Sala de Prensa

88
Febrero 2006
Año VII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


El rol de los periodistas y su marco ético

Juan Jorge Faundes *

El rol de los periodistas está contenido en su marco ético, aquel que describe y rige su comportamiento. La ética periodística constituye uno de los componentes de la cultura profesional de los periodistas. Por cultura –en sentido amplio y según generalmente el término es usado– se entiende un conjunto socialmente compartido de ethos (valores, hábitos y costumbres), mos (moral: normas, reglas y códigos), doxa (impresiones, opiniones, creencias), episteme (conocimientos), actitudes (acciones generadas por ella) y objetos (monumentos, documentos, instituciones, hechos y en general manifestaciones sociales). La cultura profesional de los periodistas ha sido descrita como “una mezcla de códigos, estereotipos, símbolos, representaciones de papeles, rituales y convenciones, relativos (a) a la función de los medios y de los periodistas en la sociedad y (b) a la concepción del producto-noticia, y a las modalidades que guían su confección. El conjunto se traduce en una serie de prácticas profesionales adoptadas e interiorizadas como naturales...”1 La cultura no es vivida subjetivamente como convención, sino como naturaleza, como algo propio y constitutivo del ser, en este caso del ser periodista, del individuo que es periodista. Aunque muchos de los componentes de la cultura operan en el ámbito de lo inconsciente, la ética es un producto colectivo racional, la reflexión del grupo o de sus representantes o líderes acerca de su ethos, lo que se traduce en un conjunto objetivo de normas, en un discurso moral, normativo, en un texto: los llamados códigos de ética. El discurso ético es descodificado, interiorizado e interpretado por cada individuo según su propio marco de referencia ético interno, incorporándolo a éste en forma plena, de manera negociada o resemantizando críticamente sus términos.2 Será esta conciencia moral subjetiva la que determinará finalmente en contextos específicos, en interacción con sus emociones, las actitudes de cada periodista individual, conducta que resultará concordante o no con la literalidad del código.

La cultura –y con ella la ética– son resultado y simultáneamente causa, al interior de una sociedad o grupo específico, del devenir progresivo de la experiencia histórica. En el caso de quienes en el seno de la sociedad occidental actual ejercen la profesión de periodistas, se han ido construyendo como síntesis de la tensión, contradicción e interacción permanente entre los poderes del Estado, del Mercado, de la Sociedad Civil, de los Ciudadanos, de las empresas periodísticas y de los propios periodistas, efecto de una competencia generalizada por abrir o restringir espacios al ejercicio de las diversas libertades involucradas (de investigación, de información, de expresión, de opinión, de conciencia, de imprenta, etc.), reglamentando roles, facultades y límites, derechos y deberes, lo que se ha ido materializando en las diferentes normativas internacionales, nacionales y códigos de ética profesionales.

En Chile el Código –o Carta– de Ética del Colegio de Periodistas existe desde 1963. Ha sido modificado y actualizado sucesivamente en 1968 (Congreso Nacional del Colegio de Periodistas, Arica), en 1986 (V Congreso Nacional de los Periodistas, El Tabo), en 1994 (Congreso Nacional Extraordinario, Arica) y en 1999 (Congreso de Concepción), del que emanó su contenido actual.3 Sin embargo, sólo tiene fuerza moral, porque durante el régimen militar el DL 3.621 de 1981 transformó los colegios profesionales en asociaciones gremiales de inscripción voluntaria y derogó las facultades que tenían los colegios para conocer y sancionar las faltas a la ética profesional. Tal fuerza moral está estipulada en el artículo 18° del código: “Los periodistas reconocerán la potestad ética que sobre sus actuaciones como representante del gremio ejerce el Colegio de la Orden”. El rol que el código chileno asigna a los periodistas es estar “al servicio de la verdad, los principios democráticos y los derechos humanos...” (Artículo 1°), la “fiscalización pública de probidad funcionaria” (Artículo 29°) y “contribuir a sensibilizar a la opinión pública sobre la situación de los sectores más vulnerables de la sociedad” (Artículo 31°). Algunos límites éticos al rol periodístico, pertinentes al objeto de esta publicación, son difundir “sólo informaciones fundamentadas” (Artículo 2°), “mantener un incuestionable respeto a la dignidad y vida privada de las personas” (Artículo 29°), y “salvaguardar la presunción de inocencia de los acusados mientras el tribunal competente no haya dictado sentencia” (Artículo 30°).

