Sala de Prensa

62
Diciembre 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Una mirada desde la frontera México-EU
Sensacionalismo y narcocultura
en el periodismo

Hugo Méndez Fierros *

Baja California es una entidad ubicada justamente en la división territorial de México con Estados Unidos; de enormes contrastes sociales y reconocida, hoy, como una de las fronteras más dinámicas del mundo.

La Baja California ha representado históricamente para un importante número de connacionales un puente hacia la conquista del american way of life, la puerta de entrada al primer mundo con todo lo que esto conlleva; no obstante, también ha sido vista como un destino atractivo de emigrantes mexicanos y extranjeros, que dejaron sus lugares de origen y llegaron para quedarse.

"Con sus 3.200 kilómetros, la frontera entre México y los Estados Unidos es una de las más largas y, sin duda, la de mayor carga simbólica de nuestro continente. No sólo separa dos países sino que divide el "Primer Mundo" del "Tercero" y en uno solo de los pasos de esta frontera —el ubicado entre Tijuana, Baja California y San Diego— se dan más de 60 millones de cruces de personas al año… Por otra parte, entre 1997 y 2002 murieron alrededor de 1800 mexicanos al intentar pasar "del otro lado" de manera ilegal, según datos del Senado de México". (Lorenzano en El Clarín, abril del 2003)

Hoy no podríamos entender la "cultura fronteriza" de esta región sin el aporte de grandes grupos de jalisciences y michoacanos (gentilicios que designan a las personas de Jalisco y Michoacán, entidades de México) de chinos, rusos, y japoneses; pero sobre todo de personas provenientes de Sonora y Sinaloa.

La historia de Baja California es la síntesis de una hibridación cultural, en la que las características identitarias que sonorenses y sinaloenses han aportado ejercen una dominación notable sobre las de los otros grupos mencionados.

Las características antes descritas sitúan a Baja California como paso obligado para el tráfico de estupefacientes hacia el amplio mercado consumidor que representa una gran parte de la población estadounidense; esto ha originado el establecimiento de poderosos cárteles de narcotraficantes en esta región, lo que ha significado –entre otros factores- un incremento exponencial de la inseguridad y la pérdida del espacio público de los ciudadanos fronterizos en los últimos años.

Favorecido por este contexto el trabajo de los medios informativos ha ensayado una serie de cambios en su producción social de mensajes, entre los que destaca una marcada orientación hacia la publicación de noticias referentes a las actividades relacionadas con el narcotráfico; cobertura que de manera general –aunque con honrosas excepciones- se ha realizado de una manera sensacionalista, en detrimento de la credibilidad y la responsabilidad social propia del periodismo profesional.

La "información sensacionalista" acerca del narcotráfico ha rebasado los cauces de las tradicionales páginas policíacas o de seguridad pública y ha llegado para quedarse en las primeras planas; de esta manera, constituye hoy, sin duda, una de las temáticas que reúne más lectores en torno de los medios de comunicación; el trabajo periodístico en la frontera norte de México es el espacio de aprehensión de nuestros tiempos violentos, parafraseando a Quentin Tarantino.

Observamos que la explotación del morbo y el uso inadecuado del lenguaje (aculturación); la mala influencia de otros idiomas (inglesismos) motivado por la cercanía con otro país; la actitud cínica de quien escribe (corrupción); el vacío de regulación para lo que se escribe y la falta de especialización del periodista en las diferentes áreas del periodismo (Jáquez, 2001) han generado y propagado una infinidad de términos, espacios y personajes, que retratan y recrean las representaciones simbólicas sociales conocidas como narcocultura.

Hoy se habla en los medios y por ende, en los diferentes espacios del entramado social fronterizo de: "narcovuelos", "narcofuncionarios", "narcomenudeo", "narcoporristas", "narcopolicías" "mini-traficantes", "envenenadores", "engatusadores"; "levantón","puchador";"encobijado"; "ajuste de cuentas"; "madrina", "cocinero"; "tienditas", "cocinas" y "laboratorios"; para designar a las actividades, actores y espacios de trabajo de los agentes sociales dedicados al tráfico de drogas.

Sin duda, los términos antes mencionados forman parte de un glosario amplio que juega un papel importante en la reproducción de arquetipos referentes a la vida y obra de los llamados narcotraficantes; y que puede ser imputable en cierta medida al ejercicio periodístico sensacionalista que se empeña en dar un tratamiento superficial a una problemática que por su complejidad exige otro enfoque y un trato informativo verdaderamente profesional, apegado a la deontología periodística.

