Sala de Prensa

65
Marzo 2004
Año VI, Vol. 3

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La cruzada desreguladora de Michael Powell

Naief Yehya *

En su primera conferencia de prensa el 6 de febrero del 2001, el flamante director del Federal Communications Commission (FCC), Michael Powell, el hijo del general retirado y secretario de estado, Colin Powell, prometió que al desregular la industria de las telecomunicaciones estimularía la innovación y la competencia en los medios. Según Powell estos cambios serían necesarios para reflejar la evolución del mercado provocada por la proliferación de la televisión por cable, las transmisiones por satélite y el impacto de Internet.

Powell, quien se define a sí mismo como republicano moderado, fue comisionado de la FCC desde 1997, en donde demostró ser un feroz defensor de los valores e intereses corporativos. Por tanto desde que fue nombrado por el presidente George W. Bush como director de esa dependencia, puso en marcha un ambicioso programa de desregulaciones sin precedente histórico. Esto daba un giro interesante a la afirmación que hizo en su primera presentación en público, el 22 de enero de 2001, cuando anunció que la FCC debía actuar como un "sistema de prevención temprana de los problemas potenciales" y que las acciones de largo alcance debían ser dejadas a los congresistas electos, "quienes tienen que responder a sus constituyentes". Pero al día siguiente declaró, sin ambigüedad alguna al Washington Post: "El opresor es aquí la regulación".

Dos meses después de su toma de posesión, Powell emprendió su campaña desreguladora al eliminar algunos obstáculos que impedían la venta de estaciones de radio. En abril de 2001, recomendó al Subcomité de telecomunicaciones de la cámara de representantes, considerar la posibilidad de incrementar el límite que impone que una sola televisora no puede tener estaciones que abarquen más del 35% de audiencia nacional (National Broadcast Ownership Cap). Su argumento era que dicha provisión violaba la primera enmienda ya que imponía restricciones artificiales a una empresa para poder comunicar su mensaje a un auditorio amplio. Otra norma que Powell trató de revocar con un razonamiento semejante es la que prohíbe que una empresa tenga en el mismo mercado un periódico y una estación de televisión (Newspaper-Broadcast Cross-Ownership Rule). Estas reglas impuestas a los propietarios de los medios fueron adoptadas por el gobierno estadounidense entre 1941 y 1975 con el fin de controlar la tendencia monopolista de los corporaciones de los medios. La propuesta de Powell era permitir que una sola empresa pudiera tener hasta tres estaciones de televisión en cualquiera de los cinco mercados más grandes del país (Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Houston y Filadelfia); así como dos estaciones de televisión y un periódico en cualquiera de los 100 mercados principales.

Para el director del FCC la brecha tecnológica, con la que se denomina a la diferencia entre una minoría con acceso a la tecnología digital de comunicación y una mayoría marginada de los privilegios del espacio virtual, es equivalente a lo que él denomina la Brecha del mercedes benz: "quiero tener uno, pero no me alcanza para comprarlo". De tal manera el acceso a un medio de comunicación indispensable para cualquier aspiración de movilidad social es para Powell equivalente al deseo frívolo de un coche de lujo. Powell ha declarado "no tener idea" de lo que quiere decir la frase: el interés público; y prácticamente no ha puesto el menor énfasis en permitir que organizaciones militantes o activistas no gubernamentales, grupos disidentes o artistas tengan acceso a los medios. Powell es un tecnócrata que, aparte de su muy promocionada fascinación por los artefactos como Tivo o Bluetooth, se ha atrevido a apostar por tecnologías novedosas y radicales, por lo que autorizó el uso de la banda ultra amplia, una tecnología inalámbrica de transmisión de bajo poder que puede coexistir, sin perturbar, a la telefonía celular y a otros medios de comunicación. Así mismo, Powell se ha creado fama de honestidad, la cual trata a menudo de poner en evidencia, como al declarar, aparentemente con candor: "Yo tengo una sola regla: no confío en ninguna compañía". Este es un político que dice lo que piensa y a menudo deja a todo mundo perplejo por su sinceridad o ingenuidad. Así, en octubre de 2003 se opuso a la fusión de DirecTV (el sistema de televisión por satélite más grande de los Estados Unidos) y EchoStar, en base a que su tamaño le daría una ventaja injusta y la haría anticompetitiva, esta fue la primera negativa a una acción semejante en 30 años. Pero esta presunta acción valiente pronto se reveló como una maniobra sospechosa, ya que el propietario de la cadena Fox y de docenas de medios en el mundo entero, Rupert Murdoch, el magnate australiano nacionalizado estadounidense, que ha sido uno de los aliados más incondicionales de la administración Bush, estaba interesado en adquirir DirecTV.

