Sala de Prensa

54
Abril 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


¡No a la invasión!
(No en nombre de la civilización)

Carlos Monsiváis *

Dentro de la tragedia, la comicidad involuntaria. La ofensiva de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra (Aznar es un complemento fotográfico volatizable) atenta contra la vida y el patrimonio de los iraquíes y además violenta la lógica. ¿De qué manera, sin un cómico de tercera clase arrendando el inconsciente, se puede hablar de "bombas humanitarias, bombas inteligentes, rescate de Irak para la civilización", etcétera? No hay duda: Saddam Hussein ha victimado sin límite a su pueblo, ¿pero es concebible, ya no digamos admisible, que el gobierno estadunidense y sus contratistas ávidos le regalen la libertad a otra nación, con la única condición de convertirla previamente en un cementerio? ¿Desde cuándo la vía para derrocar a un tirano es martirizar al pueblo que lo ha padecido largamente? Lo argumenta muy bien Patrick Cockburn: "La mayoría de los iraquíes no se identifica con Saddam Hussein, como el presidente Bush y Tony Blair nunca se cansan de afirmar; por tanto, no veo por qué su futuro deba ser decidido por conquistadores extranjeros que les pasarán encima" (La Jornada, 28 de marzo de 2003). Y algo fundamental en el mercantilismo neoliberal: ¿por qué utilizar tan pródigamente a Dios si Él no ha firmado el contrato donde cede en exclusiva su protección y las respuestas a las plegarias? (No se atienden rezos en árabe).

Estas preguntas, y muchísimas otras surgen a diario ante el avance –un tanto cuestionado y no tan veloz no obstante las miles de bombas– de la maquinaria militar, y al observar la conversión de un gobierno en una mafia intimidatoria: que no se transmitan imágenes de los muertos, que no se atreva ningún país a solicitar una sesión de emergencia en Naciones Unidas porque "se consideraría un acto contra Estados Unidos", que acepte México las "ciertas medidas disciplinarias" anunciadas por George Bush. Pero el contexto ya no se presta a las intimidaciones en forma mecánica.

Los antecedentes: la Guerra Fría

En la vida internacional, se ha adjudicado a Latinoamérica, y con éxito, el papel de espectadora, el "comité" de apoyo incondicional de los gobiernos estadunidenses. Fue justo en la Segunda Guerra Mundial apoyar la causa de los aliados, no obstante la simpatía previa por el nazifascismo y el franquismo de gobiernos, organizaciones y sectores derechistas. Luego, la Guerra Fría, ya muy visible en 1947, es bien recibida al principio por una mayoría latinoamericana; la estimulan la derecha y la Iglesia católica, y la arraiga su mentalidad de comic anticomunista y el oprobio innegable del estalinismo.

En el enfrentamiento de dos maquinarias propagandísticas, la estadunidense y la soviética, la opinión popular opta por la primera, por razones que van del convencimiento de las libertades de Occidente a la ansiedad de añadirse en cualquier nivel en el círculo de los vencedores. Pero tal vez la sensación dominante es la que señala la perversidad congénita de los "subversivos", los comunistas.

La marcha de la Guerra Fría en América Latina se detiene con la Revolución Cubana, que atrae la simpatía y/o el fervor de millones de latinoamericanos, que en la misma línea de pensamientos y sentimientos rechazan la invasión de Bahía de Cochinos, y el ataque al gobierno legítimo de Santo Domingo en 1965. Durante una década el régimen de Fidel Castro retiene el apoyo de los jóvenes y los antiimperialistas de América Latina, y sólo las evidencias de la dictadura deterioran esa gana de creer aún hoy parcialmente vigente. Y son importantísimas la guerra de Vietnam y la intervención de la CIA y Kissinger en contra del régimen de Salvador Allende en Chile. Se marcha, se lanzan consignas, se forman comités... pero el desgaste lo absorbe casi todo, y entiendo por desgaste el desvanecimiento de los impulsos idealistas y la certidumbre de la impotencia.

