nuevas aleaciones metálicas (todos ellos utilizados en las diferentes piezas de automóviles) y, también, en el silicio (de los chips) y la fibra óptica (de las redes), entre otros muchos objetos. Las “nuevas tecnologías de la vida” se presentan en nuevas posibilidades genéticas de tratamientos y terapias, en técnicas de investigación (fundamentalmente médica y policial) a través del ADN, posibilidades (o no) de clonación, en recientes productos químicos, en estética corporal y en nuevos alimentos transgénicos, entre otros. Finalmente, las “nuevas tecnologías de la información y de la comunicación”, presentes en la vida cotidiana a través de variados artefactos tecnológicos digitales (televisión, radio, etc.), telefonía -móvil y fija-, informática, Internet, entre otros.

La mayoría de todos estos objetos han sido, y son, primero parte de los discursos narrativos del cine y la televisión y, luego, objetos de la vida diaria. Unas veces como parte de las historias contadas al modo de ciencia ficción, otras como estimulación de la imaginación a través de publicidades, reportajes, etc.

De estos conjuntos tecnológicos me interesan las “nuevas tecnologías en comunicación e información”, resultado de la convergencia de varias ramas técnicas: la informática (máquinas y software), la microelectrónica, las telecomunicaciones y los medios de comunicación y la optoelectrónica[5]. La informática entendida como técnica del tratamiento de datos o información, las telecomunicaciones referidas a las redes de comunicación, y los medios electrónicos a las tecnologías de transmisión y recepción de imágenes. La “convergencia” en las “nuevas tecnologías informáticas” implica un salto cualitativo en la electrónica, un avance importante en la capacidad, cuantitativa y cualitativa, de transmisión de las redes y, una creciente numerización o digitalización[6] de las tecnologías de la comunicación. La digitalización supone una trasformación íntima de las tecnologías de tal manera que debe hablarse de una “informatización de la técnica” (Mercier, Plassard, Scardigli 1984:24) y, más aún, de la ciencia. Ya que “la informática y las simulaciones constituyen las dos grandes novedades metodológicas del siglo XX, cuya irrupción, desarrollo y consolidación marcan el paso de la ciencia a la tecnociencia” (Echeverría 2003: 100). La informatización de la ciencia y de las tecnologías permite “un nuevo tipo de experimentación y predicción, que no es determinista sino probabilitaria” (ídem. p.102).

Además de conjunto de aparatos, las “nuevas tecnologías”[7] atañen a lo institucional, visible en las nuevas modalidades de producción y organización económica, en torno al sector de servicios, nuevos mercados, nuevas burocracias administrativas, nuevos modos de aprendizaje laboral y profesional, nuevas habilidades y conocimientos. En relación con el uso masivo de los aparatos, lo institucional implica nuevos sectores nacionales de desarrollo productivo y el uso de nuevos recursos y materias primas. En esta dimensión se debe hablar de informatización de la empresa y de la institución y, sobre todo, de “sociedad informacional” (Castells 1996:51).

Lo institucional tiene uno de sus aspectos más importantes en las características derivadas de la “revolución tecnocientífica” (Echeverría 2003). Como ya destaqué anteriormente, uno de los aspectos más relevantes de la tecnociencia, entre los que se encuentra el mundo de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información, es la conversión de la investigación en un sector productivo. Por ello, es necesario hablar no sólo de una industria tecnocientífica, sino de un nuevo mercado con nuevas modalidades de explotación y rentabilización del conocimiento. En este contexto no basta con producir conocimientos, es necesario venderlos y, por lo tanto, la gestión y el marketing forman parte de la tecnologías (cf. ídem pp. 67-70). Esto tiene importantes consecuencias en la dimensión discursiva de las “nuevas tecnologías” en tanto espacio de mediación entre los promotores tecnocientíficos y la sociedad.

Las “nuevas tecnologías” tienen un tercer componente: el conjunto de discursos “técnico-científicos” y “publicitarios” intrínsecos a la producción, circulación y consumo de los aparatos. Libros, revistas, artículos, publicidades y “eventos” se unen al conjunto de aparatos técnicos, prácticas y saberes específicos (en el sentido de know how). A ellas se agregan múltiples normativas, vigentes y en proyecto, de ámbitos municipales, regionales y nacionales e internacionales. Discursos políticos y empresariales tienen como objetivo permitir la comprensión, aceptación, uso y funcionamiento real de los aparatos tecnológicos en el presente de la vida cotidiana y en las estrategias de acción futura.

Este conjunto discursivo describe y explica las prácticas, mecanismos y usos -efectivos o posibles- destacando la simplificación y sencillez de su uso. También apela a comparaciones, gráficos, simulaciones, metáforas, etc. que apuntan, indudablemente, a la imaginación de los individuos y de la sociedad.

Los contenidos de estos discursos conforman un dominio materialmente extenso, cuyos límites podrían establecerse por las referencias explícitas a las “nuevas tecnologías” como sujeto gramatical y objeto de contenido. Este dominio distribuye los conocimientos explícitos sobre las tecnologías, según diferentes grados: desde los “especialistas expertos” a los diferentes tipos de “usuarios”. Por ello, se encontrarán publicaciones matrices que se multiplican por miles en textos vicarios. Sin embargo, los límites de lo explícito son difíciles de establecer porque una de las características de las “nuevas tecnologías de la comunicación” es su omnipresencia en el discurso público. A diferencia de técnicas anteriores, las “nuevas tecnologías” se insertan en una compleja red de discursos producidos por el aparato comunicacional que abarca periódicos, radios, televisiones, Internet, promociones, ferias, etc. regidos por una lógica publicitaria y de mercado.

Resumiendo: considero a las “nuevas tecnologías” como el conjunto heterogéneo o conglomerado de fragmentos confundidos en dos sentidos. El primero está constituido por los aparatos, las instituciones y los discursos. Hablar de conjunto significa que entre los diferentes componentes existe una relación que no se puede explicar por la sola funcionalidad. Se trata de un sistema complejo de partes que se requieren mutuamente para existir en razón de su institución social. La existencia de aparatos técnico-informáticos o comunicacionales es inconcebible, al menos tal como se los conoce en la actualidad, sin su relación con unas instituciones y discursos concretos. Esta mutua referencia e implicación de las diferentes dimensiones de las “nuevas tecnologías” conduce hacia las significaciones imaginarias sociales. En la interpretación me refiero a unos discursos y prácticas sociales concretas para conducirlos hacia el fondo magmático que hace posible la existencia social de las “nuevas tecnologías”. Por eso es necesario referirse a un segundo sentido: la heterogeneidad radical.

Las “nuevas tecnologías” como heterogeneidad radical

Las “nuevas tecnologías” son heterogéneas en cuanto constituyen una institución de lo imaginario social. Es decir, que más allá de la actividad consciente y planificada de institución, las “nuevas tecnologías” encuentran su fuente en lo imaginario social, desde el cual se entreteje una realidad económico-funcional, institucional y simbólica. La constitución de las “nuevas tecnologías” supone la sociedad instituyente de la cual son significación instituida. Por eso hablo de una heterogeneidad “interna” o “radical”, porque en ellas aparece la pertenencia al magma imaginario de la sociedad instituyente o imaginario social central. En este sentido, las tecnologías, en tanto instituidas, son obra materializada desde la creatividad histórico social, y son lo que son porque condensan unas significaciones imaginarias centrales para esa sociedad.

