Sala de Prensa

73
Noviembre 2004
Año VI, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Marruecos: La halqa,
un espacio público de comunicación popular

Mohamed B. Boundi *

La cultura popular sobrevive con muchas penas en el seno de la sociedad marroquí por los múltiples cambios que sufren los lazos tradicionales entre el individuo y su entorno. Es el último refugio de las masas en búsqueda de lo original, lo autentico y lo personal para poder identificarse con sus propias raíces.

El doble protectorado de España en el Norte y de Francia en el Sur del país no fue capaz de quitar a la sociedad marroquí todos sus rasgos que justifican su pertenencia al la comunidad arabo-musulmana y limar sus creencias tradicionales. La cultura oral, que sigue desempeñando un papel aglutinador de las masas, siempre ha encontrado en la plaza pública su mejor expresión que se presenta como el núcleo principal de la comunicación.

Concebida como un lugar multidisciplinario, la plaza es el pulmón de una aglomeración urbana, un punto de encuentro de todos los oficios y el espejo de un colectivo. Se llama la plaza del “Suk” (socco), el mercado semanal o el rastro. Sus peculiaridades la diferencien de la plaza en la sociedad occidental medieval, por la sola razón que sigue funcionando como antes y con el mismo encanto y los mismos instrumentos.

En su definición general, la plaza (“Asáha”) es un conjunto de mini plazas donde se mezclan muchos géneros. Cada oficio y cada categoría de especie humana actúan en su parcela que se llama “halqa”, un círculo formado espontáneamente de espectadores providenciales para presenciar un espectáculo y contribuir en su continuación mediante aplausos o contribución voluntaria. La halqa es la mejor expresión del espacio público tradicional en Marruecos, un país conocido por sus enormes contrastes, a caballo de la tradición ancestral y de la modernidad occidental. Es el país árabe más cercano del Occidente más industrializado,1 donde florece la cultura tradicional, basada en la literatura oral, la vulgarización de la música medieval y la conservación del consumo de los santos. En la plaza, o la halqa, todo se expresa en gestos y palabras por un protagonista, que se llama “hlaïqui.” Crea su propio espacio privado, bien limitado físicamente en la plaza, para marcar su parcela. Su afán es conseguir un público fiel, generoso, comprensivo y solidario. Un tejido de amistades nace y muere cada día pero la halqa sigue su andadura cotidiana con intercambios de simpatías, saludos cariñosos entre habituales espectadores y un espectáculo reiterado pero nunca aburrido.

Este espacio obedece a una comunicación interactiva con un protagonista (hlaïqui) que monopoliza la acción y el espectador que da vida a la halqa por su presencia.

Con la invasión imparable de los medios de comunicación de la sociedad, ha cambiado el perfil del espectador pero el dueño del espacio sigue igual como todos los días, las semanas y los años. Conserva la misma vestidura, el mismo repertorio semántico y la misma preocupación de defender su espacio, y el pan cotidiano. La halqa gana a pulso a la televisión pero sólo la edad vence al protagonista de la halqa que, en el caso de unos, hacen heredado el oficio de sus padres y lo conservan hasta su muerte. El hlaïqui, igual que el roquero, no se jubila nunca.

Cada ciudad en Marruecos dispone de su propia plaza pública y de sus halqas para respirar un aire nuevo distinto del hogar. Después de un día largo, el individuo se empeña en librarse de sus preocupaciones rutinarias para fundirse en la muchedumbre de la plaza entre personas anónimas. Es el momento de entretenimiento que a veces está prohibido a unas categorías sociales, como a los niños o las chicas. Es un mundo de machos, de chistes baratos y de cultura malsana.

Ese espacio es el que sobrevive con sus inquietudes, sus miserias y su magia. Ni el tiempo, ni la tecnología ni tampoco la modernidad han podido desplazar la plaza pública del entorno social.

La plaza Jemaâ Fna de Marrakech (Sur de Marruecos) es, hoy por hoy, el símbolo de la supervivencia de la plaza pública en el mundo árabe. Nacida hace diez siglos, conserva integralmente sus encantos, sus misterios y su magia. Es un lugar para expresare libremente en una sociedad atraída en dos sentidos contrarios: la conservación de la tradición y la modernización a pasos forzados.

La halqa es un espacio que ofrece la posibilidad de investigar los modos de comunicación entre un público heteróclito (autóctonos y turistas) y enriquecer la investigación sociológica y en que punto los medios de comunicación de masas puedan debilitar los lazos en la sociedad moderna. Estudiar la “halqa” es una manera de entender el papel del espacio público, como se define en la literatura occidental, en una democracia en transición y en un país emergente, como Marruecos.

Las definiciones por los teóricos de las ciencias sociales del espacio público en Occidente pueden estar perfectamente aplicadas al espacio público en la orilla Sur del mediterráneo, que compartió el mismo sentido y uso de la plaza pública muchos siglos pasados, durante la presencia prolongada de los romanos y tartajéenos en Afriquilla y Mauritania (África del Norte). Esta demostrado que “en la producción social de su vida, los hombres establecen relaciones definidas que son indispensables e independientes de su voluntad de producción que corresponden a un estadio definido del desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.”2 Es una necesidad social agruparse y formar una red de lazos concretos y afectivos en un espacio común que se convierte al final en una Res Pública, un objeto colectivo y una Res Nullíus. Jean Jacques Rousseau habla del principio del interés general y la Escuela de Frankfurt defiende el concepto de la “esfera pública” que, en el fondo, parece como la suma de los intereses de diversos grupos sociales. Jürgen Habermas (de la misma escuela) se ha preocupado de la evolución del concepto del espacio público a partir del fin de siglo XVII para desarrollar su teoría de la “esfera pública” y su aplicación al presente.3 Su teoría se basa en el análisis de la evolución histórica de esta esfera como una consecuencia del desarrollo del capitalismo y del sistema democrático en Europa. Trata de explicar que la esfera pública es un ejercicio complejo porque abarca lo público y lo privado en la manera de que “la esfera del mercado, la llamamos esfera privada; la esfera de la familia, núcleo de la esfera privada, es la esfera de intimidad.” La esfera pública, según el, se queda como “la esfera de las personas privadas reunidas en público” que tienen el derecho exclusivo de comentar productos literarios y emitir opiniones políticas sin temer la censura de las masas o la critica racional. Se trata de una esfera pública burgués, que floreció hasta finales del siglo XIX antes de subir el efecto del tiempo y de los cambios socio-económicos y desaparecer ante el empuje de un fenómeno semipúblico del consumo del ocio y de un producto cultural popularizado. “La esfera pública se convierte en la esfera dónde se cuentan las biografías de índole privado.”4 La esfera pública, dominada por el espíritu burgués, se encoge cambiando progresivamente de coloración para llamarse espacio público, lo cual se transforma en un espejo por una multitud de caras, de recursos más bajos para exponer sus miserias, sus risas y sus fortunas. La expresión popular se desarrolla en los dos casos lejos del palenque político. Habermas defiende su teoría aplicada a la situación de la sociedad europea del siglo XVIII pero acaba introduciendo un matiz muy progresista proponiendo la ampliación de la discusión a un público más numeroso.

