Sala de Prensa

65
Marzo 2004
Año VI, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La prensa gratuita se abre paso
entre los medios de información general

Concha Edo *

El crecimiento constante de la prensa gratuita de información general en las grandes ciudades, a pesar de las dificultades de todo tipo que han planteado los empresarios de las cabeceras más importantes en todo el mundo, pone sobre la mesa una serie de cuestiones acerca de su futuro inmediato y sus perspectivas a largo plazo sobre las que merece la pena reflexionar.

Y con más motivo cuando la prensa tradicional de pago, integrada con frecuencia en poderosos grupos multimedia, mantiene con dificultad sus niveles de venta de ejemplares y ve subir peligrosamente la media de edad de sus lectores.

La gratuidad no es nada nuevo. Está implantada en sectores especializados desde hace muchos años y lo novedoso de la situación actual está en que ahora ofrece las secciones clásicas de cualquier periódico y todo tipo de noticias, aunque con unos contenidos muy ajustados que, para muchos, tienen poco valor periodístico. Y si en Estados Unidos se imponen títulos como Express o AM Journal Express, las cabeceras que triunfan en Europa son, sobre todo, Metro y 20 Minutos.

Los desencuentros entre la prensa gratuita y la hegemónica prensa de pago vienen de lejos, y la reacción que provoca su aparición suele ser parecida en todos los países. Primero los diarios de pago se enfrentan abiertamente a las empresas editoras de los gratuitos por considerarlos de baja calidad y porque sus sistemas de comercialización rompen las reglas del juego del mercado y alteran las previsiones de la publicidad.

Pero pasada esta fase, los editores de la prensa de prestigio comienzan a probar suerte con ediciones complementarias de sus periódicos que distribuyen de forma gratuita y que utilizan como reclamo para captar nuevos lectores y no perder su poder de influencia.

Dura reacción inicial de los diarios de pago

Un ejemplo muy claro es el mercado francés, especialmente significativo por la violencia que enarbolaron los sindicatos de la prensa tradicional para oponerse a los recién llegados. Cuando al finalizar el año 2001 comenzaba a introducirse en la capital Metro,1 con una tirada de 200.000 ejemplares, cuatrocientos piquetes impidieron que se pudiera distribuir por París y se llegaron a destruir 50.000 ejemplares. Las cosas llegaron a tal punto se hizo necesaria la presencia de la policía para poder imprimir el segundo número y acabaron por hacerlo en Luxemburgo.

Pocos días después Marsella vivió una situación parecida de violencia y un representante sindical lo justificó diciendo que los gratuitos no respetan las reglas de la prensa. A la vez, la empresa sueca editora de Metro aseguraba que estaban sorprendidos y escandalizados de los métodos sindicales y el presidente de Metro Internacional, Pelle Tornberg, insistía en que de los 14 países dónde han comenzado la edición sólo en París se habían enfrentado a semejante violencia.

La Federación Nacional de la Prensa Francesa manifestaba entonces sus recelos respecto a la credibilidad de una información indisociable de una iniciativa puramente publicitaria. Y Michel Diard, secretario general del sindicato de periodistas de Le Monde, insistía también en la importancia de no depender sólo de la publicidad, como les ocurre a los gratuitos, sino de los lectores y reconocía que se estaba amenazando el equilibrio de la prensa francesa.2

El diario Libération es uno de los más afectados por la nueva situación porque no cuenta con la solidez empresarial de Le Monde o Le Figaro. Este emblemático diario de la izquierda francesa, que ha retocado su diseño en 2003 al cumplir los treinta años, vende 156.507 ejemplares y en 2002 tenía 25.600 suscriptores. El 36,4% del capital de la empresa es de los empleados y el 63% de distintos accionistas ajenos a la publicación.3

