Sala de Prensa

92
Junio 2006
Año VIII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Mexicanos al grito de
¡Óooorale!

Gerardo Albarrán de Alba *

Es la misma aventura de cada cuatro años, pero ahora los aficionados mexicanos rompieron algo más que cualquier récord de asistencia a un Campeonato Mundial de Futbol jugado fuera de territorio nacional.

Hordas de familias, compadres, amigos y hasta mochileros debieron ahorrar tal vez durante años, o endrogarse por similar periodo, para asistir a Alemania y seguir al Tri hasta donde llegue (¿cuatro, cinco partidos?), o hasta donde alcance el poco o mucho dinero del que hayan podido disponer para hospedarse, comer, comprar recuerditos, trasladarse apiñados en tren a las sedes de los encuentros de México, pagar entradas faltantes incluso de reventa –ya legalizada por la FIFA– para la suegra (o la tía incómoda que nunca falta, o el sobrino o el compadre o el cuate que se lanzó así nomás), las que pueden llegar a cotizarse en unos 2 mil euros (sólo 27 mil pesos, al tipo de cambio de 13.50 por uno), moverse en metro o autobús hacia los estadios, o aunque sea nada más para chelear a gusto antes, durante y después del partido. Total, no es gratuita la fama del turista mexicano gastalón, ese que hasta deja propina en restaurantes de países donde sí le pagan a los meseros, así sean versiones primer mundistas de nuestras fondas.

(¡Que alguien les avise de los Doner Kebab!, esos restaurantitos árabes dispersos por todo Europa donde se puede entretener la panza por muy poco dinero y hasta hacerse la ilusión de que son taquitos al pastor. Aunque después del 3-1 a Irán, a lo mejor no es tan buena idea…)

De entre los miles de aficionados que volaron a Alemania (las cifras bailan entre 20 mil y 40 mil, la mayoría del DF, Guadalajara y Monterrey), sólo unos pocos, muy pocos, habrán invertido apenas una o dos quincenas para –digamos– sus chuchulucos, porque se ganaron un viaje en alguna promoción cervecera o similar, algo todavía más improbable que sacarse la Lotería y no se diga pegarle al Melate. Por ejemplo, entre los miles y miles de litros de cerveza Sol vendidos en los últimos meses, 66 personas podrían llegar a creer que su dios se puso la verde y los tocó con la gracia de los elegidos, esos que inundaron las calles de Nuremberg con estridentes chiquitibum, porque su corcholata les anunciaba que estarían ahí. La promesa del cielito lindo nunca antes habrá alegrado tanto a esos corazones que fueron a la tienda por un six para curársela y salieron con un viaje-todo-pagado al Mundial. Cada viaje regalado tuvo un valor promedio de 55 mil pesos, según el área de relaciones públicas de Femsa.

Pero la mayoría debe haber empeñado hasta la camiseta…

(“¡Mamá, deposítame! …Ya se me acabó la lana… Mándame algo, ¡ya sabes a dónde!”, se desgañita un aficionado ante las cámaras de televisión que transmiten su ruego como parte de una nota de color y, de paso, le ahorran la llamada de larga distancia.)

Otros pocos –los verdaderos pirrurris– no habrán reparado en gastos. Boletos de avión sin restricciones de alrededor de 30 mil pesos por persona (y hasta eso, en clase turista, por Aeroméxico); reservaciones de hotel con precios que, en Nuremberg, empezaban en 250 euros (unos 3 mil 375 pesos) por noche; asientos de tren en primera clase asegurados; y taxis, shoping, antros… o sea, lo que haga falta.

Son los familiares de los seleccionados y directivos de primera división (ahí estaban, en las pantallas de los que nos conformamos con verlo desde aquí, Decio de María, secretario general de la Federación Mexicana de Futbol; Jesús Martínez, dueño del Pachuca; Miguel Herrera, director técnico del Monterrey, y el desempleado Daniel Guzmán, exentrenador del Atlas), y uno que otro futbolista que no fue convocado por Lavolpe, pero sí por sus parientes, que a ellos, a fin de cuentas, al menos entrar al estadio no debió salirles tan caro, considerando los 16 mil boletos que la FIFA le entregó a la Femexfut. Son de casa, pues.