El espacio público es más que una suma de intereses individuales, es “una esfera de personas privadas reunidas en público”5 o un lugar donde “se desarrolla la competencia de interesases privados”.6 Es un lugar de prácticas sociales visibles de los actores de la sociabilidad; “los problemas e intereses se comparten y se convierten en comunes para una sociedad.”7 Habermas debía reconocer, tres décadas más tarde, que su teoría “se basaba en la síntesis de una abundancia apenas dominada de contribuciones procediendo de muchas disciplinas.”8 Ante la incapacidad de crear su propio espacio, el individuo, que es una unidad dinámica del público, adhiere al espacio público a través cualquiera de su expresión.9 En el siglo XIV en Europa, los mercados fueron al mismo tiempo lugares privilegiados por el intercambio de informaciones, de sellar alianzas grandes y efectuar transacciones profesionales.10 Con el desarrollo de los medios de comunicación de masas, el individuo parece preso del producto mediático más digestible y les priva de “la posibilidad de tomar la palabra y de contestar.”11 Es un consumidor disciplinado, cauto y pasivo en la era de la “mercantilización de la cultura.”12

El mismo proceso esta perfectamente adaptado al actual estado del espacio público en la orilla Sur del Mediterráneo con dos excepciones fundamentales, por el hecho de que “cada grupo tiene una historia –y una memoria- propia de la acción colectiva.”13

Primero: como los líderes de los movimientos sociales “inventan, adaptan y combinan distintas formas de acción colectiva para estimular el apoyo de gente que, en caso contrario podría quedarse en casa”,14 los dueños de la plaza pública perfeccionan todo tipo de subterfugios para ganar el interés de sus seguidores (aquí el público).

Segundo, el espacio público se ha desarrollado en esta zona a pesar de la falta de sistemas democráticos según los parámetros occidentales. Si la plaza pública ha perdido su carácter de punto central de la urbe en Europa, en el Magreb sigue funcionando como “kilómetro cero” de la ciudad.

El término de la plaza pública en Europa ha merecido el interés de los escritores, sociólogos y politólogos por su multifuncionalidad en los pasados antes de la era de industrialización.15 Con la expansión de la riqueza creada por el florecimiento de los negocios, el expolio de las colonias y el aumento del índice de escolarización, la calle y la plaza se redefinieron en la mirad del siglo XIX “más en términos de negocio que como espacio público.”16 De este modo, constata John Rule, “los cambios producidos tanto en la agricultura como en la industria usurparon a los pueblos (de Inglaterra rural) y a los obreros, mineros y comerciantes el espacio y el tiempo disponibles para sus juergas, diversión sexual, bebida y peleas.17

En España, la plaza sigue funcionando como un punto de referencia turística y ocasionalmente se convierte en un mercado, una feria de libro, un taller abierto de pintura, espacio de actos públicos, conciertos de música o encierre de toros. Su arquitectura ayuda a crear un espacio público dinámico, aunque sea cerrado, para estructurar una actividad de diversión.18

Espacio público, comunicación y patrimonio oral

En la orilla Sur del Mediterráneo, la plaza conserva intacta su función de principal lugar de la ciudad por el hecho de que la vida urbana es bicéfala, con unos rasgos muy marcados por la modernidad en la arquitectura y la tradición en los comportamientos y en el estilo de vida. La plaza es a la vez un mercado comercial muy animado por la mañana y por la tarde un espacio de distracción y de convivencia. Está ubicada en el centro, cuando se trata de un pueblo de tamaño reducido, y, en un lugar retirado de las casas, fuera de las murallas, cuando la ciudad es de un tamaño medio o grande. Su importancia traduce la deficiencia de los servicios socio-culturales y la falta de ocupaciones lúdicas sanas.

La plaza es el punto más frecuentado en la ciudad: es a la vez un escaparate social, además de un rastro, un mercado de trueque de todo tipo de mercancía y sobre todo una esfera pública literaria que se puede concebir como “la esfera de las personas privadas reunidas en un público”, que puede expresare y dedicarse también a la crítica de artes y de las producciones culturales que a la del poder político.”19 El estudio del modelo de la “esfera pública burgués”, ideado por Habermas, ayuda a esclarecer unos puntos de similitud entre la esfera pública literaria en Europa de los siglos XVII y XVIII y algunas actividades desarrolladas en la plaza pública o la “halqa” en la orilla Sur del mediterráneo, especialmente en Marruecos.20 La esfera pública literaria se ha sustituido gradualmente por el espacio semiprivado y semipúblico del consumo cultural no-literario y no político en Europa por una multitud de factores determinados por el desarrollo económico y del bien estar que exige una gestión más racional del tiempo libre.

Este modelo de esfera existía en el mundo árabe desde la época preislámica y se ha generalizado con la expansión del Islam en África del Norte (Magreb hoy). Antes del surgimiento del Islam, los poetas se emularon en el “Socco de Okaz” para proclamarse en el mejor artista de la palabra. De esta época, se ha heredado lo mejor de la poesía árabe.

