Sala de Prensa


11
Septiembre 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


"El periodismo de investigación, a juicio"

Los imperdonables

Carlos A. Sortino (*)

Por primera vez en Argentina un tribunal identifica al Periodismo de Investigación como una práctica diferenciada del periodismo "cotidiano", para adjudicarle un mayor grado de responsabilidad a la hora de evaluar demandas por daños y perjuicios causadas por errores informativos.

En tres fallos sucesivos de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires (ver "Los fallos de la Corte"), el doctor Eduardo Julio Pettigiani distingue las "informaciones que resultan espontáneamente de hechos impactantes" y aquellas que "provienen de lo que se da en llamar periodismo de investigación", para afirmar que "la responsabilidad emergente en uno y otro caso debe analizarse de distinta manera, máxime cuando la percepción del público es distinta tratándose de una información que por sus características intrínsecas presenta un mayor margen de error respecto de otra que se intuye y presenta como más dotada de precisión, siendo también en razón de su naturaleza y complejidad, habitualmente mucho más fácilmente rectificable la primera que la segunda".

Dos de aquellos fallos rechazan las demandas contra distintos medios, mientras que el otro las acoge. Y con idénticos fundamentos conceptuales, Pettigiani se pliega al voto mayoritario en los primeros y queda en minoría en el último. Se abre así una probable perspectiva jurisprudencial por la que ante demandas similares dirigidas contra relatos periodísticos identificados como Periodismo de Investigación -que no es el caso de ninguno de los fallos aludidos-, los magistrados "endurezcan" su posición y dejen de considerar excusables las informaciones inexactas que no revistan el caracter de dolosas (ver "A cada uno lo suyo").

El doctor Pettigiani marca la "distinción entre aquellas informaciones que resultan espontáneamente de hechos impactantes, que se producen en el momento, que ´explotan´ y que generan la necesidad de una inmediata cobertura mediática por cuanto la demanda de conocimiento por la población se revela impostergable, y aquellas otras que provienen de lo que se da en llamar ´periodismo de investigación´, donde los tiempos son manejados por el cronista con mucha mayor libertad, y la publicación aparece generalmente determinada no por una exigencia del público, sino por la oportunidad que marca el medio".

A criterio del magistrado "la diferencia no resulta ociosa, por cuanto parece de toda evidencia que la posibilidad de error existe mucho más frecuentemente en el primer supuesto que en el segundo, donde las fuentes informativas pueden ser chequeadas con mayor seguridad y donde las excusas de una precipitación en la publicación se muestran bastante menos atendibles. También la intención dolosa adquiere más posibilidades de operar, por cuanto la modalidad adoptada resulta por cierto más proclive al ´armado´, a insertarse con mayor comodidad en el entramado de la noticia que se va conformando lentamente hasta hacer eclosión con su publicación, cuya oportunidad -reitero- queda en principio librada a la unilateral decisión del medio".

- Dr. Pettigiani, en sus votos no hay cita de precedente alguno sobre la diferencia que usted establece entre "periodismo de investigación" y "periodismo cotidiano", por decirlo de alguna manera. Por mi parte, no conozco, al menos en Argentina, un fallo judicial que determine esta diferencia...

- Debo decirle que yo tampoco tengo antecedentes sobre el tema, aunque no los he buscado, porque esta diferenciación que usted señala surge de mi propia convicción.

- ¿Sobre qué bases se asienta esa convicción?

- Es una cuestión muy simple. Al menos, para mí. Hay un periodismo que se nutre inmediatamente de un hecho que "explota", que aparece y, en muchos casos, no permite un tiempo para reflexionar demasiado sobre él, sino que, simplemente, se hace necesario transmitirlo. Hay una necesidad de comunicarlo y prácticamente no hay tiempo para la maduración de la información, no hay tiempo para recoger elementos probatorios suficientes. Entonces, esa es una noticia que tiene que ser publicada espontáneamente: es la "primicia". Una investigación puede tener, a veces, esta característica de "primicia", pero esta investigación supone una exploración de las fuentes, una exploración de los testimonios, de los documentos en los que se basa. Porque una investigación no puede basarse simplemente en el rumor. Tiene que haber una recurrencia muy seria, muy fundada, a las fuentes. En ningún caso es amparable la irresponsabilidad, pero sí es necesario aplicar esa regla del derecho civil que dice que cuanto mayor sea el deber de actuar con prudencia, mayor será la responsabilidad que resulte del riesgo. Si yo digo algo sin haber tomado las debidas providencias para constatar durante la investigación, después de un tiempo de maduración, es cierto, obviamente hay una responsabilidad mayor, que puede traducirse en negligencia grave o, mucho peor, en dolo. La negligencia puede ser mayor en el caso en que haya habido la posibilidad de reflexionar, de evaluar las fuentes, de que la noticia "madure". En ese caso, si se incurre en un error que perjudica a alguien, la responsabilidad será mayor. Por supuesto que partimos siempre de la base de que la noticia no sea exacta y de que haya alguien que se sienta perjudicado por esa inexactitud.

