Sala de Prensa

71
Septiembre 2004
Año VI, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Las fuentes de información en tiempos de guerra

Alfredo Cazorla, Leonardo Cermele, Mauricio D’ Alessandro,
Jimena Lachalde y Miguel Mendoza Padilla *

“Las informaciones que se obtienen durante la guerra son en gran parte contradictorias, en la mayor parte falsas, y casi todas inciertas.”
De la guerra, Karl Von Clausewitz

INTRODUCCIÓN

Desde la Segunda Guerra Mundial se puede decir que hay en los conflictos bélicos, con más significación en los medios de comunicación de Occidente, un quiebre en cuanto al tratamiento de la información pública sobre los mismos, sobre todo teniendo en cuenta lo que pasó en Vietnam, en la guerra de Corea, o los intentos de intervención en Cuba.

En cada uno de estos casos la multiplicidad de medios y la proliferación de informantes -fronteras afuera y fronteras adentro, hacia la gente- aseguraron un control social ante los desmanes, los crímenes de lesa humanidad, y/o las tergiversaciones de los fundamentos ideológicos, históricos, culturales, etc. de las partes del conflicto.

Lo cierto es que en los últimos conflictos bélicos contemporáneos de intervención imperialista, la hegemonía en el control de la información -por parte de los gobiernos- fue absoluta desde el propio momento de la organización y el planeamiento de las operaciones.

Carlos Giordano1 construye tres hipótesis: “Si no podemos controlar la información (la imagen), es mejor que no muestre”; “Como no la controlamos, que no muestre”, y la tercera, “No es posible no mostrar, controlémosla. Y que este control sea absoluto -y de acuerdo a la terminología del mercado- en exclusiva”.

El presente trabajo pretende abordar esta temática haciendo especial hincapié en la relación directa que la credibilidad de un medio de comunicación tiene de acuerdo con la cantidad, calidad y diversidad de las informaciones y las fuentes que cita.

Intentaremos explicar la importante gravitación que tuvieron en la cobertura de los hechos las fuentes alternativas, entendiendo por éstas a Internet en todas sus variantes. Concretamente nos referimos a los weblogs, los cuales se establecieron como principal fuente de información de los cibernautas y se reconocieron rápidamente como sitios independientes en Internet con información de cualquier tipo concerniente a la guerra.

Si bien los weblogs no tienen una definición exacta (ya que varía según quien la formule), son fáciles de crear y de mantener operativos pero, paradójicamente, se caracterizan por ser un espacio personal de escritura en Internet que contiene links a cierto número de sitios seleccionados según el tema de la página o el criterio de su autor.

De esta manera, y durante la reciente contienda, los weblogs se convirtieron en una alternativa a la información sobre la guerra que ofrecían las grandes cadenas noticiosas, a la vez que contenían diarios de guerra escritos por ciudadanos iraquíes, analistas políticos y militares que se encontraban en la zona de conflicto.

En este sentido, y frente a la multiplicidad de medios de comunicación que se vieron involucrados durante el conflicto, intentaremos esbozar el peso que jugaron los mensajes desinformativos y los posibles roles que adoptaron algunas empresas periodísticas como receptores, e incluso, productores de estos mensajes, a la vez que se desempeñaron como multiplicadores de sus efectos mediante la comunicación masiva.

Finalmente, y entendiendo que en tiempos de guerra la verdad adopta diferentes facetas según el acceso que se tenga a la información, es intención del grupo realizar entrevistas personales con algunos periodistas que han desarrollado actividades en zonas de conflicto, incluso en esta última contienda bélica.

Y es que tanto los periodistas que están en la primera línea como aquellos que se ubican detrás de sus escritorios exigen un acceso total a las fuentes, a la información para poder formarse una opinión y transmitir informaciones sobre esta base. Al hacerlo, deben seleccionar las noticias que consideran más adecuadas en determinado momento.

De lo contrario, tal como expresa Benjamín Fernández Bogado, “la historia los recuerda como medios de propaganda al servicio de uno de los bandos”. Y eso no es poca cosa, ya que asesta de un golpe de muerte a la credibilidad periodística.

CAPÍTULO 1

BREVE RESEÑA HISTÓRICA DEL CONFLICTO

“Saddam Hussein y sus hijos deberán irse de Irak en 48 horas. Si no cumplen, habrá un conflicto militar que comenzará cuando nosotros lo decidamos.”

El 18 de mayo de este año, el ultimátum del presidente de los Estados Unidos, George Bush, se hizo oír en el mundo entero.

Aunque el hecho se vislumbra cercano, lo cierto es que data de mucho tiempo atrás. Más precisamente, del 11 de septiembre de 2001, cuando el mundo observó por la pantalla de televisión cómo era vulnerada la seguridad del país más potente del mundo: dos aviones se estrellaban contra las Torres del Word Trade Center de Nueva York. Minutos después, algo similar ocurrió con el edificio del Pentágono.

Horas más tarde, en Nebraska, Bush anunció al mundo desde la base aérea de Bark Dale: “No se equivoquen, Estados Unidos encontrará y castigará a los responsables de estos actos cobardes”. El mensaje estaba dirigido, concretamente, hacia el supuesto mentor del atentado: Osama Ben Laden.

A partir de entonces, “la plaga terrorista que amenaza a todo el mundo” fue el pretexto para avalar cualquier tipo de ataque estadunidense contra Irak. Afganistán se vio invadido y vejado por las fuerzas aliadas (Estados Unidos e Inglaterra como figuras principales) con el objetivo de conseguir la cabeza de Ben Laden. Pese a la negativa de los embajadores de la ONU a respaldar una resolución que autorizara el uso de la fuerza, Estados Unidos lanzó la ofensiva militar en Irak, hecho que fue duramente cuestionado por Francia, Alemania y Rusia en el Consejo de la ONU.

Sin embargo, Bush justificó el ataque contra Bagdad con el argumento de que no se podía esperar a que países como Irak -o algunos de los países “terroristas”- utilizarán “armas químicas de destrucción masiva”. Fue entonces cuando comenzó a escucharse hablar de “guerra preventiva”. Preventiva y no prioritaria,2 porque se trata de legitimar la destrucción de una amenaza que aún no se materializó, que puede ser imaginaria o incluso, inventada. Lo cierto es que una potencia hegemónica no puede contentarse con proclamar su política oficial, debe imponerla como la nueva norma de las relaciones internacionales. Y sólo quienes poseen las armas pueden fijar las “normas” y modificar así, a su antojo, el derecho internacional.

Como señala Noam Chomsky: “Dentro de la nueva doctrina estadunidense, es necesario que el blanco a que apunta Estados Unidos responda a varios criterios. Debe ser indefenso, suficientemente importante como para justificar que suscite preocupación y aparecer no sólo como una ‘amenaza vital’ sino también como el ‘mal absoluto’”.3

Por cierto, Irak respondía idealmente a ese retrato. Cumplía, indiscutiblemente, esas dos condiciones. En cuanto a las siguientes, basta recordar las homilías de Bush, Blair y sus amigos: el dictador “fabrica las armas más peligrosas del mundo (para) someter, intimidar o agredir”. Esas armas, ya “las utilizó contra poblaciones enteras causando miles de muertos, heridos y lisiados entre sus propios ciudadanos (...) Si esto no es el mal, entonces ese término ya no tiene sentido”.4

El 1º de mayo de este año, sobre el puente del portaaviones Abrham Lincoln, el presidente Bush convocó a un espectáculo destinado a concluir la guerra en seis semanas. Sostuvo que acababa de obtener “una victoria en la guerra contra el terrorismo (al haber) suprimido a un aliado de Al-Qaeda”. Para The Wall Street Journal, el espectáculo “marca el lanzamiento de la campaña de reelección de 2004. La Casa Blanca espera que esa campaña se centre lo más posible en los temas de la seguridad nacional”.

Aunque haya tenido algún éxito, esta campaña de propaganda intensiva no consiguió modificar la opinión pública en cuanto a ciertos temas de fondo. Los estadunidenses siguen prefiriendo que sea Naciones Unidas y no Washington la encargada de gestionar las crisis internacionales, y dos terceras partes de ellos estiman que es la ONU -y no Estados Unidos- la que debe hacerse cargo de la reconstrucción de Irak.5

Como el ejército de ocupación nunca encontró las famosas armas de destrucción masiva, la posición de la administración de Bush pasó de la “certeza absoluta” de que Irak las tenía, a la idea de que “el descubrimiento de equipamientos potencialmente utilizables para fabricar armas” justificaba las acusaciones lanzadas.

Autoridades de alto rango propusieron entonces un “ajuste” del concepto de guerra preventiva que autorizaba a Estados Unidos a atacar a un país que posee armas mortales en gran cantidad. Esta modificación “propone que la administración de Estados Unidos actúe contra todo régimen hostil susceptible de querer y poder producirlas”.6

De esta manera, la principal consecuencia de la falta de fundamentos de las acusaciones invocadas para justificar la invasión fue el relajamiento de los criterios que autorizan el recurso a la fuerza.

El mayor éxito de la campaña de propaganda estadunidense fue, sin embargo, el acuerdo para aprobar la “visión” presidencial cuando Bush afirmó querer llevar la democracia a Medio Oriente, en el preciso momento en que demostraba, por el contrario, su extraordinario desprecio por ese concepto.

Pero la cólera de Washington contra la “vieja Europa” tiene raíces más profundas que el simple desprecio por la democracia. Estados Unidos siempre se mostró vacilante respecto de la unificación del viejo continente. Hace treinta años, en su discurso sobre “El año de Europa”, Henry Kissinger aconsejaba a los europeos ejercer sus “responsabilidades regionales” dentro del “marco global de un orden mundial” determinado por Estados Unidos.

