Sala de Prensa

91
Mayo 2006
Año VIII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


RSF: Informe anual 2006

Los secuestradores de la libertad de expresión

Pocas veces había empezado tan mal un año para Reporteros sin Fronteras. El 5 de enero de 2005 sentimos un escalofrío al conocer el secuestro de Florence Aubenas, enviada especial en Irak del diario francés Libération, y de su guía Hussein Hanoun. Todas las tomas de rehenes son dolorosas. Sabemos hasta qué punto esas situaciones resultan penosas para las familias, los allegados, los empresarios y los colegas de los periodistas secuestrados. Pero, esta vez la noticia era aun más insoportable. Florence Aubenas es una amiga de Reporteros sin Fronteras. Siempre se ha movilizado con nosotros para defender a colegas encarcelados o acosados, especialmente en Túnez. Tan solo habían pasado unos días del regreso a Francia de Christian Chesnot y Georges Malbrunot, y ya teníamos que volver a poner en marcha la maquinaria. Pedir a todos los que se habían sumado al llamamiento por la liberación de los dos periodistas que volvieran a empezar. Sin flaquear. Y nuestra esperanza no se vio decepcionada. La movilización de todos fue extraordinaria y finalmente Florence y Hussein fueron liberados el 11 de junio, tras pasar 157 días detenidos.

Mientras tanto, en Irak secuestraron y luego liberaron a otros periodistas, iraquíes y extranjeros. Guiliana Sgrena, Marie-Jeanne Ion o Sorin Dumitru Miscoci son algunos de los nombres que nos ocuparon durante el primer semestre del año 2005. Desgraciadamente, el fenómeno no parece dispuesto a frenarse. Todas las semanas, iraquíes y extranjeros son tomados como rehenes en Irak. Y, en el momento de escribir estas líneas, es incierta la suerte de Jill Carroll, corresponsal en Bagdad del periódico de Boston The Christian Science Monitor, así como la de Rim Zeid y Marouane Khazaal, del canal local de televisión Sumariya TV. También en estos casos nuestra movilización debe ser ilimitada. Todos los días tenemos que recordar a los secuestradores que la joven norteamericana, de 29 años, y sus dos colegas iraquíes no han hecho otra cosa que su trabajo de periodistas, y que nada justifica que tengan que pasar por esa prueba insoportable.

Pero la libertad de prensa no solo está en peligro en Irak. No lejos de allí, en Beirut, los periodistas viven con el temor de los atentados. En 2005, Samir Kassir y Gebrane Tuéni, dos de las principales firmas del diario An.Nahar, murieron en atentados con coche bomba. Y May Chidiac, una presentadora estrella del canal de televisión LBC, resultó gravemente mutilada en otro atentado. Ese país, el más respetuoso con los derechos de los periodistas en el mundo árabe, corre el peligro de caer poco a poco en la autocensura. Los cronistas políticos más expuestos se atrincheran en sus casas, no atreviéndose a atacar de frente a Siria, a la que muchos acusan de ser la responsable de la violencia. Otros periodistas han optado por la vía del exilio, refugiándose en Francia y en otros lugares.

La libertad de prensa tiene sus predadores

Reporteros sin Fronteras establece todos los años una lista de los predadores de la libertad de prensa para que todo el mundo sepa quien, en este mundo, ataca a los periodistas y a los medios de comunicación. En 2005 creció este exclusivo club de los enemigos de la palabra libre: el nuevo presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad estuvo a la altura desde su llegada al poder, multiplicando declaraciones incendiarias y cerrando periódicos moderados.

En ocasiones, algunos jefes de Estado, que ya estaban en funciones, descubren un apetito inmoderado por la represión de las libertades individuales. Ese fue el caso, a comienzos del año 2000, del presidente de Zimbabue Robert Mugabe. Tras veinte años de gobierno relativamente moderado, endureció el tono e hizo de su país un infierno para los periodistas, y para todos quienes deseaban expresarse libremente. En 2005 fue el rey de Nepal, Gyanendra, quien tomó el relevo. El 1 de febrero decidió atribuirse plenos poderes. En los meses siguientes, los medios de comunicación -especialmente las numerosas radios independientes- fueron censuradas por centenares, y los periodistas detenidos llenaban furgones enteros.

En este comienzo de 2006 son otros los temores que se vislumbran en el horizonte. Primero, la victoria electoral de Hamas en Palestina. El movimiento islamista no es especialmente conocido por su tolerancia a la crítica, y su amor a la prensa independiente. También las elecciones generales en Haití y Perú podrían tener consecuencias, tanto positivas como negativas, en la situación de la libertad de prensa en esos países. En otos lugares, los cambios al frente de algunos Estados parecen esperanzadores. En Ucrania, a pesar incluso de que todavía no han desaparecido todos los reflejos autoritarios, el presidente Víctor Yuchtchenko parece decidido a terminar con las prácticas liberticidas y brutales de su predecesor. En Liberia, la elección de Ellen Johnson Sirleaf, la primera mujer jefe de Estado en Africa, ha sido recibida por todo el mundo como una buena noticia. La prensa de ese país, asolado por varios años de guerra, al fin puede respirar.

