Sala de Prensa

62
Diciembre 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


"Sensacionalistas" pero "objetivos": la encrucijada
entre la información y el entretenimiento"

Yomarie García de Jesús *

¡Bajad el telón, la farsa ha terminado!
François Rabelais, 1553

El siglo XIX es citado en la mayoría de los libros de historia del periodismo como el momentum de apertura del periodismo de masas. Ese período estuvo marcado por los procesos de industrialización y la comercialización de la información. La noticia adquirió un carácter de producto rentable. Con este nuevo status de noticia-mercancía se abrió paso a la masificación de los productos industrializados, a la puesta en escena de la imprenta y a probar cuán efectiva podría ser la modernidad si todos y todas comprendían de qué se trataba ese proyecto de la burguesía.1 Lo que a menudo escapa de los relatos históricos modernos es aquello que se refiere a cómo el desarrollo de la prensa estuvo marcado por la lucha de clases. La posición que alcanzó el sensacionalismo no fue solamente por su capacidad de "representar" la cultura popular sino por su poder de ingerencia y crítica de lo que fue la constitución del imperio estadounidense de finales de siglo XIX y principios del XX. Asimismo, no se explica la manera en que la noticia-mercancía ayudó a la creación de los estados modernos y de la forma en que se llegó, dentro de los diarios, a privilegiar la voz oficial de las instituciones en detrimento de otras posturas.

Desde este marco de referencia, propongo pensar en el sensacionalismo, no simplemente como un tipo de lenguaje, sino como un estilo de escritura. Si bien es cierto que esta modalidad no utiliza las estructuras convencionales del periodismo "serio", sí se encarga de resaltar las problemáticas del otro, de aquél que no cabe dentro del proceso de construcción del llamado periodismo objetivo. Además, me parece necesario pensar cómo lograr que el periodismo de la pirámide invertida y las 5 w’s apele a otros sectores de la población, en particular a los excluidos del discurso pro statu quo,2 máxime en países donde la comunicación también se configura utilizando algunos elementos de la oralidad. En este sentido el periodismo, cuya narrativa se construye a partir de algunas estructuras del cuento y la novela, apela a muchos sectores de la población. No sólo planteo liberar la tensión que existe entre la credibilidad y el sensacionalismo, sino que me lanzo el reto a estudiar estos dos conceptos desde el punto de vista discursivo para así lograr contextualizar ambos enunciados que, al día de hoy, se han convertido en una de las grandes encrucijadas de la comunicación postmoderna.

Apunte histórico-cultural del surgimiento de la prensa de masas

-¿Es una revuelta?
–No, señor, es una revolución
Luis XVI y el duque de La Rochefoµcauld-Liancourt, 1789

Al plantearnos la historiografía periodística desde el punto de vista cultural, más allá de seguir el patrón o el esquema positivista de evolución, se pretende entender los acontecimientos de la humanidad, a partir de los cambios en el discurso o los discursos que conforman regiones o comunidades de seres humanos. Por otro lado, el discutir sobre el surgimiento de la prensa popular supone describir el proceso por el cual una cultura predominantemente oral se constituye paralelamente con una sociedad o cultura de masas. Este proceso no sólo estimuló que emergiera una sociedad de la información, sino que, provocó la creación de lo que conocemos hoy como la profesión o la disciplina periodística.

Antes del siglo XIX, no se hablaba de la noción de periodista ni de diarios que llegaran a grandes masas. La tecnología que se había desarrollado hasta el momento no proveía las condiciones suficientes para crear periódicos que apelaran a grandes sectores de la población. Por esta razón, surge la tendencia a catalogar la prensa del siglo XVII y XVIII como una principalmente ideológica y política.3 Lo que sí se logró fue establecer los públicos a través del "tráfico de noticias", como le denomina Habermas (1986). Y a su vez, permitió el lanzamiento de la publicidad, el desarrollo del mercantilismo o capitalismo temprano, y el surgimiento de la nación-estado o Estado moderno.

