Sala de Prensa

57
Julio 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


¿Se acobarda la BBC ante Blair?

Tim Luckhurst *

Entre los consejeros de la BBC existe la sensación de que la corporación tuvo un magnífico desempeño durante su confrontación de voluntades con Alastair Campbell. Un veterano ex corresponsal, generalmente crítico de Greg Dyke (director general de la BBC), expresa: "La BBC por fin recordó cuál es su objetivo. Ha hablado por la nación. Desde el conflicto por el canal de Suez no se le había visto tanta valentía en reflejar el contraste entre el sentir del público y la política gubernamental".

Tal optimismo no es universal en el Centro de Televisión. En un párrafo de la declaración de apoyo de los consejeros de la BBC a Andrew Gilligan, reportero de la fuente de la Defensa del noticiero Today, se trasluce la angustia que prevalece en la corporación. La conclusión número tres señala: "El consejo considera que el programa Today debió haber dado cuenta con mayor claridad de sus tratos con el Ministerio de la Defensa y también pudo haber solicitado una respuesta a la oficina de prensa del Primer Ministro antes de transmitir esa información".

Debajo de estas palabras alienta cierto grado de preocupación que resulta muy revelador para quienes conocen la BBC. Gilligan y su jefe de información, Kevin Marsh, han sido revindicados públicamente. Su jefe, el director de noticias y asuntos de actualidad de la BBC, Richard Sambrook, ha defendido con valor a sus colegas. Pero estos periodistas han pasado las de Caín durante su batalla con Campbell, y parte de la presión más intensa ha provenido de su propia empresa.

Gilligan, Marsh y su equipo de Today se han visto obligados a justificar todas las decisiones tomadas antes de lanzar al aire el 29 de mayo la estremecedora exclusiva de Gilligan, y a revisar cada sílaba de su manuscrito con minuciosidad llevada a la pedantería.

Comités de la empresa, en los que participaron personajes con escaso conocimiento funcional de la labor periodística, han redactado y sometido a escrutinio extensos memorandos. La confianza implícita en la conclusión de los consejeros -"Estamos plenamente satisfechos de que los periodistas de la BBC y sus directivos buscaron mantener la imparcialidad y la exactitud informativa durante este episodio"- no se confirió en forma automática.

La confianza es rara en la BBC. En esta ocasión hay insinuaciones plausibles de que se tuvo que obtener mediante amenazas de renuncias. Pero, ¿persistirá? Una fuente de alto nivel que ha observado muy de cerca los acontecimientos en Today señala: "Todos los de Noticias están muy orgullosos de lo que ha hecho Today y de la forma en que los ejecutivos de noticias defendieron el programa. No siempre ocurre eso, pero esta vez así fue. Sin embargo, hay personas fuera de Noticias que están aterradas por las implicaciones. En esos sectores puede haber un instinto de precaución, como ocurre a menudo".

Vale la pena tomar una perspectiva más amplia. En años recientes ha habido una furiosa disputa interna en cuanto al papel apropiado de Today. Fue el controvertido ex director del programa, Rod Liddle, quien trajo a Gilligan al equipo. Liddle, el iconoclasta que alguna vez entretuvo a los lectores de su columna en el Guardian con el relato de cómo por poco se quema el pene por tratar de fumar, orinar y corregir un manuscrito al mismo tiempo, estaba decidido a poner sabor a su programa con exclusivas fuertes, que cambiaran el curso de los acontecimientos.

Gilligan proporcionó varias de esas exclusivas, entre ellas la afirmación, cuya verdad ha quedado ahora plenamente acreditada, de que la Unión Europea preparaba un documento que algunos veían como el fundamento de la constitución de un Estado federal. Liddle estaba fascinado, la BBC no. Después que la oficina del primer ministro condenó ese reporte como una "historia de euroterror" y puso al reportero el mote de Gullible Gilligan (Gilligan el crédulo), hubo llamadas, incluso de la propia BBC, en las que se exigía poner freno al programa.

Un colega importante intentó apuñalar a Liddle informando a The Guardian que el estilo de periodismo de Gilligan "causaba daño al nombre de la BBC". Y advertía: "Rob cree que su trabajo es agitar las cosas, y al diablo con todo lo demás".

Y sí, eso es lo que Liddle creía. En su entrevista para el cargo de director de Today prometió emplear reporteros que buscaran noticias originales, y se molestó cuando sus jefes inquirieron con nerviosismo si había que defender los resultados, y cómo. Me dijo que el verdadero peligro no radicaba en el periodismo de controversia, sino en la rutinaria propensión de la BBC a no defenderlo de inmediato y con energía. Tenía miedo de que la empresa se sintiera más a gusto si Today regresaba a su tradición de generar noticias mediante entrevistas con miembros del gabinete y abandonaba su celo por generar exclusivas.

Eso fue lo que su sucesor, Kevin Marsh, prometió hacer. Marsh es sincero en su creencia de que el programa Today de Liddle concedía poco valor a las entrevistas. Marsh había hecho de ese género su fuerte como director de El mundo a la una y PM, y lo había enfatizado en el proyecto que entregó a los presentadores de Today. Pero había una falla: si Liddle cambió la atención hacia los reportajes exclusivos no fue por falta de respecto a entrevistadores como John Humphrys, sino porque se daba cuenta de que los políticos, en especial los nuevos ministros laboristas, se habían vuelto adeptos a tomarse largo tiempo para no decir nada, y porque, al comenzar a surgir las notas controversiales, a ningún vocero se le permitió aparecer en Today.

Si bien conservaba su pasión por la importancia de las entrevistas, Marsh, según dicen sus colegas, ha reconocido elementos de la lógica de Liddle. Está consciente de que la naturaleza y estilo de la maquinaria de la oficina de Tony Blair restringe el potencial de la interrogación directa y en vivo. Rara vez surge alguna revelación de las entrevistas tradicionales. El reportaje sigue siendo la mejor manera de crear controversia. El problema es que los ocupantes de los más altos niveles de la BBC creían que se habían deshecho de ese enfoque cuando despidieron a Liddle como director de Today.

La vieja batalla vuelve a surgir: la tendencia de trabajar "a noticia pasada" de los tradicionalistas, que insisten en que la corporación debe informar sobre lo que ha ocurrido y preguntar sobre eso, pero sin correr el riesgo de dar a conocer exclusivas, ha vuelto con firmeza a la mesa de discusiones.

Un nuevo clima de inquietud se ha asentado sobre el Centro de Televisión. La empresa puede proclamar un cauteloso orgullo por la controversia provocada por Andrew Gilligan, pero algunos de sus altos directivos creen que el incidente llevó a la BBC demasiado cerca del estilo de periodismo que más a menudo practican los directores de periódicos combativos. Temen que ese enfoque tiene el potencial de alejar a la larga a los políticos de todos los partidos y no desean repetir esa controversia.

Sería deprimente que la BBC convirtiera un triunfo periodístico en una cautela que destruya la moral. Pero hay que reconocer que tiene un historial de hacer precisamente eso.


* Tim Luckhurst es autor del libro This is Today, biografía del noticiero Today de la BBC, publicado por la editorial británica Aurum.© The Independent. Traducción: Jorge Anaya. Este texto fue publicado en el diario mexicano La Jornada, el 15 de julio de 2003.


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