La retórica de Powell gira en torno al bien conocido dogma de que los mercados no requieren de ser controlados ya que sus propias leyes pueden regularlos impecablemente y el beneficiario es siempre el consumidor. Quizás esto sea verídico en un auténtico mercado libre, pero definitivamente no lo es en una industria dominada por monopolios voraces en los que los medios están concentrados en manos de cinco empresas súperpoderosas (News Corp., Viacom Inc., Time Warner, Capital Cities-Disney y Clear Channel Communications Inc.). Si bien Powell ha expresado en varias ocasiones que toda regulación debe someterse a un estricto escrutinio para demostrar su utilidad o de lo contrario ser eliminada, no ha hecho comentarios semejantes al respecto de poner bajo la lupa las estrategias desreguladoras y sus consecuencias.

De creer en los argumentos de algunas de estas corporaciones que dominan este mercado, la concentración de medios no puede ser más que benéfica para el público. Por ejemplo Mark Mays, el Director general de operaciones de la empresa Clear Channel, declaró a mediados de 2003: "Hace tan sólo 10 años, cerca del 60% de las estaciones nacionales de radio estaban operando en números rojos, recortando los presupuestos de sus secciones informativas y despidiendo empleados. La desregulación cambió todo esto. Pero en lugar de dejar que las estaciones de radio encuentren maneras mejores y más novedosas para servir a sus escuchas, la FCC tiene la determinación de hacer marcha atrás a una época en que la industria era incapaz de proveer a los consumidores con la variedad de programación que se ofrece ahora". Esta fantasía contradice la evidencia de que la consolidación de los medios se ha traducido en despidos masivos, en la imposición de criterios de rendimiento comercial en las salas de redacción de periódicos y noticieros (las cuales deben responder ahora a las juntas de accionistas, antes que a sus propia integridad periodística), así como la homogenización de criterios políticos y afiliaciones partidarias en miles de estaciones de radio y televisión.

En su primer acto como director del FCC, Powell aprobó 62 adquisiciones pendientes de estaciones de radio, buena parte de las cuales fueron compradas por Clear Channel y Cumulus Media. El hecho de que la radio haya sido en gran medida desregulada ha dado lugar a que mercados enteros hayan quedado en manos de un sólo consorcio. Una de las consecuencias de esta política es el bien conocido caso de la población de Minot, en Dakota del Norte, donde el 18 de enero de 2002, a la 1:30 AM, un tren que transportaba anhídrido de amonio se descarriló provocando una peligrosa fuga tóxica. La policía y los servicios de emergencia trataron de prevenir a las estaciones de radio, sin embargo no encontraron a nadie en de ellas para que diera el aviso, transmitiera las recomendaciones, instrucciones y medidas de emergencia a seguir. Mientras una nube de esa sustancia flotaba amenazadoramente sobre la población. Las estaciones, que son parte del vasto patrimonio de Clear Channel (el cual incluye más de 1250 estaciones en todo el país), estaban transmitiendo programas grabados y habían eliminado a todo el personal no indispensable. La centralización de estos consorcios es tal que en muchos casos incluso el servicio meteorológico y el tráfico es realizado por productores que fingen estar en la localidad mientras que en realidad se encuentran en alguna de las sucursales metropolitanas de Clear Channel a muchos kilómetros de distancia de su auditorio. Powell espera transformar la regla existente (Local Radio Ownership Rule) que señala que en los grandes mercados una empresa pueda tener hasta ocho estaciones de radio, al añadir que también pueda tener un periódico y hasta dos estaciones de televisión, con lo que a la vez se transformaría la regla del duopolio, la cual limita a las empresas a tener un máximo de dos estaciones en un mercado. A su vez Powell estaría muy satisfecho si pudiera eliminar la regla que prohíbe a las grandes cadenas televisivas (ABC, NBC, CBS y Fox) fusionarse. Pero Powell, ha argumentado que su interés no es proteger a los monopolios, sino confrontarlos en un medio en el que las nuevas tecnologías presentan nuevos riesgos y tipos de competencia para los gigantes.

Powell tiene razón al desconfiar de la injerencia del estado en este dominio, ya que el gobierno ha permitido a estas megaempresas explotar las frecuencias de radio, que son un bien público, a través de franquicias que en efecto se dedican a secuestrar los medios de comunicación locales, estatales, nacionales e internacionales para imponer su agenda comercial y política a todos los consumidores. Así, a pesar de los evidentes efectos de esta política, Powell declaró el 19 de febrero de 1998, cuando aún era comisionado: "Las fusiones corporativas son a menudo la consecuencia natural de la sana competencia y no deben ser siempre denunciadas, dado que la mayoría son beneficiosas para el mercado y para los consumidores".

