Sala de Prensa

63
Enero 2004
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


¿Quién necesita un periodista digital?

Juan Pablo Ramírez Cortés *

¿Y es que, acaso, el periodismo ha cambiado tanto? Ante los ojos de cualquier persona, el periodismo y los periodistas siguen realizando las mismas actividades, con las mismas técnicas y para los mismos medios.

Obviamente, y, en esa línea, es imprescindible decir que los periodistas andan ahora con un enorme paraguas permanentemente abierto, con el que cubren sus cuerpos y conciencias de todo aquello que suene a transformación profunda. Esto, que en principio no es más que una provocación conceptual, quiere abrir las puertas al debate de lo periodísticamente aceptable, frente a lo cotidianamente observado.

La historia de la formación periodística, en cualquiera de las facultades y escuelas de comunicación existentes, enseña y demuestra que los procesos informativos conservan una lógica elemental, según la cual los acontecimientos, cualquiera sean ellos, ocurren en la vida real y, una vez han sucedido, el periodista acude para recopilar los datos necesarios, estructurar un modelo informativo y redactar una noticia, un informe o una crónica, por citar sólo algunos géneros convencionales.

Esa misma historia indica que, casi por defecto (quizá sea por costumbre) son los periodistas quienes deben acudir a los escenarios donde los hechos tienen lugar. No es fácil olvidar las enseñanzas de los maestros del periodismo, quienes orgullosamente inculcaron en las mentes jóvenes de los estudiantes más inquietos argumentos como aquel, valioso y fascinante, que pone al periodista como el interlocutor autorizado por la sociedad en la que habita para, desde su criterio y con sus palabras, transmitir a otros la realidad.

Aquí hablamos, entonces, de teoría de la comunicación y de teorías de la recepción. Según algunos esquemas convencionales, los procesos informativos acuden a un proceso transmisionista lineal, cuya justificación se basa en el sentido de autoridad que reviste las actividades de los periodistas, en tanto son ellos los personajes avalados por la sociedad para llevar la verdad, o cuando menos la versión más aproximada de la misma, a los que al otro lado se dedican a recibir ese producto terminado.


Figura 1

¿La información como producto?

Sí. A pesar de lo extraño que pueda resultar, la información es un activo, un insumo necesario en la cadena de consumo contemporánea, sin la cual no es posible pensar en la subsistencia de organizaciones o personas. La información, como producto, se obtiene como resultado del montaje de una cadena de producción, en la cual aparecen los acontecimientos jugando el rol de materia prima. En la cadena, siguen los procesos de transformación de la misma (en este caso la definición de importancia o gravedad del hecho, género a emplear para presentarlo, tipo de apoyo a utilizar) cuyo filtro es, en el mejor de los casos, un consejo de redacción.

El siguiente paso es la producción real, que para el periodismo incluye los procesos de redacción, comprobación informativa, utilización de fuentes y verificación de las mismas, anexos fotográficos, estadísticos o infográficos, diagramación, armada, impresión y distribución.

Los medios informativos impresos, cuyo ejemplo es el primero en subir al escenario, gozan de una enorme credibilidad y respeto por parte de los receptores, dado que, por su carácter de medio impreso, adquiere la validez de lo escrito. Como dijo Poncio Pilatos en la crucifixión de Jesucristo, "lo escrito, escrito está".

No obstante, y en el transcurso del proceso, la realidad se transforma. Es evidente que los procesos informativos, tendientes a generar mensajes claros y precisos ajustados al más puro y filosófico concepto de verdad, padecen, inevitablemente, del mal del deshielo. Es decir: ¿De qué vale tener en la mano el más delicioso helado, si para entregarlo a la persona que lo va a comer hay que llevarlo a la intemperie por varios minutos, en medio del calor y a una considerable distancia? La realidad es ese helado que se transforma velozmente, sin que sea posible hacer algo para evitarlo.

En esta lógica, la información pierde su vida útil con gran rapidez. En la figura 1 es posible observar las características esenciales del modelo de la comunicación ideado por Shannon y Weaver. El modelo, ampliamente analizado y discutido en todas las escuelas de comunicación existentes, plantea lo que le ocurre a la información cuando se pretende asociarla con un proceso plano, lineal y secuencial, en el que lo que sucede al comienzo se transcribe fielmente para enviarlo al otro lado.

