Sala de Prensa

92
Junio 2006
Año VIII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Evolución y retos de la televisión

Edgar Jaramillo *

La televisión es fascinación, es drama, es información, es poder, es emoción y es espectáculo. Nuestra sociedad está pasando de la logósfera (es decir de la cultura de la palabra) a la iconósfera (la cultura de la imagen).

En las últimas décadas, las formas de percibir las cosas y de comunicarlas se han transformado de manera impresionante, buena parte de esos cambios son, obviamente, consecuencia de la aparición de la televisión, porque jamás un medio de comunicación, alteró tanto la vida cotidiana de todos los sectores sociales.

La aparición de la imprenta y la prensa escrita introdujeron modificaciones sustanciales en la vida de los hombres, pero de ninguna manera la población percibió la diferencia, porque amplios sectores de la población eran analfabetos y no se beneficiaban de esos cambios; por el contrario, la radio y la televisión llegan a todas las capas sociales, desde las personas más influyentes hasta las más humildes.

Una prueba concluyente de la importancia que tiene la televisión, en el mundo actual, es su ubicación en las habitaciones de las casas modernas, en las cuales el lugar central es el televisor, convertido en el electrodoméstico que la población lo considera el más necesario en sus hogares y del cual casi no puede prescindir. La televisión es como la fogata que reúne a la tribu alrededor del fuego.

Según las previsiones, pocos sectores experimentarán un crecimiento tan alto en los próximos años como la televisión, solamente el Internet y la telefonía móvil crecerán en proporción mayor y, curiosamente, los tres segmentos se agrupan en el llamado hiper sector, que engloba todo lo referente a las telecomunicaciones y medios de comunicación y si el crecimiento de este sector es interesante, lo que resulta preocupante es que detrás de estos tres segmentos están los mismos intereses económicos.

En Europa se pronostica un crecimiento de los ingresos globales de la industria audiovisual del 80%. Es casi imposible encontrar otro sector con previsiones optimistas para ese mismo período. Las cifras de espectadores son ilustrativas según una investigación desarrollada en Europa, la audiencia de la televisión no deja de crecer, así el 90% de la población europea cree que el medio más idóneo para informarse es la televisión, mientras que apenas el 35% dice que son los diarios.

En cuanto al tiempo que el ciudadano medio pasa frente a la pantalla, la última cifra disponible de investigaciones europeas, señala una media de doscientos minutos diarios, es decir, que la población pasa expuesta a la televisión más de tres horas diarias; la mayoría de estos minutos se concentra en la franja nocturna entre las ocho y las doce de la noche, es decir en el período que transcurre desde la salida de su trabajo hasta la hora de dormir.

Los problemas de la exposición a la televisión comienzan desde que el espectador se sienta frente al televisor sin capacidad de distinguir entre la ficción y la realidad, entre lo trascendente y lo irrelevante. Un 65% de un grupo investigado en Europa considera que la televisión ha jugado un papel muy importante para que disminuya la unión entre los miembros de una familia. En este sentido, la televisión se ha convertido en uno de los moldeadores de la cultura moderna, porque ha puesto una gran parte de contenidos e información al alcance de la gran mayoría, creando una situación que no tiene precedente en toda la historia de la humanidad.

Al mismo tiempo, los contenidos de la televisión tienen una repercusión directa en los usos cotidianos, entre los que se pueden destacar el lenguaje y las relaciones familiares; en concreto el lenguaje utilizado habitualmente refleja de inmediato los giros que introducen los programas televisivos en la audiencia.

Por otra parte el aumento de la oferta de contenidos no parece que vaya a provocar un aumento del tiempo que se dedica a ver televisión y una gran variación de las actividades de ocio de la población. Los efectos se sintieron antes porque el tiempo que se dedicaba a particularmente la lectura, ahora se pasa frente a la pantalla de televisión.

Desde otra perspectiva y en el marco de la innovación tecnológica, el caso de la televisión se caracteriza por la implantación de la televisión digital, que si bien llegó de manos del satélite se apresta a extenderse a corto plazo mediante la puesta en marcha de los servicios de televisión digital terrestre, mientras que a mediano plazo el lanzamiento del cable completará el panorama de un nuevo paisaje televisivo.

Los principales efectos del proceso de innovación tecnológica en el ámbito de la producción audiovisual será el surgimiento de nuevos modelos de producción de programas, la aparición de nuevos actores al margen de los circuitos tradicionales de la producción y la paulatina sustitución de la tecnología analógica por la digital para el registro y edición de imágenes en la mayor parte de los canales.