“La misma solicitud se aplica en adelante al nordeste asiático, la zona de crecimiento más dinámica del mundo gracias a sus importantísimos recursos y sus modernas economías industriales. Esta zona podría a su vez acariciar la idea de cuestionar un orden mundial definido por Washington. Pero hay que mantener ese orden. A perpetuidad. Si hace falta, por la fuerza.”7

Jeffey Sachs, profesor titular de Economía y director del Earth Institute de la Universidad de Columbia, sostuvo que: “Las principales consecuencias de la guerra en Irak no surgirán en el campo de batalla. Vendrán más tarde y dependerán de si Bush y Blair pueden justificar su embestida contra un pueblo, en gran parte, indefenso”. Y agregó: “Ellos sostienen su posición debido a la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Irak, pero si eso no se logra probar, los dos merecerían ser liquidados políticamente. Sabemos que en un momento las tuvieron (químicas y biológicas), pero esto es porque Estados Unidos se las vendió”.8

El reconocido lingüista Chomsky declaró que “Estados Unidos quiere dominar el mundo, y para ello recurrirá a conflictos de esta magnitud para demostrar su avasallante poderío militar”.9

Y es que, a todas luces, el argumento que presentó Estados Unidos para iniciar un ataque es cuasi ridículo, además de que la negativa del gobierno estadunidense a las disposiciones diplomáticas de la ONU volcaron la opinión pública mundial en su contra. El control sobre los grandes yacimientos de petróleo que existen en Irak aparecía como el verdadero motivo de la insistente belicosidad estadunidense. Incluso, algunos de los más altos funcionarios de los Estados Unidos (el presidente Bush, el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, entre otros) están muy ligados a empresas petroleras de su país y hasta cumplieron funciones gerenciales en dichas empresas en el pasado, lo que hace más evidente el verdadero motivo que rigió los ataques.


CAPÍTULO 2

FUENTES DE INFORMACIÓN

En la noche del 19 de marzo para unos, la madrugada del 20 para otros, las redacciones de todo el mundo recibieron -palabras más o menos- el mismo flash o boletín de las agencias de noticias: “Estados Unidos ataca a Irak”. Minutos después, llegaba el primer eufemismo a modo de explicación: las bombas y los misiles que estaban sacudiendo a Bagdad iban destinados a “targets of opportunity”, según palabras del Departamento de Estado y luego del presidente George Bush.

La guerra ese día (noche, para algunos) era un hecho concreto. Como también lo fue el importante protagonismo periodístico que desempeñaron los informadores durante dicho conflicto bélico. Y es que hay algo que resulta inalterable más allá de cuales son las potencias que se enfrentan bélicamente: se trata de la necesidad de informar, por un lado; y por otro, la del público de saber detalles -lo menos distorsionados posible- acerca de lo que está ocurriendo.

Hoy -a diferencia de años atrás-, los cronistas de guerra trabajan en comunicación con sus medios y el público en tiempo real, gracias a la avanzada tecnología de la que disponen. De esta manera, imágenes y sonidos llegan al instante a cualquier lugar del planeta y es imposible ocultar nada o intentar pasar por alto el más mínimo detalle.

Sin embargo, la mayoría de las veces, el acceso a la información no resulta tan sencillo para los periodistas que se encuentran trabajando en las zonas de conflicto, es decir, para los corresponsales de guerra. Y es justamente aquí donde surgen los mayores interrogantes y se generan las más acaloradas polémicas: la credibilidad de las fuentes oficiales en tiempos de guerra.

Vale detenerse en este punto para explicar que cuando nos referimos a fuente informativa, adherimos a la definición de Héctor Borrat: “Toda persona, grupo de personas, institución, empresa, gobierno, religión, secta, club deportivo que ha visto u oído algo, que tiene documentos sobre ese algo y que está dispuesto a proporcionarlo a algún medio informativo por interés público o porque conviene a sus propias estrategias”.

Asimismo Borrat especifica que el concepto de fuente “es relacional: se refiere a ciertos comportamientos que un actor social puede desempeñar con relación a otro en un proceso de comunicación. Cualquier actor puede actuar como fuente de información y puede, asimismo, alternar modelos a lo largo de sus actuaciones del rol de fuente”.

Mientras algunos especialistas en información bélica creen que las condiciones en las que se desarrollan actualmente las guerras provocan una mayor dependencia de las fuentes habituales, otros piensan que la única manera de realizar bien su trabajo es acudir a fuentes alternativas, especialmente, algunos sitios independientes en Internet.

Durante la reciente campaña militar encabezada por Estados Unidos en Afganistán, muchos medios se vieron obligados a emplear exclusivamente fuentes militares estadunidenses, ya que la enorme extensión geográfica del país dificultó la cobertura in situ. Además, la falta de seguridad para los periodistas (el régimen de Sadam Hussein no ofrece ningún tipo de garantías de respeto a los informadores) imposibilitó a muchos medios a informar en tiempo real desde los lugares mismos donde se sucedían los hechos.

Como consecuencia, las fuentes oficiales han sido las únicas disponibles en muchos casos, y esto ha incrementado notablemente las posibilidades de ofrecer información poco precisa o incluso trasladar al público falsedades introducidas por los servicios de propaganda.

Sin embargo hay que reconocer que la cadena Al-Jazzera -la televisora de lengua árabe fundada hace siete años sobre el modelo de la CNN y la BBC- se convirtió durante la guerra en una “piedra en el zapato” para sus competidoras estadunidenses y británicas, manifestándose como una fuente de información alternativa que buscó romper con la uniformidad de la información enviada desde la CNN y la BBC a todo el mundo.

Y es que si algo hay que reconocer es que si bien Washington y Londres fueron los protagonistas únicos de la agresión, más allá de los medios bélicos propiamente dichos, existió una parte beligerante de la que casi no se habla, y que desempeña un papel fundamental en esta guerra criminal: el conjunto de los grandes consorcios informativos de Estados Unidos y sus subordinados del mundo.

Pero hay algo más: esta guerra fue el primer conflicto bélico en el cual existió un nuevo medio de información de masas: Internet. Y así como la situación ha despertado pasiones violentas en la calle y manifestaciones pacifistas en todos y cada uno de los rincones del planeta, también dio nacimiento a una nueva generación de periodistas independientes (warbloggers) que salieron a la calle con teléfono móvil, cámara y portátil para relatar todo lo que estaba ocurriendo en la zona de conflicto. Muchos no son profesionales, muchos no trabajan para ningún medio oficial. Pero todos trabajan veinte horas al día para ofrecer información de primera mano. Actualizada. Sin censuras.

Lo cierto es que tanto unos como otros (es decir, los tradicionales corresponsales de guerra o los ahora llamados warbloggers) no desconocen la relación directa que existe entre fuente informativa y noticia. Tan directa es esta relación que la elección y selección de fuentes va a condicionar, sin duda, la labor en un periódico, emisora de radio, televisión o agencia de noticias.

Por ello, tener buenas fuentes informativas significa ser menos dependientes de ciertas partes interesadas, o como dice Borrat,10 cuanto más intensos y plurales sean los flujos de información, “menor será para el periódico la necesidad de usar la información filtrada o la información investigada y a la inversa”.

En la vorágine del trabajo diario (y más aún en plena zona de conflicto), tener buenas fuentes informativas es una garantía de que se está en mejor posición que otros medios para obtener la primicia. Pero para ello, los corresponsales de guerra deben haber tejido una amplia red de contactos, estableciendo con cada uno de ellos una especie de protocolo que les permita acceder a las noticias y, al mismo tiempo, evitar intoxicaciones, es decir, “cualquier intento de proporcionar informaciones falsas a un medio con el objetivo de crear un estado de ánimo favorable o desfavorable a determinadas instituciones, empresas o personas”.11

Corresponsales de guerra

La figura del corresponsal identifica a un tipo de periodista profesional que se presenta a la vez en las agencias de noticias y en diarios, revistas y emisoras de radios y de televisión: trabaja para cualquiera de estas organizaciones, de manera permanente, fuera de la sede central de la redacción sea dentro o fuera del país. Su función es suministrar informaciones, comentar los acontecimientos y representar al medio ante organizaciones de todo tipo.

Entendido en estos términos, el corresponsal es el típico habitante de la diáspora periodística destinado a trabajar en uno de los lugares donde el periódico concentra sus esfuerzos informativos. Situado fronteras afuera, parece el equivalente periodístico del embajador o del cónsul.

Borrat distingue tres modelos alternativos de actuación de los corresponsales:

  • El corresponsal del periódico se limita a recoger y reescribir la información de aquellas fuentes profesionales del área afines a la línea del medio. No crea: reproduce, cita, glosa, plagia.
  • El corresponsal del periódico recoge, interpreta y reescribe la información procedente de diversas fuentes profesionales del área, sean ellas afines o no a la línea del medio. Crea como intérprete de lo ya informado por las fuentes profesionales.
  • El corresponsal del periódico ensambla la recogida, interpretación y reescritura de diversas fuentes profesionales con la propia búsqueda en las fuentes (no solamente profesionales) de que él dispone. Crea como intérprete de informaciones ajenas y como productor e intérprete de sus propias informaciones.

Estos tres modelos de comportamiento generan relatos informativos muy diversos:

  • Los del primer modelo son tan pobres que el mantenimiento de la corresponsalía sólo se explicaría como emblema del prestigio internacional del medio.
  • Los del segundo modelo legitiman la existencia y los costes de la corresponsalía como complemento útil de las otras fuentes.
  • Los del tercer modelo demuestran la necesidad de una corresponsalía.

Lo cierto es que fuere cual fuere el tipo de corresponsal que el medio envía, el mismo ejerce sobre unos y otros cierto grado de control. A todos ellos se les exige que, apenas instalados, dispongan de sus propias fuentes de información. Gran parte de esas fuentes las reciben de sus predecesores en el cargo; las otras quedan libradas a su propia iniciativa y a las sugerencias que les hagan llegar sus jefes.

