Sala de Prensa

70
Agosto 2004
Año VI, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Una mirada de género a las nuevas tecnologías

El viaje de las internautas

(Proyecto IRIS)

“Los ciudadanos tienen un derecho constitucional al caos.”
(Tribunal Supremo de los EE.UU., 1995)

Victoria Sendón de León *

La existencia de la Internet y el flujo en todas direcciones de la Red está posibilitando nuevas relaciones de los ciudadanos con los poderes estatales y de ellos entre sí. Es algo que empieza a poner muy nerviosos a los políticos, olvidando, tal vez, que también ellos forman parte de esa ciudadanía que piensa y dice y opina lo que le viene en gana.

Cuando Bill Clinton pretendió censurar determinados contenidos en Internet y entrar a saco en la privacidad de los usuarios, alegando los peligros que suponía la difusión de pornografía infantil a través de la Red, la Corte Federal declaró que, a pesar de todos los problemas que se pudieran generar, los ciudadanos tenían un derecho constitucional a toda la información por muy caótica que fuera, extremo ratificado y refrendado por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

Así pues, Internet se está convirtiendo, tanto en el Ágora de las antiguas ciudades-estado griegas, como en el obligado Zoco de cualquier urbe oriental. Pero si en aquellas, las mujeres, los extranjeros y los esclavos estaban excluidos, se ha comprobado que en la Red, ya en mayo del 2000, el número de mujeres usuarias sobrepasaba al de varones en los siete países más desarrollados. Y en EE.UU. se alcanzan las mismas cotas de penetración entre los estudiantes hispanos y de raza negra que entre los blanquitos anglosajones.

Si bien los gobiernos de China y Singapur pretenden que su uso se limite al área de los negocios, impidiendo la función de libre expresión, en este último país se les ha ido de las manos. La única forma de poner puertas al campo es la de desconectarse, como lo han hecho Irán y Afganistán, aunque ya veremos qué pasará con la conexión a través de los teléfonos móviles.

Como ha dicho recientemente Manuel Castells, “Internet es el corazón de un nuevo paradigma sociotécnico que constituye en realidad la base material de nuestras vidas y de nuestras formas de relación, de trabajo y de comunicación.1

Funciones de las Nuevas Tecnologías de la Información (NTI)

De todo este largo título me quedo sólo con la palabra “tecnologías”. ¿Por qué? Porque lo nuevo quedará pronto obsoleto, y porque el campo que abarcan no se reduce a la información.

Lo de “nuevas” posee un sentido dinámico que nos va a exigir a las mujeres un esfuerzo continuado para no quedarnos, esta vez, descolgadas de lo que estas tecnologías suponen para nuestra causa. De hecho, ya tenemos recorrida una trayectoria significativa en el manejo de los electrodomésticos y otros instrumentos de ocio y trabajo, pero ahora se trata de salir definitivamente al Mundo, un mundo que hemos gestado y alumbrado durante milenios y que, por derecho propio, nos pertenece. Nunca fuimos ajenas a la tecnología, desde el cultivo de los campos a la construcción de habitats, pero sí es cierto que a partir de un momento dado hemos sido relegadas a lo doméstico. Ha sonado la hora de nuestro salto cualitativo a lo público, para lo que necesitamos estas nuevas herramientas. El ámbito de lo doméstico se nos ha quedado pequeño, porque nuestro mundo es ya el Mundo. Como decía Hermann Hesse en Demian: “El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir un mundo”. Y a continuación añadía aquello de que “El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama Abraxas”, pero en este caso la Diosa se llama Iris, que, como el arco multicolor que une la Tierra y el Cielo, Ella transmite los mensajes, las órdenes o los consejos de la Diosa Hera.

La Información es uno de los elementos que la Internet hace posible desde y hacia cualquier punto de nuestro espacio y con la inmediatez del tiempo real. Sin embargo, nuestras redes no deberían reducirse a un “tablón de anuncios” o a “pasquines de propaganda” como han hecho muchos partidos políticos, yugulando así la práctica interactiva, de ida y vuelta, de una auténtica Red. No obstante, la información en sí nos otorga también la posibilidad de hacer visible lo invisible, de sacar a la luz lo que otros medios ocultan o ignoran.