“La esfera pública se convierte en la esfera donde se da cuenta de las biografías de ámbito privado” (Habermas) de mismo modo que en la halqa el narrador crea su propio repertorio de biografías en un espacio abierto en el aire libre y nunca vallado. Como su nombre indica en árabe: es un círculo que tiene en su centro un protagonista (o más), que se encarga de formar su propio espacio. Se presenta de diferentes modos, según el género del espectáculo. Se trata del espectáculo en su expresión pura o de la narración de las biografías del profeta Mohamed y los apóstoles, los videntes, la magia. Por este aspecto, la halqa parece una fuente de curiosidad por el turista occidental que nunca ha conocido en su entorno este tipo de movimientos sociales.

La halqa es un espectáculo “non stop” y forma parte de una cadena de halqas, de género distinto y de protagonistas totalmente diferentes en el modo de actuar. Así, la halqa desempeña un papel social, artístico y moral. Es el modo de comunicación de masas lo más antiguo en la sociedad árabe. Los comunicados oficiales se leían en los momentos de la reunión de las halqas; los vecinos se encuentran en la halqa para comunicarse y el protagonista, “hlaïqui”, perfecciona cada día más su técnica discursiva para crear una red de amistades y de fidelidad con su publico.

“Por “relación” social debe entenderse una conducta plural – de varios – que, por el sentido que encierra, se presenta como recíprocamente referida, orientándose por esa reciprocidad. La relación social consiste, pues, plena y exclusivamente, en la probabilidad de que se actuará socialmente en una forma (con sentido) indicable; siendo indiferente, por ahora, aquello en que la probabilidad descansa.”21 La noción del “espacio personal” interviene para justificar la proximidad entre los componentes del público de la halqa. “En Oriente Medio, las personas están normalmente más juntas de lo que se considera aceptable en Occidente” y es “probable que los occidentales que visitan esta zona se sientan desconcertados ante esta inesperada proximidad física.”22 La distancia en la cultura occidental se suele mantener en al menos un metro cuando se entabla una interacción focalizada con otros; si se está de pie junto a otras personas la distancia puede disminuir. (A. Giddens, 140) La “distancia personal”, según Edward T. Hall es “la distancia normal entre personas sin lazos de amistad y de intimidad en un encuentro en un lugar público.23

Este espacio público se define así como el mejor escenario real y físico (visible) para desarrollar un espectáculo durante las distintas etapas históricas y desarrollar unas relaciones sociales en un doble sentido: primeo, del “hlaïqui” con el público; segundo, entre los componentes de este público. El “hlaïqui” suele situarse en una “distancia pública” para convertirse en el punto central de la halqa, de un radio de tres o cuatro metros, según el número de asistentes. (A. Giddens, 141). Al acabar el tiempo de la actuación, vuelve a la realidad cruda de la vida. En el seno del público, la lucha por la conquista del espacio es permanente. Es un espacio machista y de adultos que desprecian las normas del pudor. Los asistentes intentan proteger o ampliar el espacio personal de toques o contactos no deseados. (A. Giddens, 142)

La halqa es el lugar más idóneo para las parodias, las sátiras, del canto de los distintos tipos de música popular, de las improvisaciones de violín y del laúd, de la “darbouka” (tam tam marroquí) u otros instrumentos musicales tradicionales. Los “artistas” del día en la halqa se convierten en los imprescindibles animadores de las fiestas privadas de la noche.

La halqa no tiene horario pero en general se organiza por la tarde en las ciudades tradicionales antiguas, después de la oración del “Asr” (la tarde) debido a las obligaciones profesionales. Sin público numeroso, la halqa no tendrá ningún sentido. Según la tradición, se ubica en unos lugares determinados como si se tratase del teatro de la ciudad: en el mercado semanal o apartada del centro de la ciudad. Tampoco tiene una metodología empírica que exija del protagonista de seguir algunas reglas rígidas. Una limosna, en cada pausa, es un acto ritual que justifica la dinámica de la halqa. La razón de ser de la halqa es de facilitar un puesto de trabajo y manera de ganarse la vida. El protagonista es un artista, un actor útil y una estrella dentro de su espacio. Pide constantemente la confianza del público para crear una dinámica de credibilidad en sus relatos. “La confianza en otras personas solía basarse en la comunidad social” (A. Giddens, P. 849) porque la “confianza significa fiarse de sistemas abstractos.” En la era actual del auge de la información, “cuando las sociedades se orientaban más a la costumbre y a la tradición, la gente podía hacer las cosas de forma menos reflexiva.” (A. Giddens, P. 849)

Socialmente, el “hlaïqui” es una persona despreciada por los círculos cultos y burgueses: que lo identifican con el charlatán, el producto del diablo y el pervertido. Su función de agente social está totalmente negada fuera de su ámbito. Se le acusa de robar el alma de los files para entregarla al diablo (Satán) y divulgar una cultura abstracta, destructiva y antirreligiosa.

La historia de la sociedad occidental ayuda a sostener que durante siglos, las elites han despreciado el lenguaje popular como reflejo de “la ampliación de la distancia social entre los estratos sociales.”24

Tres tipos de halqas se pueden tipificar como escenario de actividades lúdicas:

1º La halqa literaria (de los narradores): La improvisación es la regla dominante por el hecho de que los protagonistas (sobre todo los narradores) son analfabetos o semianalfabetos. La anécdota, los cuentos sobre el bien y el mal, Dios y el Diablo, la “segunda vida” y los cuentos de hadas forman parte del repertorio de cada uno. El plagio de una película del Oeste es una práctica no prohibida. Es imposible seguir el hilo de un cuento sin perderse en un mundo de vasos intercomunicadores y una técnica que no se puede clasificar por falta de lógica. Unos cuentos pueden durar un día como pueden seguir atrayendo público semanas, meses o años antes de conocer su epílogo. El mando de la narración de otros cuentos lo toman otros narradores después de la muerte de su primer autor. A veces, la improvisación conduce a la improvisación en el diálogo lo que crea una confusión total en la sucesión de los actos del mismo cuento.25 Las técnicas abundan para paliar estos defectos: el espectáculo se interrumpe por una carcajada, un aplauso forzado, un baile improvisado o una canción de moda que se interpreta como un refrán. Es la esencia de la comunicación verbal u oral. Las historias de la vida se componen de material biográfico que se recoge sobre ciertos individuos y que, normalmente, ellos mismos relatan. (A. Giddens, P. 816) Se trata de un tipo de relación más amplia que una simple “interacción focalizada.”26

