Sala de Prensa


9
Julio 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Los medios de comunicación
y el cambio democrático

Ramón Guillermo Aveledo *

Reformar el Estado ¿para qué?

Es la primera pregunta. Porque no son neutras las políticas.

Queremos reformar el Estado para hacerlo más democrático. La humanidad ha llegado a la conclusión de que el autoritarismo es, socialmente hablando, muy mal negocio. Ya sabíamos que lo era a escala humana y decíamos -más bien nos decían desde sus púlpitos acorazados- que la persona, el individuo, debía hacer ciertos sacrificios como contribución solidaria al progreso social. Pero la gran comprensión política del fin del milenio es que tampoco a la sociedad el autoritarismo, de cualquier pelaje, le produce rendimientos que justifiquen tan elevados costos.

Se reforma el Estado para hacerlo un mejor instrumento para asegurar la gobernabilidad. Pero la gobernabilidad, a pesar de los intentos de secuestro tecnocrático, tampoco es una noción neutra. Hay una gobernabilidad democrática con requerimientos distintos -en su definición, amplitud y profundidad- a la gobernabilidad autoritaria.

Fijemos entonces el rumbo. Queremos un Estado más democrático, y sabemos que la sociedad democrática necesita ser gobernable, en orden a sobrevivir y desarrollarse, haciendo posible la comunidad de seres humanos libres, responsables y solidarios.

El Estado más democrático que queremos es uno donde la responsabilidad (accountability) del poder ante los ciudadanos sea mucho más real que meramente formal, donde la representación opere con eficiencia, donde medios y fines sean democráticos, de modo que ese Estado no se sienta -ni sea sentido- como amo o sustituto de la sociedad, sino como su instrumento para gerenciar y garantizar el bien común.

Al considerar el papel de los medios de comunicación en la Reforma del Estado, lo haremos a la luz de su influencia en el cambio democrático, en la transformación del aparato estatal en uno cada vez más al servicio de su democratización y de la democratización de la sociedad, entendidas ambas como procesos y no como actos singulares de la voluntad política o jurídica.

El mejor amigo y/o el peor enemigo

Los medios pueden ser el mejor amigo del cambio democrático. Una sociedad democrática es necesariamente, una comunidad informada. La tantas veces ponderada y con razón, revolución en las comunidades y su efecto en la transformación de los medios de comunicación social, son posibilitadores por excelencia de eso que Federico Mayor Zaragoza llamó "la dinámica democrática de la cultura y la cultura de la democracia". (1)

Un poder más y mejor vigilado, un ciudadano atento y al día, una mayor independencia de la sociedad con relación al poder, deberían ser ayudas potentísimas para la democratización de la sociedad y de su instrumento, el Estado. ¿Lo son?.

Los medios de comunicación pueden ser también los peores enemigos del cambio democrático. Hoy podemos como nunca, estar bien informados pero ¿sabemos más? Eliot decía que la humanidad pasó de la sabiduría al conocimiento y del conocimiento a la información.

La democracia exige reflexión, espíritu crítico, juicio. Somos consumidores de información y nunca podemos consumir tanta como se produce. Si dedicáramos la vida entera a informarnos, ésta no nos alcanzaría para estar informados. Ignacio Ramonet, en Le Monde Diplomatique, dice que los últimos treinta años han producido más información que los cinco mil precedentes y que una edición de The New York Times contiene más información de la que podía adquirir a lo largo de toda su vida, un europeo del Siglo XVII, y que el tiempo utilizado por los usuarios para emitir o recibir información vía telecomunicaciones pasó de 15 millardos de minutos en 1985 a 60 millardos en el año 95 y será 95 millardos en el 2000.

¿No seremos también consumidores de política? La política com o objeto de consumo es lo opuesto a la política como producto de la ciudadanía. Recibo política, no hago. Escojo entre lo que me ofrecen. La presentación será determinante. ¿Democracia de consumidores?, ¿Democracia de espectadores?. La democracia debe ser de ciudadanos.

La libertad, escribe Savater, puede liberarnos pero también puede esclavizarnos. (2)

La vigilancia y la transparencia son esenciales a la libertad

Donde no hay libertad de expresión ni derecho a la información no hay democracia. Lo demás son circunloquios, pretextos, coartadas. Otra cosa es que esa condición necesaria sea suficiente.

Medios de comunicación libres, independientes, son vehículos insustituibles a la hora de asegurar la transparencia que permite vigilar al poder para que no se nos vaya de las manos. Lo digo, no para mantenerlo amarrado a los intereses creados o a un conservadurismo parroquial o populista o al vaivén de la opinión, sea la pública o la publicada. Lo digo para que no se aleje ni pierda la noción de su razón de ser, ni se sienta el propietario de la sociedad, su sustituto o su vanguardia esclarecida. Para el profesor alemán Ulrich Sarcinelli, quien se pregunta si estamos pasando de la democracia parlamentaria y representativa a la democracia de los medios. (3)

"Allí donde no esté el lente de las cámaras, donde la prensa -sobre todo la televisión como medio de transmisión en vivo- está ausente, se facilita el juego a las dictaduras, se incrementa la posibilidad de que al menos temporalmente puedan sustraerse a ser sancionadas por una opinión pública adversa."

