Sala de Prensa

94
Agosto 2006
Año VIII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Las presiones a la prensa argentina
en el gobierno de Kirchner

Daniel Santoro *

Antes de viajar a Estados Unidos, se desató un escándalo en la Argentina porque un grupo de desconocidos espió y robó los mensajes que intercambié a través de mi correo electrónico en Internet durante dos meses con el juez Daniel Rafecas, quien investiga a dos traficantes de drogas serbios presos en mi país. ¿Cómo me enteré que habían violado mi correo electrónico del diario Clarín, el diario más grande de la Argentina? Cuando los abogados de los traficantes de drogas con total impunidad presentaron mis mensajes privados a otro juez para denunciar que el juez Daniel Rafecas había violado la ley por responder preguntas off the record a un periodista.

Pero eso no fue todo. Dos semanas más tarde, el grupo de desconocidos publicó en Internet unos 70 correos electrónicos míos de mis diálogos, a través de mi correo electrónico, con el juez Daniel Rafecas, fiscales, diputados, funcionarios y otras de mis fuentes de información. La nota termina con la dirección de mi casa, mi número de teléfono particular y una foto en la que estoy cenando en un restaurante con dos primos y una sobrina con esta amenaza: "¿Será esta la última cena de Santoro?". Los desconocidos, además de mis mensajes, mostraron los mensajes privados de un juez de la Corte Suprema de Justicia, un fiscal y un senador, entre otros. Este ataque informático masivo provocó miedo entre todos los que intentamos investigar la corrupción en la Argentina.

Luego de 26 años de ejercer el periodismo, para mí esta amenaza es otra de una larga cadena. En 1995, cuando descubrí que el gobierno del entonces presidente Carlos Menem había traficado 6 mil 500 toneladas de armas y municiones a Croacia durante la guerra de los Balcanes a pesar de un embargo de la ONU y a Ecuador que estaba en guerra con Perú, recibí amenazas de muerte, me abrieron un juicio por violar secretos de Estado y el abogado de un traficante de armas me ofreció 40 mil dólares para dejar de investigar el caso. Preferí seguir siendo un periodista pobre pero honesto.

Sin embargo, las amenazas que recibí y recibo en la Argentina -como otros periodistas argentinos que hacemos periodismo de investigación- son sólo un juego de niños comparado con las situaciones que sufren periodistas de Colombia, México o Venezuela. En la Argentina, desde que se restauró la democracia, sólo hubo un periodista asesinado: José Luis Cabezas. Antes, durante la dictadura militar hubo 100 periodistas desaparecidos. Los periodistas que arriesgan sus vidas no somos los argentinos, sino nuestros colegas de Colombia, donde fueron asesinados 100 en los últimos años, o de México, donde el narcotráfico mató a 10, sobre todo de las ciudades fronterizas con Estados Unidos.

Pero además de las amenazas de los narcotraficantes o traficantes de armas, ¿cuál es el contexto político para investigar la corrupción en los gobiernos de América Latina?

Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y otros países de América Latina tienen gobiernos de centroizquierda y, al contrario de lo esperado, la mayoría de estos gobiernos tiene una relación tensa con la prensa en un clima poco propicio para investigar.

En mi país creíamos que con la llegada de Néstor Kirchner -un dirigente del peronismo de izquierda que vivió la violenta década del setenta- se iban a terminar las presiones a la prensa del menemismo, cuyo gobierno llegó a iniciar más de 100 juicios por calumnias e injurias a periodistas y sobornaba periodistas a través de un sistema bautizado irónicamente como "la cadena de la felicidad" que usaba fondos secretos de los servicios de inteligencia para ese objetivo.

Con Kirchner se renovó la Corte Suprema de Justicia y hasta ahora no hubo ningún juicio contra un periodista. Sin embargo, en tres años de gobierno jamás dio una conferencia de prensa, se instauró un sistema de telefonazos a periodistas para quejarse por sus notas y el vocero presidencial no da noticias. Algo parecido pasa en Brasil con Lula, algo parecido pasaba con Lagos en Chile y en otros países. Pero en la Argentina, el gobierno de Kirchner también opera sobre los dueños de los medios: en el 2005 extendió por decreto, no por ley, las licencias de radiodifusión por diez años más, tres meses antes de unas elecciones parlamentarias clave y maneja discrecionalmente la publicidad del estado en los medios de comunicación.

Quiero decir con esto que la cultura política no avanzó en estos primeros años del nuevo milenio. Esperábamos que los gobiernos de centroizquierda respetaran el nuevo rol de la prensa, además de formar, informar y entretener: convertirse en el controlador del poder o en el watchdog o perro guardián de la democracia. Esperábamos que comprendiera que es normal que haya "tensión" entre los gobiernos y la prensa y que es el rol de los periodistas plantear en la agenda de debate público los temas que le interesan a los lectores y no los temas que le interesan al gobierno de turno o a los otros factores de poderes, sobre todo el económico, que funcionan en nuestras sociedades.

Es un problema de la clase política pero también de los editores. Para algunos editores convencionales sólo es publicable una investigación que esté relacionada con algunos de los temas que estuvo en la agenda de debate público de la semana.