La ofensiva de la religión financiera que se da en llamar neoliberalismo, se impone en la economía latinoamericana. El derrumbe del socialismo real erosiona las ideologías e incluso las ideas, y por eso, fuera de Argentina, no interesa demasiado el ofrecimiento del presidente Carlos Menem de enviar tropas a la primera Guerra del Golfo. ¿Cómo detener el aparato a fin de cuentas bélico del neoliberalismo, su desdén por el Estado y la soberanía, su odio a lo público, sus desregulaciones, su saqueo a cuenta de las privatizaciones? El neoliberalismo se ufana: ante él no hay alternativas y su reinado, el del fin de la historia, será interminable.

Del nacionalismo como fantasma del Imperio

Los nacionalismos, por otra parte, conocen su declinación. Útil como forja de la unidad indispensable para el aprovechamiento demagógico, punto de partida de las técnicas de compensación psíquica y cultural, respuesta secundaria a las imposiciones del imperialismo estadunidense, el nacionalismo de cada país latinoamericano ya desde hace 30 años es una entidad las más de las veces retórica. Se pierde por entero el filo chovinista, se entiende que los estadunidenses no son el enemigo sino el racismo de un sector (virulentísimo) y las acciones de sus gobiernos. En tanto invención de características, potencias y potencialidades, el nacionalismo se va desvaneciendo y ocupa su lugar la conciencia nacional cada vez más internacionalizada.

Desde las posiciones neoliberales, una insistencia categórica es el reexamen de la soberanía. ¿Qué caso tiene sostenerla como un tótem? El poder financiero no se entera de su existencia, las fronteras no contienen a la nación porque ésta también va a la zaga de los migrantes, y reclamar aturdidamente el derecho inflexible a lo propio es dañarse a nombre de la irrealidad. El canciller Jorge Castañeda por ejemplo insiste: los latinoamericanos no comprenden lo que pasa, obnubilados por su nacionalismo y su antinorteamericanismo. En vano argumentar que en materia de nacionalismo los estadunidenses no le ceden el sitio a nadie, y probar la ausencia del antinorteamericanismo como prejuicio cultivado y militante. (Otra cosa es el odio a los extranjeros profesado por la minoría racista de Estados Unidos, que cada año cobra su cuota de vidas de trabajadores ilegales).

El 11 de septiembre sorprende y provoca una reacción espontánea de solidaridad con Estados Unidos. El rechazo al terrorismo es sincero y es permanente, pero es imposible mantener la solidaridad con un gobierno que no la necesita o que la requiere como tributo mínimo a su grandeza, no como expresión orgánica de la pertenencia al mundo civilizado. Los bombardeos a Afganistán, el trato a los talibanes en Guantánamo, la primera Acta Patriótica, la suspensión selectiva de las garantías constitucionales, la conversión del recelo nacional en la imposición de apartheids psicológicos, estas características del poder que no admite la "humillación", se olvidan de la gran respuesta humanista en el mundo enmtero ante el atentado contra las Torres Gemelas y hacen de la autosuficiencia el criterio rector. "El que no está conmigo está contra mí, y el que está conmigo debe abandonar su punto de vista a la entrada, no se necesita". Por eso es tan incongruente, por decir lo menos, que el presidente Vicente Fox declare el "apoyo incondicional" de México, algo similar a ver en la sumisión un punto de vista independiente.

En el tiempo anterior al 21 de marzo de 2003, los preparativos de la guerra contra Irak se convierten en la puesta en escena de la voluntad imperial. Allí estaba el enemigo ¾ un tirano indefendible¾ y allí se levantaba, marmórea, inconmensurable, la causa, la voluntad del gobierno de George Bush y sus aliados. "El que no está conmigo saldrá en la foto del gabinete de guerra de Hussein". En sí mismo, el anuncio de guerra resulta ser, literalmente, la proclamación del Nuevo Orden Mundial. ¿Qué se requiere? Algo mínimo: la sacralización de las palabras del presidente de Estados Unidos, es decir el monopolio irrestricto de las decisiones, las acciones, y las interpretaciones.

