Sala de Prensa

57
Julio 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Transparencia, democracia y medios

Benjamín Fernández Bogado *

Los indicativos de Latinobarómetro, la institución chilena que mide el nivel de confianza de los latinoamericanos en la democracia, nos muestra en su informe del 2002 que hay una porción muy grande de ciudadanos que no encuentran razones para creer en la democracia como el “menos malo de los sistemas políticos”, al decir de Churchill, y entre las razones que más desmoralizan a los encuestados es la falta de transparencia en la gestión pública, con los consabidos casos de corrupción ventilados por la prensa y no sancionados por la justicia, el mecanismo de protección que los políticos han creado para evitar enfrentar los tribunales y el descaro con que un escándalo termina sepultando a otro escándalo que han producido en su conjunto una ciudadanía descreída en la democracia y consiguientemente han multiplicado por miles los desencantados con el sistema al tiempo de crecer geométricamente el número de nostálgicos de la dictadura o de modelos cuasi autoritarios disfrazados de propuestas mesiánicas. Los medios de comunicación se encuentran en este marco de deterioro económico, de frustración porque sus denuncias no encuentran eco en las instituciones o han terminado perdiendo público o sucumbiendo ante el modelo que reproduce hoy formulas degradadas del ejercicio profesional que se asocian a los mismos hechos de corrupción que muchas veces se denuncian.

UN CINISMO CRECIENTE

Periodistas mal pagados en medios de prensa que viven de favores del sector gubernamental han hecho que también el número de lectores o de oyentes y televidentes haya caído dramáticamente en muchos de nuestros países. El caso de Paraguay es dramático si uno observa que el principal diario del país (ABC color) vendía en 1984 –antes del cierre por la dictadura de Stroessner– cuatro veces más que su circulación actual dos décadas después y 14 años desde el advenimiento de la democracia. Su posición favorable al general Lino Oviedo y la visión tergiversada de muchos de los sucesos han privado a este medio y a otros en similares defectos del favor de un público que hoy mira a la prensa con la misma desconfianza con que observa el comportamiento de los políticos. Esta sociedad enferma de sospechas y suspicacias no puede ser el mejor escenario para la construcción de un espacio democrático donde el libre flujo de las ideas favorece finalmente a que las instituciones se perfeccionen, los castigos a los delincuentes refuercen la fe en la justicia y por consiguiente la transparencia de la gestión pública lleve a que las campañas no sean sólo financiables con dinero sucio venido de la misma delincuencia que se dice combatir si se llega al poder.

Hay un cinismo creciente en muchos medios locales y eso ha repercutido de forma negativa en otros segmentos sociales. Se puede estar en el campanario y en la procesión, al decir del dicho popular, o cada vez se pretende colocar a toda la sociedad como cómplice de la corrupción cuando en realidad es su victima propiciatoria. El silencio, la componenda con sectores corruptos y la dependencia en términos laborales con estos mismos sectores, han disminuido en muchos casos el impacto de las denuncias y favorecido la construcción de un escenario donde todos se encuentran bajo sospecha y en donde los cínicos no tienen inconvenientes en demostrar estar contra la corrupción al tiempo de ser corruptos.

No se observa desafortunadamente una relación clara entre los costos de la corrupción y el impacto en la vida social. Se nota que la corrupción es percibida como algo malo pero “genéticamente” incorporada en la cultura de nuestros pueblos y se la ataca en relación directa y proporcional a los efectos que tenga sobre un aspecto parcial de nuestra vida cotidiana. La prensa, dentro de este marco de cambios a nivel mundial, ha sufrido no sólo la perdida de sus adherentes sino una situación crítica de los avisantes que cada vez son menos y que amenazan en su escasez la existencia real de una prensa libre e independiente. Según datos de la Cámara de Anunciantes del Paraguay, el descenso de la publicidad en el año 2002 ha sido del 300%, lo que coloca en una situación financiera más que difícil a la mayoría de los medios locales cuya permanencia en el mercado dependerá del grado de capacidad económica de sus propietarios para sostenerlos con dinero de otros negocios o terminara sucumbiendo en manos de corporaciones locales o internacionales o cumpliendo el rol de voceros de ciertos sectores político-electorales. Es importante recuperar el nivel de confianza en la gestión pública, es determinante para la prensa desenmascarar a los cínicos y por sobre todo necesitamos una prensa que revele perfiles de autocrítica suficientemente creíbles que nos permita entender que la sociedad tiene en ella a un aliado y no una institución alquilada a los intereses comerciales y políticos del país.

NUEVOS INSTRUMENTOS DE DIFUSION

La lucha contra la corrupción dentro de muchos casos en América Latina debe partir desde el mismo medio de prensa. Alianzas estratégicas entre clientes con estándares éticos e instituciones públicas que entiendan el favor que le hace a una democracia una prensa que denuncia y que combate los casos de corrupción producirán a corto tiempo el regreso de un clima de confianza que permita fortalecer la democracia política y alentar la recuperación de una economía destrozada en varios países que hoy pone en peligro el sostenimiento del todo el sistema democrático.

