Sala de Prensa

54
Abril 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Testigos incómodos

Sanjuana Martínez y Anne Marie Mergier *

"Los periodistas se han convertido en testigos molestos para Washington. Se lo dijo con un proyectil disparado contra el hotel donde se alojan. No ha sido el primer aviso. Sus presiones para que salgamos de Bagdad refuerzan esa tesis". Así describe la enviada de El País, Ángeles Espinosa, la reacción estadunidense ante el trabajo informativo de la prensa internacional no controlada y que cuestiona la imagen de "guerra limpia" de Estados Unidos en Irak.

El costo ha sido demasiado alto.

Apenas dos semanas después de comenzada la guerra lanzada por Washington y Londres contra Irak, la cuenta ya era de tres periodistas muertos, cuatro heridos y dos desaparecidos, además del acoso los periodistas no integrados a las fuerzas anglo-estadunidenses ni controlados por ellas.
El 8 de abril, las bajas de la prensa llegaron a nueve periodistas muertos, siete más heridos, cuatro desaparecidos.
 

Periodistas muertos en acción

22.03.2003 - Paul Moran, Australian Broadcasting Corporation
23.03.2003 - Terry Lloyd, ITV News
02.04.2003 - Kaveh Golestan, BBC
04.04.2003 - Michael Kelly, The Washington Post
07.04.2003 - Julio Anguita Parrado, El Mundo
07.04.2003 - Christian Liebig, Focus
08.04.2003 - Tarek Ayoub, Al-Jazira
08.04.2003 - Taras Protsyuk, Reuters
08.04.2003 - José Couso, Tele 5
14.04.2003 - Mario Podestá, América TV
+ Ocho periodistas heridos
+ Cuatro periodistas desaparecidos
(Fuente: SdP, elaboracion propia)


El 27 de marzo Koichiro Matsuura, director general de la UNESCO, tuvo que exigir públicamente que los beligerantes respetaran el artículo 79 del Protocolo Adicional de la Convención de Ginebra.

Ese artículo establece que los "periodistas involucrados en misiones profesionales peligrosas en zonas de conflictos armados deben ser considerados como civiles". Matsuura insistió además en la necesidad de mantener "un flujo libre de información".

Los abusos contra los periodistas movilizan también a la organización francesa Reporteros sin Fronteras, que ha realizado una campaña para denunciar las violaciones al derecho de informar e interviene ante las autoridades responsables de las mismas.

Primeras bajas

Los primeros periodistas víctimas de la guerra fueron cuatro integrantes de un equipo de la televisión independiente británica ITN. El 22 de marzo los dos vehículos civiles que utilizaban, en los cuales estaban claramente pintadas las letras "TV", fueron blanco de disparos estadunidenses y británicos, en Iaman Anas, cerca de Basora, en el sur de Irak.

Terry Lloyd, 51 años, veterano reportero de ITN fue herido mortalmente. Reporteros de la televisión Al-Jazira identificaron su cuerpo en la morgue de un centro médico. Dos otros integrantes del equipo desaparecieron: Fréderic Nérac, 43 años, camarógrafo francés, y Hussein Othman, intérprete, de nacionalidad libanesa. Otro camarógrafo del grupo, Daniel Demoustier, belga, resultó ligeramente herido. Fue recogido en el lugar de los hechos por colegas británicos del diario Daily Mail.

Según Demoustier, al llegar cerca de Iaman Anas los dos coches del equipo fueron interceptados por un "todo terreno" y una camioneta iraquí armada con metralletas, que los obligaron a darse la vuelta. En su camino de regreso las tropas aliadas empezaron a dispararles. El tiroteo duró 20 minutos.

El mismo 22 de abril el camarógrafo australiano, Paul Moran, 39 años, de la cadena australiana ABC, murió en el Kurdistán iraquí en un atentado con coche bomba. Moran y su colega Eric Campbell, quien resultó herido, estaban estacionados en un puesto de control en las afueras del pueblo de Khorma, cerca de la frontera iraní. Su intención era entrar en la aldea para entrevistar a los refugiados iraquíes. De repente surgió un taxi que chocó con su coche y explotó.

