Sala de Prensa


10
Agosto 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Bilbeny y la esperanza del mundialismo democrático

Antonio Ruiz Camacho *

Norbert Bilbeny respondió a una pregunta más exhibicionista que provocadora, con palabras que conmovieron a la audiencia: "Desde luego que la esperanza es para nosotros, porque no nos tocará ver nada de lo que estamos hablando. Si pudiéramos verlo hablaríamos de espera, no de esperanza".

Optimista moderado pero decidido a defender a capa y espada hasta el más débil indicio de nobleza humana, Bilbeny sacó así brillo a aquella participación fallida, una de las pocas de este tipo que hubo durante el encuentro que este catalán de 46 años y paladar de ave tuvo con Periodistas de Investigación (PDI) el pasado jueves 24 de junio en la Ciudad de México.

Durante esa semana, Bilbeny --profesor titular de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Barcelona-- estuvo en México por primera vez para impartir un seminario en la Maestría de Comunicación de la Universidad Iberoamericana.

Los escasos cinco días que duró su visita fueron insuficientes para cumplir con las ofertas de entrevista, encuentro, desayuno, comida o acaso algunos minutos que avasallaron y, en realidad, sorprendieron a Bilbeny.

Y es que con su libro La Revolución en la Etica, hábitos y costumbres en la sociedad digital, que recibió el Premio Anagrama de Ensayo en 1997, este investigador invitado en Berkeley, Harvard y el CNRS de París se ha convertido en un punto de referencia obligado en el debate sobre las implicaciones éticas de la comunicación no presencial, como él mismo ha definido toda relación humana sostenida mediante redes y soportes digitales.

El número de asistentes al encuentro con Bilbeny organizado por PDI -cercano a 30 personas- confirmó que, al menos para un sector del gremio con características muy particulares determinadas en gran parte por su juventud, uno de los temas con más necesidad y clamor de debate entre periodistas es el de la ética.

Ahí Bilbeny habló en principio del proyecto que le ocupa: la búsqueda de una ética intercultural cuyo escenario natural sería el mundialismo democrático, éste último un concepto acuñado por él, contrario al de globalización pero con características comunes.

En opinión del catalán, actualmente se vive un globalismo neoliberal, en el cual las fuerzas máximas del poder económico intentan instaurar sobre todo el orbe un sólo sistema moral además de comercial. Este globalismo abreva de los principios neoliberales que le han dado fuerza, mientras desconoce las características propias de cada región.

"Lo global no es lo mundial", dijo Bilbeny en relación tácita con la fuerte inspiración eurocentrista de la globalización, que ignora cualquier otra forma de pensamiento y código moral.

La instauración de un modelo democrático de alcance mundial, en contraste, vendría a equilibrar la participación de todos los ciudadanos del orbe sin hacer distinción del estado-nación al que pertenecen. Ya fueran del norte o del sur, todas las regiones del mundo apelarían a un gobierno global.

Este modelo de organización política mundial -ahondó Bilbeny- requiere de un código de conducta compartido por todas las tradiciones culturales, lo que ya en La revolución en la ética él mismo había titulado como "mínimo común moral".

Este conjunto de cánones básicos no podría estar inspirado en creencias religiosas ni en tradiciones morales locales, ya que ciertos actos, por mencionar sólo un ejemplo, pueden ser éticamente condenables en el ámbito judeocristiano mientras que en el ámbito musulmán o en su contraparte budista pueden resultar tolerables, y viceversa.

Así, este hombre de cabellos largos y claros dijo apostar por abrevar de principios meramente humanos para delinear este mínimo común moral.

En La revolución en la ética, Bilbeny escribió:

"Hay al menos tres principios que pueden satisfacer la orientación cognitiva de una ética de este signo:

"1. Pensar por uno mismo.

"2. Imaginarse en el lugar del otro a la hora de pensar.

"3. Pensar de manera consecuente con uno mismo."

Durante el encuentro con periodistas en PDI, Bilbeny no explicó lo anterior a fondo y prefirió ir más allá en su explicación del mundialismo democrático que propone, o desea.

El resultado de un comportamiento ético que tuviera en cuenta, en su más bajo nivel, la humanidad del otro por encima de cualquier prejuicio moral o religioso, no sería otra cosa que el nacimiento de la responsabilidad global y que, según explicó el invitado, debería condenar en principio dos cosas: la opresión en cualquier forma y en cualquier sitio, y la hegemonía de una ética monocultural.

