Sala de Prensa

85
Noviembre 2005
Año VII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


El indigenisno en la prensa:
¿Periodismo de profundidad o folklore superficial?

"No tengais miedo, si otra vez vienen los enemigos contra vosotros, que os quieren matar, á toda priesa venidlo a decir, y los iremos a matar, les dijo Quicab á los soldados y capitanes y entonces les avisaron cuando fueron todos los hombres de guerra flecheros y arqueros, y entonces se desaparecieron los padres y abuelos de los Quicheés que están en cada uno de los cerros, que fueron á ser guardas de los montes y de los arcos y flechas y vigías de la guerra, y ninguno era estraño, ni tenía diferente ídolo, sino que era muralla y defensa del pueblo"
Popol Vuh (1)
"Sus armas eran unos coseletes de tres dedos de algodón, i hasta en los pies, i flechas i lanças largas, venian tan armados que el que caió en el suelo no se podia levantar; verla de lejos era para espantar, porque tenían todos los mas lanças de treinta palmas todas enarboladas" (2)

Eric L. Lemus *

"Un promedio de 25 mil indígenas, en representación de las etnias de América, y más de 55 mil espectadores participaron este martes en la ceremonia de apertura del museo de los indígenas americanos en Washington D.C. Vistiendo sus mejores trajes tradicionales e impregnados de los nuevos íconos de la modernidad, los representantes de las tribus indígenas, salieron una vez más a las calles para mostrarse al mundo y celebrar un día de unidad como pueblos en resistencia". (3)

La noticia fue publicada en uno de los principales rotativos de El Salvador en una extensión no mayor al cuarto de página con una fotografía de 3 pulgadas de ancho.

El tratamiento noticioso o informativo del tema indígena en El Salvador no dista mucho del estilo de otros medios del istmo centroamericano y, salvo contadas excepciones, del periodismo hispano en Estados Unidos.

El indígena ocupa espacio en la secciones menos profundas de nuestros periódicos, en los horarios con menor audiencia en la radio y la televisión, si es que acaso son parte de la agenda diaria, cuando evoca algo menos que bondad. La palabra indígena, en El Salvador, solamente es un vocablo de referencia para reforzar nuestros valores culturales, nuestra identidad perdida; por lo general, no son más que artículos para el consumo de turismo interno.

Así vemos, cada mes de mayo, sendas invitaciones en las secciones de entretenimiento de los medios que rezan: "Vayan a Panchimalco (un poblado a una veintena de kilómetros al sur de San Salvador) y disfruten de sus platillos típicos mientras la comunidad indígena celebra sus fiestas". Pero nadie sabe por qué la comunidad indígena en el pueblo de Panchimalco se reúne cada año y que la fiesta en las calles tiene un símbolo de resistencia a la visión religiosa que fue impuesta tras la conquista española.

"No se pierda la danza de los Emplumados el próximo fin de semana en Cacaopera (que es un pueblo de origen lenca, ubicado en el noreste de El Salvador)". Sin embargo, pocos saben que durante la guerra ese bello paraje junto al río Torola, que divide el territorio salvadoreño con el hondureño, fue el escenario de cruentas batallas entre el ejército y la guerrilla del Frente Farabundo Martí. Tampoco se sabe cuántos indígenas fallecieron en calidad de víctimas civiles de la guerra o si el pueblo sufrió o no persecución por el estigma de que ahí habitan brujos, que el pueblo era refugio de guerrilleros, que los campesinos eran sospechosos por su aspecto.

No, los indios, en El Salvador, de hecho no existen.

"Como en otros lugares de la región, resulta muy difícil determinar quién es indígena. Tal vez el mejor método sea sostener que es el indígena el que se comporta como tal. O sea que los que siguen las costumbres indígenas son indígenas. Los sociólogos enumeran la lista de costumbres que distinguen a los indígenas de los ladinos, como se les llama a los que siguen costumbres españolas. Una señal de los indígenas es lingüística, la superviviencia de su dialecto indígena; otra es política, generalmente encabezada por un cacique; en el campo de la religión, los sociólogos señalan la existencia de hermandades religiosas separadas, o cofradías indígenas", advierte Thomas R. Anderson en su investigación El Salvador 1932. (4)

Desde la tragedia de 1932 los enfoques de esta naturaleza no son cosa nueva en la prensa local. ¿La prensa salvadoreña tiene claridad que la comunidad indígena han sido afectados desde hace cien años por la explotación de la tierra?

