Sala de Prensa

56
Junio 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Las lecciones para los medios en Colombia de
los casos de plagio en el The New York Times

Liliana Martínez Polo y Jimmy Arias *

Mientras que en el diario estadounidense, tres cabezas cayeron por la irresponsabilidad de un periodista, en Colombia el debate apenas comienza y en muchos casos, el fraude se elevó a la categoría de hazaña.

Las noticias y testimonios inventados de Jaison Blair, un reportero de The New York Times, provocaron su renuncia, hace dos semanas, además de la Rick Braeg, corresponsal en New Orleans, y las del director, Howell Raines, y del jefe de redacción del diario, Gerald M. Boyd, esta semana.

Mientras tanto, en Colombia, fraudes como el cometido por Blair, se han tomado como hazañas, anécdotas o chistes que son encubiertos por los profesionales del gremio.

En los años 70, Henry Holguín, ex director de la revista Vea, sorprendió a los lectores con un reportaje en la revista Cromos en el que anunciaba el descubrimiento de la machaca, animal cuya picadura se tornaba mortal si la víctima no hacía el amor en las siguientes 24 horas.

Lo hizo, explicó en una entrevista el año pasado, para "sacar la pata" por su anterior 'hallazgo' del criminal nazi Martin Borman en las selvas colombianas y por la rivalidad que mantenía con Juan Gossaín.

Sin embargo, estos métodos no son admitidos por los lineamientos del periodismo ni aceptados por los directores de medios.

Yamid Amat, director del noticiero CM&, no olvida al periodista Camilo Higuera, que formó parte del equipo de noticias de Radionet en 1997. "Un día no vino a trabajar -cuenta Amat-, me llamó y dijo que llegando de Ubaté había sido secuestrado por la guerrilla para darle una supuesta primicia. Según él, lo llevaron a un lugar secreto donde debía cubrir la liberación de los militares secuestrados".

El periodista conmovió a los oyentes con sus entrevistas a los soldados. Pero, al poco tiempo las madres de los mismos comenzaron a llamar a la emisora para decir que esas no eran las voces de sus hijos.

"Por una sucesión de contradicciones -agrega Amat- comencé a sospechar y el mismo gobierno, a través del secretario de paz de entonces, José Noé Ríos, me aseguró que todo era falso."

Entre la afirmación del periodista y la rectificación del gobierno, Amat nombró una comisión arbitral para investigar el caso. "Se demostró que era mentira -recuerda el director de CM&-, el periodista fue destituido y la emisora se excusó ante los oyentes".

No siempre es así

Inventarse una noticia o una fuente no es algo frecuente y,salvo excepciones contadas, lo es menos que haya despido y disculpas públicas. Así opina Juan Gossaín, director de RCN Radio. "La verdad es que en los medios serios de ninguna parte de mundo ocurre con frecuencia", afirma Gossaín.

 

Verdaderas mentiras

- En una prestigiosa revista colombiana, una fotógrafa debía hacer un trabajo en Urabá (Antioquia) sobre las mujeres que laboran en las bananeras. Como no encontró ninguna, buscó a las que llevaban años retiradas del oficio y las hizo posar como trabajadoras actuales para la foto. Cuando se conoció la verdad, le pidieron la renuncia.

- En un diario capitalino, un fotógrafo que llegó tarde a una masacre, les pidió a unos campesinos que se tiraran al suelo y fingieran ser cadáveres. Algo parecido hizo el corresponsal de un noticiero, que les pagó a varios campesinos para que hicieran lo mismo.

- Un reportero de radio que no alcanzó a subirse al helicóptero que lo llevaría a una zona de combates, simuló estar en la aeronave con un ventilador y un pedazo de papel.

- Un periodista de televisión les pidió a varios agentes de tránsito que simularan un operativo de control de terrorismo en plena calle.

- Para simular que estaba en medio de uno de los famosos cacerolazos en Caracas (Venezuela), un periodista de radio transmitió con el sonido de un noticiero de televisión, desde la habitación de su hotel.

- A falta de imágenes de sobrevivientes de una masacre, otro reportero de un noticiero hizo pasar a su asistente de cámara como uno de ellos tapándole la cabeza con una toalla.

Pero las pocas veces que han ocurrido casos similares, las reacciones han sido más emocionales que profesionales.

"Lo primero que hace el medio es negarlo; después, creer que se trata de un problema interno, manejarlo privadamente, cuando se demuestra. El ejemplo de The New York Times es lo contrario: un medio se debe a su público y frente a su público debe resolver sus problemas."Según el codirector de El Tiempo, Rafael Santos Calderón, después de ver el caso de The New York Times lo asalta la duda de lo que puede estar pasando con los reporteros colombianos. "El caso que más recuerdo, en el que hayamos salido afectados -explica- es el de monseñor Nel Beltrán. Durante varias semanas sostuvimos la teoría de una reunión clandestina de monseñor, con la guerrilla en Cuba, cosa que él negó sistemáticamente. Le apostamos a una fuente anónima y la sostuvimos hasta el final. La fuente se rajó y puso en evidencia el chasco. Públicamente asumimos la responsabilidad. A eso le siguió una suspensión al jefe de redacción y al editor judicial de entonces.