Los elementos que forman el marco del tráfico tempranamente capitalista, del tráfico de mercancías y noticias, demuestran por vez primera su potencia revolucionaria en la fase del mercantilismo, fase en la que se forman las economías nacionales y territoriales al mismo tiempo que el Estado moderno (...) (p.55)

Más delante, el autor, añade que:

(...) El tráfico de noticias se desarrolla no sólo en relación con las necesidades del tráfico mercantil: las noticias mismas se han convertido en mercancías. La información periodística profesional obedece, por tanto, a las mismas leyes del mercado, a cuyo surgimiento debe ella su propia existencia. No por casualidad se desarrollan los periódicos impresos frecuentemente en las mismas oficinas de correspondencia en las que se confeccionan los periódicos escritos (p.59)

Es importante señalar que este público no lo constituía la población o el "hombre común", sino los "estamentos ilustrados" (Habermas, 1986). La lectura de estos periódicos era casi exclusivamente para una nueva capa burguesa europea que surge a consecuencia, o paralelamente, con el Estado moderno, al menos, así queda propuesto por Habermas4 al describir cómo surge la publicidad burguesa en el siglo XIX.5

No es hasta la creación de la imprenta, la Revolución Industrial, el cable trasatlántico y los medios de transporte masivo, que se crean las condiciones para hablar del periodismo de masas.6 Junto con la creación de estos instrumentos tecnológicos, que supuestamente facilitan el movimiento de noticias, es que en el siglo XIX se va conformando una nueva clase social media, a la par con la implantación rigurosa del proyecto de la Modernidad en la escritura periodística que pasa a ser llamada prensa de "prestigio".

Esta primera etapa del periodismo moderno se caracterizó por incorporar en el texto periodístico las narraciones melodramáticas que desde la prensa de penique o "penny press" (Shudson,. 1978) se convirtió en la prensa "amarilla", "sensacionalista" o "popular". De acuerdo a Terrou (1969), durante el siglo XIX desde El Sun en Estados Unidos hasta Le Petit Journal en Francia y el Daily Telegraph en Inglaterra, se generó una nueva forma de redacción periodística.7

A través de la reducción del precio del periódico (con la prensa de un penique), se comenzó a estratificar al consumidor objetivo de los diferentes periódicos. Este autor afirma que, por ejemplo en Francia, Le Figaro (creado en 1845) era un periódico para la lectura de la clase burguesa, mientras que Le Petit Journal (creado en 1863) correspondía a la clase popular. (Terrou, 1969) Se puede decir que, desde este momento, se comenzó a trazar una línea entre la llamada prensa ilustrada y la popular. En esta separación es que se fijaron las nuevas formas de construcción del texto periodístico moderno, así como se creó la "necesidad" de desarrollar lo que conocemos hoy día como "géneros periodísticos".8

Mientras el negocio de lo melodramático-noticioso ayudaba a la movilización de las nuevas mercancías industrializadas, "en muchos sectores ilustrados, sobre todo entre algunos destacados literatos europeos, la prensa popular no era vista con simpatía" (Abril, 1997, p. 220). La crítica al sensacionalismo partía de la premisa de que los medios tenían efectos directos en las formas de pensar y actuar del consumidor. Se condenaba el hecho de que la empresa periodística colocara sus intereses comerciales por encima y en detrimento del contenido "noticioso" de los diarios. En el caso particular de los Estados Unidos, esta idea se desarrolló con mucha más coherencia debido al hecho mismo de que es durante el período de expansión imperialista y de conformación de esta nación que se sientan las pautas para lo que conocemos como la prensa amarilla o sensacionalista.

Según el profesor estadounidense John P. Ferre, la evaluación por la que pasó la prensa de finales del siglo XIX se trabajó en términos del razonamiento de causa y efecto. A esto añade que a pesar de que un análisis sistemático de los asuntos éticos en el periodismo no surgió hasta la segunda década del siglo XX:

(...) the scores of moral critiques in the nascent age of journalism ethics during the period of the yellow press do form a coherent utilitarianism. Moralist who examined journalism in the 1980s identified greed and prurience as the ultimate sources of the sensationalism and dishonesty of the press, characteristics which they believed undermined morality and caused crime. They believed that economic pressure and education could eliminate the sources of the negative effects of the media and thus provide the greatest good for the greatest number of Americans (1988, p. 192)