Yo me atrevo a responder que no por una razón de sentido común. Cuando el tema indígena se convierte en símbolo de problemas, los espacios son reducidos. Si la fiesta es folklórica, garantiza imágenes coloridas, tendrá reservado un espacio en la sección de variedades, cultura, entretenimiento; en jerga periodística, soft news. Pero, si el protagonista de un linchamiento en el altiplano guatemalteco es toda una comunidad indígena, que no quepa duda que la prensa le dará primera plana y los espacios más destacados de la sección de sucesos o la nota roja. Así, entonces, lo que tenemos es una dicotomía permanente entre lo bueno y lo malo. Nunca han tenido su justa dimensión. Los indios, malos, arremeten contra el estado de derecho y vulneran la ley, contravienen el orden público, al tomar la justicia por sus propias manos. Son buenos cuando son artistas y son malos cuando reclaman sus derechos, su derecho a las tierras ancestrales o cuando ejercen su propio código de justicia.

El 20 de enero de 2002, un servidor publicó una historia que recogía el testimonio de la familia del líder indígena Feliciano Ama. En aquel momento, a 70 años de los hechos, pese a ser del dominio público de todo el pueblo de Izalco, pocos salvadoreños sabían que al cacique Ama le sobrevivían hijos, sobrinos, nietos...

Ama es una conjugación verbal simple del modo indicativo visto desde la gramática española.

En San Salvador, esa palabra no es nada por si sola; pero, en Izalco, Sonsonate, es un nombre que evoca sensaciones opuestas. Feliciano Ama, para unos, no debió haber nacido; para otros, fue un mártir; para su familia sólo fue un hombre, su padre, su tío, su abuelo. Hace casi 73 años, el cuerpo de José Feliciano Ama pendía de una ceiba frente a la Iglesia de la Asunción y los soldados ordenaban que los niños se colgaran de sus piernas y le quemaran la barba con trozos de carbón. Aquel día, el levantamiento indígena de 1932 murió tan pronto como había arrancado. (5)

Como ya ha analizado en el marco de este simposio, para cuando el calendario señaló los primeros días de enero de 1932, El Salvador heredaba del derrocado régimen del ingeniero Arturo Araujo una administración corrupta, una sociedad en crisis, un pueblo descontento y una economía prácticamente en quiebra, derivada de los bajos precios internacionales del café y de los efectos de la Gran Depresión estadunidense de 1929.

Ese es uno de los marcos históricos que rondan la historia de 1932, una historia prohibida en la agenda nacional.

De Izalco nos vienen mitos ("ese es un pueblo de brujos") y los ecos de la campaña política cuando el principal partido de derechas inicia oficialmente su campaña proselitista.

En Izalco, como un himno de victoria, la dirección del partido que gobierna El Salvador desde hace 15 años, entona estrofas anticomunistas porque Izalco -dentro del cliché- fue el lugar donde una rebelión comunista fue aplastada hace 72 años. Es decir, nadie en la prensa habla de masacre.

Esa parte de la historia está reservada para los libros. Pero los salvadoreños, en su mayoría no recurren a ellos como fuente de conocimiento sobre la realidad, sino que acuden a los medios de comunicación, los cuales tienen su propia interpretación de la misma.

¿Qué tipo de país es El Salvador en el año 2004 y a 12 años del fin de la guerra civil en el terreno de medios de comunicación?

En apenas un poco más de 21.000 kilómetros cuadrados, y con casi seis millones de habitantes, el país tiene dos de las mayores rotativas de toda América Latina; hay por lo menos cuatro programas matutinos de opinión en televisión, e incontables espacios de entrevistas y comentarios en radios locales.

A criterio de Ricardo Chacón, editor de un rotativo salvadoreño y profesor universitario, desde el año 2000, "los periódicos continuamente están incorporando a sus salas de redacción más y mejor personal profesional capacitado, y están a la última moda en el uso de programas de computación, fotografía digital y por supuesto diagramación computarizada". (6)

"Las radios, si bien no están en la vanguardia tecnológica, han incorporado nuevos formatos, como debates y foros conducidos no por periodistas, sino por connotados profesionales, y por supuesto comienzan a trabajar estrechamente en estrategias de mayor alcance, especialmente con la televisión", recalca el docente. "Y qué decir de la televisión donde los programas de opinión e informativos acompañan a los salvadoreños permanentemente. Basta mencionar que hay un canal de televisión que transmite noticias durante todo el día mientras una cadena de tres televisoras, desarrolla tantos programas informativos y de opinión como canales tiene", agrega.