En esa zona fronteriza con Irán estaba desplegado el grupo islamita Ansar Al-Islam, que según Washington y Londres podría tener estrechas relaciones con Al-Qaeda. Una de las primeras tareas de las fuerzas especiales estadunidenses, que se encuentran en el norte de Irak, fue atacar a estos guerrilleros.

El domingo 30 de marzo Gaby Rado, 48 años, británico de origen húngaro, reconocido corresponsal de la cadena inglesa Channel 4 en el norte de Irak, murió al caerse del techo de su hotel en la ciudad kurda Sulemaniye. Todo parece indicar que se trató de un accidente.

El martes 2 de abril, Kaveh Ibrahim Golestan, iraní de 52 años, talentoso camarógrafo de la BBC británica, murió también en el norte de Irak y resulto herido el productor Stuart Hughes, británico. Ambos fueron víctimas de minas antipersonales.

Con otros periodistas querían filmar posiciones militares abandonadas en Kifri por el ejército iraquí en la zona fronteriza entre el Kurdistán autónomo e Irak. Según testigos de los hechos, al bajarse de su coche, Hughes piso una mina que lo hirió gravemente en la rodilla. Asustado por la detonación Golestan se precipito fuera del vehículo y pisó otra mina, que lo mató en el instante. Jim Muir, corresponsal de la BBC en Irán, que viajaba con ellos, resulto ligeramente herido. Muir y Golestan llevaban dos meses en Irak. Golestan había recibido el Premio Pulitzer.

Hay noticias contradictorias acerca de la suerte de tres periodistas de la cadena Al-Arabiya, de Dubai, que desaparecieron el 22 de marzo: Wael Awad, reportero sirio, Talal Fawzi al-Masri y Ali Hasan Safa, ambos libaneses, respectivamente camarógrafo y técnico. Según Reporteros sin Fronteras se habrían comunicado con sus familias el 28 de marzo, mientras que el diario británico The Guardian afirma que se sigue sin conocer su paradero.

Asesinatos

La opinión es unánime: el tiroteo del tanque estadunidense contra el Hotel Palestina donde murieron dos periodistas y otros cuatro resultaron heridos, el martes 8 de abril, fue un "crimen de guerra" y no un "ataque en defensa propia" como afirma el Pentágono.

En "la guerra mejor contada", donde en apenas 21 días han muerto 11 periodistas, siete han resultado heridos y hay otros cuatro desaparecidos, el ejército estadunidense ha querido acallar a los testigos más incómodos que le estorbaban en su incursión bélica por Bagdad. Y lo ha hecho disparando deliberadamente y a mansalva contra quienes habían cometido el "delito" contar lo que pasaba en primera línea.

Así coincide en señalar un grupo de periodistas convertidos en testigos claves para demostrar la culpabilidad de las tropas estadunidenses en lo que ya se conoce como: "la matanza de periodistas" del martes 8 de abril.

La tragedia empezó temprano. Un caza estadunidense atacó los estudios de la cadena Al-Jazira ubicada en el barrio residencial de Al Mansur, a orillas del río Tigris a las 7:45 de la mañana, en ese momento el reportero jordano-palestino Tareq Ayoubi transmitía desde el tejado grabado por el camarógrafo iraquí Zuheri. Al mismo tiempo, según los videos de otras televisoras, un tanque desde la otra orilla del río disparó directamente al edificio. Tareq murió de manera casi instantánea, mientras que el otro resultaba herido.

El vídeo filmado en ese momento es una de las principales pruebas de que el caza disparaba un cohete al tiempo de que se lanzaba en picada contra el edificio de las improvisadas oficinas de Al-Jazira en Bagdad para seguir abriendo fuego. Además, otras dos televisoras, una británica y otra francesa, grabaron a un vehículo blindado estadunidense que también disparaba directamente al edificio.

