Sala de Prensa

103
Mayo 2008
Año X, Vol. 4

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


CPJ:

Ataques a la prensa

Joel Simon *

En agosto del 2008, cuando la antorcha olímpica se encienda en Beijing, más de 20 mil reporteros estarán allí para cubrir competencias entre los atletas más grandes del mundo. Detrás de la escena, otra competencia estará llevándose a cabo. Si el gobierno chino consigue lo que quiere, ésta otra permanecerá oculta. Será una batalla por la información y tendrá implicancias mucho más importantes para el mundo que el recuento de medallas.

En agosto pasado, un año antes de programado el inicio de los Juegos, el Comité para la Protección de los Periodistas envió una delegación a Beijing para el lanzamiento de un exhaustivo informe, titulado "Quedando Cortos" (Falling Short), que explica el terrible historial de China en materia de libertad de prensa. China es el primer país en el mundo en cantidad de periodistas encarcelados, con 29 editores y escritores detrás de rejas, pero el gobierno también descansa en un sofisticado sistema de represión y recompensas para controlar a los medios. Los periodistas, por ejemplo, reciben bonificaciones si sus artículos son calificados de modo positivo por funcionarios locales. Pueden ver reducidos sus ingresos –o bien ser despedidos de sus trabajos– si obtienen una evaluación negativa.

Algunos de los países más represivos del mundo, incluyendo a Cuba y a Birmania, simplemente bloquean el acceso a Internet. Pero reconociendo que las comunicaciones modernas son cruciales para el crecimiento económico, China le ha dado la bienvenida a la expansión de la Internet por sus beneficios económicos, mientras busca controlar y censurar el contenido. La tecnología, parte de la cual es proporcionada por compañías estadounidenses, filtra sitios Web considerados subversivos. Miles de monitores humanos rastrean envíos y borran el contenido ofensivo. Si esas estrategias fracasan, el gobierno hace uso de una cantidad de leyes sobre seguridad del estado para encarcelar a los críticos; 18 de los periodistas chinos en prisión estaban trabajando en línea.

Hasta no hace mucho, idealistas de la Internet argumentaban que era imposible usar la censura o el control en la red. Ya no es más así. China ha demostrado que estaban equivocados. Pero la maniobra más audaz del gobierno chino es que puede ingresar a la economía mundial, gozar de legitimidad internacional, e inclusive ser anfitrión de los Juegos Olímpicos sin flexibilizar los controles sobre la vida política del país.

Si los Juegos Olímpicos suceden mientras China sigue siendo el mayor encarcelador de periodistas en el mundo, censurando y controlando aún el acceso a la Internet, restringiendo a los medios globales, entonces se habrá probado que es posible reunir, inclusive liderar a la comunidad internacional sin honrar el derecho básico de expresar ideas y diseminar información libremente. Tal sería un terrible acontecimiento para la libertad de prensa en un momento en el cual nuevos modelos del autoritarismo se imponen en tantas áreas del mundo.

La exitosa fórmula de China de liberalización económica y control político está siendo emulada en países como Vietnam. Y a medida que crece su influencia internacional, el enfoque de China de no hacer preguntas ante la ayuda externa en África y América Latina está desarmando los esfuerzos de los donantes internacionales de unir la asistencia con los derechos humanos.

Las tácticas que se desarrollan en China plantean uno de los muchos nuevos retos a los defensores de la libertad de prensa. Acá hay algunos otros extraídos de las páginas de este libro:

• En Rusia, donde el Presidente Vladimir Putin ha creado un estado de seguridad nacional regido por espías, el disenso se ha redefinido como "extremismo". Según estas nuevas y generalizadas leyes, las críticas de los medios a los funcionarios son ahora un delito penal. La táctica del Kremlin de reescribir las leyes para penalizar al periodismo ha sido exportada a países como Uzbekistán y Tayikistán.
• En partes de África en donde la democracia supuestamente se ha arraigado luego de años de luchas, las condiciones de la prensa en realidad han empeorado. Mientras aceptan elogios de donantes occidentales, los líderes represivos en Etiopía, Gambia y la República Democrática del Congo han reprimido duramente a los medios críticos, clausurando periódicos y encarcelando a periodistas.
• Una estrategia similar está extendiéndose en el Medio Oriente, dónde una cantidad de gobiernos árabes está expresando su compromiso público con las reformas democráticas al tiempo que usan estrategias legales menos visibles para controlar a la prensa. "Manipular a los medios, han descubierto, es políticamente más apetecible para la comunidad internacional que una dominación directa", escribe el coordinador senior del programa, Joel Campagna.
• En Venezuela, el gobierno del Presidente Hugo Chávez Frías obligó a una estación de televisión crítica a salir del aire en mayo al no renovarle su concesión. Las autoridades venezolanas indicaron que actuaron dentro de la ley, pero una investigación del CPJ reveló que el proceso fue arbitrario y motivado políticamente.

