Sala de Prensa

61
Noviembre 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La trivialización de la información televisiva

Sandra Ruiz Moreno *

No sé por que últimamente estoy teniendo problemas cuando prendo la televisión para determinar si lo que están pasando es un concurso, un reality o un noticiero, si estoy viendo un informe periodístico, una nota de magazín o un comercial.

¿Será por las nuevas tendencias de mezclar formatos, las búsquedas de narrativas, la globalización de televisiones? Pero en el fondo sé que me molesta mucho tratar de buscar información sobre un acontecimiento en televisión y no encontrar más que un enunciado que me dice un modelo-presentador con música, tomas sugestivas y al final, no me enteré de nada nuevo, esto es si me va bien y llego a los primeros 10 minutos de emisión de algún noticiero, porque del minuto 11 al 27 de lo máximo que me puedo enterar es cuantos goles se metieron en la jornada futbolera o el chisme más rebuscado de cualquier figura pública.

Esta es la última moda de los noticieros: Titulares con frases, imágenes y músicas sugestivas durante dos minutos, luego se pasa a estudio con una cámara en grúa que se pasea por un espectacular set ambientado a lo tecnológico post-moderno, donde aparecen cuatro impecables presentadores uno para los deportes, otro para la sección de cierre y dos principales, que son anunciados como animadores de concurso.

Luego viene el bloque de 8 minutos de noticias nacionales, internacionales, de orden público, política, economía etc., con notas narradas de la manera más sintética y atropellada posible. Algunos noticieros cierran este primer segmento con una noticia positiva, en una micro-crónica de 30 segundos. Terminados los 10 primeros minutos de noticiero, entra el presentador de deportes y deja enganchada a la audiencia con sus titulares antes del primer corte a comerciales.

Aparecen entonces los 10 o 15 minutos, con muchas y atropelladas noticias deportivas a manera de video-clip, donde priman los goles y las emociones…. Y para terminar entre 8 y 5 minutos de la sección de cierre donde una escultural presentadora con un insinuante y rebuscado vestuario del diseñador de moda, le cuenta a la audiencia con cerrada de ojo y sonrisa mil dientes, como son los zapatos del presidente, cuantas canas peina la ministra de defensa, como se llama el perro del ministro del interior, quienes son los amiguitos del hijo del presidente, que película ver, que Shampoo usar y claro en que va el reallity de turno del canal por el que se emite dicho noticiero.

En la búsqueda de audiencia, cada vez el formato de noticiero se parece más al de un programa misceláneo que a un informativo ¿Y el derecho de una sociedad a informarse? ¿Y la necesidad de crear una opinión pública? ¿Y la función social de la televisión? ¿Qué pasó con el análisis y el cubrimiento de las informaciones?

Un poco de historia

En los años noventa con el inicio de la globalización, las señales por antenas parabólicas, los canales por cable y la entrada de los canales privados al diseño de televisión colombiana, se gestó una lucha sin cuartel por ganar audiencia frente a una pauta publicitaria cada vez más repartida e insuficiente para sostener las nuevas opciones televisivas.

Entonces la moda del show televisivo se apoderó de las parrillas de programación apareciendo programas tipo Talk Show, concursos show, eventos en directo, el show de las tele-ventas y finalmente los famosos reality show; mientras desaparecían los programas culturales, de panel, de debate y los periodísticos de opinión e investigación.

La competencia fue muy fuerte, empezó con las novelas, siguió con la franja triple A y atrapó a los noticieros, que por ese entonces ya empezaban a modernizarse aprovechando los avances tecnológicos para hacer directos y los nuevos diseños de escenografía copiados de los canales transnacionales de noticias como CNN.

Los noticieros como únicos programas sobrevivientes responsables de emitir información, debieron entrar en la moda y reforzaron los elementos de forma, los diseños de plantillas, créditos y cuadros, las músicas, los diseños de los set, la cámara ágil, los flash informativos, los directos desde el lugar de los hechos, el establecimiento de secciones como cualquier programa de variedades y el cierre light, donde se pasó de la nota cultural final de las antiguas agendas informativas, a los cinco minutos con cabezote y vedette propia.

Raiting vs calidad

En medio de tanto show, la información es lo de menos, lo realmente importante es mantener una audiencia cautiva para marcar muchos puntos de raiting. Y es que ese es el peligro del raiting, que es una medición únicamente cuantitativa, pero para nada mide la calidad de los programas, ni la verdadera opinión de quienes los ven.

En un estudio realizado el año pasado por el Observatorio de Medios de la Universidad de la Sabana sobre credibilidad en los medios, se observó que la mayoría de los encuestados prefieren la televisión como medio para informarse, que ven los noticieros, que ven las secciones de cierre o light, pero un 91% de esa audiencia, no cree en nada de lo que allí se dice, es decir, que lo que esta audiencia busca viendo los noticieros no es informarse, las ve para recrearse, como una guía de actualidad.

En su libro "Televisión abierta y audiencia en América Latina", Valerio Fuenzalida expresa que en Chile, las audiencias frente a los noticieros sienten que son tontos y superficiales, aunque los ven.

El mismo concepto se expresa en "Televisión y audiencias, un enfoque cualitativo" del mexicano Guillermo Orozco, donde se concluye de un exhaustivo estudio de audiencias, que los mexicanos opinan que hay muchas noticias y poca información, que no siempre la creen o la entienden y que son algo para recrearse o estar enterado; no hay ni siquiera una respuesta de opinión y muchísimo menos de acción.

