Sala de Prensa

58
Agosto 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


En pos de los papeles perdidos del periodismo

Medios e informadores en la
conflictividad democrática

Erick R. Torrico Villanueva *

Resumen: El conflicto, factor consubstancial de la vida social y referente primordial de la información, la opinión y la interpretación noticiosas, ha visto modificarse su naturaleza y expresiones en la democracia. En este cuadro, el periodismo, especialmente el latinoamericano, está afectado por la erosión de sus mapas cognitivos. De lo que se trata ahora es de reinventar los papeles que tradicionalmente se asignaba a los medios y a los informadores tomando en consideración las peculiaridades de la conflictividad democrática y el desafío central de la región consistente en construir democracia con desarrollo.

Hasta hace muy pocos años el periodismo se desenvolvía en un marco de certezas. Dependiendo de la perspectiva en que se inspirara, estaba dedicado a "informar, educar y entretener"; se inscribía como parte de la "lucha de clases" o buscaba aportar a la consecución del "bien común".1

Así, los medios informativos y los periodistas seguían, conscientemente o no, unos principios de orden que les permitían desempeñarse dentro de ciertas líneas de coherencia y, a la vez, quienes fungían como fuentes noticiosas al igual que aquellos ubicados en el lugar de la recepción, mantenían expectativas concretas respecto del comportamiento esperado y deseable de aquéllos.

Sin embargo, todo empezó a cambiar —en lo que concierne especialmente a Latinoamérica— a partir de la recuperación de la forma democrática de gobierno, la posterior aplicación de los llamados Programas de Ajuste Estructural (PAE), la progresiva descomposición del sistema socialista realmente existente con todas las consecuencias que ello trajo para la arena internacional y, en último término, de la rápida difusión del proceso globalizador.

De ese modo, de un largo tiempo en que cada quien sabía con más o menos precisión cuál era su posición y papel en el mundo, incluidos los medios y los periodistas, se ha pasado a un período transicional en que esas antiguas seguridades han dejado de ser tales. La naturaleza y la realidad de los conflictos, referente fundamental para la actividad periodística, se han modificado, por lo que ya no es dable continuar concibiendo la profesión del periodismo desde los parámetros considerados tradicionales.

El retorno a la forma democrática en la región no sólo que no ha sido fácil sino que en varios casos (el paraguayo, por ejemplo) todavía aparece como un objetivo por alcanzar; pero, además, en un buen número de países la inestabilidad política se ha manifestado como un dato inconfundible de la redemocratización2 y en la gran mayoría de ellos el descrédito de las instituciones políticas ha crecido a la par del desencanto ciudadano.3 Éste se relaciona ante todo con los preocupantes índices de corrupción —con la relativa excepción de Chile y Uruguay, el resto de América Latina está clasificada entre los países más corruptos del mundo4— registrados en los poderes públicos (legislativo y judicial, especialmente) y con un sentimiento mayoritario sobre la ineficiencia demostrada hasta ahora por la democracia para atender y resolver las urgencias cotidianas.

La puesta en vigencia de las recomendaciones neoliberales ortodoxas, organizadas en el denominado "Consenso de Washington" de 1989,5 condujo por su parte a un estado de cosas que diez años después, por su explosividad potencial, empezó a convertirse en preocupación central de organismos multilaterales y gobiernos: el aumento de la pobreza, el desempleo y la concentración del ingreso.6 Esto ha sido claramente reflejado en la "Cumbre del Milenio" celebrada en septiembre de 2000 que fijó un conjunto de metas internacionales de desarrollo —centradas en (i) bienestar económico, (ii) desarrollo social y (iii) sostenibilidad y regeneración ambiental— y reapareció con fuerza contenida en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo efectuada en Monterrey en marzo de 2002.

Se sumó a ello, como contexto general, la rearticulación del escenario mundial propiciada por la extinción de la Unión Soviética y el bloque de la Europa socialista así como por el afianzamiento de las finanzas, los mercados y los productos culturales globales asentado en la creciente utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación resultantes de la convergencia entre microelectrónica, informática y telecomunicaciones.