Basados en lo anterior, pretendemos ensayar con este trabajo –desde una perspectiva ética- una revisión del papel que ha jugado el ejercicio periodístico desarrollado en la región fronteriza del noroeste de México, en la construcción de arquetipos y representaciones sociales en torno al tema del narcotráfico. Y asimismo, poder identificar algunas pistas que nos ayuden a entender la influencia del sensacionalismo periodístico en la propagación y reproducción de una "narcocultura".

De esta manera, tomamos como fundamento la Teoría Social de la Comunicación, desarrollada por el teórico español Manuel Martín Serrano, para clarificar la importante tarea de producción noticiosa y entender el trascendente papel que juegan los reporteros como agentes mediadores insertos en una institución mediadora (empresa informativa).

Por otra parte, para el acercamiento a la responsabilidad social que les confiere el papel antes descrito, nos apoyaremos en una de las cuatro teorías de la prensa que el estudioso estadunidense Theodore Peterson, desarrolló y publicó al lado de los investigadores de la comunicación de masas Fred S. Siebert y Wilbur Schramm, en la década de los cincuenta en EUA, la aún vigente y llamada: Teoría de la responsabilidad social de la prensa.

Posteriormente, desarrollaremos cada uno de los conceptos clave de esta ponencia: Narcocultura, sensacionalismo y ética periodística, entre otros.

Teoría Social de la Comunicación

Esta teoría desarrollada por Manuel Martín Serrano parte de la idea central que nos dice que existen interdependencias entre la transformación de la comunicación pública y el cambio de la sociedad y para desarrollar esta idea, se debe partir del estudio de la producción de comunicación social. Asimismo, esta teoría tiene como modelo general para enfrentarse al objeto de estudio, un paradigma que Martín Serrano ha denominado: "de la Mediación".

"La mediación pretende ofrecer un paradigma adecuado para estudiar todas aquellas prácticas, sean o no comunicativas, en las que la conciencia, las conductas y los bienes entran en procesos de interdependencia. El investigador no puede recurrir en estos casos a modelos meramente cognitivos, exclusivamente de comportamiento, o solamente de producción. La necesidad de un enfoque basado en el análisis de la mediación se hace sentir cuando el manejo de la información, de los actos, de las materias, se manifiesta como una actividad que no puede ser disociada ni analizada por partes. La producción de información destinada a la comunicación pública es una de esas actividades". (Martín, 1986, págs. 22 y 23)

La relevancia del papel que desarrollan los reporteros en nuestra sociedad, reside en su papel de mediadores en el proceso de la construcción social de la realidad; mucho se ha apuntado que la opinión pública de las sociedades democráticas pasa obligadamente por los medios de comunicación, y es en este sentido, que los hacedores de noticias desarrollan día a día un trabajo de impacto social, lo que de entrada obliga una actitud responsable y profesional.

Como explica Manuel Martín Serrano "La participación de los Medios de Comunicación de Masas (MCM) en la elaboración de una representación de lo que sucede en el mundo se inicia cuando la institución mediadora, u otros agentes sociales (Agencia de noticias, Consejo de redacción, Censores, etc.), seleccionan determinados aconteceres para hacerlos públicos.

"La tarea específicamente comunicativa comienza cuando los Emisores (con la aceptación de la institución mediadora) eligen, en el marco de ese acontecer público, determinados objetos de referencia. Los Emisores ofrecen a sus audiencias un producto comunicativo que incluye un repertorio de datos de referencia a propósito de esos objetos. Los datos se relacionan conceptualmente entre sí de una manera determinada; desde este punto de vista los productos comunicativos suelen denominarse "relatos". Además, los datos se expresan de una u otra forma en un soporte material. Desde este punto de vista, son objetos. Estas tareas comunicativas de los MCM son operaciones de mediación". (Martín, 1986, p.143)

La producción noticiosa es entonces un proceso en el que participa el reportero como agente mediador inserto en una empresa informativa (institución mediadora), proceso que implica la selección de acontecimientos de la realidad social actual; recolección de información y construcción de narraciones acerca de estos hechos, las cuales son redactadas, grabadas, editadas, jerarquizadas y finalmente ofertadas al público como información-mercancía.

Bajo la idea anterior, los reporteros desarrollan su tarea mediadora de construcción de la realidad, en un primer plano, a partir de su propia interpretación de los hechos; interpretación que está determinada por su bagaje cultural, ideología, formación profesional, sus intereses individuales; pero también por su concepción del deber profesional (ética periodística).

