Sala de Prensa

60
Octubre 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Mujer y prensa en Cartagena de Indias
(1900-1930)

Gloria Bonilla *

Los saberes históricos en los últimos años están siendo sometidos a un "proceso de reescritura que implica una reflexión sobre el sujeto de la historia".1 Una reflexión a la que no son ajenos la utilización de la categoría género, la ampliación semántica del termino política, la historia del poder concebida de una manera no institucional, la apertura a espacios multidisciplinarios y los microenfoques que dejan al descubierto lo cualitativo, lo específico de la experiencia humana.

La tendencia prevaleciente en la historiografía tradicional de restarle importancia a todo aquello que significa el tiempo de corta duración, como el ámbito de la vida doméstica, descalificó durante mucho tiempo a las mujeres como objeto de estudio histórico. Las "mujeres quedaron así escondidas en la historia", en palabras de Sheila Rowbotham. En esa perspectiva, la reconstrucción del pasado femenino supone un cambio de paradigma, entender la historia social desde una dimensión distinta que considere "las relaciones desiguales entre hombres y mujeres como una contradicción inherente a toda formación social, que se suma a las contradicciones de clase u otras".2 Se trata de rescribir la historia planteando nuevos modelos interpretativos y reformular las categorías de análisis histórico. Como advierte Michelle Perrot, es impensable separar la historia de las mujeres, de una historia general, y porque se trata, en definitiva, de una historia donde las relaciones entre los sexos sean contempladas como entidades sociales, políticas, culturales que no deben quedar aparte de la historia.3 Las relaciones entre los sexos se presentan como construcciones sociales.

En el campo de la historiografía tradicional, generalmente voluntarista y saturada de gestas de los grandes hombres, aclamados como depositarios del discurso histórico y protagonistas del destino de los pueblos, opuso la Escuela de Annales (surgida en Francia en 1929) la historia social y económica que, desdibujando la magnificencia de las individualidades y de lo episódico, pone el acento en los encadenamientos y procesos de larga duración, es decir en las estructuras, instituciones y sistemas de relaciones sociales que configuran el soporte y la dinámica histórica de las sociedades.4 La historia de las mujeres ha contribuido también a enfocar de modo más complejo las relaciones sociales.

Historiadoras francesas agrupadas en torno a Michel Perrot o Arlette Fargue e italianas en el congreso de Bolonia de 1988, han pensado las relaciones entre los sexos como un frágil equilibrio de poderes y contrapoderes femeninos y masculinos distinto en cada sociedad, en la cual la preeminencia masculina se vería hasta cierto punto matizada por unas compensaciones materiales y simbólicas sin las cuales no podría explicarse la pervivencia de un orden.5

La recopilación de la historia de las mujeres colombianas cuenta con cuatro décadas de existencia. Aunque ubicar una fecha exacta de su nacimiento es una tarea imposible, podemos decir que las motivaciones que llevaron a sectores de académicos y académicas a escudriñar en las formas de vida femeninas a lo largo de la historia, se remontan a la década de los sesenta en nuestro país.

Según Patricia Londoño "El resurgimiento del feminismo en Norteamérica a finales de la década de 1960 y el decenio de 1970",6 y que luego se extendió a varios países de occidente, jugó un papel muy importante en el surgimiento de los estudios sobre la historia de las mujeres de América Latina. El interés por el tema nace entrelazado con las apuestas políticas y epistemológicas que lideraban las feministas de estas décadas.

Estas feministas compartían la urgencia de sacar del olvido a las mujeres del pasado, su participación en los eventos importantes de la historia, sus luchas, sus actividades, sus formas de ser. Explorarlas en el plano del tiempo les permitiría ubicar la feminidad fuera de los marcos de la biología y trasladarla a la vida social y cultural. Por este camino, se cuestionaría la condición de inferioridad de las mujeres como un evento "natural" y se develarían las formas en que los distintos grupos humanos construyen las diferencias sexuales.