Ese otro lado, misterioso por demás, resulta ser un limbo inevitable al que llega lo bueno, lo malo, lo cierto y lo falso. El receptor ha ocupado por años el papel de un objeto capaz de captar señales de diversas fuentes, como si se tratara de un aparato de televisión al que ingresan por medio de un cable coaxial los cien o doscientos canales de video que, por demás, pueden rastrearse con el mando a distancia.

Las teorías de la recepción apuntan a que sean las personas las que no sólo reciban mensajes, sino que estén en capacidad de procesarlos. La información como producto tiene ciclos de vida claramente diferenciados, pero muy cortos: Mientras que un automóvil puede permanecer sin modificaciones para los compradores por varios años, la información evoluciona todo el tiempo hasta desaparecer y ser reemplazada por otra nueva, en períodos de tiempo a veces menores a un día.

En este sentido, las teorías de la recepción están obligadas a transformarse. No es posible seguir pensando, a la luz de los desarrollos tecnológicos contemporáneos, que los mecanismos de transmisión de datos van a continuar con la generación de mensajes planos. No. Los mensajes actuales sólo conservan de planos los métodos con los que se crean y emiten, pero los procesos de recepción apuntan hacia un puerto más avanzado: El de la percepción.

¿Teorías de la percepción?

Dejando atrás el modelo de Shannon y Weaver, hay que decir que, inevitablemente, las personas no sólo reciben sino que también analizan, interpretan y redefinen los datos enviados por los medios informativos a sus hogares. La televisión, llena hoy por hoy de realitys, de avances informativos y de telenovelas editadas con imágenes de tiempo real, llena los hogares de cientos de propuestas y de perspectivas, cada una de ellas con fines diferentes.

Así por ejemplo, la justificación para exhibir la vida cotidiana de los seres humanos, encerrados en casas estudio y rodeados de limitaciones es, siempre, justificada con el viejo discurso de la diversión: La televisión debe divertir al espectador. Lo que no es claro ahora es a qué costo se lleva esa diversión.

En estrecha relación con lo anterior, los programas informativos o de noticias terminan por incluir en su formato una sección, especializada, en el cubrimiento del show de turno. Trátese de buscadores de talentos, de sobrevivientes en medio de la selva o de cualquiera otra de las variedades de reality existente. Los informativos dan tanta información a la realidad y al entretenimiento, que las personas terminan por confundir los espacios: No saben si lo que ven hace parte del reality o si se trata de algo más serio.

Así las cosas, el paso hacia la definición del concepto de percepción está dado. Los medios se transforman y las personas cambian sus necesidades, haciendo que los productos informativos pierdan vigencia caso tan pronto como son realizados. No hay tiempo para el recuerdo ni espacio para el archivo, pues los medios actuales tienden hacia lo audiovisual. Las mentes y los pensamientos de las personas también se orientan hacia ese tipo de medios, con la consecuencia más terrible de las hasta ahora expuestas: La fugacidad.

Si algo caracteriza los medios informativos convencionales, por lo menos los del mundo impreso, es la perdurabilidad. Las bibliotecas conservan ejemplares de muchos periódicos y revistas, aunque pocas veces conservan casetes de audio o cintas de video. La larga duración de los medios, que los hizo tan importantes y definitivos en todas las civilizaciones, cede al ritmo de una progresión geométrica hacia la fugacidad de lo audiovisual.

En este contexto, la percepción es un sentido necesario. Debería cultivarse en las escuelas como se cultiva el cuerpo en las clases de acondicionamiento físico, la gramática en las clases de lengua o la teoría de conjuntos en la clase de aritmética. Es un factor indispensable para el desarrollo, y una ventaja competitiva en el contexto económico actual. En otras palabras, no es concebible una sociedad que no esté capacitada para la percepción. La percepción es un ingrediente fundamental para la sociedad del conocimiento, y es ese tipo de sociedad la que ya existe, cuando menos, en los espacios donde la participación hacia una construcción política de las necesidades y soluciones de las personas y los grupos conformados por ellas es un hecho.

¿Afecta la percepción a los medios?

Sí. Los medios informativos fueron pensados para cumplir una misión. Por más de doscientos años los medios han dado validez a la secuencia lineal expuesta en el modelo de Shannon y Weaver, desconsiderando muchos de los grandes cambios bajo el paraguas de la tradición: Si lo hemos hecho siempre así, y funciona bien, ¿para qué cambiarlo?

