Sala de Prensa

63
Enero 2004
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La madre de todas las pedofilias
(Sobre periodismo investigativo, libertad de expresión y libre mercado)

El escándalo es la sombra inseparable de la política.
León Trotsky

Juan Jorge Faundes *

No es posible analizar en forma seria el tema de la libertad de información, de crítica y de expresión puesto hoy en boga en Chile a propósito de Chilevisión y el caso Spiniak, sin reflexionar sobre libertad de expresión y libertad de mercado, sobre ética y prensa de clases, y sin destapar el mayúsculo escándalo que constituye la marginación de las mayorías explotadas del derecho a la información, a la generación de un pensamiento propio, a la crítica y a la expresión.

Denunciar las aberraciones sexualopatológicas de empresarios, jueces y políticos, es saludable cuando el derecho a la integridad sexual, física y sicológica de los niños indigentes está involucrado. Pero más saludable aún es la denuncia del sistema capitalista de explotación que está en el origen de la indigencia y la pobreza de esos niños. Es saludable denunciar a jueces, funcionarios o empresarios corruptos, pero más saludable aún es denunciar a los aparatos jurídico-político e ideológico que sostienen, defienden y contribuyen a reproducir a este sistema perverso fundado en la propiedad privada de los medios de producción, en el supuesto libre mercado y en una democracia cupular y no participativa.

Y no sólo denunciarlos; asumir con energía la transformación radical de la sociedad es lo saludable.

LIBERTAD DE EXPRESION Y LIBRE MERCADO

La supuesta "libertad de mercado" es una entelequia ilusoria. El mercado es libre para quienes son dueños del capital que les hace posible producir y para quienes poseen el suficiente dinero que les hace posible comprar. En la sociedad capitalista, las grandes mayorías que viven en la indigencia o en la pobreza, o sólo reciben un salario que les permite sobrevivir y reproducirse, no están habilitadas para ejercer su libertad de expresión y crítica, ni para ejercer su libertad de acceso a la información. De allí que suelan vivir bajo el bombardeo informacional de los dueños del capital a través de sus medios de información masivos (TV, radio, prensa escrita, Internet), pero sin posibilidad real de ser ellos mismos emisores en igualdad de condiciones. Es tal el interés de los dueños de los medios masivos de amordazar la información, la crítica y la opinión generada en y desde el pueblo, que —por ejemplo en Chile— a través de sus legisladores, han impuesto leyes que restringen las posibilidades de financiamiento y amplitud de emisión de las radios comunitarias o populares. Así como impidieron el derecho ciudadano a la información.

Esta dependencia de la libertad de información, crítica y opinión respecto de la supuesta libertad de mercado, otorga a los medios masivos un necesario carácter de clase. En efecto, la clase social de los dueños de los medios de producción tiene el privilegio, que le otorga el dinero, de ir con tremenda ventaja en la generación de aquella representación social que son los hechos —y opiniones sobre los hechos— que el público de los medios considera como "el mundo" y toma en consideración para sus decisiones. La clase social de los dueños de los medios de producción, a través de sus medios de información masiva, instala en el público creencias, estereotipos, conocimientos, opiniones, valores, modelos acerca de la realidad societal que son funcionales a sus intereses. Lo que en la vieja (y dizque obsoleta) sociología marxista era denominado ideología dominante.

En este contexto —que es absolutamente pertinente para la realidad chilena— cabe inscribir la investigación periodística de los medios mercantiles como funcional al remozamiento y perfeccionamiento de la sociedad capitalista, en la medida que se investiga desde el consenso de lo investigable según quienes detentan el poder mediático-periodístico, o desde aquello que no es consensual pero no pone en crisis el sistema. Los medios de la clase dominante jamás investigarán aquello que ponga en crisis sus fundamentos: como el propio sistema capitalista; jamás investigarán las causas primarias de la explotación económica (siempre asignarán a la pobreza causas secundarias o ajenas al sistema) ni pondrán en cuestión la plusvalía ni su derecho a la propiedad de los medios de producción, a la banca, al gran comercio. Jamás crearán las condiciones objetivas y subjetivas de una verdadera libertad de expresión, de un verdadero acceso a la información, de una verdadera libertad de crítica. Como clase social estarían cavando su propia tumba. La ignorancia, el error, el silencio y la pasividad del pueblo es una de las fuentes de su poder. La otra el control de la política y el aparato represor.