¿Cómo sino a través de la prensa, la radio o la televisión podríamos saber lo que sucede? ¿Por qué medio, sino el de esos poderosos canales preguntaríamos al gobierno y recibiríamos o dejaríamos de recibir su respuesta?.

De Gutemberg a McLuhan hay un largo camino recorrido. Un viaje deslumbrante a lo desconocido, paradójicamente a través del conocimiento que adquiriendo más y más velocidad. La televisión reina en el planeta comunicacional. De nuevo el Director General de la UNESCO,

"El poder de la televisión para llevar a los hogares imágenes y sonidos, describir la actualidad o introducir nuevas modalidades artísticas es especialmente relevante; con su fuerza y penetración, la televisión ha provocado cambios en la jerarquía de nuestras percepciones, y lo que quizá sea aún más trascendente, nos ha hecho comprender con meridiana claridad la naturaleza de nuestras carencias y limitaciones".

El reino de la imagen

Si ya he citado a Fernando Savater, no es precisamente para incurrir en lo que denomina y critica, "predicar contra la tele". Predicador según él, es "…quien nos entristece o averguenza por formar parte, convictos y confesos, del reino de este mundo" y no quisiera contarme en tal categoría.

No hablo, como si lo hace tomorrow never dies, la más reciente película James Bond, de diabólicas conspiraciones ni de oscuros e inconfesables designios, sino de efectos objetivos de desarrollos científicos y tecnológicos concretos.

La televisión es el reino de la imagen. La televisión es la reina de las comunicaciones masivas. Ergo, las comunicaciones masivas son el reino de la imagen.

Si estamos en la era de las comunicaciones ¿no será de lógica concluir que estamos en la era de la imagen?. De allí, asumir la hipótesis de trabajo de que vamos pasando de la democracia de la palabra y la idea, a la democracia de la imagen. No es exactamente una temeridad intelectual. Entonces, cuidado con la advertencia de Argullol en el país de Madrid.

"El cambio fundamental en la naturaleza de la democracia, es evidente si aceptamos la afasia en la vida pública, también aceptamos el triunfo de la amnesia. Una democracia afásica, implica también una democracia amnésica en la que las necesidades del presente lo son todo".

Mencionamos antes la cantidad de información que se emite y a la cual estamos sometidos gracias a la transformación de las comunicaciones. Una cantidad enorme que la vuelve desechable. Dijimos también del predominio de la imagen como medio y como mensaje.

Pero hay otras características significativas y políticamente relevantes de la información que se emite y es la velocidad. Las transmisiones "en vivo", el conocimiento instantáneo al producirse la noticia. Sucede un hecho y nos es mostrado en la crudeza del video, oiremos a voceros de las posiciones involucradas, un experto nos analizará antecedentes y proyecciones en sesenta segundos y ya está, a sacar conclusiones. Ningún gobierno del mundo solucionará tan rápido un problema, Ningún parlamento legislará tan rápido. Ningún tribunal juzgará tan rápido. La "carrera" estará perdida antes que suene el disparo de partida.

La velocidad a su vez, produce una sensación de inmediatez que hace irrelevante la representación. No es necesaria la intermediación si yo lo sé y además gracias a la interactividad de los medios tecnológicos disponibles yo puedo decir mi opinión ahora mismo.

Quien me representa dependerá así, cada vez más, de cómo se me presentan los hechos y cómo se presenta el candidato. Cuestión ya no de representación como de presentación. La "banalización de la política" ¿qué diría el catedrático argentino Rodríguez Kauth? (4)

Pareciera que la democracia total estuviera cerca, directa, sin intermediarios, una Atenas electrónica global de hombres y mujeres informados que deciden. Reflexionemos, nos invita el historiador norteamericano Arthur Schlesinger Jr.

"Quizá no. La interactividad fomenta las respuestas instantáneas, desalienta la reflexión y ofrece vías para la demagogia, la egomanía, el insulto y el odio. En una política demasiado interactiva, una "pasión común", como pensaba Madison, puede adueñarse de un pueblo e inducir acciones emocionales y mal consideradas. Al recordar la explosión de indignación popular cuando el Presidente Truman destituyó al general Douglas Mc Arthur, uno agradece que el municipio electrónico no dirigiera al país en 1951". (5)

James Madison, citado por el autor, establecía en The Federalist Papers la diferencia entre la democracia pura y la república.

La corrupción comunicacional

Regularmente asociamos la corrupción con el enriquecimiento ilícito a la sombra del poder, cuando esa es una parte, pero no toda la película.