En todos estos países, poderosas figuras han desarrollado una amplia gama de enfoques innovadores que de modo acumulativo representan una forma suave de autoritarismo que se está esparciendo en muchas regiones del mundo.

Los gobiernos son ahora menos proclives a encarcelar a un periodista de modo explícito por su labor informativa que a presentar acusaciones imprecisas de subversión contra del estado. Nuestra investigación muestra que los encarcelamientos aumentaron de modo significativo luego que gobiernos de todo el mundo adoptaran leyes amplias sobre seguridad nacional tras los ataques terroristas del 2001 en los Estados Unidos. Los encarcelamientos en el 2000 eran 81 pero desde entonces han promediado en 129, según nuestras relaciones anuales.

Periodistas de muchas sociedades represivas padecen, por decirlo así, de una presencia desmedida del gobierno: asfixian, buscan su propia ventaja y son intrusivos. Son gobiernos que buscan restringir drásticamente los límites del disenso.

La otra gran amenaza para los periodistas es la presencia débil del gobierno. En países como Irak, Somalia, Gaza y en áreas tribales de Pakistán, un estado de anarquía generalizado deja a los periodistas a merced de facciones armadas. Irak se ha convertido en un virtual campo de la muerte para la prensa, con más de 170 periodistas y trabajadores de prensa caídos en cumplimiento de su labor informativa desde la invasión estadounidense en marzo del 2003. En el 2007, más de 40 periodistas y trabajadores de prensa cayeron en represalia por su trabajo, la mayoría de ellos reporteros iraquíes muertos a balazos por milicias locales.

La prensa iraquí creció rápidamente en el período inmediatamente posterior al derrocamiento de Saddam Hussein. Pero sin la presencia de un gobierno que hiciera cumplir la ley, los militantes pronto apuntaron a estos jóvenes periodistas por creer que defendían intereses partidarios o estaban vinculados con medios occidentales.

El mismo fenómeno se ha registrado en Somalia, asediado por luchas internas. Fue el segundo país más letal para la prensa en el 2007. Un puñado de radios independientes emergió en Mogadiscio durante períodos de relativa calma que se han producido en medio de 16 años de inestabilidad. A medida que se intensificó el conflicto en el 2007, los periodistas se encontraron cada vez más en el centro del peligro. Al menos tres de los siete periodistas somalíes que murieron en el 2007 se convirtieron en blanco de militantes y fueron asesinados. Sin ningún tipo de control efectivo de parte del gobierno, la violencia ocurre con impunidad.

En otras partes del mundo donde los periodistas usualmente son asesinados o amenazados, los gobiernos son incapaces de mantener el control o de proporcionar una seguridad básica. Esto es verdad en gran parte de la zona rural de Filipinas, en las áreas tribales de Pakistán, en la frontera entre México y los Estados Unidos y en la parte rural de Colombia, donde la guerra que lleva más 40 años parece no tener fin.

Los gobiernos a menudo son indiferentes ante la violencia contra de la prensa porque se benefician cuando hay autocensura generalizada producto de los mismos ataques. Pero muchas veces, según confirmó la investigación del CPJ, los gobiernos van más allá. Mientras grupos políticos de oposición e insurgentes son responsables de una buena parte de las muertes, fuerzas aliadas a gobiernos, incluyendo a paramilitares, están también detrás de muchos asesinatos.

Los periodistas fluctúan entre períodos en los cuales poderosos gobiernos reprimen a los medios y fases donde gobiernos más débiles son incapaces de hacer cumplir la ley. Si los periodistas tienen que trabajar en libertad, debemos enfrentar con igual vigor ambas categorías de abusadores: los gobiernos que hacen mucho y otros que hacen muy poco.


* Joel Simon es el director ejecutivo del Comité para la Protección de los Periodistas.


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