Por otro lado, explorar las vidas de las mujeres del pasado permitiría también entender las experiencias femeninas en el presente y nutrirlas de nuevos referentes. Era necesario que las mujeres construyeran una identidad compartida, unos horizontes comunes, que les ayudaran a resquebrajar los imaginarios que las ubicaban fuera del juego de la vida social. Era necesario reconocerse como actrices del devenir histórico. Rastrear la construcción del sujeto femenino en la contemporaneidad, como plantean Ramos y Vera, se puede hacer a partir de tres ejes: los discursos surgidos sobre las mujeres en los siglos XIX y XX, la experiencia social que éstas han acumulado a lo largo del tiempo y la visión del horizonte utópico que impregna los planos anteriores: el de las formulaciones teóricas y el de las realidades cotidianas.7

Históricamente, los discursos han ocultado a la mujer en los saberes establecidos, la han dejado "sin voz" en el sistema de normas y valores patriarcales, o han producido sobre ella una imagen apegada a la pasividad, interiorizada en los procesos de socialización y recreada en el imaginario colectivo, los discursos que construyen sus representaciones sociales, es obviar una inmensa laguna en el saber que ninguna ciencia se puede permitir.8

La Historia de las mujeres ha llevado a cabo una gran revolución en la historiografía reciente,9 y ha confluido con las propuestas más modernas de la Historia social y la Historia cultural, ensanchando el horizonte de ambas. En relación a la primera, ha mostrado la necesidad de ir más allá de la concepción reduccionista de lo social limitada a la estructura de clases; en relación a la segunda, ha evidenciado la relevancia de la construcción social de las representaciones de la masculinidad y la feminidad en la distribución del poder político y cultural, entretejidas estrechamente con otros discursos y representaciones.10 En ambos casos, la historia ha sido mostrada como un fenómeno más complejo y multiforme de cómo era concebida a la luz de los enfoques metodológicos tradicionales. Pero además de ello la historia de las mujeres trabaja de modo multidisciplinar en estrecha relación con otras ciencias sociales, coincidiendo así con los planteamientos más vanguardistas de la Nueva Historia. Es así como los estudios de género se encuentran en primera línea en las diversas disciplinas humanísticas.

La prensa, fuente para la historiografia femenina

La prensa de los siglos XIX y XX nos permite la reconstrucción, aunque no total, de las imágenes y representaciones femeninas a la vez que su participación en los espacios de la ciudad. La prensa es una fuente imprescindible en la recuperación de nuestra memoria colectiva y es una herramienta útil en la reconstrucción historiográfica. En ésta se encuentran representados los movimientos de la ciudad, la cotidianidad, los prejuicios, costumbres, discursos, concepciones de la mujer, la familia, y el matrimonio.

Se ha revisado la prensa existente en los Archivos Histórico de Cartagena, Archivo Histórico del Atlántico, Biblioteca Nacional y Biblioteca Luis Ángel Arango. Periódicos de pequeño y gran formato como: El Porvenir, La Época, Diario de la Costa, Gaceta Judicial, Márgenes, Mercurio, El Liberal, La Causa Social, El Liberal, La Patria, La Unión Comercial, El Penitente, El Registro de Bolívar, Diario de Bolívar, poseen espacios dedicados a la reflexión de la imagen, las representaciones y el quehacer femenino. Podemos pensar que a los articulistas de los periódicos les preocupaba hondamente los cambios que se iban gestando en las condiciones de las mujeres.

Estos periódicos se publicaban diaria, semanalmente, quincenal o mensualmente. Es una fuente muy rica y ofrece muchas miradas, por ello se hace indispensable analizarla desde la perspectiva de género. Hacer la relectura de esta fuente requiere la formulación de nuevas preguntas y planteamiento de nuevos problemas, nuevas metodologías para su abordaje al analizar el discurso de la prensa desde la perspectiva de la evolución de las representaciones culturales relativas a la masculinidad y a la feminidad articuladas con las relaciones de poder que se tejen en ellas, y el cómo se incardinan en el marco de los nuevos modos de vida que se está construyendo en cada época.

Encontramos columnas dedicadas a la mujer que le reafirman su rol de ama de casa, de esposa y madre tales como: Mujer en el Hogar, Variedades para las damas, reglas para las damas, Consejos para la belleza, Reglas de comportamiento, Recetas de cocina, Salud femenina, Vida femenina, Para las damas.