Así como pueden los medios ayudar al cambio democrático y pueden, también, producir efectos secundarios inconvenientes al desarrollo democrático, su creciente significación en la sociedad contemporánea puede originar, como en efecto origina, otras consecuencias.

Como el dinero, representación del valor e instrumento de cambio, y el poder, resultado de la necesidad social de orden que en la democracia tiene los límites que le fija la ley, no son en si mismos corruptos pero ocasionan corrupción, así puede ocurrir con los medios de comunicación.

Rápidamente se me ocurren tres formas de corrupción comunicacional.

Una es la nacida entre actores políticos y medios de comunicación. Puede llegar hasta la "telecracia" o efecto Berlusconi, pero no requiere de tales extremos o tales obviedades. Puede producirse suave, soterradamente, lejos de la visibilidad que la hace perceptible y controlable.

Otra modalidad es la de la "Demagogia Espectacular", la explotación de la imagen como forma demagógica, la política espectáculo, (6) y el catálogo bien podría incluir a Zhirinovsky y a Perot, y algunos incluyen en el grupo la gestualidad del alcalde bogotano Antanas Mockus y la presentación televisiva de Abimael Guzmán y el paseo triunfal entre los muertos de la embajada japonesa del Presidente Alberto Fujimori.

Y una tercera forma de corrupción comunicacional en los políticos, es la del miedo. El miedo al que dirán magnificado por las modernas tecnologías de la comunicación masiva. El miedo puede inhibir y así evitar que se tomen decisiones que implican un costo de popularidad. A veces, cuidar unos cuantos puntos en una encuesta puede significar pobreza para muchas personas. Pero el miedo puede también persuadir, animar a dar un paso que se sabe dañino pero que será bien recibido.

Respuesta en y para la libertad

Si "el actual procedimiento de transmitir la política se torna más sensible a la legitimación" (7), la sociedad democrática debe tomar más en serio las cuestiones que de ello se derivan.

En la ciudadanía democrática hay una tensión permanente. Esto de convivir en libertad, vivir unos con otros, y no unos contra otros, sabiendo -y respetando- nuestra diversidad, no es cosa fácil, tiene demasiados problemas por resolver. Más sencilla es la dictadura, donde para unos la tarea es mandar y para otros, todos nosotros, obedecer.

Resolver las contradicciones que hemos descrito amerita respuestas democráticas. Una búsqueda para la que no hay mapa, pero sí la brújula y la aguja han de apuntar siempre hacia el norte del desarrollo de la convivencia civil, libre y responsable.

Las pseudo respuestas regresivas, dirigidas al control de los medios y a la censura, llevan a la calle ciega del autoritarismo que es preciso evitar.

Instituciones "interactivas", en el sentido de desarrollar la aptitud de comunicarse, tanto para informar como para ser informadas. Promoción de medios de comunicación propios -por ejemplo emisiones de televisión de los parlamentos- que lleven a los ciudadanos al debate tal y como es, para que cada cual tenga oportunidad de formarse opinión. Educación para la libertad y la responsabilidad, tanto en el sistema formal como a través de los medios y procurando su cooperación. Son posibilidades.

Ante la enormidad de la tarea pendiente, no propongo la resignación espectadora de Maximiliano en el "Intermedio de Querétaro" de Alvaro Mutis, sino más bien la reflexión de Octavio Paz en El Ogro Filantrópico. (8)

"Es una tarea que exige aparte de circunstancias históricas y sociales favorables, un extraordinario realismo y una imaginación no menos extraordinaria. No necesito recordar que el renacimiento de la imaginación, lo mismo en el dominio del arte que en el de la política, siempre ha sido preparado y precedido por el análisis y la crítica."

______
Notas:

1 La nueva página, UNESCO-FCE, México 1997

2 Libre mente, Espasa Calpe Madrid 1995

3 Contribuciones KAS-CIEDLA, Buenos Aires 1997

4 Revista Política Exterior, Vol. XI No. 59, Madrid 1997

5 "¿Tiene futuro la democracia?" Revista Política Exterior, vol. XI No. 60, Madrid 1997

6 "Porque las imágenes también saben mentir", Sarcinelli, op cit

7 Sarcinelli, op cit

8 Seix Barral, Barcelona 1979


* Ramón Guillermo Aveledo fue secretario del presidente de Venezuela, Luis Herrera Campins. Es presidente de Venezolana de Televisión y diputado al Congreso de la República desde 1989. Es autor de varios libros y ensayos, y columnista semanal de diferentes diarios venezolanos. Esta ponencia fue presentada en la Conferencia Internacional "El derecho de la información en el marco de la reforma del Estado en México", realizada en mayo de 1998 bajo los auspicios de la Comisión de RTC de la Cámara de Diputados, la Universidad Iberoamericana, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Fundación Konrad Adenauer y la UNESCO, y se reproduce en Sala de Prensa con autorización del presidente de la Comisión de RTC, diputado Javier Corral Jurado.


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