"Es imposible descentrar al sujeto que produce la información, respecto del producto comunicativo que realiza. Una concepción ingenua de la objetividad supone que el acontecer produce los datos de referencia de la comunicación como el campo las margaritas; el informador honesto sería aquel que se limitase a cosechar los datos para las audiencias compuestos como un ramillete de imágenes o de palabras. Lo cierto es que el cambio de la realidad no genera datos sino sucesos (en el sentido ontológico del término; el informador observa sucesos y elabora datos. Este proceso implica irremediablemente en el producto comunicativo resultante, la propia actividad cognoscitiva y expresiva del Relator. El informador, como cualquier otro sujeto humano, está incapacitado para desprenderse de sus intereses, necesidades, prejuicios, cuando sus sentidos perciben unos sucesos o permanecen ciegos y sordos a otros; y cuando su reflexión interpreta de una u otra forma el acontecer que describe. El informador, sea o no profesional, participe o no como testigo de lo que acontece, es un Mediador. (Martín,1986, p.108).

A esta mediación cognitiva, como le ha llamado Martín Serrano, realizada por el reportero en un orden individual, se une durante la producción noticiosa la mediación estructural, que está determinada por los intereses económicos de las empresas informativas, por sus recursos tecnológicos, las rutinas productivas, etcétera; es concretamente, el molde o el sello institucional del producto comunicativo elaborado por los reporteros en concordancia con la empresa para la que laboran.

La realidad mutante se congela; es atrapada por los modelos de comunicación preestablecidos por cada empresa periodística; los intereses económicos y su mandato autoritario constituyen una camisa de fuerza para la aplicación de la ética periodística, encarnada en un compromiso de responsabilidad social.

De esta manera, observamos que la producción de noticias está determinada en una primera instancia por la mediación cognitiva que realiza el reportero en orden individual, es una construcción social de su parte, es la traducción de los sucesos que operan en el plano de los real actual en códigos sociales (datos), de ahí entonces que la tarea periodística desarrollada con libertad de acción en una sociedad democrática, exija un alto nivel de responsabilidad y profesionalismo.

No obstante, estos deberes propulsados por la trascendencia y el impacto social de las prácticas comunicativas a las que hemos venido haciendo referencia, no son solamente imputables a los reporteros, puesto que en un segundo plano y en el marco de las relaciones que sostiene cada reportero con la empresa para la que labora se suscita la mediación estructural, que suma a la construcción realizada por el reportero nuevas valoraciones, gestadas a partir de los intereses de la empresa informativa, con lo cual se da una segunda y definitiva construcción social de la realidad, que será vendida posteriormente como información-mercancía a las audiencias.

Teoría de la Responsabilidad Social de la Prensa

En la tradición de la investigación sobre los medios de comunicación masiva, se ha tomado –regularmente- como punto de partida a las propias instituciones mediáticas y sus formas de trabajo y se han dejado de lado las cuestiones normativas o éticas, endosándoles la responsabilidad de su estudio a otros campos como la filosofía o el derecho.

El argumento recurrente que explica lo anterior desde la lógica del "paradigma dominante", es que el análisis de los medios desde la perspectiva normativa conduce inevitablemente a cuestiones de ideología, política, derecho o ética que no son fáciles de abordar "científicamente"; así, lo que se defiende es una postura de neutralidad de valores. (McQuail, 2000)

"La mayor parte de lo que pasa por "teoría de la comunicación de masas" parece existir en un extenso vacío normativo, carente de un contexto social e histórico, aparte de unos presupuestos, escasamente aceptados, sobre la espontaneidad de los arreglos liberal-pluralistas en una economía capitalista. Este estado de cosas resulta sumamente insatisfactorio en una época de grandes cambios y reconstrucciones de las instituciones mediáticas, en las que se deben abordar las cuestiones normativas". (McQuail, 2000, p.198)

Es en este contexto actual que cobra aún vigencia y mayor relevancia la Teoría de la responsabilidad social de la prensa, formulada por Theodore Peterson y compilada en el libro Four theories of the press (Cuatro teorías de la prensa) al lado de Frederick Siebert y Wilbur Schramm, y que sucedió al informe realizado en 1947 por la Comission on the freedom of the press (Comisión sobre la libertad de la prensa) de financiamiento privado pero con una importante influencia pública en Estados Unidos.

Esta teoría explica mediante la formulación de enunciados concretos y sencillos, los deberes de responsabilidad que debe asumir cualquier institución productora de noticias y que con ello proponga a la sociedad en general una visión específica del mundo, a través de la construcción social de la realidad.