Frente a ese panorama, cada vez más complejo y en permanente mutación, no solamente los mapas cognitivos de la política han sido erosionados7 sino también aquellos de que disponía el periodismo. De ahí que emerja la pertinencia actual de las preguntas en torno a lo que medios de información y periodistas deben (o pueden) hacer en un cuadro de intensa y multifacética conflictividad social.

El conflicto, contexto y matriz

El conflicto, que puede ser definido como la pugna abierta, encubierta o latente por el acceso a recursos y/o por la oposición de valores y creencias, es sin duda un elemento constitutivo de la vida social, pues ni la igualdad ni la homogeneidad son una realidad. En este entendido, no son admisibles los enfoques que reducen el conflicto a una suerte de anomalía explicable apenas desde la infracción de las normas de convivencia o a partir de ciertas inclinaciones subjetivas y patológicas de algunos actores sociales.

Asumidos estos supuestos iniciales, es igualmente factible señalar al conflicto como el marco general en que trabaja el periodismo y, por tanto, como la matriz de las diferentes materias de que se ocupa y de los modos en que las formaliza, es decir, en que lleva a cabo su selección, jerarquización y codificación para informar (describir), opinar (juzgar) o interpretar (analizar, explicar y proyectar).

Pero es indispensable dejar establecido, asimismo, que la actividad periodística —con sus organizaciones y operadores— no sólo es un locus para la observación y valoración "imparciales" de los conflictos, sino al propio tiempo un espacio para la intervención activa en la conflictividad social.

En síntesis, y aunque se pueda pecar por simplificación, no hay periodismo sin conflicto y a la inversa, en la época actual, casi no existe conflicto al margen del periodismo (la visibilización del conflicto es un factor sine qua non de su gestión).

El conflicto en democracia

Aproximadamente hasta la primera mitad de la década de 1980, bajo la presencia de regímenes autoritarios en buena parte de Latinoamérica, era posible pensar que se tenía un conflicto principal al que se supeditaban todos los demás: la recuperación de las garantías y libertades constitucionales, cuya índole era política.

La transición hacia el sistema democrático y la ejecución de los PAE provocaron un importante desplazamiento de la conflictividad de la dimensión política a la socioeconómica, ya que los sectores sociales, que se fragmentaron o aumentaron sus divisiones luego de alcanzada la apertura constitucional, comenzaron a exteriorizar sus demandas de empleo, salariales, educación, salud u obras de infraestructura o saneamiento básico por separado sin llegar a articular movimientos unitarios fuertes y de larga duración en ningún caso.

Como se sabe, esta dinámica —vista por algunos como un efecto perverso de la democracia— fue estimulada por el debilitamiento de las izquierdas tanto como por la "despolitización" y el individualismo pragmático de que vino aparejada la distensión ideológica democrática. Paralelamente, el ambientalismo y los temas de género y generación, de innegable carácter transversal, aportaron nuevas fuentes de conflicto al igual que lo hicieron las revitalizadas cuestiones étnico-culturales.

En el plano internacional la conflictividad quedó estructurada en base a dos ejes: uno, concerniente particularmente a las relaciones América Latina-Estados Unidos de Norteamérica, está compuesto por la identificación de tres "enemigos" sustitutos del comunismo que son las migraciones ilegales, el tráfico de drogas y el terrorismo,8 y otro, referido a intereses de escala planetaria, tiene que ver con cinco "problemas" reconocidos en el control de los mercados globales, la pobreza, el daño ecológico, la corrupción y los riesgos que afronta la democracia.

De esta forma, la (re)democratización ha modificado la composición de los conflictos y los ha diversificado —al menos dentro de los países— en sus orígenes y agentes. No obstante, y siempre para el caso latinoamericano, se podría sostener que las dificultades comunes se vinculan con la inestabilidad política, la debilidad institucional, el deterioro económico, la exclusión social y la desatención de las urgencias poblacionales básicas.

Lo que hay en democracia, por ende, son conflictos (en plural), la mayoría de los cuales se manifiesta, por el momento, sin conexión evidente entre sí.

El periodismo en democracia

Medios de información y periodistas, en términos gruesos, se habían alineado más o menos explícitamente en uno u otro bando cuando el conflicto central enfrentaba autoritarismo a democracia.