Las fuentes del correponsal pueden ser de muy diversa naturaleza: miembros del gobierno, de la administración y de las fuerzas políticas de esas áreas; de los sindicatos; de las embajadas, etc. Típicamente, entre esas fuentes se destacarán sus pares: los informadores del área y sobre todo los otros corresponsales extranjeros, a quienes frecuenta como compañeros en la faena profesional y en ciertas asociaciones que le aseguran encuentros periódicos y le facilitan las búsquedas informativas compartidas.

Corresponsales de ayer y de hoy

Las muertes y los incidentes registrados recientemente en Irak recordaron a muchos la guerra de Vietnam: el mayor trauma de los estadunidenses, donde incluso, un periodista argentino, Ignacio Escurra -que viajó enviado por el diario La Nación- perdió la vida.

Las comparaciones son inevitables pero las diferencias enormes, ya que en estos casi cuarenta años transcurridos las cosas cambiaron espectacularmente. La informática, las computadoras e Internet aseguran la más amplia libertad de prensa y de expresión, aunque hay aún comunidades a las que se les ha negado el acceso a la tecnología y que siguen ignorando que hay otro mundo fuera de ese en el que han sido encerrados por intereses ideológicos o religiosos, como sucedió con buena parte del pueblo iraquí.

Vietnam era distinto. Para los periodistas que cubrieron entonces aquella batalla, comunicarse con el diario para el cual trabajaban o con la familia era una misión verdaderamente imposible: las líneas telefónicas hacia el exterior no existían y el correo tardaba demasiado tiempo en despachar correspondencia. No se habían inventado aún las cámaras digitales y había que revelar, imprimir y mandar las fotos por vía aérea, algo tan complicado por las combinaciones que había que programar desde ese lugar que las posibilidades eran que llegaran a Buenos Aires con una demora de entre una semana y un mes, salvo los pocos medios que disponían de una amplia infraestructura de apoyo detrás, radio mediante, que posibilitaba la comunicación y el envío de “radiofotos” sin mucha confiabilidad y mucho menos calidad.

Así, la noticia más fresca que llegaba al público tenía entre 48 y 72 horas de atraso. Hoy, en cambio, llegan en tiempo real, es decir, mientras está sucediendo.

Jorge Iglesias, periodista y corresponsal de guerra en Vietnam para el diario El Mundo, explicó que “había a diario en Saigón una conferencia de prensa de los estadunidenses y otra de los survietnamitas, pero para ver cuál era realmente el clima había que salir a la calle, tratar de comunicarse con la gente y viajar a la selva, hablar con los soldados en plena acción, en el Delta del Mecong, por ejemplo, que es donde yo estuve durante un mes. El panorama general variaba fundamentalmente”.12

Así, Iglesias destacó que en pleno conflicto bélico “no hay forma de corroborar la veracidad de las fuentes y el origen de los rumores, hay que oír todas las campanas, hacer un cuidadoso análisis y agregarle la apreciación personal. Dados los graves intereses en juego en estos casos, es imprescindible oír todos los rumores, manejarlos equilibradamente y, si es posible, citar a las fuentes”. Y agregó que “el valor de la información está en el balance que hace el corresponsal, con el valor agregado de su experiencia personal en el campo de acción”.13

De esta manera, el periodista que hoy se desempeña en el diario Crónica resaltó que “la perfecta objetividad no existe. Una crónica sobre un mismo asunto desarrollada por Página/12 e Infobae, seguramente serán diametralmente distintas (salvo circunstancias muy especiales y puntuales). Lo que es un planteo objetivo para uno, tal vez no lo sea para el otro. Pero de esta exposición de ideas y conceptos, en definitiva saldrá la verdad”.14

Frente al cuidadoso manejo que se debe tener respecto de los mensajes desinformativos, Iglesias explicó que “la noticia está ahí y depende de nosotros y del medio, de qué forma será trasmitida. Siempre seguirán teniendo vigencia los ‘cómo, cuándo, quién, dónde, porqué’. Si uno está seguro que respondió lealmente a estos puntos, la misión estará cumplida, cualquiera sea el hecho y el escenario. Cuando el lector es engañado debe quedar bien claro que la responsabilidad es de las particulares circunstancias en que se desarrolla la noticia y de las fuentes. Cuando la sospecha recae sobre el periodista o el medio, ahí estamos en un problema”.15

Mientras en Bagdad los cronistas estaban en medio de la guerra formal, en Saigón estaban rodeados por una guerra no convencional: las explosiones, los disparos, los ataques podían llegar de cualquier lado y en cualquier momento sin poder ver jamás quién atacaba. Pero lo cierto es que hoy como ayer, cualquiera fuera la guerra, el riesgo para los cronistas fue y seguirá siendo el mismo.

El decimoséptimo día de ofensiva se produjo un hecho que causó indignación en la comunidad periodística mundial: un tanque de las fuerzas estadunidenses disparó un misil contra el hotel Palestina, en el cual se encontraban alrededor de 200 periodistas.

La vocero del Pentágono, Victoria Clarke, declaró que las tropas de Estados Unidos actuaron en defensa propia, ya que el ataque a dicho hotel obedeció a disparos de francotiradores que provenían del interior del edificio. “Estamos en guerra. Se combate en Bagdad y nuestras tropas fueron atacadas, por lo tanto, ejercitaron su derecho a la autodefensa. Advertí a los periodistas que esto era peligroso, y que nadie está a salvo en una zona de guerra”.16

Y es que para el Pentágono hay dos clases de periodistas: los protegidos, que se insertan en las tropas (embedded) y aceptan las normas y limitaciones que les imponen los militares, y aquellos otros que trabajan de manera independiente, cuyo desplazamiento es desconocido por las tropas. Las respuestas de los periodistas no tardaron en hacerse oír. Gustavo Sierra, de Clarín, comentó que: “Si estaban en el techo, para qué dispararon a los pisos 14,15 y 16, bastante más debajo de la terraza, a la cual se accede desde el piso 20”.17

Por su parte, Stella Calloni destacó que la invasión de Estados Unidos contra Irak “periodísticamente debe tratarse como invasión y no como guerra porque no es una guerra declarada, hay un montón de condicionamientos que hacen que esto sea una invasión pírrica en un proyecto de colonización. Allí han muerto muchos periodistas. Hay muchos heridos de medios muy pequeños que no se sabe, lo cual puede elevar la cantidad de muertos a una cifra que no se ha visto en mucho tiempo en una guerra, ni siquiera en las coberturas de la ex Yugoslavia, ni en Afganistán, donde la cobertura muchas veces se hizo desde la frontera con Pakistán”.18

Y agregó: “Hay que tener en claro que una cobertura de guerra no es el éxito de una primera plana, una cobertura de guerra es cubrir una guerra, es ver morir gente, es ver injusticias terribles. Es saber cómo vas a desarrollar tu trabajo. Hay una enorme responsabilidad que le cabe a una corresponsal de guerra en estas situaciones, porque se trata de vidas humanas y una información de un corresponsal de guerra a veces, por tener un espacio de primera plana, puede significar la vida de muchísima gente. Este tema preocupa muchísimo a la gente de derechos humanos y a la Cruz Roja Internacional: la conducta de un corresponsal de guerra tan ligada al problema ético. Allí cualquier información, cualquier amarillismo, estos exitismos que buscan muchos, pueden significar la vida de mucha gente”.19

Justamente es en este punto donde cobran real importancia las fuentes de información, las cuales Calloni entiende como “el lugar de donde uno puede obtener precisamente los elementos necesarios para hacer una información lo más precisa posible. Para esto no hay que recurrir a diferentes fuentes, sino que muchas veces el manejo serio de una sola es suficiente”.20

En cuanto al desempeño que tuvieron los medios de comunicación frente a la contienda, la periodista resaltó que “todo el proyecto de la maquinaria estadunidense de controlar la información para esta guerra como había sido con la guerra del Golfo, por ejemplo, fue derrotado por esa presencia de corresponsales de países que no entraron en la guerra, que no acompañaron en la invasión, como Francia, Alemania y otros, que fueron a hacer la cobertura y no tuvieron la necesidad, como en la ex Yugoslavia, de pasar la información a fin de las necesidades del mayor protagonista de esa guerra. Entonces pudieron hacer un trabajo muchísimo más serio y más responsable”.21

Respecto de la manipulación de la información por parte de la CNN, Calloni reconoció que “se tuvo que adscribir a las órdenes militares de Estados Unidos, porque no quedó nada fuera del control militar; así que la CNN transmitió con su gente y con las tropas y no pudo a veces hacer una transmisión cuando ya la presión internacional se hizo muy fuerte, por ejemplo”.22

En tanto, explicó que a diferencia de otros enfrentamientos “esta vez hubo más escape de información para descubrir, a diferencia de la Guerra del Golfo donde el hermetismo fue absoluto. Salvo un periodista de la CNN que hizo una cobertura a su manera, el resto estaba manipulado de tal forma que si vos mirás lo que mostró la TV en la Guerra del Golfo y lo que se vio ahora, se puede extraer una visión exacta a través de imágenes abrazadoras, luces de helicópteros, pero no muertos. Tampoco se los vio en Panamá, aunque uno se enteró después de la cantidad de víctimas. Es decir, hubo una diferencia y fue positiva; a pesar de que el entramado que se había armado para impedir la fuga de información era mucho más grande que en ninguna de las otras dos ocasiones”.23