Por otro lado, historiadores del periodismo tan reconocidos como Edwin Emery (1966) perpetuaron en la enseñanza de la disciplina periodística que el sensacionalismo de finales del siglo XIX, no sólo logró desarticular la línea editorial de los diarios, sino que de igual manera consiguió socavar "su conciencia social". Según el autor, es precisamente ésta la crítica que los académicos propondrán como una de las más serias implicaciones del periodismo amarillista. Tanto el concepto de "conciencia social" como el de "responsabilidad social"9 de la prensa, serán los términos a los cuales se apelará con mayor frecuencia dentro de este período con el propósito de lograr posicionar el periodismo "serio" u "objetivo" como la piedra angular del estilo moderno estadounidense. Esta idea luego será traducida para los países latinoamericanos, a través del Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América Latina (CIESPAL).10 La institucionalización del periodismo "objetivo" como única narrativa funcional provocó la homogenización de su estructura y así cumplió con la doble función de mantener los valores democrático-liberales. Igualmente, se consigue que se piense en el sensacionalismo como producto único y exclusivo de los sectores populares11 y, por ende, el modelo de prensa "informativa" se entienda como el éxito del progreso moderno y como triunfo de la educación formal de los periodistas.

La construcción de un imperio a través de la noticia-mercancía: información y entretenimiento en la prensa moderna estadounidense

"Quien quisiera ser culto en sólo un día (...)"
Francisco de Quevedo

La mayoría de las investigaciones que, en los Estados Unidos, se han dedicado a trabajar el sensacionalismo en la prensa (desde cualquier perspectiva teórica) se refieren a las publicaciones de Pulitzer y Hearst como el lugar de partida no sólo del sensacionalismo sino del amarillismo. Mientras que, por otro lado, es esa constante referencia la que abre paso a otro de los problemas que confronta el tratamiento teórico del sensacionalismo y es, como menciona Escalante Rengifo (2002), que "(...) no sólo se utiliza como sinónimo lo sensacional y el sensacionalismo, como reclaman los investigadores, sino que también existen contradicciones entre si el amarillismo es sinónimo o no del sensacionalismo (...)" (p.11).

Parte de la polémica surge porque la palabra amarillismo nace a raíz de la invención del "yellow kid" (niño amarillo) que aparece por primera vez en las publicaciones del New York World perteneciente a Joseph Pulitzer. El "yellow kid", que surge por accidente, fue el icono que utilizaron algunos críticos de la prensa para condenar las temáticas sensacionales, los colores y la diagramación que utilizaba Pulitzer en su diario (como posteriormente lo hará William Randolph Hearst al adquirir el New York Journal). Desde ahí la utilización indistinta de ambos conceptos. El amarillismo vendrá a englobar, ya a finales del siglo XIX, tanto el término sensacional (pues se refiere a las temáticas básicamente de interés humanos del cual los periódicos de la época se apropiaron para apelar a los sectores populares), como el sensacionalismo (en tanto y en cuanto este término se utiliza para describir un estilo de escritura12 que antecede la creación del periodismo como disciplina).

Si bien es cierto que no se puede hablar de amarillismo en la prensa hasta finales del siglo XIX, la idea de sensacionalismo existe mucho antes de la lucha que instituyen Pulitzer y Hearst por conquistar este estilo narrativo en sus respectivos diarios. Incluso, hay que señalar que a pesar de que, la mayoría de las veces, al amarillismo Pulitzer-Hearst se le culpa de introducir el entretenimiento y la espectacularización a las páginas del periodismo moderno en menoscabo de la "información" periodística, no fueron ellos los primeros en experimentar con el método narrativo de la "exageración".

Contrario a las constantes citas al amarillismo Pulitzer-Hearst, el sensacionalismo, que ve su nacimiento en la prensa de un penique, parece mencionarse sólo como antecedente a la conformación de una cultura de masas mientras que, por otro lado, prácticamente fue desde este tipo de prensa que surgen las bases para la inclusión de otros sectores de la población en el imaginario de la nación estadounidense de finales de siglo XVIII y principios del XIX.13 La idea que se trabaja en los diarios de un penique es competir contra el periodismo político que servía exclusivamente a las elites y, de esta manera, propulsar un modelo de prensa que apelara aquellos sectores marginados del "mainstream" estadounidense.