Las preguntas que siguieron a la intervención de Bilbeny dirigieron la charla a dos temas principales: la ética en los medios de comunicación y la posibilidad de alcanzar el mundialismo democrático propuesto por él.

Más de un participante mencionó el reciente ataque de las fuerzas de la OTAN sobre Kosovo y la nula injerencia que la ONU tuvo en él, para minar la apuesta de Bilbeny por un gobierno de carácter mundial, éste último un concepto que un sector de la audencia consideró utópico.

A esto Bilbeny respondió, en principio, que el proyecto de mundialismo democrático no es una utopía. "Hay elementos reales para pensar que es posible su asentamiento", reviró.

El catalán acreditó los argumentos esgrimidos contra su propuesta; sin embargo, prefirió ahondar en su estructura para abrirle las puertas de los asistentes. Dijo que este sistema mundialista precisará de la dilución de la soberanía y la razón de Estado de los países, y repitió algo que había dicho con anterioridad durante una entrevista concedida a El Financiero:

"El Estado entraña siempre razón de Estado -el último elemento de autoritarismo que le queda a la democracia- y eso implica plutocracia. Por tanto sería una contradicción admitir la coexistencia de un Estado junto a un gobierno democrático. Un Estado puede ser democrático, incorporar la democracia en sus prácticas y en su Constitución, pero nunca va a ser íntegramente democrático mientras siga apelando a su propia razón.

"Hay que repensar el modelo federal fuera de los límites y principios que pertenecían al Estado concebido clásicamente sobre un territorio determinado bajo el imperativo de su propia razón. Se trata de un ordenamiento internacional de paz que permita la gobernación planetaria pero que, a la vez, evite la centralización y la razón de Estado elevada a categoría mundial."

Bilbeny dijo además que es posible abonar en favor de este proyecto, con dos posturas iniciales: la primera, con la crítica al desarrollo actual de la política global y el comportamiento de los gobiernos; la segunda, con el pregón y la defensa de los dos valores máximos de la democracia: la libertad y la igualdad.

En este sentido, Claudia Fernández -una experimentada periodista mexicana- explicó a Bilbeny la postura de buena parte del gremio periodístico de este país frente a la ética, un discurso que sin duda apela a aquellos valores mencionados por el invitado.

"Muchos periodistas se resisten a hablar de ética en el periodismo mexicano, argumentan que éste es un país donde hay necesidades básicas que aún no están resueltas y que es preciso abocarse a ellas antes que ocupar el tiempo en discutir asuntos como éste", señaló la periodista.

A esto, Bilbeny señaló que, para atacar efectivamente la pobreza y las brechas sociales, es preciso asumir una postura moral de justicia. "Para que haya reparto del pan debe haber primero el reconocimiento del otro", dijo.

-¿Cree que la ética es una preocupación latente en la sociedad actual? ¿Los políticos están conscientes de su ausencia? -preguntó otra de las periodistas que asistieron aquel jueves al encuentro.

-La necesidad de una ética global es un ausente presente -respondió Bilbeny a esta pregunta realizada casi al final del encuentro, que duró poco más de una hora-. Se sabe que está ausente, pero llegará un momento en que se tendrá que discutir su planeación.

Minutos después Bilbeny se despidió de una audiencia que, explicaría poco después, le sorprendió por su interés en la necesidad de establecer parámetros éticos en el periodismo mexicano. "En España los periodistas no discuten tanto esto de la ética", dijo, y pidió a su acompañante que lo llevara, aunque fuera de prisa y corriendo, a visitar la Casa Museo de León Trotsky, una figura por la que el catalán se siente atraído.


* Antonio Ruiz Camacho es reportero de asuntos especiales de El Financiero y miembro del Centro de Periodistas de Investigación, A.C. (IRE-México). Esta es su primera colaboración con Sala de Prensa. Si desea conocer más sobre los planteamientos de Bilbeny, dos libros suyos se encuentran en librerías mexicanas: Política sin Estado, Ariel, Barcelona 1998, en el que establece su propuesta sobre el mundialismo democrático, y La revolución en la ética. Hábitos y creencias en la sociedad digital, Anagrama, Barcelona, 1997, en el que explica el mínimo común moral y las implicaciones éticas de la comunicación no presencial.


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