En Caracas, en 1979, la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) proclamó el Código Latinoamericano de Ética Periodística, estableciendo en su artículo primero que “el periodismo debe ser un servicio de interés colectivo, con funciones eminentemente sociales dirigidas al desarrollo integral del individuo y de la comunidad. El periodista debe participar activamente en la transformación social orientada al perfeccionamiento democrático de la sociedad; y consagrar su conciencia y quehacer profesional a promover el respeto a las libertades y a los derechos humanos”.4

En 1983, la UNESCO aprueba el Código Internacional de Ética Periodística, estableciendo que el ejercicio de la libertad de prensa e información “...estará tanto mejor salvaguardado si, con un esfuerzo serio de voluntad, el personal de prensa y de la información, cualquiera que sea el modo de expresión del que se sirva, no deja nunca que se debilite el sentimiento de la propia responsabilidad y se percata, cada vez más profundamente, de la obligación moral que le incumbe de ser sincero y de aspirar a la verdad en la exposición, la explicación y la interpretación de los hechos”.5

De la variedad de códigos de ética periodísticos,6 así como de opiniones de periodistas que han reflexionado acerca de su quehacer (“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda”)7 es posible formular una normativa que sintetice en pocos principios lo fundamental de la ética de los periodistas:

1. Informar veraz, exacta, amplia y oportunamente
2. Investigar e interpretar y opinar desde el interés público (del Pueblo, de la Sociedad Civil, de los Ciudadanos, del Bien Común de la sociedad)
3. Difundir, exigir y defender de manera proactiva los derechos y deberes personales y colectivos.
4. Fiscalizar con independencia a los poderes del Estado, del Mercado y de la Sociedad Civil.

Informar veraz, exacta, amplia y oportunamente

Este imperativo ético aparentemente tan sencillo de comprender, remite a temas epistemológicos relacionados con las nociones de “verdad” y “objetividad”, así como de “información” y de “valor periodístico”, exigiendo una reflexión en torno a ellos que no se puede eludir si se quiere precisar a qué se está refiriendo esta regla. Ningún periodista –o empresario periodístico—puede adquirir un compromiso ético al respecto en forma seria, sin reflexionar sobre el preciso significado de estas nociones, más allá de lo que dicta el sentido común, o de lo que se cree sin mayores profundizaciones. Ahondar en ello para una opción consciente es imprescindible, pero no compete a este breve trabajo. No obstante, nuestro propósito quedaría inconcluso, si al menos no intentáramos abrir un espacio a la duda, a las preguntas, a la motivación para seguir profundizando.

El tema de la verdad y consecuentemente de la objetividad, supone considerar un conjunto de premisas o supuestos previos, básicos, no necesariamente demostrados ni conscientes, que una comunidad científica o disciplinaria suele dar por hechos y compartir (paradigmas),8 cimientos y andamiaje sobre y desde los cuales se va construyendo el conocimiento. Muchas veces las personas no son conscientes de que socialmente se les ha impuesto un determinado paradigma y piensan, hablan y deciden desde concepciones del mundo, la sociedad y las personas, desde mitos, representaciones sociales y estereotipos, desde modelos de situación y modelos de contexto,9 que consagran, justifican y reproducen su modo de vida y su rol en la sociedad, y las impelen a aceptarlos como naturalmente dados. Respecto de la verdad y la objetividad, suele creerse que el mundo objetivo está ahí, fuera de la mente, al alcance de los sentidos, que es plenamente cognoscible, que puede ser objetivamente capturado en el acto de conocer y que la verdad es dar cuenta de ello neutral y objetivamente. El deber del periodista sería en consecuencia buscar la verdad y difundirla de manera clara, completa, amplia y oportuna. Tal formulación parece ingenua y distante de las vivencias que los profesionales del periodismo experimentan en el día a día.

