Sala de Prensa

75
Enero 2004
Año VI, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Ética y saber

Guillermo Rothschuh Villanueva *

Es mejor saber cosas inútiles que no saber nada.
Séneca

1. Introducción.- Durante los últimos años el tema de la ética ha venido a ocupar un lugar central en todo el quehacer humano. Su presencia avasallante obedece a la preocupación compartida por distintos sectores y al urgente reclamo que se hacen desde diferentes disciplinas, ante el avance incontenible del mercado, como único referente desde el que se mide y evalúa todo cuanto hacen o dejan de hacer los seres humanos en este temprano siglo XXI. El regreso a la ética, obedece también a las transformaciones que ha experimentado el mundo, como resultado de la revolución cientifico-técnica que ha venido a plantear nuevos retos y desafíos a la existencia humana, siendo los más provocadores y excitantes los cambios producidos por la biotecnología y la ingeniería genética, al develar todo cuando se sabía e ignoraba sobre el genoma humano.

En esta encrucijada, la presencia de la ética aparece como una especie de salvaguarda para evitar desenfrenos que metan a la especie humana en callejones sin salidas o viajes sin retornos. A partir del siglo XVIII la ética apareció como el muro contención frente a los excesos de la ciencia, que ya desde entonces se vislumbraban en el horizonte. Los enciclopedistas Diderot y Rousseau establecen con claridad que "lejos de someterse a la ciencia, la ética tendrá por tarea evaluar el trabajo del sabio". Desde mediados del siglo XX este compromiso se renueva y la ética es llamada a contener los despropósitos cometidos, ante el irrefrenable apetito de someter a prueba y escudriñar los orígenes de la especie humana y como una manera de evitar la política de tierra arrasada del actual modo de producción capitalista: contaminación de aguas, desertificación, deforestación, contaminación del aire y ruptura de la capa de ozono.

En su intento por convertir en mercancía todo lo existente, los apologistas del mercado nos han precipitado al vacío. En su gula por apropiarse y consumir sin empacho todo cuanto existe sobre la tierra no queda otra alternativa que oponer a la ética como un último recurso contra el afán depredador del ser humano. Una humanidad extraviada que consume 18 mil millones anuales en maquillajes, cuando apenas se necesitan 12 mil millones para cubrir las metas reproductivas de todas las mujeres del orbe, tiene que ser objeto de críticas y reproches. Una prueba más de que la última especie que apareció sobre la tierra es la primera en causar todo el malestar y desasosiego que hoy aflige a la humanidad.

Desde una perspectiva más limitada, pero de igual significación, la ética se ha convertido en una acompañante, molesta para muchos, de la actuación de los seres humanos en distintos campos y disciplinas. Uno de los riesgos a evitar es que la ética no pase de ser una moda a la que hay que adscribirse pero cuyas recomendaciones no deberían asumirse al pie de la letra. Bastaría con prescribir algunos enunciados sin el propósito de asumirlos con rigor, como lo demanda el momento histórico que nos corresponde vivir. Hoy más que nunca cobra sentido la expresión de Franz Fanon de que a cada generación humana le corresponde asumir los desafíos del momento o traicionarlos. En un acto de consecuencia la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua (ACDN) suscribe como aspecto medular del proceso de formación académica de sus miembros, incluir el tema de la ética como parte sustancial de su labor profesional.

2. Profesión, negocio u oficio y el conocimiento.- En consonancia con el momento actual, el propio quehacer del periodismo en Nicaragua, marcado por la influencia norteamericana, se desplaza en el limbo. Como ocurre en el propio Estados Unidos, todavía aquí no queda claro si el periodismo es un negocio, una profesión o un oficio. En el mismo instante en que el mercado impone sus leyes, metiendo al deporte y a la cultura como componentes de las relaciones mercantiles que gobiernan el mundo, en Nicaragua pese a la existencia de facultades y carreras de comunicación, el periodismo todavía no alcanza el estatus de profesión. Aun cuando el interés de ciertas empresas periodísticas ha sido el de la contratación de periodistas graduados en distintas facultades o carreras de comunicación, esta decisión no constituye la norma, ni es una regla generalizada. Lo que vuelve periodista a una persona, en una especie de acto de magia, es ser contratada por cualquier empresa mediática. ¿Y sus estudios? Bueno, ¡esa ya es otra cosa!