Es cierto que de la mano de esta baja cultura política, enfrentamos instituciones débiles. Estados y partidos políticos que funcionaban mal. Y todos sabemos que sin estado y sin partidos políticos que practiquen la Política -con mayúscula- no hay democracia. Entonces, es nuestro deber no generalizar, no practicar un periodismo de campanazos, de denuncias vacías que presenten a todos los políticos, a todos los partidos, como corruptos.

Esto lo digo en el marco de una autocrítica. Así como estos comentarios empezaron sobre el rol de los políticos en América Latina, así generalmente investigamos la corrupción como si fuera únicamente responsabilidad de los políticos y funcionarios. La corrupción es como el tango, se baila de a dos y muy juntitos. ¿Cambiaron los empresarios que en los setenta sobornaron a funcionarios menemistas o de Collor de Mello? La respuesta es no. Recientemente, una revista argentina entrevistó al cocinero de la casa de gobierno y le preguntaron qué era lo que más le llamaba la atención en 30 años de cocinar para los presidentes argentinos. La respuesta fue que el anfitrión (el presidente) cambia cada cuatro años (o menos por las crisis económicas argentinas) pero que los invitados eran siempre los mismos empresarios... Es nuestro deber poner la lupa sobre las dos partes y reclamar reglas de juego claras y transparentes para los negocios.

En este contexto, el periodismo de investigación en América Latina está con la guardia baja, salvo excepciones como en Costa Rica, donde el diario La Nación realizó en el 2004 una investigación sobre los casos Alcatel y Finlandia que mandaron presos a dos ex presidentes, incluyendo el ex titular de la OEA Miguel Ángel Rodríguez.

En la Argentina quedó una sola unidad de investigación, la del diario Clarín. El resto fue cerrada. No se logra o no se puede investigar profundamente zonas grises del gobierno de Kirchner por los factores antes señalados. Hay dos programas en la TV abierta que se autodenominan de investigación, pero la mayoría de las bases son notas basadas en la cámara oculta. Sin embargo, proliferan los excelentes libros periodísticos.

En México, hace cinco años, el diario Reforma cerró su unidad de investigación y, según Rossana Fuentes, al periodismo de investigación que queda "hay que hacerle respiración boca a boca".

En Brasil, existe un proyecto importante sostenido por la Asociación Brasileña de Periodismo de Investigación (ABRAJI) para fomentar esta especialidad del periodismo, pero no hay grandes investigaciones en los últimos años.

En Perú, Ricardo Uceda y otros periodistas de investigación con experiencia han emigrado de los grandes medios hacia otro tipo de espacios periodísticos y no hay investigación en profundidad como en la época de Fujimori. La unidad de investigación del diario El Comercio de Lima afronta dos juicios multimillonarios por calumnias e injurias de parte del grupo Bavaria y del ex dueño de Aerocontinente, a quien se lo vinculó con el narcotráfico.

En otras palabras, no hemos logrado todavía crear una tendencia, una cultura de periodismo de investigación. En cambio, sí hay muchos esfuerzos -como los talleres de capacitación de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que preside el premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez y tiene su sede en Colombia- y mucho interés en nuevas generaciones de periodistas.

También hay nuevas tendencias. Rosental Alves, periodista brasileño y profesor de la Universidad de Texas, contó cómo periodistas free lance en Estados Unidos desde sus weblogs están obligando a los grandes medios a meterse con temas que no se quieren meter. Es una tendencia importante en el mundo desarrollado, donde el 50 por ciento de la población tiene acceso a Internet. En América Latina, solo el 14 por ciento está on line.

Pero lo fundamental para el periodismo sigue siendo el periodista, sus capacidades y su decisión de afrontar riesgos profesionales, jurídicos y hasta físicos para meterse con los poderes que dominan América Latina y la han hecho unas de las regiones más pobres del mundo. No la tecnología.

Desde hace diez años, un pequeño ejército desperdigado de locos periodistas, que pasaron por los talleres de la Fundación, andan investigando en medios masivos, medios alternativos o libros. Y como nos dijo el premio Nobel de literatura y periodista Gabriel García Márquez, en el 2002: "Salgan de la comodidad de los escritorios de las redacciones a las calles de América Latina a buscar las historias ocultas de los Menem, Fujimori o Collor de Mello".


* Daniel Santoro es miembro del Consejo Editorial de Sala de Prensa, editor de la sección política del diario Clarín de Buenos Aires, Argentina, y profesor en la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano. Dicta dos talleres anuales sobre Periodismo de Investigación (en el primer y segundo semestres) en la Escuela de Periodismo de la Universidad Univeridad Diego Portales. Ha recibido el Premio Internacional del Periodismo Rey de España en 1995; en 1997 fue nombrado Caballero de la Orden al Mérito de la República de Italia, y en octubre del 2004 recibió el premio Maria Moors Cabot, que entrega la Universidad de Columbia. Su último libro es Técnicas de Investigación. Métodos desarrollados en diarios y revistas de América Latina (FNPI-FCE, 2004). Este es el discurso que pronunció en junio pasado en la trigésima conferencia anual de la organización Investigative Reporters and Editors (IRE), celebrada en Fort Worth, Texas.


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