Con la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, en cualquier sector nacional se escuchó decir que la prensa salvadoreña es -como pocas- garantía del derecho a la información. Incluso los periodistas, en gran medida, se mostraron complacidos. (7)

El periodista y profesor universitario Guillermo Mejía valoró años atrás los efectos a la sociedad salvadoreña por el nacimiento de revistas de investigación periodística (en la prensa escrita) y programas de opinión en la televisión, principalmente.

"Se asume como prueba de que hemos alcanzado la mayoría de edad en el desarrollo periodístico", enfatiza Mejía.

Sin embargo, cuando traemos a cuenta el tema indígena, sus derechos, los hechos de 1932, cabe formularse el siguiente juicio en torno al periodismo en El Salvador. Si la prensa no vive ya en la época de la bomba, de los operativos contrainsurgentes, o de los rumores políticos, o de "la exclusiva", propios del periodismo inmediatista, de escándalo, ¿la investigación periodística es nuestra consigna? Primero hay que definir qué es -en rigor- el periodismo de investigación.

"La búsqueda y difusión de información acerca de sucesos con valor periodístico (es decir: con grados considerables de improbabilidad de ocurrencia del hecho, y de probabilidades altas de impacto histórico y psicológico del mismo), eventos e información que otros (individuos, grupos, empresas, instituciones, organizaciones gubernamentales o no gubernamentales, clases sociales o el sistema mismo en su conjunto) mantienen ocultos y quieren impedir que sean conocidos y difundidos en un ámbito social mayor que aquel circuito de los que están enterados". (8)

Para Juan Jorge Faundes, periodista y escritor chileno, el objeto del Periodismo de Investigación "es la información oculta, reservada, secreta, y sus fuentes, aquellas que están cerradas. Estas últimas características (información oculta y fuentes cerradas) lo diferencian de cualquier otro tipo de formas periodísticas, aunque sean de denuncia, pero que trabajen con información socialmente disponible a través de fuentes abiertas".

Probablemente, ustedes pregunten ¿a qué viene esta deliberación en torno al periodismo de investigación? La razón es una sola. Este género abandera los cambios políticos, los vientos democráticos que atraviesa la sociedad salvadoreña a 12 años de la firma de los Acuerdos de Chapultepec.

"A partir de 1992, se ha iniciado la práctica de un periodismo investigativo que ha favorecido la instauración y consolidación de nuestra democracia, con sus abordajes más multitemáticos y profundos" señala Mario Cantarero, profesor universitario e investigador de la comunicación. (9)

Siete décadas atrás

El Salvador hereda en enero de 1932 una administración corrupta, una sociedad en crisis, un pueblo descontento y una economía casi en quiebra luego que es derrocado el régimen del ingeniero Arturo Araujo. Los bajos precios internacionales del café en la Bolsa de Nueva York empiezan a hacer mella en sociedad agrícolas como la salvadoreña. Pronto, los efectos de la Gran Depresión estadunidense de 1929 también arriban a los pueblos indígenas.

Ante el acoso de la pobreza, del interior del país llega a la capital una gran cantidad de campesinos pobres y enfermos, lo que ocasiona un crecimiento ciudadano sin control, plasmado en cinturones de miseria en el sur de San Salvador y en innumerables como insalubres mesones, tan denunciados y combatidos por el escritor Alberto Masferrer.

Como respuesta a esas condiciones de vida infrahumana y a diversos abusos cometidos en el agro nacional, se extremizan el sindicalismo y el movimiento obrero, dando pie al nacimiento del Partido Comunista Salvadoreño (PCS).

En la noche del 2 de diciembre de 1931, el corrompido régimen del Partido Laborista, encabezado por el ingeniero Araujo, fue derrocado por jóvenes militares agrupados en un Directorio Cívico. Dos días más tarde, entregaron el Poder Ejecutivo al vicepresidente constitucional, general Maximiliano Hernández Martínez, quien lo detentaría por espacio de trece años, hasta mayo de 1944.