Altschull (1984) explica que, a pesar de que la utilización de las temáticas de interés humano en los diarios no fue invento de los "americanos", sí se puede argumentar que fueron éstos los que manejaron este género periodístico con mayor destreza a principios del siglo XIX. El autor va más lejos al señalar que fue gracias a estos nuevos temas que se incorporan en la prensa, se creó un nuevo sentimiento de civismo y democracia dentro de la clase obrera, cuyas problemáticas sociales habían sido prácticamente ignoradas por la antigua prensa comercial. A esto añade que serán estos trabajadores urbanos los que conformarán al llamado "hombre democrático". En palabras del autor:

(...) these were the urban proletarians, and now they were being made part of the system, insiders instead of outsiders. In short, they had been coopted into de belief that they were significant elements in the decision-making process of the social order. The penny press, an excellent instrument for social control, served a variety of purposes. For the printer, it was a source of potential wealth; for the working-class readers, it was a source of entertainment, (…) an instrument to help soften the hard, boring life of the new urban centers; for the political leader, it was a potential instrument for propaganda, (…) and for the commercial entrepreneur, it was a device for reaching a large group of potential buyers. (pp. 46-47)

Por otro lado, Jones (1985), argumenta que la prensa de un penique intentó legitimar su existencia asumiéndose como la creadora de un tan esperado "consenso nacional" que llevaría a la nación a ejercer los derechos ciudadanos de todos (y todas) en la nueva república federada. Jones explica que, en este sentido, los "penny papers" serán sólo un medio para agenciar la armonía necesaria que logrará cumplir con el fin de la república; que es crear una identidad nacional en un terreno que aún estaba marcado por las diferencias étnicas, religiosas y políticas. A esto, Jones añade que:

The young republic was no closer to forging a consensual national public than it had been in the aftermath of the Revolution, when the colonists who had pulled together fell apart once again into squabbling factions, each with its particular blueprint for the new nation.

The promise of the penny papers was one of forging a national public out of warring faction. (p.12)

El hecho mismo, de propulsar temáticas distintas a aquellas que dominaban la prensa "política", dio la ventaja a Bennett (quien sucede a Benjamin Day en disfrutar del éxito generado por la prensa de un penique), por ejemplo, de pronunciarse de igual manera como precursor de la introducción de los "hechos" en la prensa moderna.14 Según Altschull: "Bennett was the first to proclaim "objectivity" as his goal. "We shall," he told his readers, "endeavor to record the fact, on every public and proper subject, stripped of verbiage and coloring."(p.52). Esta propuesta de Bennett no se da en un vació sino responde, entre otras cosas, a la crítica que, tanto desde dentro como desde fuera de los Estados Unidos, se lanzará en contra del sensacionalismo impulsado por la prensa de un penique.

Bennett se defendió de las acusaciones que se hacían contra este modelo de prensa, pues, según Mindich (1998), el editor del New York logró, de manera brillante, mimetizar en las páginas de su diario todos aquellos postulados por las cuales los "pennies" se distanciaban de la prensa "política" y así del viejo orden regido por el partidismo. Este distanciamiento ("detachment") de 1) la subvención económica del diario por parte de los órganos políticos existentes en esa época, 2) la idea del honor y la preocupación por la propiedad que era tema obligado en los diarios de seis centavos, entre otras cosas, para perpetuar la representación de su abolengo, 3) del viejo orden, de una era compleja, cambiante y violenta, como lo fue la catapultada durante el período prebélico estadounidense y, 4) de la cultura del duelo,15 le adelanta la posibilidad de fijar, a través de su diario, la idea de "American Dream" a aquel ser humano común que no estaba inserto en la idea de sociedad que promovían los periódicos de seis centavos. En este sentido, Bennett se protegió de sus adversarios arguyendo que prefería que lo catalogaran de sensacionalista, a pesar de que él se definiera como objetivo; que de perpetrador de una idea de sociedad arcaica que excluía de su imaginario una clase social media emergente. Mindich (1998), incluso comenta que:

What Bennett’s attacks did lead to was a sort of proto-"objective" style of writing. Bennett’s attacks followed the textbooks’ edict to be "detached" in that they seemed totally random and without provocation. Many years later, Joseph Pulitzer said of his own paper, "the World has no friends." This can be said of Bennett’s paper too: the Herald had only enemies. In its major break from the partisan papers (which always had at least one friend- their own party), the penny press detached itself from alliances. (p. 36)

El autor finaliza este apartado planteando que:

The birth of the penny press and detachment came not from democratization and a rising middle class, and not only from factors already acknowledge –sensationalism, urbanization, the rise of literacy, and technological advances– but also as a response to a difficult and violent era. For if we accept Prince’s notion that the mid-1830s were violent because for the first time in the nineteenth century neighbors felt that their interests were incompatible, we are struck by the pennies’ creation of an opposite paradigm: that neighbors could transcend party and share interest, specifically the interest in buying a detached and nonpartisan paper. (p.39)