También hay figuras de la farándula, como el cantante Alejandro Fernández; empresarios de todo calibre, nuevos ricos y vaya usted a saber cuántos narcos, como los que pillaron en televisión durante las olimpiadas de Sydney blandiendo una manta de apoyo a su protector, un presidente municipal panista. Para todos ellos están los paquetes “Prestige” y “Elite” que ofreció la FIFA a precios que, perdón, pero no cualquiera…

“Mi papá se fue al Mundial y sólo me trajo esta pinche camiseta”

Para la mayoría, asistir al Mundial debió ser un sacrificio. Nada más a través de agencias de viaje por todo el país, se vendieron 16 mil boletos para partidos en alguna de las 12 sedes por toda Alemania, aunque para el encuentro contra Irán hay quienes calculan en 25 mil los aficionados mexicanos que celebraron el triunfo desde las gradas del Frankestadion, y otros 5 mil que se quedaron afuera. Los paquetes (avión, hotel, traslados y entradas a los estadios) estaban disponibles desde hace un año, y los precios oscilaban de acuerdo con el número de noches, categoría de hoteles, sección del estadio en cada partido y –obvio– número de encuentros a presenciar, dependiendo de la etapa del torneo. Vaya, que no es lo mismo un boleto para ver Corea del Sur contra Togo, o a Túnez (¡ay, el fantasma del 78!) contra Arabia Saudita, en la primera ronda, que quedarse un mes en Alemania y estar-en-la-final.

Eso lo sabe hasta la FIFA, que vendió paquetes de su programa de “hospitalidad” para dos personas con un valor de entre mil 800 euros (unos 24 mil 300 pesos) para presenciar un solo partido de primera ronda (como el ya mencionado Túnez-Arabia Saudita, jugado en Leipzig) y hasta 6 mil 600 euros (89 mil 100 pesos) para el partido inaugural (Alemania-Costa Rica), en Munich. En esta misma modalidad, dos boletos para los partidos de semifinal costarán, baratos, 5 mil 600 euros, pero los hay hasta 7 mil euros, o lo que es lo mismo, de 75 mil 600 a 94 mil 500 pesos.

Cualquiera que haya contemplado instalarse entre la élite durante los tres primeros partidos de la selección mexicana, acompañado por una persona más, debió gastar –sólo en las entradas– hasta 3 mil 600 euros, es decir, 48 mil 600 pesos. Pero si se juntaron los cuates y se fueron en bola, nada mejor que comprar un palco de 11 mil 200 euros para echarle porras al Tri ante Irán, 18 mil euros contra Angola, y 19 mil euros frente a Portugal, en los que caben desde ocho hasta 21 personas. (¿Alguien sabe dónde anda el Niño Verde y su corte de los milagros?) Una bicoca en pesos, ¿no? Saque usted la cuenta.

La gran final, que se jugará el 9 de julio en Berlín, ya es otra cosa. En este caso, la FIFA ofrece “sky box” para entre 10 y 20 finas personas, cuyos precios empiezan en 156 mil euros, es decir, 2 millones 106 mil pesos. Y de ahí pa’l real…