2º- La halqa sanitaria: es la más atípica por convertirse en un centro médico de campo al agrupar los curadores, los vendedores de las medicinas mágicas, de los productos afrodisíacos, del embarazo, del aborto, de la magia negra… Su público no suele ser más joven. Es el punto de encuentro de los desafortunados, familiares de los enfermos crónicos que han perdido fe en el médico y en el hospital; los enamorados frustrados, los parados desgraciados, etc.…Es la halqa del expolio del público que la frecuenta. Las plantas y huesos de animales se venden como una receta única fruto de un experimento acertado, garantizando un resultado seguro. Con una megafonía potente y gritos satánicos,27 el “curador” vende muy cara su saliva inventando todo tipo de retórica y de persuasión para intentar vender unas dosis de alquimia que sólo Dios sabe de que está compuesta y con un precio más caro que cualquier medicina recetada por el medico.

Los videntes, con más rigor, se aparten del público y prefieren una charla íntima a solas con sus clientes. Pertenecen a los dos sexos, cautos, de voz segura que no vacila. Venden sólo palabras, predicciones sobre el futuro y promesas de seguir dando buenas noticias. Se consideran como los psiquiatras de los pobres pero son maestros en la lectura del alma del cliente. El precio de la consulta no depende del caso del que se trata, pero si al resultado prometido. Se exige la fe en las palabras del vidente para conseguir el objetivo. El vidente se presume de “Sharif” (descendente de la familia del profeta o de una secta religiosa) o poseedor de la “baraka” (la suerte infalible) lo que le atribuye un aura y el respeto obligatorio. Los videntes de la plaza pública suelen dejar su seña de identidad al público señalando su afán de tratar los casos complicados en otros lugares como a los domicilios de algunos dignatarios, una “zaouiya” (santuario de un santo) o una feria anual de alguna región. Este personaje, en general totalmente inculto, se caracteriza por el uso intencional de las técnicas de la comunicación imperativa, el dominio de la técnica de la entrevista directa y la facilidad de la elección de las palabras persuasivas. En todos los campos de la vida social (el trabajo, los estudios, la familia, la actividad de consumo, la política…) surge la comunicación imperativa siempre que el emisor quiera influir con una determinada carga de presión para un fin determinado: hacer consumir, hacer participar e incluso hacer creer (en el campo confesional o en el de las ideologías).28

Este tipo de halqa es el aspecto más sórdido de las relaciones humanas que, en principio, pueden desarrollarse en un ambiente de solidaridad y de convivencia donde el espectáculo sea la prima y la última meta del encuentro de los individuos.29 Para Goffman, la vida social es “como la representación de unos actores en un escenario, porque nuestra forma de actuar depende del papel que representamos en un momento dado.”30

3º- la halqa zoológica: palomas, reptiles, primates, avestruces, cabritos, perros, cuervos, burros, etc.… son otros protagonistas de este espacio público. Desempeñan un papel complementario de sus propietarios aunque son ellos las estrellas del espectáculo y de la halqa. Estos animales no salen de laboratorios, ni han frecuentado circos, simplemente son producto de una alianza amistosa entre el hombre y el animal, una unión perfecta de dos protagonistas que buscan la vida a cualquier precio. Sólo la halqa permite está acción donde no intervienen ni autoridades veterinarias, ni asociación de protección de animales domésticos ni científicos. Los animales están perfectamente adiestrados y adaptados a las conductas humanas: ni muerden, ni se escapan ni atacan al público en la halqa (que nunca está vallada). El éxito del “hlaïqui” se mide con el grado del adiestramiento del animal. La comunicación entre el público y la halqa convierte esta manifestación de afecto en la expresión más perfecta del espacio público en la era cibernética. El canal de la comunicación sigue funcionando perfectamente paralelamente a la generosidad del público en la vuelta ritual de la cesta de las propinas. A veces son los animales ellos mismos los que se encargan de la colecta.

La halqa funciona como un desafío a los nuevos movimientos sociales, producto de la sociedad altamente mediatizada y globalizada. Sigue conservando sus tradicionales instrumentos de comunicación (cultura oral y contacto directo), de actuación (animales, jerga, artes tradicionales) y su habitual público (rural, inculto y adulto).

2º La Halqa y la sociedad mediatizada

En su definición básica, “el espacio público” es propiedad de todos, del pueblo y del Estado, y se puede regirse como un espacio de debate entre ciudadanos en un sistema democrático. Es un lugar dónde se desempeñan de manera regular unas actividades culturales populares y tradicionales en una época que conoce habitualmente un evento (rituales cotidianos, procesiones anuales, espectáculos).31 El sociólogo francés Bernard Miège habla también de otro tipo de espacio público que lo sitúa al nivel de “relaciones públicas generalizadas.”32 Es el mismo Miège que estima que la marchandisation (mercantilización) constituye “el aspecto de la evolución del espacio público más desconocido, y que puede a medio plazo revelarse en lo más fundamental”, la “regulación mercantil para controlar el conjunto de las prácticas sociales.” (1995, p. 173).33

Para Edgar Morin, al lado de la “cultura nacional”, producta de la escuela, hay una “cultura religiosa”, que pertenece a la iglesia, una “cultura humana” producta de los artes y de la filosofía y una “cultura de masa” producto de las industrias culturales que completa las otras culturas.34 La cultura, según en el sentido antropológico propuesto por Morin es la que “alimenta según sus canales la vida real del imaginario.”

Estos dos esquemas se pueden aplicar con total éxito en la investigación de la sociedad occidental, donde los medios de comunicación de masas ocupan el espacio mediático y de comunicación en el conjunto de las redes sociales. En la orilla Sur del mediterráneo, los modos de comunicación tradicionales siguen vigentes y dominan con una enorme fuerza los lazos sociales. La débil propagación de la prensa escrita a nivel nacional y regional, la falta de cobertura total del territorio nacional por los canales de televisión y las emisoras de radio acentúan la ignorancia de los efectos beneficiosos de una comunicación mediatizada. “Los medios de comunicaciones desempeñan una función absolutamente esencial, por constituir el nuevo espacio público donde se forma el individuo, no como simple individuo, sino, como sujeto producto del mundo moderno y sujeto constitutivo por consiguiente de la democracia”, según el filósofo francés, Alain Touraine.

