Sala de Prensa

55
Mayo 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


CPJ:
Los 10 peores lugares del mundo
para ser periodista

Nueva York.- El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, el sábado 3 de mayo, nombrando los peores lugares del mundo para ejercer el periodismo. La lista de 10 lugares representa toda la gama de amenazas actuales a la libertad de prensa.

Encabezando la lista aparece Iraq, donde nueve periodistas que cubrían la guerra liderada por Estados Unidos cayeron en el cumplimiento del deber durante las primeras tres semanas de hostilidades, víctima del fuego iraquí o estadounidense, minas o atentados suicidas. Otros cuatro periodistas murieron a causa de accidentes o enfermedades en Iraq. La brutal ofensiva desatada en el mes de marzo en Cuba por el gobierno de Fidel Castro llevó a 28 periodistas a la cárcel, donde cumplen largas condenas de prisión de hasta 27 años. Durante el año pasado, los periodistas independientes de Vietnam que se atrevieron a criticar al gobernante Partido Comunista en la prensa escrita o en la Internet, fueron acosados, puestos bajo estrecha vigilancia o enviados a prisión. El CPJ también colocó a Afganistán, Chechenia, Gaza y Cisjordania, Eritrea, Togo, Colombia y Belarús en la lista de los peores lugares para ser periodista.

«Muchos periodistas que dan a conocer las noticias desde estos lugares han realizado el último sacrificio; otros están en la cárcel cumpliendo largas condenas», señaló Joel Simon, director en funciones del CPJ. «Pero sus colegas perseveran, enfrentando ofensivas del gobierno, violencia física, duras leyes de prensa y el fuego indiscriminado para brindarnos las noticias», agregó Simon.

Iraq
La guerra liderada por Estados Unidos contra Iraq ha dejado un elevado saldo de víctimas entre los periodistas que cubrían el conflicto. Nueve periodistas cayeron mientras cumplían con su trabajo en las primeras tres semanas de hostilidades, víctima del fuego iraquí o estadounidense, de las minas terrestres o de atentados suicidas. (Otros cuatro fallecieron a causa de accidentes o enfermedades.) Varios más resultaron heridos y dos permanecen desaparecidos. Aquéllos que no estaban en la línea de fuego encontraron otras dificultades: las fuerzas estadounidenses e iraquíes detuvieron a más de 24 periodistas. Si bien la mayor parte de los combates parecen haber culminado, las condiciones de seguridad para los periodistas siguen siendo precarias: el bandidaje, los tiroteos y las agresiones físicas probablemente convertirán a Iraq en la tarea reporteril más peligrosa en el futuro inmediato.

Cuba
En marzo, mientras la atención internacional se concentraba en Iraq, las autoridades cubanas lanzaron una amplia ofensiva contra la disidencia y la joven prensa independiente de la isla. En total, 28 periodistas fueron arrestados, condenados en juicios sumarios de un día, sancionados con penas privativas de libertad de 14 a 27 años y dispersados en las tantas prisiones del sistema penal cubano.

La embestida, aunque no tiene precedentes por su escala, es la culminación de años de represión e intimidación que comprendieron encarcelamientos, exilios forzosos, confiscación de propiedad, suspensión de servicio telefónico y actos de hostigamiento orquestados por grupos de partidarios del gobierno. Los periodistas cubanos, quienes dictan y envían por fax sus artículos sobre violaciones de los derechos humanos y corrupción a sus colegas en el exterior, representan un desafío directo al monopolio informativo que el presidente Fidel Castro Ruz ejerce en la isla.

Vietnam
Durante el año pasado, las autoridades vietnamitas intensificaron la represión contra escritores independientes y disidentes políticos. Aquéllos que publiquen noticias u opiniones que contradigan la línea del Partido Comunista son acosados, puestos bajo estrecha vigilancia o encarcelados. El gobierno acostumbra a acusar a los periodistas independientes de poner en peligro la seguridad nacional e incluso trata la crítica moderada al gobierno o el apoyo a las reformas democráticas como delitos de traición. Ocho periodistas languidecen en las prisiones de Vietnam o se encuentran bajo arresto domiciliario. En los últimos meses, periodistas locales han expresado su temor a una ofensiva más amplia luego de informarse que las autoridades habían compilado una «lista negra» nacional de escritores y disidentes.