Cuando la información se torna interactiva, se establece la Comunicación. Es entonces cuando esos símbolos que son las palabras se llenan de sentido y su contenido va más allá de lo formal y lo abstracto para convertirse en un vehículo relacional a través del cual emisor y receptor se alimentan mutuamente. Esta relación es más intensa entre las mujeres, que a través del lenguaje captamos muchos más matices que los varones. De hecho, las mujeres poseemos dos zonas receptoras y emisoras del lenguaje: una en el hemisferio cerebral izquierdo (igual que los hombres) y otra en el derecho (exclusiva nuestra) que nos permiten convertir lo más abstracto en contenidos emocionales y a la inversa. Y en estos aspectos deberíamos evitar prejuicios, pues si bien la igualdad entre unos y otras se refiere a una exigencia de tipo político o ético, las diferencias innatas constituyen un asunto científico, es decir, comprobado. Además, ya desde la cuna, las niñas nos interesamos más por la gente mientras que a los niños les interesan más las cosas, lo que nos indica que nosotras somos más aptas para proyectos relacionales y de colaboración.

Lo que ha devenido como estructuras innatas se debe a los diferentes procesos de socialización que hemos vivido los dos sexos. La realidad de tener que criar a la prole y transmitirle una serie de pautas de conducta y sentimientos, así como la lengua, ha hecho que las mujeres tengamos un funcionamiento y una estructura distintos, tanto respecto al sistema sensorial como cerebral y nervioso. La visión, por ejemplo, de las mujeres se extiende periféricamente, abarcando en muchos casos un campo de 180º, mientras que la visión masculina es en forma de túnel. En el lenguaje nuestras facultades son más plásticas, adaptándonos más fácilmente a una nueva lengua. Pues bien, la Internet supone la eclosión en nuestras vidas de un nuevo lenguaje que sin duda provocará cambios cognitivos y en el sistema de valores, como puede significar el acceso de lo doméstico a lo público virtual, teniendo que superar esa “agorafobia socialmente impuesta” a la que alude Bourdie en La dominación masculina. La antropóloga Mª Jesús Buxó Rey, que ha realizado trabajos de campo en este sentido, afirma: “En esta circunstancia, la confrontación con otro sistema de valores y quizás el cambio de los propios, forma parte de la organización de una conciencia de grupo sexual por parte de las mujeres: esto es, de un sentido de su propia identidad, solidaridad, propósitos y destino común”.2

Tanto la información como la relación comunicativa podrían quedar reducidas a un parloteo inútil o a un círculo vicioso endogámico si no se proyectaran en la Acción. De lo doméstico habríamos pasado a la privacidad, pero sin romper ese cascarón claustrofóbico que a las mujeres nos subyuga, pero que también nos castra. Eso que llaman “la práctica de la relación”, atribuyéndole la categoría de Gran Política, está muy bien, ya que supera la ancestral división, la rivalidad entre las mujeres y dirime los conflictos, pero no olvidemos que para caminar necesitamos las dos piernas. Claro que si preferimos quedarnos sentadas en una silla... va bene.

La acción significa la plasmación de proyectos concretos, la realización de campañas y la consecución de fines políticos.

Mucho antes que las aplicaciones de la Internet a la cultura empresarial, esta nueva tecnología fue rápidamente utilizada y asimilada por la contracultura libertaria como un medio de comunicación y acción autónomas respecto a los estados. En este sentido fue antes un Ágora que un Zoco. Las aplicaciones que poco a poco fueron surgiendo en Internet se debieron a las necesidades de aquellos grupos organizados en redes internacionales: el correo electrónico, las conferencias, los boletines o las listas de correo fueron posibles a instancias de su urgencia política.

En el momento actual las redes de mujeres están creciendo inusitadamente, y sus efectos políticos ya están evidenciándose en multitud de campañas e informaciones que potencian lo que anteriormente refería respecto a una nueva conciencia de identidad y de solidaridad. Recuerdo haber leído, hace ya unos años, cómo dos amas de casa afroamericanas organizaron, gracias a Internet, una manifestación en EE.UU. de ochocientas cincuenta mil mujeres negras contra la discriminación. Con un ordenador instalado en la cocina hicieron lo impensable. E igualmente, la iniciativa de la Marcha 2000, coordinada por las feministas canadienses, ha sido posible por la existencia de las redes.

Un mundo globalizado

Con la era electrónica ha irrumpido en nuestra civilización el reino de la simultaneidad, convirtiendo el tiempo en un presente continuo y el espacio, en un mundo global tal como pronosticó Marshall McLuhan.

