Sala de Prensa

66
Abril 2004
Año VI, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Prensa en Irak: tierra de nadie

No sólo durante la invasión, sino después de la ocupación militar encabezada por Estados Unidos, Irak se ha convertido en el país más peligroso para los profesionales de la prensa: 36 muertos y dos desaparecidos en un año. Más: las promesas estadunidenses de llevar “libertad” a ese país son un contrasentido: reporteros iraquíes y extranjeros sufren hostigamiento, amenazas y censuras de parte de las fuerzas de ocupación y del gobierno interino impuesto por Washington.

Anne Marie Mergier *

París.— El hecho es tan excepcional que merece ser subrayado: el pasado 29 de marzo las fuerzas militares estadunidenses de ocupación en Irak reconocieron la responsabilidad de sus soldados en la muerte de dos periodistas iraquíes de la cadena televisiva Al-Arabiya. Su comunicado fue lacónico, pero es la primera vez en un año que aceptan enfrentar la verdad.

El trágico incidente, que costo la vida al reportero Ali Al-Khatib y al camarógrafo Ali Abdel-Aziz, ocurrió en la noche del 18 de marzo. Según los directivos de Al-Arabiya, el automóvil de los reporteros llevaba las grandes siglas “TV” y los periodistas tenían autorización oficial para filmar.

De acuerdo con la misma fuente, llegaron a un puesto de control militar estadunidense al lado del hotel Borj Al-Hayat que acababa de ser alcanzado por cohetes. Los soldados no les permitieron acercarse más al hotel. Los periodistas regresaban a su vehículo cuando un auto se estrelló a toda velocidad contra una barrera metálica. Los reporteros intentaron huir del lugar en su propio auto. En vano. Los soldados estadunidenses les empezaron a disparar. Abdel Aziz murió al instante y Al-Khatib, gravemente herido, falleció al día siguiente.

La primera reacción de las autoridades castrenses estadunidenses fue, como siempre, afirmar que no tenían nada que ver en la muerte de los reporteros. Provocaron escándalo en Irak y repudio a nivel internacional.
Sara De Jong, responsable de la Fédération Internationale des Journalistes (FIJ) 
la más amplia organización de defensa de periodistas, cuenta con 500 mil miembros procedentes de 100 países y tiene su sede en Bruselas, confía a la reportera que ese brusco cambio de actitud de parte de los militares estadunidenses le parece positivo.

Agrega, sin embargo: “Ahora falta ver si los soldados involucrados en la muerte de los periodistas serán sancionados, y, sobre todo, si las autoridades estadunidenses empezarán, por fin, a tener un poco de consideración con la prensa”.

El tono de su voz delata escepticismo. No es para menos. Desde el principio de la guerra contra Irak y a lo largo de la ocupación de ese país por ocupación británico-estadunidense, los periodistas pagan un precio altísimo para ejercer su profesión.

Ataques y censura

En las últimas semanas se multiplicaron las agresiones en su contra. El pasado 26 de marzo, Burhan Muhamad Mazhur Al-Lubhaybi, camarógrafo iraquí independiente que llevaba dos meses trabajando con la cadena televisiva estadunidense ABC, fue muerto por un balazo en la cabeza disparado por un soldado estadunidense en la ciudad de Falujah.

Reporteros de la agencia noticiosa France Presse (AFP), presentes en el lugar de los hechos, explicaron que, junto con otros periodistas, Mazhur estaba filmando cateos casa por casa efectuados por tropas estadunidenses, cuando de repente los soldados empezaron a disparar contra la prensa.

Tres días más tarde, el 29 de marzo, Nabil Al-Jurani, fotógrafo iraquí que colabora con la agencia noticiosa Associated Press (AP) resultó herido por tropas británicas en Basora mientras cubría un enfrentamiento entre soldados ingleses y rebeldes iraquíes.