Comentarios finales

"Lo bueno, si breve, dos veces bueno"
Baltasar Gracián, 1647

Si bien es cierto que, entre los diarios de Day y Bennett se centran las pautas para la conformación de un discurso nacionalista de consenso, décadas después al amarillismo Pulitzer-Hearst se le atribuyó, en parte, la responsabilidad de forjar la "opinión pública" que impulsó al imperio estadounidenses de principios de siglo XIX. Altschull (1984) explica cómo Hearst y Pulitzer aplaudían el imperialismo americano y el triunfo del "hombre común" sobre las fuerzas de la aristocracia:

(...) it was a democratic crusade. Following the dogma pronounced by George Bancroft in the days of Andrew Jackson: "The popular voice is all powerful with us; this …is the voice of God." The American mission and its execution at San Juan Hill sent millions of editors rolling off the presses of the Journal and the World. (p.55)

La encrucijada propuesta en la Modernidad entre información y entretenimiento, credibilidad (objetividad) y sensacionalismo es más bien la negación a los entrecruzamientos y mediaciones de que estos enunciados han sido objeto. En este marco, los planteamientos de la primera prensa de masas resultan sensacionales puesto que remiten a pensar sobre asuntos que antes no se llevaron, con tanta frecuencia, a discutirse en el espacio público de la sociedad. Esta situación produjo el escándalo y la convulsión de la clase dominante que, para contrarrestar el impacto de la prensa de masas, logrará a través de la historia estereotipar la forma en que se desarrolla una prensa que intentaba dirigirse al otro, aquel que se necesitaba para poner el modelo liberal democrático en función.

Por esto Schudson (1978) argumenta que ya para finales del siglo XIX se conformará un nuevo periodismo ("new journalism"), que estará marcado por el ideal del "entretenimiento" y de la "información". Como argumenta Abril (1997), al analizar el nacimiento de la prensa de masas:

La visión funcionalista del discurso informativo, que deslinda la información de la opinión y del entretenimiento (...), responde a un modelo histórica y culturalmente limitado del periodismo, el de la prensa de prestigio, incluso a una visión sobreidealizada de ese modelo. Obedece por ello a los presupuestos de una ideología (profesional y académica) que desdeña gran parte de los modelos, formatos, orientaciones y sensibilidades que se han dado de hecho a lo largo de la historia del periodismo. En los orígenes de la prensa de masas, y por razones que son circunstanciales a esa prensa, es decir, a su "masividad", la separación entre información y entretenimiento es obviamente ilusoria.

(...) Aún es frecuente la creencia de que los relatos y géneros periodísticos de más clara raíz popular son deformaciones o contaminaciones que le han sobrevenido al "periodismo serio" en algún momento tardío de su historia; y de que esa mutación es el resultado de meras operaciones comerciales (como si éstas no se dieran en el "periodismo serio"). Pero lo cierto es que las contaminaciones culturales aparecen en la más temprana producción textual del periodismo moderno. Y que en ellos se expresan, aún como resultado de intereses comerciales y políticos no siempre confesados, las formas de sincretismo constitutivas de la cultura masiva: entre cotidianeidad y fantasía, experiencia sentimental y discurso racional, narración dramática y argumentación, repetición e innovación, etc.(pp.217-18)

En momentos en que la sociedad de la información asiste a pensar sobre los que aún siguen desterrados de las páginas informativas, hay que añadir a este debate la idea "ilusoria" de que la solución a este asunto es rescatar el estado de la información que precede a la introducción del entretenimiento. El profesor Ramonet (2002) hace una reflexión acerca de la información y comenta que:

Hoy, en la era de la globalización, la característica principal de la información es que funciona como una mercancía y, por consiguiente, o no se extiende en la sociedad según las leyes de la información, según las leyes que nosotros tratamos de entender en las Facultades de Ciencias de la información, sino que circula siguiendo las leyes del mercado, siguiendo las leyes, por tanto, de la oferta y la demanda. Esto hace que la información que más circule sea la información que las empresas de comunicación estimen que son las más demandadas por la sociedad, y por consiguiente son aquellas que tienen mayor posibilidad de llegar hasta nosotros. (p. 11)

Entiendo que ya esta discusión es, en cierto modo, estéril, pues las noticias continuarán siendo mercancía y el entretenimiento/información parte del discurso de la prensa. Como sostiene Roberto Savio (2002), en el contexto de II Foro Social Mundial en Porto Alegre, "Otro mundo sólo será posible con otra información". Lo que hay que recalcar en este debate es cómo encaminar a los ciudadanos/consumidores para que logren establecer sus agendas sociales vis a vis a aquellas que las industrias de la información insisten en privilegiar.

