RsF:
La libertad de prensa en el mundo - Informe 2003
La
prensa, un contrapoder
apreciado de diversas maneras
En 2002,
la situación de la libertad de prensa se
degradó en varios estados, como Colombia y
Venezuela. En ninguno de los países de la
región se registraron progresos sensibles. En
este aspecto, el continente americano sigue
siendo una tierra de contrastes. Junto a países
respetuosos con la libertad de prensa, como los
Estados de América del Norte, Ecuador, la
República Dominicana y Uruguay, persisten
Estados, como Cuba y Colombia, donde la niegan
las autoridades, y los grupos armados.
En Estados
Unidos, todavía se dejan sentir los efectos del
11 de septiembre. En su guerra contra el
terrorismo, la administración Bush se preocupa
sobre todo de controlar su imagen. En la base
militar de Guantánamo, esa voluntad se traduce
en la creciente imposición de restricciones a
los periodistas, cuyas primeras fotos de los
prisioneros atados causaron un gran impacto en la
comunidad internacional. Para garantizar que la
guerra contra el terrorismo no se perciba en el
extranjero como una guerra contra el Islam, las
autoridades pensaron en recurrir a la
desinformación, antes de optar por la difusión,
en los países musulmanes, de programas de radio
y de televisión, en los que se da una imagen de
Estados Unidos respetuosa con su religión. Por
otra parte, tanto en Estados Unidos como en
Canadá, el poder judicial considera a veces a
los periodistas como sus auxiliares
exigiéndoles, entre otras cosas, que le
entreguen su material, para avanzar en las
investigaciones.
En América
Latina, la primera amenaza para la prensa sigue
siendo la violencia. También este año murieron
9 profesionales de los medios de comunicación,
219 periodistas fueron agredidos y 122
amenazados. Una vez más, con tres periodistas y
dos colaboradores de los medios muertos en 2002,
Colombia aparece como el país más peligroso
para la profesión. Los otros países afectados
por asesinatos son Brasil (2), Venezuela (1) y
Haití (1). Durante algunas manifestaciones se
produjeron numerosos casos de agresiones,
especialmente en Venezuela (58), y en Argentina
(42), que registraron importantes movimientos de
protesta. Las agresiones y las amenazas también
son una manera de reprimir la publicación de
artículos molestos, y de disuadir así a los
periodistas, de ejercer su oficio. A la censura
de la época de las dictaduras le ha seguido la
implantación de la autocensura.
Los actos de
violencia contra la prensa no se repetirían cada
año si sus autores no disfrutaran de una
impunidad casi total. En Haití, no progresan las
investigaciones sobre las muertes de dos
periodistas, en las que están implicadas algunas
personas cercanas al poder. El gobierno quiere
demostrar así que quienes atacan a sus
detractores no tienen nada que temer. En
Colombia, lo mismo que en Brasil y en México,
todavía son raras las condenas de asesinos de
periodistas. Felizmente, en Argentina, en Costa
Rica, en Paraguay y en Perú, las nuevas condenas
y los progresos realizados en las investigaciones
sobre asesinatos de periodistas, proporcionan un
poco de esperanza.
Colombia, donde
se registró el mayor número de periodistas
amenazados (45) es, sin duda, el país con la
autocensura más fuerte. El recrudecimiento del
conflicto armado, tras la ruptura del proceso de
paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y la
guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC), explica la nueva degradación
de la situación de la libertad de prensa. En
varios departamentos, en los que se disputan el
control el ejército, las guerrillas y los grupos
paramilitares (extrema derecha), las presiones
sobre las redacciones son muy fuertes. Tras la
elección para la presidencia de Alvaro Uribe
Vélez, partidario de la mano dura, por primera
vez el gobierno colombiano apareció como una
amenaza para la libertad de prensa, al querer
imponer, a la prensa extranjera, restricciones en
el acceso a algunas regiones del país. Unas
disposiciones que finalmente rechazó la Corte
Constitucional.
En Haití, se
agravó igualmente la situación de la prensa.