Y Serge July, que sigue ocupando la dirección, recordaba también entonces, después de acusar a los nuevos de filibusteros, que lo que cuesta caro en la prensa de calidad son los periodistas, y suprimirlos o reducirlos peligrosamente, limitarse a los despachos de agencia y añadir un poco de color era todo lo que ofrecían los gratuitos frente a los reporteros, los enviados especiales, la experiencia, la inteligencia, las fuentes y la línea editorial de los diarios de pago.4

Pocas semanas después se recrudeció la situación, coincidiendo con la llegada de 20 Minutos al mercado parisino, porque los sindicatos tiraron unos 200.000 ejemplares de Metro por las calles de la ciudad después de parar a varios camiones de reparto, y amenazaron con mantener tales medidas si no se llegaba aun acuerdo para la distribución. Y si en Marsella se encontró con cierta rapidez la vía adecuada para llegara a desarrollar esos acuerdos, en París las cosas fueron más difíciles y más lentas, pero no imposibles, porque se acabó llegando a un punto de equilibrio entre unos y otros.

En noviembre de 2003 Le Monde -en un artículo que aludía en el titular a que los diarios gratuitos estaba atizando la codicia de los de pago- ofrecía unos datos que no tenían discusión: cada día los gratuitos repartían 800.000 ejemplares en París y sus alrededores y sus editores aseguraban que la audiencia llegaba ya al millón y medio, el 17% de los habitantes de toda esa zona. La edición francesa de Metro, puesta en circulación en febrero de 2002, había alcanzado 340.000-400.000 ejemplares en París, 80.000 en Marsella y 30.000 en Lyon; 20 Minutes, de marzo de 2002, difundía 450.000 ejemplares en Ile-de-France, y Marseille Plus llegaba a los 100.000.5 Todo un récord.

Y los datos más recientes hablan de nuevas ediciones desde marzo de 2004 de 20 Minutes en Lille, Lyon y Marsella, ciudades en las que también se encuentra su principal opositor, Metro France, que añade, además, Toulouse.6

Para los directivos de Libération hay una línea que divide la historia de los gratuitos franceses de información general en dos etapas: está marcada por la entrada de la cadena privada de televisión TF1 en el capital de Metro y supuso un aumento importante para la credibilidad y las posibilidades de futuro de estos diarios.7

Vuelta al pragmatismo

Así las cosas, unas empresas optaron por participar del capital de los gratuitos, como es el caso del grupo Ouest-France, que tiene el 50% de 20 Minutes a través de Spir Communication y prepara un semanario gratis en Burdeos, y otras como la editora de Le Progrès, en Lyon –de Socpresse, que edita Le Figaro- por estudiar el lanzamiento de dos publicaciones gratuitas: un diario y un semanario. El grupo Amaury que edita Le Parisien, una de las cabeceras más afectadas por Metro y 20 Minutes, también quiere optar por un publicación de este tipo, e incluso en el grupo Hersant están pensando en acometer su propia edición.

Poco a poco, todos quieren tomar posiciones para no dejarse comer el terreno pues, aunque la prensa de pago francesa vende 4,7 millones de ejemplares cada día, el sector está en una fase difícil porque junto a la competencia de esta nueva oferta informativa se mantienen los problemas en la publicidad, la difusión y la reducción de los pequeños anuncios.8

Sin embargo en Francia, como en otros países, existen muchos títulos especializados desde hace años, y uno de los más conocidos es À nous Paris, propiedad de Amaury y Socpresse al cincuenta por ciento. Este diario reparte cada día en el metro más de 350.000 ejemplares y ofrece información de una ciudad en la que cinco millones de personas utilizan las distintas modalidades del transporte público y son clientes potenciales de esta tendencia a la gratuidad que se va imponiendo en las noticias.

Y cuenta, además, con un elemento importante a su favor: la edad media del lector de estos diarios entre los franceses es de 33 años, frente a los más de 40 de Le Parisien, Le Monde y Libération y los 52 de Le Figaro. Una cuestión importante si se tiene en cuenta que la población de menos edad, asidua de Internet, no es la que más afición tiene por la prensa tradicional editada en papel.