Desinformación y nuevas tecnologías

“En los últimos tiempos se ha notado también la frivolización de la noticia: primero en la manipulación de las noticias, en la tragedia de haber quedado prisioneros o cautivos de los grandes medios que nos transforman en repetidores de la desinformación. Si se observa la televisión acá, es una repetidora y esa es la única misión que tiene: repetir. Nosotros no tenemos autonomía informativa porque en este momento estamos muy empobrecidos, y esto convierte a la situación en algo muy complejo”, destacó Calloni.24

Respecto de la objetividad a la hora de informar en una contienda bélica, la periodista cita a Franz Fanon, quien decía que para los colonizados la objetividad va siempre contra ellos. “Si yo cuento la invasión de Afganistán, el invasor va a decir que yo soy subjetiva, aunque yo esté contando sólo lo que veo. Estos temas generan mucha confusión a la gente y le permiten a muchos canallas crear situaciones de desestabilidad a un país mientras ellos se resguardan en el tema de la objetividad y a veces la gente no tiene respuesta. La objetividad está ligada a la verdad y no a la necesidad del medio en que trabajo o la necesidad de un invasor. Es inevitable el involucramiento porque somos seres humanos y nunca se verá una violación tan grande de todos los derechos humanos como en una guerra. Hay que tener cuidado con esta idea del posmodernismo de convertirnos en robots de la noticia”.25

Respecto de cuáles son las formas para enviar la información, teniendo en cuenta que puede ser riesgoso, Calloni explicó que “todo requiere de una gran creatividad, de imaginación. Es la manera de mantenerte en una guerra. Como decían los franceses, ‘la imaginación al poder’, el otro requiere más que imaginación para apropiárselo. Si estás en una zona controlada por paramilitares, dónde vas a despachar, ellos tiene controlado el teléfono, los telégrafos. Entonces ahí tenés que utilizar la imaginación. Siempre tenés algunas fórmulas”.26

En cuanto al papel que jugó Internet en la transmisión de información, destacó que “el poder no puede controlar Internet. Pueden interferir, pero no pueden controlar, porque además tienen una pobreza intelectual muy grande y sus buscadores son muy elementales que llevan al error. Tienen una gran alienación y ese es su talón de Aquiles, y como nosotros (los periodistas) somos especialistas en romper talones de Aquiles tenemos mucho por hacer”.27

Corresponsales argentinos en la guerra: El caso Gustavo Sierra y Elisabetta Piqué

El enviado del diario Clarín, Gustavo Sierra, llegó a suelo irakí una semana antes del inicio de los ataques de las fuerzas aliadas. Fue el único periodista argentino que logró conseguir una visa y, de esta manera, poder estar desde un primer momento en la ciudad de Bagdad. Esto le permitió no sólo conocer cómo era la vida de un pueblo a horas de una guerra, sino también difundir de “primera mano” la información desde un lugar en donde todos estaban esperando que se desatara el conflicto bélico.

Sierra se instaló en el hotel Palestine -invadido de corresponsales extranjeros- y desde allí empezó a vivir la guerra.

El jueves 20 de marzo, una vez vencido el plazo otorgado a Saddam Hussein, se iniciaron los ataques sobre la capital irakí. A partir de ese momento, Sierra se comunicó diariamente con el diario, enviando sus notas desde su herramienta más preciada: un teléfono satelital que le permitía comunicar imágenes, voz, texto, fax, Internet.

El bombardeo sobre el territorio de Irak duró algo más de 20 días, luego que la ofensiva aliada lograra tomar Bagdad. Fue entonces cuando la posguerra comenzó a vivirse con preocupación entre los iraquíes, con la caída del régimen de Saddam Hussein y al no ver con buenos ojos la ocupación estadunidense en su país.

Gustavo Sierra lo comentó en una de sus crónicas diarias al decir que “acá, la mayoría de la gente no quiere a Saddam, pero tampoco cree que esos marines que vienen en esos enormes tanques vayan a ser la solución de nada”.28

Se iniciaron los saqueos por las calles de Bagdad, y al intentar buscarle una explicación Sierra señaló que “es como si la gente hubiera salido apropiarse de una parte de lo que sabe que le pertenece pero que el régimen de Saddam le venía quitando desde hace muchos años”.29

Sobre el futuro de un país desbastado por las bombas, el periodista indicó que “ahora, sólo queda saber en cuánto tiempo más se impondrá el nuevo régimen, quiénes serán los nuevos gobernantes, de dónde saldrán y si Saddam entrará en la galería de los grandes fugados después del 11 de septiembre junto a Osama Ben Laden y al mullah Omar de Afganistán”. Y agregó que “los iraquíes antes de la caída del régimen e inmediatamente después siempre fueron muy claros sobre lo que querían para el futuro. Nadie aquí cree que un gobierno impuesto por Estados Unidos vaya a sobrevivir por mucho tiempo. Y consideran que todos los dirigentes opositores que viven fuera del país son unos traidores, por lo tanto, indignos de regresar a participar de ningún gobierno de transición”.30

La censura y la manipulación de la información tampoco estuvo ausente en este conflicto. Cualquier movimiento de los periodistas que estaban alojados en el hotel Palestine era celosamente controlado por un grupo de censores del régimen, quienes le cobraban una suma de dinero a cada corresponsal, según la herramienta que contara para trasmitir información.

Al respecto, el corresponsal de Clarín mencionó en unas de sus crónicas: “Anoche dieron las nuevas reglas para los periodistas. Un decálogo, cuyo mayor propósito es obtener fondos frescos en dólares. Otra vez uno no se puede mover sin 'guía' (exigen un pago de 25 a 30 dólares por día)”. Además “exigen el pago por adelantado de 150 dólares diarios para poder tener un teléfono satelital y 350 por equipo de TV. Hay colegas de la prensa gráfica a los que les han pasado ayer facturas por 13.000 dólares, que es la suma de lo que deben por su teléfono desde que llegaron a Bagdad”.31

Siguiendo con la censura y la propaganda durante la guerra, Sierra -como el resto de los enviados- vivió la manipulación de la información. El control sobre lo que se informaba se encontraba tanto del lado estadunidense como del iraquí. “Hay presiones y maniobras de los dos bandos para intentar manipular la información y a los periodistas que cubrimos este conflicto”.32

“Por la mañana, decenas de corresponsales tenemos que esperar varias horas en la puerta del hotel Palestine la partida de los autobuses del gobierno que supuestamente nos llevarían al frente de batalla. Es la única vía oficial para salir de este lugar y de poder ingresar a los sitios bombardeados”, reconoció el enviado especial y remarcó: “Ahora a los censores del régimen saddamista se les ocurrió que se puede filmar desde la planta baja del hotel o de la terraza, pero no desde los balcones de los cuartos, como todos venimos haciendo. Quieren requisar todos los trípodes de las cámaras. La propaganda y la censura en las guerras no tienen límites”.33

A pocas horas de la caída de Bagdad en poder de las tropas aliadas –concretamente, el 8 de abril-, una fuerte explosión se sintió en el interior del hotel Palestine. El tremendo impacto provocó la muerte de dos camarógrafos y el resultado de esta guerra -tan desigual como incomprensible- causó la muerte de 11 periodistas.

Al respecto, Gustavo Sierra señaló que “un rato más tarde, aparece alguien diciendo que el Pentágono admitió que uno de los tanques, en el puente, disparó al hotel porque desde el edificio habían recibido fuego de francotiradores. En el Palestine hay 300 periodistas desde hace veinte días y ninguno de nosotros jamás vio a nadie armado fuera del lobby del hotel y nunca se vio ninguna evidencia de que desde allí pudieran estar operando algunos milicianos y mucho menos soldados del ejército iraquí”.34

Una mujer en el frente

La corresponsal del diario La Nación, Elisabetta Piqué, estuvo en diferentes guerras (Bosnia, Kosovo, el conflicto palestino-israelí y Afganistán, entre otras), por eso su objetivo esta vez también era Bagdad. Negada la visa para poder ingresar a Irak, Piqué decidió esperar el inicio de las acciones desde Kuwait para a partir de ese momento, poder ingresar a Irak siguiendo a las tropas aliadas, hecho que finalmente logró cuando llegó a Bagdad y las tropas de los Estados Unidos ya habían tomado el control de la ciudad.

Para poder cubrir e informar qué estaba sucediendo en territorio iraquí, se debió trasladar -junto con un grupo de periodistas italianos- desde Kuwait City hacia el foco del conflicto. La meta era Bagdad y tras varios días de intentos fallidos lo consiguió. Luego, finalizado el conflicto bélico, Piqué, al referirse a lo absurda de esta guerra, señaló que “el fin es desterrar de raíz la red terrorista que amenaza el mundo. Una operación que se avizora infinita, que comienza con una inútil guerra en Afganistán, a la que le sigue una inútil guerra en Irak”.35

Y agregó: “Creo que es más inútil que las demás esta guerra porque va a provocar el efecto contrario al deseado, que es prevenir el terrorismo. Es obvio que va a multiplicar el terrorismo en todo el mundo, y además a acentuar el choque de civilizaciones, el choque entre Occidente e Islam”.36

Por último, la enviada de La Nación mencionó que la operación desplegada en Irak llamada “Libertad Duradera” fue “bautizada cínicamente ‘Libertad iraquí’, y comenzada luego de la devastación de la ONU -que jamás legitimó la operación querida a toda costa por George W. Bush-, la guerra en Irak tenía como fin eliminar las armas de destrucción masiva que escondía Saddam Husseim. A fines de mayo de 2003, aunque Irak ha sido ‘liberado’ del despiadado dictador -cuyo terrible régimen fue apoyado por Estados Unidos durante la guerra contra Irán-, nadie sabe dónde está Saddam. Y, hasta ahora, ninguna persona ha encontrado armas de destrucción masiva. En medio del caos (porque hay grandes divisiones entre los chiítas, los sunnitas, los kurdos), Estados Unidos -una superpotencia que los iraquíes detestan porque son conscientes de que su intención es controlar el petróleo, más allá del plan de democratización de Medio Oriente- intenta dar vida a su protectorado”.37

Cabe mencionar en este punto un dato por demás importante: Irak tiene reservas de petróleo por unos 112 millones de barriles de crudo, lo que lo convierte en el segundo productor a nivel mundial.