En cuanto a la distribución existen tres grandes ventajas comparativas de los sistemas de televisión digitales frente a los analógicos. El primero, el aumento de la cantidad de programas disponibles; en segundo lugar, la mejora sustantiva en la calidad de la señal y, en tercer lugar, la posibilidad de prestar servicios de valor agregado a los que actualmente ofrece la televisión.

Sus contrapartidas, por el contrario, son la necesidad de actualizar las tecnologías de producción, de distribución, de recepción y la transformación de la base financiera del medio, que pasa más a gravitar sobre el usuario que sobre el anunciante y ello en gran medida porque cuando tengamos que reemplazar los aparatos de recepción, toda la gente tendrá que comprar nuevos televisores para poder receptar las señales de las emisiones digitales.

Además de las transformaciones del paisaje audiovisual previsibles al corto plazo, por la implantación de los sistemas de distribución de los programas de televisión por satélite, terrestre y por cable, es necesario considerar a la red de Internet entre las innovaciones tecnológicas que mayor impacto van a producir en el ecosistema televisivo en el mediano plazo. En los cambios previsibles, en el caso de la televisión digital, es plenamente factible la máxima que rige los procesos de innovación tecnológica, el desarrollo y la implantación de las nuevas tecnologías resultan típicamente más lentos mientras que el impacto que producen es, con frecuencia, mayor de lo que puede anticiparse, porque, repito, cuando tenga que reemplazar los aparatos de recepción, toda la gente tendrá que comprar nuevos televisores para poder receptar las señales de las emisiones digitales.

Sin embargo, y por la dimensión que tienen los cambios que registra el panorama mediático no debemos perder de vista que la innovación tecnológica en comunicación no suele funcionar bajo la dinámica de la sustitución, sino más bien de la complementariedad; a pesar de los temores que suscitan los nuevos medios, no reemplazan a los anteriores, unos y otros conviven redefiniendo sus perfiles y consolidando una nueva identidad.

En los próximos años, lo previsible es que el desarrollo de la Internet afectará el consumo de los contenidos de la televisión. El departamento de comercio de los Estados Unidos por ejemplo señala, en un reciente informe, que la radio había tardado 38 años en alcanzar una audiencia de 50 millones de personas, mientras que la televisión alcanzó esa cifra en 13 años y el Internet en sólo 4 años. Pero eso no es todo, el volumen del tráfico en la red se duplica cada 100 días y para el año 2006 el número de usuarios en todo el mundo superará los 500 millones.

No obstante, el desarrollo del Internet representa notables desequilibrios geográficos; para este año, cerca del 50% de los finlandeses, noruegos y norteamericanos son internautas mientras que en América Latina un máximo del 7,5% navega en la red.

Otro dato interesante y que puede marcar la pauta de lo que será el futuro es que en octubre del 2001 por primera vez los suscriptores al Internet en los Estados Unidos fueron en mayor número que los suscriptores de los diarios. Y algo más, en 1996 el comercio electrónico significó 2.600 millones de dólares, cifra que para el año 2.006 se estima en 600.000 millones de dólares, es decir un crecimiento vertiginoso y exponencial de los negocios a través del correo electrónico.

Frente a estas cifras no cabe duda que estamos en un mundo que se desarrollo raudamente y, en ese desarrollo, los medios de comunicación tienen un papel importante que cumplir. Desafortunadamente existen muchos casos en los que se cree que la vía más corta para el éxito es el escándalo y esta es quizá una de las tónicas que observamos en gran parte de los canales de televisión de América Latina.

La televisión protege la ambigüedad por la falta de precisión en la información, convierte la riqueza de la realidad en caricatura, excluye a los personajes que desea, se guía por la espectacularidad, da supremacía a lo interesante dejando de lado lo importante, juega al dolor ajeno con el espectáculo, posee un lenguaje domesticado por los grandes intereses económicos y su mismo deseo de información casi resulta una simulación.

La programación de televisión necesita más autocrítica y menos juicio de valor; más autenticidad y menos protagonismo; más profundidad y menos superficialidad. Los medios y los periodistas no pueden convertirse en árbitros de la moral. Es saludable que las principales críticas al periodismo y a los medios los hagan los mismos reporteros.

Por estas consideraciones, es urgente y necesario un proceso formativo, sistemático y esclarecedor, que permita una conciencia crítica que signifique ser dueños de una capacidad interior suficiente para discernir el valor o el contravalor en una situación o acontecimiento para orientar la conducta.