Como lo define Eugene Goodwin, el periodismo de acuerdo a la concepción anglosajona de factura norteamericana, es una especie de "hogar abierto" al que pueden entrar y salir quienes quieran las veces que quieran. La puerta siempre estará abierta. Tener un título universitario no hace la diferencia. Aunque sigo sosteniendo que en el periodismo nicaragüense persisten algunas tesis falsas. Una de ellas consiste en contraponer a los graduados contra los empíricos. Tesis falsa como falso resulta también contraponer la colegiación con la libertad de expresión. La forma en que se han planteado estas dicotomías conducen al error y al engaño.

Durante casi medio siglo (1920-1960), parte de la trayectoria más fecunda del periodismo en Nicaragua, sobre todo en el campo de la prensa escrita, descansó sobre los hombros de una mayoría de periodistas empíricos con un bagaje profesional envidiable. Creo que la distinción correcta, si es que se pretende continuar con este juego peligroso, es titulados versus no-titulados, porque a veces encuentro más profesionalismo en algunos periodistas empíricos que en ciertos periodistas titulados. La cultura enciclopédica de los periodistas que hicieron carrera durante dos tercios del siglo pasado era inobjetable. Como en distintas partes de América Latina, se trataba de verdaderos escritores metidos a periodistas, lo que indica su alto grado de cultura. El tiempo se ha encargado de mostrar la fragilidad de esta clasificación interesada, miope y errónea.

En los Estados Unidos persiste esta triple manera de ver el periodismo, pero igual a lo que acontece en Nicaragua, los medios de comunicación en ambos países continúan contratando cada vez más a periodistas graduados en las facultades o escuelas de comunicación para que se hagan cargo de las diferentes secciones de los medios. Sin embargo, persiste la resistencia a calificar al periodismo como una profesión. La renuencia en los Estados Unidos de conceder el estatus de profesión al periodismo se debe a que este reconocimiento entrañaría sujetarlo a normas de control provenientes de la colegiación. Con el paso del tiempo las razones que se aducían para evitar la calificación de profesionales a los periodistas han perdido peso. El periodismo es un negocio, pero también es algo más. Eso todos lo sabemos y compartimos. Las excusas esgrimidas por los norteamericanos carecen de sentido. Su oposición cerrada a aceptar como profesión el periodismo derivaba de la creencia de que "su ejercicio no requiere de conocimientos avanzados o educación universitaria especializada".

Hoy acontece todo lo contrario. El pivote central de los cambios que ocurren en el mundo está en el área del conocimiento. Las mudanzas experimentadas son de tal naturaleza que las transformaciones que ocurren a lo largo del mundo tienen como eje rector el anchuroso mundo de las comunicaciones. Pero no sólo eso. Entre las distintas maneras ensayadas para caracterizar la época actual la que ha adquirido mayor acogida y relevancia por su aproximación al contexto y factores desencadenantes de estos cambios, ha sido denominar a nuestro tiempo como era del conocimiento.

Ante esta verdad y en las condiciones concretas del desarrollo del periodismo en Nicaragua, conviene tener en cuenta dos aspectos: redefinir al periodismo y conceder la importancia debida al conocimiento como una dimensión ética del ejercicio profesional. En otras palabras, la articulación ética y conocimiento resulta ser una de las ecuaciones más fecundas para comprender el peso del conocimiento en las cuestiones éticas. Esta realidad empalma con las preocupaciones de los dirigentes de la ACDN de capacitar de la mejor manera a todos sus miembros.