Las columnas eran artículos que reproducían artículos de periódicos extranjeros, firmados por mujeres extranjeras, y trataban temas diversos como el amor sentimental, la elegancia y la coquetería, impresiones de viaje, las mujeres y la guerra europea, la moda parisina, la belleza femenina a través de las épocas, etcetera.11 Las referencias de las actividades del feminismo internacional también estaban reseñadas, por ejemplo el Congreso Internacional Feminista de 1915.

Aunque las mujeres de la región no escriben todavía -y las que lo hacen sus temas los tratan de manera tradicional ligados a la imagen de mujer del hogar y sin mayores intereses en la cosa pública-, ya aparecen temáticas nuevas como la influencia de la guerra europea en la vida de las mujeres de aquel continente.

A nosotras nos corresponde engrandecer espiritualmente la nación. Si ellos construyen caminos, edificios, cultivan la tierra, explotan los bosques, forman y hacen las leyes y administran los intereses sociales, a nosotras nos toca proteger la infancia, cuidar del hogar, ser buenas madres, educar la adolescencia, salvar la juventud y culturizar en toda forma nuestra patria. (La Opinión, Cartagena, 5 de octubre de 1921)

Periódicos y revistas de Cartagena dedican especial atención a la "mujer moderna", y las secciones orientadas al publico femenino son la moda y la belleza.

Columnas para desarrollar la destreza en los oficios caseros, poseen concepciones de la mentalidad de aquel momento y de los rígidos comportamientos sociales. Varias mujeres promocionan sus restaurantes, pensiones y hoteles. Columnas insistiendo en la necesidad de la educación femenina, la gimnasia, además es visible el papel de las mujeres de la elite en las labores de beneficencia y caridad.

La prensa como vehículo de educación y de opinión pública

La prensa se constituyó el principal vehículo de formación de opinión pública. Desde su aparición en el siglo XVII, se convirtió en un medio de comunicación que no sólo informaba sobre noticias en general, sino que en ella la columna de opinión ocuparía un lugar preponderante. Sus temas preferidos eran discursos sobre el deber ser de la mujer, la constitución, el sufragio, la tolerancia religiosa, la libertad civil, la propiedad, la pena de muerte, los derechos del ciudadano y la educación pública.12

Los estudios sobre la prensa del siglo XX sólo en los últimos años han comenzado a tener presente una relectura de las fuentes desde la categoría de género. La propuesta metodológica de la historia de las mujeres ha sido decisiva, porque no se trata ya de dedicar un capítulo a los estudios habituales, sino analizar el discurso de la prensa desde la evolución de las representaciones culturales relativas a la masculinidad y feminidad que conviven a fines del siglo XIX y XX, así como desde la óptica de las relaciones de poder político que se tejen con ellas, contextualizándolas en el marco de los nuevos modos sociales que se estaban construyendo en esa época.

Aunque en Colombia se registra su aparición hacia fines del siglo XVIII, sería en el siglo XIX como en toda Iberoamérica, después de la Independencia de 1810, cuando la difusión de periódicos ocurrió en gran escala, y recogía en sus páginas los grandes temas de la discusión alrededor de los cuales se formulaban juicios y opiniones. La educación, los oficios, los discursos y las imágenes constituyeron uno de los temas de la prensa.

Desde algunos periódicos regionales se trató el tema de la educación de la mujer, muy ligada a la preocupación por la educación del pueblo. Y se empieza a insistir en la educación femenina. Desde 1899 el secretario de Educación Pública de Bolívar, Carlos Gastelbondo, se muestra "interesado en mejorar el estado de la educación que atraviesa por una situación deplorable para las mujeres"13 y propone la fundación de una Escuela de Artes y Oficios y una Escuela de Obreras, con el objetivo de procurar la "formación de hombres de trabajo y mujeres útiles, así se tendrán mujeres aptas para hacer su legitima misión y ciudadanos laboriosos".14 Un cronista local manifiesta lo positivo que resulta esta propuesta del gobierno porque "contribuye a independencia y el bienestar de la mujer, ensanchándole los medios dignos de atender su subsistencia y la de su prole, porque además muchas de nuestras mujeres están solas con la crianza de sus hijos".15