Las milicias armadas paralegales, más conocidas
con el nombre de « organizaciones populares »,
continuaron atacando a los periodistas que
critican la acción del presidente, Jean-Bertrand
Aristide, al que la población ya ha empezado a
pedirle que se marche. Cerca de cuarenta
periodistas fueron amenazados y agredidos. Esas
« organizaciones populares » hacen así el
trabajo negro del gobierno, con total impunidad.
Este año faltó poco para que mataran a otro
periodista. El 25 de diciembre, dos hombres
abrieron fuego sobre el domicilio de Michèle
Montas, directora de Radio Hati Inter y
viuda del periodista asesinado Jean Dominique,
matando a uno de sus guardaespaldas.
A juzgar por el
número de periodistas agredidos (58) y
amenazados (16), también en Venezuela se
degradó la situación de la libertad de prensa.
Los periodistas están pagando muy cara la
extremada polarización de la sociedad, entre
partidarios y opositores del presidente Chávez.
Sus partidarios multiplicaron los actos de
intimidación contra los medios de comunicación
privados, y las agresiones de los periodistas que
acudían a cubrir las manifestaciones. Se vieron
animados por las declaraciones del jefe del
Estado contra la prensa, y por el radicalismo de
las posiciones de ésta contra él. En ocasiones,
la prensa privada olvidó las más elementales
reglas de deontología. Hasta el punto de avalar
el intento de golpe de Estado del mes de abril,
cuyos cabecillas reprimieron inmediatamente a los
medios de comunicación considerados pro-Chávez.
Todavía no se sabe quién, de entre los
partidarios del Presidente o de las fuerzas
golpistas, disparó sobre el fotógrafo Jorge
Tortoza, que murió el día del golpe de Estado.
Aunque menos
grave, la situación de la libertad de prensa
sigue siendo, sin embargo, preocupante en México
y en Brasil. En ambos países, la prensa de
audiencia o de circulación nacional no encuentra
grandes trabas por parte del gobierno federal. En
cambio, en Brasil, los grupos de mafiosos o de
narcotraficantes mataron a dos periodistas. En
México, los casos de amenazas y presiones contra
periodistas siguen siendo moneda corriente en las
provincias, donde los cargos locales,
funcionarios y policías, todavía aceptan con
dificultad el contra-poder que representa la
prensa. Un problema que también padecen en otros
países de gran superficie del continente, como
Perú o Argentina. En el primero de ellos, tras
la marcha de Alberto Fujimori el gobierno dejó
de acosar a los medios de comunicación de la
capital, pero las agresiones continuaron en el
interior del país. En Argentina, las provincias
disfrutan de una gran autonomía, y la clase
política local no duda a la hora de elaborar
textos legales liberticidas, respondiendo a sus
necesidades.
En otros países
latinoamericanos, la amenaza a la libertad de
prensa no procede tanto de la violencia como de
la legislación. Así, en Panamá y en Chile, la
ley sigue estableciendo penas de cárcel para los
delitos de difamación o desacato. En el primer
de ellos, se presentaron veintiuna denuncias por
esos motivos, en 2002. Según el defensor del
pueblo (ombudsman), esta legislación «
anacrónica » se ha convertido en un arma, en
manos de los funcionarios. En Costa Rica, la
profesión denuncia la autocensura, provocada por
leyes que sancionan la reproducción de
declaraciones que se consideran ofensivas y pone
la prueba de su inocencia a cargo de los
periodistas acusados de difamación. Por otra
parte, algunos periodistas en México recibieron
presiones de la justicia para que revelaran sus
fuentes y, puntualmente, en Argentina, en Chile y
en Paraguay. En Brasil, donde se celebraron
elecciones generales, la justicia, encargada
especialmente de controlar las informaciones
publicadas sobre los diferentes candidatos,
recuperó la censura. Finalmente, en Guatemala,
es una buena noticia la decisión del Consejo
Constitucional de suspender la aplicación de una
ley, que obligaba a los periodistas a inscribirse
en un colegio profesional. En cambio, en ese
país siguen siendo peligrosas, para los
profesionales de los medios de comunicación, las
investigaciones sobre la corrupción y las
exacciones cometidas en la época de la guerra
civil (1960 - 1996).