Con todo, del 7 al 15 de noviembre de 2003 la empresa Ipsos llevó a cabo un sondeo9 encargado por Télérama y la Fédération Nationale de la Presse Française (FNPF) entre jóvenes de 15 a 25 años que permite una visión más completa de la audiencia de la prensa en Francia: a dos de cada tres, les gusta leer. Al 19%, mucho; al 47%, bastante; al 28%, no mucho y al 6%, nada. Unos datos que se hicieron públicos, precisamente, la víspera del XIV Congrès de la Presse Française, celebrado en Burdeos. De los 900 encuestados, el 44% aseguraba comprar a menudo revistas o periódicos, y el 31% decía leer prensa gratuita. Y también decían leer con frecuencia la prensa que se compra en su casa o en su entorno.

Una tendencia que crece

Pero esta situación no se produce sólo en uno u otro país, sino que se extiende poco a poco por las grandes ciudades del mundo desde que Metro apareciera por primera vez en Estocolmo, en 1995. En el Reino Unido la prensa de pago y la gratuita conviven desde hace tiempo y Metro, con 826.000 ejemplares de media, es el sexto periódico del país.

Un ejemplo más de esta tendencia es la empresa editora de Evening Standard y The Daily Mail –Associated Newspapers- que edita también London Metro con el fin de llegar a distintos sectores de la audiencia. Y Richard Desmond, editor del Sunday Express se enfrenta con el gratuito London Evening Mail a la competencia del gratuito Metro y del Evening Standard, de pago.10

Una situación parecida se ha producido en Holanda, donde la empresa propietaria del diario De Telegraf de la capital del país, Amsterdam, con una tirada media que supera los 800.000 ejemplares, ha lanzado el gratuito Spits para ampliar su radio de acción y conseguir lectores que no compran la cabecera principal.

En Alemania 20 Minutos comenzó a editarse en Colonia en 1999 y los periódicos con más audiencia, como Bild y otros, pusieron en marcha los gratuitos Extra Köln y Kölner Morgern para hacerles frente.11 Y en Suiza, Italia o España, entre otros, se pueden encontrar experiencias parecidas.

En cuanto a Estados Unidos, y aunque es un mercado en el que los gratuitos locales semanales y la prensa alternativa han conseguido los mejores resultados, también la información general tiene su cuota de gratuidad en un intento de atajar la caída de ventas de los diarios convencionales y, al mismo tiempo, conseguir llegar al lector joven y urbano. Los títulos más recientes son la edición de Dallas del AM Journal Express, que reparte 150.000 ejemplares, y amNewYork que busca un tipo de lector de menos edad y residente en New Cork.

También las cabeceras más emblemáticas están haciendo un hueco en sus presupuestos para esta nueva modalidad informativa. The Washington Post Co., por ejemplo, tiene una cadena de 35 periódicos locales gratuitos a través de una nueva empresa dependiente llamada Community Newspaper Group, que alcanzan en conjunto el millón de ejemplares.

Y en agosto de 2003 puso en la calle de lunes a viernes Express, un diario también gratuito de veinticuatro páginas y una difusión de 125.000 ejemplares que se puede leer en quince minutos y que consideran complementario de su emblemático Post, al que se cita con frecuencia tanto en la versión en papel como en la que ofrece el rotativo en Internet y al que se remite para los fines de semana.

Otra iniciativa estadounidense a la que también se puede aludir, entre otras, es la de los editores de The Miami Herald, que utilizan el semanal gratuito Street Miami para llegar a otras audiencias con una filosofía empresarial que está en la línea de lo que han hecho con El Nuevo Herald para los lectores hispanos.

En cuanto a España, merece la pena hacer un estudio independiente, pero se puede apuntar que 20Minutos está en Madrid y Barcelona desde 2000, en Sevilla y Zaragoza desde 2003 y en La Coruña desde 2004,12 con una presencia semejante de Metro en las grandes ciudades españolas.