_____
Notas:

1 La Ilustración, a través del proyecto de Modernidad, utilizará la idea de la emancipación del "hombre" (ser humano) como el estandarte de la democracia moderna. Para alcanzar la liberación, no sólo del ser humano, sino de las naciones emergentes, se propondrá la educación liberal como la forma por excelencia de lograr el propósito de este proyecto. Propósito que implica la emancipación del ser humano, sólo si y para así, crear una comunidad de ciudadanos que tomen las decisiones necesarias para sacar a flote la nación. Según lo explica Marchán Fiz (1987): "El compromiso de la Estética con la emancipación humana se lleva a cabo gracias al nuevo sujeto burgués y al filósofo. El primero actúa como condición, el segundo como promotor entusiasta de la emancipación. Desde una perspectiva histórica inabordable en esta ocasión, los diversos autores coinciden en que el burgués, en cuanto producto social de la Ilustración, es ese nuevo sujeto autónomo. La emancipación, en consecuencia, no se concibe sin el protagonismo y el accidentado ascenso de la burguesía. (...) Como veremos, las huellas de estos sueños dejan sentirse en la fundación de la Estética por vía negativa y afirmativa. Sin embargo, nos intriga aún más ver cómo este nuevo sujeto autónomo exige un derecho originario a todo y este percatarse de sus derechos plurales impregna a sus actividades y conductas. El culto al hombre autónomo, al propio yo, se detecta por doquier" (p.14). El periódico del siglo XIX, entonces, pasará a conformar el dispositivo estético que utilizará el movimiento de Ilustración para crear, tanto comunidades de lectores, como gente con "opinión", que mantengan el "funcionamiento" de la democracia moderna.
2 Dígase los ecologistas, los desahuciados, los analfabetas, los impedidos, los pobres, los indigentes, todos los otros que no somos burgueses.
3 Abril (1997) comenta que: "En los primeros años del siglo XVII aparecen periódicos de una punta a otra de Europa. Aún muy distintos de lo que será más tarde la "prensa de masas", los periódicos de la época presentan, según Altschull, cuatro contenidos básicos: doctrina religiosa, asuntos comerciales, persuasión política y educación popular. (p. 210)
4 "Entretanto, los propiamente "burgueses" , los viejos estamentos profesionales de artesanos y tenderos, han perdido relevancia social; la han perdido junto a los estamentos mismos, en cuyo derecho de ciudadanía se basaba en su posición. Al mismo tiempo, los grandes comerciantes han rebasado los estrechos marcos de la ciudad y, con las compañías, se han vinculado directamente al Estado. Así, allí donde – como en Hamburgo – la cuidad no supo afirmarse frente al poder territorial del soberano, los "capitalistas", los comerciantes, banqueros, editores y manufactureros, pertenecen a una categoría de lo "burgués", que es tan poco "burguesa" en sentido tradicional (habitante del burgo) como el nuevo estamento de los sabios (...). Esa capa burguesa es la verdadera sostenedora del público, el cual es desde el principio, un público de lectores. No puede ya ser integrada en bloque – como lo fueron en su tiempo grandes comerciantes y funcionarios por la cultura aristocrática de la corte renacentista italiana – por la cultura aristocrática del postrer barroco. Su posición dominante en la nueva esfera de la sociedad burguesa lleva más bien a una tensión entre "cuidad" y "corte" (...) (Habermas, 1986, p. 61).
5 Al igual que Habermas (1986), el investigador español Rodrigo Alsina (1996) afirma que la información en Europa, antes del siglo XIX, es básicamente manejada por las clases dominantes que, según el autor, necesitaban conocer el acontecer diario para mantener su dominio sobre el resto de la población. Incluso añade que: "Otros de los clientes fijos que recibían noticias era el estrato de los nobles que no habitaban en la capital. Siendo las monarquías renacentistas esencialmente centralistas, los nobles alejados de la Corte eran también demandantes de información sobre los acontecimientos políticos de la capital. La aparición de la imprenta no supuso un gran cambio en el espectro de los usuarios de la información. El nivel de analfabetismo era muy alto, de ahí la pequeñez del mercado potencial de la información escrita" (p. 84).
6 El profesor de periodismo, Donald Lewis Shaw, resume de forma bastante amplia la manera en que se conforma este público masivo en el contexto estadounidense de mediados del siglo XIX: "(...) the press in this period began to exchange a traditional benefactor, the political party, for new ones, the general audience and advertisers, with an accompanying popularization of content. Stories about weddings, horse races, local meetings, deaths, court actions and other kinds of everyday activities began to find space in the newspapers. Adjusting to technological changes and enlarged potential audiences, the American newspaper charted a course in 1820-1860 in some ways still followed today" (1981, p. 38)
7 A partir de entonces empezó a desarrollarse regularmente una forma nueva de periódico. Se redujeron los artículos de fondo y se multiplicaron las noticias breves, los hechos diversos y los ecos. Se buscó (como los americanos) lo sensacional. Se aumentó la atención a las noticias deportivas, y naturalmente se las ingeniaron para insertar su buen folletín (...). (Terrou, 1969, p. 37).