EL CORO INQUISIDOR

Así y todo, aún cuando un medio del sistema, como Chilevisión, investigue en un área tan consensual como la pedofilia (o paidofilia) —y en la medida que personajes vinculados a las esferas del poder aparezcan involucrados— se verá acosado por controladores sistémicos como el Poder Judicial y el Consejo Nacional de Televisión (Poder Estatal), la Comisión de Ética de los Medios (Poder Empresarial o clase dominante) y (a pedido de la Corte Suprema de Justicia) por el propio Colegio de Periodistas (Sociedad Civil) sumado ingenuamente (así lo creemos) al coro inquisidor.

¿Qué estímulos tendrán los medios y sus periodistas para investigar al poder, aún sin poner en cuestión al sistema, cuando corren el riesgo de que se les venga encima tamaña jauría? Pero los cancerberos del sistema guardan silencio (lógico por lo demás) ante la falta de ética de la banalidad y superficialidad cotidiana que contribuye a mantenerlos en el trono de los que justifican, reproducen y gozan de la explotación económica, de la marginación social, de la discriminación de las minorías, condición y caldo de cultivo, madre de todas las pedofilias y corrupciones, madre de todas las violaciones a los derechos humanos individuales y colectivos, económicos, sociales y culturales. Los doctores de la ética periodística postulan una ética dentro de los límites de la prensa de clases.

LA NECESIDAD DE LOS FUERA DE LA LEY

Cuando en una sociedad no hay ninguna certeza de que la Constitución, las Leyes, los reglamentos y demás normativas resguarden en su plenitud los derechos individuales y colectivos de las personas y grupos que la componen, ni que lo hagan tampoco los magistrados, legisladores y en general los burócratas cuya misión es hacerlos valer, es decir, cuando no existe certeza de que el aparato jurídico-político de una sociedad cualquiera esté operando claramente en beneficio de la realización plena como seres humanos de todos los individuos y grupos, sin favorecer a unos en desmedro de otros, se hace necesario la existencia de individuos, grupos o instituciones cuya tarea sea instalarse por fuera de los límites del sistema societal, más allá inclñusive de las clases, y ejercer funciones de vigilancia y denuncia de todo cuanto a ellos les parezca contrario al género humano, así como proponer correcciones.

Como suele haber disparidad de pareceres y criterios es imposible, pues sería contradictorio, postular una institución única que asuma este rol vigilante que desde sus respectivas posiciones enunciativas —más o menos comprometidas con intereses particulares— suelen ejercer filósofos, religiosos, partidos e intelectuales en general. Sin perjuicio de ello, ni del papel que compete al Ombudsman o Defensor del Pueblo en los países donde se ha institucionalizado, esta es una tarea que deben asumir con coraje organizaciones del pueblo (o de la llamada sociedad civil) y, sobre todo, escritores y periodistas.

Es en este sentido —y considerando que muchas normativas suelen estar dirigidas de hecho a obstaculizar, reprimir y sancionar la libre expresión del pensamiento crítico y disidente— que los escritores y periodistas (lo que en ningún caso excluye a opinantes de otras disciplinas que opten por la crítica y la disidencia) deben actuar al margen, por encima o por fuera de la ley. Ninguna ley de ninguna sociedad debe restringir el ejercicio de la libertad de información, crítica y expresión bajo ningún pretexto, ni menos reprimirlas. Y si así ocurriere, habrá que afrontar las consecuencias.

Aún más, una sociedad realmente igualitaria, justa y democrática, debería garantizar, aportando societalmente los respectivos financiamientos, el ejercicio de esta libertad, tanto para los efectos de producir medios de expresión críticos, como para distribuirlos. Porque es contrario a la igualdad de producción y distribución de medios que estos queden sujetos a la disponibilidad económica de cada cual y a la competencia en el llamado libre mercado.


* Juan Jorge Faundes M. es colaborador de SdP, periodista y académico de la Escuela de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (ARCIS) en Santiago de Chile.


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