El Ágora y el Zoco circulan en un movimiento frenético en esa globalización simultánea, de lo que deduzco que los movimientos anti-globalización, protagonistas hoy en el Ágora, no han atinado con el nombre, ya que ellos mismos son posibles y eficaces en virtud de esa globalidad. Más bien podrían definirse como “globalización crítica” o algo así, mientras que los señores del Zoco dominan la “mercaglobalización”, que se está imponiendo en nuestras vidas desde el axioma de que “el mercado lo regula todo”, derivando en la conclusión demoledora de que “lo que no tiene precio, no vale”.

En el momento presente, la batalla entre el bien y el mal se libra en el campo espacio-tiempo infinito y simultáneo que sustentan las redes. Las altas finanzas por un lado y la palabra liberadora por el otro. Las primeras traen pobreza, ruina, acumulación de capitales, narcotráfico, devastación medioambiental, venta de armas y de seres humanos como efectos colaterales. La segunda intenta la información significante, la comunicación, la acción política. El poder ya no se ejerce como antes, de forma piramidal, sino de modo reticular. Y el anti-poder o potencia crítica se debate en el puro relativismo de miles de puntos de vista y de estrategias. Pero no olvidemos que “en el principio era el Caos”, tal como rezan todas las Cosmogonías de los orígenes.

Esta realidad nos impone nuevos modelos de pensamiento y de acción. “Nuestros tests de inteligencia sólo existen para medir los logros del hemisferio izquierdo sin tener en cuenta la existencia del hemisferio derecho (cualitativo). La actual era electrónica, en su inescapable confrontación con la simultaneidad, presenta la primera amenaza seria al dominio de 2500 años del hemisferio izquierdo”.3

Es curioso que el hemisferio derecho sea considerado como el propiamente femenino. Y no porque nosotras no poseamos las cualidades espaciales y de abstracción propias del izquierdo, sino porque nuestros hemisferios pueden funcionar simultáneamente al modo de la inteligencia emocional. Tampoco es un invento. La neurología más avanzada ha podido comprobar que ésta es una realidad generalizada con mínimas excepciones. Entre el 15 y el 20% de los hombres poseen un cerebro feminizado; mientras que sólo el 10% de las mujeres tienen cerebros masculinizados. Está claro que tenemos la Red en la cabeza.

Volver a casa

Si bien la cibernética se basa en la lógica digital binaria del 1-0 -que implica un pensamiento muy patriarcalizado por sustentar conceptos que ordenan la realidad por opuestos y exclusiones-, sus aplicaciones informáticas escapan al corsé lógico aristotélico-occidental.

La navegación simultánea, caótica, no lineal, por el hipertexto -que nos va remitiendo de un texto a otro, de la información a la comunicación, del sonido a la imagen- nos ofrece un mundo que podemos ordenar a nuestro arbitrio. Su no linealidad se adapta perfectamente a nuestra capacidad cerebral femenina no jerárquica y globalizadora. Las mujeres podemos hablar y escuchar simultáneamente. El lenguaje indirecto, pleno de matices, de segundas intenciones y de ironías es propio de las mujeres y reflejan mejor la riqueza de un mundo que no es lineal, sino simultáneo, que no es diacrónico, pero sincrónico, que no es simple, y sí complejo.

Estas facultades se deben a que el cuerpo calloso, que constituye la frontera entre los dos hemisferios, actúa en el cerebro masculino como un auténtico tabique, mientras que en nosotras constituye un puente que interrelaciona los contenidos de ambas partes. Volvemos, pues, a retomar nuestra función de comunicadoras, maestras y mediadoras con el mundo. Ahora sólo nos resta convertirnos en internautas, en exploradoras de todos los mares y sus bordes, de sus profundidades y misterios. La aventura de navegar puede ser nuestra aventura.

Y en las tardes serenas, recalar. Tal vez en bahías nunca vistas, que diría Kavafis, pero que es como volver a casa. Cuando me canso de navegar, me voy a la barra de herramientas y pincho un icono que representa una casita y en el que dice “Inicio”. Ahí conecto de nuevo con la página de “Mujeres en Red”, donde solté amarras: es como volver a casa. Espero que pronto tengamos muchas más casas, muchos puertos acogedores a los que retornar, donde recalar en las tardes serenas o en las noches tormentosas. Entonces no busco, encuentro: mensajes, debates de ideas, convocatorias y un montón de amigas cercanas o lejanas con quienes conversar.