Sin embargo, hay pensadores que han contribuido a generar una perspectiva diferente, nuevo paradigma que podemos resumir en cuatro premisas operacionales que posibilitan desarrollar un marco teórico para una crítica y una propuesta de una ética periodística más acorde con la experiencia cotidiana de los periodistas contemporáneos, desafío que hay que enfrentar. Se trata del paradigma que, sin adherirnos a ninguna corriente o escuela particular, podemos clasificar como constructivista-informacional,10 cuyas principales premisas son las siguientes:

Premisa 1: En el exterior de la mente de cada individuo humano, existe una realidad independiente o autónoma de su conciencia subjetiva, y en ese sentido objetiva, mundo del que el propio sujeto conocedor forma parte, del que depende su existencia y con el que interactúa. En teoría de sistemas a ese entorno se le suele denominar ambiente.

Premisa 2: Cada sujeto humano está dotado por la naturaleza de órganos sensoriales (vista, oído, gusto, tacto, olfato), mentales (cerebro) y laborales (brazos, manos, piernas, pies) que le permiten establecer diversos tipos de relaciones o interacciones conscientes o inconscientes con el ambiente;11 en alguna medida (espontáneamente, o poniendo estos órganos en interacción voluntariamente mediante el trabajo) puede conocerlo y transformarlo, así como puede también ser conocido y transformado. Pero, desde el punto de vista biológico, tales órganos son limitados e insuficientes. Es mínimo el rango de ondas sonoras, de espectro luminoso, de texturas, sabores y olores que son captados por el sujeto humano en el acto de la percepción, sin perjuicio de otros inimaginables aspectos de lo real que pueden quedar por fuera de los sentidos y de los instrumentos que los prolongan.

Premisa 3: En el proceso de conocimiento, el sujeto humano, utilizando sus insuficientes órganos sensoriales (aspecto biológico), así como diversas técnicas, instrumentos y procedimientos que los amplifican para hacerlos más eficaces (aspecto cultural), es capaz de introducir a su mente una porción de datos procedentes del exterior (nunca sabremos cuántos son omitidos y quedan por fuera, ni cómo han sido modificados durante la percepción) y realizar un proceso llamado de modelización. En virtud de este proceso modelizador (o modelador), el sujeto descodifica (desechando como ruido aquellos datos que no pudo descodificar), selecciona, jerarquiza, generaliza y distorsiona (puede distorsionar por errores de percepción, de descodificación y por el hecho mismo de modelar). Además, relaciona e integra los datos en un modelo mental [biológico y cultural] de características discursivas [pensamiento y lenguaje irían unidos], y a la vez coherente y verosímil, es decir, creíble (lo que no implica correspondencia con el referente externo ni menos una reproducción exacta, total y precisa del entorno). El conocimiento es así una configuración acerca de lo real que puede, según los métodos utilizados, ser a grandes rasgos de orden religioso o esotérico (el sujeto le atribuye ser producto de una revelación sobrenatural o paranormal y cuyo resultado es un dogma de fe), filosófico (resultante de la reflexión lógica sin sustento empírico), científico (resultado de la experimentación y del método científico, con productos como teorías e hipótesis) o vulgar (fruto de la experiencia cotidiana), además de otras categorizaciones posibles. Por lo general, las consecuencias (función o utilidad) de estos modelos mentales para la satisfacción o solución de las necesidades individuales o sociales en la vida cotidiana (su valor de uso) será la medida última de su certeza, pero sólo en relación a trabajos específicos. Si un mito y su rito sirven al chamán para sanar enfermedades, será subjetiva o intersubjetivamente cierto, correspondiente a la verdad de lo real. El modelo de Newton sirve para elevar un cohete a la Luna, aunque el modelo de Einstein elimine la noción de “fuerza gravitacional” por la de “curvatura espacio-temporal”. Se trata de representaciones diversas e incompletas de una realidad mayor que las sobrepasa.