Muchos de los medios que conocemos permanecen andando a pié, cuando las personas y las sociedades van en avión. A veces, y con mayor frecuencia, los periodistas reflejan la imagen de seres arcaicos, dependientes de una libreta o de una grabadora de voz para hacer un trabajo que, hoy en día, cualquier persona puede hacer.

Las tecnologías de la información le han proporcionado alas a las personas, y ellas las han aprovechado. Innumerables casos de canales de televisión comunitarios, empresariales o educativos llenan las pantallas de miles de personas en todo el mundo, en contravía de lo esperado por los grandes canales de televisión mundiales, ¿y qué decir de los periódicos barriales? Muchos de ellos se redactan en casa, se imprimen en el mismo sitio y se multiplican gracias al poder de las copiadoras. La localización, un término importado de la industria del software, asume un rol definitivo en la construcción de los nuevos medios, cada vez más orientados a las personas y a la comprensión de su entorno. La percepción tiene una relación directa con la innovación mediática, y muchos periodistas aún no están enterados.

Los nuevos medios, las nuevas mediaciones

En este escenario, un tanto dramático, sin duda, cobra vida el concepto de nuevos medios. Inmediatamente las personas asocian el concepto con las recientes atracciones generadas por la informática y el uso intensivo de las computadoras, pero hay que ir más allá y leer el panorama con un sentido más amplio.

Por ejemplo, el caso anteriormente citado de los periódicos barriales, es un claro ejemplo de un nuevo medio, como también lo es el canal de televisión local, la reunión semanal en torno a un programa de radio en circuito cerrado y, por supuesto, los avances informativos disponibles en internet.

En este orden de ideas, nuevos medios son todos aquellos medios de información cuyo carácter es definitivamente distinto de los convencionales. En esta bolsa cabrían, incluso, los denominados medios alternativos, cuyo proceso despertó las sensibilidades más profundas de los grandes medios desde finales de los 80.

Medios novedosos, atractivos, diferentes pero por encima de todo familiares, son los que las personas están consumiendo vorazmente. La pregunta lógica es ¿por qué?

Como primera respuesta, hay que decir que por cansancio. Las personas y las sociedades están cansadas de ser tratadas por igual, bajo el concepto de masa. Nada desean más las personas hoy en día que ser tratadas una a una, con dedicación y esmero. Los medios masivos, replicadores del esquema convencional, cayeron en el tedio de la noticia escrita por un ser humano con destino a miles o millones, sin importar condiciones de vida particulares, tendencias ideológicas o incluso los horarios de consulta de la información.

Ante la entrada de medios pequeños, hechos a la medida, el concepto de mediación cambió radicalmente. En las facultades y escuelas de comunicación se analizan algunas de las expresiones que marcaron el rumbo de todos: El medio es el mensaje, de Marshall Mc. Luhan es una de las más trascendentes, pues fija muy claro en el horizonte el punto de llegada de la generación de los 60. Los medios eran lo importante, descuidando el efecto del medio sobre las personas, es decir, el concepto de mediación.

Hoy la mediación es la reina del proceso informativo y comunicacional. Las tecnologías de la información privilegian la mediación por encima del medio mismo, dejando entrever que la posmodernidad informativa se concentra más en las personas y sus necesidades que en lo que los medios como tal requieren. Ante ese hecho, los medios convencionales transforman su estructura y participan del proceso de nuevas mediaciones con productos atractivos, como magazines, insertos, suplementos y otras herramientas que, a la larga, terminan por ser parte de una estrategia de mercadeo antes que de un mecanismo consecuente de nueva mediación.

Por otra parte, los grandes medios han decidido invertir tiempo y dinero para crear otros canales de información. La red internet le dio vida a los negocios y elevó a millones las oportunidades de las personas por obtener información de primera mano. Los periódicos electrónicos, las revistas del mismo tipo y otros servicios complementarios, como grupos de discusión o listas, abrieron las puertas a los ciudadanos para hacerse parte del proceso informativo y de gestión del conocimiento, lo cual repercute en una comunidad mejor enterada, más activa e idealmente con un mayor sentido crítico.

¿Y los periodistas?