Las funciones de la prensa de acuerdo a la Teoría de la responsabilidad social son seis: (1) Servir al sistema político al proveer información, discusión y debate de los asuntos públicos; (2) Ayudar al público para que sea capaz de autogobernarse; (3) Salvaguardar los derechos del individuo al servir como un vigilante del gobierno; (4) Servir al sistema económico principalmente al contactar compradores y vendedores mediante la publicidad; (5) Proveer entretenimiento; (6) Mantener una autosuficiencia económica para estar libre de presiones de intereses particulares". (Siebert, Peterson, Schramm, 1967, p.74)

Bajo las anteriores premisas, observamos más allá de lo que la prensa es en la práctica diaria, lo que la prensa debería ser de acuerdo a la responsabilidad social que le confiere su tarea trascendente en el orden social y para ello se apela a la ética aplicada de la profesión.

Según la Teoría de la responsabilidad social de la prensa, ésta debe "proporcionar un relato completo, verdadero e inteligible de los acontecimientos del día en un contexto que les confiriera sentido. En segundo lugar, la prensa debía servir de foro para el intercambio de comentarios y críticas y ser el transporte público de la expresión pública. En tercer lugar, la prensa debe dar una imagen representativa de los grupos constitutivos de la sociedad y presentar y clarificar los objetivos y valores de la sociedad.

Asimismo, esta teoría critica el "sensacionalismo y la mezcla de noticias con opiniones editoriales. En general…postula una noción de la prensa como institución imparcial, informativa e independiente, que evitara ofender a las minorías o fomentar la delincuencia, la violencia y el desorden civil. La responsabilidad social debe ser asumida mediante la autorregulación y no por intervención del gobierno, aunque en última instancia, ésta también se podría justificar." (McQuail, 2000, p.200)

Ética periodística y sensacionalismo

Una vez explicada la forma en que entendemos el proceso de producción social de la comunicación y la responsabilidad de los agentes mediadores (en orden individual-cognitivo los reporteros; y en lo grupal-estructural las empresas informativas) es importante acercarnos a algunas ideas sobre el sensacionalismo periodístico y su influencia en la reproducción de una "narcocultura". Para lo anterior, es menester conceptuar a la ética periodística.

Para Javier Darío Restrepo, estudioso de la materia, la ética es: lo correcto y lo justo; sentirse bien consigo mismo y con el otro; responsabilidad y transparencia; valor absoluto y supremo; escala de valores que mide la conducta del hombre y de la sociedad; característica de la conducta humana que busca ajustarse a valores sociales; una actitud; conjunto de normas que rigen el proceder de las personas; conjunto de valores morales adquiridos a través de la experiencia y que norman la conducta; algo subjetivo, relativo a la moral de cada persona; honestidad. (Restrepo, 2000)

Si nos ceñimos a las ideas anteriores podemos entender entonces a la ética como filosofía generadora de ciertos códigos de conducta; desde esta perspectiva, puede ser comprendida la ética como un sinónimo de la moral (en el uso común esta interpretación es muy utilizada).

No obstante, a la ética también se le considera una ciencia que tiene como objeto de estudio la moral y la aplicación de la conducta humana –en referencia a ésta- en un contexto determinado; que mantiene un carácter histórico, concreto y mutable; asimismo, la ética está caracterizada por el consenso grupal y por actuar de manera interna ajena a cualquier aparato coercitivo.

La perspectiva ética no se funda en abstracciones, es práctica, directa; se materializa en las conductas humanas y pasa necesariamente por la voluntad de los individuos.

En el caso del oficio de las noticias los reporteros deben enfrentar de manera cotidiana la toma de decisiones entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo justo y lo injusto, lo que añade a su trabajo un rigor que se puede evaluar sólo en la práctica diaria a través de lo que estudiosos de la materia han denominado: Deontología periodística, que representa el tratado de los deberes a los que el profesional de la verdad, el periodista, debe apegarse al realizar su labor profesional.

Ernesto Villanueva apunta en su libro Códigos europeos de ética periodística: Un análisis comparativo que la "deontología periodística puede definirse como el conjunto de principios éticos asumidos voluntariamente por quienes profesan el periodismo, por razones de integridad, de profesionalismo y de responsabilidad social. La deontología periodística implica para el informador un compromiso de identidad con el rol que juega en la vida social y una percepción amplia del valor que tiene la información como ingrediente de primera importancia para traducir en hechos concretos la idea de democracia". (Villanueva, 1996, p. 17).

La producción de la noticia es el proceso en el que reporteros, jefes de información y directores de empresas informativas seleccionan acontecimientos de la realidad social actual; recolectan información y construyen narraciones acerca de estos hechos, las cuales son redactadas, grabadas, editadas, jerarquizadas y finalmente ofertadas al público como información-mercancía.