Premisa 4: Cada sujeto humano (que puede ser “modelizado” como un sistema biológico-cultural) subordina el conocimiento a sus necesidades sistémicas, tales como sobrevivir, asimilar, crecer (metabolismo), mantenerse estable (homeostasis), conocer, adaptarse, predecir, influir, controlar, legitimarse, competir y reproducirse. Necesidades que determinan su proceso de conocer y de producir información: “El valor informativo de un acontecimiento puede ser medido según tres parámetros entre los que no existe medida común, pero que son, los tres, componentes de la estrategia del observador humano para conocer, controlar y dominar su contorno: (a) su grado de probabilidad..., (b) su grado de pertinencia (valor situacional), (c) su efecto (valor en juego)...”.12 En síntesis, “lo que es objetivo es el acontecimiento, el hecho observado; pero desde que él es percibido, recibe del observador su valor informativo...”.13

Asumido este paradigma, la norma de informar veraz, exacta, amplia y oportunamente, implica que el periodista tenga conciencia:

  1. Que en todo momento está construyendo (por causas biológicas y culturales) una versión incompleta y distorsionada de lo real. (Hasta el hecho de jerarquizar subrayando aquello que es “noticia” [lo novedoso, lo improbable] constituye desde ya una distorsión).
  2. Que, además, se trata de una versión interesada del acontecimiento de que trate, cuya información acerca de él se configurará asignándole: A) un valor de probabilidad: el periodista siempre buscará aquello improbable [lo noticioso]; B) un valor situacional: que sea pertinente a la necesidad sistémica de su empresa (de su grupo específico o de él mismo) de sobrevivir, metabolizar, crecer, mantenerse estable, legitimarse, controlar, etc., en la sociedad y mercado en el que compite; es decir, buscará, elaborará y difundirá información desde una posición enunciativa, desde un modelo de contexto o escenario estratégico construido en su mente, y C) un valor en juego: haciendo de la información un medio, un recurso estratégico, para lograr un objeto deseado (que será un efecto multivariable de carácter más o menos mercantil, ideológico y político, dependiendo de la finalidad del grupo, empresa o de él mismo).
  3. Que lo anteriormente dicho vale para el discurso o información de cada una de las fuentes que utilice, las que también habrán construido una versión verosímil pero distorsionada y cargada de los valores de probabilidad, situacional y en juego que cada una de las diversas fuentes les asigne.

Y que consciente de que la verdad, la objetividad y el valor periodístico, por ser un modo de información, no son absolutos (independientemente de que la realidad objetiva pueda serlo), sino que dependen de la complejidad multivariable del contexto físico, biológico y sociocultural, debe procurar elaborar su producto de manera tal, que el destinatario también esté consciente de la relatividad del mensaje que está recibiendo.

En lo práctico, ser veraz, exacto, amplio y oportuno, significa ante todo, en el proceso de investigación, tener la honestidad de:

  1. Recurrir a la mayor variedad de fuentes a las que sea posible tener acceso;
  2. Someter a crítica el discurso de las fuentes para develar el valor situacional y el valor en juego que han operado en su construcción, y dejar en evidencia su sentido estratégico, sus intereses subyacentes.14

En el proceso de elaboración y producción del texto (texto, en sentido amplio: sea escrito, radial, televisivo o en otro formato):

  1. Ser transparentes en la exposición del contenido que aparenta ser datos objetivos (indicando sus insuficiencias, sea en su calidad de indicios circunstanciales o de pruebas supuestamente directas);
  2. Ser claros en evidenciar las hipótesis e interpretaciones que se proponen, así como las opiniones que se expresan.
  3. Igualmente, aclarar los intereses u objetivos socioculturales que se pretenden con el mensaje,
  4. así como las consecuencias que su difusión tendría para el emisor, los destinatarios y otros posibles involucrados.
  5. En cuanto a la oportunidad, esta se refiere a los efectos que representa la comunicación temprana o tardía de la información y al valor de uso que su omisión, retardo o entrega inmediata representa para los diferentes protagonistas vinculados al acontecimiento.

Aunque en el Código de Ética del Colegio de Periodistas de Chile, predomina el paradigma que hemos criticado, destacando “la finalidad esencial de divulgar la verdad” (Artículo 2°), el que suscribimos aparece subyacente en algunas normas. Por ejemplo, “el periodista se regirá por el principio de veracidad, entendida como una información responsable de los hechos” (Artículo 1°), “difundirá sólo informaciones fundamentadas, sea por la correspondiente verificación de los hechos en forma directa o con distintas fuentes” (Artículo 2°), “deberá establecer siempre una distinción clara entre los hechos, las opiniones y las interpretaciones, evitando toda confusión o distorsión deliberada de ellos” (Artículo 7°).