El surgimiento y materialización de aparatos, usos, significaciones e instituciones desde el magma de lo dado es un trabajo de la sociedad instituyente. Lo histórico-social reconoce en ese conjunto determinado -“nuevas tecnologías”-, un horizonte determinable e indeterminado definido por la sociedad y en la historia. Las “nuevas tecnologías” existen como significaciones imaginarias sociales en tanto son, ante todo, posibilidad infinita de determinación otorgada por lo histórico-social. Lo que implica que no puede darse de antemano un cierre o una clausura semiótica para las constelaciones de significaciones materializadas por una sociedad. Todo cierre semiótico de las significaciones supone una “clave de bóveda” que remite al magma de lo imaginario social. Por esta “clave de bóveda” toda significación imaginaria segunda, como las “nuevas tecnologías”, se mantiene unida vitalmente a las significaciones centrales de una sociedad.

La interpretación desde las significaciones imaginarias sociales no debería sostener una única clave, como “la” clave, porque supondría, para el analista, una exterioridad analítica y una visión inconcebible. El análisis social consiste en la elaboración de hipótesis plausibles y posibles de generar nuevas conexiones de significados. En consecuencia, el análisis de las significaciones imaginarias sociales es la postulación de nuevas significaciones imaginarias que permitan nuevas perspectivas de elucidación. La interpretación implica nuevas conexiones de sentido, relaciones diferentes de los individuos con el acontecimiento histórico-social, y de la sociedad con lo histórico-individual que la atraviesa. Una relación entre individuo e histórico-social que pueda marcar la diferencia entre la alienación y la autonomía creativa, entre el mantenimiento de un orden social injusto y el cambio de la sociedad.

Las “nuevas tecnologías”, en tanto significaciones imaginarias sociales segundas, son socializadoras de los seres humanos, y un polo de identificación colectiva. Como polo de la identidad colectiva contemporánea constituyen una matriz de estructuración de representaciones sociales, de designación de finalidades de la acción y de establecimiento de afectos. En ellas se materializan las significaciones centrales constituyendo la identidad de los seres humanos según diferentes tipos antropológicos (como, por ejemplo, el “enterpreneur”; cf. Castoriadis 1999a).

Las “nuevas tecnologías” constituyen el núcleo del imaginario tecnocomunicacional. Su posición nuclear deviene de las significaciones centrales desde las que se constituye en la modernidad -la sociedad como autoinstitución, la racionalidad como racionalidad instrumental de dominio y la temporalidad como progreso- y en la sociedad contemporánea –tecnologismo, desideologización, pancomunicación, orientación al futuro, riesgo-. La técnica moderna inspirada en el control y dominio de la naturaleza (Bacon) se transforma en la tecnología o tecnociencia en control y dominio de la sociedad (cf. Echeverría 2003).

La técnica moderna, considerada en su dimensión productiva, encarnó una serie de nuevos valores e ideas que se condensaron, como ya lo comentaré, en torno a la “luz de la razón” y a la voluntad fáustica del hombre. Ciencia y técnica emergieron como “desprendimiento” y “distancia” sobre el fondo de oscuridad de la astrología, la alquimia, la magia, llevándose la antorcha de luz hacia el progreso. La técnica moderna evolucionó en el siglo XX hacia la tecnociencia o tecnología en la que es esencial su dimensión de promoción y consumo. En ella el “fondo de oscuridad” de la técnica moderna sigue funcionando como espacio de creencias e imágenes contra el cual se proyectan las concepciones y metáforas a través de las que se promueven las “nuevas tecnologías”. A pesar de las estrategias “conscientes” y “racionales” de la publicidad y el marketing se encuentran, bajo nuevas apariencias, las mismas matrices simbólicas.

Creo necesario pensar desde este fondo magmático y epistémico para poder comprender más acabadamente las tecnologías en su funcionamiento significativo social. No me interesa la causalidad de antecedentes y consecuentes históricos de las relaciones afirmadas, ni una historia de las técnicas científicas, sino su significación para la sociedad. En un momento de la sociedad una serie de creencias sociales hicieron posible el funcionamiento de la magia, la alquimia y la astrología. Visto desde la actualidad, aquellas significaciones y creencias aparecen como irracionales; sin embargo, ese funcionamiento simbólico constituye la matriz imaginaria desde la cual hoy se postulan y circulan las significaciones sociales de las “nuevas tecnologías”. En este sentido, la heterogeneidad radical conduce el análisis a lo que supuestamente no cuenta por irracional, por incoherente, por oscuro, por impronunciable.

Por ello, me interesa adentrarme en las significaciones imaginarias materializadas en las “nuevas tecnologías” como significación que encarna lo imaginario social contemporáneo y que da vida a unos tipos de seres humanos y aparatos que, de otra manera, no existirían. Preguntaré: ¿Por qué se utilizan unos particulares símbolos y no otros? ¿Cuáles son los significados que se transmiten? ¿Qué se dice cuando se afirma como identidad somos-estamos en la “sociedad de la información”? Para buscar una respuesta es necesario centrarse en algunas de las materialidades que soportan las significaciones y que les permiten existir en su particular modo de ser y en su funcionamiento significativo. Las materializaciones son, evidentemente, los propios aparatos, las instituciones y los discursos.

2.- DISCURSO, HETEROGENEIDAD Y “NUEVAS TECNOLOGÍAS”

Las “nuevas tecnologías” son un conjunto heterogéneo de aparatos, instituciones y discursos que constituyen el núcleo del imaginario tecnocomunicacional contemporáneo. Esta definición abre múltiples maneras de abordar su estudio y análisis. Aquí entraré a las “nuevas tecnologías” a través de la red discursiva formada por algunos medios impresos de comunicación y las estrategias de promoción de las empresas. Fundamentalmente porque, como ya he destacado, las “nuevas tecnologías” en su condición de tecnociencia tienen un rasgo distintivo fundamental: el ser un producto de mercado, financiado y gestionado por empresas privadas en donde el marketing y la publicidad son elementos esenciales.

En los productos de las estrategias de promoción se pueden encontrar las “respuestas” de las empresas a los miedos y esperanzas sociales auscultadas previamente por técnicas especiales. Las estrategias de promoción responden desde el imaginario empresarial al imaginario percibido de la sociedad. Esta comunicación asimétrica constituye un importante espacio de registro de lo imaginario social por lo que se dice y lo que se calla, lo que se muestra y lo que se esconde, lo que se recuerda y lo que se olvida, lo que se invoca y lo que se revoca, lo que se propone y lo que se supone.

En los textos se pueden encontrar las marcas de las estrategias empresariales -planificadas, conscientes, racionales- desbordadas por lo no planificado, lo incoherente, lo irracional, lo azaroso, en definitiva, lo rebasante de los miedos, esperanzas y apuestas de los diferentes actores. El análisis de los discursos permitirá interpretar algunas de las significaciones imaginarias sociales de las “nuevas tecnologías” y, a través de ellas, se podrán proponer algunos modelos y matrices imaginarios que funcionan como sus condiciones de posibilidad y de representación.