Decir que la gente ve los noticieros, pero que no los ve para informarse es lo mismo que decir que los noticieros no están cumpliendo ningún papel informativo; por el contrario, están desorientando al espectador al aplanar todas las noticias bajo el mismo tono de espectacularidad dada por las formas de show, sin importar ni el tratamiento, ni el seguimiento, ni el análisis, ni las consecuencias de lo que se está informando.

Una televisión que no informa, a la que no se le cree, que no forma opinión, que no da que hablar, ni que pensar, ni que proponer, es una televisión que no cumple con su real función dentro de una sociedad. Es absurdo hablar de una televisión que sacrifica el verdadero sentido de la información, de reflejo y creación de modelos de sociedad, por obtener un raiting que permita mantener al aire unos programas que de todos modos no cumplen con la función de la televisión.

La magnitud del problema

Hablar de dar menos noticias deportivas y acabar con las secciones de cierre, o cambiar un programa de concurso por uno periodístico, con seguridad produciría la alarma de los dueños de los medios, afirmando que esto bajaría el raiting porque "a la audiencia le encanta ver show, pero se queja de la superficialidad".

Esa es la eterna disculpa, argumentar que no se producen ni se ofrece una mejor televisión porque la gente del común tiene mal gusto y les encanta lo superficial y sensacional. Y yo me pregunto, ¿Si eso es lo que están acostumbrados a ver tan pronto prenden la televisión, porque van a exigir unos formatos televisivos que nunca han visto?

La realidad del problema de la trivialización de las informaciones no está tanto en que se presenten notas tontas de chismes o que la mitad del noticiero se le dedique a los deportes, el problema está en el desconocimiento por completo del poder y las características propias informativas de la televisión.

Se subvaloran sus posibilidades comunicativas, se prefieren las formas vacías de un espectáculo porque sí, para crear sensacionalismo, en lugar de aprovechar su multiplicidad de lenguajes y sus moldeables formas narrativas para dirigirse directamente a la emoción y suscitar propuestas para hablar, pensar e imaginar en sociedad que es realmente el objetivo de toda televisión.

La televisión es emoción no sensacionalismo, eso es lo que han olvidado los noticieros, las posibilidades de investigar y conocer a fondo los contenidos de cada información que les permita descubrir en cada una, nuevas formas de contar, de encontrar la problemática, la motivación de las personas implicadas, los desarrollos de los hechos, las consecuencias, los seguimientos, los objetivos.

Lo que trivializa las informaciones es la falta de investigación, la superficialidad en el manejo de los temas, la falta de contexto que pueda mostrar una visión unitaria, humana y global de cada acontecimiento, unido al desconocimiento del manejo narrativo del medio.

Así sea la mujer más despanpanante del mundo la que esté dando una noticia, si esta se redacta sin tener en cuenta la mezcla simbiótica de lenguajes de la imagen, el sonido, los gráficos y la voz de la televisión sin darle ninguna estructura dramática emotiva, pierde interés, su mensaje o contenido seguramente se perderá y el espectador tendrá que quedarse solamente con mirar a la niña presentadora.

Por el contrario una historia bien contada con una motivación real, con un sentido humano, una intención y un objetivo usando unas imágenes integradas a un sonido y un texto revelador, causarán un efecto profundo y emotivo en el espectador, así la presente la periodista más seria del noticiero.

Cuando el espectador quiere informarse realmente no busca ver el escote de la modelo que da las noticias y que puede ver en cualquier otro programa de variedades o en otro momento de la franja televisiva; necesita conocer su entorno, lo que le afecta a él y a la sociedad de la cual es miembro, las historias que lo rodean y de las que hace parte. Pero si lo que se le da es sólo show, pues puede que se quede viéndolo, pero se están anulando sus derechos frente a la televisión de informarse y educarse, para quedarse sólo con el de recrearse.

Lo que tienen que entender los directores de noticiero y los dueños de los medios es que lo que la audiencia realmente necesita no son elementos superficiales de show, sino confianza y credibilidad y estas con tanto artificio cada vez se pierden más. Aunque el televidente se quede viendo algo espectacularmente mostrado, generalmente se sabe defraudado en su necesidad informativa.

En su libro Valerio Fuenzalida expone "la expectativa actual de la audiencia por información en la T.V. abierta, ya no es sólo por las noticias, sino por una T.V. como ventana permanente al acontecer, y con una variedad en géneros que permita satisfacer las expectativas por información permanente y oportuna multifocal y completa"

El reto es entonces investigativo y creativo, y debe abarcar no sólo los noticiero, sino la creación de nuevos géneros, programas y formas narrativas que beneficien las necesidades informativas de la sociedad actual y mantengan los niveles de calidad y audiencia necesarias para mantenerse al aire.

No habría entonces ningún problema en tratar temas como la moda, los deportes, la salud, las costumbres, la agenda, si son tratados con la investigación, la oportunidad, el conocimiento, la cercanía y las narrativas adecuadas, para cubrir las necesidades de información de las audiencias en esos aspectos también.

Caer en el facilismo de trivializar la información para obtener más raiting, no es sólo grave desde el punto de vista de la función informativa de la televisión, es grave porque daña la visión que la sociedad tiene de si misma porque trivializa también sus posibilidades de hablar, pensar y proponer, dejándola en medio de la anarquía de lo divertido y liviano para evadirse de la realidad, mientras los problemas aumentan sin solución.

La televisión es una caja mágica maravillosa que debe dejarnos soñar pero con los pies en el suelo.


* Sandra Ruiz Moreno es comunicadora social y periodista de la Universidad de la Sabana en Bogotá, Colombia. Esta comunicación fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana de Comunicación (sociedad, información y conocimiento) realizada en San Salvador el entre el 17 y el 19 de septiembre de 2003, la cual se reproduce en SdP con la autorización de los organizadores.


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