En Cuba, donde
el monopolio estatal de la información está
inscrito en la Constitución, cualquier
información independiente es, por definición,
ilegal. En ese contexto, un centenar de
periodistas independientes, agrupados en una
veintena de agencias de prensa no reconocidas,
intentan sin embargo ejercer su derecho a
informar. La represión contra ellos tiene como
objetivo impedirles difundir entre la población
noticias no controladas. Padecen un acoso
constante : detenciones, amenazas de cárcel,
escuchas telefónicas...Este año, tres de ellos
fueron detenidos. Otros cuatro emprendieron el
camino del exilio. El espacio mediático está
ocupado exclusivamente por la prensa oficial, que
se guarda mucho de recordar su existencia, o la
de la oposición. Las autoridades no han dado
ninguna señal de repliegue. La aparición en la
isla, a finales de año, de una revista disidente
representa el primer desafío al monopolio
estatal de la información, desde hace varios
años.
A pesar de la
degradación de la situación de la libertad de
prensa, constatada en 2002 en Colombia,
Venezuela, Haití, e incluso Argentina, es
necesario recordar que es satisfactoria en varios
países, tales como Ecuador, República
Dominicana y Uruguay, donde las agresiones contra
los medios de comunicación y los periodistas,
solo aparecen como hechos aislados. Esos países
dan testimonio del anclaje de la democracia en un
continente, en el que hace veinticinco años más
de la mitad de los Estados vivían todavía bajo
un régimen dictatorial. La aparición o la
consolidación de organizaciones de defensa de la
libertad de prensa en Chile, Colombia, Perú, El
Salvador y Venezuela, debería servir para
afianzar esa tendencia.
Actualización
Américas - Informe anual 2003
Los primeros
meses del año 2003 han sido particularmente
negros para la libertad de prensa en América
Latina. El 18 de marzo, aprovechando la
inminencia de la ofensiva norteamericana en Irak,
las autoridades cubanas lanzaron una oleada de
represión sin precedente. En menos de una semana
detuvieron a 78 disidentes, de los que 26 son
periodistas independientes. A éstos se les
condenó inmediatamente, en el curso de procesos
estalinistas, a penas que llegan hasta los 27
años de cárcel. En poco días Cuba se ha
convertido, por delante de Eritrea, Birmania y
China, en la mayor cárcel del mundo para los
periodistas.
En Colombia
continúa la violencia de los grupos armados
contra la prensa. Solo en el Departamento de
Arauca (noreste del país) han matado a un
periodista, secuestrado a siete y otros
dieciséis se han visto obligados a abandonar la
región, tras recibir amenazas. La muerte, el 18
de marzo, de Luis Eduardo Alfonso, evidencia la
falta de medios del programa gubernamental de
protección de periodistas, del que debió
beneficiarse este profesional de la prensa. A
tres periodistas más les mataron en abril.
En Haití, la
norma para los asesinos de periodistas sigue
siendo la impunidad. El 21 de marzo, las
conclusiones de la investigación del juez
Saint-Vil sobre el asesinato, en abril de 2000,
de Jean Dominique, director de Radio Haïti
Inter, no señalan a ningún autor intelectual.
Un mes antes, la emisora se vio obligada a
cerrar, después de que sus empleados recibieran
nuevamente amenazas. Desde el 1 de enero de 2003,
y temiendo por su seguridad, una decena de
periodistas críticos con el presidente Aristide
ha emprendido el camino del exilio.
Finalmente, en
Venezuela, Hugo Chávez se aprovechó del fracaso
de la huelga convocada por la oposición a
finales de 2002, y a la que se unieron los medios
de comunicación, para lanzar una amplia ofensiva
contra la prensa : amenaza de cierre de varios
canales privados, restablecimiento del control de
cambios que amenaza el aprovisionamiento de papel
para la prensa escrita, adopción de una ley
liberticida para la prensa...Una política de
intimidación que se ha endurecido con los medios
de comunicación que han radicalizado su discurso
contra el Presidente, a costa de faltar a la
deontología profesional.
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