Sala de Prensa

54
Abril 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Entrevista con Robert Fisk

Los medios y la guerra

¿Cuál es el comportamiento de los medios de comunicación en la crisis de Irak y cuál debería ser? Desde Beirut, el periodista irlandés Robert Fisk, especialista en Medio Oriente, autor de varios libros sobre la región y corresponsal del diario británico The Independent, conversó con BBC Mundo.

Alguien dijo que en una guerra la primera víctima es la verdad. ¿Cree que la información está siendo víctima en esta crisis?
- No debería ser así. Quienes comparten esta idea son aquellos que piensan que el periodismo siempre va a fallar. No creo que tenga que ser así. Si los periodistas y los editores están preparados para decir la verdad, entonces la verdad no será la primera víctima de una guerra, ni siquiera una última víctima. Es el uso repetido de este axioma lo que precisamente lo hace parecer verosímil. En otras palabras, no necesitamos sacrificar la verdad en tiempos de guerra. Reflexionaba hace unos meses con la excelente periodista israelí Amira Hass, que trabaja para el diario Haaretz, sobre nuestra misión como periodistas. En mi manera británica de poner las cosas, dije que creía que nosotros escribíamos las primeras páginas de la historia, etcétera, etcétera. Ella me dijo: “No, Robert, estás equivocado. Nuestro trabajo es ser los monitores de los centros de poder”. Estaba en lo cierto y por eso uso desde entonces esa definición de periodismo.

¿Entonces se puede decir que los medios de comunicación muestran ahora capacidad para distinguir entre hechos veraces y propaganda?
- No, absolutamente no. Si solamente nos fijamos en el comportamiento de los medios en las conferencias de prensa de la OTAN durante el bombardeo de Serbia en 1999, veremos la forma débil, dócil, cobarde en que los periodistas hacían las preguntas. En lugar de desafiar lo que la OTAN decía —y esto no significaba de ningún modo tratar de apoyar a Milosevic—, eran llevados de las narices a las preguntas que la OTAN quería que le hicieran. Una y otra y otra vez, en Estados Unidos, los periódicos dicen: “Saddam está haciendo esto o aquello, dicen funcionarios del gobierno”. Una y otra vez, las últimas palabras del primer párrafo de todas y cada una de las noticias estadunidenses sobre Irak es: “dicen funcionarios del gobierno”. Hay en Estados Unidos una sensación de que el periodismo que desafía la política exterior del gobierno muestra una especie de falta de patriotismo. Y asimismo, en Gran Bretaña, debido a ese extendido uso de la cultura de lobby, nosotros, los periodistas, en gran medida terminamos en un camino paralelo al del sistema, volviéndonos “funcionales” al poder, portavoces de ministros del gobierno. Este es el mayor riesgo de nuestra profesión, y está creado principalmente por nosotros, los periodistas.

¿Eso significa que, en caso de una guerra contra Irak, los periodistas pueden verse abrumados por las declaraciones del Pentágono y la Casa Blanca?
- No, no son abrumados. Se trata de un hábito. A los periodistas no les gusta ser tildados de “controvertidos” o desafiantes con la información. Quieren continuar en su carrera con objetivos de la vida real: la escuela de sus hijos, deudas que no podrán pagar si pierden su trabajo... Así que terminan yendo junto al sistema e informan lo que otros esperan que ellos informen. Ese es el problema real del periodismo en la actualidad. Nosotros, como grupo, no consideramos nuestro trabajo una “vocación”, que es lo que debería ser.

Pero por otra parte, no podemos dejar de lado que los periodistas, después de todo, son ciudadanos, y que el ciudadano común se encuentra en esta especie de temor generalizado ante un mundo amenazado...
- Si sienten que están en un mundo amenazado deberían hacerse a sí mismos dos preguntas. La primera: el 11 de septiembre de 2001, ¿cambió el mundo como sostiene George W. Bush? La respuesta es: “No”. 17 mil 500 civiles libaneses murieron aquí, en el país desde donde le estoy hablando, en dos meses del verano de 1992 durante la invasión israelí y nadie proclamó que ese hecho cambiara el mundo. Segundo: si un periodista se siente tan patriota, ¿por qué no se pone un uniforme militar y sale a combatir en lugar de informar sobre la guerra? Si quieren informar, entonces tienen que ser periodistas. Si quieren ser patriotas, entonces mejor que sean soldados.

En un esfuerzo de síntesis, ¿podríamos distinguir entonces qué corresponde al terreno de los hechos y qué al de la propaganda, en la forma de informar sobre esta crisis?
- Lo que necesitamos ahora son periodistas que sean capaces de decir lo que creen y sienten, del mismo modo que se espera que digan lo que la noticia se supone que es. Y aquí hay dos cosas diferentes: Si la noticia es lo que vimos en las cadenas de televisión, entonces el periodismo se ha convertido en vocero de la línea editorial impuesta por el gobierno. Pero si se le permite al periodista decir lo que realmente ha visto y lo que realmente siente, entonces todos sabremos qué es el periodismo. Realmente espero que los corresponsales en esta guerra que viene nos digan lo que ellos creen que es la verdad. Tengo mis fundados temores de que no lo harán.