3. Etica y conocimiento.- En sintonía con el interés mostrado por la ACDN de aproximarse al campo de la ética, en mi caso lo hago desde la perspectiva de la interrelación que la ética guarda con el conocimiento. No me desgajaré por la fácil pendiente de las definiciones conceptuales, mucho menos intentaré esbozar una serie de principios que podrían incorporarse como parte medular de la dimensión ética del trabajo periodístico, más bien llamaré la atención acerca de la necesidad de conferir una mayor importancia al tema del conocimiento en un campo tan diverso y complejo como son los deportes.

En un país como Nicaragua, en donde la libertad de expresión se practica de una manera laxa, y en donde los periodistas incurren en una serie de patologías que en nuestro medio han adquirido un carácter crónico: sensacionalismo, medias verdades, ausencia de objetividad, ocultación deliberada de información, amiguismo, injerencia desmedida en la vida privada, favoritismo, parcialidad manifiesta, etc., ¿a qué instancias puede uno recurrir para hacer frente a estos males? ¿Ante la inexistencia de códigos y normas para encausar conductas desviadas, ante quién o quiénes pueden o deben recurrir las personas cuando se sienten lesionadas en su dignidad?

Algunos piensan que el mejor antídoto para contener los abusos cometidos por los periodistas es la promulgación de códigos de ética. En otras palabras, la ancha vía de la autorregulación se postula como el camino más indicado para evitar intrusiones de los poderes públicos o privados. Sin lugar a dudas los códigos de ética son necesarios. Sin embargo, yo escojo un atajo poco transitado. Como lo enuncia el experto uruguayo Luciano Alvarez, los periodistas cuando son objeto de reclamos apelan a que su trabajo es realizado con la mayor honestidad profesional. Partiendo de esta afirmación se tiene que estar claro, que "la honestidad es el trabajo realizado con apego a ciertos valores y principios, incluida la necesidad de saber de lo que se está hablando". Pero resulta que la honestidad entendida como la actuación profesional con apego a ciertas normas morales no es una razón suficiente para esgrimirla como una excusa, cuando se incurren en violaciones de cualquier naturaleza. Alvarez advierte que "para nada sirve un periodista deportivo honesto en el sentido de los arreglos morales de la sociedad, si desconoce las reglas del juego o las tácticas, o si es incapaz de argumentar siguiendo algunos principios elementales de la lógica".

Al sentar esta tesis lo que se pretende evidenciar es que la honestidad es un recurso limitado para preservar la calidad de la información. En una época en que la profusa circulación de la información produce una contaminación ecológica significativa, hay que añadir que las fronteras de la honestidad llegan hasta donde llega el conocimiento. Esta situación pone en evidencia la necesidad insoslayable de establecer y resaltar como punto medular del ejercicio profesional en el campo deportivo, el dominio absoluto que requieren los periodistas sobre lo que están hablando o escribiendo. El conocimiento se convierte en el aspecto clave y en un ingrediente ético que debe tomarse en cuenta a la hora de abordar los diferentes temas deportivos. En un mundo tan diverso y complejo como lo constituye el establecimiento deportivo, se requiere del dominio riguroso de diversas disciplinas, pero sobre todo una apropiación concienzuda de las reglas y normas que rigen la vida deportiva.

En la sociedad del conocimiento, la premisa de la que debe partirse es el conocimiento detallado de lo que se está planteando a las diversas audiencias. No basta con tener una buena voz ni sonreír mejor. Como elemento primario se necesita y antepone el dominio efectivo del deporte sobre el que se está hablando. La honestidad es una condición necesaria pero no suficiente. El estudio y el dominio cientifico-técnico del deporte pasa a un primer plano. A Giovanni Sartori, le asiste toda la razón. En el Homo Videns, plantea que no es lo mismo estar informado que saber o dominar una disciplina. El conocimiento se ha convertido en un ingrediente ético de primer orden en el despegue del siglo XXI.