A principios del mismo mes de marzo un equipo de tres reporteros coreanos de la cadena televisiva Korea Broadcasting System (KBS) fueron acusados por soldados estadunidenses de transportar explosivos. Los esposaron y durante horas los aislaron en celdas inhóspitas. Al parecer, de poco sirvieron los esfuerzos de la embajada de Korea en Bagdad por confirmar su identidad y demostrar su inocencia. Finalmente fueron liberados sin disculpa alguna.

Por si eso fuera poco, las fuerzas de ocupación acaban de alborotar al sector más combativo de la comunidad chiíta: el pasado 28 de marzo, Paul Bremer, administrador estadunidense en Irak, prohibió por dos meses la publicación de la revista Al-Hawza. Ese mismo día, decenas de soldados estadunidenses cerraron las oficinas de ese semanario radical, muy popular entre los seguidores del joven y muy rebelde líder religioso Moqtada Al-Sadr.

Motivo de esa decisión: “Los artículos de Al-Hawza revelan una intención de perturbar la seguridad y de incitar a los iraquíes a la violencia”. Entre los artículos señalados destacan dos: el primero cuestiona la descripción oficial de un atentado perpetrado hace dos meses en una delegación policiaca del pueblo de Skenderia, al sur de Bagdad. Al-Hawza afirma que no explotó ningún auto bomba en el lugar, sino que un helicóptero estadunidense disparó un rocket. El segundo artículo busca demostrar que la administración Bush siempre se interesó más por el petróleo iraquí que por la caída de Saddam Hussein.

Resultado: se multiplican manifestaciones diarias ante la sede del semanario, cuyas puertas están cerradas con gruesas cadenas. Todas las asociaciones de periodistas nacionales e internacionales denuncian esa censura.

Alaeddin Elsadar, vocero del Consejo Provisional de Gobierno Iraquí, intentó tranquilizar al Committee to Protect Journalists (CPJ) organización estadunidense de defensa de los periodistas con sede en Nueva York al afirmar que Al-Hawza tenía derecho de “apelar”.

“¿Dónde y cómo?”, preguntó el CPJ. “Llamándome por teléfono para negociar…”, contestó Elsadar.

“Es una burla protesta Anne Cooper, presidenta del CPJ. El cierre abrupto y dramático de Al-Hawza envía un mensaje bastante turbio, sobre todo en el momento en que los iraquíes están trabajando para reconstruir su propia soberanía.”

Al-Hawza no es el primer medio de comunicación en ser censurado por las fuerzas de ocupación. En noviembre del año pasado la cadena televisiva Al-Arabiya, de los Emiratos Árabes, no pudo transmitir en Irak durante dos meses. El motivo: la cadena había difundido un llamado a la resistencia de Saddam Hussein.

Algunas semanas más tarde, se prohibió a la cadena televisiva quatarí Al-Yazira cubrir las actividades del Consejo de Gobierno Iraquí (CGI) durante un mes. Causa del castigo: difundir un debate en el que un participante afirmaba que miembros del CGI tenían relaciones con Israel y habían visitado ese país.

Lista de agravios

El pasado 20 de marzo, Bremen creó una Comisión de Regulación de los Medios Masivos de Comunicación. La medida no parece inspirar mayor confianza dentro y fuera de Irak.

La FIJ sintetiza el escepticismo general: “Aun si el Consejo de Gobierno Iraquí, nombrado y controlado por Washington, asegura que esa Comisión será totalmente independiente, es sumamente difícil pensar que no estará sometida a fuertes presiones”.

La FIJ conoce bien la situación de los periodistas y de los medios de prensa iraquíes, así como la de los corresponsales extranjeros en ese país, ya que mantiene un contacto estrecho con todos ellos.

Junto con la Federación de Periodistas Árabes, los directivos de la FIJ llevaron a cabo una misión de investigación en Irak del 19 al 25 del pasado mes de enero. Plasmaron los múltiples problemas que enfrenta la prensa en el país en un amplio informe y en una densa carta, sumamente crítica, que dirigieron al Consejo de Gobierno Iraquí.