Discurso y heterogeneidad

El análisis propuesto se realizará sobre y desde los discursos que preparan la aparición de aparatos tecnológicos y los que acompañan su circulación. Como ya destaqué, el análisis o interpretación es una modalidad del pensamiento en la que se sigue el camino abierto por los textos y transitados por el sentido. Hipotéticamente esta operación debería tener en cuenta un conjunto heterogéneo compuesto por publicidad, campañas de marketing, operaciones de prensa, declaraciones políticas, cine, publicidad, informativos, suplementos especiales de medios de comunicación, ferias y exposiciones, carteles, prospectos de productos, reglas de usos, libros, proyectos de ley, folletos educativos, etc. Un conjunto planificado y organizado en su producción y que debería ser pensado de acuerdo a criterios de dispersión y rupturas (“no importa la supuesta no relación previa”, “todo puede tener que ver con todo”) para reorganizarlos e interpretarlo desde sus límites. Para decirlo con palabras de Umberto Eco: “desde un determinado punto de vista cualquier cosa tiene relaciones de analogía, continuidad y semejanza con cualquier otra” (Eco 1990:62. Cursivas en el original).

La elección de los discursos puede estructurarse en función de los diferentes actores a los que se les atribuye. Actores que han definido, y definen, activamente el imaginario efectivo de las “nuevas tecnologías”: los creadores, los promotores y los divulgadores. Los creadores son los inventores de las tecnologías y de sus diferentes convergencias. Un colectivo de técnicos que no sólo han realizado aparatos y programas si no que, además, han creado un lenguaje y unas metáforas con las que han delineado algunos de sus principales usos. Un segundo grupo de actores está formado por los promotores, empresarios y políticos, que con sus acciones corporativas, políticas y legales, fomentan la fabricación e introducción de las tecnologías en diferentes ámbitos sociales. Finalmente, los divulgadores son un grupo de actores que, por encargo de promotores o por su función de comunicador, realizan la publicación, el hacer público, de las tecnologías imaginando usos y resultados. Hay otro tipo de divulgadores, los llamados “gurúes”, compuesto por profesionales de la prospectiva al servicio de una definición de escenarios futuros que sirvan, fundamentalmente, para la acción de las empresas. Estas tres categorías de actores -creadores, promotores y divulgadores- se relacionan profundamente entre sí y en algunos casos es difícil diferenciarlos. De acuerdo con la perspectiva de esta investigación lo importante no es distinguirlos en tanto actores empíricos diferentes, sino como funciones inscritas en la materialidad de los discursos.

Hablaré entonces de las “nuevas tecnologías” como significaciones imaginarias que son, a su vez, el núcleo del imaginario tecnocomunicacional contemporáneo tal como es definido desde los discursos promotores y divulgadores. Quedan fuera de este estudio el imaginario de los creadores, empresariales y gubernamentales[8], y el imaginario de la recepción y consumo, es decir, de lo que piensa, dice, imagina el público en torno a las “nuevas tecnologías”.

En los discursos de los medios de comunicación y el marketing se encuentran las representaciones que estructuran, explícita e implícitamente, las creencias en torno a las “nuevas tecnologías”. De manera que los medios son vistos como productores de realidad social y, por lo tanto, como fuente de legitimación e identidad. El conjunto discursivo será considerado como una red compleja, organizada y reorganizable, de múltiples referencias y reenvíos. La interpretación que aquí se realiza no es una “exégesis” de textos, si no una comprensión de acuerdo con el imaginario tecnocomunicacional contemporáneo. Por ello, no definiré un “corpus”[9] en un sentido estricto porque esta noción no da cuenta de la transversalidad de las “nuevas tecnologías” en el panorama discursivo.

La década de los noventa constituye un espacio privilegiado para el análisis de cómo una sociedad construye su propio imaginario instituyendo nuevas significaciones desde el magma histórico-social. Aunque desde cuatro décadas antes ya se hablaba de “nuevas tecnologías”, es en ésta década cuando explosiona su presencia en la sociedad. Sea por su “novedad” de objetos técnicos como por su impulso y concreción de un nuevo sector de la economía, las “nuevas tecnologías” se convirtieron en el centro de los sueños y esperanzas de la sociedad y de sus individuos. Fue la década donde la figura entrepreneur tomó el relevo del yuppi entendido como un individuo destacado, no tanto por su trabajo y disciplina, como por su capacidad de observación de la “oportunidad” y de los movimientos bursátiles de la “nueva economía”.

La década de los noventa está delimitada por dos grandes acontecimientos políticos. Su inicio está marcado por la caída del muro del Berlín en 1989 y la desaparición de la Unión Soviética en 1991; su final, por la caída de los valores tecnológicos en la primavera del hemisferio norte de 2000 y los episodios del 11 de septiembre de 2001. En el centro, 1994 y 1995, la explosión comercial de Internet y el posterior auge de las empresas “punto com”, verdaderas símbolos de la “nueva economía”. Los noventa son el período donde se materializa la confianza en que la sola presencia de los objetos neotecnológicos inaugura una nueva época. En esta interpretación me centraré en textos que circularon y tuvieron amplia difusión en español entre finales de 1994 y el 2001. Entre lo que se podría llamar el surgimiento y la caída de las nuevas tecnologías. Además tendré en cuenta publicaciones en español del año 2003 y 2004 con los que verificaré las conclusiones a las que he llegado.

Las “nuevas tecnologías” como nombre propio

¿Qué hay de nuevo en las “nuevas tecnologías”? Castells, después de un análisis de tres volúmenes, responde:

“Los chips y los ordenadores son nuevos; las telecomunicaciones ubicuas y móviles son nuevas; la ingeniería genética es nueva; los mercados financieros globales, integrados electrónicamente, que operan en tiempo real, son nuevos; y la economía capitalista interconectada que abarca todo el planeta y no sólo algunos de sus segmentos es nueva; la ocupación de la mayoría de la mano de obra urbana en el procesamiento del conocimiento y la información en las economías avanzadas es nueva; una mayoría de población urbana en el planeta es nueva; la desaparición del imperio soviético y del comunismo, así como el fin de la guerra fría son nuevos; el ascenso del Pacífico asiático como socio paritario en la economía global es nuevo; el desafío general del patriarcado es nuevo; la conciencia universal sobre la conservación ecológica es nueva; y el surgimiento de una sociedad red, basada en un espacio de los flujos y en un tiempo atemporal, es nuevo en la historia” (Castells 1998:387 nota 1).

Pero, como el propio autor señala, no es esto lo que se debe destacar. Lo que realmente importa en el análisis es la capacidad simbólica de la “tecnología” para ser invocada como siempre-nueva dando origen a una “sociedad nueva” (del conocimiento, de la información, digital, etc.). Existe un consenso muy amplio y fundamentado acerca de que “la revolución en la tecnología de la información indujo la aparición del informacionalismo como cimiento material de la nueva sociedad” (ídem p.388. cf. Nora-Minc 1978; Mercier-Plassard-Scardigli 1984; Beck 1986; Queraltó 1993 y 2003; Rifkin 2000; entre otros). También es cierto que

“la exageración profética y la manipulación ideológica que caracteriza a la mayoría de los discursos sobre la revolución de la tecnología de la información no deben llevarnos a menospreciar su verdadero significado fundamental” (Castells 1996:60).