“Inevitablemente, como los talibanes en Afganistán, también la gente de Saddam se está reciclando en Irak, para amoldarse a la nueva realidad. ¿Valieron la pena todos esos bombardeos sobre un país en el que no había nada que bombardear, que ya estaba destruido por la guerra de Irán, por la primera guerra del Golfo y por el embargo?”38

Medios de comunicación nacionales: El caso Clarín y La Nación

Durante el conflicto bélico entre Irak y Estados Unidos, La Nación ha mantenido una posición equilibrada si se la compara con la que adoptó Página/12 (de marcada tendencia antiestadunidense) y la que tomó el diario Clarín (que tendió en cada nota a lograr una objetividad aparente).

Fue así como el diario fundado por Bartolomé Mitre utilizó el humor gráfico (en clara alusión a Bush y su interés por el petróleo) y las notas de opinión por parte de periodistas especializados en el tema para acercarle al lector diferentes elementos que le permitiesen, de alguna manera, sacar sus propias conclusiones.

Asimismo mostró no sólo los aconteceres de la guerra por parte de la prensa aliada, sino que además presentó aquello que difundía el periodismo árabe. De esta manera, La Nación ha mostrado la importancia que dio no sólo al tratamiento periodístico mundial sobre la contienda bélica, sino que además puso el acento en los distintos hechos que tuvieron como protagonista al trabajo de los cronistas y corresponsales en Irak. Ejemplo de esto fueron las duras críticas de Tony Blair a la BBC, la expulsión de Gerardo Rivera de Bagdad y el ataque al hotel Palestina.

Por su parte, el posicionamiento que el diario Clarín adoptó ante el acontecimiento bélico puede ser calificado de muchas maneras, pero antes que nada, de oportuno. Esta afirmación se debe no sólo a un sentido político, sino también comercial y coyuntural, pero que no refleja un consciente posicionamiento ideológico por parte del matutino.

Pese a la marcada “objetividad” que quiso transmitir ante los hechos, el diario adoptó una acertada posición crítica de los ataques, lo cual se asemejaba con el sentir de la opinión pública. Esta ubicación de Clarín ante los acontecimientos no se presenta al principio mismo de la ofensiva, sino tiempo antes, con la aparición en sus páginas de voces muy críticas frente a la belicosidad estadunidense.

Por ejemplo, publicó en sus páginas una nota a Gore Vidal, un reconocido intelectual estadunidense que acusa al gobierno de su país de haber posibilitado conscientemente los ataques a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, y denuncia la relación de la administración Bush con las compañías petroleras, lo que a su entender explicaría su obsesión por invadir Irak.39

Una vez iniciado el ataque, Clarín continúa en la misma línea. El mismo día en que comienza la ofensiva misilística estadunidense (es decir, el 23 de marzo) aparece en el Suplemento Zona del diario, una nota sobre las posiciones adoptadas por los distintos países de América Latina, donde se resaltan las posturas más críticas y se establecen los posibles impactos en la región de la iniciativa militar estadunidense.

Entre las voces de los diferentes diplomáticos latinoamericanos, Clarín destaca aquellos que aparecen más contrarios al ataque, como por ejemplo, la del argentino Juan Tokatlián, quien dijo que “lo importante y terrible es que Estados Unidos se arrogue el derecho de cambiar cualquier régimen político”.40

Entrevista a Paula Lugones

P: ¿De qué manera realizaron la cobertura con el corresponsal Gustavo Sierra?

PL: La decisión de enviar a Sierra fue tomada antes de iniciarse el conflicto. Él venía preparándose unos cuantos meses antes y por suerte pudo conseguir una visa que era muy difícil de conseguir. Teníamos dos maneras de cubrir la guerra: una, independiente a Bagdad, y la otra ir con el Ejército de Estados Unidos. También cabía la posibilidad de ingresar con las tropas desde Kuwait -que era lo que se esperaba que iba a pasar-. Así como La Nación eligió tener a su corresponsal en Kuwait e ir avanzando a medida que lo hacía la tropa de Estados Unidos, nosotros preferimos que Sierra llegara antes que avanzara el ataque (una semana antes aproximadamente).

P: ¿Esto qué les permitió?

PL: Fundamentalmente recoger de primera persona y relativamente sin ningún tipo de fisura la información de la calle de Bagdad, lo que de pronto otros medios no pudieron tener. Es decir, trabajar con una de las fuentes principales de información. Después por supuesto teníamos todo la apoyatura de las agencias de noticias, porque nosotros estamos subscriptos a las principales y a los grandes diarios del mundo; esto significa que podemos publicar las notas que ellos publican sin ningún tipo de problemas. De esta manera, nuestra fuente de información era una combinación de todo: nuestro corresponsal en Washington -que también proveía información de la guerra-, Ana Barone; Marina Aisen, que estaba en Nueva York cubriendo todo lo que ocurría con la ONU; Sierra en Irak, y después el flujo permanente de las agencias de noticias. Fue un arduo proceso de selección de información.

P: ¿Cómo se mantenían comunicados con Sierra?

PL: Él se fue con un teléfono satelital desde donde enviaba sus notas. A veces era muy difícil comunicarse, entonces enviaba su material temprano y nosotros lo íbamos actualizando. Generalmente mandaba dos o tres notas, cuando nosotros llegábamos a la redacción ya teníamos una propuesta suya, le dábamos el OK y él la mandaba.

P: ¿Y la comunicación era diaria?

PL: Sí diaria. En general hablamos todos los días, incluso en los peores momentos nos pudimos comunicar a través del messenger.

P: ¿Cuál fue el tratamiento que se le dio a la información? ¿Tuvieron algún tipo de restricciones?

PL: Los textos de Gustavo, como eran escritos de guerra, los fuimos guardando en cajas, y algunas veces editamos algo aunque generalmente salía todo lo que él escribía sin ningún problema. Fue una edición común, no había ningún tipo de presiones porque lo que intentamos siempre fue ser imparciales. No sólo teníamos todos los días un bombardeo de información de un solo lado -salvo la BBC, era todo del lado estadunidense-, sino también la visión de Gustavo del lado Iraquí, entonces contrarrestábamos eso que de pronto algunos diarios en algún punto no lo lograron. Teníamos acceso a la cadena árabe Al Jazeera a través de las cadenas de televisión, por ejemplo.

P: ¿Tiene credibilidad esta cadena?

PL: Sí, de todas maneras, siempre citamos la fuente. Si por ejemplo Al Jazeera decía que su propia fuente ‘tal cosa’, nosotros mandábamos la información confirmando quién la decía. No nos ‘hacíamos cargo’.

P: Hasta antes que viajara Sierra -que es cuando se empezó a hablar de la posible invasión a Irak por la existencia de armas químicas-, ¿cómo manejaban la información que mandaban los medios, tanto la que podía llegar del continente asiático como de otros países?

PL: De la misma manera. En ese momento la información era muy confusa e intentábamos consignar las dos partes, sobre todo el bombardeo muy grande de las agencias estadunidenses. Nosotros no nos poníamos de un solo lado, sino que pusimos el énfasis también en otras visiones que no eran las de Estados Unidos a través de corresponsales en Europa.

P: ¿Qué opinión le merece la manipulación de la información de los medios estadunidenses en cuanto a generar dentro de la opinión pública mundial la idea de que había que invadir porque existían armas químicas, aun cuando no estaba confirmado?

PL: Creo que se sumaron los medios quizás imbuidos por el discurso post 11 de septiembre o el discurso de Bush. Creo que no fueron lo suficientemente críticos de las argumentaciones que dio Bush para ir a la guerra, de hecho muchos de ellos están haciendo un mea culpa, reconociendo que cometieron errores y no chequearon demasiado bien las informaciones que alegremente daba Bush. Por el contrario, cuando éste se largó a la guerra hubo una especie de sumisión de los medios que dijeron: ‘Bueno, ahora que estamos en guerra tenemos que apoyar al gobierno como una especie de cosa patriótica que con el correr del discurso de la guerra un poco fue aflojándose hasta que ahora se tiene una actitud un poco más crítica’.

P: ¿La intención de Clarín fue que Sierra siempre estuviera en Bagdag o en un momento se discutió ir detrás de las tropas estadunidenses?

PL: No, en ningún momento. Consideramos que esa era la mejor opción porque íbamos a tener mucha información de ese lado; ahí había un montón de periodistas y si iba, iba a estar un poco encorsetado porque con las tropas muy cerca se está censurado todo el tiempo. Es más, los periodistas tenían que firmar un contrato de las cosas que iban a decir antes; en cambio en Bagdag había un espacio para explotar menos conocido: el lado de la historia, el contacto con la gente, etc.

P: ¿Qué cambió de la primer guerra (La tormenta del desierto) a ésta de Irak en cuánto a cómo se generaba la información desde el propio lugar del conflicto?

PL: En ese momento yo estaba trabajando en el diario, pero no en internacionales. De todas maneras recuerdo bien el tema de la cobertura, la información prácticamente era muy escasa, muy limitada y desde un solo lado, porque prácticamente no había periodistas en Bagdag; además el uso de las tecnologías y las tecnologías mismas eran otras: no había telefonía satelital, no había Internet, realmente era algo muy complicado de transmitir. Incluso las tecnologías estaban disponibles de manera deliberada porque Estados Unidos no quiso que esa guerra se diera a conocer masivamente. Nunca se vieron muertos, nunca se supo cuántos muertos hubo, por el contrario, la imagen que todos recuerdan es la pantalla verde y las lucecitas titilando sin entender bien qué eran. En este caso decidieron hacer -supongo que por decisión de los medios- un peritaje especial del Pentágono para que la gente tuviera acceso de primera mano a la información. Habilitaron un sistema que permitía llegar a periodistas con las tropas pero de alguna manera estaban muy controlados.