"Vimos volar proyectiles y oímos luego que se acercaba el caza. El aparato volaba tan bajo que quienes estábamos en el piso de abajo pensamos que aterrizaría sobre el tejado. Lo oíamos muy cerca, de hecho, pudimos oír hasta el disparo del lanzamiento del cohete. Fue un golpe seco y fuerte...", comenta Maher Abdullah, uno de los reporteros que logró salvar la vida.

No es la primera vez que Al-Jazira se convierte en objetivo militar para Estados Unidos. El año pasado, un día antes de la invasión a Kabul, uno de sus cazabombarderos lanzó un misil de crucero contra sus oficinas. Allí estaba el corresponsal Taiseer Alouni, quien había logrado entrevistar a Ossama Bin Laden unos años antes y el que emitió a todo el mundo los mensajes del líder de Al Qaeda, luego del ataque terrorista del 11 de septiembre.

Son diez los informadores de Al-Jazira que en los últimos años han muerto cubriendo conflictos bélicos. Dima Jativ, jefa de redacción de Al-Jazira está segura que los ataques militares estadunidenses son intencionados: "Los bombardeos del lunes y el martes son la mejor demostración. Fue un disparo de un carro de combate del ejército de Estados Unidos el que acabó con la vida de nuestros compañeros".

Desde su oficina en Qatar, añade: "Ha sido un ataque contra la prensa y la televisión internacional que están dando una imagen que no es la que Estados Unidos quiere que veamos. No ha sido una casualidad, sabían a quién disparaban".

Para Jativ, el problema es que Al-Jazira está dando la verdadera imagen de los estadunidenses al difundir las escenas de los civiles muertos y heridos: "Ya no son el ejemplo de país democrático defensor de los derechos humanos y de eso tenemos mucha culpa los periodistas, así que también nos consideran enemigos, porque estamos ofreciendo una versión de la guerra que los estadunidenses preferían que no se viera".

Junto a los reporteros de Al-Jazira en Bagdad estaban también los periodistas de la cadena Abu Dhabi; en total eran 25, y en pocas horas después del ataque aéreo, quedaron atrapados entre el fuego cruzado de las fuerzas estadunidenses e iraquíes; mientras el bombardeo de los aviones del ejercito estadunidense, directo a las oficinas, no cesaba.

"Nuestras vidas están en grave peligro debido al intenso bombardeo en la zona donde estamos atrapados. Pedimos a la Media Luna Roja que llame a la Cruz Roja Internacional para que intervenga urgentemente y nos rescate porque hay fuertes bombardeos con misiles y artillería en la zona, donde hay civiles", suplicó inútilmente Shaker Hamid, jefe del equipo de Abu Dhabi.

Un camarógrafo de la cadena británica de televisión Sky News, grabó el momento en que un tanque estadunidense disparaba directamente contra las oficinas de ambas televisoras árabes.

Eran las 12 del día y, en ese momento, el reportero David Charter de Sky News advirtió el giro del cañón del tanque estadunidense, dirigiéndose directamente a la planta número 15 del Hotel Palestina donde se encontraban las oficinas de la agencia Reuters.

Todo está grabado, incluso existe un segundo video rodado por el equipo del canal francés de televisión France 3 que se encontraban en la habitación contigua al equipo de Reuters y filmaron el avance del tanque sobre el puente Jumhuriya.

El proyectil fue preciso y mató al camarógrafo ucraniano Sasha Protsyuk, que en ese momento también filmaba el avance del tanque dirigiéndose al hotel. Hirió a otros tres miembros del equipo de la agencia británica de noticias: el coordinador británico de satélites Paul Pasquale, la editora jefe de Reuters para el Golfo Pérsico, la libanesa-palestina Samia Najul y el fotógrafo iraquí Faleh Jeiber.