Sin embargo, lo decisivo del presente análisis no es la verdad o la falsedad ontológica de los acontecimientos[10], sino su funcionamiento significativo social y, por tanto, su verdad pragmática. Lo que se señala en nombre de las “nuevas tecnologías” es verdad porque funciona, porque da una visión de mundo, incita a la acción, da motivos para la esperanza y alimenta sueños colectivos, determina afectos y se convierte en objeto de deseo. Permítase una comparación: cuando un niño se despierta inquieto de una pesadilla se le acostumbra decir, “tranquilo no es nada más que un sueño”. Pero ante los “sueños” de la sociedad contemporánea no puede decirse “no es nada más que”. Se debe decir: “es un sueño” y, por eso, nada de tranquilidad porque su importancia es vital.

En este sentido, la pregunta por la expresión “nuevas tecnologías” es una interrogación acerca de su funcionamiento discursivo. Por ello, lo he utilizado como criterio de lectura del material en el que fundamento mi interpretación. He seleccionado discursos con referencia explícita a las “nuevas tecnologías” como sujeto u objeto de la construcción enunciativa. Y la primera constatación se refiere al nombre/expresión “nuevas tecnologías” como un nombre vacío aplicable, y en el que caben diferentes objetos y realidades.

Se habla de “nuevas tecnologías de la comunicación” desde hace varias décadas para hacer referencia sucesiva a aparatos muy distintos como el vídeo, la televisión por cable, teléfonos móviles, etc. Hoy la expresión “nuevas tecnologías de la información” designa, fundamental pero no exclusivamente, a diferentes ordenadores, chips e Internet. En las Ferias Tecnológicas (como, por ejemplo, las Ferias de Nuevas Tecnologías de Madrid, SIMO) el sector de las “nuevas tecnologías de la comunicación” muestra teléfonos con múltiples prestaciones, móviles, interconexiones visuales y auditivas por red, Internet. En el sector de “nuevas tecnologías de la información” se muestran hardware, software, ordenadores, redes informáticas, cámaras fotográficas. Que la expresión “nuevas tecnologías” se predique de “la comunicación” o de “la información” es una cuestión “pedagógica” para que la industria muestre (“venda”) claramente sus productos. Esta distinción no debe ocultar que la base técnica compartida por todos estos aparatos es la digitalización convergente de las tecnologías.

La idea de “lo nuevo” es antigua. En el siglo XVII “el concepto novus aparece de forma casi obsesiva en los títulos de cientos de libros científicos” (Rossi citado en Fischer 2001:55). La conciencia de lo nuevo, lo lumínico y lo moderno unía la mentalidad con que los científicos y filósofos pensaban su quehacer y su sociedad. Esta conciencia se identificó con el progreso como temporalidad propia de la “nueva” y “luminosa” sociedad frente a la “antigüedad” clásica y la medieval “oscuridad”.

Como ya destaqué, la temporalidad como “lo que es más nuevo no cambia” conduce a la significación imaginaria de un “tiempo homogéneo y vacío”. Una temporalidad cuantitativa de los relojes frente al cual los calendarios y las fiestas suponen y dan lugar al “tiempo-ahora” del acontecimiento. Un presente único e irrepetible que no es transición, sino “conciencia de estar haciendo saltar el continuum de la historia” (Benjamin 1940:187-191). El “tiempo-ahora” benjaminiano que lejos de ser tiempo homogéneo y vacío es el tiempo-abertura, la pequeña puerta por la que puede entrar el Mesías, El Acontecimiento. La temporalidad del progreso, por el contrario, es para Benjamin, el huracán que arrastra irremediablemente al Angelus Novus de Klee de espaldas hacia el futuro, con una mirada de horror por lo que ve (ídem p.183). La novedad de la moda como “retorno de lo nuevo, en la forma de la producción masiva del ‘siempre lo mismo’” (Benjamin citado en Buck-Morss 1989: 403) es el tiempo moderno de la repetición, lo opuesto del tiempo acontecimiento. Las promesas realizadas en nombre de las “nuevas tecnologías” remiten a la “salvación” de un tiempo cuantificado, vacío y homogéneo en el que el mañana es mejor por ser “más” que el hoy. La separación entre la novedad como repetición y lo nuevo como acontecimiento permite la aparición de un futuro como promesa. En él experiencia y expectativa aparecen unidas como momentos de un continuum temporal garantizados por la tecnología.

Si esto parece verdad en la promoción y circulación de las “nuevas tecnologías”, no lo es menos en su aspecto productivo. Lo nuevo de los aparatos remite a lo mismo de la lógica que utilizan desde sus inicios. De modo que las “nuevas tecnologías”, en tanto se refieren a los ordenadores, implican una gran “transformación técnica” y una “inmutabilidad lógica”:

“Mientras que las computadoras de la década de 1950, que eran mastodontes que ocupaban toda una habitación, han ido evolucionando hasta convertirse en las pequeñas y potentes máquinas de hoy día que realizan una apabullante variedad de tareas, la lógica que subyace a ellas ha permanecido inalterada” (Davis 2000:11).

Si “lo nuevo” no es lo mismo que la “novedad”, la “tecnología” no expresa sólo un “saber acerca de” o “técnica científica”, sino también el sentido de la técnica (cf. Sfez 1988-92: 36-38). El logos de la tecnología representa un saber derivado que hace posible la ciencia (tecnociencia), pero, más aún, el logos significa el “sentido” de la técnica. Por ello, “tecnología”[11], significa aquí, lo que se estudia (la tecnociencia, en tanto presente en los discursos) como materialización del sentido de la técnica actual. El análisis de los significados de las técnicas actuales (tecnociencia) lo muestran como sentido social hecho “realidad material”.

“Lo nuevo” de las “nuevas tecnologías” se predica de todo: de las propias tecnologías, de las personas que están cerca de ellas, del momento que se vive, de las aplicaciones a la empresa e instituciones. “Lo nuevo” fundamenta la novedad del momento histórico calificado como “era” (de la información, digital). Así el momento presente aparece como un período histórico de gran innovación tecnológica (visible en los aparatos que se promociona) y, por ello, se deduce sin más, innovación radical en los ámbitos cultural y social. Por ello, los humanos se definen como pertenecientes a una nueva “generación” (“digital”, “wap”, etc.) y los sujetos como “nuevos” (“jóvenes”, “mujeres”). Estas “novedades” justifican la proliferación de la idea de una sociedad cuyo cambio es tenido en cuenta como “revolución”. Los ejemplos de estas ideas de “lo nuevo” son incontables y siempre se refieren a lo objetos o prácticas que sustituyen a las anteriores. Hoy -el presente de los textos- puede mostrarse un ordenador como nuevo, mañana se promocionará el siguiente modelo como otra vez nuevo.