En un artículo, publicado en una revista italiana, (G. Bettin, 2002) los profesores Félix Ortega y Maria Luisa Humanes, atestan que “buscar los ejes centrales del cambio social obliga a indagar en el entramado institucional para tratar de poner de relieve cuáles son los factores nucleares en torno de los cuales gira el orden social.”35 Esta última observación constituye un punto de partida en un intento de comparar la situación en la orilla Norte del Mediterráneo y en la orilla Sur de la misma zona. Las dificultades del “cambio social” se ubican en la ausencia de una estrategia de desarrollo sostenible y la falta de continuidad de una política cultural y por supuesto una política mediática. Los modos de comunicación tradicionales resistan al acoso de la invasión de otos estilos de vida más desarrollados, a la cultura de masa36 y a las industrias culturales (medios de masas, grupos y empresas multinacionales de comunicación).37

En la era del auge de los medios de comunicación de masa, la defensa del patrimonio cultural, en la orilla Sur del mediterráneo, sigue siendo una causa nacional, una necesidad para preservar la identidad cultural y un elemento aglutinador del orden social. Es a la vez una “causa popular, una causa nacional y una causa de civilización”;38 es “una batalla permanente entre distintas corrientes y tendencias”39 porque “nuestro patrimonio es la historia de nuestro entendimiento de nuestro pasado, nuestro presente, nuestro Corán, la tradición del profeta Mohamed y de todo lo que tenemos y tienen la naturaleza y el hombre.”40

En la plaza pública, el individuo se encuentra con su realidad y los elementos con los que se identifica: el “Reality Show” se roda en directo en la halqa, el vidente es una persona física no virtual, el curandero no se viste de una blusa blanca y habla el lenguaje que se entiende en la calle, el bufón actúa según un repertorio común. La introducción tardía de la televisión en los hogares y el pobre contenido de los programas televisados empujan el público a frecuentar la halqa y escuchar los relatos del hlaïqui aunque sean irreales.

Con la procuración de un aparto de televisión como un objeto indispensable en los hogares, en las zonas urbanas, y la mejora del nivel cultural de las masas, la halqa está perdiendo su audiencia. Por lo contrario, en las zonas rurales, donde falta todavía la luz eléctrica, y los mercados semanales en los pueblos de las afueras de las urbes, la halqa sobrevive al acoso de la modernidad.

Tres experiencias de tres hlaïquís describen la actual situación de la halqa en la era de las comunicaciones de masas.

1º Entrevista con un hlaïqui de Baba Chaaba, en Safi (250 Km. al Sur de Casablanca): Se llama Brahim Lehlaïqui. Actúa en la gran plaza Sidi Boudahab (El señor del Oro) en Safi. Sufre la pobreza y la vejez; no tiene casa; no tiene familia. Vive como un narrador ambulante entre los mercados semanales en la provincia de Safi y vuelve de vez en cuando a la Plaza Sidi Boudahab para mantener el contacto con su poco pero fiel público.

-¿Cuál es la causa del retroceso del público de la halqa?

-Sobretodo la generalización de la enseñanza, la entrada de la televisión en los hogares y en los cafés y la preocupación del público por el fútbol y sus múltiples problemas. Los jóvenes no tienen interés de ponerse en pie para escuchar antiguos cuentos porque se han abierto los ojos en la televisión, la televisión numérica y aman la buena voz y la imagen. Yo ni siquiera tengo una megafonía para hacer escuchar mi voz.

-¿Cómo lleva su situación económica?

-Mi renta depende de la buena voluntad del público y mis ingresos medios en los mejores momentos son de 35 dirhams (3,5 euros), pero agradezco a Dios por su generosidad.

Entrevista con Sidi Al Alem, narrador en una halqa de Jemaa Fna, en Marrakech. Es un hlaïqui con una larga experiencia y gran conocedor de lo que ocurre en el mundo al plano político y económico. Los temas de su halqa tratan de los progresos científicos, del átomo, de la electrónica y de los componentes del universo y del cuerpo humano.

- ¿Cuales son los efectos de los medios de comunicación audiovisuales en la halqa? – (En un tono muy confiando y sarcástico contesta):

- Sufrimos sólo de la exigüidad de la plaza Jemaa Fna y de su invasión por los comerciantes y vendedores de comida a la costa de la superficie de la halqa.

- ¿Cuál es el público de su halqa?

- Son de distintas nacionalidades por el hecho de que hablo muchas lenguas extranjeras además del árabe.

- ¿Se puede preguntarle en relación de sus ingresos?

- Conocen mis ingresos un regreso perpetúo. El Estado debe también interesarse en el papel que desempeña el hlaïqui porque es un maestro que da lecciones al público. De todas formas (en un tono sarcástico), ¿ustedes son de hacienda o curiosos verdes?

Entrevista con Mhad Moula Rabab (Rabab: instrumento de pequeño tamaño, semejante a la guitarra española). Es un cantante popular en berebere. Tiene una halqa en la plaza Jama Fna (Marrakech) desde hace 50 años (según el). Sufre la escasez de sus ingresos y del público.

- ¿Hay alguna razón?

- La competencia desleal y dura por parte de los medios audiovisuales, sobre todo los programas y películas en la televisión y los partidos de fútbol.

- ¿Que piensa hacer al respecto?

- Creo que ya es momento de cambiar de oficio. Nunca dejaré que mis hijos sigan mi ejemplo porque el oficio del hlaïqui no tiene ninguna seguridad. De todas maneras, voy a luchar contra la pobreza y afrontar las necesidades de la vida, a pesar de la competencia entre el hlaïqui y el progreso que nos priva de nuestros recursos. Sólo Dios triunfa.

Conclusión:

La halqa, un punto de comunicación, de negocio y de relaciones públicas. (Jemaâ EL Fna)

La plaza de Jemaâ El Fna (O Jama Fna) es una mega-plaza que se presenta como un conjunto de mini escenarios y el punto central de la ciudad de Marrakech, la segunda más importante de Marruecos en población. Marrakech es a la vez ciudad imperial,42 capital del turismo y patrimonio universal.