P: ¿Crees que fue deliberado?

PL: Totalmente. Es una manera de decirles a los periodistas: ‘Los dejamos ir, tienen su cobertura, pero a la vez están totalmente restringidos y controlados’. En definitiva no sirvió al lector para enterarse de lo que estaba ocurriendo porque no muchos medios estadunidenses tenían gente en Bagdag, se escuchaba una sola campana y, paradójicamente, los estadunidenses se fueron enterando de cosas que pasaban a través de Al Jazeera, lo que obligó a la CNN a contratarla para oír las cosas que ocurrían en Bagdad.

El caso de Sierra fue algo especial por el tipo de cobertura que tuvo: convertirlo de alguna manera en un personaje central en toda esta historia. El tema es que no podían entrar, había un corresponsal en Kuwait y había otro corresponsal en Washington. Y la verdad es que la cobertura hoy tiene un impacto mayor en ese sentido porque hay un gran capital audiovisual. Esta guerra fue muy transcendida, un impacto en los lectores, en la gente común, en la gente mayor. Repito, las nuevas tecnologías hacen que tengas las guerras en el living de tu casa, esta es la gran diferencia con otras contiendas en el pasado.


CAPÍTULO 3

¿QUÉ SON, DE DÓNDE VIENEN, CUÁNDO APARECIERON Y CÓMO SE CREAN LOS WEBLOGS?

En la reciente guerra de Irak, los weblogs se establecieron como principal fuente de información del cibernauta. Rápidamente fueron reconocidos como warlogs: sitios independientes en Internet con información de cualquier tipo concerniente a la guerra.

¿Qué es exactamente un weblog? “Exactamente” es una palabra demasiado precisa para aplicar a los weblogs, cuya definición varía según quien la formule. Son fáciles de crear y de mantener operativos, pero, paradójicamente, los weblogs (también llamados “blog") son un espacio personal de escritura en Internet que contiene links a cierto número de sitios seleccionados según el tema de la página o el criterio de su autor.

¿Cuándo explotaron? El concepto existe desde los albores de Internet, cuando Tim Barners Lee, uno de los “padres” de la Web, subió a la red una página en la que listaba cada nuevo sitio que iba apareciendo. La explosión de la tendencia que le cambió la cara a Internet derivó de la aparición de las herramientas que permitieron automatizar la creación y el mantenimiento de los sitios. La razón es sencilla: sólo así, cualquiera –no requiere conocimientos previos- puede poner on-line su propio weblog.

¿Cuáles son esas herramientas? Las más utilizadas son Blogger, Movabble Type, Antville y Pitas. Cualquiera de ellos garantizan la creación y publicación de un weblog, una operación que es tan sencilla como elegir un nombre de usuario y un “password”, escribir un artículo y publicarlo. La explosión que impulsaron las herramientas en cuestión llevó a los weblogs a las páginas de los medios tradicionales y disparó debates sobre la utilidad/calidad/peligro de este tipo de sitios.

Enfrentamientos entre medios tradicionales y sitios particulares de Internet

Durante la reciente guerra, los “blogs” se han convertido en una alternativa a la información que ofrecen las grandes cadenas noticiosas. Y es que se trata de sitios de Internet que contienen diarios de guerra escritos por ciudadanos iraquíes, analistas políticos y militares que se encuentran en la zona de conflicto.

Algunos, como el administrado por Salam Pax (dear-read.blogspot.com), un residente de Bagdad cuyo nombre significa Paz, ofrece información de la vida cotidiana en las ciudades del país, así como relatos personales sobre los sentimientos del pueblo iraquí por la guerra, su presidente y la invasión estadunidense.

Según Tim Goodman, columnista del diario San Francisco Chronicle, los medios de comunicación tradicionales ignoran casi por completo las voces que se levantan en todo el mundo en contra de la guerra y pasan por encima de lo que piensa el pueblo de Irak. Goodman afirma que la falta de equilibrio y de imparcialidad en la información tradicional ha llevado a buena parte de los internautas, especialmente a los activistas de la paz, a informarse a través de las páginas actualizadas por quienes conviven con el conflicto.

Diferentes informes de empresas estadunidenses dedicadas a medir el impacto de los medios de comunicación señalan que cada vez más lectores de ese país prefieren buscar información en publicaciones de otros países anglosajones para enterarse de lo que realmente ocurre en Medio Oriente.

Sin ir más lejos, estudios desarrollados por organizaciones como Christian Science Monitor revelan que la opinión pública en Estados Unidos comprende el conflicto de una forma muy diferente al resto del mundo. Por su parte, el diario The Washington Post explica que la aparente parcialidad en las noticias que se generan en Irak se debe a que los periodistas operan como acompañantes del ejército aliado, por lo que les resulta imposible observar el otro lado de la información.

Información libre

Entre los “bloggers” -como se conoce a los autores de los weblogs- se encuentran soldados de la coalición, exiliados iraquíes, parlamentarios y algunos periodistas.

Uno de ellos es Chris Allbritton, antiguo reportero de The New Daily News, que ahora administra Back to Irak,41 un experimento periodístico virtual con más de 15.000 visitas diarias. “No compito con AP, The New York Times ni nadie más -afirma Allbritton-, creo que los weblogs deben ser el aderezo de una dieta de medios bien balanceada”.

El periodista partió a Irak con un teléfono satelital prestado, una computadora portátil y 10.000 dólares en donaciones que recogió en una campaña a través del mismo sitio web.

Entre los sitios militares se destacan el actualizado por un suboficial estadunidense que, bajo el seudónimo de “Smash”, narra sus aventuras en el desierto iraquí, y el de Hill, un joven reservista que escribe en la página rooba.net/Hill. También se encuentran weblogs pacifistas, como NoWarBlog (www.nowarblog.org), que acusó de criminal de guerra al presidente George W. Bush.

Según los especialistas, la mayor ventaja de este tipo de páginas consiste en su capacidad de reaccionar ante los hechos y que en los artículos allí publicados no tienen ningún tipo de edición, lo que les permite reflejar de forma fiel la otra cara de la guerra.

Un fenómeno en crecimiento

En la actualidad hay más de 111.000 weblogs sobre diferentes temas en la red, según cifras de Blogstreet.com, un sitio que sirve como directorio de estos recursos y, a la vez, como “biblia” para los “bloggers”.

La guerra ha impulsado su difusión de manera inesperada, debido al apetito del público por reportes instantáneos y al escepticismo ante los medios tradicionales. Como todo en Internet, las fuentes y la confiabilidad de los weblogs es cuestionable. Sin embargo, Elizabeth Lane Lawley -profesora asistente de tecnologías de la información en el Instituto Rochester- afirma que este no es un factor importante para los lectores.

“En general, la gente no lee los ‘blog’ para saber qué pasa. Lo hace para saber qué piensan los demás”. Según ella, estos sitios fomentan un sentido de interacción, apoyo y construcción de comunidad que los otros medios no ofrecen. “Usted puede escribirle a un ‘blogger’ y ver que el contenido de su sitio cambia. Eso es imposible con CNN o la revista Times", concluye Lane Lawley.

La guerra de información en Internet

El pasado viernes 21 de marzo, el periodista Kevin Sites de la cadena Cable News Network, mejor conocida como CNN, anunciaba a su audiencia, desde su weblog ubicado en la dirección http://www.kevinsites. net/, que detenía su labor de información del conflicto en Irak, a través de Internet, como consecuencia de una solicitud de su propia institución. La razón fue comentada por Edna Johnson, publicista de CNN: “La cobertura para CNN es un trabajo de tiempo completo y le hemos pedido que se concentre en eso exclusivamente”.

Como resultado de esa decisión censora, muchas personas leales al sitio de Sites mostraron su indignación enviando a CNN correos electrónicos de inconformidad -acción que sorprendió notablemente a la cadena de noticias-. El hecho: otra herramienta en Internet (los weblogs) demostraba su poder de redefinición de las formas de comunicación de manera ecológica.

Estos, que en un principio se concibieron como sistemas estructurados en Internet que permitían a cualquier persona la publicación de información personal de forma similar a la de una bitácora o diario, con la capacidad de registro de direcciones electrónicas, inclusión de imágenes e interacción asíncrona, funcionan ahora como importantes periódicos digitales que ofrecen distintos puntos de vista de un evento particular y compiten fuertemente con los medios convencionales establecidos: prensa, radio y televisión.

En el caso de la guerra en Irak, los weblogs se establecieron como principal fuente de información del cibernauta. En estos weblogs de distintas personas -entre ellos muchos profesionales del periodismo-, se encontraban testimonios de iraquíes acerca de la invasión, galerías fotográficas de personas que cubrían de forma independiente la movilización bélica, imágenes de video que se actualizaban minuto a minuto, discusiones y opiniones del conflicto de personas de diferentes partes del mundo, y direcciones electrónicas a sitios con información relativa a la guerra. Rápidamente esos weblogs fueron reconocidos como warblogs: sitios independientes en Internet con información de cualquier tipo concerniente a la guerra.

Diversidad y riesgo

La fuerza de los warblogs radica en la inmediatez de la información y la forma de cobertura del evento. Los cibernautas acuden a estos espacios porque saben que en ellos encuentran la información más reciente y diversa de la guerra clasificada de forma cronológica, lo cual permite ampliar la visión del suceso. En un solo espacio se encuentran distintas posiciones de un tema en particular y se propicia el diálogo.