"La lección -asegura- es que paremos un poquito el ritmo desenfrenado que llevamos para mirar el fondo ético de lo que pasó en Nueva York. Una licencia que no se puede permitir el periodismo es falsear la realidad. Es un pecado mortal. Yo creo que nosotros en el periodismo colombiano jugamos demasiado con eso. Hay falta de rigor."

¿Potenciar la noticia?

Es conocida una historia del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, relatada por él mismo en su autobiografía, Vivir para contarla. Cuando trabajaba en El Espectador fue enviado a cubrir un paro cívico. Cuando llegó, no había nada. Así que llamó al alcalde y al gobernador para que volvieran a organizarlo y así enviar sus informes.

"Técnicamente es una invención -opina al respecto el director de la revista Diners, Germán Santamaría-. Pero, periodísticamente diría que es un recurso para potenciar una noticia. A mi modo de ver, los cronistas se pueden permitir licencias que jamás podrían tener los redactores de noticias. Es el ejemplo de Gabo, que no regresó a decir que no había nada sino que construyó la noticia."

Otra cosa piensan estudiosos de la labor periodística, como Marta Ruiz, coordinadora del proyecto Antonio Nariño de libertad de expresión. "Hay una gran cantidad de licencias que los periodistas comienzan a darse. La gente tiene una confusión entre periodismo literario y duro. Cree que en el primero se vale inventarse cosas. Además, en todo tipo de periodistas hay cierta arrogancia. Creen que se las saben todas. En esto hay, primero que todo, mucho cinismo y mucha pereza", dice Ruiz.

Una de las lecciones que quedan de estos casos es la obligación de asumir la responsabilidad públicamente. Así lo afirma Gossaín: "En The New York Times renunciaron los directivos porque las responsabilidades las asumen los jefes". Entre tanto, Amat asegura que no es cuestión de imponer más controles: "Uno como director de un medio -explica- siempre parte de la base de la buena fe y la buena información de sus periodistas. No se podría manejar ningún medio si te pones a investigar si todas las noticias que ellos encuentran son buenas o mentiras".

La polémica del Times

El pasado 11 de mayo, The New York Times reconoció en cuatro de sus páginas que su periodista Jason Blair fabricó fuentes, inventó citas, además de otras irregularidades, en 36 artículos publicados desde el mes de octubre.

Días después, Blair se mostró arrepentido en entrevista con Newsweek y dijo: "(siento) una variedad de emociones, incluidos culpabilidad, vergüenza, tristeza, traición, libertad y aprecio por aquellos que me han apoyado y han intentado entender que hay una historia más profunda y no creen todo lo que leen en los periódicos".

El caso provocó tal indignación que la opinión reclamó inmediatamente las cabezas de los directores. Después, Rick Bragg, corresponsal del mismo diario en New Orleans, renunció al reconocer que usó a un periodista freelance para hacer reportería pero no le dio el crédito cuando publicó la nota.

La crisis llegó a su punto más grave con las renuncias del director y jefe de redacción del diario, que se produjeron el jueves 5 de junio.

Verdaderas mentiras

- En una prestigiosa revista colombiana, una fotógrafa debía hacer un trabajo en Urabá (Antioquia) sobre las mujeres que laboran en las bananeras. Como no encontró ninguna, buscó a las que llevaban años retiradas del oficio y las hizo posar como trabajadoras actuales para la foto. Cuando se conoció la verdad, le pidieron la renuncia.

- En un diario capitalino, un fotógrafo que llegó tarde a una masacre, les pidió a unos campesinos que se tiraran al suelo y fingieran ser cadáveres. Algo parecido hizo el corresponsal de un noticiero, que les pagó a varios campesinos para que hicieran lo mismo.

- Un reportero de radio que no alcanzó a subirse al helicóptero que lo llevaría a una zona de combates, simuló estar en la aeronave con un ventilador y un pedazo de papel.

- Un periodista de televisión les pidió a varios agentes de tránsito que simularan un operativo de control de terrorismo en plena calle.

- Para simular que estaba en medio de uno de los famosos cacerolazos en Caracas (Venezuela), un periodista de radio transmitió con el sonido de un noticiero de televisión, desde la habitación de su hotel.

- A falta de imágenes de sobrevivientes de una masacre, otro reportero de un noticiero hizo pasar a su asistente de cámara como uno de ellos tapándole la cabeza con una toalla.


* Liliana Martínez Polo y Jimmy Arias son redactores de la sección Cultura del diario colombiano El Tiempo, donde publicaron este texto el 8 junio 2003.


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