Sala de Prensa

84
Octubre 2005
Año VII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


De la integración e identidad
a la colaboración y autonomía

Cees Hamelink *

Si nos les importa, estaré caminando; esta es una vieja tradición filosófica griega. Soy un aristotélico anticuado, por lo tanto me gusta caminar; y eso es lo que estaré haciendo durante los próximos dos minutos. Lo que siempre hago cuando tengo que hablar en público es ver en las mañanas los periódicos, y ver lo que dice mi horóscopo; esto me da inspiración. Y para el día de hoy es realmente muy interesante porque el horóscopo dice: "Es un día muy importante para ti, y debes de actuar como si supieras lo que estás haciendo, aunque no tengas ninguna idea de lo que dices".

Cada estación tiene sus mejores palabras; y nuestra estación el día de hoy, en las políticas internacionales, también las tiene, y normalmente significa problemas. Esas palabras tienen que ver con la globalización, la sociedad de la información, la integración.

Actualmente decimos que lo que comentan los intelectuales no tiene ningún significado; que los intelectuales deben de luchar y los académicos debemos rehusarnos a usar este sentido: tenemos que reconstruirlo porque no tiene un significado académico o intelectual, pero sí tiene un significado político. Ellos representan una cierta forma de pensamiento de la política; representan un nivel medio económico liberal completamente diferente, una forma diferente de pensar sobre la sociedad, y representan una monocultural y monoideológica forma de ver a las sociedades.

De alguna manera me encontré sorprendido cuando me invitaron a una reunión sobre integración y cuando escuché a la gente hablar de ésto, el día de ayer, sin ninguna calificación realmente crítica. Y me preocupé cada vez más cuando empecé a pensar que quizás hay un gran consenso, en este auditorio, de que la integración es algo positivo, y que la integración es algo deseable.

Así que, cuando me desperté a media noche ayer y dije: "¿Qué es lo que voy a hacer el día de mañana?", respondí: "Lo primero que haré mañana es crear un problema a raíz de la integración".

Déjenme manejar esto a través de analizar la historia. En mi parte del mundo, en Europa, en 1648, los países europeos concluyeron un muy importante tratado de paz: la paz de Westfalia, que fue el principio del Estado Moderno Nacional. Sabemos que a partir de 1648 el Estado Nacional significa Poder Soberano sobre su territorio nacional: administración soberana de todos aquellos que viven dentro de sus fronteras nacionales. Pero todo el tiempo el Estado Moderno, o el Estado Nación Moderno, se pregunta: "¿A quien corresponde esa comunidad nacional política? ¿Cuál es la parte de la política nacional? ¿Quién es un ciudadano?" Esa es una pregunta que surge constantemente en nuestros estados europeos modernos.

Originalmente pensamos: "Esto es un concepto fácil de comprender." Encontramos la forma sencilla. Simplemente nos vemos como sociedades monoculturales, y decimos entonces: "Todos aquellos que corresponden a la mayoría étnica del Gobierno son ciudadanos", eso es fácil.

Pero luego surgieron los problemas porque sucedió que nuestras fronteras no estaban tan cerradas como lo hubiésemos deseado; nuestras fronteras resultaron estar abiertas, y la gente se movía a través de las fronteras, se casaba a través de las fronteras, reunían a sus familias a través de las fronteras.

Y en Europa nos fuimos encontrando, confrontándonos, con comunidades muy fuertes; comunidades que eran muy asertivas sobre su identidad, y que para la transportación moderna y la tecnología de la comunicación se mantuvieron dentro de este todo.

Tuvimos que encontrar una solución porque, repentinamente, nuestra monocultura se encontró siendo retada.

En muchos países hemos encontrado muchas maneras de manejar esto; la forma más radical, por supuesto, la que hemos estado aplicando en Europa -hasta recientemente- fue la limpieza étnica: simplemente elimina a aquellos que no consideras que son ciudadanos. Y lo hemos hecho en una forma bastante generosa, y lo haremos de nueva cuenta; no tengan ustedes una imagen de que esto es una cultura muy pacífica, nosotros practicamos el apartheid. No lo hicimos como en Sudáfrica, pero lo hicimos entre nosotros en forma más distante.