8 Para una explicación y definición de los géneros periodísticos que surgen durante el siglo XIX, recomiendo la lectura del libro de: de Fancuberta, M. (1998). La noticia: pistas para percibir el mundo. Barcelona: Paidós. En el mismo de Fancuberta comenta que, "según el profesor Ángel Benito, a partir de 1850 el periodismo puede dividirse en tres etapas bien definidas: periodismo ideológico, periodismo informativo, y periodismo de explicación" (p. 102).
9 Sobre la forma en que nace este concepto en el periodismo, Rodrigoo Alsina (1996) comenta que: "En el marco de la teoría liberal de la prensa, los excesos de la prensa sensacionalista y el temor de la intervención estatal para controlarlos hacen que los propios editores reaccionen. Se gesta así, a partir de los propios productores de la información, la teoría de la responsabilidad social de la prensa, que se desarrolla en el siglo XX en los países democráticos liberales" (p. 88).
10 La CIESPAL fue un organismo creado por la UNESCO con e propósito de promocionar, formar y producir Escuelas de Comunicación en América Latina. Según Altschull (1984), si bien es cierto que la influencia del modelo de enseñanza de periodismo en los primeros programas de comunicación en los Estados Unidos no tuvo mayores implicaciones en Francia, Alemania o Gran Bretaña, si logró penetrar en el surgimiento de programas de periodismo a través de América Latina. Precisamente, comenta el autor, la CIESPAL estuvo a cargo de traducir varios de los textos de periodismo que produjeron los académicos estadounidenses para que de la misma manera fueran leídos en el contexto de los cursos de comunicación en América Latina. Fue sólo cuestión de tiempo para que se conformara la escuela crítica latinoamericana debido, principalmente, a que las y los investigadores resaltarán el hecho de que estos textos traducidos al español, presentaban las ideologías de una cultura muy distinga aquella del contexto latinoamericano. Jesús Martín Barbero será uno de los mayores exponentes de esta revisión histórico-cultural del surgimiento de la prensa en Latino América.
11 Es Martín Barbero (1987) uno de los precursores de la idea de pensar en los sectores populares ya no de manera negativa como se suponía durante el florecimiento de la cultura de masas. El autor sostiene que: "Queda la dominación de popular atribuida a la cultura de masa operando como un dispositivo de mistificación histórica, pero también planteando por vez primera, la posibilidad de pensar en positivo lo que les pasa culturalmente a las masas. Y esto constituye un reto lanzado a los "críticos" en dos direcciones: la necesidad de incluir en le estudio de los popular no sólo aquello que culturalmente producen las masas, sino también lo que consumen, aquello de que se alimenta; y la de pensar lo popular en la cultura no como algo limitado a lo que tiene que ver con su pasado –y un pasado rural-, sino también y principalmente lo popular ligado a la modernidad, el mestizaje y la complejidad de lo urbano. (p.47)
12 Escalante Rengifo (2002) resume cuales fueron las actividades literarias previas que conformaron la narrativa sensacionalista. Según la investigadora: "Una mirada histórica-cultural permite encontrar en las expresiones literarias populares (los pliegos de cordel, los folletines, los libros de la biblioteca azul, el melodrama) gestadas en la Europa de los siglos pasados, los primeros antecedentes de la prensa escrita sensacionalista en cuanto a la temática, al estilo de narración y a la tipografía. Ero, principalmente, en cuanto al público al cual estaba dirigido; un público distinto al ilustrado que no sabía leer ni escribir, es decir, inscritos en una cultura oral primaria, que sin embargo, no le impedía leer a su manera" (p.12)
13 Además, Abril (1997) señalará que un estudio minucioso, desde la cultura, a la historia del periodismo: "(...) muestran que la primera prensa de masas era precursora de la prensa "amarilla" o "popular"y muy desemejante de la que hoy se denomina "prensa de prestigio". Altschull (...) afirma que la fórmula del periodismo amarillo de finales de siglo (...) fue una expansión del modelo de la prensa de un penique en la era de la rotativa y del papel prensa. Y un correlato de la expansión imperialista norteamericana (...). (p.217)
14 Abril (1997) comenta que es Bennett quien con "más o menos hipocresía (...) fue el primero en proclamar la "objetividad" como un fin, y que el Herald introdujo gran parte de las prácticas y de los modos textuales que serían habituales en el periodismo posterior" (p.216).
15 Mindich (1998) explica que el duelo, como ritual, a principios del siglo XIX servía un doble propósito, por un lado, resolvía conflictos y por otro, reafirma los ideales de sociedad y honor a través del code duello. (p.34). A esto añade que: "Just as modern litigants reaffirm their faith in the validity of the courts by participating in legal structures, men embarked on the "social drama" of the duel with its intricate rules to renew their membership in the antebellum gentry" (p. 34).