- Advierto un problema: ¿Quién identifica ese relato periodístico como "periodismo de investigación"?

- La calificación dependerá de las circunstancias. Un libro, por ejemplo, reúne todas las características necesarias, a mi criterio, porque requiere de todo un proceso de investigación, de redacción, de impresión, de edición, de inserción en el mercado. Tiene toda una serie de pasos que permiten tomarse el tiempo necesario para corroborar todo lo que allí se afirma. Pero las reglas, de todos modos, no son rígidas. Cada caso es un caso particular y como tal debe ser analizado. Siempre, en cualquier tipo de evaluación o de calificación, puede haber "zonas grises" o intermedias, donde es más difícil la identificación, la rotulación. En definitiva, es un nombre y nada más. Yo creo que la investigación es, precisamente, eso: la noticia que requiere una elaboración, la noticia que no puede ser transmitida en forma directa, inmediata, espontánea. Y todo lo que es investigación es lo que no es espontáneo, lo que tiene un tiempo de maduración, lo que tiene la posibilidad de verificación, de constatar si eso que se recibe como "dato" tiene algún tipo de verosimilitud. Yo no tengo dudas de que son distintas formas de maduración y de posibilidades, son tiempos distintos. Por lo pronto, hay que ver si esa categoría es aceptada. Por el momento, para mí es válida, porque la estoy legitimando con mi voto.

- En este nuevo contexto, ¿cuál sería el destino jurídico del secreto profesional o de la reserva de la fuente?

- Yo creo que, en definitiva, no puede haber secreto frente a una eventual necesidad judicial. El periodista puede llevarse el secreto a la tumba. Lo que pasa es que en la medida en que él no revele ese secreto y no pueda justificar cómo recibió la información, va a tener una responsabilidad que va a asumir personalmente. Esto es similar a lo que pasa con la reserva de identidad. Yo hago una denuncia con reserva de identidad y eso no significa que mi identidad vaya a quedar siempre preservada. Yo tengo una interpretación de eso en el sentido de que el fiscal puede manejar esa información de acuerdo a la certeza que él tenga, con la más absoluta reserva y, eventualmente, ventilarla a último momento. Pero el juez puede requerir que esa información que le proporciona el fiscal en algún momento sea probada. Acá el periodista tendría la misma función, pues no podría, con su sola palabra, avalar la veracidad de un hecho. Esto puede ocurrir en un juicio por calumnias e injurias o, simplemente, en cualquier juicio penal: supongamos que el periodista vuelca una información y un fiscal la toma, algo perfectamente factible y hasta obligado frente a una noticia que no sea burda, una noticia bien fundada. En muchos casos yo mismo he iniciado investigaciones, cuando era juez federal de primera instancia, a partir de informaciones periodísticas de cierta verosimilitud. Frente a esta información, el fiscal puede citar al periodista y pedirle que ratifique esa información. Y el periodista dice: "sí, tengo elementos que me condujeron a relacionar estos hechos de tal forma". Esto es, simplemente, un testimonio. Pero, en algún momento, va a tener que probar cómo llegó a esa noticia. Porque una simple afirmación de cualquier persona no es prueba de nada, salvo que haya sido testigo presencial del hecho que relata.

- ¿Quién tiene que probar qué?

- El que acusa es siempre el que tiene que probar que la noticia es inexacta, en casos de demandas por daños y perjuicios o querellas por calumnias e injurias. Pero si usted, como periodista, a través de un artículo periodístico, le imputa a alguien un hecho delictivo, entonces será usted quien tenga que probarlo, siempre y cuando la "denuncia periodística" se transforme en una denuncia judicial, sea porque usted mismo radique la denuncia, sea porque el fiscal inicie una investigación de oficio.

- ¿Hay algún caso próximo de "periodismo de investigación", en los términos que usted lo define?

- No lo hubo hasta ahora y no conozco, por el momento, que lo haya.