Investigar, informar, interpretar y opinar desde el interés público

Teniendo presente lo anterior –y admitiendo que es legítimo para las reglas del juego de una sociedad liberal, democrática y de mercado que sus diversos miembros posean y ejerciten su libertad de buscar, recibir, elaborar y difundir información en pro de sus intereses y fines particulares en un espacio de amplia competencia o debate de diverso orden, a condición de no disfrazarlos mimetizándolos con el bien común de toda la sociedad, entendiendo este bien común como interés público–, cabe señalar que históricamente los profesionales periodistas –en sus variados códigos de ética– se han autoasignado la defensa, precisamente, de este bien común o interés del pueblo.

Sin indagar, por razones de espacio, en las causas históricas que han movido a los periodistas a suscribir e incorporar una antropología humanista en su marco ético, la que se expresa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como están en razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” (Artículo 1°), la tradición indica que ésta ha sido asumida como una opción gremial obligante, lo que se refleja, entre otros, en los citados códigos del Colegio de Periodistas de Chile, de la FELAP y de la UNESCO.

De ello se desprende, entonces, este segundo imperativo ético: investigar, informar, interpretar y opinar desde el interés público. Esto quiere decir que, en el caso de los periodistas, el valor periodístico de un acontecimiento cualquiera, estará dado por la reducción de incertidumbre y en ese sentido novedad, que la información acerca de ese acontecimiento represente no para una persona, grupo, empresa o partido político específicos, sino para el bien común de la sociedad; que ésta será su posición enunciativa y que desde ella visualizará el valor en juego.

Sin duda que el problema radica en cómo identificar ese bien común, toda vez que diversas doctrinas religiosas, filosóficas y políticas han desarrollado sus propias interpretaciones al respecto. Cabe también en este punto, la honestidad del profesional de explicitarlo en su texto. En todo caso, habría un denominador común que respetar en cualquier caso: “...en primer lugar, todos los hombres tienen necesidades, y no sólo algunos; en segundo lugar, hay necesidades básicas comunes a todos los hombres... de esta igualdad esencial –pese a las manifiestas diferencias de grado—derivan derechos iguales para todos los hombres, que corresponden a sus necesidades, capacidades y dignidad de seres dotados de razón y libertad. Cuando se postula la igualdad se quiere decir que todos los hombres tienen derecho por igual a la satisfacción de sus necesidades, al desarrollo de sus capacidades y personalidad, y al reconocimiento de su dignidad como persona...”.15 Es decir, los derechos humanos personales y colectivos de diverso orden como representativos del bien común o interés público.

De algún modo el interés público o bien común ha sido explicitado en el código de los periodistas chilenos, cuando proclama que deben estar al servicio de “los principios democráticos y los derechos humanos” (Artículo 1°); cuando establece que “el ejercicio el periodismo no propiciará ni dará cabida a discriminaciones ideológicas, religiosas, de clase, raza, sexo, discapacidad, ni de ningún otro tipo...” (Artículo 2°), y manda que el periodista “...deberá contribuir a sensibilizar a la opinión pública sobre la situación de los sectores más vulnerables de la sociedad” (Artículo 31°).

De todo lo anterior, surge el tercer imperativo ético de los periodistas:

Difundir, exigir y defender de manera proactiva los derechos y deberes personales y colectivos

No nos extenderemos sobre estos derechos, limitándonos a señalar como textos fundamentales que pueden ser encontrados en Internet, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966), la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica (1969), la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (1978) y la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), además de otros instrumentos internacionales específicos relacionados con los derechos de los trabajadores, los pueblos indígenas, etc.16

Cuando el Código de Ética del Colegio de Periodistas de Chile establece que los periodistas estarán al servicio de los derechos humanos, está prescribiendo que estos derechos deben ser conocidos, divulgados, exigidos y defendidos por los profesionales de la prensa. Que esta obligación debe ser su posición enunciativa: el punto de vista desde el cual se investiga, se informa, se interpreta y se opina. Y que estos han de ser su permanente objeto de deseo o valor en juego. Ello implica que al enfrentarse el periodista a un acontecimiento cualquiera, debe preguntarse qué derecho o derechos están allí involucrados, cuál la incertidumbre a resolver, o la novedad a comunicar, de qué manera ese acontecimiento los está promoviendo o conculcando, amenazando o siendo una oportunidad para su vigencia; qué personas, grupos o instituciones son los protagonistas que los están exigiendo o promoviendo, quiénes los beneficiarios, quiénes los oponentes, cuáles los obstáculos, cuáles los factores favorables. La noticia, reportaje o comentario ha de ser resultado de este análisis.