Y aunque la OJD (Oficina para la Justificación de la Difusión) ha tenido diferentes conflictos con los gratuitos, el Estudio General de Medios ofrece como dato orientativo una difusión total de 1.232.000 lectores por número.

Mientras, la prensa tradicional integrada por las grandes empresas del papel, que en muchos casos son ya grupos multimedia, ha vuelto en nuestro país a las cifras de difusión de 1996: 4,1 millones de ejemplares de media diaria. La bajada no se debe sólo a los gratuitos sino a una serie de cuestiones más complejas que abordaré en otros trabajos, pero sin duda la influencia es notable.

Cambios en las audiencias

Todos estos datos dejan a la vista que los grandes grupos mediáticos no pueden contener la avalancha de la prensa gratuita de información general, ya asentada en gran parte del mundo. Y muestran también los cambios que se están produciendo en las audiencias: no es difícil comprobar que los lectores jóvenes de periódicos escasean y que disminuye el número de los que acceden a pagar por una información que, indudablemente más ligera y menos comprometida, puede encontrarse gratis también en Internet o, con matices diferentes, en la televisión o la radio.

Pero, aunque este breve texto no deja espacio para otro tipo de reflexiones que se quedan para más adelante, si que conviene constatar que no parece que las nuevas empresas de prensa vayan a influir en el desarrollo de las libertades democráticas y en la independencia de los medios.

Los diarios gratuitos pertenecen mayoritariamente a grandes grupos –como en el caso de Metro o 20 Minutos- que van trasladando su fórmula a las ciudades más pobladas y más dinámicas con un éxito que ha estabilizado la solidez de sus ejercicios económicos anuales. Y aunque hay cabeceras locales en todos los países, la propiedad de esas empresas está concentrada, salvo excepciones, en las mismas manos. Además, la finalidad principal de estos diarios no es tanto periodística como económica y muestran la actualidad sin el menor atisbo de explicación, lo que puede parecer a primera vista un retroceso en la capacidad liberadora del derecho a la información.

Sin embargo no es realista reaccionar con pesimismo. Los escenarios posibles son muchos y no se puede desdeñar la evidencia de que así más personas conocen antes lo que está pasando en este mundo global. La prensa gratuita de información general ha encontrado su hueco, y ahora hace falta que las grandes cabeceras despierten de su cómodo negocio de poder, sepan diferenciarse aún más y emitan la respuesta adecuada a esta nueva oferta de noticias.

_____
Notas:

1 Metro apareció por primera vez en Estocolmo, en 1995, sin que fuera tomado en serio. Pero según Luciano Bosio, director adjunto de Carat Expert, al transcurrir el primer año de la salida de los gratuitos se produjo una bajada de más del 5% en los periódicos de pago (El Mundo, 20 de febrero de 2002).
2 El Mundo, 19 de febrero de 2002.
3 La Vanguardia, 14 de octubre de 2003.
4 También el diario L’Humanité lanzaba recientemente un cri d’alarme (Le Monde, 11 de febrero de 2004) por la inquietante zona de turbulencias en la que se encuentra la prensa diaria, que puede ser fatal para las cabeceras más débiles, como es su caso. Y en el texto, firmado por Patrick Le Hyaric, director del periódico, se alude también a la prensa gratuita (L’Humanité, 7 de febrero de 2004).
5 « Les titres gratuits attisent la convoitise de la presse payante », en Le Monde, 17 de noviembre de 2003.
6 Agencia France Presse, 9 de febrero de 2004.
7 Mediabriefing, 26 de septiembre de 2003.
8 La Vanguardia, 28 de noviembre de 2003.
9 Agencia France Presse, 19 de noviembre de 2003.
10 Mediabriefing, 20 de noviembre de 2003.
11 El Mundo, 20 de febrero de 2002.
12 Mediabriefing, 26 de septiembre de 2003.


*Concha Edo es integrante del Consejo Editorial de Sala de Prensa. Profesora titular en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Este artículo fue escrito para el V Aniversario de SdP.


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