La globalización que habitamos no tiene por qué significar perdernos en una selva indómita o en un desierto de letras solamente. Globalización no significa homogeneización en una especie de sopa de fideos. Lo más peculiar, lo más íntimo y reconfortante hay que guardarlo con el celo con el que se riegan las raíces que alimentan la propia savia. ¿Nostalgia? ¿Melancolía? Tal vez, pero también la alegría de la sororidad. Quiero decir que el navegar sin rumbo, sólo por jugar con la maquinita, tal vez no tenga un sentido más allá del lúdico. Buscar, abrir rutas, pero sabiendo dónde vamos o a dónde volver puede llenar de significado la navegación: Ten siempre a Ítaca en la memoria. Llegar allí es tu meta...

Quiero decir igualmente que los “sitios” o lugares de la Red en los que habiten las mujeres, solidarias con otras mujeres, guiarán cada vez más nuestras naves hacia la bocana de esos puertos resguardados por la escollera de la complicidad.

La Osa Mayor y la Cruz del Sur

Ahora las cosas son mucho más sofisticadas, pero los navegantes de todos los mares, que se guiaban por la posición de las estrellas, sabían muy bien que cruzaban la línea imaginaria del ecuador cuando dejaban de divisar la constelación de la Osa Mayor y la Estrella Polar, que señala el Norte en nuestro hemisferio, y empezaban a vislumbrar la Cruz del Sur. Era emocionante, supongo. No sé si tanto, pero me sigue conmoviendo recibir comunicaciones del otro lado del mar, de nuestras hermanas de Latinoamérica y el Caribe con ese entusiasmo y esa urgencia de quienes construyen un Mundo Nuevo, más cercano en la ida y vuelta que aquel Nuevo Mundo que abordaron los conquistadores en sus afanes imperialistas. Creo que las compañeras del otro lado del “Mare Procelosum” constituyen un ejemplo magnífico de interconexión y eficacia política con las que siempre podemos contar. Sin olvidar, claro, a las ribereñas del “Mare Nostrum” que también nos hacen llegar sus mensajes, sus gritos a veces. Ahora tengo la sensación de tener muchas más amigas por el mundo.

Me he permitido esta digresión sentimental -pasando del hemisferio izquierdo al derecho- por contraste con esa Red fría y hostil que es la otra cara de la Internet, convertida en el centro de la economía global de los mercados financieros, funcionando también en tiempo real con sus ordenadores conectados las veinticuatro horas del día. El capital no descansa ni tampoco su cerebro, que arroja dígitos y más dígitos, índices y porcentajes en febriles transacciones, producto tanto de vidas humanas sometidas como de selvas arrasadas. Algunas mujeres identifican la Internet con este tipo de especulaciones sin alma, pero nosotras queremos persuadirlas del aspecto amable y necesario de la otra cara de la Luna, que será, en parte, lo que nosotras hagamos de ella.

Avisos para navegantes

Me temo que los políticos profesionales serán los últimos en enterarse de que la globalización cambiará radicalmente los modos de la política al uso. Por un lado, la vieja izquierda -con su necesidad de controlar, de imponer un punto de vista y con su sentido de la jerarquía y el organigrama- dudo que pueda tomar un tren que ya ha pasado frente a sus narices sin lograr sacudirle la percepción. Por el otro, el satisfecho neoliberalismo que piensa que todo va bien para ellos porque son quienes gestionan la globalización, ignoran que pueden ser desplazados por ella, pues, en contra de lo que suponen, ambos términos no se identifican. “Los progresos de las tecnologías punteras son inseparables de la globalización, pero no de la ideología que pretende confundirse con ella”, escribe muy acertadamente Viviane Forrester.4 El liberalismo no hace más que utilizar esa tecnología y manipularla, pero no son la misma cosa y, por tanto, pueden tomar distintos caminos.

Hasta ahora la globalización económica está desplazando la función de la política, que no hace más que plegarse a ella, imponiendo así una dictadura invisible por la ignorancia de los ciudadanos que aceptamos este estado de cosas como efecto del necesario desarrollo o del inevitable progreso. Y simplemente se trata de que la política económica ha sido reducida a la categoría de business para un selecto club. Toda su lógica se reduce a un neurótico círculo vicioso de afán desmedido de lucro que tan elocuentemente expresa, de nuevo, Forrester: “El empleo depende del crecimiento; el crecimiento, de la competitividad; la competitividad, de la capacidad para suprimir puestos de trabajo. Lo que equivale a decir: para luchar contra el paro, ¡nada mejor que el despido!”.