Las estructuras mediáticas tradicionales de América Latina respondieron, casi sin excepción, al modelo generado por la "guerra fría" y surgieron variadas como restringidas experiencias de periodismo alternativo y popular, pero más tarde, mientras aquéllas se acomodaron a las nuevas condiciones que generó el régimen democrático, los últimos ingresaron en una evidente fase de declinación.

La reposición o conquista de las libertades constitucionales, que pronto se vinculó con la liberalización económica, facilitó la multiplicación de los medios empresariales (radioemisoras en frecuencia modulada y televisoras locales, fundamentalmente) y la consolidación financiero-económica de las empresas comunicacionales y periodísticas más grandes. A propósito, es sintomático el consenso que existe en torno a que el decenio de 1980, "perdido" para Latinoamérica en términos de crecimiento económico por la crisis de la deuda exterior, fue más bien "ganado" en lo relativo a la expansión de la infraestructura y los negocios mediáticos.

Igualmente, la democracia halló en los mass-media otro espacio para el ejercicio de la ciudadanía, hecho que potenció de modo notable a los medios audiovisuales a medida que aumentaba el descrédito de las instituciones del sistema político y sus protagonistas. Gracias a eso, en no pocos casos la radio y la televisión se han convertido en mediadores efectivos y hasta en gestores de demandas ciudadanas9 así como en reemplazantes de los parlamentos en materia de fiscalización del desempeño estatal, razones que junto a su priorización por los partidos en lucha electoral los han erigido como verdaderos actores estratégicos.

Con todo ello, el periodismo ha ingresado, de facto, en una lógica distinta sin haberse preparado lo suficiente e inclusive sin percatarse en serio de lo acontecido y sus consecuencias.

Como le viene ocurriendo a las Ciencias Sociales, todavía incapacitadas para comprender las transformaciones de su objeto de estudio convencional, el periodismo tampoco da muestras de haber encontrado opciones claras para enrumbar su ser y su quehacer.

Periodismo y nueva conflictividad

Sucede, entonces, que las tres posturas típicas que caracterizaron a medios e informadores durante la etapa predemocrática —la del compromiso con el establishment, la de la militancia izquierdista de cuño dogmático o la del "negocio independiente"— no se corresponden más con los rasgos de las sociedades latinoamericanas contemporáneas. La democracia ha quebrado las categorías básicas que les daban sustento y, pese a la predominancia de lo formal sobre lo sustancial que le distingue en la práctica, está reclamando una redefinición del periodismo en la región que no se puede limitar a intentar una simple traslación de esquemas empresariales y profesionales que funcionan para países del norte poseedores de pautas y estándares de vida diferentes como de ejercicio democrático-representativo con trayectoria y eficacia.

El mayor desafío que tiene América Latina hoy es construir democracia con desarrollo, esto es, afianzar un sistema igualitario de derechos y deberes ciudadanos de forma simultánea a posibilitar el crecimiento económico con redistribución equitativa. Lo primordial de la nueva conflictividad social gira alrededor de este núcleo y es ahí donde el periodismo tendría que buscar su nuevo horizonte de sentido sin desvincularse, por supuesto, de las cuestiones que plantea el mundo globalizado.

Esto significa que el periodismo, como servicio de interés público que es, no puede (¿no debe?) rehuir la necesidad de un compromiso concreto.

Obviamente, aún es posible que los que así lo prefieran se refugien en las fórmulas conservadora-objetivista, sensacionalista o simplemente light, mas en ninguna de tales versiones un medio ni un informador habrán abandonado la condición de engranajes en maquinarias deliberada o ingenuamente incomprendidas.

Las actuaciones del periodismo

El periodismo, como parte de su obligación de recomponer sus mapas cognitivos,10 tiene así mismo que autoconcebirse más complejamente y no apenas como una actividad técnica y neutral de transmisión de hechos. El periodismo no es una forma o un "método" de conocimiento,11 sino más bien el producto de una forma dada de conocimiento, y es una mediación sólo desde el punto de vista de que brinda soporte físico para el intercambio de significaciones y sentidos.12

Aun sin proponérselo, y debido a que opera en el ámbito de la simbolización, el periodismo produce representaciones sobre las manifestaciones de la conflictividad social y, por esa vía, interviene en esa dinámica de fuerzas.

