Sala de Prensa

80
Junio 2005
Año VII, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Los motivos de Garganta Profunda

J. Jesús Esquivel *

WASHINGTON, D.C.- “Me enteré de que la Casa Blanca frecuentemente se quejó de que yo era Garganta Profunda, la fuente (de información) misteriosa en quien Woodward y Bernstein se apoyaron para escribir sus sensacionales historias sobre Watergate… Nunca filtré información a Woodward y Bernstein ni a ningún otro”, dice Mark Felt en la página 226 del libro La pirámide del FBI desde adentro, publicado en 1979 por la editorial Putnam.

El secreto mejor resguardado de la vida política en Washington, por lo menos durante 33 años, lo reveló Joan Felt, la única hija de W. Mark Felt, quien fuera subdirector del Buró Federal de Investigaciones (FBI) durante el escándalo Watergate con la anuencia del mismo Garganta Profunda que, a sus 91 años, padece de problemas de coordinación mental a consecuencia de una embolia cerebral, de acuerdo con John D. O’Connor, abogado de Joan.

Héroe, villano, mito, leyenda y misterio, son algunos de los adjetivos que ha recibido Garganta Profunda ahora que se conoció su identidad y se ha abierto un debate respecto de su integridad y ética como exempleado del gobierno federal. Su libro, un fracaso editorial hace 26 años, retirado ya de los inventarios de las librerías comerciales y que, ahora que se reveló el secreto, alcanzó precios desorbitados, podría ser una explicación para los que buscan una respuesta a la interrogante sobre las razones históricas por las cuales Felt contribuyó a la caída del gobierno de Nixon.

Richard M. Nixon.El mismo día que Vanity Fair dio a conocer la identidad de Garganta Profunda, varios medios de comunicación tildaron a Felt de “resentido” y apuntaron que entregó la información a Woodward y Bernstein como un acto de venganza contra Nixon por no haberlo nombrado director del FBI.

Por el contrario, sus defensores alegan que Felt lo hizo porque quería preservar la independencia e integridad del FBI ante las intenciones de Nixon de usar a la agencia investigadora como instrumento para encubrir actos de corrupción política.

“Nunca nadie de la Casa Blanca de Nixon me dijo por qué era yo el principal sospechoso, pero su razonamiento, ahora, es obvio. Se supone que tendría celos de Gray por haber recibido la designación como director interino. Ellos pensaban que por mi alta posición en el FBI eso me daba acceso a toda la información sobre Watergate y que se la estaba proporcionando a Woodward y Bernstein, como un esfuerzo por desacreditar a Gray para que fuera removido del puesto y así yo tuviera otra oportunidad”, subraya Felt en su libro, convertido de pronto en una de las obras más buscadas en Estados Unidos.

Fiel a su pedigree como soldado del FBI, Felt abre en sus memorias muchas interrogantes, pero también da pistas que, ahora que se conoce el papel que jugó en el escándalo Watergate, revelan que si hubiesen sido cuidadosamente analizadas por historiadores e investigadores habrían sido la clave para desenmascarar a Garganta Profunda.

Tras su retiro, el 22 de junio de 1973, luego de 37 años de servicio, Felt anota en sus memorias: “Desde mi jubilación he sido perseguido por el Poder Ejecutivo, presionado por el Poder Legislativo y acosado legalmente por el Sistema Judicial; siempre todos preocupados por los asuntos que manejé como subdirector del FBI, cuando siempre di lo mejor de mí para servir a los intereses de mi país”.

El 2 de mayo de 1972 murió J. Edgar Hoover, legendario director del FBI, quien fuera mentor y uno de los hombres más admirados por Felt. “Exactamente 26 horas y 10 minutos después de que se anunció la muerte de Hoover, el presidente nombro a L. Patrick Gray III como director interino del FBI; un comandante de un submarino en la Segunda Guerra Mundial, abogado, político menor del estado de Connecticut y subsecretario del Departamento de Justicia”, destaca Garganta Profunda en su libro.

Felt manifiesta a cada momento en sus memorias el desprecio que sentía por Gray, a quien consideraba un espía de Nixon dentro de la organización dedicado a destruir la reputación de Hoover y la independencia del FBI con respecto al Departamento de Justicia y la Casa Blanca. Escribe Garganta Profunda: “Por supuesto que ahora está perfectamente claro que hubiera sido mucho mejor haberme retirado el 2 de mayo de 1972, el día que murió Hoover. En ese momento habría logrado recibir el salario más alto dentro del FBI así como los beneficios para mi jubilación, sin embargo, decidí quedarme un rato mas para ayudar a Gray, que no sólo era un neófito en el FBI, sino también para la profesión de aplicar la ley”.

Felt menciona la palabra Watergate tan sólo en dos páginas de su libro, en la 226 y en 12 donde dice: “Durante mis últimos 13 meses de servicio en el FBI me puse muchos sombreros tratando de proteger al nuevo director al tiempo que hacia frente a los intricados problemas de investigación del Watergate”.

También hace una denuncia sobre las intenciones de Nixon de imponer sus intereses políticos por encima de la ética judicial de las agencias federales del gobierno de Estados Unidos. “Las consideraciones políticas con frecuencia se imponen sobre el profesionalismo y para la desventaja del FBI, lo que es el epítome del profesionalismo para la aplicación de la ley”.