“Nuevo IBM PS/1 Media Exploration System. Enciende el nuevo IBM PS/1 Media Exploration System y en cinco minutos descubrirás un nuevo universo (...)
Características: Procesador i486 DX a 33 MHz. Disco duro de 170 MB. 4MB de RAM. Tarjeta de sonido SoundBlaster de 16 bits.
(...) además de un completo apoyo de Software precargado: DOS 6.0; Windows 3.1; Works; Photo Galery” (Publicidad de IBM en los medios nacionales de España en abril de 1994)
[12].

Poco tiempo después estas “nuevas” características pueden ser motivo de risa y, sin embargo, dada la aceleración tecnológica las novedades son cada día más obsoletas en menos tiempo. Otras novedades simplemente desaparecen del mercado sin que nadie lo note:

“Nuevos portátiles Olivetti Philos. Para gente que trabaja. En cualquier parte” (Publicidad de Olivetti en medios nacionales españoles en abril de 2000).

En general, todos los productos técnicos, dadas algunas de sus características particulares, se presentan como “el primero”. También una “lavadora inteligente” es “nueva tecnología”:

“Presentamos la primera lavadora que sabe lo que vale una gota de agua. La nuevas lavadoras Electrolux ajustan el nivel de agua en función de la carga...” (Publicidad de Electrolux en medios nacionales españoles en abril de 2000).

Los suplementos de Negocios de los periódicos son un buen lugar donde encontrar afirmaciones sobre lo “nuevo”.

“Estamos construyendo la nueva Internet” (Publicidad de Nortel Networks, El País, 24 de septiembre de 2000, suplemento de Negocios p.11).

Al mes siguiente la misma empresa anuncia:

“El nuevo Internet. Bienvenido al foro más apasionante del mundo para el intercambio de información. Bienvenido a un grupo de millones de personas donde el sol nunca se pone para la innovación. Nortel Networks lo esta construyendo ahora mismo” (Publicidad de Nortel Networks, El País, 24 de septiembre de 2000, suplemento de Negocios p.77).

Otra empresa solicita nuevos puestos de trabajo y ofrece:

“Nuevos horizontes. Nuevos modelos de gestión. Innovar es la clave del éxito.” (Publicidad de Andersen Consulting en diarios nacionales de España en septiembre de 2000).

La novedad y lo nuevo, tienen en la “innovación” su imperio, que como el antiguo reino español es tan inmenso que “el sol nunca se pone”. Como ya destaqué, lejos de ser metafórico constituye el modo de trabajar de múltiples empresas del entretenimiento con las jornadas laborales de 24 horas alternando tres centros de trabajo (EEUU, Reino Unido, Japón).

La referencia de los anuncios laborales a las “nuevas tecnologías” es indudable y omnipresente. En otro de similar características al anterior se solicita

“Área de Técnico de Sistemas. Para mantener constante la innovación y aplicar nuestra experiencia tecnológica en grandes organizaciones...” (Ibídem).

Y las titulaciones y las habilidades que se piden no dejan lugar a dudas sobre su referencia a las “nuevas tecnologías” informáticas y de gestión.

En esos momentos, primer semestre de 2000, se estaba analizando la crisis de la “nueva economía” y los suplementos de Negocios de España se hacían eco de las publicaciones norteamericanas[13], por ejemplo, citando la revista Time del 23 de octubre de 2000:

“Y si la Nueva Economía está retrocediendo, ¿qué será de la expansión económica que ya está empezando a desgastarse, tras una década de desarrollo sin precedentes? (...) La Nueva Economía no es más que un término que designa la infraestructura básica que permite a las compañías y los consumidores comprar y trabajar a la velocidad de Internet alrededor del mundo” (La Gaceta de los Negocios, 22 de octubre de 2000, p. 2).

La llamada “Nueva Economía” ocupa un lugar especial, tiene nombre propio (se escribe con mayúscula) y requiere nuevas actitudes y habilidades. Por ello, en las páginas de Formación también abundan los ejemplos:

“Aprenderás a dominar la nueva economía” (Publicidad de Universidad San Pablo-Ceu en El País, 24 de septiembre de 2000, suplemento de Negocios, ídem p.40).

A pesar de que la crisis de las “nuevas tecnologías” constituyó una auténtica crisis de “lo nuevo”, la novedad siempre tiene posibilidades de seguir siendo nueva. Como afirma un titular publicitario de un proveedor de “soluciones e-business”:

“Presentamos las soluciones para la nueva ‘nueva economía’ (la rentable)” (Cursivas en el original).

Y el texto aclara:

“La promesa del e-business es tan sólida hoy como lo fue en el momento en que se proclamó la ‘nueva economía’. Algunas cosas se consideraron pasadas de moda, como la planificación, la infraestructura e incluso la rentabilidad, resurgen con fuerza. Bienvenido a la nueva ‘nueva economía’ (...) ¡La ‘nueva economía’ ha muerto! ¡Llegó la nueva ‘nueva economía’!” (Anuncio publicitario de la empresa SAP en los periódicos nacionales españoles del 29 de octubre de 2000).

Lo nuevo es siempre nuevo, su “aparente” envejecimiento, crisis, desaparición, etc. es, en realidad, posibilidad de surgimiento de otra novedad. “Lo nuevo” es un valor incuestionable que hace bueno, por sí mismo, los objetos, las prácticas, las instituciones. Novedad y bondad son, en este sentido, sinónimos.

“Lo nuevo” de las “nuevas tecnologías” y el “futuro”

La importancia de “lo nuevo” conduce a pensar la cuestión de la temporalidad de las “nuevas tecnologías” como “futuro”. Ya destaqué la relación entre la técnica y el futuro. Afirmé que la técnica aparece indisolublemente articulada a una idea de futuro, tanto para los individuos como para la sociedad. En este sentido, las “nuevas tecnologías” se presentan inextricablemente unidas a la idea de futuro tanto personal -esperanzas, promesas- como social -progreso/desarrollo-. Por ello, desde las significaciones imaginarias, las temporalidades sociales constituyen una encrucijada importante para pensar las “nuevas tecnologías”.

Las significaciones del tiempo pueden ser entendidas como producto de la distinción entre las dimensiones funcional y simbólica del tiempo. En relación con ello, ya señalé los dos sentidos del verbo “contar”: “contar números” y “contar historias”. La dimensión funcional puede entenderse como “numerar” o “contabilizar” y la dimensión simbólica como “contar” en el sentido de “narrar”. En este segundo sentido se constata que el problema del tiempo se entrelaza con el problema de las significaciones y el sentido de la historia. En este contexto, destaqué la temporalidad del “progreso” y sus avatares como “desarrollo”.