Esta ciudad se ha hecho famosa en el mundo por tres elementos: el clima, el patrimonio arquitectónico y la plaza Jema Fna. Esta plaza está situada en el corazón de la antigua parte de la ciudad (la medina) y reúne cada día una infinidad de colectivos humanos, de oficios y de historias.

Es un teatro abierto todo el día que ofrece la oportunidad a toda persona que se cree apta a crear espectáculo y diversión; es un mercado rico por la diversidad y la frescura de sus mercancías; es un libro abierto de relatos, lágrimas, risas, consejos y pregones.

Jema Fna es la expresión perfecta del espacio público en la orilla Sur del Mediterráneo y el mundo arabo-musulmán por sus rasgos peculiares. Si Rabelais lo hubiera conocido, habría escrito una biblioteca de libros sobre sus personajes.

¿Por qué Jema Fna ha merecido tanto interés? Es un lugar de mezcla cotidiana de los habitantes (marrakchís), los visitantes y los turistas extranjeros. Su nacimiento coincide con la fecha de la creación de la ciudad, a finales del siglo XI, por los almorávides, para convertirse en su principal seña de identidad. Según la versión popular los habitantes se agruparon para presenciar el ahorcamiento de los autores de delitos graves en “la mezquita del Apocalipsis”, de “el fin del mundo” lo que la atribuye la apelación actual, “Jema Fna.” Con el paso del tiempo, su función ha cambiado para convertirse en un perfecto centro multifunción de intercambios sociales, mercantiles y de comunicación.

Ha resistido al desgaste del tiempo, a la tiranía de la administración, a las enfermedades medievales, al acoso de los medios de comunicación de masas y a los caprichos de los urbanistas. Hoy en día, ofrece distracción, empleo y arte. Es una verdadera encrucijada de transportes públicos, de autobuses de turistas, de taxis, de vendedores ambulantes, de una multitud de especies humanas y de oficios.

¿Quién frecuenta Jema Fna? El público de esta mega plaza cambia y se mueve con el ritmo de las temporadas, al compás del tiempo. Dos tipos de público: el del día y el de la noche, los vecinos y los forasteros, los adultos y los niños.

Cada categoría de público busca lo que le hace falta: comercio, entretenimiento, tratamiento médico. Se encuentran alrededor de un narrador, orquestras que dan conciertos completos de música, humoristas, bufones, bailarines, acróbatas, domadores de animales, encantadores de serpientes o comedores de cristal, espinas o tragafuegos, fuego... Los astrólogos y videntes prefieren actuar en privado y no recibir más de un cliente al contrario de los arrancadores de muelas, que les gusta enseñar sus dotes y milagros de curar los dolores. El tatuaje con la “hena” es uno los últimos oficios que han llegado a la plaza para saciar la curiosidad del turista ávido de llevar un recuerdo del país. El escribano ocupa siempre su sitio, no lejos de los astrólogos, bajo unos paraguas para protegerse del sol del medio día.

La otra parte de la plaza es el dominio de los comerciantes: frutas, hierbas, especies, ropa, bolsos, artículos de artesanía, libros antiguos, collares del África negra, joyas de plata, frutos secos, gafas de sol, restos momificados de animales.

De noche, se cambia el decorado para ceder el sitio a las barbacoas, los banquetes para servir pinchos morunos, brochetas de carne picada, pollo asado con limón, cuscús con carne y verduras, tortas con miel y té verde aromatizado a la menta fresca. Cada stand es un salón de té o un restaurante al aire libre.

Las comidas están servidas en un ambiente mágico en medio de los colores anaranjados y rojizos (de la ciudad), del gran jaleo y el estrépito de los coches y carrozas, y el griterío del aguador que ofrece el agua bendita.

A pesar de su tumulto, Jema Fna y Marrakech siguen guardando su misterio. Muchos artistas, actores, cineastas, poetas del Occidente se han quedado prendadas de ellas. La lista es larga: Winston Churchill, el fotógrafo Cecil Beaton, Marcelo Mastroanni, el cantante francés Jacques Brel, el actor Alain Delon, el filósofo Bernard Henri-Levy y el escritor español Juan Goytisolo.43

“Sólo una ciudad conserva el privilegio de contener el difunto patrimonio oral de la humanidad, considerado por muchos con un desprecio tercermundista. Quiero hablar de Marrakech, y de la plaza Jama Fna, a sus inmediaciones, desde más de veinte años, con intervalos regulares, escribo, deambulo y resido”, escribe Juan Goytisolo, el intelectual español que más habla de Marrakech en su obra.44