Los otros dos objetos materia del servicio periodístico, la verdad y los principios democráticos, con las restricciones teóricas ya expuestas, hacen parte del conjunto de los derechos humanos, son ellos mismos derechos humanos que la comunidad internacional ha reconocido como tales.

Pero este deber obliga a los periodistas a ser proactivos, es decir, a tomar la iniciativa y no ser meramente reactivos o “neutrales”. De allí que el código del colegio chileno establezca la necesidad de “un mayor acceso para los periodistas en la toma de decisiones de las políticas informativas en los medios de comunicación u otras instancias de difusión” (Artículo 4°), como una forma de garantizar esa proactividad. Sin duda que el principio ético troncal de servir a los derechos humanos generalmente colisiona con los intereses político-mercantiles de las empresas donde laboran, lo que ha originado una serie de cláusulas contenidas en el título III del Código (“Del periodista y los medios de comunicación”), entre las que cabe destacar que “el periodista deberá actuar siempre de acuerdo con su conciencia y no podrá ser sancionado por ello” (Artículo 25°) y “rechazará y denunciará cualquier intento de presión que tenga por finalidad hacerle transgredir las normas de este Código” (Artículo 26°).

Fiscalizar a los poderes del Estado, del Mercado y de la Sociedad Civil

El rol primordial de los periodistas a la luz de su marco ético, ha de ser por tanto la fiscalización, en función del interés público, de los tres poderes que compiten en la sociedad: el Estado, el Mercado y la Sociedad Civil. Respecto de esta tarea, debiera desarrollar las que se han denominado funciones de la comunicación: vigilancia respecto de amenazas y oportunidades existentes en el entorno y que podrían afectar, en este caso, el interés público; el fomento de la correlación u organización de la sociedad para producir una respuesta ante esas amenazas u oportunidades del ambiente, y educación o transmisión de la herencia social.17

Sin entrar a un mayor análisis y para los efectos de este trabajo, imaginaremos un modelo en que la sociedad es vista como un campo de competencia entre tres tipos de fuerzas en procura de ejercer hegemonía, es decir, de ejercer el control intelectual y moral sobre la sociedad, de construir un sistema de alianzas sociales, de imponer una cultura en el sentido que la hemos definido. Tales fuerzas, en sentido amplio, son el Estado y la Sociedad Política (estructura jurídico-política de la sociedad [nacional, transnacional o global]: poderes ejecutivo, legislativo y judicial, y sus auxiliares: fuerzas armadas y policiales, y partidos políticos sistémicos e instituciones estatales y privadas funcionales a esta fuerza, tales como escuelas, iglesias, medios de comunicación, familias, etc.); el Mercado (estructura económica de la sociedad [nacional, transnacional o global]: clases o sectores industriales, comerciales, financieros, de las industrias culturales [medios mercantiles de comunicación periodísticos, publicitarios, de entretención, etc.], empresas e instituciones varias, con o sin fines de lucro, funcionales a esta área de la sociedad); y la Sociedad Civil (conjunto diverso y heterogéneo de organizaciones y movimientos sociales, de grupos territoriales, étnicos, etarios, sindicales, profesionales, estudiantiles, de género, temáticos, políticos o de otra diversidad o cultura cualquiera, que decide erigirse como un poder social autónomo y relacionarse o no con sus pares para ejercer un contrapeso o contrapoder ante los poderes establecidos y hegemónicos del Estado y el Mercado).18