La consideración de que los medios son constructores y no meros espejos de una sociedad ha significado entender de manera definitiva que… son las propias empresas informativas las que deciden qué hechos son noticia o no, y por lo tanto, quienes administran el material informativo del que se nutre la opinión pública. Para que una información sea noticia requiere la conjunción de tres factores: a) que sea reciente; b) que sea inmediata; y c) que circule. (De Foncuberta, 1998)

Bajo estas premisas la labor del periodista debe estar enmarcada en la responsabilidad social, la búsqueda de la verdad y la honestidad.

El periodista es, según Hugo Aznar, el primer responsable de la calidad y de la objetividad de la información y debe esforzarse en presentar una información veraz, lo más completa posible, interesante, actual y de alta calidad. (Aznar, 1999: 227)

En realidad, el periodista podría ser considerado también como un historiador y como un intelectual. Como historiador, porque en realidad está haciendo la crónica diaria de su mundo. Como intelectual porque es intérprete del devenir y trata de orientarse y de orientar a los demás en los procesos de cambio (Núñez Ladevéze en López, 1995, p. 60)

Así entonces, debemos entender que por definición el periodista debe ser un agente social honesto, responsable, solidario, que desarrolla su profesión con amplia vocación de servicio a los demás y que a través de la consecución y difusión de la verdad periodística busca el beneficio social. Es en este sentido, el profesional de la verdad.

Los valores éticos y técnicos se entrelazan en la raíz de la profesión periodística. Por ello en el periodismo quien atenta contra los preceptos éticos reconocidos y consensuados por el propio gremio, corrompe su calidad informativa, no hay forma de transgredir los valores éticos sin dañar el fin último de todo hacedor de noticias: un producto informativo de interés público que contiene la verdad sobre un suceso.

Ahora bien, es en este marco que debemos centrarnos en el tema del ejercicio periodístico sensacionalista y en la forma que trata al tema del tráfico de drogas y cada una de las actividades que de ella se derivan.

Erick Torrico Villanueva, estudioso del tema, señala en su trabajo "El sensacionalismo: algunos elementos para su comprensión", publicado en www.saladeprensa.org, que en la jerga técnica del periodismo se usa indistintamente los calificativos de sensacionalista o amarillista para los medios informativos que buscan alimentar a sus audiencias con contenidos que muestran, erigiéndolos en "noticias", comportamientos o sucesos anticonvencionales.

En el mismo trabajo, Torrico Villanueva, recoge otros puntos de vista.

"José Martínez de Sousa dice que sensacionalismo es la tendencia de cierto tipo de periodismo a publicar noticias sensacionales y explica que ella puede traducirse en una versión "de fondo", en que las materias presentadas "exploran las bajas pasiones y los intereses menos nobles del público", y otra "formal", que se funda en un manejo llamativo de los elementos exteriores de una publicación.

Para el Departamento de Comunicación Social del Consejo Episcopal Latinoamericano el sensacionalismo es un "periodismo poco objetivo, que exagera con titulares, fotografías o textos las noticias de escándalos, sucesos sangrientos o morbosos y noticias de interés humano. Y Pedroso señala que el periodismo sensacionalista es una actividad de identificación y exacerbación del carácter singular de los acontecimientos a través del énfasis, incremento o sustracción de elementos lingüísticos, visuales (sonoros) e ideológicos, por medio de la repetición de temáticas que contienen conceptos y valores que se refieren a la violencia, la muerte y la desigualdad social".

Es interesante observar ahora la definición de nota roja que hace José Luis Arriaga Ornelas en www.saladeprensa.org: "En una acepción general, la nota roja es el género informativo por el cual se da cuenta de eventos (o sus consecuencias) en los que se encuentra implícito algún modo de violencia -humana o no- que rompe lo común de una sociedad determinada y, a veces también, su normatividad legal. Ahí caben los relatos acerca de hechos criminales, catástrofes, accidentes o escándalos en general, pero expuestos según un código cuyos elementos más identificables son los encabezados impactantes, las narraciones con tintes de exageración y melodrama, entre otros".

Históricamente la información sensacionalista ha sido contenida –salvo algunos escándalos políticos y de la farándula mediática- en las páginas de la nota roja, que por definición se asemejan en la forma de construir y matizar sus narraciones; sin embargo, esto ha variado, pues, la información sobre el tráfico de drogas sin dejar de ser sensacionalista ha desbordado los límites de la página roja.

Narcocultura y periodismo fronterizo en el noroeste de México

Los territorios geográficos de Sinaloa, Sonora y la península de la Baja California están unidos por el inmenso y mágico Desierto de Altar, de esta manera forman el corredor noroeste: puente que filtra los usos y costumbres del sur de México, para construir la cultura de la frontera norte.

En ésta habita desde hace unas décadas una variante muy peculiar, atractiva para toda la industria cultural a más no poder; por supuesto, nos referimos a la narcocultura fronteriza en el noroeste de México.