Todos sus contenidos, sea que aspiren a reproducir lo real, que se pronuncien al respecto o que busquen explicarlo desde alguna lógica, traducen inevitablemente un trabajo de construcción simbólica que remite a los conflictos, hablando de ellos, participando en su proceso e incluso propiciándolos. Se trata, por tanto, de que además de hacerse cargo de los "conflictos noticiables" (Borrat) para alimentar sus flujos discursivos, el periodismo es un actor de las relaciones sociales conflictivas que se guía por estrategias tanto propias como concertadas y que recurre a diversas tácticas de formalización de la realidad parcelada y de producción de verosimilitud.

La inserción de la actividad periodística en el contexto de la conflictividad social, la aceptación de que ésta constituye su referente primordial y el reconocimiento de su intervención activa en la trama de conflictos implican una comprensión de mayor pertinencia de esta profesión, sus medios y operadores, que aquella ofrecida por los convencionalismos que suelen reducirla a una práctica de naturaleza quijotesca y hasta mesiánica o que aquella otra más bien fundada en la sospecha de la conspiración constante.

Periodismo para la ciudadanía

Si la ciudadanía es "la reivindicación y reconocimiento de derechos y deberes de un sujeto frente a un poder" (Garretón, 1995:102) y si ello constituye a un solo tiempo una base para la democracia y un factor del desarrollo, el periodismo latinoamericano no puede menos que incorporar esta noción en su propia reconceptualización.

La gran contribución que está al alcance del periodismo en beneficio de una democracia comunicada y una ciudadanía informada y participante, y por ende del proceso de desarrollo humano, consiste en que abra canales equilibrados para la interacción de los actores de la sociedad, ayude responsablemente a transparentar la gestión pública, desarrolle su agenda sin desvincularse de los temas de interés colectivo y aliente la intervención activa y documentada de los ciudadanos en la deliberación sobre los asuntos de afectación generalizada.

El periodismo, como condición previa para la consideración singular de los hechos, requiere tener una visión de los procesos y un proyecto societal democrático que le permitan administrar la incertidumbre y actuar coherentemente en la trama de conflictos de que se nutre y en la que habita.

Los papeles de los medios periodísticos y los informadores, en este tiempo de desconcierto y volatilidad, no son algo que haya que recuperar sino el objeto de una reinvención indispensable y, por si acaso, inaplazable.