4. Promoción o cobertura.- Lo que a simple vista parecería como una cuestión ligera se complica por la manera en que es concebido el deporte en los Estados Unidos, el espejo en que se mira la crónica deportiva nicaragüense, el modelo de los modelos. En sus diversas acepciones el deporte es concebido indistintamente como negocio, espectáculo, victorias o derrotas atléticas. Aunque casi siempre se trata de las tres cosas a la vez, como lo reconoce Goodwin. Los problemas se originan en el momento de la cobertura, ¿se trata de promover deportes o cubrirlos? Si insisto sobre este aspecto es por los nexos que guarda esta concepción con la manera en que es concebido el periodismo en los Estados Unidos, y por extensión en la misma Nicaragua, cuestión que viene a coincidir con la propia concepción del deporte al definirlo también como negocio o espectáculo por lo que estoy convencido que un salto de calidad en la manera de concebir el periodismo devendrá de alguna manera de la forma en que finalmente sean concebidos los deportes en el país.

La ecuación deporte-negocios, periodismo-negocio es perfecta. En la época de la entronización del mercado reflexionar de una manera distinta poco importa o a nadie le interesa. Pero no puede olvidarse que en buena medida los bienes comunicacionales tienen muchas veces un componente de bien no negociable, aunque poco guste a los panegiristas del pensamiento único que todo lo reducen a pura mercancía. La información es también un bien social, cuyo carácter esta siendo oscurecido por los cánticos y alabanzas entonadas al mercado. Las distorsiones profundas creadas por el mercado, ha llevado a desconocer el carácter público del periodismo. Son tantas las lisonjas recibidas, que en un futuro no muy lejano los medios serán juzgados de una manera severa por su claudicación manifiesta a favor del mercado, según lo aprecia Ignacio Ramonet.

Todas estas circunstancias obligan a la ACDN a entrar a revisar los supuestos sobre los que descansa su concepción del deporte y la importancia que otorgan a la ética dentro de sus prácticas y rutinas periodísticas. El hecho de que estén preocupados por la manera en que discurre su vida profesional es un avance significativo. Sin embargo, necesitan hacer cambios cualitativos en su comportamiento profesional. El más urgente de todos es evitar los conflictos de interés - un problema verdaderamente ético - en que incurren frecuentemente y los cuales parecieran resultarles naturales, debido a que han sido integrados como una cuestión normal en sus prácticas diarias.

5. Periodistas o fanáticos.- Dada la parcialidad con que cubren los eventos deportivos uno no deja de preguntarse si estamos frente a verdaderos periodistas y no frente miembros de una barra deportiva que favorece con su cobertura al equipo de su preferencia. A esto debería agregarse los compromisos reales que derivan por estar emplantillados como trabajadores en distintas instituciones deportivas, situación que invariablemente los hace incurrir en conflictos de interés manifiesto. Tener tres trabajos a la vez en diferentes medios de comunicación, también plantea un agudo conflicto de interés, porque no se está claro si la primicia y lo mejor de sí va para el diario en que labora, para la audiencia radial del medio día o para el noticiero de la noche. Esta situación cuestiona la autonomía e independencia de los periodistas, a la vez que desdice de su credibilidad y pone en riesgo su objetividad, aspectos sensibles que forman parte de principios inviolables de cualquier código de ética profesional y abren las puertas al debate.

En otras palabras, la forma en que discurren las rutinas profesionales de los cronistas deportivos encaja perfectamente con la concepción estadunidense de que el periodismo debe tratarse como un negocio olvidando, como lo advierte John Virtue, que la ética paga, es decir, que en sociedades como las nuestras en donde la credibilidad de las instituciones y de los líderes políticos está de baja, la ética se ha convertido en un referente ineludible al que las audiencias otorgan una enorme importancia. Los cronistas deportivos están frente a la oportunidad de tomar o pasar por alto la advertencia de Virtue.