Constituye un error de visión muy extendido el pensar que la Internet ha surgido y crecido unida a la demanda de las grandes empresas. Sabemos que su desarrollo está vinculado a un tipo de informática abierta, cuyos protocolos, creados en 1973-78, se distribuyen gratuitamente y se autogestionan de modo informal. Actualmente, el gobierno de Internet lo ejerce una sociedad privada apoyada por el Gobierno norteamericano, la ICANN, pero su consejo de administración ejecutivo se elige por rotación entre las personas que voluntariamente quieran apuntarse a la ICANN. Los que así y todo desconfíen de Internet pueden recurrir a otras alternativas de software como Apache o Linux.

Por supuesto que Internet es de gran utilidad para las corporaciones financieras y para los negocios de ventas y tráfico de cualquier cosa, pero también es cierto que muchos movimientos sociales se están organizando en base a la Red. Son movimientos en torno a ideas y valores, así como a pautas culturales comunes en los que las manipulaciones no suelen prosperar. En relación con estas ideas y valores la globalización puede tomar derroteros inesperados, porque el otro error radica en la creencia de que la globalización y el neoliberalismo son indisociables: Por el contrario, la globalización de ciertos valores y responsabilidades nos acercaría a un mundo más cercano a la utopía y cada vez más alejado de los intereses del ultracapitalismo. La globalización de los derechos humanos, de la justicia, de la democracia, de la paz, de la información, de la tolerancia, de la sanidad, de la educación, de la ecología o de la paridad política cambiaría el predominio de los intereses financieros que dominan nuestro mundo.

Hasta ahora la dinámica política ha ido “tirando” con la democracia representativa, pero ya no. No va a ser posible apuntalar el dique que pretende detener la participación. Y cuando suba la marea y desborde los ficticios parapetos..., la democracia participativa iniciará una nueva era en la política. Sin embargo, esto no significa que los partidos estén llamados a desaparecer, sino que más que nunca deberían estar de parte de los ciudadanos frente a un poder económico sin leyes ni restricciones: tendrán que elegir.

En un congreso celebrado en Bilbao a finales de abril del 2001, Javier Echevarría, autor de Los señores del aire, informaba: “No hay poder político en la Red; ni ejecutivo ni legislativo ni judicial. Somos telesúbditos de estos infofeudos”, refiriéndose a que las grandes multinacionales han creado un nuevo poder feudal. Al mismo tiempo, los políticos, convertidos en meros gestores de este nuevo poder, han perdido credibilidad hasta el punto de que dos tercios de la humanidad no se siente representada por su Gobierno.

Democracia paritaria participativa

En realidad lo de paritaria y participativa son dos conceptos que se derivan necesariamente del más general de Democracia. Lo que sucede es que la auténtica democracia supone aún la asignatura pendiente de nuestras sociedades, y la paridad no sería otra cosa más que la consecuencia lógica de la presencia de las mujeres en todos los ámbitos de la vida y de lo público. Sin embargo, cada logro esconde también sus propias trampas, pues la participación creciente de las féminas en la vida política o en otros ámbitos de decisión se está convirtiendo en un concepto cuantitativo que consiste en “meter en las listas” a las chicas más domesticadas, a las del clan de fulanito o de menganito, pero que nunca llegan a formar parte del núcleo duro del poder.

Si las mujeres de los partidos, las profesoras de las universidades, las médicas o las jueces no son apoyadas desde fuera por otras mujeres para acceder a puestos de mayor responsabilidad o de decisión, nunca serán verdaderas representantes de las mujeres ni traspasarán las fortificaciones, maquiavélicamente planeadas, por el poder patriarcal. Y en este sentido, utilizar la Red para plantear y presionar desde nuestras propuestas sería decisivo. Ya no debería ser concebible una política que no fuera interactiva entre los ciudadanos y sus representantes.

Confío en que la difusión y la inmediatez que supone la Internet van a ir creando una conciencia cada vez mayor de ciudadanía y, por tanto, de participación. Sería imperdonable que este medio fuera invadido por los intereses especulativos y que nosotras abandonáramos el campo.

Los medios de comunicación y los parlamentos deberían ser frecuentados por nuestras informaciones, reclamaciones, denuncias, peticiones y preguntas con la normalidad que exigiría una política participativa. De este modo ganaríamos la batalla de la opinión pública. Hoy es posible y sólo cuestión de organizarnos.