Los warblogs pretenden acabar con uno de los efectos de información de los medios convencionales de comunicación. Del conocimiento generalizado, poco profundo y centralizado de numerosos eventos, intentan trascender al conocimiento detallado, extenso y descentralizado relacionado con acontecimientos particulares.

En la guerra de Irak, los cibernautas han sido testigos de distintas clases de warblogs: de corresponsales de prestigiosas cadenas noticiosas, de soldados, de familiares de los soldados, de grupos activistas, de iraquíes, y hasta blogs de blogs. Tal pluralidad de visiones es uno de los aspectos que hacen atractivo el medio. Bajo la visión de muchos cibernautas, un warblogger -administrador del blog, diario o bitácora dedicada a la guerra- ofrece una mejor visión del conflicto que cualquier medio convencional. Sin embargo, en muchos de los casos, esta diversidad de enfoques también puede producir confusión.

La audiencia de los medios convencionales de comunicación enfrentaba problemas de desinformación por la limitada cantidad de fuentes que cubrían eventos noticiosos y por cuestiones de censura, autocensura y línea editorial. Ahora, el inconveniente deriva de la exposición a una excesiva cantidad de información emanada de diversas fuentes, y de la difícil labor de abstracción. Como señalaba el filósofo francés Jean Baudrillard, “Internet crea un mundo invivible para el hombre, que es incapaz de soportar toda la responsabilidad de la información que recibe”.

Para el tipo de personas que describe Baudrillard, la figura de gatekeeper o filtro resulta indispensable en la era de Internet. Sin éste, aquellas personas sin adiestramiento para el análisis de información quedarían expuestas al enorme cúmulo de datos que podrán encontrar en la red.

En ese sentido, los warblogs contribuyen con una sobresaturación de información para aquellas personas que son incapaces de filtrar lo útil y lo inútil en términos de su propio conocimiento. Y bajo esa idea, parece que el gobierno de Estados Unidos desacredita estos nuevos e interesantes canales de información que no puede controlar.

A pesar de todo, resulta indudable la fuerza que esta nueva tecnología ha adquirido. La firma Net Ratings de Nilsen asegura que la audiencia de noticias en línea ha crecido notablemente. Durante el año pasado, 67.5 millones de cibernautas visitaron este tipo de espacios. Ahora hay más de 80 millones que acuden a esos sitios.

Como consecuencia de tal crecimiento, numerosos medios convencionales de comunicación han decidido emprender una nueva estrategia de comunicación basada en el uso de tecnología para la administración de blogs. Probablemente en algunos meses encontraremos en nuestro país blogs patrocinados por radio, televisión y prensa, además de servicios independientes, tal y como ya ha sucedido en otros países.

Así, los weblogers pueden convertirse en la mayor red de corresponsales locales que ningún grupo mediático puede poseer jamás.


CAPÍTULO 4

LA GUERRA DE LOS MEDIOS

“Los conflictos, sean internos o externos, son exámenes duros a los que se somete a la prensa y de los que ella saca valiosas conclusiones, fortaleciendo la democracia cuando lo hace con rigor, valentía y profesionalismo. Si no lo hace de esa forma, la historia los recuerda como medios de propaganda al servicio de uno de los bandos con un grave daño en la credibilidad hacia la prensa en general y un nivel de subdesarrollo de la sociedad en torno a su prensa y hacia el valor de la información en circunstancias críticas.”42

Los medios de comunicación han sido y son los grandes protagonistas en los últimos conflictos bélicos del siglo pasado y del actual (Guerra del Golfo 1991, Afganistán 2002 y la guerra contra Irak 2003) y ese protagonismo lo obtuvieron al ser ellos quienes le contaron al mundo los acontecimientos de esas contiendas, si bien cada guerra fue distinta -por ejemplo, la del Golfo no tuvo periodistas excepto los de la Cadena CNN en el campo de batalla, lo irregular del territorio de Afganistán obligó a que los corresponsales de guerra se establecieran en las principales ciudades de ese país y desde ahí informaban.

En esta última guerra, los medios y sus corresponsales lucharon de igual a igual, no hubo privilegios, sí hubo diferencias tecnológicas, pero esto no impidió que la gran favorecida sea la opinión pública mundial que tuvo varios medios para informarse.

Estados Unidos vs Al Jazeera

Los medios estadunidenses dejaron muy en claro su posición, se mostraron no sólo a favor del ataque sino, además, contra el terrorismo. Así aparecieron imágenes de Bush junto a Tony Blair pidiendo a su gente el apoyo popular para una “causa divina”: liberar al mundo de las amenazas terroristas derrocando al tirano Hussein. Así, la CNN no escatimó esfuerzos en justificar el ataque y postularlo como una guerra entre el bien y el mal, entre el terrorismo y la libertad, tratando de calificar la motivación del ataque militar como una maniobra preventiva en salvaguarda de la paz mundial.

Las imágenes ofrecidas mostraron también a las tropas de la coalición ingresando a las diferentes ciudades de Irak (Basora, Bagdad) y destruyendo todo lo relacionado a Hussein (numerosos y opulentos palacios, símbolos arquitectónicos, monumentos, etc.), como un claro símbolo de su “poderío imperial”.

El New York Times iba en la misma dirección que la CNN, aunque en tono menor: “Los planificadores [en esta guerra] pueden haber tenido en cuenta los avances en tecnología de los medios y haber decidido que si no pueden controlar a la prensa, por lo menos pueden usarla para sus propios fines. Y no se equivoquen: los medios informativos están siendo utilizados y en más formas de las que están dispuestos a reconocer”.43

Las acciones de la BBC

Durante los primeros días la televisión -y algunos tabloides- difundieron, con imágenes y textos celebratorios, lo que parecía más un operativo de propaganda que una práctica informativa.

A toda hora, las cámaras de la afamada British Broadcasting Corporation (BBC) y otras televisoras mostraban grupos de soldados de las fuerzas aliadas marchando a los campos de batalla con desenfado, como si fueran de picnic: sonrientes, equipados a la perfección, libres de obstáculos y aparentemente bien adiestrados.

El bombardeo aéreo sobre Bagdad aparecía, igualmente, como un festival de fuegos artificiales. Las imágenes se repetían en periódicos de tiraje millonario como The Sun, Daily Mail o Daily Mirror, acompañados por notas sobre el avance “implacable” de la caravana aliada, “la toma” de ciudades y la inminente “liberación” de Irak.

El tono optimista no bajó ni cuando el fuego “amigo” de soldados estadunidenses victimó a pilotos británicos “por error”. La visión autocomplaciente se acabó cuando el ejército aliado sufrió sus primeros reveses y, sobre todo, cuando cayeron en combate, según la versión oficial, los primeros soldados británicos.

Medios árabes

Por el lado de los medios de comunicación árabes, las imágenes que ofrecieron fueron, tal vez, las de mayor impacto: civiles –mujeres, hombres y niños- heridos o muertos, con sus cuerpos destrozados. Una manera directa de mostrar “las atrocidades cometidas por el enemigo”.

Al Jazzera, por su parte, mantuvo todo el tiempo la idea de “ataque estadunidense” en lugar de guerra, prestó su espacio para difundir los mensajes de aliento a sus tropas del líder iraquí Saddam Hussein y mostrar los prisioneros estadunidenses en manos de las fuerzas iraquíes.

También la prensa internacional, incluso la que no estaba comprometida de manera directa con uno u otro bando, debió tomar posición en el asunto. Así, cada medio dejó evidenciado su compromiso con la verdad o con sus propios intereses, los que no siempre desandan el mismo camino.

De este modo, la masiva condena al ataque estadunidense se dio más por le temor al inicio de una era de unicato (donde Estados Unidos actúe a “gusto y placer” y su dominio relegue también a las grandes corporaciones locales, alterando la coyuntura actual) que al rechazo de la débil justificación propuesta para la agresión, la cual esconde muy malos intereses de un negro y espeso calibre.

Esta guerra ha sido diferente a las anteriores desde el punto de vista de los medios de comunicación. La Guerra del Golfo (1991) fue el triunfo de la CNN, y los expertos del ramo se apresuraron a acuñar el término “efecto CNN” que ya rondaba los círculos bienpensantes de aquel entonces. El interludio de Afganistán, por su parte, fue el triunfo de Al Jazeera, aquellas imágenes en verde totalmente incomprensibles, pero que daban la impresión de que “lo estabas viendo”.

Esta segunda Guerra del Golfo, en cambio, ha sido una explosión informativa que, de alguna manera, recuerda a la guerra de Vietnam. Aquí reside la primera razón para esta diferencia: esta vez ha habido competencia informativa y no sólo de Al Jazeera sino de otras dos cadenas árabes, además de la CNN y otras más de países muy diversos. Un total de 1.500 periodistas han cubierto, desde la zona, ésta que, para algunos, es “la primera guerra en directo de la historia”.44

Por ejemplo España, con el presidente a favor de la guerra y amplias mayorías de la opinión pública en contra de la misma, mostró una situación algo particular: “La televisión que es propiedad del gobierno, TVE, ignoró ampliamente las manifestaciones contra la guerra en varias ciudades españolas, pero proporcionó cobertura completa a la guerra, consciente de la competencia por parte de los canales privados, Antena 3 y Telecinco, que también tenían periodistas en el terreno. Y, como en otros países, para llenar el tiempo entre la cobertura en directo, se recurría a los 'bustos parlantes'”.45

Un periodismo subdesarrollado

Tomada Bagdad y, con ello, sabiendo que la guerra estaba terminando, o terminada, Carlos Alberto Montaner escribía en el periódico quiteño El Comercio, lo siguiente: “Sólo los corresponsales de la televisión estadunidense e inglesa reportaron el júbilo popular tras la caída de Bagdad sin tratar de minimizarlo. En general, la prensa mundial quería ver una derrota militar angloestadunidense, o al menos una feroz resistencia nacionalista, una especie de Stalingrado que demostrara el rechazo del pueblo iraquí a la arrogante bota imperialista de Washington y Londres, auxiliada por unos cuantos polacos y australianos vendidos a los centros de poder capitalistas. Pero no ocurrió así. Cuando se desplomaron las defensas de Bagdad (...) el pueblo se lanzó a la calle a manifestar su alegría y a derribar las estatuas de Saddam Hussein”.