Como una de las primeras acciones del nuevo gobierno, tienen lugar las diferidas elecciones municipales y legislativas en enero de 1932. Los comicios fueron fraudulentos. Varios sitios de votación fueron suspendidos en poblaciones en las que el PCS tenía fuerte presencia, partido que participaba pese a saber que no existía libertad electoral (había libros en los que se apuntaban los nombres de los votantes y su opción política partidista).

El inicio del alzamiento

Los obreros y el PCS radicalizaron sus acciones políticas, hasta considerar como única opción la de la violencia armada. Motivada por agitadores, la insurrección campesina estaba ya en marcha cuando, el 18 de enero, fueron capturados Agustín Farabundo Martí y los líderes estudiantiles Alfonso Luna Calderón y Mario ñapata. Los actos de captura fueron realizados por el capitán José Sánchez Agona y por diez hombres armados, en una finca al oeste del actual Colegio María Auxiliadora, en el capitalino barrio de San Miguelito.

A las 10 y 30 de la noche siguiente, se produjeron frustrados asaltos al Cuartel de Caballería (después sede de la Policía de Hacienda), sucesos que, unidos al descubrimiento de material explosivo en casas de dirigentes comunistas, motivó al gobierno martinista a decretar el estado de sitio y la ley marcial en los departamentos de Sonsonate, Santa Ana, La Libertad, San Salvador y Chalatenango. Poco después, implanta una severa censura de la prensa escrita, sometida a las disposiciones editoriales del jefe de la Policía Nacional.

Para la noche del 20, el PCS se reúne y debate sobre si debe comenzarse o no la insurrección en el occidente del país. Como resultado de las consultas, varios comunicados para detener a las fuerzas insurrectas fueron emitidos al día siguiente, pero muchos de ellos ni siquiera llegaron a su destino.

La erupción de Izalco

Antes de la medianoche del día 22, con la erupción del volcán de Izalco como marco cinematográfico, varios miles de campesinos se lanzaron a la invasión de poblaciones como Villa Colón, Juayúa, Salcoatitán, Sonzacate, Izalco, Teotepeque, Tepecoyo, Los Amates, Finca Florida, Ahuachapán, Tacuba y otras poblaciones más, azuzados por los dirigentes comunistas y armados con machetes y algunos cientos de fusiles Mauser, dejados por Araujo en sus manos para organizar la defensa de su régimen tambaleante.
Como miras principales, los ataques iban dirigidos contra cuarteles, guarniciones de policía, oficinas municipales y de telégrafos, al igual que contra casas de reconocidos terratenientes y comerciantes de la zona.

Desde la madrugada del día 23, tres intentos de toma son repelidos por las ametralladoras "tartamudas" del bastión militar de la ciudad de Ahuachapán, comandado por el general José Guevara. En los muros de la fortaleza, un hijo del militar contempla los frutos que producen la crisis, el fanatismo político y el alcohol extraído de las tiendas saqueadas. Años más tarde, una vez entrenado por el ejército estadunidense, ese niño de doce años pasaría a ser conocido en la historia nacional como el general José Alberto "El Chele" Medrano.

Se calcula que la población de Tacuba es tomada por asalto por 1.500 militantes comunistas que dirige el estudiante universitario Abel Cuenca, quien se encuentra con el grave problema de tener que alimentar a tan grandes cantidades de población, a la vez que busca evitar que continúen las violaciones y el pillaje generalizado.

El movimiento frustrado

En la mañana del día 23, los insurrectos realizan un frustrado intento de tomarse el cuartel de Sonsonate. Su herido comandante, el coronel Ernesto Bará, conduce la acción de rechazo.

Varias columnas de soldados, policías y guardias nacionales parten por tren desde San Salvador hacia las zonas insurrectas. Viajan bajo las órdenes expedicionarias del general José Tomás Calderón. Una vez han hecho su labor en el departamento de La Libertad, retoman Colón y Sonzacate, desde donde dirigen la captura de la plaza de Izalco.

Entre los días 24 y 25, las fuerzas militares gubernamentales entran en Nahuizalco, Juayúa -donde pasan por las armas al líder indígena Francisco Sánchez, capturado en San Pedro Puxtla-, Ahuachapán y Tacuba.