Cualquiera pensaría que el director de la FCC debería entender la importancia de la diversidad de los medios y de la riqueza que aporta en una democracia el hecho de que diferentes medios estén en manos de una variedad de propietarios. No obstante para Powell: "El problema con la diversidad es que tiene un componente visceral", declaró a la publicación Broadcasting & Cable (21 de mayo del 2001). Y este elemento visceral es el que aportan estaciones independientes y microrradio a las cuales ha cerrado el acceso a las ondas hasta donde ha podido, con el pretexto de que "diluyen la distribución del auditorio".

Para Powell no hay mejor confirmación de que el público está contento y satisfecho con la diversidad y la manera en que se ofrece el entretenimiento televisivo que el hecho de que millones estén dispuestos a pagar las tarifas de la televisión por cable, las cuales han aumentado vertiginosamente en los últimos años. El FCC asume que la única opinión válida del consumidor es la que expresa con el bolsillo y al aceptar el costo de la tele por cable, satélite y demás, está poniendo en evidencia sus preferencias y prioridades. Powell, como muchos otros defensores de la industria afirman que la mejor prueba de la diversidad es la existencia de cientos de canales televisivos consagrados a los tópicos más diversos. Por supuesto que no señalan que estos pertenecen casi en su totalidad a cinco corporaciones y que todas las voces independientes y disidentes han sido eliminadas o marginadas a las regiones más sórdidas y desoladas de las ondas hertzianas. Pero curiosamente, estos cambios que sin duda tendrían un impacto profundo en el público debido a que cuentan con el potencial de afectar de manera dramática su visión del mundo, al limitar aún más su perspectiva, apenas tuvieron cobertura en los grandes medios informativos y en particular fueron prácticamente ignorados por los noticieros de la televisión, debido a que obviamente todas las cadenas tenían un conflicto de intereses al informar al respecto de un plan que indudablemente las beneficiaría. A pesar de su muy celebrada honestidad, Powell y su equipo (el cual incluye a varios cabilderos de la industria de los medios de comunicación como los comisionados Kathleen Abernathy y Michael Copps, así como la jefa de personal Marsha Mcbride, el asistente especial Paul Jackson y la asesora legal, Susan Eid) ocultaron en la medida de sus posibilidades todo el asunto, evitaron toda confrontación y cuestionamiento, y trataron de hacer que fuera aprobada la desregulación, aprovechando que el público estaba distraído con otros asuntos, principalmente la guerra contra el terrorismo y la invasión de Irak.

Finalmente la estrategia del FCC fue percibida como arrogante, testaruda y cínicamente proindustria, lo cual tuvo el efecto de consolidar una de las alianzas más singulares, improbables y extrañas de la historia, en la que grupos e individuos de todo el espectro político, desde el National Rifle Association hasta el American Civil Liberties Unión, pasando por grupos religiosos y asociaciones progresistas se unieron para oponerse a la desregulación. Como han señalado muchos observadores, la mayoría de éstos grupos no hubieran reaccionado a los cambios propuestos de no ser por la actitud despótica del FCC. Pese al haber trabajado en secreto para tratar de aprobar sus propuestas y que el propio presidente Bush amenazó que vetaría cualquier obstáculo al plan de Powell, la cámara de representantes, dominada por los republicanos, se opuso a las reformas de Powell con una votación de 400 a 21. Pero la cámara no fue más allá y rechazó una propuesta del representante Maurice Hinchey, (demócrata de Nueva York) de eliminar del todo la propuesta del FCC. Powell y su equipo fracasaron en su estrategia, nunca esperaron una reacción popular tan vociferante (en unos cuantos días recibieron un diluvio de más de un millón de mensajes del público en los que se criticaba la desregulación y se exigía al FCC que explicara sus razones). Resulta un tanto irónico que la desregulación fue derrotada (por ahora), no por ser una pésima idea con un alto costo político, que fracturará aún más a la democracia al ceder más poder a las corporaciones, sino por haber sido impuesta sin sensibilidad alguna al público.


* Naief Yehya es miembro del Consejo Editorial de Sala de Prensa. Es colaborador regular de La Jornada Semanal, LA Weekly y Nexos. Este artículo fue escrito para el V Aniversario de SdP.


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