Vean ustedes, en particular en mi país, nos gusta pensar en nosotros como un país muy civilizado; nosotros, incluso, tenemos un ministro de la Integración, y sugerimos al mundo que somos una sociedad verdaderamente multicultural. Y bueno, ustedes son muy bien venidos con sus propias identidades personales, pero esto es parte de un mito: nunca hemos cedido al sueño de la sociedad monocultural.

Vemos a los que llegan con nosotros como gente nueva: "Puedes quedarte con nosotros, pero tienes que integrarte, te guste o no, porque si no te gusta, te vamos a obligar: encontraremos las formas y medios de presionarte para que te conviertas en una parte de los 'nobles', porque no vamos a ceder lo que es nuestro modelo dominante".

Y puedes estar integrado, y puedes, incluso, mantener algunas cosas de tu identidad personal, pero tu identidad sólo puede mantenerse en los límites del modelo dominante. Y nos sentamos alrededor de la mesa con los que acaban de llegar, con los nuevos, y nos decimos... los vemos como grupos de tribus indígenas, y les podemos decir como holandeses: "¿No podremos pensar, en conjunto, qué clase de sociedad queremos construir para el futuro?". No. Solamente imponemos el modelo que tenemos, y perdemos una tremenda oportunidad para el proceso democrático.

Algo similar está sucediendo a nivel europeo. Nos recordaron, el día de ayer, que hay un gran debate en Europa sobre la integración europea, y este proceso en general.

En Europa tenemos una situación muy similar a la de los Estados Nación: hay un modelo dominante europeo; hay un sueño europeo de un sueño neoliberal capitalista que tiene la ideología basada en la iluminación, y que tiene que ver con lo que es liberal y representativo: eso es Europa.

Pero, hoy en día, los ciudadanos europeos están pidiendo un referéndum: si quieren ser parte de esta Europa. Están a punto de votar un tratado constitucional, como nos lo recordaron el día de ayer, y nos dieron la oportunidad de decir sí o no.

Bueno, realmente no es así, realmente no nos han dado la oportunidad de decir que no en Europa: todo mundo dice: "Tienes que decir que sí, no puedes decir que no. Está mal si dices que no, tienes que integrarte en nuestro modelo europeo". Ayer llegamos a la conclusión de que los medios tiene un papel muy importante en esto. Ellos están a favor de decir que sí: ellos conducen, prácticamente, una propaganda manipulativa como campaña para llevarte a decir que sí, pero ¿sí a qué? ¿Sí a una idea de Europa sobre la cual los ciudadanos jamás fueron consultados?

La integración europea y este proceso -y sinceramente espero que los latinoamericanos lo hagan mejor de lo que lo hemos hecho nosotros- es en sí mismo un proceso democrático, y depende de cómo definimos a la democracia.

Si definimos a la democracia por las líneas de sistemas representativos liberales, quizás haya un poquito de democracia en Europa. Es lo que Benjamín Barber llamó "el encuentro de la democracia".

Pero si la vemos en términos de una barra de oro, de una fuerte democracia, tenemos ahí un déficit democrático muy importante. Y los   ciudadanos de Europa nunca fuimos consultados: es una imposición, es una integración que viene desde arriba; y perdimos la tremenda oportunidad, como ciudadanos europeos en un proceso constitucional, de sentarnos todos juntos y decir qué tipo de Europa nos gustaría tener.

Ahora, de nueva cuenta algo similar pasa a nivel mundial, a nivel global: hay una Organización Mundial de Comercio que está trabajando a favor de la organización mundial, y el resto del mundo tendrá que integrarse a esta organización, ya sea que les guste o no.

Es una globalización que viene desde arriba y si ustedes protestan entonces los medios más importantes del mundo se asegurarán de que tú te encuentres marginado. O, incluso, serás sancionado porque te van a llamar "antiglobalista", "antimundialista"; y esta es una frase muy peligrosa porque sugiere, de alguna manera, que tú, básicamente, eres peligroso, que no puede confiarse en ti, es decir, que puedes tirarnos piedras al camino.

