Sala de Prensa

105
Julio 2008
Año X, Vol. 4

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   


Hacia una comunicación participativa de las ONG

Antoni Castel *

La mayoría de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que forman un “mundo” tan diverso ideológicamente como la sociedad en la que están inmersas y con objetivos y ámbitos de actuación que pueden llegar a ser muy diferentes, han elaborado unas estrategias comunicativas cuyos propósitos principales son influir en las agendas temáticas y mantener la comunicación con los simpatizantes y socios. Si tienen capacidad de influir en la agenda temática, podrán hacer visible su trabajo y, si es el caso, alertar sobre las crisis humanas que se producen o puedan producirse a causa de conflictos o causas naturales y dar las claves para entender las raíces de los conflictos sociales de las áreas en que actúan.

Unas estrategias comunicativas que caen, a veces, en la “obsesión massmediática” (FRANCO, 2005), es decir, considerar la comunicación como un mero instrumento para recaudar fondos. Aunque la visibilidad les permite afianzarse o darse a conocer corporativamente en un “mundo” muy competitivo, lo que les puede facilitar la obtención de recursos, tanto institucionales como privados, las ONG deberían basar sus relaciones con los medios más en el interés colectivo (de las víctimas de las crisis, socios y lectores) que no en el de la propia entidad.

El desencuentro con los medios

El presente texto no pretende reflexionar sobre las relaciones, a menudo conflictivas, entre las ONG y los medios[1]. Sí que defiende que las ONG, como actores sociales e integrantes de uno de los vértices del “triángulo de crisis” (MINEAR, 1996)[2], deben primar, en sus estrategias comunicativas, la comunicación participativa. Entendida la comunicación participativa como la que promueve el diálogo “sobre el que construir un aprendizaje conjunto entre todas la partes que participan en el mismo” (BALLESTEROS, 2005). Un emisor de los mensajes, la propia ONG, que debe propiciar que el receptor también se convierta en emisor. De esta forma, la comunicación deja de ser vertical, monológica, unidireccional y pasa a ser horizontal, dialógica, con los mensajes que circulan en ambas direcciones.

Los medios denominados convencionales o de masas (prensa, radio, periódicos) no son adecuados para que las ONG practiquen una comunicación participativa. Las rutinas periodísticas y el proceso productivo de estos medios no dejan mucho margen de maniobra a las ONG que desean que su mensaje sea emitido. No obstante, las limitaciones no deben ser obstáculo para que las ONG no intenten incidir en el discurso de los medios aprovechando las “grietas” que éstos presentan (GIRÓ, 1998) y, mucho menos, que renuncien a una comunicación ética. En cambio, por sus propias características, de independencia de los grandes consorcios económicos, los medios alternativos acostumbran a ser más receptivos a los mensajes de las ONG.

Los medios convencionales, en especial la televisión, pueden llegar a ser “constructores de desastres” (BENTHALL, 1993), como han confirmado algunas crisis humanas de los últimos años que habían permanecido en el olvido en Occidente (Etiopía, Sudán, Níger) hasta que fueron difundidas las imágenes de las víctimas. La visibilidad de la crisis, y sobre todo el impacto emocional que causan las imágenes de las desvalidas víctimas entre los consumidores de información occidentales, provoca, a menudo, una respuesta política, que se concreta mediante el envío de ayuda de emergencia, directa o través de las propias ONG, o la intervención directa (Bosnia, Kosovo).

Por tanto, los medios convencionales tienen una capacidad de incidir en la agenda política. A su vez, las decisiones políticas sobre las crisis humanas, tomadas por la presión de una opinión pública sensibilizada por los mensajes emitidos por los medios de masas, pueden coincidir con los objetivos de las ONG. Al mismo tiempo, las ONG pueden incidir en el discurso del medio, facilitando la visibilidad de las víctimas, y en la decisión política, al proponer formas de gestión de la ayuda. En resumen, los tres vértices del “triángulo de crisis” (Gobierno, medios y agencias humanitarias) se influyen mutuamente en las crisis humanas de gran repercusión en Occidente (hambrunas, catástrofes naturales, guerras que llegan a ser visibles).

Tanto los medios convencionales como los alternativos hacen de intermediarios entre las ONG y los colaboradores y simpatizantes de éstas y las instituciones. El mensaje no circula directamente, aunque en la prensa alternativa es posible que llegue al receptor sin tantas alteraciones como en los medios de masas. Tampoco se emite al instante, porque el mensaje debe adecuarse al proceso productivo del medio emisor. Un proceso productivo que, incluso en la prensa en soporte digital, demora la emisión del mensaje. La excepción son los blogs, que permiten la emisión inmediata y sin intermediarios del mensaje. En este caso, el gatekeaper no selecciona el mensaje pero sí quién debe figurar en la reducida lista de los blogistas del medio determinado. Y la interactividad, “una palabra lejana y simpática para la redacción” (ROJO, 2003), se reduce, en la versión digital de los medios, a las cartas al lector y a la participación en los blogs.