Están como locos. Bill Gates acuñó esta frase: "El éxito es peligroso. Engaña a la gente inteligente para hacerle creer que no puede perder". Haciendo eco de la expresión, los periodistas convencionales perdieron su liderazgo y se quedaron sin un oficio concreto en la sociedad de la información.

Sí. Es amenazante y dramático, pero lamentablemente cierto, cuando menos en una considerable proporción.

El periodismo es una profesión, una pasión, una lucha, una vida dedicada al servicio de los ideales y de la verdad pero, también, es una técnica. Los puristas dirán que se trata de un exabrupto, pero existen razones de peso para esta afirmación. Por ejemplo: El mecanismo para construir una noticia una vez algo ha sucedido, consta de varios pasos elementales, comenzando por responder la famosa lista de w’s que integran la pirámide informativa. Esto no es nuevo y aparece en los libros de periodismo publicados desde los 50. Paradójicamente son los mismos libros en los que todos los periodistas cursaron sus estudios.

Para los demás géneros periodísticos las cosas no son muy diferentes. Mecanismos de redacción, el asunto de las fuentes, la concreción de la agenda informativa, el proceso de selección de noticias y la edición de las mismas… Nada que una persona no pueda dominar con algo de ejercicios prácticos, algo de intuición y un poco de asesoría. En Medellín existe un programa para enseñarle a niños de las escuelas y colegios a crear sus propios periódicos, impresos y electrónicos. Lo curioso es que aprenden casi la totalidad del proceso en menos de un año, y las facultades insisten en la formación profesional de entre tres a cinco años.

No es intención de este documento debatir las actividades o proyectos de las escuelas de comunicación y periodismo. Más allá de la innegable e ineludible profesionalización del oficio, el periodismo es algo que, reiteradamente, las personas aprenden con facilidad. No en vano varios de los mejores periodistas colombianos son ingenieros, abogados y hasta médicos. Los casos se multiplican y repiten por todo el mundo, y las personas, los destinatarios, no se preocupan por eso.

Para responder la pregunta sobre los periodistas, hay que decir que tienen una alto y creciente número de competidores. Las oportunidades de los medios electrónicos, específicamente, le cortan las alas al periodismo tradicional, cuya tarea es la de realizar un coherente y equilibrado proceso de mediación entre la realidad y la versión publicada de la misma.

Los nuevos periodistas o los periodistas alternativos, hay que decirlo, surgen de la nada. Miles de personas aprovechan los sitios gratuitos de internet para crear un periódico electrónico sobre cualquier tema: Música, deportes, política, economía, ciencia o gastronomía. Las personas tienen claro que los procesos informativos son muy lentos y a veces tendenciosos, según la filiación política del medio o la pertenencia a uno u otro grupo económico.

Es más: Las fuentes, el gran aliado de los periodistas, se diluyen en el mar de posibilidades que ofrece internet. Las personas han logrado contactar a las mismas fuentes utilizadas por los periodistas, y hacen que esas fuentes envíen boletines, extras, noticias de primera mano y hasta cuadros comparativos de lo que sea por medio de la red. Así entonces, mientras que en una sala de redacción los periodistas se reúnen para definir el ángulo informativo, el esquema correcto para redactar la información y publicarla, mientras que el director aprueba o pide ampliar o corregir, el ciudadano del común ya tiene la noticia en bruto, tal y como la emitió la fuente, en su correo electrónico o en una página web.

Lo gracioso de todo esto es que, cuando el medio convencional publica, el ciudadano amante de los medios electrónicos ya tiene varias versiones de lo sucedido, y hasta puede enviar su posición o puntos de vista a la fuente emisora del mensaje!

En un caso evidente de la alta velocidad contemporánea, es bueno recordar que, en el caso de los atentados del 11 de septiembre en el World Trade Center de Ney York, a sólo 25 minutos de la colisión del primer vuelo, la página web de CNN no sólo había multiplicado el número de usuarios a un punto nunca antes visto, sino que ya habían publicado dos artículos de opinión, la versión preliminar sobre los hechos por parte de las autoridades y, por si fuera poco, la primera lista de personas heridas luego de la colisión. No hay que olvidar que el segundo avión impactó la segunda torre 24 minutos después de la primera.

Esto demuestra que, en este contexto, el periodismo llegó a un punto extremo. Se le sigue requiriendo pero cada vez con menor intensidad. Aparentemente, las empresas y entidades del estado buscan a los medios y a sus periodistas, en tanto que las personas del común prefieren hacerse a sus propias noticias y buscar sus propias fuentes de información.