La criticidad es señal de una personalidad madura, fruto de un trabajo formativo, por eso es importante hacer esfuerzos para realizar cursos, talleres y seminarios que permitan intercambiar experiencias y reflexionar alrededor de los temas esenciales que afectan a la televisión de nuestros países y, sobre todo, para identificar indicadores que puedan convertirse en guías para el cambio en la orientación que deben tener nuestros medios de comunicación y, de manera particular, la televisión.

No cabe duda que la televisión mueve resortes psicológicos y obtiene a través de ellos cambios más profundos y duraderos en la memoria y en la imaginación que el sistema oral y el escrito. La gente tiene fe en las imágenes que se presentan, los medios avalan hechos, situaciones, opiniones o personas, la pantalla y el micrófono hacen visibles a las personas. Lo que los medios publican sale, lo que sale vale; sólo lo que se publica existe, los medios son los nuevos mercaderes de la realidad, lo que no aparece en las pantallas es como si no se hubiera producido, lo que los medios afirman queda, lo que ignoran los medios no existe.

La verdad es que con la televisión la intimidad de las personas ha sido derogada. La agonía de la intimidad explica el cansancio prematuro de los jóvenes, la devaluación del silencio, el frenesí por la diversión y la perpetua insatisfacción que conduce a comprar para llenar los vacíos espirituales.

La vocación adquisitiva y el extremo consumismo que ha hecho de la ley de la oferta y la demanda las únicas máximas morales, nos lleva a reemplazar los valores con cosas, las reflexiones con estruendo, la conciencia con voracidad, la generosidad con egoísmo, la humanidad con clientela.

Los noticieros de televisión invaden y expropian la intimidad de las personas, matan la alegría, empañan la jornada, la familia ha quedado reducida a un conjunto de personas apuradas que no escuchan ni se ven, cada cual capturado por la magia de la telenovela, o por el enfermizo relato del interminable descalabro del mundo; sumergidos, los más jóvenes en la solitaria exploración del Internet o bloqueados los oídos o las capacidades intelectuales por la eterna cortina musical que anula la realidad. Estas son realidades a las que debemos procurar modificarlas y la única manera de hacerlo es produciendo programas de mejor calidad. Por eso es urgente revalorizar y reorientar la misión profesional de los periodistas.

Ahora recordemos algo que hemos olvidado y que tiene enorme significación para los comunicadores, para los públicos y para comprender alguno de los efectos de la televisión.

La televisión no proyecta una imagen completa en la pantalla. Son 525 líneas de puntos luminosos que van apareciendo lentamente. Por lo tanto, lo que vemos es un fragmento de la imagen que surge en la parte superior y otro que desaparece en la parte inferior. Como no existe la imagen completa nuestro cerebro debe tomarse el trabajo de completar las imágenes.

Por otra parte, recordemos que los dos hemisferios del cerebro tienen funciones diferentes. El izquierdo es utilizado para el análisis y el pensamiento lógico – verbal. El derecho para la aceptación de imágenes y el pensamiento espacial. El esfuerzo de completar las imágenes que aparecen en la pantalla del televisor estimula la labor del hemisferio derecho y deja casi inactivo al izquierdo.

Los problemas que se plantean alrededor de esta situación son dos: por un lado la superactivación del hemisferio derecho determina que la información recibida consuma la energía disponible, casi en su totalidad y no deja espacio para el análisis en profundidad. El otro problema se refiere a que el impacto captado de esta forma tiende a trasladar la imagen directamente a la base emocional del cerebro sin tocar o activar la parte reflexiva.

Los estudios realizados en torno a esta teoría permiten afirmar que sería esta la causa de los efectos semi hipnóticos y creadores de dependencia que genera la televisión. Aunque usted no lo crea, el hombre a veces es víctima de sus propios inventos. Con su propia técnica ha construido su propia cárcel de la cual parece que es difícil escapar. Debe ser por eso que hay quienes dicen que la televisión es una especie de fabricantes de quimeras. Otros dicen que es la multinacional de los sueños que ha globalizado el complejo de Penélope: todo lo que hace la educación formal lo deshacen los programas de televisión. Es verdad, la televisión está arrebatando al sistema escolar la hegemonía de la educación.