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Notas

1- Sólo separado de España por el Estrecho de Gibraltar y situado a unos 14 kilómetros de la frontera Sur de la península Ibérica. Marruecos ha sido un interesante laboratorio de análisis por parte de antropólogos anglosajones –principalmente americanos--, así como de antropólogos y politólogos franceses. España, que podía haber contado con interesantes reflexiones dadas sus relaciones antiguas con Marruecos, ha entrado en la palestra de la sociología política más tarde. (María Ángeles Roque. La Sociedad civil en Marruecos. La emergencia de nuevos actores. Icaria. Antrazyt.IEMed 2002).
2- Karl Marx. Prefacio de 1859 de la “Contribución a la crítica de la economía política.”
3- Jürgen Habermas. “l’Espace public. Archéologie de la publicité comme dimension constitutive de la société bourgeoise ». Ed. Payot, Paris, 1993 (1962 por la primera edición).
4- Idem.
5- Idem.
6- Idem.
7- Félix Ortega: in “La política y el periodismo en el nuevo espacio público”. (…) Con su obsesión por la visibilidad, el nuevo espacio público se dirige no a logro de objetivos y valores comunes, sino a que las dimensiones que debieran permanecer ocultas de unos pocos pedan ser vistas por muchos.”
8- Habermas: artículo en francés intitulado: “El espacio público, 30 años después.” Es la traducción del prólogo del autor por la edición XVII de su libro en alemán, en 1990. Este artículo esta en Quaderni, número 18, Dossier “Les Espaces publics, páginas 161-191.”
9- Habermas: “las ocupaciones que el público consumidor de cultura amuebla sus ocios se desarrollan al contrario en el seno de un clima social, sin que tengan necesidad de seguir en forma de discusiones.”(P. 171). (“l’Espace public. Archéologie de la publicité comme dimension constitutive de la société bourgeoise ». Ed. Payot, Paris, 1993 (1962 por la primera Edición).
10- Idem.
11- Idem. P.179
12- Bernard Miège: “l’Espace public: perpetué, élargi et fragmenté », dans « L’espace public et l’emprise de la communication » (bajo la dirección de Paillart Isabelle). Ed. Ellug, Grenoble, pp. 163-175. “(la mercantilización constituye seguramente) el aspecto de la evolución del espacio público que es lo más desconocido, pero que puede, a plazo, revelerse lo más fundamental (…) la regulación mercante (aspirando) a controlar el conjunto de las prácticas sociales” (1995, p. 173).
13- Sydney Tarrow: El Poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción colectiva y la política”. P. 51. Alianza Editorial. (Madrid, 1997).
14- Idem.
15- E.A.Wrigley: En realidad, en los análisis del mundo en desarrollo, hoy, industrialización y modernización se utilizan con frecuencia como sinónimos, o la primera se tarta como un aspecto de la segunda... (Gentes, ciudades y riqueza: la transformación de la sociedad tradicional. Ed. Crítica. Barcelona: 1992) P. 73.
16- John Rule: “Clase obrera e industrialización” (Historia social de la revolución industrial británica, 1750-1850. Editorial Crítica. Barcelona: 1990. P.315.
17- Idem. P. 312. Howkins ha presentado el proceso de erosión de estas costumbres como un proceso de incorporación a un mundo de valores burgueses, que se pone de manifiesto en el cambio de las fiestas de de Pentecostés en los pueblos de Oxfordshire, a principios del siglo XIX, de una duración de una o dos semanas a principios del siglo XIX, a un único día establecido en la década de 1900. (Citado por J. Rule.)
18- El ejemplo de la Plaza Mayor de Madrid.
19- Habermas, citado por Nicolas Cori en un estudio intitulado “¿Es privado el espacio público? Confrontación de los libros de Jürgen Habermas y de David B. Truman.”
20- Nicolás Cori. “históricamente, la esfera pública se forma entre el siglo XVIII y el inicio del siglo XVII en Inglaterra. Tres series de acontecimientos se han ocurrido: el desarrollo del capitalismo y los cambios mercantiles, el fin de la censura previa por la prensa, el aumento del poder del parlamento que empieza a ejercer un control sobre el gobierno.
21- Max Weber: “Economía y sociedad”. Ed. Fondo de Cultura Económica. Barcelona 2002. P. 21). “La acción en espacial la social y también singularmente la relación social, pueden orientarse, por el lado de sus partícipes, en la representación de la existencia de un orden legítimo. La probabilidad de que esto ocurra de hecho se llama “validez” del orden en cuestión. (…) De hecho la orientación de la acción por un orden tiene lugar en los partícipes por muy diversos motivos.” (P. 25)
22- Anthony Giddens: “Sociología”, Ed. Alianza Editorial. Madrid (2002). P. 140.
23- Citado por Anthony Giddens in “Sociología”, Ed. Alianza Editorial. Madrid (2002). P. 141. Edward T. may distingue cuatro zonas dentro del espacio privado: distancia íntima, distancia personal, distancia social y distancia pública, mayor de tres metros y medio, reservada para quienes actúan ante un público.
24- Stuart Woolf: “Por un lado, debe relacionarse con el refugio en unas lengua extremadamente restrictiva, une jerga, slang o argot secreto compartido por un limitado grupo entre el “pueblo” y que actúa como fortalecimiento defensivo de los lazos de solidaridad entre las profesiones u oficios”, in “Los pobres en la Europa Moderna”. Editorial Crítica. Barcelona 1989. P. 64.
25- Idem: Goffman distingue entre las expresiones que los individuos “ofrecen” y las que se les “escapan.” Las primeras son las palabras y gestos del rostro que leas personas utilizan para producir ciertas impresiones en los demás. Las segundas son las pistas que éstos pueden captar y que sirven para comprobar si se está siendo sincero o falso. (P. 138)
26- Idem: Para Goffman, una unidad de interacción focalizada es un encuentro, y gran parte de nuestra vida cotidiana consiste en encuentros con otros individuos – familia, amigos, compañeros de trabajo – que frecuentemente tienen lugar sobre un fondo de interacción no facilitada que se establece con otros que están presentes en la misma escena. P. 135.
27- Miguel Roiz: “La sociedad persuasora: Control cultural y comunicación de masas”. Ed. Paidós. Barcelona 2002. Página 127: “Formalmente, todos los mensajes contienen, en mayor o menos medida, argumentos racionales junto con información objetiva (la descripción, por ejemplo); estos argumentos están asociados a cierta carga afectiva o emocional, relacionada generalmente con alguna de las cinco funciones comunicativas de que habla R. Jakobson en cuanto esferas de acción lingüísticas orientadas hacia un mismo fin dentro de la comunicación. Se trata de las funciones expresiva, conativa o llamada, referencial o representación, enfática o de concepto, poética y metalingüística” (Jakobson, 1985)
28- Miguel Roiz: “La sociedad persuasora: Control cultural y comunicación de masas”. Ed. Paidós. Barcelona 2002. P: 94.
29- Abadía Ben Atibou: “Entra en este genero toda persona que reúne la gente para despojarle.” Artículo intitulado: Al halqa y labsat: géneros ante – teatro en Marruecos. Revista Teatro/Artes. Diciembre de 2002. Páginas: 48-49.
30- Goffman: Este enfoque a veces se denomina “modelo dramatúrgico”, pues concibe la vida social como si fuera una obra de teatro. Citado por A. Giddens in Sociología (2002). P. 139.
31- Definición UNESCO.
32- Bernard Miège: La expresión “relaciones públicas generalizadas” parece por primera vez en el libro “Disonancias. Críticas de la comunicación”, en le que Yves de la Haye se pregunta con Bernard Miège sobre el nacimiento de una fase a partir de los escritos de Jürgen Habermas (1984, p. 141).
33- B. Miège : L’espace public: perpétué, élargi et fragmenté”, in Paillart Isabelle (bajo la dirección, « L’espace public et l’emprise de la communicacion, Ed. Ellug, Grenoble, pp. 163-175 (1995).
34- Edgar Morin: L’Esprit du Temps. Edición, 1975. Ed. Nevrose. (Francia).
35- Artículo, publicado en G. Bettin, por Félix Ortega, profesor de Sociología en la universidad Complutense de Madrid, y María Luisa Humanes, profesora de teoría de la comunicación en la universidad de Salamanca: “Mutamenti in Europa. Munduzzi editore, Bologna, 2002, con el título “Il potere ella comunicazione”, pp. 137-169.
36- atestan que “buscar los ejes centrales del cambio social obliga a indagar en el entramado institucional para tratar de poner de relieve cuáles son los factores nucleares en torno de los cuales gira el orden social.”
37- Eric Macé/Université Paris III- Sorbonne Nouvelle: « La cultura de masa no es una cultura propia a los medios populares, pero es de hecho universal (que quiere decir pública, colectiva) y cada vez más globalizada a pesar de la heterogeneidad de sus modos locales de producción y de recepción. (En artículo publicado en Cahiers Internationaux de sociologie, Vol. CXII, 2002).
38- Idem. Eric Macé: “podemos llamar cultura de masa, el conjunto de objetos culturales productos por las industrias culturales (cualquier sea los medos) destinados de un gran público heterogéneo (grupos y individuos, contextos sociales y referencias culturales). Dicho de otra manera, el concepto de cultura de masa es útil y necesario para dar cuenta de un campo a la vez específico y relativamente hegemónico de la producción, de las representaciones y las practicas contemporáneas (y no sólo las de TF 1 y Hollywood, pero también de las impresionantes producciones indianas, brasileñas y japonesas).
39- Faiz Ismael (Siria): In actos del coloquio: Patrimonio y acción política (1884). P. 35.
40- Idem. Abdeslam Bourquiya (Marruecos – del Partido Progreso y Socialismo). P. 110.
41- Idem: Mohamed Abad Al Jabri (Marruecos: Filósofo, militante del partido de la Unión Socialista de las Fuerzas Populares). P. 122.
42- Antigua capital de las dinastías de Almorávides y Almohades.
43- Condé NasTraveler. Nº7. Special Marruecos. Pp. 60-81.
44- J. Goytisolo: Jama Fna, patrimonio de la humanidad. Le Monde Diplomatique. Junio 1997. P. 7.