Y la gente que protesta en el mundo contra la Organización Mundial de Comercio, no es globalifóbica, representa una alternativa. No les gusta que la globalización se les imponga, no les gusta que la globalización venga desde arriba; les gusta que la globalización vaya de abajo hacia arriba. Y todo este proceso es un modelo impuesto sobre ti.

Todo esto me recuerda esta hermosa frase del embajador brasileño para el inicio de las negociaciones. En un momento determinado dijo que algunos países son los "pollitos" (los pobres) y los países ricos les dicen a los pollitos: "¿Cómo quieres que te cocinen?". Y ellos dicen... bueno, parece ser imposible que los pollos digan: " Bueno, yo preferiría que no me cocinaras".

Ese considero que es un desarrollo muy peligroso en nuestro mundo, porque son los integracionistas los que promueven esta forma de integración que viene de arriba hacia abajo. Y si rehúsan a preguntarle a los pollos cómo quieren ser cocinados, los pollos reaccionarán de formas violentas y extremas para tratar de encontrar su propia identidad.

Vemos el día de hoy en nuestro mundo una confrontación muy peligrosa, y probablemente hasta mortal. Por un lado, los que buscan la identidad y los que ya tienen una identidad. Y es un proceso muy peligroso; y aún más peligroso es cuando muchos de nuestros gobiernos y muchos de los medios nos están haciendo cosas a nosotros porque están poniéndonos en confrontación a través de crear una cultura del miedo, en la guerra contra el terrorismo donde han plantado mucho temor.

Así que no es una imagen muy placentera la que tenemos enfrente con el mundo actual, pero si ustedes esperaban que este jueves en la mañana tendrían una presentación muy leve: Mi querido Mr. Hoop, ojalá no hubiera usted invitado a este calvinista holandés que somos personas que pensamos que el mundo no significa nada; que tenemos una visión del mundo, que somos pecadores, que no tenemos redención y no hay salvación.

Esa es la forma en la cual todos nosotros pensamos en nuestro país; no sólo los protestantes, también los católicos: todos los católicos son calvinistas. Yo les digo a mis amigos musulmanes que no tengan ninguna ilusión sobre la sociedad holandesa, aunque sean musulmanes.

Así es que tenemos esta visión borrosa de posibilidades para la raza humana: todo siempre está mal, siempre hay esta sensación de culpa, de que todo está mal. Pero también hay algo que hay que destacar: los pastores calvinistas siempre trataron de asustar a todos los que los escuchaban; tratan de hacerlos que se sientan tan deprimidos, que estén a punto de suicidarse, de colgarse, y justo antes de que te cuelgues te decimos: "Mira, pero hay esperanza". Así es que tiene que haber esperanza; la última parte de esto tiene que ofrecerte una esperanza.

Verdaderamente admiro a Conrald Hilton que era dueño de los hoteles. Ustedes quizás sepan que Conrald Hilton tuvo un programa a nivel nacional en Estados Unidos y le dieron la oportunidad, al final de esa presentación en televisión, de decir: "Señor Hilton, por favor, envíe usted un mensaje a la humanidad". Y el señor Hilton ve a la cámara y dice: "Por favor, recuerden que la cortina de baño siempre debe de estar por dentro de la tina de baño." Y si pueden, ustedes, formular un mensaje para toda la humanidad en una sola frase, pues sería éste.

Yo quiero proponer, primero que nada, que cambiemos los conceptos de nuestro encuentro; hagámoslo con lo que tiene que ver con integración e identidad.

Integración para mí es algo que tiene asociaciones con procesos falsos: falta de democracia, falta de oportunidades para hablar entre nosotros; vamos a llamarle cooperación ¿Qué hay de malo con llamarle cooperación? ¿No sería agradable que los seres humanos a niveles nacionales o internacionales, regionales y globales cooperaran entre sí?