La tecnología

"La realidad virtual corrompe, la realidad absoluta corrompe absolutamente", dijo Roy Ascott. No se trata de buscar culpables. El periodismo nunca se vio amenazado, y ahora resulta que una variación tecnológica transformó los papeles y le dio la vuelta a los procesos. Sí. Hay que cambiar, orientarse al concepto de mediación por encima del concepto de medio y darle al perceptor una visión diferente de las cosas.

La realidad sigue sucediendo a diario y los esquemas informativos permanecen intactos. Es ilógico que los periódicos electrónicos latinoamericanos, en su gran mayoría, sólo sean capaces de copiar y pegar los mismos contenidos del periódico impreso. En Colombia una persona puede leer los principales diarios del día siguiente desde las 11:30 de la noche anterior. ¡No hay que levantarse temprano para escuchar la radio o buscar los periódicos impresos! ¡Desde la noche anterior ya están publicados en la red!

Es gracioso, además, que una persona sepa con tanta antelación los temas que tratarán los analistas al día siguiente. La radio y sus programas informativos se basan muchas veces en lo que publican los medios impresos, así que mientras un ejecutivo se transporta en su automóvil desde su casa hasta su oficina, ya no sintoniza la radio en el programa de análisis, sino que opta por una estación de música o incluso inserta en el aparato de radio un compacto con la música de su artista preferido.

Los hábitos cambiaron y los medios reaccionan lentamente. Este mismo ejecutivo, enterado desde la noche anterior de las noticias de actualidad, puede obtener en su oficina, en intervalos de 30 minutos, las actualizaciones que medios de otras regiones publican sobre los acontecimientos importantes. Esto traduce algo aún más dramático: ¡Las personas están configurando sus propias agendas informativas! ¡No les interesan las propuestas realizadas por los medios, sino las propuestas formuladas por ellos mismos!

Si a lo anterior se suma que muchas fuentes informativas proporcionan sus correos electrónicos personales a personas del común, obtenemos ciudadanos y empresas mejor informados que muchos periodistas, pues el esquema tecnológico lo permite y las primicias ya no son patrimonio de los medios informativos. Evidentemente, la tecnología cambió las costumbres y los procesos de la información.

¿Y entonces, qué hay que hacer?

Una expresión latinoamericana dice sabiamente: "Lo mismo, pero distinto". Sí. La respuesta a la pregunta inicial de este documento es afirmativa, el periodismo sí ha cambiado tanto. Las tareas, las costumbres y los procesos informativos cambiaron sus mecanismos, sus lógicas de producción y sus estrategias de mediación, pero son en esencia los mismos.

El camino es claro y debe recorrerse sin ambages: El periodismo debe seguir su camino, ya no con la perspectiva de antes, pero sí con una mayor responsabilidad social y una capacidad de reacción más alta y dinámica. No se trata de ignorar los medios alternativos o los nuevos medios. Se trata de captar su esencia y facilitarle a las personas una mediación más clara y nítida, nutrida con los componentes que sólo la experiencia y el respaldo profesionales pueden dar a un periodista en cualquier lugar del mundo.

El periodismo electrónico apenas está en gestación, y es mucho el tiempo que falta para tenerlo pleno y vital. Si bien los escollos son lo primero en el panorama, resolverlos se convierte no sólo en un reto, sino en una necesidad apremiante que puede redundar, sin duda, en un periodismo más fuerte y orientado a una nueva masa, compuesta por seres humanos más conscientes de sus necesidades y expectativas de información, además de críticos y sensibles a la evidencia de la realidad.

El periodismo electrónico tiene la misión de acercar y generar sinergias comunicativas entre todos los actores del proceso informativo, en tanto que el periodista electrónico tiene la obligación de comprender mejor los medios y aprovechar sus oportunidades para lograr una mediación más eficaz.

La sala de redacción sigue abierta, pero la hora de cierre ya no tiene importancia en un escenario sin tiempos, sin excusas y sin barreras para huir del toro bravo de la electrónica, la cibernética y la realidad.


* Juan Pablo Ramírez Cortés es docente de la Universidad Pontificia Bolivariana, en Colombia. Esta comunicación fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana de Comunicación (sociedad, información y conocimiento) realizada en San Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de 2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los organizadores.


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