En el esquema, la impunidad no tiene cabida porque ser impune es huir triunfalmente del castigo. Si se observan, como todos lo hemos hecho, los pronunciamientos a lo largo de medio año de Bush, Donald Rumsfeld, Condoleeza Rice, Colin Powell, Dick Cheney, Tommy Franks, Perle o cualquiera del inner circle, para ya no mencionar el carisma en ruinas de Tony Blair y la gana de Aznar de ser algún día objeto de miradas de asombro, se advertirá por qué la condición de impunes les parecería afrentosa. El que retiene y decide el sentido de las Tablas de la Ley (la maquinaria militar más perfecta del planeta y el aparato financiero más implacable aunque devastador para todos) es el que concede la impunidad, tan suya como todo lo demás.

¿En qué se sustenta la arrogancia nunca antes vista? En una certidumbre: "Somos los creadores de la globalización, y nuestra globalización no concede alternativas. El que nos desafía se queda a la intemperie de lo local". El 11 de septiembre reafirma con creces este título de propiedad del mundo, y esparce el sentimiento más apreciado por el Imperio: la impotencia que es la conclusión práctica de la desesperanza. Y a esto lo condimentan las tesis del triunfalismo: El choque de las civilizaciones, de Samuel Huntington, El fin de la Historia, de Francis Fukuyama, el "Eje del Mal", ese Concilio de Trento en una nuez de George Bush. Al poder lo perfecciona la ideología sumaria.

De cómo vino el imperio perfecto y se fue

¿Qué sucede entonces? ¿Por qué la falta de unanimidad de hoy? Entre el anuncio de la guerra, más exactamente de la invasión y estos días, suceden o cristalizan varias tendencias que son movimientos y movilizaciones:

-El centro de las manipulaciones del autoritarismo o del totalitarismo es llevar a las personas a no distinguir entre la realidad y la ficción. Lo que se dice, se promete y se vive resultan lo mismo porque la falta de alternativas borra los matices y los distingos y genera un campo unificado en donde la impotencia hace que todo dé lo mismo, mientras no afecte lo personal y lo familiar. La política del gobierno estadunidense en Medio Oriente, muy en especial en Palestina e Irak, no admite la fusión entre lo real y lo ficcional. Todo resulta muy vívido, y así los climas de histeria busquen atenuar o confundir, lo esencial permanece: un país busca convertirse en la única fuente de legalidad, es decir, en el poder y la justicia del mundo. Por eso ha sido tan importante el señalamiento doble: la invasión es ilegal y es ilegítima lo que no evita los misiles pero sí despoja radicalmente a la operación de una de las metas: el monopolio de la justicia.

–El desprecio por las Naciones Unidas ha sido en lo básico el afán por deshacerse de las burocracias superfluas. Un desdén así no se improvisa y viene de la consideración extensa: la eficacia de nuestras acciones demanda la agilización de los trámites, y la ONU, esa burocracia alterna, sólo quita tiempo. De allí que a Bush, Blair y a la comparsa casi anónima, le sea tan eliminable el visto bueno del Consejo de Seguridad. Sin embargo, prescindir incluso del apoyo mínimamente negociado de los demás gobiernos, es costoso y obliga a disidencias y discrepancias de los no dispuestos a renunciar a sus gobiernos. (Esto explica la acción necesaria de Vicente Fox al discrepar de Bush, y esto debería llevarlo a escuchar el acuerdo del Senado y oponerse a que continúa la invasión).