Esto también requiere de eliminar la identidad. Es un concepto tan complicado, tan problemático, que implica la sugerencia de que tú puedes tener una definición estática de ti mismo, que puedes saber quién eres; que puedes dar una definición única: mira, yo soy europeo, yo soy holandés. Pero eso, por su puesto, es basura absolutamente en términos de psicología humana.

Nuestra identidad cambia por el tiempo; nuestra identidad cambia con el tiempo, es un proceso dinámico. Si quieres tener una identidad para el resto de tu vida, seguramente te encerrarán en un manicomio; hay gente que cree que es Napoleón o Jesucristo toda la vida. Eso no es saludable: si eres una gente saludable, cambias toda la vida.

No solamente eres mexicano; eres también una mujer, también eres un abogado, también eres una madre de familia, eres todas estas cosas. Todos tenemos identidades múltiples.

Así que es un concepto muy complejo: vamos a decirnos entre nosotros que lo que es más importante que el hecho de saber quién eres, y qué es lo que sabemos de nosotros mismos -sobre todas las cosas-, es tratar de definir y encontrar esas identidades en un espacio... ¿Por qué no usar la noción de autonomía?

Si las sociedades, por ejemplo, nos diesen la libertad de pensar sobre quiénes somos, quiénes queremos ser, cómo cambiamos con el tiempo, cómo nos relacionamos con otros, eso me daría autonomía. Entonces, vamos a decir que en lugar de tener una integración e identidad (yo espero que no esté realmente molestando a todos aquí en esta reunión, señores) ...más que una integración e integridad, vamos a hacerlo colaboración y autonomía, y vamos a ver cómo podemos cooperar sin perder nuestra autonomía.

Ahora bien, si queremos hacer esto... tenemos que hacer lo que yo considero que es lo más importante que tenemos que aprender (y esto suena extraño en una reunión de comunicadores): tenemos que aprender a comunicarnos.

¿Saben? Todos nos hemos olvidado de cómo comunicarnos; todos hablamos en estos días sobre comunicación, la sociedad de la información; hablamos del conocimiento... y todo esto hace muy poco sentido porque en el proceso de reunir toda la información, de reunir todo el conocimiento que tenemos, no necesitamos una sociedad de la información, necesitamos una sociedad de la comunicación. Necesitamos liberarnos de un sentido restringido de la comunicación.

Vean ustedes, la comunicación normalmente se ve como un proceso lineal de transmisión: transmitimos una señal de la A a la B, y a eso le llamamos comunicación, pero eso no tiene ningún sentido en el siglo XXI, donde tenemos tecnologías interactivas maravillosas. Así es que, ¿por qué no movernos del paradigma de la transmisión al paradigma de la interacción, de la comunicación diferente?

Quizás no hacemos esto porque es muy, muy difícil; porque movernos de la transmisión a la interactividad significan dos cosas: primero, tenemos que aprender cómo conducir un dialogo; y, en segunda instancia, tenemos que aprender a comunicar en forma no violenta, en formas que no nos pongan en pugna.

Tenemos una buena demostración, en este auditorio, de qué tan difícil puede ser esto porque, como ustedes decían el día de ayer: "Dejemos que el diálogo comience..." y, por supuesto, el diálogo nunca comenzó. Siempre sucede: los invitamos a un dialogo, y luego hacemos algo completamente diferente. Esto es todavía más difícil dentro de lo que es el mundo académico, ahí nunca podemos tener un dialogo.

Así es que ustedes anuncian un diálogo, ¿y qué sucede? Ah, pues un montón de preguntas, monólogos, respuestas y preguntas, y a esto le llamamos comunicación. ¿Por qué es tan difícil aprender a dialogar?

Primero que nada, pensamos en un dialogo y pensamos en algo más. Decimos: "Él está hablando de un debate."

Es un error muy extraño y muy común, pero un dialogo es muy, muy diferente a tener un debate. Un debate tiene que ver con hacer argumentos, tratar de convencer a alguien, tratar de desarrollar algo; pero un dialogo tiene que ver con escuchar, y eso es tan difícil el día de hoy: es prácticamente como comprar arte.