Veamos algunos datos: un niño norteamericano o sueco ve más de 5.000 horas de televisión antes de entrar a la escuela. En América Latina, los niños de 4 a 6 años ven un promedio de 20 horas semanales. De los 7 a los 12 años 25 horas, esto significa que los niños están frente al televisor, un promedio de 1.000 horas al año, mientras que en la escuela, en el mejor de los casos, no están más de 800 horas anuales. Es decir, antes de cumplir 12 años, nuestros niños llevan en su mente 12 mil horas de fantasía o ficción y no de realidades, durante las cuales han presenciado un promedio de 23 mil hechos de violencia.

Una investigación efectuada entre 6.500 estudiantes de 4 a 12 años, entre 750 familias y 740 maestros confirmó las siguientes hipótesis:

  1. Los medios de comunicación no propician la identidad nacional.
  2. Los niños tienden a identificarse con los personajes ficticios que presenta la televisión.
  3. Los medios de comunicación y, particularmente la televisión refuerzan la agresividad y violencia de los niños.
  4. La sociedad de consumo explota la mentalidad infantil creando en los niños necesidades ficticias.
  5. Los medios contribuyen a presentar el dinero como el supremo valor de la sociedad.

Otra investigación entre niños que nunca vieron la televisión y otros adictos, revela que los niños expuestos a la televisión son capaces de reaccionar más rápida y mejor frente a situaciones imprevistas. Es decir, la televisión no sería tan perniciosa, lo malo son los contenidos que se transmite y ello nos lleva a reflexionar sobre el rol educativo de la televisión.

Desde otra perspectiva, el pluralismo de opiniones dentro del medio y el pluralismo de medios dentro de nuestras sociedades afianzan las democracias y desarrollan la inteligencia de los ciudadanos. Sin embargo, en sociedades como las nuestras, es difícil que el derecho a la información sea una realidad plena, pues la educación constituye una base fundamental para ejercerlo, sólo en la medida en que tengan plena y amplia vigencia los derechos a la educación, a la información, a la expresión, a la participación será posible el derecho a la comunicación.

La necesidad de democratizar los procesos de comunicación para afianzar nuestras democracias, obliga a una revisión crítica de los currículos, las metodologías y las estrategias en la formación de los comunicadores y en su participación para la función educativa de los medios de comunicación. Por eso, es urgente revalorizar y reorientar nuestra misión profesional.

Permítanme ahora referirme a algunos aspectos de la programación. La televisión entró en la era de la globalización marcada por la oferta y la demanda y con ello la programación se organiza de acuerdo con los niveles de consumo de la sociedad.

Existe una marcada tendencia a mezclar los formatos. La última moda de los noticieros es: titulares con frases cortas, imágenes y música sugestiva durante dos minutos, luego se pasa al estudio con una cámara en grúa que se pasea por un gran set, ambientado con tecnología post modernista, donde aparecen impecables presentadores: dos para las noticias, uno para los deportes, otro para la sección de cierre y otro para la farándula. Todos ellos tienen un tono de voz y actitud de animadores de concursos. Luego viene un bloque de noticias nacionales e internacionales. Algunos noticiarios cierran este primer segmento con una micro noticia positiva de 30 segundos. Terminados los 10 primeros minutos entra el presentador de deportes y deja enganchada a la audiencia con sus titulares antes del primer corte comercial. Luego aparecen 10 o 15 minutos de noticias presentadas a manera de video clip donde priman las noticias atropelladas, las deportivas, los goles y para terminar se emiten entre cinco u ocho minutos de chismes de la farándula o de notas breves referidas a las mascotas de los artistas o a personajes de la política. Es decir, en la búsqueda de la audiencia, cada vez el formato de los noticiarios se parece más a un programa misceláneo que a un programa informativo. Naturalmente que en este esquema hay excepciones, valiosas excepciones.

Frente a esta situación surgen varias preguntas:

  • ¿En qué queda el derecho de la sociedad a informarse?
  • ¿Qué pasa con la necesidad de crear opinión pública y la función social que debe cumplir la televisión?
  • ¿Y el papel orientador y educador de la televisión en qué queda?

Y que conste que no me he referido a los reality shows, a las telenovelas, o a los concursos que ocupan alrededor del 70% del tiempo triple A de la programación.

En medio de tanto espectáculo la información es lo de menos. Lo realmente importante es mantener una audiencia cautiva para marcar muchos puntos de sintonía. Y es que ese es el peligro de los ratings de sintonía, que son únicamente una medición cuantitativa, pero que no mida la calidad de los programas ni la verdadera opinión de quienes lo ven.

La revolución electrónica nos ofrece inesperadas posibilidades a las democracias, para ser más concretos, a la telecracia, es decir a la democracia ejercida a través de la informática, la Internet, la multimedia, el cd rom, la prensa digital y las diversas modalidades de software para las telecomunicaciones.

