Sala de Prensa

97
Enero 2007
Año VIII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


El derrumbe de Los Pinos

Rafael Rodríguez Castañeda *

En punto de la cita, a las 10 de la mañana del sábado 24 de febrero del 2001, llegué a Los Pinos. Unos minutos después el presidente Vicente Fox me recibió en sus oficinas, con vista a los arbolados jardines. En mangas de camisa, sin corbata, con la sonrisa ensayada cientos, miles de veces, no era sin embargo para él una mañana relajada. Había renunciado a su habitual fin de semana en el rancho guanajuatense de San Cristóbal para estar pendiente de la salida del subcomandante Marcos de La Trinidad, Chiapas, en el inicio de la caravana que trajo a los comandantes del EZLN a la capital del país. Partes militares y civiles, por teléfono o entregados en tarjetas, cortaban con frecuencia lo que fue una conversación tan breve como distante.

El propósito de mi visita era muy preciso. Recientemente se había informado del inicio de obras de remodelación en Los Pinos. En Proceso queríamos acceso a los planes, proyectos y costos. Más aún: queríamos presenciar los trabajos, fotografiarlos, captar momentos del antes y después de las obras. Y todavía más: estábamos seguros que, si nos autorizaban videograbar, más de una televisora estaría dispuesta a difundir un programa en coproducción con Proceso.

—Me gusta la idea –dijo el Presidente. En seguida, descolgó el auricular de uno de sus teléfonos.

—Que venga Marta.

Unos cuantos segundos pasaron antes de que entrara Marta Sahagún, a quien conocí meses antes, en la vorágine de los primeros días del sexenio, en su calidad de directora de Comunicación Social de la Presidencia.

—Rafael nos propone un proyecto interesante. Explícaselo, Rafael, ustedes se ponen de acuerdo.

Repetí la propuesta. Libreta en mano, ceja levantada, Marta asintió y apuntó.

—Okey, te llamo para que vengas a verme y precisemos los detalles.

Fue todo. Antes del cuarto para las once salía yo, sábado de sol radiante, rumbo al estacionamiento de Los Pinos.

Días después me citó Marta Sahagún a sus oficinas de Comunicación Social.

—¿Qué quieren realmente? –repitió una y otra vez.

—Dar testimonio de algo que consideramos de interés público y de trascendencia histórica. Una especie de metáfora: el derrumbe de la antigua casa presidencial como secuela de la expulsión del PRI de Los Pinos. Es más, hemos afinado nuestro proyecto hasta convertirlo en un reportaje sobre la historia de Los Pinos, desde su construcción hasta estos momentos…

—¿Y cómo lo presentarían?

—En principio el objetivo era un reportaje para la revista. Pero si hay disposición del presidente, queremos ampliarlo. En estos momentos tenemos tratos con Televisa. Estoy seguro que estarán interesados en coproducir con Proceso un programa sobre Los Pinos. Adicionalmente, nosotros haríamos una edición especial dedicada al tema. ¿Cómo ves?

—En principio estamos de acuerdo. Un solo compromiso: que esto no sea para golpear al Presidente.

—En este caso, nos interesa estrictamente la remodelación de la casa presidencial…

—Hecho entonces. Me avisas cuándo quieren empezar, para hablar con el Estado Mayor Presidencial.

Tiempos de ingenuidad. Considerábamos que, bajo ciertas condiciones, las sardinas pueden convivir con los tiburones. Era viable, imaginábamos, acceder a la televisión comercial con reportajes de investigación, y los jóvenes ejecutivos que se comprometían a cambios sustanciales en Televisa decían, órale, nos interesa… El tiempo y las circunstancias acabaron con el optimismo de Proceso. Pero en aquellos días creíamos que tal vez sí se podía…

Por lo pronto, llegamos a un acuerdo mínimo: reporteros y fotógrafos de la revista se unirían a productores, técnicos y camarógrafos de Televisa para estar presentes en la remodelación de Los Pinos. Y urgía empezar de inmediato. Bajo la picota se venía abajo una historia de sueños casi imperiales.

Como sueño parecía lo que ocurría:

Las puertas de Los Pinos se abrieron. Con excepción de la llamada área de las cabañas, Proceso tuvo acceso a todos los rincones de la casa presidencial. En compañía de Pascal Beltrán del Río, entonces subdirector de Información, el entonces coordinador de fotografía Ulises Castellanos no enfrentó restricción alguna para tomar imágenes fijas de los jardines y de los inmuebles. Beltrán del Río iba a ser, precisamente, el autor del guión del reportaje televisado.

A su vez, Televisa mandó a su mejor equipo de producción.

Las cámaras captaron la demolición de los interiores de la casa Miguel Alemán, residencia familiar de los presidentes priístas y sus familias. Las pretenciosas columnas, engrosadas al paso del tiempo y del estilo que cada presidente les quiso dar, adelgazaron al mínimo bajo la picota. Con estrépito fue destruida la mesa de boliche, lo mismo que la alberca bajo techo y el gimnasio personal. Cayó por igual la yesería ostentosa y la ventanería de alardes principescos.