_____
Notas:

1 Estas orientaciones remiten respectivamente al modo clásico estadounidense (funcionalista), a la crítica marxista y a las propuestas de la iglesia católica acerca de los propósitos asignables al periodismo.
2 En los últimos diez años, sin tomar en cuenta otras expresiones menores de esta situación, se han registrado la destitución de Fernando Collor de Mello (Brasil, 1992), la suspensión y posterior apresamiento de Carlos Andrés Pérez (Venezuela, 1993), la destitución de Abdalá Bucaram (Ecuador, 1997), la caída y asilo de Raúl Cubas (Paraguay, 1998), el "derrocamiento constitucional" de Jamil Mahuad (Ecuador, 2000), la "fuga" de Alberto Fujimori (Perú, 2001), el procesamiento por corrupción de Carlos Saúl Menem (Argentina, 2001), la oportuna renuncia por enfermedad del ex dictador Hugo Banzer Suárez (Bolivia, 2001), la dimisión por incapacidad de Fernando de la Rúa (Argentina, 2001) y el derrocamiento y posterior "contragolpe constitucional" de Hugo Chávez (Venezuela, 2002).
3 La encuesta anual hecha por Latinobarómetro entre julio y agosto de 2001 en 17 naciones latinoamericanas estableció un descenso de 10.4 puntos en la adhesión ciudadana a la democracia y una subida, del 17.2 al 19.1, en la disposición a preferir, "en ciertas circunstancias", un gobierno autoritario. Cfr "The Latinobarometro poll. An alarm call for Latin America's democrats", en http://www.economist.com/displayStory.cfm?story
4 Cfr. "Transparency International 2001 Corruption Perceptions Index" en www.globalcorruptionreport.org
5 Este conjunto de políticas sistematizado bajo este nombre por John Williamson implica, entre otras "sugerencias", la eliminación de los subsidios, la reestructuración del gasto público con disminución de la inversión social, la liberalización amplia de las finanzas y el comercio, la privatización y la desregulación.
6 Cfr. CEPAL (2001).
7 Una exposición muy rica a este respecto se encuentra en Calderón y Lechner (1998).
8 Desde el 11 de septiembre de 2001, cuando tres aviones civiles desviados presumiblemente por fundamentalistas musulmanes hicieron impacto en Nueva York y Washington provocando miles de muertos y millonarias pérdidas materiales, la Casa Blanca ha encontrado en el terrorismo al mejor argumento para su política exterior de fuerza y está empeñada en etiquetar como terroristas a quienes se oponen a la continuación de sus intentos hegemónicos en el mundo.
9 Una situación límite a este respecto se registró en Bolivia el 8 de abril de 2000, cuando dos redes nacionales de TV y ante el vacío de autoridad estatal que se presentó tras las movilizaciones sociales que exigían agua para la ciudad de Cochabamba, la atención a un pliego petitorio campesino e incrementos salariales para los profesores de la educación pública y para los policías de baja graduación en la ciudad de La Paz tomaron a su cargo la organización y la conducción de las negociaciones entre los sectores en conflicto, representantes de la iglesia católica y autoridades locales o jefes militares y policiales, con lo que contribuyeron a bajar los ánimos, evitar el estallido de violencia que se presentía (de todos modos hubo un muerto y más de 40 heridos) y abrir canales para la comunicación. El gobierno del entonces presidente Banzer sólo atinó a decretar un estado de excepción que nadie acató y tuvo que ser suspendido una semana después.
10 "El mapa es una representación similar de la realidad mediante la cual estructuramos una trama espacio-temporal. Los mapas nos ayudan a delimitar el espacio, trazar límites, medir distancias, establecer jerarquías, relevas obstáculos y discernir condiciones favorables. Conociendo el marco espacial, podemos hacer mejor uso del tiempo. Los mapas nos permiten visualizar prioridades, fijar metas y diseñar trayectos adecuados al terreno. En fin, contribuyen a enfocar las cosas en sus debidas proporciones" (Calderón y Lechner, 1998:52).
11 La propuesta inicial a este respecto proviene del estadounidense Robert Park, que en la década de 1940 se refirió a las limitaciones sincrónicas de la noticia (Cfr. Genro, 1989), y otras pretensiones teorizantes recientes insisten en esta falsa apreciación.
12 Por tanto, hablar del periodismo como mediación —salvo que cumpla circunstancialmente una función mediadora en la negociación de otros actores como la reseñada en la nota 9— no equivale a decir que "esté al medio", es decir, en el justo medio entre dos posiciones opuestas.

___________________
Bibliografía consultada:

- Álvarez, Carlos, Fundamentos teóricos del Public Journalism, Universidad Austral, Buenos Aires, 1999.
- Borrat, Héctor, El periódico, actor político, Edit. G. Gili, S.A., Barcelona, 1989.
- Calderón, Fernando y Lechner, Norberto, Más allá del Estado, más allá del mercado: la democracia, Edit. Plural, La Paz, 1998.
- Calderón, Fernando et al. Esa esquiva modernidad. Desarrollo, ciudadanía y cultura en América Latina y el Caribe, Edit. Nueva Sociedad, Caracas, 1996.
- CEPAL, Panorama Social de América Latina 2000-2001, CEPAL, Santiago de Chile, 2001.
- Garretón, Manuel, "Democracia, ciudadanía y medios de comunicación. (Un marco general)", en Varios autores, Los medios, nuevas plazas para la democracia, Calandria, Lima, 1995, pp. 97-108.
- Muraro, Heriberto, Políticos, periodistas y ciudadanos, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1998, 1ª reimp.
- Torrico, Erick, Periodismo, apuntes teórico-técnicos, Imp. Andina, La Paz, 1989.
- Torrico, Erick, La comunicación desde la democracia, Artes Gráficas Latina, La Paz, 1995.


* Erick Torrico Villanueva es colaborador de SdP. Dirige la maestría en Comunicación y Desarrollo en la Universidad Andina Simón Bolívar, en La Paz-Bolivia.


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