Como los periodistas independientes se vuelcan en forma creciente a la Internet para distribuir noticias o informaciones que los medios oficiales no publican, el gobierno ha limitado las ya de por sí estrictas regulaciones que rigen el contenido de la Internet y ha intensificado la vigilancia del ciberespacio. Cinco de los periodistas vietnamitas encarcelados fueron objeto de represalia por publicar en la Internet —entre ellos Nguyen Khac Toan, quien fue sentenciado en diciembre del 2002 a 12 años de prisión, una de las condenas más duras que ha recibido un periodista en los últimos años—. A mediados de abril, el órgano oficial del ejército, Quan Doi Nhan Dan, publicó un editorial que reclamaba mayores controles sobre la Internet y sanciones más severas para los que hicieran circular «contenido reaccionario y depravado» en el ciberespacio.

Afganistán
El poder sin control de los caudillos locales y el frágil estado de derecho hacen de Afganistán un entorno inhóspito para la prensa. A pesar de las nuevas libertades que disfrutan los medios tras la caída del represivo régimen talibán, los periodistas sostienen que es imposible escribir y hablar libremente a causa de las amenazas, actos de intimidación y agresiones. Estos abusos con frecuencia son cometidos por políticos y comandantes militares que utilizan a las fuerzas de seguridad del gobierno para hostigar a los periodistas independientes.

A pesar de que los líderes del gobierno de transición afgano —inclusive el presidente Hamid Karzai— han hecho campaña pública a favor de la libertad de prensa, no se han tomado medidas enérgicas para detener los ataques contra la prensa. A mediados de marzo, por ejemplo, un reportero de Radio Liberty, radioemisora financiada por Estados Unidos, fue golpeado, detenido y expulsado de la provincia occidental de Herat por orden del gobernador y poderoso caudillo local Ismail Khan. En muchos casos, los periodistas no denuncian públicamente dichos ataques y se autocensuran por temor a mayores represalias. El CPJ ha documentado varios casos de periodistas que han pasado a la clandestinidad en forma temporal o han huido luego de recibir amenazas.

Chechenia
Los periodistas que trabajan en Chechenia hacen frente a la violencia, las amenazas y las brutalidades cotidianas de la guerra. En la última década, 18 periodistas han caído en el cumplimiento de su deber. En la actualidad sólo un puñado de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas para dar a conocer las noticias de la región. Los que se atreven a ir a Chechenia se encuentran atrapados en el medio de una intensa guerra de propaganda entre el Kremlin y los rebeldes chechenos. Los periodistas acreditados oficialmente en Chechenia están en su mayoría confinados a un centro de prensa militar, donde reciben información censurada. Los viajes sólo se permiten con custodia policial reforzada, lo que impide informar de modo independiente. Los periodistas que ingresan a Chechenia en forma clandestina para investigar abusos de los derechos humanos y describen una versión no aprobada del conflicto pueden ser detenidos o agredidos por las fuerzas militares rusas. La Cancillería con frecuencia niega el visado a los corresponsales extranjeros cuya cobertura informativa de la región es considerada contraria a Rusia, o incluso los ponen en una lista negra. Gracias a estas medidas, el gobierno ha logrado evitar que los periodistas informen sobre la devastación causada por la guerra.

Gaza y Cisjordania
El fuego indiscriminado del ejército israelí ha convertido a los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania en una peligrosa tarea reporteril. Tres periodistas han sido abatidos por las balas israelíes en los últimos 12 meses, entre ellos el camarógrafo Nazeh Darwazeh, a quien un soldado israelí disparó a quemarropa en la cabeza en abril pasado, a pesar de que se le podía identificar claramente como miembro de la prensa. Los soldados israelíes son raramente sancionados por dispararles a los periodistas.

Los periodistas que trabajan cerca de la línea del frente en Gaza y Cisjordania siguen enfrentando otros obstáculos. En los últimos meses, periodistas han resultado heridos como consecuencia de ofensivas militares israelíes; el ejército israelí ha clausurado dos radioemisoras palestinas; y los puestos de control militar y la dura política del gobierno israelí de limitar la acreditación a la prensa siguen obstaculizando el trabajo periodístico. Además, los colonos judíos militantes ejecutan violentos ataques contra periodistas; mientras que las fuerzas de seguridad y milicias palestinas han agredido y amenazado a periodistas y les han confiscado sus materiales.

Eritrea
Eritrea ha sido el país africano que más ha encarcelado a periodistas desde septiembre del 2001, cuando el gobierno proscribió a toda la prensa privada y arrestó a periodistas independientes. En la actualidad, dieciocho periodistas están encerrados en prisiones secretas del pequeño país del Mar Rojo. Miembro activo de la coalición que apoyó la invasión estadounidense a Iraq, el presidente Isaías Afewerki acusa a los periodistas independientes de tener vínculos con terroristas, cometer espionaje y «poner en peligro la unidad nacional». Las autoridades continúan insistiendo en que la prensa privada también trabaja sin los debidos permisos, y que los periodistas independientes frecuentemente evaden el servicio militar obligatorio.