¿Quién sabe, hoy en día, cómo escuchar? Yo veo todos esto shows en los cuales la gente hace entrevistas en la televisión, y ¿quién escucha en esos shows? Prácticamente nadie lo hace; todo tiene que ver con lo que tú decías ayer.

Es muy importante enfocarnos en lo que es la cultura visual, pero ¿qué pasa con lo que recibimos con nuestros oídos?

Olvidamos la fisiología de que nuestros oídos son mucho más importantes y mucho más delicados de lo que son nuestros ojos. Así es que tenemos que aprender de nueva cuenta a escuchar, y a descubrir la enorme importancia, y la belleza y la espiritualidad del sonido.

Así que el aprender a escuchar es muy difícil: nos gusta, pero no nos gusta realmente escuchar.

El dialogo significa que estás preguntándote, o cuestionando tus propias certezas, porque no vas a decir: "Yo tengo la razón, y voy a convencer a las otras personas".

Eso es muy difícil para la mayoría de nosotros porque, en lo profundo, todos somos fundamentalistas, es decir, nos gustan nuestras propias ideas, nuestro propios proyectos, y nos colgamos de ellas en la vida, y encontramos tan difícil rendir nuestros conceptos.

Si estuviéramos involucrados en un verdadero diálogo, yo estaría verdaderamente escuchándolos; tendría que tomar el riesgo de que podría cambiar mi punto de vista: podría descubrir toda una serie de cosas que no había aprendido antes. Y tendría que cuestionar mis propios conceptos y decir: "Quizás esta persona tiene razón", y cambiar.

Encontramos que el cambio es muy difícil de manejar porque en lo profundo todos somos fundamentalistas. Y también conservadores: nos gusta mantener lo que tenemos. Así que el diálogo se convierte en algo muy complicado, pero puede enseñarse, puede aprenderse a tener un verdadero diálogo.

El segundo requerimiento es que no sea violenta, que no sea una conversación de adversarios. Eso es realmente porque, cuando empezamos a pensar en este concepto, cuando pensamos en las comunicaciones humanas simples, hay tanta violencia en ello.

Vean ustedes los modos de comunicación entre familias: es una guerra de palabras, son pequeños campos de batalla sobre la comunicación; y la gente es lastimada y traumatizada; y la gente es silenciada, y tiene cicatrices de estas heridas.

Somos tan violentos, que aun la comunicación no verbal... vean ustedes cómo el lenguaje corporal hace que nos comuniquemos entre nosotros. Vean ustedes esta sala donde la gente está sentada y alguien nuevo entra; vean ustedes como la gente analiza al que acaba de entrar con mucha adversidad, con poca hospitalidad.

Tenemos que ver que hay tanta violencia en nuestras comunicaciones y, por supuesto, hay mucha violencia en la comunicación en los medios.

Y no sólo estoy haciendo referencia a todos estos programas dramáticos o de acción que llenan las imágenes, y que nos enseñan que la violencia es la única manera de solucionar el problema; también estoy analizando la enorme capacidad y naturaleza de los programas de televisión: cómo ponen a la gente en contra de sí mismos. Todas estas listas de todos estos juegos, concursos, competencias... tenemos que encontrar la forma de eliminarlos.

Eso no es tan fácil porque nos comunicamos en un ambiente total que es muy adverso, que es muy competitivo.

Nuestro sistema legal hace que las personas se pongan en contra de otras personas; los sistemas políticos lo hacen también; nuestros sistemas de deportes también lo hacen, y también nuestros sistemas educativos se han convertido en algo tremendamente competitivo.

Como una de las grandes lástimas de nuestros tiempos, es que en nuestras instituciones educativas damos tanto énfasis a ser el mejor: ser la mejor universidad, o teniendo las mejores calificaciones, teniendo las más altas puntuaciones. Y en esta competitividad hacemos algo terrible: arruinamos una gran cantidad de talento porque la mayoría de las personas no puede vivir con estas situaciones competitivas; hay muy pocos que pueden sobrevivir a esto.