Una experiencia

Hasta hace un par de años, más o menos, sólo utilizaba el ordenador para el tratamiento de textos y estaba encantada por la simplificación del trabajo. Internet no me llamaba la atención, pero Gusi Bertomeu me abrió los ojos respecto a sus posibilidades al contarme su proyecto de “Eleusis: La Ciudad de las Mujeres”, al que le deseo una pronta y feliz botadura. Así que, por aquello de no despreciar lo que se ignora, decidí conectarme. Conseguí la dirección de “Creatividad Feminista”, que dirige Ximena Bedregal desde México, y empecé a frecuentar la Web, lo que me produjo la gran satisfacción de comprobar cómo siguen militando las compañeras y amigas del otro lado del “charco”.

Un tiempo después tuve la suerte de conocer personalmente a Montserrat Boix, a la que pedí me inscribiera en “Mujeres en Red”, que es ya mi referencia obligada de casi todos los días. A través de esta Web recibo información puntual de cómo va el movimiento de mujeres en España e internacionalmente. Desde ella he podido participar en campañas puntuales, en debates interesantes, en aportaciones teóricas desde el pensamiento feminista. Gracias a ella he recuperado amigas que habían desaparecido de mi horizonte y he establecido comunicación con gentes lejanas geográficamente.

Con todo, más allá de mi experiencia personal, observo que este enclave en la Red ha conseguido aglutinar a parte del movimiento que andaba disperso. Al no tener en muchos casos lugares de encuentro físico, esta “casa” virtual nos ha facilitado a las antiguas y a las nuevas el volver a interrelacionarnos de un modo muy intenso. Me recuerda a aquellos primeros tiempos de la transición cuando todo era tan vivo. Después de las primeras elecciones la cosa se enfrió, porque las feministas de los partidos se plegaron a las directrices y los modos de hacer política de los suyos. Las demás continuamos entonces más o menos dispersas, más o menos itinerantes. Pasados unos años de desconexión, o de conexiones puntuales, la aparición de Mujeres en Red ha conseguido aglutinar o relacionar a una cantidad importante de mujeres que parecía se habían refugiado en sus vidas privadas. Pues no: estaban ahí. Personalmente, creo que parte de la enorme actividad que está resurgiendo en el Movimiento se debe a la voluntad potenciadora de Mujeres en Red y a la propia capacidad de Internet para relacionarnos.

Me resta por decir que muchas mujeres feministas, desde la cátedra, han implementado enormemente los Estudios de la Mujer, pero desde las restricciones impuestas por la Academia, que impide el debate vivo de los foros alternativos. Algunas no han descubierto que tendrían mucho más campo de acción desde Internet, además de que una extraña inhibición les impide participar en este foro abierto, e incluso hay quienes desprecian o no se atreven con las Nuevas Tecnologías. Estas mujeres, que aún tienen mucho que decir y que aportar, están un poco encerradas en sus cátedras o despachos sin salir a la palestra. Una palestra importante para seguir debatiendo y soñando; una palestra en la que se diluyen los liderazgos y cada quién se expone en campo abierto con sólo su palabra: sin púlpitos ni cátedras ni lugares preeminentes. Pensar sobre la marcha, decir desde el presente, arriesgarse a las contradicciones... como la vida misma. ¡Qué importa!

Espero fervientemente que se multipliquen las “ágoras” en las que seguir hablando, opinando, acercándonos y, finalmente, reforzando la autoridad que todas merecemos. Que Iris, la mensajera de las Diosas, nos oiga. Y que nos diga qué opina.

_____
Notas:

1 Lección inaugural en la Universidad Oberta de Catalunya.
2 Antropología de la Mujer. Anthropos. Barcelona, 1988 pag.139.
3 McLuhan & Powers: La aldea global. Gedisa. Barcelona, 1990 pag.72.
4 Una extraña dictadura. Anagrama. Barcelona, 2001 pag. 15.


* Victoria Sendón de León es filosofa y escritora española, autora de "Sobre diosas, amazonas y vestales", "La España herética", "Más allá de Itaca", "Agenda pagana", "Feminismo holístico", "Marcar las diferencias" y "Mujeres en la era global", entre otros ensayos. Como guionista y realizadora, ha producido audiovisuales para televisión e instituciones culturales. Este texto forma parte de “El viaje de las internautas. Una mirada de género a las nuevas tecnologías”, edición de la revista Género y Comunicación, que realizó junto con Montserrat Boix y Cristina Fraga, editado por AMECO, junio 2001, y ha sido cedido a SdP por Creatividad Feminista (www.creatividadfeminista.org).


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