Los fallos de la Corte

En los tres fallos de la Corte provincial aquí examinados, los votos del doctor Eduardo Julio Pettigiani eximen a los medios demandados de la responsabilidad que se les adjudica por daños y perjuicios o por daño moral. En los tres fallos, el ministro sostiene la distinción cualitativa entre el periodismo "cotidiano" y el "periodismo de investigación". Y pondera, en los tres fallos y en favor de los medios, el hecho de que ningún actor "haya recurrido temporáneamente al simple expediente de pedir al periódico una rectificación respecto de la información que lo involucraba. Ello podría alentar una práctica inconveniente y disfuncional, cual sería la de permitir que se deslicen errores en el accionar de una persona, para luego -sin hacer notar de modo alguno al sujeto pasivo su equivocación- prevalecerse de ellos con el fin subalterno de generar un lucro en calidad de indemnización".

el hijo descarriado

El juez Héctor Negri, en su voto, sintetizó así el caso: En el diario El Sol de Quilmes se publicó en primera página y como "primicia exclusiva" la información que el actor (junto a otras personas) "realizaba maniobras con denuncias falsas, para blanquear automóviles robados". Esa información, completada en la contratapa bajo el título "La mafia ingresa a los tribunales platenses", incluía la foto del actor con el siguiente epígrafe: "(el actor) abogado e hijo del ex juez (...) está prófugo y sería uno de los cerebros de la banda de autos mellizos". Luego, en el texto y bajo el título: "¿Quienes son los posibles corruptos?", se menciona otra vez al actor refiriéndose como "otro hijo descarriado del hombre que perteneciera a la Justicia platense" y consignando (en un plural que manifiestamente lo incluye) la información de que "se apoderaron de mil automóviles aparte de haber incurrido en los siguientes delitos: uso de documento falso en concurso ideal con los deberes de funcionario público; participación necesaria en el delito de uso de documento falso; falsedad instrumental en concurso ideal con violación a los deberes de funcionario público y hurto, aunque la culminación agregaría el más importante de los delitos, robos reiterados de automotor".

El 24 de noviembre de 1998, la Corte provincial, en fallo dividido, confirmó la sentencia de la Sala III de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de La Plata (que había rechazado la demanda por daños y perjuicios). Para los jueces Elías Homero Laborde, Alberto Obdulio Pisano, Juan Manuel Salas y Eduardo Julio Pettigiani, no se acreditaron los daños y perjuicios, en lo que coincidieron con sus pares Héctor Negri y David San Martín, aunque para estos últimos debió acreditarse un daño moral.

una cierta realidad

La sentencia de la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de La Plata decía, según cita en su voto el doctor Héctor Negri para ratificarla: el periódico (se refiere al diario El Día, de La Plata) no hizo -en lo que respecta al actor- sino reflejar aproximativamente y según el momento que cursaba la causa penal una cierta realidad que lo involucró en este caso; la aparición del actor en el periódico no deriva de un hecho de invención. Este está en el expediente penal, imputado del delito de encubrimiento en relación a los hechos protagonizados por C. y sólo logra salir de él definitivamente en la conversión del sobreseimiento, cuando ha pasado, desde el inicio de la causa, más de un año y siete meses; las particularidades de este caso no llevan a la configuración de un supuesto de responsabilidad por culpa. Del cotejo de la información con las figuras de encubrimiento del Código Penal por lo cual el accionante debió prestar declaración indagatoria se advertirá que no existe un abuso o extralimitación en la libertad de prensa.

El 23 de marzo de 1999 el fallo de la Suprema Corte de Justicia bonaerense consideró que no se habían acreditado los daños y perjuicios demandados y confirmó la sentencia de Cámara, con los votos coincidentes de los ministros Héctor Negri, Juan Carlos Hitters, Alberto Obdulio Pisano, Elías Homero Laborde y Eduardo Julio Pettigiani.

no hubo confesión

En la noticia periodística que originó la demanda por daño moral (publicada por el diario El Día, de La Plata) se consigna, según cita en su voto el juez Héctor Negri, su confesión (se refiere al demandante) de obrar delictual. El título era "Robaba al patrón y vendía la mercadería" y se informa que, "tras las pesquisas del caso, el actor (cuyo nombre y lugar de domicilio se consignan) terminó por confesar que desde hacía cinco años sustraía mercadería de almacén que luego vendía en comercios de la ciudad". El tribunal consideró "la falta de correspondencia objetiva entre lo informado y las constancias del juicio penal, en el cual el actor nunca reconoció ni confesó el hecho imputado; la falta de toda actividad probatoria de la demandada tendiente a explicar un origen de la noticia que pudiera desplazar su responsabilidad o justificar su error".

El 11 de mayo de 1999, la Corte provincial revocó la sentencia de la Sala I de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de La Plata. Acreditó el daño moral y condenó al medio a pagar una indemnización, con los votos coincidentes de los ministros Alberto Obdulio Pisano, Juan Carlos Hitters, Héctor Negri, David San Martín y Elías Homero Laborde. La disidencia la marcó el juez Eduardo Julio Pettigiani.