Larga es la lista de quejas de los medios de comunicación extranjeros: hostigamiento sistemático a los reporteros; vigilancia permanente; frecuentes y arrogantes llamadas telefónicas de protesta del servicio de comunicación de ocupación por notas o reportajes que “no le convienen”; amenazas de impedir el acceso de los reporteros al lugar de los hechos o a actos oficiales; presiones constantes para que los periodistas dejen de hablar de violencia y enfoquen “aspectos positivos”.

“En numerosas oportunidades precisa la FIJ, se confiscaron casetes y películas y se trató a los reporteros con suma dureza. Tenemos muchos testimonios al respecto. Pero los denunciantes guardaron el anonimato por temor a ser expulsados.”

El jefe de la oficina en Bagdad de la agencia noticiosa británica Reuters, en cambio, habló abiertamente de la brutalidad de soldados estadunidenses ejercida contra dos reporteros de la agencia y su chofer. Los tres hombres fueron detenidos y maltratados durante 72 horas, a principios de enero. La “seudo investigación” efectuada por las autoridades castrenses estadunidenses fue considerada por la agencia británica como “un insulto”.

Sara De Jong, precisa: “La situación empeoró desde que realizamos nuestra misión hace dos meses. A principios de marzo las autoridades castrenses estadunidenses decidieron que ningún periodista extranjero podía reportear en Irak sin solicitar acreditación. No hacerlo será considerado como un delito grave”.

Larga también es la lista de agravios que sufre la prensa iraquí. Insiste la FIJ en su informe: “Los problemas de los periodistas iraquíes son aún más serios que los de los corresponsales extranjeros. Les toca enfrentar una fuerza de ocupación que desprecia a los ‘reporteros de terreno’, sobre todo cuando se trata de ‘locales’ considerados como ‘elementos hostiles’”.

Según la FIJ, la administración interina iraquí impuso directivas draconianas a la prensa. Las multas, en caso de violación de una de estas directivas, pueden alcanzar mil dólares. También se busca imponer a los medios de comunicación un “código de conducta” que, entre otras cosas, prohíbe el uso de ciertas palabras como Jihad (guerra santa) o “resistencia”.

“Ese código de 11 puntos fue elaborado de forma unilateral, sin consultar a los profesionales de la prensa y se ejercen descaradas presiones para obligar a los periodistas a firmarlo”, se indigna la FIJ.

Miles de periodistas que trabajaban en los medios oficiales era la única opción en tiempos de Hussein fueron despedidos por las fuerzas de ocupación. Muchos siguen desempleados.

Sólo parte de ellos logró “reciclarse” en los 200 nuevos periódicos y revistas que surgieron como hongos después de la caída de Hussein. La mayoría de estas publicaciones no favorecen un periodismo independiente, ya que defienden los intereses de grupos de presión o de partidos políticos.

Los salarios de los periodistas son “patéticos”: oscilan entre 100 y 150 dólares mensuales. “Semejante situación genera una corrupción creciente en la prensa”, deplora la FIJ.

Los sueldos de los reporteros iraquíes contratados por los medios de comunicación internacionales son mucho más atractivos: giran alrededor de mil dólares, pero exponen a los periodistas al furor de grupos opositores que los matan por ser “traidores” o “colaboradores”.

El último incidente mortal ocurrió el 24 de marzo. Ese día Omar Kamal, colaborador de la revista Time fue gravemente herido mientras manejaba su auto. Falleció dos días después en el hospital.

Howard Chua-Eoan, directivo del semanario estadunidense, señala que numerosos iraquíes que trabajan con la revista reciben regularmente amenazas de “fuentes muy variadas”.

Por la mañana del 18 de marzo fue perpetrado un atentado contra una camioneta combi que transportaba empleados de la cadena televisiva iraquí Diyala, creada por las fuerzas de ocupación en la ciudad de Bakuba (60 kilómetros al norte de Bagdad). El ataque costó la vida a Nadia Nasrat, periodista; Majid Rachid, técnico, y a un agente de seguridad. Ocho personas más resultaron heridas.