Así es que hacemos esto con una tremenda violencia, y es la forma en la que educamos a nuestra generación.

En el campo de la educación musical -que es muy querida para mi corazón- hay algo horrible sucediendo en todo el mundo: estamos entrenando a los niños para ser músicos y ser el mejor pianista, el mejor violinista; y los mandamos a concursos porque tenemos que ganar premios y reconocimientos y esto arruina los talentos.

Las multifaces, desgraciadamente, desalientan a tantas personas que de otra forma se hubieran convertido en grandes músicos. Es una educación que sólo tiene que ver con una sección, con los mejores.

Y puede hacerse de forma diferente porque Portugal tiene a una de las mejores interpretes de piano, María Pires, y cuando ella toca, o pone sus manos sobre el teclado y toca a Schubert, no puedes evitar llorar porque de alguna manera te toca emocionalmente.

María Pires dice: "Mis estudiantes jamás participarán en un concurso internacional. No acepto el hecho de que ellos ganen premios o reconocimientos. Yo voy a enseñarles el amor por la música, el amor por el piano -este maravilloso instrumento-, el amor por los compositores".

Vean ustedes cómo utiliza una frase muy hermosa: "No hagas que la música luche contra sí misma, sino que trabaje consigo misma."

Yo quiero usar esta frase para nuestra conferencia: ¿Podemos empezar a aprender a comunicarnos entre nosotros, más que comunicarnos contra nosotros mismos? ¿Podrían los medios jugar un papel importante en esto? Sí.

No ciertamente los sistemas comerciales principales -ahí no tengo ninguna esperanza de su apoyo-, pero pienso en lo que son las emisiones radiofónicas de servicio público, lo que son las radios comunitarias; ellas pueden mostrarnos lo que son las mejores prácticas. Pueden mostrarnos modelos de comunicación no violenta, y decirle a la gente cómo hacer esto. Pueden demostrar qué tan hermoso puede ser un diálogo.

Podrían desarrollarse en televisión, y luego el la radio; pueden crear también espacios públicos en los cuales podremos empezar a experimentar esta nueva forma de comunicación con esta forma no violenta del diálogo y la comunicación.

Para concluir, señor moderador, cuando pienso en estos temas, pienso que no será fácil: somos un animal tan extraño como seres humanos que no será fácil porque escuchamos estas cosas y decimos: "Sí, sí, está maravilloso", pero nos vamos a casa y hacemos exactamente lo opuesto. Así somos; es algo sin esperanza.

Cuando pienses que tu vida está sin esperanza, piensa en aquella persona que se robó los caballos del Sultán.

Es muy tonto robarte los caballos del Sultán, porque el Sultán dice:

-Como te robaste mis caballos, te voy a mandar ejecutar. -Y el bandido dice:

-Pero excelencia, quizás podamos repensar esto y podamos renegociarlo. Si yo puedo enseñarle a sus caballos a volar en el lapso de un año, ¿me dejará libre? - Y el Sultán le dice:

-¿Cómo sucede eso? Me gustaría verlo.

Él bandido llega a casa y le dicen:

-Eres un idiota. ¡Cómo puedes haber dicho que les vas a enseñar a los caballos a volar!

-Pues míralo de esta forma -responde el bandido-. A lo mejor durante el año, se muere el Sultán; quizás durante este año, se mueren los caballos; y quizás los caballos pueden aprender a volar, y eso me llevará adelante.

Muchas gracias por su atención.


* Cees Hamelink estudió filosofía y psicología en Amsterdam. Es catedrático de Comunicación Internacional en la Universidad de Amsterdam y de Medios de Comunicación, Religión y Cultura en la Universidad Libre de Amsterdam. Experto en comunicación y asesor del secretario general de Naciones Unidas. Esta es su ponencia en el III Encuentro Internacional de la Radio, celebrado en la Ciudad de México del 4 al 6 de mayo del 2005, organizado por Radio Nederland y la Red Nacional de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales, de México. © Radio Nederland Wereldomroep, all rights reserved.


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