El partido de gobierno ejerce un férreo control sobre los medios estatales, cuyos empleados hacen frente a la censura y practican la autocensura. Afewerki no se ha inmutado por las continuas denuncias internacionales del balance de su gobierno en materia de derechos humanos e insiste en descalificar a sus críticos en el extranjero y catalogarlos de enemigos de Eritrea.

Togo
Desde que el gobierno sancionó una dura ley de prensa en enero del 2000, Togo se ha convertido en uno de los peores lugares para ejercer el periodismo de la región subsahariana. A fines de marzo del 2003, el gobierno prohibió temporalmente que los corresponsales extranjeros trabajaran en el país, en represalia porque la prensa extranjera no cubrió la inauguración de una conferencia sobre las elecciones africanas en la capital, Lomé. Varios periodistas han sido encarcelados en los últimos tres años por delitos de prensa; otros se han escondido para evitar el arresto. Por orden del ministro del Interior, la policía en forma rutinaria va a las plantas impresoras y confisca ediciones completas de diarios. Las autoridades han clausurado medios de prensa, como las emisoras independientes Radio Victoire y Tropik FM; han bloqueado sitios de Internet; y han interferido las frecuencias de radioemisoras críticas del mandatario Gnassingbé Eyadéma y su partido, el gobernante Reagrupamiento del Pueblo Togolés (RPT). En septiembre del 2002, el parlamento togolés aprobó una reforma del código de prensa que incrementó drásticamente las sanciones para los delitos de prensa. Ahora, un periodista puede ser encarcelado hasta cinco años y sancionado con una multa de 8 mil dólares estadounidenses «por insultar al jefe de estado».

Colombia
La guerra civil de casi cuatro décadas ha dejado un saldo brutal en la prensa del país: más de 30 periodistas han sido asesinados en la última década por su trabajo, y los comunicadores continúan siendo atacados. El CPJ está investigando el homicidio de dos periodistas que fueron asesinados esta semana, posiblemente para silenciarlos. Además, Luis Eduardo Alfonso, reportero de Radio Meridiano-70, fue asesinado el 18 de marzo del 2003, después de criticar a los paramilitares, quienes combaten, junto con las fuerzas del gobierno, contra las guerrillas de izquierda.

Por otro lado, la falta de autoridad del gobierno en vastas zonas del país deja a los periodistas en una posición particularmente vulnerable frente a rebeldes y paramilitares. En enero, combatientes rebeldes secuestraron a dos periodistas extranjeros que trabajaban para el diario estadounidense Los Angeles Times y los mantuvieron en su poder por varios días. El fracaso del gobierno en enjuiciar a los responsables de estos crímenes ha perpetuado un clima de impunidad que deja a los periodistas desprotegidos frente a la violencia y ha provocado el exilio de muchos otros.

Belarús
El presidente Alexander Lukashenko continúa su ofensiva contra la asediada prensa independiente y opositora. En abril del 2003, Lukashenko anunció planes de crear un «sistema ideológico estatal» que le otorgará al gobierno poderes al estilo Gran Hermano sobre la cobertura periodística no estatal. Por otra parte, la propuesta de Ley de Medios de Difusión Masivos hará que las publicaciones de Internet sean sometidas a la misma censura asfixiante que la prensa escrita.

En el 2002, por primera vez periodistas de Belarús fueron condenados por difamación y recibieron penas de trabajo correctivas de entre 12 y 24 meses por criticar a Lukashenko en vísperas de las elecciones presidenciales del 2001. Demandas civiles por difamación, que son alimentadas por motivos políticos y culminan con multas exorbitantes, continúan debilitando a los medios, forzando a una destacada publicación independiente a cerrar en el 2002.

La desaparición del camarógrafo ruso Dmitry Zavadsky en julio del 2002 es un escalofriante recuerdo de los riesgos que enfrentan los periodistas en Belarús. A pesar de que dos ex miembros de Almaz, la unidad élite de tropas especiales de Belarús, fueron condenados en el 2002 por secuestrar al periodista, la Fiscalía no investigó acusaciones sobre la supuesta participación del gobierno en el secuestro. La Fiscalía reabrió el caso Zavadsky en diciembre, pero no se ha informado de ningún avance.


* El CPJ es una organización independiente sin ánimo de lucro radicada en Nueva York, y se dedica a defender la libertad de prensa en todas partes del mundo.


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