En el piso 14, se encontraba el camarógrafo de la cadena española de televisión Telecinco, José Couso, quien resultó gravemente herido. El corresponsal Jon Sistiaga le hizo un torniquete en su pierna derecha, casi destrozada y le alcanzó a decir. "Ha sido un obús iraquí", pero Couso le contestó con el último suspiró de vida que le quedaba: "No, Jon, ha sido el carro de combate". Herido de muerte, no logró superar la operación a la que fue sometido y horas después falleció.

Abatido, Sistiaga asegura que al día siguiente fue testigo de que los militares estadunidenses que disparaban desde los tanques traían unos mapas con las posiciones exactas "casi milimétricas" de quien ocupaba cada una de las habitaciones del Hotel Palestina.

"No fue un error, ha sido un asesinato. Ese tanque ha disparado de manera premeditada y eso tendrán que explicarlo. ¿Por qué han elegido este objetivo, un hotel donde se encuentra todos los periodistas? Esta guerra se volvió demasiado sucia. José Couso no vino aquí porque le gustaba la guerra, sino porque sentía que su presencia era importante para enseñar lo que ocurría. Y así ha muerto."

Desde Qatar, el mando central del Pentágono aseguraba que el carro blindado respondió simplemente en "legitima defensa", ya que en el Hotel Palestina "había francotiradores".

De los 300 periodistas que en ese momento se encontraban en el lugar de los hechos, ninguno oyó disparos antes del ataque estadunidense. Nadie confirma la versión estadunidense, por el contrario, reunidos después del ataque, como si de una gran fraternidad se tratara, olvidando la competencia entre ellos, coincidieron en señalar que los disparos fueron intencionados.

Intentando crear confusión, el Pentágono dijo entonces que el Hotel Palestina era objetivo militar desde hacía 48 horas, pero que lamentablemente sólo una agencia estadunidense lo sabía.

"Ni en el Hotel Palestina ni en el Sheraton hay francotiradores, ni milicianos iraquíes emboscados. Sólo había periodistas, un puñado de camastrones funcionarios y alguna burguesa familia iraquí que cree que éste es el lugar más seguro para pasar la guerra", dice el enviado especial del periódico ABC, Alberto Sotillo, quien se encuentra hospedado en el Palestina.

La colonia más numerosa de la prensa internacional en Bagdad es la española con 35 personas, la mayoría testigos de excepción que van ratificando, uno por uno, que lo del martes fue un ataque indiscriminado.

Carlos Hernández, enviado de Antena 3 Televisión, va más allá: "Aquí no tenemos ninguna duda de que lo que ha ocurrido es un crimen. Son mentiras lo que está diciendo el Pentágono, es mentira que hayan podido confundir los objetivos de las cámaras de los fotógrafos o de las televisión con lanzacohetes."

Añade: "Otra cosa que nos indigna es que desde el Pentágono se lanza un mensaje tratándonos como idiotas, diciendo que esta es una guerra y que ya sabíamos a qué nos arriesgábamos. Eso es cierto, lo sabemos todos: nosotros podemos asumir morir en un combate, en un fuego cruzado, o que nos caiga un misil; pero no que ataquen el centro de la prensa internacional que ellos sabían que era el Hotel Palestina, un sitio amparado por todas las convenciones y debería haber sido respetado y protegido".

Angela Rodicio, enviada de Televisión Española, también lo dijo al aire de manera indignada: "Los testigos oculares, cientos de periodistas, no vimos ningún francotirador, al contrario vimos un tanque disparar al hotel. Y nadie sabíamos que este lugar era objetivo militar".

Otro testigo clave es Javier Mellado, el enviado de Antena 3 Televisión que en el momento del ataque se encontraba en la habitación 1507 a escasos metros del lugar de los hechos, ya que el impacto cayó directamente en la 1503: "Estaba al lado, el impacto fue durísimo, nos quedamos aturdidos y casi sordos; para luego abrazarnos. Luego salimos al pasillo empezamos a oír los gritos de los heridos presas del pánico. Bajamos los 15 pisos corriendo por las escaleras y empezamos ayudarles a meter a los heridos a los coches".