En La Época se reconocía que subsistían costumbres que relegaban a la mujer a no tener instrucción y a vivir en un estado de tutelaje permanente; se atribuía a las influencias todavía presentes del colonialismo español, que situaba a la mujer en prácticas preferentemente religiosas. Aludiendo a los cambios que se estaban realizando en el ámbito de la educación, se expresaba:

Hoy en día todas las preocupaciones que eran hijas de la ignorancia se han superado, hemos comprendido que la educación de la mujer contribuye de manera poderosa al perfeccionamiento de la sociedad, esa vieja postura llevaba al abandono y a considerar a la mujer siempre en condición de tutelaje eterno que el pasado ha condenado.16

El artículo se extiende en dejar la evidencia de la situación precaria y desvalida en que se encuentra la mujer, porque no se le da herramientas para que pueda valerse por sí misma:

La debilidad de la mujer: he ahí la razón que se ha tenido presente para sujetarla a ese pupilaje que la ha privado de los bienes de la civilización; debilidad mal entendida desde que la naturaleza dotó a cada uno de los seres de medios proporcionales a sus necesidades; si la creemos débil, hay que empezar por hacerla fuerte, armándola con todos los conocimientos a propósito que pueda valerse por sí misma, no la dejemos abandonada a la eventualidad de encontrar un protector, haced de ella un ser independiente. La mujer hasta ahora sólo encuentra restricciones, obstáculos, limitaciones para acceder a la educación.17

El párrafo anterior podría considerarse un escrito feminista y seguramente la persona que lo escribió -un hombre- estaba bastante lejano a esos postulados. Al reconocer la debilidad como un hecho cultural, de las "costumbres" y no como presupuesto natural, está enfrentando claramente las bases del orden patriarcal. El reconocimiento de las oportunidades de desarrollo de los hombres frente a las restricciones que tiene la mujer, nuevamente sitúa la relación entre hombres y mujeres en una construcción cultural, dicha en términos actuales: en una relación de género.

Dos años después encontramos otro artículo en la prensa refiriéndose a lo que ocurre en la región y en el país respecto a la educación de la mujer y al tipo de educación que se le debía entregar. Se hace evidente que el contenido de la educación impartida a las mujeres y a los varones era diferente:

Con hondo pesar veo que a las mujeres sólo se les enseña costura, pintura, música y bordados. Debería enseñárseles a desarmar un reloj y arreglarlo, a manejar máquinas de escribir y los tipos de imprenta, hay muchos oficios que podrían ejercer las mujeres pero que hoy están siendo monopolizados por los hombres. Ellas reciben una educación deficiente. Vida de trabajo incesante, privaciones, miseria, vejez, hambre, es el destino de la mujer entre nosotros. Obligadas a estar bajo la tutela del padre y después de un cruel marido que la somete, y ella, por no estar capacitada debidamente, doblega la cabeza y actúa con sumisión y obediencia.18

En otro periódico y en palabras de otro articulista se decía:

Los establecimientos de educación para la mujer que tenemos hoy son sumamente incompletos: lectura, escritura, nociones de gramática y aritmética, ejercicios de labor, es lo único que se les enseña y esto no basta para constituir una educación que pueda salvarla de la cruel alternativa en que se encuentra: entre la miseria y el vicio.19

Llama la atención la referencia que se hace al currículo de las escuelas de niñas, quizá tan precaria como la de niños, pero pareciera entenderse que las niñas necesitan una educación especialmente completa que permita enfrentar la "miseria y el vicio" a que están expuestas.

En la prensa se pondera la educación moral femenina, como conducente a la formación de la mujer como madre, esposa e hija a diferencia de lo que se plantea para los varones a quienes "conduce a la formación del ciudadano, defensor de la organización republicana y de los beneficios de la libertad".20 Se insiste en una necesidad:

Sin la educación de la mujer no vemos más que vicio y desolación. Hay que instruirla hoy porque mañana serán esposas y madres: educadas, apreciarán la educación; virtuosas, amarán la virtud. Como esposas y como madres inculcarán a sus maridos y a sus hijos las lecciones que han recibido. En la educación de la mujer está comprendido el progreso de la humanidad: trabajemos por conseguirla.21

En este texto ya se identifica un presupuesto en la base de la valoración de la educación de la mujer: se identifica a la mujer como un agente educativo primordial en la regeneración de las costumbres, desde su rol maternal en la crianza y formación de los niños en la familia.