En los hechos, el periodista, como ciudadano, y a través de sus organizaciones gremiales, hará parte de la Sociedad Civil, pero como profesional asalariado, será un componente de una industria cultural, la empresa periodística, y trabajará en la elaboración de las mercancías que ésta produce: el medio (periódico, noticiero de radio o TV, periódico electrónico), el texto informativo (la noticia, el reportaje interpretativo, el artículo de opinión) y la audiencia (que el medio captura y vende a los publicistas).19 Si trabaja para el Estado, será un componente de esta otra fuerza social. El periodista independiente (free-lancer) puede aparecer en este sentido más libre para ejercer este rol de fiscalizador que le impone su marco ético. Pero la gran mayoría de los periodistas, viven cotidianamente la contradicción de vender a sus empleadores (estatales o privados) no sólo su fuerza de trabajo física, sino también la intelectual, lo que restringe su facultad fiscalizadora. Una reciente investigación nuestra,20 constata cómo los vínculos de los dueños de los medios con grandes grupos económicos y gobiernos de turno, las ingerencias de las gerencias de marketing pauteando el área periodística, y las amenazas y presiones de poderes fácticos, obstaculizan la labor de los periodistas investigadores.

Así y todo, su obligación es fiscalizar a cada una de estas tres fuerzas, velando por su valor en juego: los derechos humanos en su más amplio sentido. Sea que trabaje desde el área del Estado, del Mercado o de la Sociedad Civil, deberá estar en permanente vigilancia y, en el caso de los profesionales chilenos “deberá actuar siempre de acuerdo con su conciencia” (Artículo 25°) y “rechazará y denunciará cualquier intento de presión que tenga por finalidad hacerle transgredir las normas de este Código” (Artículo 26°).

La historia ha demostrado que es difícil, aunque no una tarea imposible. Precisamente, el Informe Global de Corrupción 2003 de Transparencia Internacional21 está dedicado al tema Acceso a la Información, y en muchas de sus 326 páginas, da cuenta de las persecuciones y asesinatos que han sufrido, en todo el mundo, los periodistas investigadores. Incluye un informe de la Federación Internacional de Periodistas (IFJ) en el que consta que de 68 periodistas asesinados en el mundo el año 2001, quince indagaban sobre corrupción. Pero reconoce y fomenta este papel investigador y fiscalizador de los profesionales de la prensa.