Subrayo lo anterior porque tal vez el periodismo menos objetivo en Nicaragua sea el periodismo deportivo. Esto constituye una falla ética. ¿Es o no una falla ética que afecta su credibilidad y desdice de su objetividad ser además de cronistas deportivos de una radio, miembros del equipo de relaciones públicas de cualquier entidad u organización deportiva? Cualquier conflicto de interés o apariencia de conflicto de interés constituye una falla ética.

Las secciones deportivas, los programas radiales y televisivos deberían ser vigilantes permanentes del establecimiento deportivo. La calidad del deporte se vería favorecida si asumieran una labor permanente de fiscalización del mundo deportivo en Nicaragua ¿Cómo hacer entender a las instituciones deportivas de que serán realmente vigiladas por los medios de comunicación? Hasta ahora lo visto ha sido mucha complacencia y condescendencia. Uno de los vacíos más sensibles de la crónica deportiva es la escasez de material crítico sobre la manera en que discurre la vida deportiva en el país, así como el poco espacio que ofrecen a los temas de investigación. ¿No hacen todas estas carencias que el periodismo deportivo, salvo las excepciones de rigor, sea evaluado de una manera distinta a la forma en que son juzgados por el conjunto de la sociedad nicaragüense los demás periodistas en el ejercicio de sus funciones?

La ACDN es una organización que goza de prestigio. Durante muchos años ha mantenido aglutinados en su seno a la casi totalidad de cronistas deportivos del país. Hace falta preguntarse, ¿en verdad son cronistas deportivos en el sentido pleno de la palabra todos los periodistas que conforman esta entidad? Par serlo además de la práctica sólo el estudio y la capacitación, los convertirá en auténticos profesionales, como felizmente lo ha comprendido la ACDN. Máxime en una época en que el estudio ha pasado a ser cuestión de toda una vida, como lo estableciera Ivan Illich.

Establecida la importancia y la prioridad que deben otorgar a la ética, como contrapartida cabe indagar, ¿con qué ojos leen, ven o escuchan la fanaticada nicaragüense lo que informan a diario los cronistas deportivos? ¿Son iguales las exigencias que se plantean a los cronistas deportivos que las exigidas a los periodistas que trabajan en otras áreas? ¿Lesiona la credibilidad y afecta la verdad el hecho de que un periodista deportivo trabaje a la vez para dos o tres medios de comunicación diferentes? ¿Gana o pierde en su credibilidad el periodista deportivo que además de laborar en un medio de comunicación trabaja a la vez como empleado o funcionario de una organización deportiva?

El conjunto de estas realidades induce a interrogar si los mismos principios éticos y las mismas exigencias son iguales o parecidas para todos los periodistas del país o más bien esto provoca que los periodistas deportivos, excepto dos o tres avix raris, sean valorados de una manera diferente que el resto de la prensa nacional. Cómo cualquier otro negocio, las empresas deportivas deben obtener réditos en el mercado, pero ¿no sería una grave equivocación extender esta visión hasta el grado de suponer que esta situación libera a los cronistas deportivos de entender que la información, cualquiera que sea su naturaleza, es un bien con características especiales? ¿No sería una omisión lamentable olvidar que la información es un bien que se encuentra protegido por la constitución política, y no una simple mercancía?

En relación con los conflictos de interés, no puede alegarse como excusa, el hecho de que su persistencia haya sido propiciada y siga siendo alentada por los dueños de los medios de comunicación y forme parte de una tradición entronizada desde los mismos inicios de la crónica deportiva en el país. No porque las cosas hayan sido de determinada manera, debe concluirse que han transcurrido de una forma correcta. La hora de debatir y rectificar estas cuestiones ha llegado. Al desterrar los conflictos de interés la crónica deportiva ostentaría un liderazgo indiscutible dentro del periodismo nacional.

