Sala de Prensa

64
Febrero 2004
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Nuevos retos del periodismo
en República Dominicana

Wilson Hernández *

En todos los países del mundo y en todas las épocas el periodismo ha enfrentado desde sus inicios retos permanentes. Ha sido así y lo seguirá siendo por la naturaleza misma del oficio: la búsqueda, transmisión y defensa de la verdad en cuanto objeto de interés y transformación social.

Esos retos, esos desafíos se plantean a niveles diversos y complejos, de modo externo o intrínseco a la actividad periodística. Y el primer deber de quienes asumen esa profesión es la de luchar contra esos emplazamientos, que van desde los obstáculos culturales hasta las propias limitaciones humanas. La sociedad dominicana, como sociedad al fin, no es ajena a ese fenómeno.

El inicio de siglo y la consiguiente recomposición del orden mundial, así como los fenómenos geopolíticos y culturales, han impactado de múltiples formas un oficio como el de la prensa, que se nutre de la interacción social.

La crisis de la humanidad en gran medida también es crisis del periodismo y de los periodistas. Lo mismo puede decirse de los retos. Los periodistas y los medios de comunicación son en gran medida artesanos, copartícipes del mundo en que se desarrollan.

A escala local, el periodismo dominicano, también ha tenido que batallar con sus molinos de viento. Y así ha sido desde sus orígenes finiseculares. Y lo sigue siendo. Pero su mayor desafío será tratar de descubrir cuáles son sus auténticos y trascendentales desafíos. Y el mayor riesgo: perder la perspectiva de su realidad y quedarse en la inmediatez de los hechos.

Las dificultades económicas que han afectado a algunos medios de comunicación del país y la consiguiente reducción de personal en esas empresas, la obligatoriedad de la profesionalización planteada por el gremio y las deficiencias de las enseñanzas universitarias, el problema ético, son sólo algunos, y no los más importantes retos que enfrenta en estos momentos el sector.

ANTECEDENTES

El periodismo que conocemos hoy es el resultado de la apertura democrática que se inició en el país con la caída de la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo, en mayo de 1961 El Listín Diario, El Caribe, la revista Ahora, y El Nacional mantienen en esencia el mismo rumbo que asumieron tras el derrocamiento de la dictadura. Han variado en la forma pero no en sus propósitos.

Para intentar una aproximación a los momentos más cruciales que ha enfrentado el periodismo dominicano en el proceso de la transición democrática, se me ocurre dividir ese proceso en tres etapas. La primera sería entre los años 1961-1978, que comprende como acontecimientos políticos relevantes, el final de los 30 años de dictadura, el Golpe de Estado contra Juan Bosch, en 1963, la guerra civil de 1965, y el final de los 12 años del régimen del doctor Joaquín Balaguer.

Fue esa una etapa marcada por la lucha contra los remanentes del autoritarismo, la intolerancia política, el desorden institucional, la confrontación ideológica y la falta de seguridad en el ejercicio profesional.

Casos como la explosión criminal de los talleres de la revista Ahora, el asesinato de Enrique Piera, Gregorio García Castro, y Orlando Martínez, los atentados y los apresamientos contra periodistas, el intento de embargo contra el Listín Diario, son algunos de los casos más notables.

La segunda etapa podríamos establecerla entre los años de 1978-2000. El triunfo del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) da paso a un gobierno de orientación liberal que prometía canalizar las aspiraciones reivindicativas de los grupos de resistencia. El PRD se mantiene en el gobierno hasta 1986, cuando regresa el doctor Balaguer para permanecer en la Presidencia de la República hasta el año 1996, con una gestión de gobierno que afianzó los avances democráticos y apuntaló el crecimiento de la economía.

El gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, 1996-2000, presidido por un gobernante de unos 40 años con visión modernista, sólo fue una importante promesa en sus relaciones con la prensa, pues en lo esencial no tuvo mayores diferencias con los gobiernos anteriores correspondientes a esta etapa.

La apertura democrática iniciada en 1978 provocó el surgimiento de nuevas empresas de comunicación, mayor participación publicitaria del sector público en los medios de comunicación y los gobiernos se mostraron más obsequiosos y permisivos con los profesionales de la prensa. Esa relativa armonía también tuvo sus repercusiones desfavorables en el ejercicio del periodismo.

El fin de las ideologías, el impacto de las nuevas tecnologías, el factor ético, la autocensura, la expansión del mercado comunicacional, son algunos de los principales retos que durante esa etapa tuvo que enfrentar la prensa en el país.

Queda por determinar los nuevos desafíos que enfrentará el sector con el inicio de un nuevo siglo, cuyos impactos ya se reflejan en el país. Frente a esa nueva realidad, mal harían quienes dirigen organizaciones relacionadas con los profesionales del área, en regresar a confrontaciones estériles o en perder la perspectiva que plantea este nuevo período.

CONFRONTACION ESTERIL

Desde inicio de la década de los 70 los periodistas agrupados en el gremio han tratado de buscar las causas de la crisis que enfrenta el sector en sus correspondientes ambientes de trabajo, en las empresas periodísticas. La postura es comprensible si se toma en cuenta la influencia en estas organizaciones de las corrientes ideológicas de izquierda, que han sido las que han pautado las luchas reivindicativas de los periodistas latinoamericanos, sobre todo, a partir del triunfo de la revolución cubana.