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Bibliografía/Referencias:

- L’Espace public. Archéologie de la publicité comme dimension constitutive de la société bourgeoise. Payot, Paris, 1993.
- La société civile au Maroc. Approches. SMER (1992).
- Opinión pública y democracia deliberativa. Víctor Sanpedro Blanco. Ciencia Política. Istmo 2000.
- El Nuevo Espacio público: Jean Marc Ferry, Dominique Wolton y otros. Gedisa1998.
- Sociología. Anthony Giddens. Alianza Editorial. 2002.
- Por una sociología de la vida cotidiana. Jesús Ibáñez. Siglo Veintiuno editores.2002.
- Apocalípticos e integrados. Humberto eco. Lumen. 1999.
- Economía y Sociedad. Max Weber. Fondo de Cultura económica 2002.
- Política y cultura popular. John Street. Alianza Editorial. 2000.
- ¿En qué sociedad vivimos? François Dubet – Danilo Martuccelli. Losada. Buenos aires. 1999.
- Culture et communication. Jean Caune. Pug 1995.
- Clase obrera e industrialización. John Rule. Editorial Crítica. Barcelona 1990.
- Los pobres en la Europa Moderna. Stuart Wolf. Editorial Crítica. 1989.
- Mercados y manufacturas en Europa. Maxime Berg, Ed. Crítica. Barcelona 1995.
- Gentes, ciudades y riqueza. E.A. Wrigley. Crítica. Barcelona 1991.
- Patrimonio y acción política. Consejo nacional de la cultura árabe: foro de pensamiento y diálogo. Montreuill 1984. (árabe)
- Marrakech: Guía “Je sais tout”.
- Reis: Revista española de investigaciones sociológicas. Nº 98 (Abril-Junio 2002).
- Artículo: Apocalypse médias: Le monde diplomatique. Avril 1997.
- Artículo: Jemaa-el-fna, patrimoine de l’humanité: Juan Goytisolo. Le Monde Diplomatique, juin 1997.
- Artículo: Vida de un dramaturgo marroquí: Mohamed Kaghat. Archives. Albayan. culture.
- Artículo: El espectáculo en el teatro magrebí. Albayan.co.ae.
- Artículo: Défense des cultures menacées: Juan Goytisolo: Discurso pronunciado el la apertura de la reunión del jurado: 15 de mayo de 2001, de la selección de los patrimonios de la humanidad, en la UNESCO.
- Artículo: Sociología de la cultura. Tahar Lebib. Dar Kordoba. Casablanca 1986/87.
- Artículo: Teatro marroquí y globalización: Nissrine Baghdad. Egipto. Revista: Teatro/artes. Diciembre de 2002.
- Artículo: Al halqa y bsat: géneros ante – teatro en Marruecos. Revista Teatro/artes. Diciembre de 2002.
- Artículo: Patrimonio teatral marroquí: el espectáculo y el ante-teatro. Mohamed Slaoui. Artículo.
- La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: el contexto de François Rabelais. Marxistas Internet Archive, diciembre de 2001.
- Entrevistas con un hlaiqui en Safi y dos en Jemaâ–el-fnaa (exclusivas: transcripciones)
- Reportaje “Al Qibla”/Tve 2: Jemaâ-el-fna (J. Goytisolo): 1992.


* Mohamed B. Boundi es periodista de nacionalidad española, corresponsal de la agencia Maghreb Arabe Presse, investigador en sociolgía de la comunicación y doctorando en cultura política y opinión pública en la Universidad Complutense de Madrid). Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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