En cambio, el mensaje sí que puede ser emitido al instante a través de la web de la propia ONG. La inmediatez y la posibilidad de sortear los filtros que se interponen entre el emisor y el receptor son dos de las ventajas que ofrece la red que las ONG no pueden desdeñar. Sin caer en la tecnofilia, que considera las nuevas tecnologías de la comunicación e información (NTCI) como la panacea, se debe reconocer que la red permite también la interactividad, que las ONG pueden aprovechar para divulgar las propuestas de sus colaboradores y personas afines e incorporar el discurso de las poblaciones del sur. De esta forma, la red democratiza a las ONG, las convierte en una plataforma de las víctimas y poblaciones en situación de riesgo. El discurso, por tanto, deja de ser unidireccional, y la comunicación puede devenir participativa.

Atrapadas a veces en una lógica mercantil, que les fuerza a ser visibles ante sus proveedores de fondos, públicos o privados, algunas ONG capitalizan la información y se erigen en portavoces del sur en lugar de dar la voz al sur. En ocasiones, como en las crisis humanas de gran repercusión mediática (Ruanda, Somalia, maremoto de Asia oriental), las ONG parecen más interesadas en aparecer en los informativos televisados que en hacer su trabajo. Es la denominada “batalla de las camisetas” entre las ONG para captar la atención de los medios desplazados en las crisis. Aunque Minear (1996) pone el ejemplo de Somalia, la “batalla de las camisetas” se ha repetido en demasiados lugares, en especial en Ruanda, cuando ya se había perpetrado el genocidio.

Al dar prioridad en sus estrategias comunicativas a la presencia de la ONG en los medios, los propios empleados de ésta (logistas, personal sanitario,...) se convierten en protagonistas de la información. Con el resultado de mitificar su labor y los riesgos que comporta, y elevarlos a la categoría de “rambos de la cooperación”. Unas historias de los “rambos” que pueden llegar a ocupar el espacio informativo que debería estar reservado a las víctimas, los verdaderos protagonistas.

Un discurso etnocéntrico sobre las sociedades del Sur

La comunicación participativa pasa, naturalmente, por evitar que la ONG capitalice la información, y ceda la voz a las poblaciones amenazadas. La presencia de éstas, más factible en la red, puede servir para equilibrar un discurso a menudo etnocéntrico sobre las sociedades del sur, a las que retrata como desvalidas y dependientes. Unas poblaciones, no blancas, que en la mayoría de las imágenes difundidas por los medios convencionales aparecen en el momento que reciben la ayuda de un “salvador blanco”. La reiteración de una información negativa sobre dichas sociedades no sólo contribuye a la “fatiga del donante”, que merece sesudos estudios, sino que consolida en el imaginario occidental la percepción de un sur incapaz de organizarse y proclive a la corrupción y a la violencia.

A pesar de las consecuencias nefastas que provoca, una parte de las ONG sigue ofreciendo un discurso negativo sobre las sociedades del sur, el más adecuado, según éstas, para recaudar fondos. Un discurso que a las ONG les puede resultar rentable a corto plazo, pero que es injusto con las sociedades a las que pretende ayudar al presentarlas como pasivas y, por consiguiente, hacer invisible su indiscutible dinamismo y las iniciativas comunitarias que llevan a cabo, en muchas ocasiones sin la participación foránea.

El discurso de las ONG sobre las sociedades del sur suele ser también reduccionista y, en bastantes casos, moralista, sin posibilidad de que aparezcan las “zonas grises” de las que habla Primo Levi[3]. En una comunicación participativa es necesario dar los elementos para interpretar el contexto, y, por consiguiente, para poder identificar las raíces de las crisis o conflictos, mucho más complejos de cómo son presentados, en la mayoría de las ocasiones, tanto por los medios de comunicación como por las propias ONG.

Al reconocer la complejidad de los problemas y evitar el discurso negativo, se rehuye la espectacularidad, y es más difícil caer en la denominada “pornografía del sufrimiento”. Incorporada, a veces, en el discurso de las ONG quizás con la convicción de que sirve para captar la atención de los medios y, por tanto, de los donantes y los políticos, la “pornografía del sufrimiento” sacrifica la dignidad de la víctima en aras del impacto mediático. ¿Qué aportan a la comprensión de una crisis determinada las reiteradas imágenes de niños famélicos, ancianos harapientos o cadáveres abandonados? Casi siempre, nada. Las citadas imágenes sólo aportan la espectacularidad que exigen algunos informativos de la televisión para dar cabida a las noticias sobre los conflictos que suceden en el Sur. Para algunas ONG, las imágenes del sufrimiento ajeno sirven para conmover al receptor de su mensaje, sea un donante, un colaborador, un simpatizante o un mero consumidor de medios de comunicación.

Tanto en la red como en la relación con la prensa, el discurso de las ONG debe ser inteligible, que no significa vacío, sin contenido. Al contrario, el mensaje sin tecnicismos, pero de calado, incentiva la comunicación participativa porque puede ser interpretado más fácilmente por la comunidad a la que sirve. Y al entender el mensaje, la comunidad puede estar más predispuesta a participar en el devenir de la ONG.