Sin ninguna duda, asegura que el ejercito estadunidense mató ese día a los tres periodistas: "Estamos dispuestos a asumir el riesgo y el dolor de las perdidas humanas de los compañeros, pero lo del martes no han sido unas muertes, sino asesinatos", dijo refiriéndose a Taras, Couso y Tarek.

Explicó que luego de la tragedia, todos los periodistas de los diferentes medios de comunicación internacionales se reunieron para debatir lo que querían hacer además de la vigilia en homenaje a ellos, ya que el Ministerio de Defensa español les ofrecía un convoy para salir de Bagdad.

"Nos quieren sacar de aquí y ni siquiera nos han preguntado si nos queremos ir. Es indignante, pero como profesional y en homenaje a Couso quiero seguir aquí contando lo que está pasando, pese a quien le pese. A cañonazos no nos van a echar de aquí."

Para Mónica Prieto, enviada de El Mundo, estas muertes se unen a las miles de víctimas civiles inocentes que está dejando la "injusta guerra de Bush" en Irak: "La única arma de José, que tanto asusta a los militares que prefieren no tener testigos, era una simple cámara de televisión".

La enviada de El País, Ángeles Espinosa, había estado por la mañana con el camarógrafo de Telecinco: "Habíamos desayunado juntos. Es un decir. Porque Couso apenas se había sentado para tomar el té que tan cariñosamente le había preparado Sistiaga y una galleta. Iba de una terraza a otra de la habitación para que su cámara y los espectadores de Telecinco no se perdieran nada de lo que pasaba en Bagdad. Estaba siendo testigo de una batalla entre las tropas estadunidenses y las fuerzas iraquíes, en el lado occidental del puente de Al Yumhuria. Quería montar bien las imágenes y, de común acuerdo con Sistiaga, optó por no unirse a los compañeros que decidimos visitar el hospital Al Kindi. Mientras organizamos la salida en el vestíbulo, se sintió el impacto. Salimos corriendo al jardín y se confirmó la sospecha. El hotel de la prensa había sido alcanzado".

Para esta periodista la clave de lo que pasó está en la labor informativa que realizan: "Las matanzas de Al Shaab, Al Shoala o Al Mansur cuestionan la guerra limpia de Estados Unidos en Irak. Los heridos civiles que cada cinco minutos llegan a los hospitales Ibn Nafis o Al Kindi también. Los periodistas se han convertido en testigos molestos para Washington. Se lo dijo con un proyectil disparado contra el hotel donde se alojan. No ha sido el primer aviso. Sus presiones para que salgamos de Bagdad refuerzan esa tesis".

Efectivamente, el Pentágono aprovecho el ataque a la prensa, para recordarles que "no deberían estar en Bagdad" porque era un lugar muy peligroso. Incluso, el gobierno de José María Aznar secundó a las autoridades estadunidenses y el ministro de Defensa español, Federico Trillo, pidió a los medios de comunicación que sacaran a sus enviados de Bagdad.

Desde Bruselas, la Comisión Europea condenó el ataque y recordó al Reino Unido que es signatario del protocolo de la Convención de Ginebra que pide a las partes beligerantes que no ataquen a los profesionales de la información.

La Federación Internacional de Periodistas emitió un comunicado donde calificaba el ataque estadunidense de "crímenes de guerra" y solicitó una investigación independiente de lo ocurrido: "No hay duda de que esos ataques podrían tener como objetivo a periodistas, una grave violación del derecho internacional.

Amnistía Internacional coincide en calificar de la misma manera el hecho: "Mientras Estados Unidos no muestre que el Hotel Palestina fue utilizado con fines militares, era un objetivo civil protegido por las leyes humanitarias internacionales" dice el documento de AI.