Usted tiene un profundo conocimiento de la región y, por lo tanto, autoridad para decirnos qué es lo que los medios occidentales no han mostrado sobre lo que realmente ocurre o han tratado de ocultar.
- Que ésta es una guerra por el petróleo. Si no fuera por el petróleo, ¿por qué no invadimos Corea del Norte? Si fuera por derechos humanos, ¿por qué no invadimos Irak hace 20 años? ¿Por qué no hablamos de petróleo y de las compañías petroleras estadunidenses, y de las otras compañías que se alinean con los amigos personales de George W. Bush, presidente de Estados Unidos? Si fuera por derechos humanos, ¿qué estaba haciendo Donald Rumsfeld reuniéndose en 1983 con Saddam Hussein en el momento más álgido de su campaña de tortura de hombres y mujeres inocentes? ¿Qué hacía pidiéndole, rogándole a Saddam, por la reapertura de la embajada en Bagdad para que los estadunidenses pudieran hacer más negocios con este régimen repugnante? Esto ahora no se trata de armas de destrucción masiva. En aquel momento, cuando Rumsfeld se reunía con Hussein, Saddam estaba usando gas contra el ejército iraní en la guerra entre Irak-Irán, y Estados Unidos mantuvo su silencio sobre esto. ¿Por qué en ese momento Donald Rumsfeld no dijo nada y ahora derrama lágrimas de cocodrilo? En ese momento no lloraba; sonreía y estrechaba la mano de Saddam Hussein. Entonces, esto no es una cuestión por armas de destrucción masiva, gas, terror biológico o derechos humanos. Todo esto es una cuestión de petróleo, petróleo, petróleo. Y sobre esto deberíamos estar escribiendo los periodistas.

¿Podría contarnos una experiencia personal en la que vio algo que los medios no publicaran, o viceversa: de algo que publicaran pero no ocurría en la realidad?
- Tengo un ejemplo perfecto. Cuando Rumsfeld estaba en Bagdad reuniéndose con Saddam, yo viajaba en un tren sanitario militar que venía desde el sur de Irán hacia Teherán. Allí, cientos de soldados escupían sangre y mucosas de sus pulmones, que habían sido infectados por gas. Yo andaba abriendo las ventanas de los vagones porque también estaban expulsando el gas que todavía tenían retenido. Yo podía olerlo. Cuando llegué a Teherán, escribí mi artículo sobre estos terribles crímenes de guerra, esta terrible violación a los derechos humanos y a los códigos de la guerra cometidos por Saddam Hussein. A los pocos días un alto funcionario de la cancillería británica almorzó con mi editor en Londres y le dijo que mi artículo «no era cooperativo», ya que en ese momento nosotros estábamos del mismo lado de Saddam. ¡Cómo podemos atrevernos ahora a decir que vamos invadir a Irak como una contribución a los derechos humanos!

Ya que abrimos la entrevista con un axioma, la cerremos con otro: La guerra es la política pero por otros medios”. ¿Pueden escapar los medios al hecho de ser también instrumentos?
- Usted está citando a Clausewitz, y, si yo fuera usted, no citaría a un alemán hablando de guerra.

¿Por qué?
- Alemania fue la fuente de agresión en Europa en 1871, 1914 y 1939. Pero al final, una nueva Alemania en una nueva Europa se proclama contra la guerra junto a Francia. En realidad eso habla más de la “vieja América”, la América de Teodore Roosevelt, del real imperialismo, la que mató a sus propios habitantes naturales, esa América que está volviendo a tomar el poder en Washington. Nosotros no somos una vieja Europa, somos una nueva Europa de paz y consideración.

Bien, pero el hecho de que haya sido un alemán el autor del enunciado no descalifica la verdad que pueda encerrar y lo que nos pueda decir en este momento.
- Lo siento, mi país combatió a Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Mi padre combatió. Pero respondiendo a su pregunta, creo que muchos periódicos y medios de comunicación quieren una guerra en Irak, porque piensan que van a vender más. Yo estoy en una posición afortunada de trabajar para un periódico, The Independent, que se opone a la guerra. Eso me hace sentir muy bien, porque me opongo a cualquier guerra. La guerra no es una cuestión de victoria y aptitud. La guerra es fundamentalmente una cuestión de muerte, es el fracaso, la caída del espíritu humano. Aquel periodismo que esté a favor de esto, debería sentirse avergonzado de sí mismo.


* Robert Fisk es especialista en Medio Oriente, autor de varios libros sobre la región y corresponsal del diario británico The Independent. Esta entrevista fue reproducida en el periódico Zócalo, de la Ciudad de México, y se recoge en Sala de Prensa con la autorización expresa de su director.


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