La temporalidad social es un complejo de significaciones que incluye diferentes maneras de medición del tiempo como calendarios y relojes, distintas vivencias colectivas como fiestas y ritmos, y diferentes concepciones como edades míticas, escatología, decadencia. Es posible hablar, entonces, de diferentes temporalidades en relación con un conjunto de mediciones cuantitativas y cualitativas, diferentes concepciones y distintas vivencias colectivas del habitar. Será necesario tener en cuenta lo ya dicho sobre la “prefiguración de las máquinas” y señalar el papel del calendario en las diferentes culturas a fin de mostrar su relación en la comprensión de las “nuevas tecnologías”.

a.- Las “nuevas tecnologías”, el calendario y la temporalidad

En la medición del tiempo existen dos sistemas. El primero es el reloj, que es el más abstracto e instituye “la hora” como medida. Y un segundo sistema, el calendario, ligado a la organización cósmica cuya unidad mínima es “el día”. El calendario está sujeto a los ritmos del universo, pero su tiempo es, sin duda, social. Cada sociedad recibe, mensura y transforma el calendario según sus propias estructuras institucionales y políticas, sus sistemas económico y cultural, y sus instrumentos tecnológicos y científicos. Sin embargo, de todas ellas es la organización religiosa del tiempo la que constituye el corazón de los diferentes calendarios.

Hubert analiza en su famoso estudio sobre las representaciones del tiempo en la religión (cf. Hubert 1909) algunas de las características del tiempo religioso: “Las fechas críticas interrumpen la continuidad del tiempo” (...) “El tiempo en el que transcurren las cosas mágicas y religiosas es discontinuo: en su transcurso hay bruscas interrupciones” (ídem p.8). “Los intervalos comprendidos entre dos fechas críticas asociadas son, cada uno para sí, continuos e indivisibles” (ídem p.9). “Las fechas críticas son equivalentes a los intervalos que las limitan” (ídem p.11). “Las partes semejantes son equivalentes” (ídem p.13). “Duraciones cuantitativamente desiguales son igualadas y duraciones iguales son desigualadas” (ídem p.15. Cursivas en el original). Estas características del calendario llevan al autor a destacar que el tiempo para la magia y la religión

“no es una cantidad, homogénea en todas sus partes, siempre comparable a sí misma y exactamente medible (...) Las unidades de tiempo no son unidades de medida, sino las unidades de un ritmo en el que la alternancia de las diversidades conduce periódicamente a lo semejante” (ídem p.16).

La concepción religiosa del tiempo no se refiere a cantidades definidas por su dimensión y su posición relativa, si no a un entorno dotado de cualidades reales y efectivas en la medida que irrumpen en la vida colectiva. Para Hubert, las significaciones cualitativas del tiempo están formadas por convenciones que se establecen “entre los fenómenos que en él transcurren y, por abstracción, al mismo tiempo, relaciones de causa y efecto, las cuales son, en última instancia, relaciones de identidad” (ídem p:28). Por ello, los calendarios no tienen como única ni principal función medir (“numerar”) el paso de un tiempo entendido como cantidad, sino expresar el ritmo de la vida social.

“La institución de calendarios no tiene por finalidad única, ni, sin duda, por finalidad principal, la medición del paso del tiempo considerado como cantidad. Procede no de la idea de un tiempo puramente cuantitativo, sino de la idea de un tiempo cualitativo, compuesto de partes discontinuas, heterogéneas y que vuelve continuamente sobre sí mismo” (ídem p.33).

Por ello, para Hubert el tiempo objetivo, cuantitativo y abstracto es el producto de un trabajo de abstracción del tiempo cualitativo religioso. En este sentido, el tiempo, el ritmo y el espacio presentarían una evolución similar entendida como proceso general de abstracción (cf. por ejemplo, para el tiempo, Barnett 1998; Ramos Torre 1992; para el espacio, Kula 1970; Alder 2002, entre otros).

El calendario, en tanto institución de la sociedad, supone una relación con el control social del tiempo. Según los diversos sistemas socioeconómicos, el calendario permitía el cobro del impuesto (en el poder estatal) y los censos (en el poder feudal). El propio nombre de calendario deriva de calendarium, que quiere decir “libro de cuentas”, porque los intereses de los préstamos se pagaban en los calendae, el primer día de la semana (cf. Le Goff 1977:192). Y por ello, la historia de los calendarios es también la historia de sus relaciones con el poder. Piénsese, por ejemplo, en la reforma del calendario romano por Julio César, la reforma gregoriana para la unificación de los diversos calendarios que convivían en la edad media, o la fracasada reforma de los revolucionarios franceses[14]. Cada una de ellas contribuyó a una organización social diferente. Se tiene así el calendario cristiano cuyo “término fijo” (cf. Sorokin y Merton en Ramos Torre p.81) es el nacimiento de Cristo y desde el que se cuentan 2005 años. El calendario judío contabilizado desde la creación del mundo hace 5765 años. El calendario musulmán cuenta 1425 años desde que Mahoma huyó de la Meca en dirección a Medina. El calendario budista, aunque sin una tradición única, contabiliza 2548 desde la muerte de Buda. El chino, instituido por el “emperador amarillo”, Huang Di, contabiliza 4703 años. Hay otros muchos calendarios, como el hindú o el maya por ejemplo, pero es el cristiano el más aceptado universalmente por los estados contemporáneos.

Unida al aspecto anterior se encuentra otra función esencial de los calendarios, la de medir las relaciones entre trabajo y tiempo libre: el tiempo regular del trabajo y el circular del tiempo libre. La invención de la semana, por ejemplo, implica el descubrimiento de un ritmo de este tipo, pero también la organización del año con relación a los ritmos de la naturaleza y los trabajos propicios en cada estación.

Los calendarios modernos, basados en el gregoriano[15], se han cubierto de ritmos relacionados con el sistema productivo. La organización de tiempos de trabajo y tiempo libre es fruto de una lucha social por la liberación progresiva de tiempo a favor del tiempo libre semanal y anual. A su vez, condujo a una mercantilización mayor del tiempo libre como turismo (las empresas turísticas poseen un calendario propio de tiempos libres en el que se adaptan las diferentes épocas del año y de la semanas a distintas edades y niveles económicos) y, sobre todo, como espacio para la industria de la comunicación y el entretenimiento. Las “nuevas tecnologías” se han insertado tanto en los tiempos de trabajo, acelerando los procesos y aumentando notablemente la productividad, como en el tiempo libre cualificándolo de manera diferente. El impacto en ambos tiempos es fundamental.

Así en el uso de las “nuevas tecnologías” se consagran algunas significaciones como producto del impacto de las experiencias y prácticas generadas en su utilización.

1.- La idea de una “respuesta inmediata” e “instantaneidad de las comunicaciones” se ha naturalizado como una evidencia en las prácticas de comunicación de las empresas[16], en la política y entre los individuos. El sistema de telefonía móvil celular y los intercambios a través de Internet e intranet, por ejemplo, promueven la conciencia de la necesidad de responder inmediatamente a todo tipo de mensajes. La inmediatez adquiere además la forma de la instantaneidad, convirtiendo la respuesta en una forma de reacción refleja.

En las estrategias de comunicación empresarial la mediación tecnológica hace más eficiente las relaciones entre los miembros de una empresa y, por ello, los contactos físicos se reservan para momentos determinados. Una experiencia similar ocurre con los medios de comunicación que producen un acercamiento de los lejanos físicamente (los que viven en otras latitudes) y un alejamiento de los cercanos (los que viven en la misma ciudad), con la consecuente redefinición de los lazos sociales.