Reporteros Sin Fronteras le envió una carta al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld donde le señalaba que "un video rodado por el canal de televisión France 3, así como los testimonios de varios periodistas, indican que en el momento de los hechos la situación era muy tranquila y que el tanque estadunidense se tomó su tiempo, esperando dos minutos y ajustando el cañón, antes de disparar sobre el Hotel Palestina".

Del otro lado

Un día antes, el lunes 7 de abril, moría el periodista de El Mundo, Julio Anguita Parrado, víctima de un misil al sur de Bagdad, cuando se encontraba "empotrado" en un centro de comunicaciones del Ejército de Estados Unidos contra el que se produjo el ataque de las tropas de Saddam Hussein.

El Pentágono ha creado para cubrir esta guerra el sistema de "empotrados" es decir el grupo de 600 periodistas de la prensa internacional que fueron admitidos para seguir el conflicto bélico desde sus tropas, seguramente creyendo que la invasión a Irak iba a terminar rápidamente.

Anguita Parrado, de 32 años, estaba asignado a la Segunda Brigada de la Tercera División de Infantería de Estados Unidos; allí había llegado desde su puesto de corresponsal en Nueva York. Junto a él murió otro reportero, Christian Liebig, de 35 años, que trabajaba para la revista alemana Focus.

Herald Henden, fotógrafo del periódico noruego Verdens Gang de Oslo, relató las circunstancias de la muerte de Parrado: "La noche anterior, nos invitaron a asistir a la incursión. Tuvimos la libertad de decidir y Julio y el reportero alemán prefirieron quedarse. Nos habían advertido de que el ataque sería muy duro. Nos metieron en un blindado y recibimos mucho fuego, pero volvimos sanos y salvos. Cuando estábamos en Bagdad llegó la noticia de que había caído un cohete en el cuartel general y habían muerto dos periodistas. Nos imaginamos que eran ellos... Es increíble que en el lugar más seguro les haya pasado esto".

Hijo del excoordinador de Izquierda Unida, Anguita Parrado habló ese día en tres ocasiones con sus jefes: "Él deseaba ir, pero los militares estadunidenses le señalaron que su chaleco antibalas no era apto porque carecía de placas de protección. Así que prometió enviar una crónica contando los detalles de hoy y me pidió que avisara a la redacción de Internet de que algo gordo iba a ocurrir al amanecer", comenta Iñaki Gil, director adjunto de información del periódico.

Parrado llevaba trabajando 10 años en El Mundo", después de estudiar periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y trabajar en el Diario de Córdoba, su ciudad natal. Un día antes de su muerte, un canal de televisión le había hecho una entrevista y él dijo con honestidad: "No tengo miedo a esta guerra, lo que temo es no estar a la altura para hacer mi trabajo". Era la primera guerra que cubría.

Ultima hora

El periodista argentino Mario Podestá, de América TV, murió en el auto en el que viajaba, en una caravana de vehículos que se trasladaba de Jordania a Irak. La muerte se produjo en la carretera de Amman, a pocos kilómetros de Bagdad y en el mismo episodio resultó también herida Verónica Cabrera, camarógrafa que acompañaba al periodista, y quien fue internada en un hospital en Ramadía.

Las versiones sobre las circunstancias de su muerte son contradictorias. La productora del periodista, Clelia Isasmendi, manifestó a la UTPBA que a la versión difundida por distintos medios, según la cual se habría tratado de un accidente automovilístico provocado por la explosión de un neumático, se le opondría la afirmación de que el auto en el que viajaba Podestá habría sido baleado.

Hacía varios días que Podestá, enviado de América TV, estaba intentando ingresar a Irak para realizar la cobertura de la guerra. El periodista, de 51 años de edad, se desempeñaba como camarógrafo y fotógrafo y era un antiguo corresponsal de guerra.


* Sanjuana Martínez y Anne Marie Mergier son corresponsales en Madrid y París, respectivamente, del semanario mexicano Proceso. Este texto es una edición de Sala de Prensa de sus despachos enviados las últimas semanas, autorizada por la subdirección editorial.


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