El 5 de marzo Selwan Abdelghani Mehdi Al-Niemi, traductor independiente que trabajaba con la cadena radial estadunidense Voice of America, resultó también herido mortalmente en su auto. Su madre y su hija quienes lo acompañaban fallecieron en el ataque.

De las 109 victimas del sangriento atentado en Ebril (Kurdistán iraquí), perpetrado el 1 de febrero, 13 fueron periodistas kurdos. El grupo Jaish Ansar Al-Sunna revindicó el ataque y lo presentó como una venganza contra quienes se alían con Estados Unidos.

Según su director, Ismael Zayer, el diario Al-Sabah (La Mañana, financiado por Estados Unidos y ubicado en el centro de Bagdad) sufre amenazas permanentes. De hecho, ha sido blanco de varios ataques con armas automáticas y lanzacohetes sin, hasta ahora, consecuencias trágicas.

El 27 de enero dos colaboradores iraquíes de la cadena televisiva estadunidense CNN, Duraid Isa Mohamad, traductor, y Yaser Khatab, chofer, fueron asesinados a balazos en una emboscada a 30 kilómetros de Bagdad, mientras regresaban en auto de la ciudad de Hilah. Scott McWhinnie, camarógrafo, resultó herido en la cabeza. Michael Holmes, reportero, y Shirley Hung, productora, salieron ilesos.

“La Guerra de Irak es una de las peores de la historia para los medios de comunicación. Tenemos una lista de 36 periodistas y técnicos asesinados en un año y dos desaparecidos, probablemente muertos. Es terrible. También es terrible constatar que siete de ellos fueron muertos por las fuerzas estadunidenses”, denuncia Rodney Pinder, director del International News Safety Institute, con sede en Bruselas.

De entre estas 36 muertes, 10 corresponden al periodo de invasión militar para derrocar a Hussein. Es decir, 26 periodistas y técnicos han muerto durante la ocupación que, supuestamente, debería inscribir a Irak dentro del concepto de democracia occidental.

Actualmente, Irak encabeza la lista de los 10 países más peligrosos del mundo para los periodistas, enfatizan al unísono Reporteros Sin Fronteras y la FIJ. Le siguen Afganistán, Chechenia, Gaza y Cisjordania, Eritrea, Togo, Colombia y Belorusia. Cuba y Vietnam destacan en esa lista por las largísimas penas de encarcelamiento impuestas a los periodistas.

La “arrogante impunidad” de Washington

Vigilados, perseguidos, agredidos y amenazados por las fuerzas de ocupación invasora, los periodistas locales y extranjeros en Irak también padecen ataques de los distintos grupos de la resistencia armada. Deben trabajar bajo una tensión extrema.

Pero quizá lo que más frustra a las asociaciones internacionales de periodistas es la actitud del Pentágono, que niega sistemáticamente la culpa de sus tropas en la muerte de varios enviados de los medios de comunicación.

“Resulta intolerable ese desprecio abierto de las evidencias, la precipitación para exonerar a los soldados estadunidenses y a sus altos mandos, además de ese empeño en ignorar las quejas y demandas de los informadores”, enfatiza Aidan White, presidente de la FIJ.

Acorralados por presiones internacionales, los mandos militares de Estados Unidos realizan sus propias pesquisas que siempre los declaran inocentes, aunque los datos obtenidos son secretos y se rehúsan a que las comisiones independientes investiguen los hechos.

Por eso, el reconocimiento de la responsabilidad de tropas estadunidenses en el fallecimiento de dos reporteros de la cadena de televisión Al-Arabyia constituye una excepción sorprendente.

El caso más emblemático del “cinismo” estadunidense y de su “arrogante impunidad” es sin duda el ataque al Hotel Palestina, recalca Robert Ménard, presidente de la organización Reporteros sin Fronteras (RSF), radicada en Francia.