Como último evento de esos hechos sangrientos, el 31 de enero, un consejo de guerra presidido por el general Manuel Antonio Castañeda juzgó y condenó a Martí, Luna y ñapata a morir fusilados en el Cementerio General de San Salvador, previo traslado desde sus celdas en la Penitenciaría Central, ubicada donde ahora se alza el céntrico edificio del Fondo Social para La Vivienda (FSV).
Como herencia de aquellos años, la cifra exacta de muertos quizá nunca pueda saberse. Hasta la fecha, periodistas y tratadistas sobre el tema como Thomas P. Anderson, Jorge Arias Gómez, Patricia Alvarenga y otros han manejado cifras que varían desde 4.800 hasta 30.000 personas fallecidas en esa coyuntura de la historia salvadoreña, que -como sostiene el investigador social Jaime Barba- ahora urge de una revisión histórica desapasionada y científica, con miras a la verdadera reconciliación.

Empero, el mismo autor objeta que "en el ámbito del periodismo, la práctica investigativa no ha podido desarrollarse plenamente porque hay factores externos de orden académico-universitario, político, económico y jurídico que la limitan enormemente, al extremo de darle poca prioridad y mantenerla demasiado coaccionada. En el plano interno, la organización de las salas de redacción de los medios no está diseñada para realizar un periodismo investigativo; es más, los salarios de los periodistas no corresponden a las exigencias del trabajo. En ambos contextos los periodistas experimentan temores y mecanismo de autocensura ante un sistema bastante adverso por las represalias políticas y los riesgos laborales a los que pueden verse sometidos por los agentes de poder económico político".

La autora española Montserrat Quesada aporta otros elementos al determinar que el periodismo de investigación debe contar con tres etapas:

  1. Ir hacia la esencia de las cosas
  2. Mostrar cómo funcionan los mecanismos burocráticos del sistema y
  3. Denunciar lo que atenta contra la ciudadanía (10)

Ahora preguntemos con honestidad: ¿Ha cumplido este papel el periodismo en la defensa de los derechos indígenas?

Quiero volver al testimonio fascinante de una de las fuentes orales más relevantes que pudo tener el pueblo salvadoreño para entender los hechos de 1932.

La historia del suplicio que vivió la familia Ama, a lo largo de setenta años, poco se ha contado; pero fue más fácil interpretarlo a partir de la voz de don Juan Ama, sobrino de Feliciano.

La memoria de este hombre de 96 años, que falleció poco tiempo después del estreno del documental "Ama, la memoria del tiempo" (realizado por Daniel Flores), resume el liderazgo de Feliciano a partir del día en que se casó con Josefa, la hija del señor Patricio Shupan, quien era el mayordomo principal de la Cofradía del Corpus Christi y cacique de Izalco en los años 20. La Cofradía es una fiesta exclusiva de los indígenas, donde el sincretismo religioso es la regla. Aquí se funde el rito católico con el simbolismo prehispánico que ha sobrevivido a la colonización y la conquista.

A principios del siglo XX, en Izalco, el poder giraba en torno al cacique, quien mediaba la relación de poder entre el mismo presidente de la República y la comunidad.

Él era el jefe de los indígenas; no era un funcionario del gobierno ladino, sino una autoridad extra legal cuyo poder residía en el reconocimiento que su pueblo le concedía. "Era un antigua, era principal del pueblo, era cacique, mayordomo", en palabras de don Juan.

Feliciano, por su parte, antes de casarse, "era pobrecito, trabajaba con la cuma, era jornalero; hasta que se casó, se fue levantando", gracias al apoyo de su suegro que lo involucró en sus tareas como si de un hijo se tratase. Patricio Shupan era jefe de Izalco y bajo su mando estaban los designios de los cantones Tunalmiles, Higueras, La Quebrada y Tescal. Su poder había sido concedido por la misma población.

Junto a Shupan estaba José Feliciano, que se encargada de recibir a los mandaderos de la Cofradía, llevar la recolección de las ofrendas que se hacían para celebrar las fiestas y acompañar a su suegro a reuniones presidenciales.

"Iban al cerro, a dejar una candela para que no se encareciera la comida y eran los principales de las mayordomías", explicó, vívidamente, don Juan. "Cuando vino José Feliciano ya había trabajo. Patricio fue quien conoció las tierras comunales". Las tierras comunales son la semilla de la discordia que desembocó en el baño de sangre en 1932. Don Juan rememoró "las tierras comunales eran del Padre Poderoso... para los indios...".

Los indígenas empezaron a ser expropiados y Shupan empezó a reclamar lo que -desde su punto de vista- les pertenecía.