A cada uno lo suyo

No resulta sencillo, ni en términos académicos ni en términos mediáticos, definir las características esenciales que identifican al Periodismo de Investigación. Ni siquiera resulta sencillo definir al periodismo "a secas". El conflicto se remonta a los mismísimos orígenes de este oficio, aunque bien podría sintetizarse en las palabras de dos ex "magnates" de la prensa del hemisferio norte. El norteamericano William Randolph Hearst -inmortalizado por Orson Welles en su Charles Foster Kane de "El ciudadano"- lo definió así: "periodismo es eso que va entre los anuncios". Por su parte, el inglés y menos famoso Lord Northcliffe sentenció que "sólo es noticia aquello que alguien quiere ocultar; lo demás es publicidad".

A la hora de elegir, cualquier periodista que se precie no tendrá dudas en adscribir al postulado del inglés. Sin embargo, raras veces podemos elegir. De todos modos, no es hoy tan sencillo identificar claramente qué medio responde a qué postulado. El transcurso de los años ha dejado una gran experiencia en estrategias camaleónicas y no es un disparate decir que tras las palabras de Northcliffe pueden ocultarse las intenciones de Hearst. Y que tras el desprecio del norteamericano pueda aflorar el objetivo del inglés. Podría decirse que el periodismo es una rara mezcla de ambas concepciones y que, en todo caso, la cuestión es dónde se pone el acento.

Algunos periodistas vernáculos se inclinan por seguir una definición de Horacio Verbitsky, estrechamente ligada a Lord Northcliffe: "Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa; el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar". Esta identificación del periodismo "a secas" echa por tierra con la distinción que establece Pettigiani, desde su mirada jurídica, y también con las distinciones que se hacen en el campo académico, en el que el Periodismo de Investigación es definido por sus "tres elementos básicos" (coincidentes con Northcliffe y Verbitsky): "que la investigación sea el trabajo del reportero, no un informe sobre una investigación hecha por otro; que el tema de la información trate algo de razonable importancia para el lector o televidente y que hayan quienes se empeñen en esconder esos asuntos del público", según la caracterización de Robert Greene, fundador del Investigative Reporters and Editors -IRE- de Estados Unidos, formulada en 1991.

Ante la falta de un sólido asiento en la praxis mediática -praxis que no se corresponde con los deseos de Northcliffe y Verbitsky- aparece como correcto que desde el campo académico se hagan esfuerzos por diferenciar las distintas prácticas o modalidades en que el periodismo puede incurrir y que, por ende, una de esas distinciones lleve por nombre Periodismo de Investigación.

Si en el campo mediático y en el campo académico se torna tan dificultoso el tema y cada cual lo toma según le parece ("cada maestrito con su librito"), esta "avanzada jurisprudencial" de Pettigiani, en caso de "florecer" ante casos concretos, se encontrará con no pocas dificultades a la hora de pretender adjudicarle el "sello" de Periodismo de Investigación a alguna producción editorial. Y hasta puede ser tomada -aunque no lo pretenda- como el "globo de ensayo" de una intención política "cercadora" de la libertad de prensa. Las mentes conspirativas recordarán, seguramente, que Pettigiani fue funcionario del gobierno de Eduardo Duhalde antes de ser designado ministro de la Corte bonaerense y que Eduardo Duhalde puede ser el próximo presidente de la República.

Podríamos decir que, desde un punto de vista académico, la responsabilidad que Pettigiani le pide a los periodistas no es más que lo que corresponde. Aunque no sólo en el campo del Periodismo de Investigación. ¿Por qué disculpar la precariedad de la información que puede afectar a una persona en el periodismo "cotidiano", como hace el ministro de la Corte en uno de los tres fallos citados aparte, en su único voto minoritario? En ese voto, Pettigiani sostuvo que"la situación que prestó base a la información cuestionada se presentó como un hecho novedoso, de configuración imprevista y sorpresiva (...). Los hechos policial y judicial existieron (...) por lo que no medió de modo alguno por parte del periódico una creación artificiosa". Todas las noticias presentan estas características.

Desde un punto de vista jurídico, no sólo podría decirse que todos los errores del periodismo "cotidiano", para Pettigiani, quedarían disculpados, sino que este razonamiento aparece como una maniobra peligrosa. Porque si bien es cierto que siempre debemos partir de la buena fe (presunción de inocencia, para decirlo en términos constitucionales), no es menos cierto que la mala fe existe y es aplicada con frecuencia en todas las prácticas sociales -incluídas el ejercicio del periodismo y la administración de justicia- para favorecer a tal o cual interés económico, político y/o ideológico.


* Carlos A. Sortino es periodista y editor de la revista En Marcha, de Argentina, y docente de la cátedra "Periodismo de Investigación" en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Este artículo fue publicado en el número 9 de la revista citada, en agosto último, y es cedido por su autor como su primera colaboración para Sala de Prensa.


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