El más asesino de los últimos diez años

2005 fue un año violento: al menos 63 periodistas y 5 colaboradores de los medios de comunicación murieron en el mundo, y fueron amenazados o agredidos más de 1.300 profesionales de la prensa. Unas cifras que no eran tan altas desde 1995, cuando algunos grupos islamistas argelinos intentaban atacar a todos cuantos no les apoyaran. Ahora, en algunos países como Bangladesh, Filipinas, Nigeria o México, la violencia forma parte de la cotidianidad de los periodistas. Con total impunidad. Incluso si, en 2005, algunos “asesinos de periodistas” fueron aprehendidos y condenados a penas de cárcel, ¿cuántos más siguen campando a su anchas? ¿Cuantos policías, militares, narcotraficantes, miembros de grupos armados y criminales de toda especie siguen en libertad, y saben que seguramente continuarán estándolo? La impunidad continúa siendo la principal plaga para los defensores de los derechos humanos.

El exilio es uno de las consecuencias de esa violencia. La Casa de los Periodistas, creada en París con ayuda de Reporteros sin Fronteras, nunca se vacía. Concebida para acoger a periodistas que han escapado de sus países, debería ser imitada en otras partes. En todos los lugares -Londres, Madrid, Nueva York, Berlín, etc.- en los que se refugian profesionales de la información, para escapar a la cárcel o a la muerte.

Con frecuencia, Reporteros sin Fronteras se entera de que a un periodista se le da por desaparecido. Su familia, sus amigos, su empresario, están sin noticias suyas, a veces desde hace varios días. La incertidumbre es una prueba abominable para todos los que buscan un indicio, una información. Para no olvidar nunca a Fred Nérac o a Guy-André Kieffer, ni a nombres menos conocidos por el público en general como Acquitté Kisembo, Alí Astamirov o Djamil Fahassi, hemos creado una nueva sección, dedicada a este asunto, en nuestro sitio de Internet http://www.rsf.org.

Nuevos objetivos en perspectiva

El encarcelamiento sigue siendo el método más utilizado por los dirigentes autoritarios para silenciar a los periodistas. En todo el mundo hay más de un centenar detenidos. A medida que pasan los años tenemos la impresión de repetirnos, pero lo cierto es que las mayores cárceles del planeta varían muy poco: China, Cuba, Eritrea, Etiopía, Irán, Birmania... En esos países, un comentario acerbo, un adjetivo demasiado fuerte o una información molesta, inmediatamente se califican de “alteración del orden público”, “sedición” o “amenazas a la seguridad del Estado”. Y se suceden las sanciones: cinco, diez, veinte años de cárcel, en ocasiones acompañados de una privación de los derechos cívicos. Con un doble objetivo: quebrar al autor de las líneas incriminadas y atemorizar al resto, a quienes se sientan tentados por la más mínima veleidad de ánimo crítico, de desobediencia.

Ningún medio de comunicación escapa a la censura. Ni siquiera los blogs, que en 2005 adquirieron una magnitud extraordinaria. En Irán o Túnez, por ejemplo, muchos periodistas privados de libertad en los medios de comunicación tradicionales se han refugiado en la Web. Allí, los sitios de Internet, las páginas personales y los blogs se han convertido en las únicas fuentes informativas de oposición, o independientes. Pero los censores están atentos. Y la Red se interfiere, filtra, controla y expurga de las noticias más molestas. A este respecto, China ha conseguido una amplia ventaja previa, pero hay otras naciones que van disminuyendo su retraso.

Todas nuestras miradas están dirigidas al Sur o el Este. Pero también tenemos que permanecer atentos a la libertad de prensa en el Norte, tanto en Europa como en el continente americano. Naturalmente sería estúpido querer comparar la situación de los periodistas birmanos con la de sus colegas europeos. Pero, de todas formas, es necesario recordar que no todo es perfecto en las democracias occidentales. La lucha por la protección del secreto de las fuentes -que llevó a la cárcel a la periodista norteamericana Judith Miller- está, más que nunca, de actualidad. El debate sobre esa cuestión se mantiene abierto en Francia, Bélgica, y otros países vecinos. Nos preocuparon los repetidos registros efectuados en varios Estados miembros de la Unión Europea. Finalmente, quizá tenga que ser uno de nuestros objetivos de mañana la concentración de los medios de comunicación incluso a pesar de que, por el momento, no parece haber tenido grandes consecuencias en la libertad de prensa y el pluralismo informativo.

Las buenas noticias también existen

No sería honesto silenciar las buenas noticias. En primer lugar porque las hay. Y también porque nos animan a continuar movilizándonos. La liberación de un periodista, la reapertura de un medio de comunicación censurado, la condena de un enemigo de la libertad de prensa, representan otras tantas ocasiones de alegrarnos, de mostrarnos razonablemente optimistas. En India, en la provincia de Aceh (Indonesia), y en algunos países de América central, los medios de comunicación trabajan cada vez con mayor libertad. Reporteros sin Fronteras participó en la reforma de las leyes de prensa de Mauritania, y espera hacerlo en Tchad y Camerún. México ha creado una fiscalía especial federal para investigar los ataques a periodistas, dando muestras de que es consciente de la gravedad de la situación.

Finalmente, el caso de las viñetas de Mahoma, publicadas en septiembre de 2005 en un diario danés, ha demostrado que la libertad de expresión está en el centro de las preocupaciones de todos. Aunque la definición de este criterio difiere a menudo de un continente a otro, la crisis ha revelado que nadie es indiferente a esta problemática. Y que situar en primera línea a la libertad de prensa solo puede beneficiar a todos.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.