Hemos insistido que uno de los espacios en que empieza a emerger la mujer es la educación. Senen Benedetti, director de Instrucción Publica de Bolívar, consideraba la educación de la mujer

más necesaria que la del hombre; ella la necesita para suplir por medio del desarrollo de sus facultades intelectuales la fuerza de que fue destituida al ser destinada para hacernos compañía y endulzar nuestra vida de lucha y afanes; ella la necesita tanto más cuanto que, encargada de transmitir ideas desde la cuna, forma en el hombre una segunda naturaleza por la educación que suministra en los primeros años, que interesa por consiguiente que sea bien dirigida y repose sobre la base sólida.22

Estos planteamientos hacían recibir con patriótico alborozo el funcionamiento de la Escuela Normal23 de mujeres de Cartagena, pero sobre todo porque su creación era vista como un logro alcanzado en el camino de la anhelada ilustración deseada por todos los habitantes del Estado de Bolívar. De ahí la perentoria recomendación de aprovecharla "útilmente",24 ya que el objetivo principal del gobierno de Colombia, aprovechándose del saludable ambiente de una consoladora paz, así como la buena voluntad y disposición de todos los republicanos, es propender por todos los medios posibles a darle expansión a la instrucción publica25 y que esa instrucción pública cubra también a las mujeres.

En otro artículo de Márgenes,26 años después, se hace ver que la instrucción promueve los intereses materiales y morales de la sociedad; al referirse a los intereses morales, se comienza a hablar de la educación de la mujer. Esta identificación de la mujer como garante de los valores morales de la sociedad será una constante que acompañará las argumentaciones a favor de la educación de ésta. "La moralización a través de la educación, será un elemento central tanto de la educación del pueblo, como, específicamente, de la educación de la mujer".27

Temas como el de la instrucción de la juventud, de las mujeres y del pueblo como aspectos primordiales para la preparación de las clases populares y para el trabajo útil y productivo, se convirtieron en una constante para la opinión pública de la época.28

Los debates controvertidos sobre la importancia o no de la educación femenina muestran diferentes posturas en torno a la conveniencia o no de la educación de la mujer. La mayoría de los articulistas y los participantes en la controversia son varones, propugnan porque la mujer deje la dependencia absoluta del hombre y tenga capacidad de autosostenerse. Al respecto, Luis Salas, instructor de Instrucción Publica en 1918, dice:

El hombre o la mujer incapacitados de conseguirse una vida independiente con las manos o con el cerebro, estará siempre merced a las circunstancias. Cada día que pasa nos acercamos más a prescindir de esas muñecas de salón, y no ha de tardar aquel día en que las jóvenes se avergüencen de no tener un propósito en la vida, único medio para respetarse así misma. Donde quiera que volvamos la vista vemos jóvenes viudas con hijos cuyos maridos mueren o las abandonaron sin dejarles capital, otras madres solas con sus hijos, que subsisten en medio del hambre y otras que viven la tragedia de la dependencia de padres o hermanos. La mujer instruida, virtuosa y trabajadora se basta así misma para vivir en la abundancia y es el sostén de su familia. No ha menester que el hombre le arroje un vestido o un pan. La mujer, hasta que no obtenga una preparación inteligente, no resolverá sus problemas.29

Estas ideas expuestas podrían parecer extrañas en una sociedad conservadora y patriarcal, donde la mujer estaba efectivamente dependiente y sometida a las figuras masculinas que debían velar por ellas (padre, hermano, tío, esposo, hijo). Es muy significativo este artículo al plantearse directamente el meollo de la cuestión de género en el ámbito educativo: la mujer debe recibir una educación que le permita ocupar los espacios que ocupa el hombre. Por una parte debe estar preparada para ello, ahí el rol de la educación; por otra parte debe dejar que esos espacios sean ocupados también por mujeres. En términos prácticos y aludiendo a la instrucción de las escuelas, se expresa:

Para la enseñanza de la mujer, la economía doméstica debe extenderse a la economía general; debe extenderse a la enseñanza práctica de alguna profesión o industria. Con un conocimiento así la pudiente sabrá mandar (si no quiere o no tiene necesidad de ocuparse) y la pobre sabrá ganar su vida con libertad y desahogo.30

Y termina el artículo con las siguientes líneas:

No basta enseñar a una mujer el modo de gobernar una casa; es necesario enseñarla el modo de adquirir esa casa. No basta darle reglas para economizar el dinero; es preciso enseñarle a adquirir ese dinero.31

A partir de la década del veinte, en la prensa se empieza a abogar por la educación de la mujer de manera más decidida. En 1920, Ilva Camacho, editora de la Revista Hogar,32 convocó a las mujeres para luchar por mejorar sus oportunidades educativas, y llamó a que los estudios de la mujer estuvieran de acuerdo a la demanda laboral: era "necesario abogar por su educación y mostrar a la nación la necesidad de cambiar la situación de la educación femenina y acabar con la ridícula desproporción que hay entre las inversiones que hace la nación en la educación del hombre y la mujer".33

En los artículos del periódico La Patria, desde 1912 se reivindicaba la importancia de la educación para las mujeres:

Mientras las mujeres no sean libres, la madre esclava, dará hijos esclavos. Pero la libertad de la mujer no está en el derecho de hacer cuanto se le antoje, sino en la seguridad que le rodea. Para ayudar a la mujer en su avanzada conquista de la vida, hay que rodearla de un respeto tan amplio que no tenga ocasión de excederse en la defensa.34

En la prensa de los años 20 continúan apareciendo artículos insistiendo en la necesidad de educar a las mujeres. Julieta Gómez escribe: "La presencia de las mujeres en las aulas puede hacer más que muchos discursos y conferencias, es necesario que se eduquen para un mayor beneficio de la sociedad". En Barranquilla, la Asociación de Empleadas del Comercio apoyaron la importante campaña encabezada por Isabel Pinzón, donde planteaban: "Cuando la mujer sea capaz de ganarse la vida, el matrimonio no será urgente necesidad económica sino aspiración del alma".35

A pesar del ambiente favorable vivido en torno a la educación de la mujer no faltaron las voces criticas en contra de los artículos de Georgina Fletcher y de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas, presidida en Colombia por ella, y propuso en Cartagena un congreso para 1927 al que obviamente la sociedad local se opuso vehementemente, argumentando que

esas mujeres, que más parecían varones, deberían cortársele el paso y no permitir que hicieran el mentado congreso en la ciudad, porque ello iría en contra de la familia, la sociedad y la mujer que tenía como destino el ser madre y esposa.36

En el contexto de Cartagena, la prensa da cuenta de la institución educativa en relación a la mujer, además de las formas de evaluación, las clausuras escolares, el pensum académico, nombre de profesores y profesoras, publicaban las calificaciones de los estudiantes, convocatorias para los exámenes de grado en el que los métodos memorísticos de la educación dicen de un modelo educativo que respondía a las exigencias de la época.

Las materias que regían en los colegios femeninos eran: historia universal, religión, lectura, caligrafía, aritmética, castellano, geografía, pedagogía, piano, violín, canto, prácticas de lavado, planchado, cocina, educación física, urbanidad.

La prensa era el único medio de divulgación que con sus anuncios informaba sobre la educación de las mujeres, sus oficios. Por otro lado, la prensa oficial publicaba listados de estudiantes mujeres, directoras, maestras, becarias.

La caridad y la beneficencia, asunto de mujeres

Una revisión de la prensa en la época muestra que en relación con la filantropía, las mujeres de la elite urbana fueron quienes participaron de manera notoria en la beneficencia y la caridad pública apoyando con su labor y dinero el funcionamiento de escuelas, orfelinatos, ancianatos, hospitales, cárceles y otras instituciones de caridad. La caridad se estableció como instrumento de perfeccionamiento espiritual y se canalizó a través de estas instituciones. Se debe tener en cuenta que este tipo de trabajo no era de gusto de los varones, porque la remuneración era muy baja o inexistente y porque implicaba ayudar a los sectores más pobres y desfavorecidos de la sociedad. Parece ser que para los gobiernos de los países estas actividades asistenciales que desarrollaban tanto los miembros de la iglesia como algunas mujeres eran valoradas por cuanto lograban "aliviar" dolencias de la sociedad a bajo costo y sin mayores riesgos de llegar a cuestionar la estructura social.