En 1980, el presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, mediante sus poderes ejecutivos, perdonó a Felt de los delitos que le imputó una Corte Federal en relación con sus labores que como agente del FBI realizó a finales de la década de los sesenta y principios de los setenta al investigar e intimidar a una agrupación juvenil.

Destaca al respecto Garganta Profunda: “El país enfrentaba una guerra –guerra civil– pero sólo unos cuantos lo sabían. The Weather Underground (la agrupación juvenil), pupilos de los cubanos y autoproclamados como revolucionarios comunistas, públicamente le declararon la guerra a Estados Unidos. Se achacaron la autoría de varios ataques con bombas y tenían lazos con Fidel Castro. Estos jóvenes anarquistas creían que podían destituir al gobierno a través de la fuerza y la violencia”.

Felt, quien inicia su libro con el relato de este caso, se declara orgulloso de haber combatido a la agrupación.

“Pero mis condecoraciones ganadas en esta guerra se cayeron cuando el 10 de abril de 1978, el procurador General de Justicia Griffin Bell anunció que yo, junto con mis colegas L. Patrick Gray III y Edward S. Miller, habíamos sido encausados judicialmente por un Gran Jurado Federal en Washington, D. C., por violar los derechos civiles de los miembros y seguidores de Weather Underground”.

A 26 años de la publicación de las memorias de Felt y a casi cuatro de los ataques terroristas del martes 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York, Washington y Pennsylvania, La pirámide del FBI desde adentro desmiente las declaraciones del presidente George W. Bush, quien luego de los ataques terroristas imputados al saudita Osama Bin Laden y a su presunta agrupación terrorista Al Qaeda, señaló que en Estados Unidos no existieron grupos terroristas ni se planearon ataques para realizarse dentro del territorio estadunidense.

“A principios de los años setenta, Al Fatah, el ala militar de la Organización para la Liberación Palestina, planeó una serie de actos terroristas en Estados Unidos, planes que se evaporaron cuando el FBI comenzó el programa de injerencia y entrevistas profundas con todos los adherentes de Al Fatah en Estados Unidos. Entre los grupos terroristas que había en esa época en Estados Unidos se contaba a Weather Underground, una banda hombres y mujeres jóvenes que aspiraban alcanzar un nivel de notoriedad en este país similar al que lograron los Tupamaros en Sudamérica, el Ejército Rojo en Japón y el brazo terrorista de la Organización para la Liberación Palestina”, indica Felt.

Sobre las sospechas que tenía sobre la designación de Gray, Garganta Profunda establece que Nixon, mediante su protegido, quería tener acceso a otro de los grandes misterios políticos de Washington: los archivos secretos de Hoover, tal y como relata en la página 186 del libro.

Señor Gray le dije, el Buró no tiene ningún documento secreto; hay miles y miles de expedientes con información despectiva, algunos de los cuales se obtuvieron a través de investigaciones del FBI. Hay documentos con información extremadamente sensible y confidencial sobre investigaciones de espionaje. Muchos de nuestros documentos están clasificados como “top secret” o “confidencial”, bajo las reglas que gobiernan a todas las agencias (federales).

Mark me dijo, no estoy hablando de documentos comunes y corrientes. Todo mundo sabe que Hoover tenía sus propios documentos secretos con información despectiva y datos de gente importante.

En otro fragmento de las memorias de Garganta Profunda, da entender que Nixon estaba seguro de que la información sobre Watergate que a través de Woodward y Bernstein dio a conocer el Post provenía del FBI. Sin embargo, el autor del libro no es explícito. Es posible que sea tan sólo una de las muchas pistas que soltó en 1979 y que nadie tomo en cuenta en ese momento: “Llegaban filtraciones procedentes de la Casa Blanca de que el presidente Nixon estaba insatisfecho con el FBI, que se negaba a aceptar el mandato de convertirse en una arma política”.

Hombre íntegro, como lo describe Woodward ahora que se dio a conocer su identidad secreta, W. Mark Felt, denunció algunos de los abusos de poder que Gray cometió al asumir el puesto de director interino del FBI, pero en el que no pudo permanecer porque nunca fue ratificado por el Senado estadunidense.

“Entre una de sus primeras acciones como director del FBI, Gray instaló una cocina y una panadería cerca de su oficina; para esto se contrató a un cocinero con un salario de 10 mil dólares anuales. Para cubrir el gasto de la cocina, panadería y cocinero se obligó a cada uno de los miembros de la Conferencia Ejecutiva a pagar 25 dólares para adquirir el primer pedido de alimentos que se almacenaría en el refrigerador. Gray también instaló un bar en su oficina y ordenó la compra de una gran mesa para conferencias que costó 5 mil dólares y que al final rechazó porque estaba terminada en formica”, relata Felt.


* J. Jesús Esquivel es corresponsal en Washington de la revista mexicana Proceso, la cual obtuvo copias fotostáticas del libro de Felt que se encuentra en la biblioteca de The Washington Post. Este texto se publicó en el número 1492, de junio de 2005, y se reproduce con la autorización expresa del editor de la sección Internacional.


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