Lo cierto es que la segunda Guerra del Golfo ha sido, básicamente, un ejemplo de todo el poderío que intentó imponer el primer mundo con sus medios de comunicación. Por ello, la historia los recordará como medios de propaganda al servicio de uno de los bandos con un grave daño en la credibilidad hacia la prensa en general y un nivel de subdesarrollo de la sociedad en torno a su prensa y hacia el valor de la información en circunstancias críticas.

Es verdad que hay alternativas,46 que otro periodismo es posible y la prueba es que ha sido real. Pero no ha sido mayoritario. Y no digamos posturas profesionales más comprometidas como el “periodismo para la paz” (peace journalism), prácticamente ausente durante las hostilidades, su preparación y sus secuelas.

El periodismo, altamente desarrollado en los Estados Unidos en lo que a sus medios se refiere, ha sido claramente subdesarrollado en sus contenidos y en sus funciones. Ha habido un periodismo minoritario que ha cumplido con otras tareas y ha habido un periodismo que ha sido consciente de los problemas que se le estaban planteando.

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Citas:

1 Giordano Carlos. “Oficios Terrestres” N° 4.
2 La validez jurídica de una guerra “prioritaria” depende de la existencia de pruebas materiales que demuestren la inminencia del peligro y la necesidad de actuar. En contrapartida, la guerra preventiva se apoya no en el temor de una agresión inminente, sino en un miedo más lejano, en una amenaza estratégica. Véase Richard Falk, “Esquivando el derecho internacional”, Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, diciembre de 2002.
3 Le Monde Diplomatique, agosto 2003, El mejor de los mundos, según Washington.
4 Ibid.
5 Program on International Policy Attitudes (PIPA). Universidad de Maryland, 18/22-4-03.
6 G. Dinmore y J. Harding, The Financial Times, 3/4-5-03.
7 Chomsky, Noam.
8 Las consecuencias de la guerra en Irak. La Nación, Buenos Aires, 31 de marzo de 2003. Página 9.
9 Diario Clarín. Estados Unidos quiere dominar el mundo, por Andy Robinson. Suplemento Zona, página 6. 16 de marzo de 2003.
10 1989, pág. 93.
11 Diario Clarín. Estados Unidos quiere dominar el mundo, por Andy Robinson. Suplemento Zona, página 6. 16 de marzo de 2003.
12 Entrevista realizada por los autores en agosto de 2003.
13 Diario Clarín. Estados Unidos quiere dominar el mundo, por Andy Robinson. Suplemento Zona, página 6. 16 de marzo de 2003.
14 Entrevista realizada por los autores en agosto de 2003.
15 Diario Clarín. Estados Unidos quiere dominar el mundo, por Andy Robinson. Suplemento Zona, página 6. 16 de marzo de 2003.
16 Entrevista realizada por los autores en agosto de 2003.
17 Ataque al Hotel Palestina, www.clarin.com.ar 4/8/03.
18 Entrevista realizada por los autores en agosto de 2003.
19 Ataque al Hotel Palestina, www.clarin.com.ar 4/8/03.
20 Entrevista realizada por los autores en agosto de 2003.
21 Ataque al Hotel Palestina, www.clarin.com.ar 4/8/03.
22 Entrevista realizada por los autores en agosto de 2003.
23 Ataque al Hotel Palestina, www.clarin.com.ar 4/8/03.
24 Entrevista realizada por los autores en agosto de 2003.
25 Ataque al Hotel Palestina, www.clarin.com.ar 4/8/03.
26 Entrevista realizada por los autores en agosto de 2003.
27 Ataque al Hotel Palestina, www.clarin.com.ar 4/8/03.
28 Suplemento especial del diario Clarín, Nota de Gustavo Sierra “LOS IRAQUIES YA NO LE TEMEN A SADDAM SINO AL FUTURO.” Pág. 3, domingo 13 de abril de 2003.
29 Ataque al Hotel Palestina, www.clarin.com.ar 4/8/03.
30 Suplemento especial del diario Clarín, Nota de Gustavo Sierra “LOS IRAQUIES YA NO LE TEMEN A SADDAM SINO AL FUTURO.” Pág. 3, domingo 13 de abril de 2003.
31Diario Clarín, suplemento Especial, nota de Gustavo Sierra, LA CENSURA, EN EL CUARTO DE AL LADO, pág. 11. PUBLICADA en el diario, Sábado 29 de Marzo de 2003.
32 Diario Clarín, suplemento Especial, nota de Gustavo Sierra, PROPAGANDA DE LOS BANDOS, pág. 11. PUBLICADA en el diario, miércoles 2 de abril de 2003.
33 Diario Clarín, suplemento Especial, nota de Gustavo Sierra, LA CENSURA, EN EL CUARTO DE AL LADO, pág. 11. PUBLICADA en el diario, Sábado 29 de Marzo de 2003.
34 Diario Clarín, suplemento Especial, nota de Gustavo Sierra, ESTA ES LA NOTA MÁS TRISTE DE MI VIDA, pág. 16. PUBLICADA en el diario Martes 8 abril de 2003.
35 DIARIO DE GUERRA: APUNTES DE UNA CORRESPONSAL EN EL FRENTE, de Elisabetta Piqué, pag.12, Ed. Norma, junio de 2003, Buenos Aires.
36 Diario Clarín, suplemento Especial, nota de Gustavo Sierra, ESTA ES LA NOTA MÁS TRISTE DE MI VIDA, pág. 16. PUBLICADA en el diario Martes 8 abril de 2003.
37 DIARIO DE GUERRA: APUNTES DE UNA CORRESPONSAL EN EL FRENTE, de Elisabetta Piqué, pag.12, Ed. Norma, junio de 2003, Buenos Aires.
38 Diario Clarín, suplemento Especial, nota de Gustavo Sierra, ESTA ES LA NOTA MÁS TRISTE DE MI VIDA, pág. 16. PUBLICADA en el diario Martes 8 abril de 2003.
39 Diario Clarín, Soñando la guerra. Por Kenneth Hubbard. Suplemento Zona, páginas 2 y 3, del 23 de febrero de 2003.
40 Estados Unidos quiere dominar el mundo, por Andy Robinson. Suplemento Zona, página 6, del 16 de marzo de 2003.
41 De regreso a Irak, www.back-to-iraq.com.
42 José María Tortosa es profesor de la Universidad de Alicante.
43 Fernández Bogado, Benjamín, "Medios y conflictos", Revista Mexicana de Comunicación, Nº 79, enero-febrero, 2003.
44 "In Iraq crisis, networks are megaphones for official views", www.fair.org/reports/iraq-sources.html.
45 Prados, Luis y Guillermo Altares, "La guerra mejor contada de la historia", El País (Suplemento Domingo), 6 de abril de 2003. La "guerra" informativa se ha dado entre los canales televisivos estadunidenses y los tres árabes (Abu Dhabi, Al Arabiya y Al Yazira). Como en todas las guerras, la "guerra" mediática española tiende a presentar la realidad en términos dicotómicos, maniqueos y apocalípticos. La presentación que se puede hacer desde la "coalición de los voluntariosos" es la de resaltar el poder del Grupo Prisa (el periódico El País, las emisoras de radio en torno a la Ser, Canal + y CNN+, televisiones locales, editoriales, y su expansión no sólo hacia América Latina). Por el contrario, los "otros" no estarían tan de acuerdo con que Antena 3 y Telecinco son "independientes" del gobierno y de sus emisoras y tenderían a resaltar las semejanzas de la información en todos esos canales. No hace falta decir que ambas perspectivas contienen numerosas inexactitudes, como las tenía la visión dicotómica, maniquea y apocalíptica de "sindicato del crimen" que daba Felipe González, entonces presidente del gobierno del Partido Socialista, de los medios y periodistas que le criticaban con más dureza y servían así objetivamente a los intereses del Partido Popular.
46 Richard, Trudie y Brent King, "Alternative to the fighting frame in news reporting", Canadian Journal of Communication, XXV, 4 (2000). Ahora, la cobertura se centra en el reclamo de las atrocidades de la guerra y en la exaltación de los soldados caídos. La mayoría de los medios puso el grito en el cielo con el caso de los dos soldados "ejecutados" que mostró la televisora Al Jazeera el miércoles 26 por la noche. "Sadam ejecuta a nuestros chicos", chilló a toda plana The Sun en su edición del jueves 27 y relegó a la página 10 la matanza de civiles en un mercado de Bagdad. "Horror por el filme en TV de británicos ejecutados", cabeceó Daily Mail y destacó una foto del "héroe caído", David Clarke, de 19 años. Daily Express puso una cabeza similar, pero con la foto de Erik Walderman, que sobrevivió a "cuatro tiros en la cabeza" gracias su casco "ultraduro". En cambio, Daily Mirror tituló su nota principal "Él la ama" e ilustró esta frase, referida a la actitud de George Bush ante la guerra, con dos grandes fotografías, tomadas el miércoles.


* Alfredo Cazorla, Leonardo Cermele, Mauricio D’Alessandro, Jimena Lachalde y Miguel Mendoza Padilla tienen Maestría en Periodismo y Medios de Comunicación y son docentes de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP/UTPBA). Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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