Pero el destino de los Ama se marcó en 1917, luego que Shupan asistiera a un almuerzo en la residencia presidencial. Don Carlos Meléndez fue el anfitrión. Shupan salió de Casa Presidencial sintiéndose mal, con un fuerte dolor en el estómago. Todavía tuvo tiempo de abordar el tren de regreso a casa, pero, cuando llegó a la estación de Izalco, había muerto.

"Ahí empezó la nueva vida de mi tío", dijo don Juan. De la noche a la mañana, este hombre, de 1.70 m. de altura, oriundo de Izalco, que nació en 1881, que usaba pelo corto, bigote y barba bien recortada, vestía cotón (camisa y calzón de manta), caites y sombrero de palma, tuvo que convertirse en el nuevo cacique.

"Él era una persona muy sencilla, no como lo quieren pintar ahora, como un gran personaje. Era una persona de hablar suave, pero claro. No hablaba mucho en castilla sino en lengua (nahuatl). Era un señor muy respetativo con todo el personal; no tenía ningún enemigo. No ofendía a nadie de ninguna manera", recuenta quien fuera su sobrino, don Juan Ama.

José Feliciano prosiguió el mandato que se le había legado y continuó la demanda de las tierras comunales. Mas la llegada de los años 30 aceleró el ritmo de la historia.

El fruto de todo este testimonio, cuyos extractos más ilustrativos les he compartido, fue exhibido un martes 22 de enero de 2002 en el atrio de la Iglesia de La Asunción, en Izalco, justamente donde se presume que están enterrados los restos de cientos de víctimas del operativo ordenado por el general Maximiliano Hernández Martínez para aplacar la rebelión indígena.

Esta familia , sin embargo, es un ápice de toda la cosmovisión indígena de Izalco y, como señala Julia Ama (una de las nietas de Feliciano) "hay que sentir todo ese torrente indígena por las venas" para defender la identidad que se ha perdido. En Izalco, el mundo precolombino está presente en la celebración férrea de sus cofradías y en el respeto a sus padres, que no están muertos; por el contrario, son testimonios vivos.

Son pocos los trabajos periodísticos que ahondan sobre la cosmovisión de un pueblo ancestral. Hace unos meses, valga la aclaración, el periódico La Opinión de Los Angeles hizo una excepción al publicar diversas crónicas sobre los huicholes, que pueblan la sierra taraumara. Pero estos trabajos no son la regla en el periodismo. (11)

Un perfil de los pueblos indígenas realizado en el año 2003 consignó que, en términos generales, "su superviviencia se basa en una economía agrícola de subsistencia, produciendo maíz, frijoles y otros cultivos en pequeñas parcelas de tierra, en su mayoría arrendadas. Estos cultivos son la base de su alimentación tradicional. Otros se ubican como jornaleros en fincas de café o como peones agrícolas durante la temporada de cultivos o cosechas de los productos agropecuarios. Algunos de ellos, situados en la zona costera o cerca de un río, practican la pesca artesanal". (12)

Conclusión: hablamos de campesinos. Si tomamos este perfil y lo comparamos con el resultado del índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) tendremos gente que vive de la cría de animales domésticos, de la caficultura doméstica, de quienes elaboran artesanías como canastos, ebanistería, alfarería. Son campesinos; pero difícilmente las instituciones gubernamentales, a través de sus diversos representantes, caigan en la cuenta que son los mismos indígenas. En todo caso, son indios, en un elevado sentido peyorativo. Por el simple hecho de considerarse indios, se les ubica en una situación de eterna desventaja social, en el último escalón de la estructura de la sociedad, de hecho, no son nada, tan sólo ánimas sin identidad y que viven por debajo de la línea de la pobreza o en condiciones de extrema pobreza.

El 38.3% calificó en extrema pobreza y el 61.1% está en la línea de la pobreza, mientras que sólo el 0.6% calificó con cobertura de sus condiciones básicas de vida, según la investigación ejecutada por el Comité Multisectorial para los Pueblos Indígenas de El Salvador.

"Es inconcebible el desarrollo de la cultura nacional sin el reconocimiento y fortalecimiento de la cultura y los derechos de los pueblos indígenas. En ese sentido y a diferencia del pasado, la política educativa, cultural y económica hacia ellos debe estar orientada en un enfoque de reconocimiento, respeto y fortalecimiento de los valores culturales ancestrales."