"Más allá de consideraciones morales y penales, la narcocultura es una realidad tangible, que en el norte y noroeste del país (donde por razones históricas, geográficas y culturales se han asentado los principales cárteles) adquiere una presencia mayor, cercana". (Lugo Palencia, Ileana, Revista Proyecciones del Proyecto Internet del Tec de Monterrey, agosto 2000)

"El cultivo de la amapola y el tráfico de opio empezaron a adquirir tal importancia –la prensa local habla ya de sembradíos de adormidera en Sinaloa y Sonora desde 1922 –por el número de individuos involucrados, que hubo necesidad de inventar una palabra para designarlos genéricamente, en una época y lugar tan míticos como los orígenes de la introducción de la planta: así nació la palabra "gomero", como alguien que se dedica tanto al cultivo de amapola como al tráfico de goma de opio…La designación estaba tan generalizada que incluso a los traficantes de mariguana se les llamaba de igual manera. Posteriormente se les designó a estos últimos como "mariguaneros" o "moteros"; o "transas" para incluir a ambos grupos.

"En la actualidad sin haber desaparecido completamente del lenguaje común, la palabra "gomero", designación local desde abajo ha venido siendo desplazada por la de "narco", designación universalizante desde arriba, que pretende abarcar a todas las categorías particulares inventadas para nombrar a los múltiples agentes sociales de la división del trabajo en el campo del tráfico de drogas; desde el "charal" hasta el "pez gordo", desde el "marimbero" (Colombia) o el "puchador de perico" hasta el capo di tutti capi". (Astorga, 1995, p.70 )

La narcocultura tejida en la frontera noroeste de México refleja características identitarias que pertenecen –por supuesto- al mosaico cultural híbrido derivado del proceso histórico de la emigración hacia esta frontera de gente originaria de los pueblos serranos y ciudades de Sinaloa y Sonora.

En la prensa regional de Baja California se habla de un arquetipo de "lo sinaloense", "andaban vestidos como sinaloense o hablaban como sinaloense", la gastronomía y la música sinaloense están de moda, lo sinaloense como sinónimo de lo narco, en ambos lados de la frontera.

"El perfil arquetípico del narco, su estilo, su vestimenta, corresponde por lo demás al del agricultor sinaloense común y corriente, sobre todo el serrano. Es un atuendo tradicional en estas tierras, que los narcos asumen de una manera sofisticada". (Lugo Palencia, Ileana, Revista Proyecciones del Proyecto Internet del Tec de Monterrey, agosto 2000)

"A partir de la captura y encarcelamiento de Miguel Angel Félix Gallardo (08/04/1989) los medios de comunicación dedicaron un espacio importante y cotidiano a los asuntos relacionados con el tráfico de drogas. Las versiones de los distintos medios se distinguieron por provenir de una sola fuente: la Procuraduría General de la República. Una excepción fue el semanario Proceso, el cual envió a uno de sus periodistas a Culiacán para recabar información…El multiplicador lexicológico "narco" inspiró como nunca a los redactores de los diversos medios de comunicación: aparecieron los "mininarcos", los "narcosatánicos", los "narcobanqueros", los "narcopolíticos", el "narcosantón", la "narcoestética", etc. Una ausencia notable fue la de los "narcoterroristas" y la "narcoguerrilla", entre otras categorías clasificatorias posibles y comunes en los discursos oficiales de otros pasíses". (Astorga, 1995, págs.75 y 76 )

"Dice Escotado que el término "narcótico", proveniente del griego narkoun que significa adormecer y sedar, era hasta principios del siglo XX aplicado sin connotaciones morales a sustancias inductoras de sueño o sedación…Una imprecisión conceptual de principio se combina, en el caso de "narcotráfico", con un efecto universalizador de imposición de sentido. Se habla de "narcóticos" para referirse incluso a sustancias que no lo son y de agentes sociales (narcotraficantes) considerados como criminales, pero menos como hombres de negocios o como ambas cosas a la vez…Tráfico y traficante de fármacos prohibidos parecerían ser designaciones más apropiadas si retenemos el sentido completo y original de los términos". (Astorga, 1995, págs. 23 y 24)

Hoy se habla en los medios de comunicación y por ende, en los diferentes espacios del entramado social fronterizo de: "narcovuelos", "narcofuncionarios", "narcomenudeo", "narcoporristas", "narcopolicías" "mini-traficantes", "envenenadores", "engatusadores"; "levantón", "puchador"; "encobijado"; "narcococina" "ajuste de cuentas"; "madrina", "cocinero"; "tienditas", "narcolanchas"y "narcolaboratorios"; para designar a las actividades, actores y espacios de trabajo de los agentes sociales dedicados al tráfico de drogas.