Es preciso que nuestros comunicadores entiendan su rol dentro de este proceso de recuperación, que observen la necesidad de buscar mecanismos de difusión de las ideas más allá de los espacios habituales. No hay empleo en las redacciones pero positivamente sí hay sectores emergentes en el periodismo digital que prueban la posibilidad de adquirir independencia a la hora de denunciar hechos corruptos en el país. Uno de estos casos lo venimos implementando en el Centro Tecnológico de Información y Comunicación (Ceticom), con apoyo del PNUD, donde brindamos entrenamiento para que los comunicadores e interesados en utilizar soportes digitales sean dueños de sus propias empresas y generen información y comunicación sin las barreras que por lo general se esgrimen en las redacciones cuando uno nos propietario del medio. El Ceticom ha tenido una primera promoción en abril de 2003, el 70% de sus graduados hoy ofrecen servicios desde free lance a medios escritos locales e internacionales al tiempo de remitir informes en audio y video a otros medios del mundo y del país interesados en sus servicios. El portal informativo www.vivaparaguay.com es uno de los sitios más visitados del Paraguay en la web y es el resultado de un trabajo emprendido por la Fundación Libre en el ánimo de construir nuevos espacios de desarrollo de la comunicación y la información. Si el Paraguay tardó 200 años en tener su primera imprenta y otros 200 años para que apareciera el primer periódico escrito, y luego tuvo que esperar otras décadas para que el primer periódico comercial sin control ni censura del gobierno ganara la calle, hoy se puede afirmar que Internet y la tecnología disponible permiten que comunicadores sean hoy, sin excusas ni restricciones, verdaderos agentes de propagación de hechos y noticias con responsabilidad y sin pretextos practicar un buen periodismo. Algunos encontraran todavía muy incipiente este nicho de posibilidades que sin embargo se muestra por demás atractivo y valioso en medio de un escenario difícil que no preanuncia momentos fáciles para el periodismo.

DESCOMPRIMIR LA FRUSTRACION DEMOCRATICA

Estamos en un momento de inflexión. La democracia es cuestionada diariamente por su ineficacia y corrupción, los medios son asociados a muchos de los esquemas corruptos que dice combatir y en medio crece el descontento de una sociedad que comienza a cuestionarse incluso si la democracia es un sistema válido para países como los nuestros. En mis programas radiales en Radio Libre suelo escuchar todos los días la queja de una audiencia que no tolera vivir en un ambiente asfixiante de corrupción donde hasta ahora ha manifestado su enojo no yendo a votar como lo prueban los recientes comicios de abril de 2003. Estamos eligiendo gobernantes que construyen legitimidad sobre bases muy estrechas que si no logran un golpe de timón decisivo esa cantidad de gente que los apoya la perderá en muy corto tiempo. Hay lo que algunos definen como “bronca”, enojo popular hacia la democracia, y la prensa puede descomprimir esta situación buscando cumplir un rol más apropiado pero siendo sostenida su labor por las instituciones encargadas de sancionar y apartar a los corruptos. Es simpático observar que a veces en los medios gráficos el mismo corrupto denunciado en las páginas de judiciales tiene un rol trascendente en las páginas políticas, publicita en el medio alguna de sus empresas y aparece como un verdadero señor en la páginas de sociales. Esto que puede parecer muy burdo para muchos es casi común en nuestros medios y el público lo percibe. Partir de la teoría que nadie se da cuenta de estas contradicciones e incoherencias es el comienzo del fin de cualquier democracia y la razón de la crisis de los medios de prensa en nuestro país que debiera revertirse por la salud de la democracia en general.

Hay signos positivos, con todo, que demuestran que no se ha perdido la mística de hacer de la información un instrumento al servicio de la comunidad y en donde el concepto enunciado por John Dewey de “información + comunicación = democracia” parece cobrar un nuevo sentido por demás esperanzador hacia el futuro. Lo concreto es que la sociedad en su conjunto debe reconocer la necesidad de restaurar la confianza en sus instituciones y eso –está demostrado– es un trabajo en conjunto de instituciones públicas, prensa y sectores que apoyan comercialmente la sobrevivencia de los medios pero, por sobre todo, su real y verdadera independencia. Cuando eso sea posible habremos podido revertir los números negativos en torno a la democracia, consolidado sus instrucciones y recuperado la confianza del ciudadano en su propio voto y esfuerzo cotidiano de hacer de la democracia un espacio público donde el libre flujo de las ideas permiten el desarrollo más amplio de la dignidad del ser humano.


* Benjamín Fernández Bogado, periodista y abogado paraguayo, es miembro del Instituto Prensa y Libertad. Es colaborador de Sala de Prensa.


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