2.- La aceleración de los procesos es otro impacto evidente. La aceleración de la vida cotidiana impuesta por los ritmos laborales y urbanos encuentra en las “nuevas tecnologías” un factor a su servicio. Como afirma Charles Wang de Computer Associates:

“si no puedes moverte a la velocidad Web, estás fuera del negocio. Si empiezas a pensarlo todo... es tarde” (citado en Revista Ciberpaís, España, número 3, año 2000, p.59).

Las “nuevas tecnologías” aceleran y mejoran el rendimiento y como consecuencia, la idea y experiencia de velocidad lo inunda todo (cf. Virilio 1995 y 1997). La aceleración y la velocidad tienen el efecto paradójico de crear impaciencia como una característica de la sociedad.

3.- Otra tendencia es la de incorporar las “nuevas tecnologías”, es decir, hacerlas, literalmente, cuerpo. La incorporación de las “nuevas tecnologías” es fruto, entre otras cosas, de la consigna del sector: más sencillo, más pequeño, más rápido, más barato (cf. Steve Case en Revista El País Semanal, 21 de marzo de 1999, pp. 24-36; Negroponte 1995:97) que puede observarse en la evolución de todos los artefactos neotecnológicos.

Un ejemplo extremo lo ofrece la nanotecnología[17] con sus investigaciones tecnológicas de la estructura atómica y molecular. Una de las consecuencias lo representa la consigna: más transportable y más pegado al cuerpo como extremidad u órgano vital. Ya desde la moda de principio de siglo pasado, con la modelación del cuerpo por la presión, de lo que el corsé es el mejor ejemplo, a la moda de comienzo de este siglo que tiende a la inspiración de los cuerpos por la prótesis interna, el ejemplo más explícito son las prótesis de silicona. Otro ejemplo: la “píldora-vídeo” que, a semejanza del film Viaje fantástico (1966) basado en la ficción de Otto Clement y Lewis Bixby, puede recorrer el intestino y emitir imágenes de su interior hasta que se le acabe la pila o sea expulsado. Sin embargo, la incorporación de las “nuevas tecnologías” tiene su punto más soñado e imaginado en los llamados cyborg (cf. Yehya 2001), de los que el cine y la realidad ofrecen múltiples ejemplos (cf. Suplemento Domingo de El País, 16 de enero 2000 pp.1-3; Catherine Arnst en Business Week traducido en Revista Dinero, Año XXV, Número 923, octubre de 2003, pp.74-75). Un caso famoso es el del cantante Stevie Wonder con su implante para los ojos (cf. El País, 4 de diciembre de 1999, p. 38).

Junto a los calendarios existe otro instrumento de medición que ya he destacado en el capítulo anterior: el reloj. Su progresiva precisión significó un aumento en la consideración del tiempo como valor medible y calculable. Lo que se resume en la consigna: “el tiempo es dinero”. Con la medición del tiempo se llegó a su recuento y racionamiento y, a medida que las ideas del universo se mecanizaron, el reloj coordinó los ritmos cotidianos de la sociedad. El crecimiento de la precisión hizo posible la velocidad de la producción y la circulación de personas y cosas.

Los medios de comunicación y la práctica de la “programación” constituyen un instrumento de coordinación social de similar característica que el reloj. En este caso la precisión significa medición exacta del público-audiencia en un momento dado estableciendo “cuotas de pantallas” y “minutos de oro”.

Los medios tradicionales venden “tiempo de medio” (pantalla o antena) que se estima aproximadamente en tiempo del receptor. Las “nuevas tecnologías han variado sustantivamente el “negocio” del tiempo[18]. En ellas se busca conquistar el tiempo del receptor-abonado, pero no ya desde la organización de una oferta programada que permita combinaciones, sino desde una oferta gratuita y totalmente programable. Es el usuario el que puede vender su tiempo aceptando recibir, leer, ver, etc. Las nuevas tecnologías, desde este punto de vista, profundizan la visión del negocio de los medios como negocio del tiempo.

b.- Las temporalidades de “nuevas tecnologías”

Calendarios y relojes hablan de una medición pero también de una vivencia del tiempo porque son, a la vez, instrumentos técnicos de medición e instrumentos sociales de significación. Como tales participan de las significaciones de la temporalidad social y encarnan una parte de su historia. Pero lo que más interesa son las concepciones del tiempo de la sociedad o, mejor aún, los imaginarios de la temporalidad social. Estos están representados por las edades míticas (paraísos en el origen o en el futuro, terrestres o extraterrestres, ciclos, edades de oro), escatologías (religiosas o seculares, milenarismo), utopías, y decadencias (pesimismo; renovación). Temporalidades que en relación con las “nuevas tecnologías” y sus “promesas” pueden ser analizadas como y desde lo imaginario.

La promesa es el augurio que predispone a la espera de algo bueno, es la señal o indicio de que cabe esperar algún bien. La prognosis es el conocimiento anticipado de algún suceso y, en ese sentido, pronostica. Prolepsis es la figura por la que el autor anticipa la objeción que pudiera hacerse. De acuerdo con estos significados, puede decirse que en nombre de las “nuevas tecnologías” se hacen pronósticos o prognosis que anticipan aparatos y aplicaciones sobre la base del conocimiento de los avances de la inversión, investigación y fabricación. Hay un contenido calculado de lo que se dice que se fundamenta en datos económicos y planificaciones. Sin embargo, los anuncios, en los discursos públicos (publicidades, notas de promoción, etc.), no presentan adelantos tecnológicos, sino anticipaciones de uso, cambios en la vida cotidiana, impacto social a la manera de narraciones e historias. El nombrar un futuro nuevo aparato es casi siempre motivo para la especulación sobre sus posibilidades de uso en la vida cotidiana. En este sentido es que se presenta como pregunta apremiante:

“¿Cómo cambiarán nuestras vidas los nuevos medios de comunicación?”.

Interrogación que constituye el centro de reflexión de, por ejemplo, Gates 1995, Negroponte 1995 y Dertouzos 1997 o, también, Terceiro 1996 y Cebrián 1998, entre muchos otros.

Lo urgente de la situación que se describe en los discursos conduce a plantear orientaciones para lo que vendrá. Se tienen aparatos, se definen mercados y, por ello, es necesario estimular la curiosidad para imaginar “necesidades-usos”. Se presenta así una interrogación como la pregunta para pensar las “nuevas tecnologías” en su relación con la sociedad. La pregunta da por hecho: que se producen los cambios, que todos estamos implicados en ellos, y que el factor determinante de dichos cambios son “las nuevas tecnologías de información y comunicación”. No se trata sólo de una pregunta omnipresente, también es omnipotente y prepotente, porque afirma que no queda nada por hacer, excepto adaptarse.

Las “nuevas tecnologías” son promesa porque anticipan lo bueno por venir. En ella el enunciador tiene poder de anticipar y de realizar. Hay, además, otro sentido: el enunciador manifiesta un compromiso de trabajo para que lo anunciado sea realidad. Los discursos en primera persona hacen referencia, explícita o implícitamente, al hecho de prometer en el sentido de obligarse a decir y hacer según lo que se anuncia. El enunciador se convierte en un “promesante”[19] obligado a realizar algo por la palabra empeñada.