__________
Referencias:

- Abril, G. (1997). Teoría general de la Información. Madrid: Cátedra.
- Altschull, J.H. (1984). Agents of power: the role of news media in human affairs. New York: Longman.
- Emery, E. (1966). El periodismo en los Estados Unidos. Universidad de Minnesota. México: F. Trilla.
- Escalante Rengifo, G. (2002). Mediaciones culturales del sensacionalismo en la prensa escrita en cinco familias de sectores populares del área urbana de San Juan. Tesis de maestría inédita, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, Puerto Rico.
- Ferre, J.P. (1988). The dubious heritage of media ethics: cause-and-effect criticism in the 1890s. American Journalism, 5, ( 4).
- Habermas, J. (1986). Historia y crítica de la opinión pública (3ra. ed.).. México: Gustavo Gili.
- Jones, Ch. D. (1985). The penny papers and origins of journalistic objectivity: the problem of authority in liberal America. PhD. dissertation, University of Iowa, Iowa City, Iowa.
- Marchán Fiz, S. (1987). La estética en l cultura moderna: De la Ilustración a la crisis del Estructuralismo. Madrid: Alianza Editorial.
- Martín-Barberos, J. (1978). Comunicación masiva: discurso y poder. CIESPAL: Quito.
- Martín-Barberos, J. (1987). De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía.. México: Gustavo Gili.
- Mindich, D.T.Z. (1998). Just the facts: how "objectivity"came to define american journalism. New York: New York University Press.
- Ramonet, I. (2002). Mayo. Reflexiones sobre la información. América Latina en movimiento, 353.
- Rodrigo Alsina, M. (1996). La construcción de la noticia. Barcelona: Paidós.
- Schudson, M. (1978). Discovering the news. New York: Basic Books.
- Shaw, D.L. (1981). Summer. At the crossroads: Change and Continuity in American Press News 1820-1860. Journalism History, 8, (2).
- Terrou, F. (1969). La información. Caracas: Monte Ávila Editores, C.A.


* Yomarie García de Jesús es ayudante de investigación en la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Obtuvo su bachillerato en Ciencias Políticas en el 1998 y actualmente se encuentra terminando la tesis de maestría en comunicación en esta misma universidad. Es coautora del libro Bajo asedio: comunicación y exclusión en los residenciales públicos de San Juan (publicado en octubre del 2002 bajo la Editorial Tal Cual). Esta comunicación fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana de Comunicación (sociedad, información y conocimiento) realizada en San Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de 2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los organizadores.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.