–A partir de la difusión de los derechos humanos, en última instancia una acción de rescate de la legalidad usurpada por los gobiernos, se ha ido creando algo equivalente a la ciudadanía global, una sociedad civil internacional que se ofrece como la ONU sin burocracia, que se nutre de las reacciones simultáneas de grupos y sectores en todos los países, y que no pretende poder ajeno al de sus causas. A esta conciencia múltiple no la seduce la meta de la Revolución y asume causas muy variadas. Entre ellas, la defensa de los ecosistemas, el desarme mundial, los Protocolos de Kyoto, los derechos civiles y humanos, la muerte a pedradas de una "adúltera" en Nigeria, los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, la satanización del Islam, el sexismo de los musulmanes, el sida en África y en general en el mundo. ¿Algunas de sus expresiones? La solidaridad con Chiapas, la emergencia de otra perspectiva de la globalización en Seattle y Milán, el Foro de Portoalegre y, de modo extraordinario, el "No a la guerra, no en nuestro nombre" hoy tan presente en Nueva York, San Francisco, toda España, Puebla, Sydney, Londres, Asia, Bogotá, Santiago de Chile, Canadá, Washington, ¡las Azores! Es una exigencia de paz muy al tanto de su poder acrecentado al no surgir de una sola nación y de una ideología compartida sino de la respuesta en todos los países con distinta resonancia y voluntad unificada. Coinciden el punto de partida y la meta: no podemos detener la invasión y la guerra (el espíritu bélico) pero ganaremos la paz, el estado de ánimo de la globalización alternativa, la respuesta electoral a la guerra, la desmilitarización de las conciencias.

Un comentario al margen: la violencia a nombre de la paz es una contradicción evidente y es en casos como el de la Ciudad de México, una distorsión lamentable de las causas. Consignas del tipo de "La paz burguesa no nos interesa" (cuyo complemento lógico sería "La muerte del proletario es un poemario") o de "Hussein escucha, México está en tu lucha", acompañadas de envío de grandes piedras, nada más notifican del atraso enorme y de la ansiedad por impedir las protestas genuinas. También la impotencia dispone de vanguardias militantes.

–Internet ha sido un instrumento eficacísimo de este debut magnífico de la ciudadanía global o, si se quiere ser más preciso, de la sociedad civil internacional y su cauda de ONG. Por Internet los jóvenes especialmente ¾ un módico 80% de estas movilizaciones¾ transmiten información, humor, peticiones, imágenes, el conjunto que avisa de la novedad inmensa, la imposibilidad de la censura. Han fracasado el afán del gobierno de Bush y el Pentágono en su afán de controlar el flujo libre de la información y de suprimir las imágenes inconvenientes. No se confunde el sentimiento humanitario con el morbo, ni las fotos de niños iraquíes muertos corresponden a lo inconveniente sino a lo necesario. El ser humano soporta sólo una dosis de realidad, y es imposible vivir sin olvidar, pero también el quebrantamiento de la impotencia requiere de la información diversa y amplia. La solidaridad depende de la verificación de imágenes, análisis y hechos, y como siempre en invasiones y en guerras a lo primero que agrede la censura es el sentimiento de solidaridad.

En estos días, en América Latina se vive la incorporación orgánica a las vivencias planetarias. El 91% de los encuestados en España se pronunció contra la guerra. En América Latina la mayoría comparte esta toma de posición. En la ceremonia de los Oscar, Michael Moore, espléndidamente, gritó: Shame on you, Mister Bush, y Gael García Bernal afirmó con elocuencia: "Si Frida Kahlo viviera estaría contra la guerra". Episodios como los ocurridos en la celebración culminante del show business son parte del fenómeno múltiple y único: oponerse a la invasión y la guerra contra los pueblos es certificar que la globalización alternativa comienza por el respeto a los derechos de los seres humanos y de las poblaciones bajo los misiles.


* Carlos Monsiváis es escritor y periodista mexicano. Este artículo fue publicado en la edición 1,378 del semanario mexicano Proceso y se reproduce en Sala de Prensa con la autorización expresa de la subdirección editorial.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.