Estar ahí vale la pena, se entienda o no el futbol. A decir de la FIFA, son los mejores asientos del estadio y, antes del encuentro, se pueden organizar exclusivas recepciones al gusto del cliente, desde un cocktail hasta un banquete delicatesen, y todo en áreas privadas –o sea, VIP–. Además de codearse con la verdadera élite (Pelé, Maradona, Beckenbauer, Joseph Blatter, Claudia Schiffer, los príncipes herederos de España y todos los demás invitados especiales y socios de los organizadores del Mundial, incluidos algunos presidentes de los países participantes, como el anfitrión Horst Kohler, u Óscar Arias, de Costa Rica), quienes compren estos palcos dispondrán de estacionamientos exclusivos, accesos restringidos, bebidas de bienvenida, edecanes –también VIP, faltaba más– alimentos tipo buffet acompañados de los mejores vinos, programa de mano, barra libre y botanas (antes del juego, al medio tiempo y al final del partido), y hasta un regalito de recuerdo. Por aquello de que algunos prefieran permanecer en la exclusividad del salón, atendidos por un staff especializado, antes que mezclarse con la chusma –aun desde su palco–, varias pantallas de televisión trasmiten todas las incidencias de la cancha.

Eso sí, para los verdaderos clientes, es decir, los que ya se hayan gastado por lo menos 50 mil euros (675 mil pesos) antes de esta fecha en los paquetitos ofrecidos, la FIFA les puede vender dos boletos sueltos para la gran final en sólo 9 mil 400 euros, o 126 mil 900 pesos. Una ganga que no es para todos.

(“A unos alemanes les dábamos nuestros sombreros de charro y 100 euros por unos boletos de a 40, pero al final no quisieron”, dice a la televisión una mexicana resignada, mientras otro se dice dispuesto a pagar hasta 500 euros –“pero les regateamos”– por una entrada al partido del Tri contra Angola.)

Para los mortales que viajaron desde México –tarjetazo o préstamo personal bancario de por medio, o como pudieron–, para ellos estuvieron las agencias de viaje y sus ofertones de temporada que empezaron a promover desde hace un año.

Lo menos, lo menos, hubo paquetes de 3 mil 200 euros por persona con siete noches de hotel y boletos para uno o dos partidos, a saber cuáles. Estar en los tres primeros encuentros del Tri, con la perrada, a cada aficionado le costó 4 mil 200 euros por lo bajito, con12 noches de hotel categoría turista, pero subió hasta 9 mil 200 euros si se quería dormir en hotel de cinco estrellas. Si México califica a octavos de final –y no se diga si llega a cuartos–, tal vez todavía quede alguien en Alemania que los pueda ver, siempre y cuando haya comprado desde aquí un paquete de entre 6 mil y 12 mil euros (con 12 noches de hotel, categoría turista, en base de ocupación triple). El paquete para estar únicamente en las dos semifinales y la gran final (ese sueño guajiro que nunca se pierde) costó apenas unos cientos de euros menos, según la agencia de viaje que lo haya vendido, con alojamiento seguro para sólo una semana.

Por la libre, ni qué decir. ¿Quién puede contar a los que se lanzaron sin boletos para ningún juego, sin hoteles reservados y casi sin lana, esperanzados de colarse a un juego, el que sea, donde sea, como sea? Con suerte algunos se habrán consolado con su pachita de tequila y cantado El Rey, acompañados de los varios mariachis que aparecieron por las calles alemanas. Los que se hayan enterado, a la mejor hasta vieron la exposición de obras de Frida Khalo, inaugurada el miércoles pasado en la sala Bucerius Kunst Forum, en Hamburgo.

Fueran éstos muchos o pocos, súmeles las más de 4 mil personas que –como en cada Mundial– fueron víctimas de presunto fraude (por el que ya hay una denuncia penal contra el candidato a jefe de gobierno del DF por el PASC, Gustavo Jiménez Pons) y amanecieron en Alemania con su kit de viaje (cangurera, pepsilindro y camiseta oficial incluidos, por supuesto), pero sin los anhelados boletos para algún partido que suponían ya comprados y seguros.

Es el sueño de cada cuatro años, y éste fue un sueño caro. Pero lo bailado, ¿quién se los quita?


* Gerardo Albarán de Alba es director de Sala de Prensa y coordinador de proyectos especiales de la revista mexicana Proceso, donde publicó este texto.


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