Sin duda, los términos antes mencionados forman parte de un glosario amplio que juega un papel importante en la reproducción de arquetipos referentes a la vida y obra de los llamados narcotraficantes; y que puede ser imputable en cierta medida al ejercicio periodístico sensacionalista que se empeña en dar un tratamiento superficial a una problemática que por su complejidad exige otro enfoque y un trato informativo verdaderamente profesional, apegado a la deontología periodística.

"Una definición más cercana a la narcocultura es la de subcultura que es el subconjunto de elementos culturales tanto materiales como inmateriales (valores, conocimientos, lenguajes, normas de comportamiento, estilos de vida, instrumentos de trabajo) elaborado o utilizado típicamente por un sector, segmento o estrato de una sociedad: una clase, una comunidad regional, una minoría étnica, una asociación política, religiosa, deportiva, una categoría profesional, una organización como la burocracia, el ejército, una gran empresa o bien una comunidad desviada como el hampa de las metrópolis o de la mafia". (Lugo Palencia, Ileana, Revista Proyecciones del Proyecto Internet del Tec de Monterrey, agosto 2000)

Dar cuenta o informar sobre el narcotráfico al ser un problema tan complejo y al constituir en sí mismo un campo, exige de antemano que no sea tratado –simplemente- como un problema de víctimas y victimarios; hablar de narcotráfico es hablar de redes en las que existe coacción y cooperación voluntaria, competencia y alianzas estratégicas.

En fin, es un campo en donde los problemas no pueden ser analizados desde una visión maniquea, en donde los conflictos no se dan en blanco y negro, sino que se gestan en una amplia gama de grises, lo que hace aún más compleja la tarea de construir narraciones sobre este fenómeno y además publicarlas.

"Las visiones –sobre el narcotráfico- diferentes –a la dominante- son sin duda menos rentables en el mercado actual de la producción simbólica. En México, se han lanzado a la circulación en este mercado varios productos individuales y colectivos principalmente desde el Estado y la academia. Los medios de comunicación han difundido ambas producciones de manera muy desigual con ventaja para el primero, y sólo en casos aislados se ha intentado construir, consciente e inconscientemente, otras visiones, como en un cierto periodismo de investigación y reflexión y en aquella producción musical que se anuncia como corridos de "mafia" o de "contrabando", muy conocida, difundida y apreciada principalmente en el norte de México.

"En ese panorama no muy amplio y desigual es común encontrar trabajos que parecen emanaciones directas de asesores gubernamentales…sin nombramiento. Apologías de las medidas gubernamentales centradas en la utilización del ejército (y la policía federal preventiva o de la agencia federal de investigación) para combatir principalmente al último eslabón de la cadena (campesinos pobres, desempleados, "burreros", "mulas", "poquiteros", "puchadores", etc.). Observar teatralizaciones montadas en los campos militares donde se queman, se dice, toneladas de droga…O puestas en escena en donde se muestran presuntos narcotraficantes y en el mismo plano visual los objetos sin los cuales la designación no tiene sentido: drogas y armas. O el funcionamiento de los medios de comunicación como apoyo para la reproducción de una visión uniformizadora" (Astorga, 1995, págs.33 y 34)

Esta una de las características del sensacionalismo en el tratamiento informativo del narcotráfico, la escasa investigación y la recurrencia a las fuentes oficiales como única vía para la construcción de productos comunicativos, que al hacerse públicos generan sólo vacíos informativos y visiones sesgadas e irreales en torno de los efectos sociales, políticos y económicos que se dan de manera inherente en este fenómeno del tráfico de drogas; en suma, lo anterior nos estimula a pensar que con este tipo de práctica periodística lo único que se consigue, en el mejor de los casos, es al mantenimiento del status quo.

El sensacionalismo referido a la recreación de la narcocultura en los espacios noticiosos de los medios de comunicación, se refiere a que las entregas son sensacionales perse, puesto que se dan invariablemente en la escena montada con antelación, o sea, se trata de una preconstrucción del triunfo del bien sobre el mal, y se dimensiona la problemática como una lucha entre buenos (representantes del Estado) y malos (narcotraficantes) en la que de manera irreductible es el bien el que gana.

En este sentido, los corridos representan una de las pocas variantes a la norma antes descrita.