Los dos sentidos de “promesa” revelan dos figuras para el enunciador: el profeta y el “promesante”. El primero habla como elegido en nombre de lo “alto” y, el segundo se manifiesta en nombre de su voluntad y compromiso. En nombre propio o de la tecnología, como promesante o como profeta, las “nuevas tecnologías” son el bien prometido. Y uno de sus principales atributos es su novedad, es un bien nuevo. Anunciar lo nuevo permite imaginarlo y, por tanto, hacerlo esperable. Imaginado y esperado, lo nuevo se hace realizable. Se anuncia lo “nuevo” para, de esa manera, hacerlo real. Se llama con nuevos nombres -como “sociedad de la información”- para traer a la existencia lo que anunciándolo se crea. Las significaciones que se movilizan en nombre de las “nuevas tecnologías” aparecen así como un dis-curso -rumbo y destino- sobre el “mundo” y la sociedad.

El bien nuevo y bien prometido es, ante todo, futuro. Y la frase-estribillo “el futuro ya está aquí”[20] es su materialización discursiva. El “futuro aquí” no presenta incertidumbres ni sorpresas. Su “estar” aquí lo hace asequible, es promesa, pero muy cercana. Las “nuevas tecnologías” como futuro son posibilidades, pero como “están aquí” son reales. La promesa tecnológica y el optimismo que le es consustancial se convierten entonces en afectos dominantes. Las “nuevas tecnologías” como totalidad significativa imaginaria constituyen fuentes de futuro realizable que cabe esperar. El optimismo, la confianza y la espera son posibles. Ella cumplirá.

“Luxel F9000. ‘Garantía de Futuro’ ¡Compruébelo Ud. Mismo!” (Publicidad de videocámara Fujifilm en “GRAFICA Revista técnica de la industria de artes gráficas y comunicación”, Número 663, septiembre de 1999.


[1] Entre las derivaciones de la teoría de lo imaginario radical se encuentra su influencia en el modelo psicoanalítico contemporáneo, que se basa en el principio de heterogeneidad y la búsqueda de articulaciones no reduccionistas (cf. Urribarri en Archipiélago 2002, número 54)
[2] Utilizo “discontinuidad” a la manera como lo hace Foucault en La arqueología del saber, como “una población de acontecimientos diversos” (cf. Foucault 1969:35) a fin de que “lo imaginario” no se presente como una nueva manera de continuidad bajo términos como tradición, influencia, evolución, etc. Esto permite recuperar la noción de “intertextualidad” (Kristeva 1967 en Navarro 1996:1-24; Kristeva 1969) y “dialogismo” (cf. Bajtin 1978) para el análisis de lo imaginario.
[3] Es importante destacar la idea de “convergencia” en cuanto término técnico en el que se piensan las “nuevas tecnologías” y que designa el proceso de “unificación” técnica y de servicios en los aparatos y redes.
[4] Estoy de acuerdo con Castells, que incluye entre las tecnologías de la información a la ingeniería genética y sus desarrollos y aplicaciones (cf. Castells 1996:60).
[5] Esta convergencia y cada una de las ramas tecnológicas pueden encontrarse descritas de manera divulgativa en Nora y Minc 1987:29-50; Mercier; Plassard; Scardigli 1985:21-39, Cebrián 1998: 43-60, Castells 1996:59ss, entre muchos otros.
[6] Esta es la idea central desarrollada por Negroponte en su obra Ser digital (1995) según el cual la novedad “ontológica” de la informatización es la conversión de todo en dígitos, atrás queda la era de los átomos. En esta línea se encuentra el argumento de Terceiro según el cual “La sustitución del átomo por el bit, de lo físico por lo digital, a un ritmo exponencial, convertirá al homo sapiens en homo digitalis” (Terceiro 1996: 27).
[7] Como ya adelanté, sólo me refiero a las “nuevas tecnologías de la comunicación y de la información”. Para abreviar, las nombro utilizando la expresión “nuevas tecnologías” o “neotecnologías”. Las distinciones realizadas en los párrafos anteriores son para delimitar el “objeto” de estudio.
[8] Un ejemplo de interpretación del imaginario de los creadores y promotores para el caso particular de Internet es Flichy 2001.
[9] Se define “corpus” como el conjunto de textos suficientes en el que una afirmación puede ser explicada. En el análisis estructuralista requiere la búsqueda de isotopías para la construcción de oposiciones básicas que permitan la construcción del cuadrado semiótico (Greimas).
[10] En este tema hay muchas confusiones. Conviene repetir que “lo que caracteriza a la revolución tecnológica actual no es el carácter central del conocimiento y la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos de generación de conocimiento y procesamiento de la información/comunicación, en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus usos” (Castells 1996:62).
[11] Para una definición ponderada y comparada de “técnica”, “tecnología” y “tecnociencia” se puede consultar Echeverría 2003:19-147.
[12] En este capítulo cito de manera destacada los textos que analizo independientemente de su extensión.
[13] Como se sabe, en épocas de crisis la sociedad depende más de la información de los medios de comunicación. Considero que esta regla puede valer para los medios españoles y latinoamericanos respecto de los norteamericanos cuando la crisis proviene, como en este caso, de EEUU.
[14] Para un análisis del calendario de la Revolución Francesa puede consultarse el importante estudio de Eviatar Zerubavel 1981:361ss. Entre las funciones simbólicas de dicho calendario destacan la secularización, el racionalismo, el naturalismo y el nacionalismo.
[15] El calendario “gregoriano-europeo” ha sido adoptado “como una cierta forma de facilitar la comunicación internacional y como un símbolo de modernización y occidentalización” (Zerubavel 1981:394. Cursivas mías).
[16] En la distribución el mejor ejemplo es el sistema “just in time”.
[17] “Nano” designa la milmillonésima parte de algo. Un “nanómetro” (nm) es la milmillonésima parte de un metro. El “nanosegundo” es la medición temporal fundamental en la que funciona, por ejemplo, la estructura del ordenador (cf. Rifkin 1987:23).
[18] Sobre el tiempo con relación al mercado de la información cf. Nieto, Alfonso (2000) Time and the information market, the case of Spain, EUNSA, Pamplona.
[19] En la zona Andina de Argentina, Chile y Bolivia “promesante” es el nombre que se da a la persona que cumple una promesa piadosa. El hacer promesas se dice “promesar”.
[20] Frase omnipresente en publicidad. Ver, por ejemplo, la campaña de “OMC. Equipos informáticos” en GRAFICA Revista técnica de la industria de artes gráficas y comunicación, Número 663, septiembre de 1999.


* Daniel H. Cabrera es doctor en Comunicación, DEA en Filosofía, magíster en Sociosemiótica y tiene un posgrado de Comunicación del Instituto de Filosofía de la Universidad Veracruzana (México). Ha sido profesor de Teorías de la Comunicación y de Teorías Sociológicas en la Universidad Siglo 21, en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) y en la Universidad de Navarra (España). Actualmente es profesor en el posgrado de Comunicación de la Universidad Veracruzana. Ha publicado diversos artículos en revistas especializadas de Latinoamérica y España. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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