¿Cuáles son los caminos que debe tomar el ejercicio periodístico frente a los derechos indígenas? El periodismo de investigación y de profundidad, a mi criterio, es una herramienta; pero tan solo una. En el diván pesa el menosprecio que a diario ha distinguido a los pueblos ancestrales de El Salvador entre sujetos "buena gente" que venden las artesanías con una sonrisa eterna y una amabilidad sin límites y aquellos que son "malos" por reclamar más de lo que merecen. ¿Dónde está su justa dimensión?

Quiero cerrar con unos versos de Netzahualcóyotl, uno de los máximos exponentes líricos de la cultura azteca, cuando enfrenta el tema de la muerte...

¿A dónde iremos
donde la muerte no existe?
Mas, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre.
Aun los príncipes a morir vinieron,
hay cremación de gente.
Que tu corazón se enderece
Aquí nadie vivirá para siempre.
(13)

En definitiva, estos versos han sobrevivido a la Conquista, la Colonización, pero, ¿sobrevivirán al mundo globalizado?

__________
Bibliografía:

(1) La historia del origen de los indios de esta provincia de Guatemala, Dirección de Publicaciones, República de El Salvador, 1977
(2) Pedro de Alvarado, Relación de Pedro de Alvarado a Hernando Cortés, Santiago de Guatemala, 28 de julio de 1524
(3) Departamento 15, La Prensa Gráfica, 24 de septiembre de 2004
(4) Thomas R. Anderson, El Salvador 1932, Los sucesos políticos, Biblioteca de Historia Salvadoreña, Volumen 10, Concejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), San Salvador, 2001
(5) Revista Vértice, El Diario de Hoy, 20 de enero de 2002
(6) Ricardo Chacón (diario El Mundo y decano de la Escuela de Periodismo de la Universidad José Matías Delgado), Pulso del periodismo, Universidad Internacional de La Florida, 11 de mayo de 2000
(7) Guillermo Mejía, "En El Salvador: ¿Periodismo de investigación o de consigna?", Revista Probidad, Séptima edición, marzo-abril 2000
(8) Juan Jorge Faundes, "Ética y contexto del Periodismo de Investigación", Sala de Prensa, número 36, Octubre 2001, Año III, Vol. 2
(9) Mario Alfredo Cantarero, "Periodismo de Investigación en El Salvador: amarrado por las presiones y los temores", Sala de Prensa, número 39, Enero 2002, Año III, Vol. 2
(10) Montserrat Quesada, La Investigación Periodística, Barcelona, 1987
(11) Jorge Morales Almada, "Una visita a los Huicholes", La Opinión, Los Angeles, 22 de julio de 2004
(12) Gloria Mejía de Gutiérrez y Rita Jaimes de Araujo, Perfil de los Pueblos Indígenas de El Salvador, Concejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), Ministerio de Educación y Banco Mundial, 2003
(13) Netzahualcóyotl, Siglo XV, cultura azteca, Cantares Mexicanos, folio 70 en Gloria Aracely de Gutiérrez, Tradición oral de El Salvador, Dirección General de Publicaciones e Impresos, Concejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), San Salvador, 1993

_______
Glosario:

- Indigenismo: Condición de indígena, estudios de los pueblos indígenas americanos, movimiento político social americano en favor de la rehabilitación cultural y étnica del elemento indígena. Voz de procedencia indígena.
- Folklore: Conjunto de creencias, artesanías, costumbres, etc., que forma parte de la tradición de un pueblo. Ciencia que estudia estas materias. Cultura popular tradicional.
- Ladino: Aquellos que siguen costumbres españolas.


* Eric L. Lemus es periodista y profesor universitario. Editor de la revista Vértice. Actualmente realiza estudios de doctorado en Comunicación Social en la Universidad Pompeu Fabra en la ciudad de Barcelona. Este texto es la conferencia dictada en el marco del simposio internacional "El Salvador 1932, memoria histórica, justicia, identidad y derechos de los pueblos indígenas", realizado en la ciudad de Nueva York del 11 al 13 de octubre de 2004, coorganizado por el Center for Latin American & Caribbean Studies de la New York University, Latin American Studies Project at Nassau Community College-SUNY, Center for the Study of Ethnicity and Race at Columbia University, HIP Productions y la Fundación Ama. El texto de recuadro fue publicado en la revista Vértice el 20 de enero de 2002. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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