En Colombia, al igual que en Europa a fines del siglo XIX y comienzos del XX, las opciones de las mujeres de la elite eran casarse, entrar al convento o dedicarse a otras personas, dar su amor al prójimo, dedicarse a la acción social, puesto que la actividad benéfica es para las jóvenes solteras la entrega a los demás como sustitución de la dedicación a los hijos y familiares.

La beneficencia fue un espacio de socialización para las damas de la elite. Además del espíritu de solidaridad, algunas mujeres se dedicaban a esas obras aprovechando salir de sus casas, figurar y tener protagonismo en la ciudad. Entre otras tareas ayudaban a los niños y niñas huérfanos, viudas, madres abandonadas y madres solteras.

Beneficencia y caridad son oficios que giran en torno a las mujeres. En Cartagena, desde 1882, el cubano Francisco de Balmaceda funda la Nueva Colombia y la Sociedad de Hijas de Maria, ambas sociedades de beneficencia de señoras del Estado de Bolívar y tenían como fin:

"Socorrer familias pobres proporcionándole alimentos y trabajo. Dar medicinas a personas que padecen de enfermedades contagiosas. Tratar de fundar un hospital para ambos sexos".37

Y durante el siglo XX continúan haciendo obras de caridad con el apoyo de los párrocos de las iglesias de Santo Toribio, Santo Domingo, San Pedro Claver y La Tercera Orden.

Conclusiones

El primer resultado de las pesquisas ha sido efectivamente encontrar que la prensa local es un filón de gran fertilidad para el estudio histórico de las mujeres en el periodo propuesto.

Señalo la importancia de la prensa y cómo ella pulsa las variaciones en el interés de la sociedad por la suerte de las mujeres. Y si bien una buena parte de los periódicos reaccionaron en contra de los aires de cambio que trajo el siglo XX, y buscaron reforzar los roles y valores tradicionales, otros periódicos y sus articulistas trataron de abrirle paso a la "mujer moderna" y a las discusiones y debates que sobre el papel de la mujer en la sociedad se estaba impulsando en Europa y EEUU.

La prensa fue utilizada como medio de enseñanza, representaciones e imaginarios que influyeron decididamente en la construcción del "deber ser" femenino. Sobre los hombros de las mujeres descansaba la defensa del hogar y de la patria, se le llamo el "ángel del hogar" y reforzó la imagen de pureza, candidez, y sumisión.