Hace un año, el 8 de abril de 2003, un tanque invasor disparó contra el hotel de Bagdad, que albergaba aproximadamente a 150 periodistas de varios países. Murieron dos de ellos: Taras Protsyuk, de la agencia noticiosa Reuters, y José Couso, de la cadena televisiva española Telecinco.

Cuatro meses después, el 12 de agosto, el ejército estadunidense dio a conocer el resultado de su investigación: el soldado que disparó el cañón del tanque hacia el hotel actuó “en legítima defensa” y por lo tanto no se le puede culpar de nada.

Ante esa afirmación, RSF entrevistó a decenas de testigos que nunca fueron interrogados por los “investigadores” estadunidenses. Su exhaustivo informe resultó demoledor para las versiones del alto mando militar en Washington, y la ONU lo tomó muy en serio, pero no tuvo mayores consecuencias.

En España, los familiares de José Couso emprendieron acciones judiciales para que el gobierno de José María Aznar exigiera a George W. Bush una investigación digna de ese nombre. Fracasaron.

Hasta ahora hay sólo una “verdad” sobre el ataque al Hotel Palestina: la del Pentágono.

Ante semejante situación, la FIJ declaró que el 8 de abril de 2004 será un día de recogimiento, en memoria de los periodistas asesinados en Irak, y de protesta ante la impunidad de las fuerzas de ocupación en ese país.

Otro ejemplo de la mala fe de los altos oficiales estadunidenses fue su actuación en el caso de la muerte de Terry Lloyd, reportero de la cadena de televisión británica ITN, y del misterioso destino de dos de sus colegas: Fred Nérac y Husein Osman.

El 22 de marzo de 2003, a dos días del inicio de la guerra, un equipo de ITN que se transportaba en dos vehículos quedó atrapado en pleno tiroteo entre tropas iraquíes y estadunidenses.

Lloyd, afamado reportero, murió camino al hospital a causa de sus heridas. El camarógrafo belga Daniel Demoustier logró escapar pese a sus lesiones. Pero el camarógrafo francés Fred Nérac y el intérprete libanés Husein Othman desaparecieron.

Hasta la fecha el ejército estadunidense niega su relación con esa tragedia, por lo que los directivos de ITN realizaron su propia investigación durante meses y difundieron sus conclusiones el pasado 23 de marzo.

Su equipo de investigadores, que incluyó a dos exagentes del servicio secreto británico, recogió testimonios que señalan que las tropas de Estados Unidos dispararon sobre los autos de ITN y provocaron primero la muerte de Lloyd; después, las de Nérac y Othman.

Según ITN, los iraquíes intentaron llevar a los dos últimos al hospital, pero sus transportes fueron destruidos por disparos desde helicópteros estadunidenses. En la cadena televisiva británica se piensa que los restos del camarógrafo y del intérprete pueden estar enterrados en alguna fosa común.

Desde junio del año pasado, bajo presión de la viuda de Fred Nérac y de distintas organizaciones internacionales de periodistas, el ministerio de Defensa británico inició su propia investigación. De acuerdo con los directivos de ITN, al llegar a las mismas conclusiones que la televisora, los militares ingleses se habrían quejado, off the record, de la falta total de colaboración de sus aliados.

En la misma negación de responsabilidades desembocó la investigación exigida al mando estadunidense por la agencia noticiosa Reuters tras el asesinato de su famoso camarógrafo Mazen Dana, muerto de un disparo en el pecho el pasado 17 de agosto, en las afueras de la cárcel de Abu Ghraib, en Bagdad.

De origen palestino, Dana quien llevaba 20 años colaborando con Reuters fue alcanzado por la bala de un soldado mientras grababa la llegada de un convoy militar. Los testimonios de los demás periodistas presentes son unánimes: contra el argumento del mando estadunidense, Dana era perfectamente identificable como periodista y no se podía confundir su cámara con un arma.


* Anne Marie Mergier es corresponsal en París del semanario mexicano Proceso. Este texto fue pulicado en el número 1431 y se reproduce en SdP con la autorización expresa de su editor internacional.


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