La video política de la era digital entraña un viraje fundamental en la manera de hacer política, en la forma y contenido de los mensajes, en la comunicación con las masas, en la propaganda política, en el estilo de los líderes políticos y en la formación de una determinada cultura política que, sin duda alguna, discrepará de la cultura política tradicional de cada lugar.

La presencia y la importancia de la televisión en la vida pública han suplantado la telegenia a la inteligencia, la imagen a la personalidad, la apariencia a la realidad, la verosimilitud a la verdad, el estilo al discurso, la envoltura al contenido y la euforia a la consistencia de las ideas.

La televisión, se ha convertido en el factor número uno de la video política. Es cierto que se nos ha ofrecido sociedades mejor informadas de toda la historia humana, pero también ha contribuido a frivolizar o a trivializar la política y en algunos casos a desinformar o a subinformar. Con frecuencia hay el error generalizado de que la información televisiva, por basarse en imágenes, es forzosamente verídica. Hay quienes creen que la imagen no miente, esto no es así, las imágenes pueden ser manipuladas, deformadas opacadas o magnificadas o reducidas. La televisión ha alterado la emotividad de los políticos, legisladores, funcionarios públicos, jueces y otros actores de la vida pública que buscan el estrellato televisual.

Por supuesto, la televisión ha extendido como nunca antes la cultura, la información y el entretenimiento entre las masas. Pero para la construcción de una democracia real y participativa la comunicación debe volver cívicas a las contradicciones y democráticas a las salidas, en este orden la televisión tiene un papel fundamental en este propósito.

Es necesario entender, también, que el poder y la comunicación mantiene separada su razón de ser, sus principios, sus valores y sus prácticas. La política busca el poder, la comunicación es un contrapoder. El poder decide, el periodismo informa y opina. Los políticos gobiernas, los periodistas median y también fiscalizan. Los dos sirven a la sociedad desde su particular misión, sus intereses y su visión.

Por todo esto es importante que podamos identificar los conceptos y las herramientas que hagan posible que la televisión se convierta en un factor dinamizador y promotor del cambio a través de programas educativos y culturales.

De manera más específica, la comunicación articulada a la democracia y al desarrollo es una vocación por el cambio y el progreso, por el bienestar y la calidad de vida, por la organización y la esperanza, por el servicio público. En definitiva la comunicación en su relación con la democracia contiene una dimensión política y cultural que se explica en el tipo de sociedad que se quiere construir.

Hacer comunicación relacionada con el desarrollo humano implica una comprensión ética y técnica, combinando democracia con eficacia, organización con participación, calidad de vida, acceso digno a bienes y empleos, justicia inmediata y normada, institucionalidad constructiva y articulación social, capacidad de decisión y gestión democrática real, ejercicio del poder político en diferentes espacios y reordenamiento del sistema político de los gobiernos locales con proyección a un reordenamiento de Estado.

Lo que estamos planteando es, entonces, la comunicación para el desarrollo la cual debe ser entendida como un proceso conciente diseñado y construido por los sujetos, que se forja en función de un horizonte que se construye cotidianamente, desde el campo denso, contradictorio y conflictivo de las culturas haciéndose y rehaciéndose en permanente tensión.

La comunicación es y debe ser un componente transversal de los factores del desarrollo, lo atraviesa al tiempo que se desafía a dar respuesta a esta interrogante: ¿Cómo conjugar crecimiento económico con democracia política y equidad social?

La comunicación vinculada directamente con el desarrollo y el desarrollo como uno de los objetivos fundamentales de la sociedad no se reduce a aportes auxiliares y metodológicos. Por el contrario es en sí mismo objeto y sinergia transformadora de la sociedad y de los sujetos que la componen; es por lo tanto, medio y fin.

Cuando hablamos de comunicación para el desarrollo debemos empezar por reconocer que las democracias están en deuda con el desarrollo de los pueblos, debemos aceptar que la sociedad está en deuda con el desarrollo, que la teoría está en deuda con las prácticas y que la televisión está en deuda con la sociedad y por eso tiene que asumir un compromiso ético y social.


* Edgar Jaramillo es director general del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comuniación para América Latina (CIESPAL). Ha sido presidente de la Federación Nacional de Periodistas, en Ecuador. Esta es la ponencia que presentó en la V Cumbre Iberoamericana de Comunicadores realizada en Santo Domingo, del 6 al 8 de abril de 2006, y se reproduce con la autorización de Infomega.


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