Proceso y Televisa fueron testigos privilegiados.

En medio de los afanes periodísticos, los contactos entre ambos medios de comunicación continuaban, pero no se avanzaba. El caso de la entrevista de Julio Scherer García y el subcomandante Marcos, solicitada y obtenida por Proceso, transmitida por el Canal de las Estrellas en la víspera de la entrada de los zapatistas a la capital, dejó claro que un tiburón responde a sus instintos. La entrevista fue un éxito tanto en televisión como en la portada de la revista, pero Televisa se portó como lo que es: no comparte méritos y, menos aún, ganancias.

Pero además, los ejecutivos de Televisa no daban marcha atrás en un requisito sine qua non para un proyecto conjunto con Proceso: Julio Scherer García debía estar en la pantalla. Y por supuesto, el fundador de nuestra revista no aceptaba esa imposición, bajo ninguna circunstancia.

El desacuerdo con Televisa desalentaba justificadamente a quienes, desde Proceso, participaban en la supuesta versión televisada del derrumbe de la casa presidencial, como llamábamos ya a lo que era sólo una ilusión. Las sesiones en Los Pinos fueron espaciándose, conforme los trabajos de remodelación se terminaban.

Y de pronto todo quedó congelado. No se hizo el guión, las fotografías se archivaron. Televisa se quedó con una indeterminada cantidad de videos, alguno de los cuales, inescrupulosamente, utilizó en sus noticiarios.

Lo que no pudo hacer con Proceso sí lo hizo la televisora con Milenio: un programa mensual, de vida efímera, sin huella.

El proyecto televisivo de nuestra revista se redujo, pues, a la entrevista de Scherer-Marcos.

Yo, en lo personal, tenía en el olvido el frustrado programa sobre la casa presidencial hasta que una llamada telefónica de Marta Sahagún lo trajo a mi memoria, de una ingrata manera.

Era la mañana del miércoles 27 de junio del 2001. Venía por la avenida Virreyes, al volante de mi automóvil, acompañado de Antonio Jáquez, asesor de la Dirección de Proceso. Ambos habíamos asistido a un almuerzo en la casa del empresario Jaime Camil, en la colonia Lomas Altas. De pronto recibí en mi celular una llamada directa de la señora Marta Sahagún, según me anunció una voz femenina.

Este fue el diálogo:

—Hola, Marta, ¿cómo estás?

—Rafael, tú y yo hicimos un compromiso de caballero y dama. Te tuve confianza. Te abrí las puertas de Los Pinos como no lo hicimos con nadie…

Con cada frase, aumentaba el tono de voz. Altisonante de suyo, más aguda se volvía con una rabia sin continente.

—Me entero –continuó– que estás preparando un programa de televisión para atacar al presidente de la República, faltando a la palabra que diste.

—¿Pero quién te dijo eso, Marta? –intenté.

—No importa –la voz era ya un grito–. Insisto: sé que estás preparando un programa para atacar al presidente, y no lo voy a permitir. Te lo digo: no lo voy a permitir.

—Marta, ese programa no existe. No hay nada, ni siquiera un guión…

—Mira Rafael, de una vez te digo: ni tú ni nadie –el grito llegaba hasta Jáquez, que venía en el asiento de pasajero– va a derrocar al presidente de la República. Óyelo bien: ni tú ni nadie va a acabar con Vicente…

—¿Quién soy yo para pretender algo así?

—¡No lo vas a derrocar, no lo vas a derrocar, no lo vas a derrocar! ¿Entiendes? Ni tú, ni nadie…

—Marta, por favor… Estás mal informada… Pero mira, estoy en el celular y voy manejando. Te llamo en cuanto llegue a mi oficina, ¿te parece?

—Está bien.

Y el colgón fue colgón en serio.

Ya en mi oficina, nervioso sin duda, le pedí a Ángeles Morales comunicarme a la oficina de Marta Sahagún.

—¿Marta? Te vuelvo a decir: no sé de qué hablas… ¿Quién te dijo qué?

—Rafael, te repito: ni tú ni nadie va a poder acabar con el presidente Fox…

—Mira, Marta, estás mal informada. ¿Quién te dijo acerca de un programa del cual no existe ni siquiera el guión? No hay nada, y no me puedes decir que traicioné tu confianza…

—Bueno, Rafael, te creo… Pero debes entenderme. Te abrí las puertas de Los Pinos…

—Ya no tengo nada que decir, Marta. El programa del que te hablaron no existe. Adiós.

—Adiós.

Cuatro días después, el lunes dos de julio de 2001, Marta Sahagún y Vicente Fox contraían matrimonio, casi furtivamente, en Los Pinos.


* Rafael Rodríguez Castañeda es director de la revista Proceso desde hace poco más de 10 años. Este texto fue escrito para un número especial por el 30 aniversario de Proceso, y se reproduce en SdP con la autorización expresa de su autor. © Comunicación e Información, S.A. de C.V.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.