6. Buen periodismo, mejor negocio.- En síntesis el tema de la ética no puede desprenderse ni está separado del tema del conocimiento. El salto que pretende darse, en el sentido de que el periodismo no es un negocio más, sino que constituye una actividad que cumple con ciertos deberes para con la sociedad, contribuiría a aproximar más la concepción del periodismo como profesión que como negocio, aunque en esto disientan los propietarios de los medios. El buen periodismo es compatible con los buenos negocios. A la hora de valorar el periodismo no puede perderse de vista que los medios de comunicación, a través de las imágenes, percepciones y visiones que proporcionan del mundo son los encargados de forjar e incidir en las distintas maneras que tenemos de entender y resolver los problemas más agudos por los que atraviesan nuestras sociedades.

Lo que ocurre en la aldea corporativa es puesto en perspectiva por los periodistas, los medios de comunicación y los grandes conglomerados mediáticos. Imposible reducir la información a una simple mercancía. Las empresas de comunicación no pueden tratarse como si fuesen fábricas de zapatos o ventas de cigarrillos, aunque mucho de lo que vendan infecte y contamine el ambiente, como tempranamente lo proclamó Abraham Moles.

En conclusión, la capacitación es el camino más corto y el más indicado para que una organización se haga cargo de los problemas éticos que genera la misma profesión y las otras dolencias que surgen de las diversas prácticas sociales, políticas y culturales de la sociedad. Asumir que no todo es negocio, entender que la crónica deportiva requiere de los más altos estándares profesionales, ayudaría a evitar que la sociedad a la hora de juzgarlos lo haga a través de un doble rasero, y no sean vistos de una manera distinta a la forma en que son percibidos los demás periodistas del país. Creo que todos los aspectos enunciados podrían encajar en una agenda de trabajo de una organización que cada día busca como mejorar la calidad profesional de sus agremiados. Soy un firme convencido de que los cambios impulsados por la crónica deportiva repercutirán de manera positiva en el conjunto del periodismo nacional. Un reenfoque en la forma en que los cronistas deportivos conciben el periodismo se traduciría en una nueva manera de entender el periodismo, lo que convertiría a la ACDN en un apreciable factor de cambio en el periodismo nacional.

Estas digresiones sólo constituyen una invitación al debate. Códigos existen muchos. Para avanzar en la dirección correcta, antes que nada se requiere ventilar los alcances y los nexos existentes entre ética y conocimiento, entre los miembros de una organización que pretende convertirse en la abanderada de las luchas y necesidades de sus agremiados. Con sólo evitar los conflictos de interés y abrir espacio permanente a la formación profesional de sus afiliados habrán dado un gran salto, porque no debemos olvidar que uno de los aspectos más importantes de la ética contemporánea está íntimamente relacionado con la calidad de la información que debe brindarse a las audiencias. El crecimiento exponencial de la información, abrió espacio a una tendencia que considera que lo hace valedera a la información es su calidad. Los beneficios que se derivarían de asumir esta postura irradiarían hacia el resto del periodismo nacional. No me cabe la menor duda que actuando en consonancia con estos principios los cronistas deportivos obtendrían no sólo una mejor calificación profesional, también ganarían prestigio, a la vez que serían objeto de una mayor y más amplia aceptación entre las distintas audiencias nacionales.

__________
Referencias:

Alvarez, Luciano (1992) Responsabilidad, formación y ética. En Prisma, Uruguay.
Fanon, Frantz (1980) Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica, México.
Goodwin, Eugene (1994) Por un periodismo independiente. Como defender la ética. TM Editores, Bogotá.
La Prensa (2002) Manual de Estilo. Managua.
Ramonet Ignacio (1997) Un mundo sin rumbo. Debate, Madrid.
Revista Confidencial. Semanario de información y análisis, No. 373- Del 25 al 31 de Enero de 2004, Managua.
Sartori, Giovanni (1997) Homo Videns. La sociedad teledirigida, México.
Todorov, Tzvetan (1991). Nosotros y los otros. Reflexión sobre la diversidad humana. Siglo XXl Editores, México.


* Guillermo Rothschuh Villanueva es decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA) en Managua, Nicaragua. Es colaborador de Sala de Prensa.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.