"En los corridos de traficantes se habla de una forma de vida que ya es parte de la cotidianidad de los habitantes de varias ciudades y regiones de México. Los corridos son una especie de retraducción oral de lo visible (autos, armas, vestimenta, porte, gestos, etc.) y una autocontención de lo enunciable". (Astorga, 1995, p.37)

"La presentación oficial de los traficantes presos presos ante las cámaras de televisión y fotógrafos de prensa escrita, es también el montaje de un arquetipo ético y estético; además de criminal es "naco" (sin rasurar, despeinado, desvelado, sucio, en camiseta o con la camisa abierta, sosteniendo un arma, etc.). Montaje que es objetivación de las tesis de Cesare de Lombroso (L’Uomo Delincuente) y de las técnicas fotográficas de presentación pública de los delincuentes, inauguradas por Alphonse Bertillon, ambos del siglo XIX… Se pretende imponer una idea ya incorporada por quienes lo realizan: por el aspecto, no se puede ser otra cosa más que un criminal, un "narco". Para realizar las diferencias, los funcionarios encargados de presentarlos públicamente aparecen vestidos con traje y corbata, aseados y bien peinados.

"Se ha establecido una especie de arquetipo del mal, reproducido de manera insistente por los medios de comunicación, y además se ha creado un dominio de significación donde el significante "narco" funciona como un multiplicador lexicológico, independientemente de su sentido etimológico…y quienes caen bajo su embrujo no diferencian ya las designaciones con fundamento en la realidad de la pirotecnia verbal, cuya única razón es el simple placer de acoplar letras". (Astorga, 1995, p.41)

El tratamiento sensacionalista actual del tráfico de drogas y de todas las actividades relacionadas con esta actividad ilícita, coincide en algunos puntos –el recuento del uso de armas, la violencia, la ruptura de las normas morales dominantes y de las leyes- con la nota roja tradicional que refleja las condiciones de marginación social de los miembros de las clases desprotegidas, actores por antonomasia de este tipo de espacios mediáticos.

No obstante, hoy podemos hablar de una nueva forma del periodismo sensacionalista al referirnos al tema del narcotráfico que es diferente a la de nota roja o periodismo amarillo; por su temática tiene que ver con sangre y violencia, pero, por los actores que intervienen, por su clandestinidad y sobretodo por la forma en que este fenómeno ha erosionado mediante la corrupción los distintos ámbitos de la vida nacional (habrá que recordar los casos de políticos como Mario Villanueva, de militares como el general Rebollo, o bien de las acusaciones extendidas sobre altos jerarcas del clero ligados al narcotráfico y de párrocos de que reciben las llamadas narcolimosnas) ha abandonado la marginalidad de los espacios interiores de menor impacto dedicados a la nota roja y ha ocupado las páginas y segmentos principales.

Hoy en el contexto fronterizo del norte de México, bien pudiéramos ubicar la información sobre el narcotráfico en cada una de las secciones de los medios de comunicación y en todas a la vez; podemos situar en finanzas al lavado de dinero, en información general a los nexos entre políticos y clero con el negocio ilícito, a los narcocorridos y sus representantes en espectáculos, a los casos de antidoping en la sección deportiva y así pudiéramos seguir ilustrando.

Por lo pronto, tenemos claro que el narcotráfico, como cualquier práctica cultural ha ido variando, del narco tradicional del arquetipo del serrano sinaloense hasta los narcojuniors que no visten de botas y texana Stetson, ni manejan una "troca perrona" (camioneta pickup del último modelo) sino que prefieren la ropa de marca europea y los carros deportivos.

Sin embargo, la forma de tratar el tema en la prensa sensacionalista poco ha mutado, sigue siendo una cobertura maniquea entre el bien y el mal, con la utilización de un lenguaje e imágenes que son teatralizaciones montadas para escenificar el triunfo del Estado, que muy poco contribuyen a la comprensión social de esta problemática que está por demás apuntarlo, se mueve a la velocidad de los avances tecnológicos y de la globalización y el periodismo aún no le ha tomado el paso.

La narcocultura atraviesa los diversos ámbitos de la vida regional y los medios de comunicación impresos y electrónicos la reproducen, como una respuesta muy lógica de aprehensión del entorno inmediato para construir la realidad; la discusión ulterior –desde nuestro punto de vista- no apunta hacia la factibilidad de publicar o no publicar asuntos relacionados con el tráfico de drogas –se atentaría contra la libertad de expresión y el derecho ciudadano a la información al no hacerlo, como en el caso de la prohibición de transmisión de los narcocorridos- , sino a la forma en que se debe tratar esta temática que, sin duda, es una de las más importantes de la agenda socio-política y por ende, de la mediática, en la región fronteriza del noroeste de México.

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Fuentes consultadas:

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* Hugo Méndez Fierros es profesor de la Universidad Autónoma de Baja California, en México. Esta comunicación fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana de Comunicación (sociedad, información y conocimiento) realizada en San Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de 2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los organizadores.


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