Los periodistas dominicanos han concentrado su lucha gremial en los últimos 35 años en la legalidad de la colegiación, en la profesionalización de quienes ejercen el oficio. Se creyó durante esos años que con la creación del Colegio Dominicano de Periodistas serían resueltos muchos de los problemas que afectan a los profesionales del área, pero los resultados no han sido tan auspiciosos.

Por el contrario, sin menospreciar la noble misión para la que fue creado el gremio, su desempeño institucional ha estado marcado por las luchas estériles entre grupos internos, y por una relación de desconfianza con los empresarios de la comunicación. Tal situación ha provocado que los periodistas no se sientan en su mayoría identificados, representados por el CDP, y por tanto, es muy limitado su aporte al sector. Es una realidad lamentable, pero es la realidad.

Las tres grandes metas en las luchas del gremio han sido: el reconocimiento de la legitimidad del CDP, la profesionalización, y la aplicación del impuesto que grava la publicidad difundida en los medios periodísticos para destinarlo a los fondos del Instituto de Previsión. De algún modo las tres metas se han cumplido en el transcurso de los años en que han sido planteadas, pero no han reportado los efectos esperados.

Y lo que se plantea en esta observación no es una posición a favor o en contra del CDP sino una realidad histórica que en gran medida condiciona unas relaciones que bien podrían ser más fecundas.

La actual directiva del gremio dice que ha reintroducido ante el Congreso una nueva modificación a la ley 10-91 con el propósito de consignar la profesionalización obligatoria para el ejercicio del periodismo. Una decisión que vuelve a abrir las puertas de la confrontación en un momento en que el sector debiera abocarse a trabajar en demandas más viables y trascendentes.

NUEVOS DESAFIOS

En estos tiempos de postmodernidad, globalización, mercados abiertos y libre competencia, la cuestión laboral dentro de las normas que regulan esa actividad se torna en una realidad condicionada por la oferta y la demanda, por el comportamiento de un mercado que es el que determina el valor y el status del servicio.

Nadie puede obligar a una empresa a cargar con los costos de un trabajador que no le produce la rentabilidad que busca frente a la competencia, y si ese trabajador es un periodista dominicano, la empresa tiene la alternativa de ayudarlo a elevar su nivel de competitividad o reemplazarlo por otro que sea competitivo, aunque tenga que importarlo desde la China. Legislar contra esa libertad que debe tener la empresa es atentar contra la razón misma de la empresa y contra un principio constitucional que impera en todas las sociedades democráticas.

Si se duda de este planteamiento, basta observar como los grandes medios de prensa hispanos en los Estados Unidos, como CNN en español, Telemundo, Univisión, están compuestos por profesionales de distintas nacionalidades que ocupan sus puestos no en función de imperativos gremiales, por justos que sean, sino por sus niveles de competitividad en el mercado laboral al que pertenecen.

Y esa es una de las grandes virtudes del periodismo como profesión liberal, que no conoce barreras ni fronteras cuando de buscar la verdad se trata. Por tanto, ese principio debieran observarlo los directivos del CDP que se proponen retomar la obligatoriedad en la profesionalización, pues no se puede plantear demandas en nombre de la libertad imponiendo limitaciones a la libertad misma.

Está muy bien que quienes ejercen el periodismo sean académicos salidos de las aulas, mucho mejor si lograran especialidades, pero esa posibilidad no debe ser discriminatoria para quien demuestra talento en terrenos en que el académico se muestra incapaz. Lo que la empresa contrata no es un título sino la calidad de un servicio, pues a fin de cuentas, el consumidor es quien tiene la última palabra.

Las deficiencias que arrastran muchos periodistas académicos han sido puestas de manifiesto por el propio Gabriel García Márquez en su discurso ante la SIP en 1996, titulado "El mejor oficio del mundo":

"Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculado de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las condiciones más importantes: la creatividad y la práctica...Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo".

Y no creo que el Premio Nóbel de Literatura esté en contra de la enseñanza periodística de nivel superior, más bien ha estado en contra de los estereotipos sociales que en nombre de las normas han hecho el mundo más absurdo e inhumano.

Los retos que enfrenta el periodismo dominicano en estos momentos son muchos mayores que el problema de la profesionalización, que en realidad no es tal problema, pues la mayoría de quienes ejercen el oficio son egresados de las aulas universitarias.

Los retos son mucho más trascendentes y a mi modo de ver tienen en gran medida que ver con la creatividad, la ética y la competitividad en el ejercicio profesional. Sobre esos tres pilares y otros más debieran trabajar juntos gremialistas, académicos y empresarios, y entender de una vez por todas que el éxito de la empresa es el éxito de todos, sobre todo, de la profesión misma, y más aún, de la institucionalidad democrática y del ciudadano común, en sus derechos a la libertad, dignidad y justicia.


* Wilson Hernández es periodista, con especialidad en Filosofía. Presidente del Centro para el Estudio Avanzado de la Comunicación (INFOMEGA), en República Dominicana. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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