Transparencia e ideología

Incorporada en la gestión de la mayoría de las ONG como un valor añadido, la transparencia también debe estar presente en el discurso mediático. Es necesario, por tanto, que la ONG no esconda su ideología, si la tiene, ni los vínculos que pueda mantener con partidos políticos, órdenes religiosas o grupos empresariales. Los objetivos sociales, que a veces son una consecuencia de su ideario o de sus intereses personales o como colectivo, también deben quedar claros en el discurso comunicativo.

No obstante, la ideología, que puede marcar los objetivos e incluso la forma de entender la cooperación, no debe condicionar la comunicación sobre las crisis, y mucho menos la actuación de la propia ONG, porque a las víctimas no se las puede seleccionar por su ideología o por el cariz del discurso de quien las ha convertido en víctimas. Al contrario, la ONG se debe comprometer con éstas, y una forma de hacerlo puede ser denunciando la instrumentalización de la ayuda, muy frecuente por algunos dirigentes, tanto del Norte como del Sur, y por actores armados.

La transparencia también obliga a mantener una coherencia en el discurso, tanto en la red como en la relación con los medios, que no debe ser oportunista, coyuntural, sino el resultado de una cultura humanitaria, de una trayectoria definida de la propia ONG, en la que prime la discreción, el diálogo con los actores sociales y el respeto de las sociedades del Sur. La espectacularidad y la complacencia con el poder, sea una institución del Norte, donante, o del Sur, receptor de la ayuda, deben quedar para las ONG cuyo compromiso con las sociedades empobrecidas es más que discutible.

A modo de conclusión

La red ofrece a las ONG una oportunidad de aplicar una política comunicativa participativa, que incorpore a los actores del Sur y a las asociaciones interesadas en una cooperación que tenga en cuenta las aspiraciones colectivas de desarrollo de los países empobrecidos. Si se hace una comunicación participativa, podrá llegar a los medios y a los donantes, tanto institucionales como privados, un discurso más democrático, quizás menos impactante en su mensaje pero más profundo y analítico. Un mensaje que debe incidir en las causas estructurales de la violencia que sufren la mayoría de las personas de las sociedades del Sur.

Empero, la red no es una panacea: únicamente facilita los medios tecnológicos para que la comunicación sea fluida entre los actores que intervienen en la cooperación. Para que la comunicación sea participativa, la ONG debe hacer algo más que abrir una página en la red: debe dar la voz a las personas comprometidas con el desarrollo del Sur, y mantener un discurso ético, coherente, aunque moleste a los donantes institucionales.

Bibliografía

BALLESTEROS, Begoña. “La comunicación para el desarrollo: concepto y problemas de aplicación en la cooperación española” en Revista Española de Desarrollo y Cooperación. 15. 2005. pp 7-20.
BENTHALL, Jonathan. Disasters, relief and the media. Londres: I. B. Tauris, 1993.
ERRO, Javier. Comunicación, Desarrollo y ONGD. Bilbao: Hegoa. 2002.
FRANCO, Daniel. “Comunicación y ONGD. La necesidad de una mirada sobre lo comunicativo más allá de su dimensión instrumental” en Revista Española de Desarrollo y Cooperación. 15. 2005. pp 21-34.
GIRÓ, Xavier (coord). La premsa i el sud: Informació, reptes i esquerdes. Barcelona: SOLC. 1999.
LEVI, Primo. The Drowned and the Saved. New York: Vintage Internacional. 1989.
MINEAR, Larry; SCOTT, Colin y WEISS, Thomas G. The News Media, Civil War and Humanitarian Action. Boulder, Colorado, y Londres: Lynne Ryenner. 1996.
ROJO, Pedro Antonio. Producción periodística y nuevas tecnologías. Sevilla: Comunicación Social. 2003.

Notas:

[1] Sobre las relaciones entre las Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD) y los medios de comunicación puede consultarse: ERRO, Javier. Comunicación, Desarrollo y ONGD. Bilbao: Hegoa. 2002.
[2] Los vértices del “triángulo de crisis” son el Gobierno, los medios y las organizaciones humanitarias, que se influyen mutuamente (MINEAR, 1996: 2). Las Organizaciones No Gubernamentales son una categoría de agencia humanitaria. Las otras son las que forman parte del “sistema de las Naciones Unidas”, la de los “gobiernos donantes” (ECHO, de la Unión Europea), el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y las misiones militares. (MINEAR, 18-25). MINEAR, Larry; SCOTT, Colin y WEISS, Thomas G. The News Media, Civil War and Humanitarian Action. Boulder, Colorado, y Londres: Lynne Ryenner. 1996.
[3] Véase LEVI, Primo. The Drowned and the Saved. New York: Vintage. 1989.


* Antoni Castel es profesor de Periodismo en la Universitat Autònoma de Barcelona, codirector del curso de posgrado La comunicación de los conflictos y la Paz y director de la revista Nova Africa, una publicación del Centre d’Estudis Africans (CEA) de Barcelona. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.