_____
Notas:

1 Maria Dolores Ramos y Maria Teresa Vera (coordinadoras) Discursos. Realidades y utopías. Barcelona, Antrophos, 2002, pag 7.
2 Sara Beatriz Guardia. Un acercamiento a la historia de las mujeres. Lima, CEMHAL, 2002, pag 12.
3 Michelle Perrot. La historia de las Mujeres. Tomo 4, Taurus, Madrid, pag 8.
4 Luz Estela Rodas.. Las mujeres colombianas en la segunda mitad del siglo XIX. 2001. Sin publicar. Pag 7.
5 Georges Duby y Michelle Perrot. Historia de las Mujeres tomo IV Madrid, Taurus, 1993 pag 23.
6 Patricia Londono. "Publicaciones periodicas dirigidas a la mujer en Colombia 1858-1930" En: Magdala Velásquez. Las mujeres en la Historia de Colombia Tomo III, Bogota, Norma, 1995. pag 351-377.
7 Ramos y Vera. Op Cit, pag 7, 8.
8 Cinta Canterla. Lenguaje y poder en el siglo XVIII: La voz pública y la polémica entre los sexos. En Debates y Perspectivas. Fundación Tavera, Madrid, 2001. pag 2.
9 G. Gomez-Ferrer (ed): Las relaciones de género Marcial Pons, Madrid, 1995. Carmen Ramos. Genero e Historia . Instituto Mora, México, 1996.Gisela Bock Historia de las mujeres e Historia de Género en Historia Social, # 9, Madrid, 1991, pag 55-77. James Amelang y Mary Nash. Genero e Historia: Las mujeres en la Europa Moderna y Contemporánea Valencia (España) Ediciones Alfons El Magnanim, 1990, pags 23-56.
10 Cinta Canterla. Mujer y Prensa en el siglo XVIII. Mimeografiado, 2002, pag 9.
11 La moda al día de la feminista española Carmen de Burgos. El Porvenir, Cartagena, Nov 16 de 1920.
12 Luis Alfonso Alarcón y otros. Educación y Cultura en el Estado Soberano del Magdalena 1857-1886. Barranquilla, Universidad del Atlántico, 2002, pag 225.
13 AHC Registro de Bolivar, Cartagena, Abril 10 de 1899.
14 AHC. Registro de Bolívar. Cartagena Abril 10 de 1899.
15 AHC. El Porvenir. Cartagena, Julio 20 de 1900.
16 AHC. La Época, Cartagena, diciembre 4 de 1911.
17 AHC. El Porvenir. Cartagena Noviembre 4 de 1908.
18 Biblioteca Luis Angel Arango. La Opinión Cartagena, Enero 4 de 1910.
19 Biblioteca Luis Angel Arango. El Grafico. Cartagena, Junio 6 de 1910.
20 Archivo Histórico de Cartagena. El Porvenir, Junio 1 de 1899, 1901.
21 Biblioteca Luis Angel Arango. El Progreso Agosto 6 de 1905.
22 Archivo Histórico de Cartagena. El Porvenir. Cartagena Julio 2 de 1899, pag 3.
23 AHC. La Escuela Normal es fundada en 1873 bajo la dirección del alemán Julio Wallner. Gaceta de Bolívar, Cartagena, Noviembre 25 de 1873.pag 3
24 AHC. Gaceta de Bolívar. Cartagena, Noviembre 29 de 1873.pag 76
25 AHC Gaceta de Bolívar. Cartagena, Diciembre de 1873, pag 13
26 Biblioteca Luis Ángel Arango. Márgenes. Cartagena, Julio 8 de 1907.
27 Maria Loreto, Cecilia Salinas, Iván Núñez. La escuela primaria y las niñas del pueblo en el siglo XIX en Chile. En: Revista de la Academia, Santiago de Chile, 2000, pag 152.
28 Véase: Alarcón Luis y otros. Educación y Cultura en el Estado Soberano del Magdalena (1857-1886) Barranquilla, Universidad del Atlántico, 2002, pag 225.
29 AHC. La Epoca Cartagena, Abril 13 de 1918. pag 4.
30 Biblioteca Nacional. La Opinión. Cartagena Noviembre 1916.
31 Biblioteca Nacional. La Opinión. Cartagena, Noviembre 1916.
32 La Revista Hogar es fundada en 1926 por Paulina Nieto, dirigido por la santandereana Ilva Cmacho de quien se decía tenía un "estilo Varonil", como suplemento del periódico El Espectador, ese mismo año un grupo de mujeres de la elite antioqueña fundan la revista Letras y Encajes con el fin de ofrecer en Antioquia una nueva visión de los progresos intelectuales de la mujer y la necesidad que tiene la mujer de instruirse y adquirir conocimientos sobre la época actual. Lucy Cohen: colombianas en la vanguardia. Medellín, Universidad de Antioquia, 2002, pags 5,6.
33 Lucy Cohen Idem, pag 6.
34 Archivo Historico de Cartagena, La Patria, Cartagena 2 de Agosto de 1912.
35 Archivo Historico del Atlantico, La Prensa Barranquilla 2 de Diciembre 1928.
36 Biblioteca Luis Ángel Arango El Porvenir Barranquilla 1928 El Tiempo, Bogota, 12 de Abril de 1928
37 AHC. El Porvenir. Cartagena Enero 20 y 27 de 1882.


* Gloria Bonilla es historiadora de la Universidad de Cartagena, en Colombia. Esta comunicación fue presentada en la IV Bienal Iberoamericana de Comunicación (sociedad, información y conocimiento) realizada en San Salvador entre el 17 y el 19 de septiembre de 2003, la cual se reproduce (resumida) en SdP con la autorización de los organizadores.


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