_____
Notas:

1 Lasgni, Cristina, “La máquina de la cultura: algunas propuestas para la investigación”, en VV.AA., Investigación sobre la prensa en Chile (1974-1984), Santiago de Chile, CERC-ILET, 1986.
2 Estudios de la recepción. El receptor como recreador del mensaje: descodificación dominante, negociada y de oposición (Cfr. Stuart Hall, “Encodificación/Descodificación”, 1973, citado en Mattelart, Armand y Michelle, Historia de las teorías de la comunicación, Barcelona, Paidós Comunicación, 1997, p. 74)
3 El texto completo del Código de Ética del Colegio de Periodistas de Chile se incluye en el Anexo N° 1.
4 Cuadernos de Chasqui, Revista Latinoamericana de Comunicación, N° 10, “Códigos de Ética de los Periodistas”, Quito, Ediciones CIESPAL.
5 López Reyes, Oscar, La ética en el periodismo, República Dominicana, 1995, p. 137.
6 El español Porfirio Barroso Asenjo (Códigos Deontológico de los Medios de Comunicación, Madrid, Ed. Verso Divino, 1984, citado por Oscar López Reyes, pp. 132-133) menciona 21 códigos entre 1910 y 1994.
7 Horacio Verbisky, Un mundo sin periodistas, Buenos Aires, Planeta, 1998, p. 16.
8 Sobre este concepto sugerimos la lectura de Thomas Kun, La Estructura de las revoluciones científicas, escrito en 1962, con versión en español en el Fondo de Cultura Económica.
9 Cfr., Teun A. Van Dijk, Racismo y análisis crítico de los medios, Barcelona, PaidósComunicación, 1991, y otras obras del mismo autor como La ciencia del texto y La noticia como discurso.
10 Este paradigma cognitivo está fundado en aproximaciones epistemológicas sistémicas, biológicas, sociológicas, psicológicas, lingüísticas generativo transformacionales, semióticas, y en aportes de las Teorías de la Comunicación, de las Probabilidades y de la Información, entre otras, en las que el conocimiento es concebido como una configuración subjetiva y no un reflejo exacto ni una mirada fiel al mundo real. Sin ser exhaustivos, autores como Shannon y Weaver, Wiener, Bertalanffy, Watzlawick, Chomsky, Bandler y Grinder, Humberto Maturana, Teun A. Van Dijk, Robert Escarpit, entre otros, pasando por las escuelas de Palo Alto y Francfort, los estudios culturales y de la recepción, aportan elementos teóricos fundamentales al respecto.
11 Además hay una cantidad inmensa de interacciones inconscientes de orden físico, químico y biológico, de orden micro, meso y hasta macrocósmico (ejemplos: la interacción atómica y molecular, como la radioeléctrica, es microcósmica; la respiración es mesocósmica; la influencia lunar en los fluidos o de los vientos solares en la conducta, es macrocósmica).
12 Escarpit, Robert. Teoría de la Información y Práctica Política, México, F.C.E., 1983, p. 14.
13 Escarpit Robert. Ibid. P. 15
14 Son recomendables para este propósito las lecturas de los ensayos Mitologías y El grado cero de la escritura, de Roland Barthes.
15 Mera Figueroa, Jorge, “Neoliberalismo, Autoritarismo y Derechos Humanos”, en Por el derecho a ser persona, Santiago, Comisión Sudamericana de Paz-SERPAJ, 1988, p. 27
16 Dada la actualidad que para Chile representa el tema indígena y la Reforma Procesal Penal, recomendamos la lectura de la publicación Derechos, Reforma a la Justicia y Pueblo Mapuche, Santiago-Temuco, FORJA-IEI UFRO, 2002, que puede ser solicitado a FORJA (ongforja@entelchile.net). Allí se encontrará además nuestro trabajo “El discurso de la prensa nacional y el conflicto mapuche”, pertinente al asunto que estamos tratando.
17 Estas funciones de la comunicación en la sociedad fueron inicialmente identificadas por Harold Lasswell (1948); Paul F. Lazarsfeld y Robert K. Merton agregaron posteriormente las de “conferir status” y “moralización” o de reforzar normas sociales, refuerzo del control social (1948)) y posteriormente Charles R. Wright menciona la de “entretención”.
18 Sugerimos la siguiente bibliografía con diversos enfoques sobre el concepto de sociedad civil: Sociedad civil para el tercer milenio, del Instituto de Estudios Sociales Juan Pablo II, Bogotá, 1996; Edelberto Torres-Rivas, “La sociedad civil en la construcción democrática (Notas desde una perspectiva crítica)”, en Internet; y además: Bobbio, N. Estado, gobierno, sociedad. Editorial Plaza y Janes. Barcelona. 1987; Hengstenberg. P. et al. (eds.). Sociedad civil en América Latina: representación de intereses y gobernabilidad. Editorial Nueva Sociedad. Caracas, Venezuela, 1999. Keane, J. Democracia y sociedad civil. Editorial Alianza. Madrid, España. 1992; Torres Rivas, E. Centroamérica, la democracia posible. Educa, San José, Costa Rica. 1987; Salazar, L. El concepto de sociedad civil: usos y abusos. Hegenstenberg et. al., 1999. Seligman, A. The Idea of Civil Society. The Free Press, New York. 1992.
19 El canadiense Dallas Smythe introduce en 1977 la idea de que la televisión es “un productor de audiencias vendibles a los publicistas” (Cfr. Mattelart, op. cit., pp.: 84-85).
20 Periodismo de Investigación en Sudamérica: obstáculos y propuestas, Santiago, FORJA-TI, 2002.
21 TI, Global Corruption Report 2003, Berlín, Profile Books, 2003.


* Juan Jorge Faundes es colabordor de Sala de Prensa, académico de la Escuela de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (ARCIS) de Santiago, Chile, y coordinador del Observatorio Ciudadano de Acceso a la Justicia de la Corporación ONG Formación Jurídica para la Acción (FORJA). Este artículo hace parte del capítulo primero del libro Rol del Periodista, Acceso a la Información y Reforma Procesal Penal, FORJA, Santiago de Chile, 2003, del que es autor.


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